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desmontando las mareas por lo público.

trajes de sevillanas fotos antiguas de Sevilla

Los tres soberbios lemas de la Edad Contemporánea fueron libertad, igualdad y fraternidad (1789). Por libertad se colaba libertad de comercio; por igualdad, igual derecho a voto de la burguesía; y, por fraternidad, la vieja caridad. Lo endeble de esas tres divisas cuajó en Napoleón, un hijo de la Revolución pronto convertido en emperador (1804), quien dio leyes a un Estado policial que lleva su nombre: estado napoleónico. Contra el estado napoleónico se alzó la Internacional de anarquismo y socialismo; ambos fiados en el final de las clases sociales: el anarquismo, por la abolición del Estado, y el socialismo, por la toma del Estado por el proletariado hacia el comunismo.

La Revolución Rusa y dos guerras mundiales configuraron un cuadro inesperado. Las clases obreras, al aceptar servir como tropas nacionales (negarse a la guerra hubiera sido la única opción), renunciaron, de hecho, a la Internacional. Y Rusia se convirtió, como socialismo en un solo país, en un bloque frente al bloque capitalista, que administró a su antojo libertad, igualdad y fraternidad contra una experiencia sistemáticamente presentada como dictadura.

Las clases obreras aliadas empezaron a llamar a la puerta de la patronal reclamando el mejor nivel de vida que podrían permitirse: ser mano de obra cualificada, a costa de mano de obra bruta emigrada y materias primas de países que habían sido (y de esta forma seguían siendo) antiguas colonias, únicamente emancipadas bajo gobiernos títeres. La trampa iba a ser la deuda; deuda de países pobres forzados a comprar tecnología a las metrópolis ricas.

La mano de obra occidental se prestó encantada; su recompensa sería pasar de clase obrera a clase media, a cambio del Estado suministrar servicios que hasta entonces no daba: seguridad social, pensiones, formación profesional, salud, vivienda, transporte, etc. Había nacido el Estado del Bienestar. Soviética y el socialismo por los partidos comunistas no tenían nada que hacer. Vuelvan a 1989 y recuperen las imágenes de la Caída del Muro de Berlín: nunca tanto esclavo aplaudió la consagración de su propia esclavitud.

Lo que falta, ya lo han vivido ustedes. El mapamundi de libertad y democracia para todos, que prometió la Generación Berlín, se vio, en seguida, que resultaba una falacia. Y un anciano Stéphane Hessel dio a los jóvenes su llamamiento al ¡Indignaos! (2010), o sea: haced que se cumplan las promesas que a la humanidad se hicieron al término de la Segunda Guerra Mundial, más Occidente, en fin. Entre nosotros, José Luis Sampedro y el movimiento ¡Democracia real, ya!, que daría en Podemos, picaron el anzuelo. Y ahí los tenemos, a Pablo Iglesias y a Alberto Garzón de ministros de un Gobierno que ya me dirán qué tiene de izquierdas. La misma palabra izquierda está desactivada.

Hoy, una sociedad como la española se divide entre gente pobre y media que pide derechos y aspira a vivir a costa del Estado del Bienestar, y gente rica que no quiere contribuir al Estado (esa es la guerra de los impuestos), entre otras cosas, porque su bienestar ya lo disfruta. De ahí, que la palabra público (sector público, sanidad pública, enseñanza pública) haya quedado, como la palabra izquierda en boba petición de lo que ya se tiene. No es la pública progreso de nada, sino garantía de una privada y concertada con sus respectivas excelencias.

De otro modo. Donde el estado capitalista se hace llamar Estado del Bienestar (no en Estados Unidos), el anticapitalismo obliga a denunciar el Estado del Bienestar. A nivel personal, no fiando que el Estado nos resuelva la vida (ser parasitario ha cundido en la juventud media) y, a nivel ciudadano, activando todo tipo de objeciones de conciencia aceptadas como derechos: derecho a la objeción a las armas y a las fuerzas armadas, a religiones en público, a la natalidad subvencionada; objeción a solidaridades públicas que, en forma de acogida, no hacen más que prolongar la desigualdad, caso del tapadismo islámico en estos tiempos supuestamente feministas. Hay que ser insolidario y coherente con nuestro lugar en el mundo, ya que no lo elegimos. Yo apenas si me hablo con creyentes del bienestar y, a sus partidos políticos (ni a ninguno), ya ni les voto. La España de las Mareas me aburre o me da vergüenza.


icononoclasias.

DL estatua

Se llama icononoclastia o icononoclasia a la actitud o doctrina contraria a las representaciones de iconos, de imágenes (en principio, de Dios, pero extensible a todo tipo de prácticas figurativas).[1] En sentido amplio, icono es un ídolo, un símbolo, un modelo que admite ser imitado (los Rolling, del rock; Michael Jackson, del pop) e iconoclasta, lo contrario: algo o alguien que rompe esquemas. El último movimiento iconoclasta está dándose contra las estatuas de personajes reconocidos como esclavistas; anti racismo alimentado por el asesinato de George Floyd, antes o después, descendiente de esclavos.

A esta furia iconoclasta habría que recordarle que arremeter contra las estatuas puede estar muy bien pero, a la corta, responde a fanatismos culturales y, a la larga, desvía el foco de atención de la cuestión palpitante: si se puede releer la Historia con ojos y perspectiva de siglo 21… algo que lleva años haciendo el feminismo revisionista (que opera por presencia/ausencia de mujeres a lo largo de los siglos), y que, en cualquier campo, configura lo políticamente correcto y expande esa corrección a tiempos pasados que ya no se pueden modificar. Derribar una estatua de Colón o estigmatizar Lo que el viento se llevó, puede dar cuenta de un totalitarismo demócrata y buenista que ya podría mostrarse más rebelde con causa contra cuerpos de policía que, en Usa como en España, abusan de nuestra vida.

Otra variante de idolatría nos lleva al calendario de fiestas de primavera de Sevilla, fuertemente icónicas: Semana Santa, Feria, Toros, Rocío y hasta el mismo Corpus (fiesta en principio abstracta hasta que en la Catedral se hizo custodia). El estado de alarma ha demostrado a idófilos y a idófobos que se puede vivir, y se vive y se muere, sin fiesta ninguna. Hermandades, sociedades de casetas, rocieras, o aficiones taurinas y futboleras deberían aprovechar la ocasión para bajar sus humos y sus orgullos: su devoción o alegría no pueden, el año que viene, presumir ya tanto ni pasar por imprescindibles.

[1] El diccionario que distingue Dios, dios, dioses, icono, ídolo, fetiche, etcétera, lo hace desde una teología nacional católica que se empeña en distinguir lo auténtico (la religión verdadera) de lo falso. Lógicamente, el pensamiento laico no debe entrar en teológicas disquisiciones. Hablamos de símbolos o alegorías sin distinguir la sagrada imagen de un Señor del Gran Poder, del fetiche de psiquiatra o de vudú.


foto portada: idiota haciendo la estatua, colección propia.

el pensamiento único que llevamos dentro.

Utopía

apostillas a El virus y la bola de cristal

Las ideas del artículo El virus y la bola de cristal no tienen nada que ver, aunque se agradece la comparación, con la Utopía de Tomás Moro, ni con distopías de ciencia ficción. Son ideas que alumbró el siglo 20, y que el 21 no ha hecho más que olvidar a beneficio, claro, de una panda que sigue gobernando el mundo y viviendo del cuento.

En El virus y la bola de cristal se hablaba de los partidos políticos como “asociaciones para el manejo y manipulación de voluntades”. ¿No lo son acaso? Y contra la democracia como inexistente mientras se asiente en la “división electores/elegidos” que algún día la democracia de verdad verá “tan desfasada como la división por sexo o raza”. Para una legión de cabezas pensantes, eso es realismo puro.

Que “pediremos ser controlados por la Administración, ya sin ventanillas ni oficinas” lo vemos hoy por las sucesivas áreas virtuales que ya gobiernan o administran nuestra vida pública (expedición de documentos, tarjetas sanitarias, recetas médicas, Hacienda, DGT, pagos y cobros). ¿Qué dice quien dice que el control atenta contra su libertad?

Que pasarán al “museo del olvido” oficios o trabajos, lo estamos viendo. [1] Que vamos a una sociedad cada vez más robótica y, por tanto, más ‘deshumanizada’… Solo hay que imaginar esa automatización sobre tareas que hoy se creen insustituibles: taxistas, tenderos, burócratas, pero también reyes o presidentes.

Imaginar un mundo sin guerras es mucho más fácil que lo contrario. ¿Se imaginan una guerra entre España y Marruecos; entre España y Portugal o Francia o Reino Unido, se imaginan? ¿Entonces por qué se imaginan el gasto en Ejército y Defensa?

Y si ya no concebimos la pena de muerte, ¿por qué no algún día próximo sin pena de cárcel, cuando el delito se justifique por injusticia social (el robo) o trastorno mental (el crimen)?

Que la ciencia tuviera “otra ética” no vendría mal a la humanidad. ¿O es que no hubo ciencia de laboratorio en ciertas invenciones del siglo 20? ¿No hubo cerebritos de premio nóbel tras los gases de exterminio, esterilizaciones, genocidios, bombas atómicas?

¿Y la Onu? ¿No salió configurada a la medida de las potencias vencedoras de la 2ª Guerra Mundial? ¿No es ese el germen del Consejo de Seguridad? ¿Ha de durar para siempre?

¿Y la Otan? ¿No fue respuesta ‘defensiva’ ante la Unión Soviética y fuerzas del Pacto de Varsovia? ¿Por qué, entonces, ya sin Soviética ni bloque del Este, la Otan continúa? [2]

Y pasando a proyecciones de índole personal que hoy aparentan estar en el centro del debate, el debate no existe. Convénzase, viejo militante en costumbres de otra época: No habrá toros de sangre. No habrá cofradías invasivas (tal como ahora se apoderan de la ciudad). No habrá cada año una portada de Feria distinta.

Porque hasta el almanaque festivo y laboral que hoy comanda una iglesia será sustituido por un cupo de días festivos y laborales que lo que en el futuro será empresa y trabajo administrarán a voluntad y por convenio al día, a la semana, al mes y al año. ¿Que usted quiere su viernes como descanso semanal…? ¡Ahí tiene usted su viernes, sea usted o no musulmán! (Estará prohibido el tapadismo religioso.) ¿Que usted quiere su sábado…? ¡Ahí lo tiene sin problema! ¿Su ramadán…, su yom kippur… para tomar vacaciones con motivo el que usted quiera…? Y los chinos que quieran cerrarán por el Año Nuevo chino. En realidad salvo un calendario escolar, que tiene que haber, todos los calendarios nos vienen impuestos y hasta el papa Francisco, recordarán ustedes, propuso una Semana Santa en días fijos, y no móviles. No le dejaron ni hablar:

–Se ve que es nuevo, el pobrecito.

Mírese usted en los bolsillos. No sea que entre sus llaves y pañuelos lleve usted, en el fondo, un buen pensamiento único, ¡ay truhán!

[1] Sin salir de gente de mi edad: ¿cuántos soportes de audio y vídeo (con sus correspondientes negocios y comercios) hemos conocido? vinilo, casete, cedé, mp3, mp4… ¡Para al final Youtube o Spotify! Imagínense qué fue de la efepé de singles y elepés. Atención, familias, qué carrera dan a jóvenes y adolescentes en edad de labrase (imaginarse) un futuro.

[2] La respuesta es obvia para quien respira pacifismo: la Otan había venido no para defendernos sino para quedarse. ¿Sabían ustedes que en 1954 la URSS propuso su unión a la OTAN, con el objetivo de mantener la paz en Europa,​ pero los aliados rechazaron la propuesta? La paz y el desarme a nivel mundial han sido objetivo de la Onu (pueden verlo pinchando aquí). Por paz se entendía coexistencia pacífica y el desarme arrancaba por la no proliferación de armas nucleares o de destrucción masiva; recientes, como estaban, Hiroshima y Nagasaki. ¿Seguro que detrás de Covid-19 no está algún listillo jugando con lo que no se debe? ¿Y no será el coronavirus un arma de destrucción masiva? Lo que es seguro es que la duda no tiene nada que podamos llamar conspiranoico.

Utopía

arte y artistas, ocio y negocio.

pinza dibujada vector art

1.
El currante, hombre o mujer, a quien llamaremos T (de trabajo), acude a su trabajo. Sin haber leído a Marx, en una economía de mercado, lo único que puede ofrecer (vender) T al mercado es su persona. T tendrá que poner ladrillos o tornillos, coser ropa o contratarse como asistenta. Ya en casa, en su tiempo de ocio, T se dedicará a leer, a oír música o a tocar la guitarra o las narices. [1]

2.
La vida, tal como está montada en Occidente, es una larga conspiración contra el trabajo[2]. Así, ocurre que detrás de una reclamación sindical o de una marea blanca, verde o amarilla, se esconde la defensa de mi puesto de trabajo, que puede discurrir al margen del bien común. «Sin cultura no hay vida», escribe en su pancarta la alumna de conservatorio. «La vida está en los libros», dice el librero en crisis de competencia con Amazon o HTML. Y cuando yo, el de la marea pública defiendo la sanidad o la enseñanza públicas en nombre de la salud o de la educación general, en realidad estoy defendiendo mi empleo, empleo que entrará en competencia con otros sindicatos de la privada o de la concertada. La prueba de la sinrazón estaría en currantes de Airbus o Navantia que, alegando la defensa de su puesto de trabajo, para el sostenimiento de su familia, defienden y sostienen con sus monos azules la fábrica de armas o transportes militares que irán a herir o a matar familias como la suya.

3.
El sector del arte y la cultura anda removiendo el patio como sector damnificado por el parón de la puñetera crisis. El sector, de suyo quejica y acostumbrado a ser mimado y subvencionado en nombre de “arte y cultura para todos”, lo que de verdad quiere es un salario como el currante de la ferretería o del transporte o de la construcción.

Si todo el mundo tiene derecho a un trabajo retribuido, también tendría derecho a un ocio retribuido, sea el que sea. De lo que no se quiere hablar es del injusto reparto entre cigarras y hormigas ni de equilibrar la carga de horas gratas e ingratas. Al final, y por el proceloso cauce del Estado del Bienestar (Estado que nutren con sus impuestos las clases productivas, de ‘negocios’ y de ‘no ocios’), las clases culturales, improductivas, se la montan de maravilla y también explotan a la masa trabajadora, que carece de glamur (esa tontería) y acude al trabajo por la acera y por la sombra, y no entre focos por la alfombra roja.

[1] Por trabajo se entiende, no esfuerzo ni vocación (con esfuerzo se practica algún deporte; por vocación, se apunta uno a misiones humanitarias), sino actividad de obligado cumplimiento para la adquisición de un salario. trabajador se sobreentiende por cuenta ajena frente a por cuenta propia o notrabajador, si cuna y rentas nos permitieran vivir sin trabajar. negocio viene de nec otium, no ocio, sin ser necesariamente un hombre de negocios. trabajo viene de tripalium, potro de tres palos donde azotar esclavos. La etimología se expresa sola.

[2] Pues todos quieren trabajo, y nadie quiere trabajar.

¿Nuevos Pactos de la Moncloa? (2).

Si lo primero sería ir hacia una reubicación geopolítica más económica de España en el mundo (UE, Otan, Onu, Ejército, Jefatura del Estado: todo eso sale muy caro), lo siguiente sería el replanteo del Bienestar, como individual zona de confort.

El Estado del Bienestar fue un farol que se marcó el Psoe de la Transición, bajo el poderoso influjo de la social democracia alto europea (Willy Brandt, Olof Palme), lo que catapultó al poder a Felipe González en cinco años (de 1977 a 1982) con el decaimiento del PC. De entre los encantos del Estado del Bienestar, uno se inoculó para siempre en la ciudadanía progresista, y fue que el Estado dejó de verse represivo [1] para pasar a verse como órgano benefactor. Cundió una doble moral: si me va bien, para mí, y, si me va mal, para el Estado a través de impuestos, vía Presupuestos. Esa doble moral ha traído la mentalidad que vemos en nuestros hijos y nietos, dicho en Manuel Machado: «Que todo, como un aura, se venga para mí y que jamás me obliguen el camino a elegir». ¡Y, luego, nos quejamos! ¡Cuando los hemos criado nosotros, madres o padres, abuelas y abuelos, más/menos yayo flautas!, que picamos el anzuelo del Psoe en los 80 y de Podemos en 2005, a cambio de renunciar a lo que ideológicamente nos definía: la conciencia de clase, que, perdida, ha cuajado en una generación que ha hecho de revolución y cambio una batallita de abuelos cebolletas.

Sea como sea, y diga lo que diga el Estado, del Bienestar se sale en cuanto llega la crisis. Pasó en 2008 (quiebra del sistema financiero inmobiliario; 2007, Lehman Brothers) y pasará ahora. A falta de vanguardia hacia nuevas metas [2], el desempleo y verse en la calle harán a las criaturas espabilar de la zona de confort donde estaban dormidas.

Al final, dos piezas saldrán al tablero. Una, ya lo verán, será otra vez que “estábamos viviendo por encima de nuestras posibilidades”; y, otra, más en serio: que habrá que replantearse familia, trabajo y residencia sin ayuda de los mayores ni del Estado, cuyas ubres se habrán quedado secas. Solo un estado de necesidad puede remover conciencias. Ojalá la gente espabile, empezando por el abandono del narcótico voto útil. Reducir en peso y nómina la clase política (hasta acabar con ella, habiendo Administración) ayudaría a llenar las esquilmadas arcas sociales. Y no haría falta pacto ninguno que, de firmarse, iría contra la gente, como han ido siempre los muchos pactos que en la historia han sido. [3]

[1] represivo veía al Estado la izquierda; la derecha, lógicamente, no. Pero el Bienestar puso a una y otra más de acuerdo que nunca.

[2] No es vanguardia la intelectualidad, que da pena en cuanto la sientan a la mesa de los Príncipes de Asturias; no es el arte; no es IU abducida por Podemos, a su vez, abducida por un Psoe que ni en el 77 fue, ni en 2020 es socialista, sino lo menos facha que se despacha, y por eso a los coalicionistas les gusta tanto, y les viene tan bien, quejarse de las burradas de Vox y de las privatizaciones del PP.

[3] Documentación:

¿Nuevos Pactos de la Moncloa? 1

Jinetes del apocalipsis

Análisis del Bienestar

Carta a un demócrata creyente en el Estado del Bienestar

‘Adelfos’, de Manuel Machado


–Su padre ha fallecido, pasen a recogerlo.

DANIEL LEBRATO muerto 2

Su padre ha fallecido, pasen a recogerlo, dice el titular del diario El Mundo.

El estado de excepción debería legislar medidas extraordinarias que podrían quedarse. Para el caso: la muerte, a cargo de la seguridad social y que la muerte (ese trance médico de obligado cumplimiento) quede cubierta por el sistema público de salud.

Y quien quiera pompas fúnebres, responsos, misas o ceremonias o enterramientos particulares, que se lo pague de su bolsillo. Pero que un cadáver no sea un problema para la familia ni un negocio para funerarias y casas de seguros. ¿No cubre la Seguridad Social embarazos y paritorios? Pues eso.

Enlace a La muerte a cargo de la seguridad social


 

autopistas y pin parental (breve ejercicio de coherencia)

Daniel Lebrato en Ford antiguo

En economía (y en contabilidad del debe y haber) no hay apunte sin contrapunte. He vuelto a la AP-4 (Sevilla Cádiz), hasta ayer autopista de peaje. Dos novedades: 1º mucho más tráfico que antes, ¡normal!, y 2º obras de desmontaje de los puestos de peaje: ¡normal! también, pero el crítico dirá: ¡discutible!, pues una cosa es el fin de la concesión privada y, otra, la gratuidad de un servicio que alguien tiene que pagar. ¿El Estado? ¿Quien no usa jamás esa vía? Uno de los espejismos que trae el Estado del Bienestar es crear una mentalidad pedigüeña de derechos sin que se sepa muy bien quién pagará cada derecho adquirido. Los puestos de peaje y el peaje debieran conservarse, ahora a beneficio del Estado, con tasas más bajas y ya sin ánimo de lucro, sino de conservación y mantenimiento. El día que, por saturación de tráfico, el firme reviente, asomen los baches o la vegetación se coma la autopista, ¿quién lo pagará? El grupo Albertis, ya no. ¿El cabrero de Albacete? ¿Las sardineras de Santurce?

Mismo razonamiento vale para el polémico pin parental en la enseñanza. Désele el pin, como derecho, a quien lo pida o lo ejerza, y désele, a cambio, la factura de la enseñanza reglada que a día de hoy recibe su hijo o su hija y paga el Estado mediante la enseñanza concertada. No es tan difícil ser coherente.

Prueben a razonar con igual coherencia políticas de apoyo a las familias numerosas (que nunca son las nuestras), a confesiones religiosas (en las que no creemos), a la Casa Real (yo, que soy republicano) o a unas fuerzas armadas con su correspondiente industria de la guerra (que no queremos en absoluto).  Se acerca la Declaración de Hacienda. Piénselo.


haikus en el corredor de la muerte.

Haikus en el corredor de la muerte [1] desvela las últimas palabras de 36 japoneses que iban a ser ejecutados. Camino de la horca, pintaron en tres líneas y 17 sílabas la asfixia de la soledad, la culpa, la agonía o el miedo. [2]

Cuando a la humanidad le sobran razones hacia la abolición de la pena de cárcel, causa espanto la insistencia en la pena de muerte, atrocidad en la que la filología no hace más que indagar y obligarnos a pensar. El ubi sunt nos acostumbró a su predicación escatológica. Lo que no es normal es que un Estado mate. No a la pena de muerte.

[1] Aparte requisitos temáticos, el haiku es, silábicamente, lo más parecido a la seguidilla (5‑7‑5 sílabas).

[2] Diario El Mundo: Haikus en el corredor de la muerte (que el periódico retitula haikus del patíbulo). La filóloga española que los tradujo es Elena Gallego, de 30 años, con plaza en alguna universidad japonesa. Junto a su colega de doctorado Seiko Ota, burgalesa de origen, pasó muchos meses adaptando al español un libro abrumador.

las cosas y las personas: notas de economía afectiva.

Corre por ahí un frasazo que dice: «Las personas fueron creadas para ser amadas y las cosas fueron hechas para ser usadas. La razón por la que el mundo está en caos es porque estamos amando las cosas y usando a las personas.»

Sin entrar en ese plural pleonástico de “estamos amando” (¿Quién, usted y yo?, ¿iguales que un paria o que un Donald Trump?, ¿igual quien enciende la luz que la Géneral Electric?), la mayoría de personas nacen, nacimos, por actos de difícil explicación amorosa. La confusión amor sexualidad, el descontrol de la natalidad (precauciones cero o preservativos rotos) junto a la transmisión del ego o del patrimonio ligada al apellido, prácticamente excluyen toda preñez consciente como acto absoluto de creación amorosa. Que, una vez nacidas, a las criaturas se las quiera y se les coja cariño, no convalida la premisa de que “fueron creadas para ser amadas”.

En cambio, es verdad que “las cosas fueron hechas para ser usadas” y –salvo las mediatizadas por el fanatismo o la superstición (desde las pirámides de Egipto)– responden a valores de uso que está bien se consideren en lo que valen y les confiere su valor de cambio, vamos a suponer: su precio justo. Otra historia es que todo necio confunda, como decía don Antonio, valor y precio, o que el amo y el mercado se apropien y distorsionen el sudor de la gente.

Lo que no existe es el *valor de amor que religión y oenegés quieren ponernos en el telediario de nuestras vidas y en sus cuentas corrientes. Lo cantaba Atahualpa: Las penas y las vaquitas se van por la misma senda. Las penas son de nosotros. Las vaquitas son ajenas.


Arde París.

En Castaño del Robledo, Sierra de Huelva, un grandioso templo inacabado, que hoy llaman el Monumento, da ejemplo de adecuación cristiandad sociedad: Si no hay dinero ni feligresía, porque decae la población, dejamos la iglesia sin terminar y nos vamos. Frente al Castaño, Barcelona está empeñada en concluir una Sagrada Familia que no responde ni a la oferta ni a la demanda religiosa; cierta soberbia a la catalana.

Ahora que arde Notre-Dame de París, varias soberbias y orgullos heridos serán portada. Desde el ¿cómo es posible? (que no se hubiesen tomado medidas preventivas anti chispa o anti incendio) hasta el ¿qué hacer? que debería correr por cuenta de la fe privada, no de la municipalidad ni de fondos unescos o europeos.

Arde Notre-Dame porque Dios lo ha querido, piense el creyente que el ¡hasta mañana! nos lo redondea con ¡si Dios quiere! Dios lo ha querido y, sin nosotros desear a nadie tristeza o desolación, es hora de ajustar los relojes de la sociedad civil y de la sociedad creyente. No estamos en el siglo 12. Dios es un particular. Y hay una belleza especial en la contemplación de las ruinas; tópico muy literario, muy paspartú de la pintura clásica, muy romántico y decadente tan atractivo o más que la catedral impecable que saldría de las obras o que saldrá de la reconstrucción.

La poesía de ruinas de nuestro siglo de oro (aquella que explicaba la derrota de una Roma pagana para el triunfo de otra Roma, cristiana) no sirve ya. Aparte Víctor Hugo, detrás de Notre-Dame de París no había nada que no fuese grandeur o chovinismo, así lo llamen arte, cultura o patrimonio de tal o cual. Déjenlo arder.

Ensayo sobre Luzbel

Reconocimiento de Vox.

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La vieja manera de concebir la política consiste en pedid y se os dará. No hemos salido de San Mateo. Quien da es el Estado del Bienestar a través de partidos y, quien pide, la ciudadanía a través del voto. Pero al banquete vinieron a sentarse tres convidados de piedra: el yihadismo, la crisis y la presión migratoria. La respuesta fue la incongruente Alianza de civilizaciones, el aumento de oenegés, como modo de vida, y de mareas sociales, como modo de pedirla. Como cuarto invitado no deseado, desde Cataluña asomó el derecho a decidir en referéndum, malévolamente servido como desafío o independentismo.

El resultado ha sido. Quien se acostumbró a pedir, sigue pidiendo sin más análisis ni asomos de rebeldía. Y quien tildó de derechas lo que pasaba en Cataluña se creyó tan de izquierdas que, de paso, le negó a toda España semejante derecho. Secuelas del contra terrorismo y contra el Procés fueron los empoderamientos de Policía, Judicatura y Jefatura del Estado, garantes de la convivencia y de la unidad en tiempos difíciles. Afuera, también llovía: Trump en Usa, Brexit en Europa.

Ni el yihadismo ni el feminismo han resultado disruptivos. El yihadismo con su inyección de todos somos la víctima, no nos moverán o no podrán con nosotros (todo tematizado en Je suis Charlie Hebdo); con su despliegue de velitas y flores, aniversarios y duelos pomposamente presididos, ha venido a reforzar el Estado del Bienestar. El feminismo, volcado en igualarse con un mundo macho impresentable, ha venido también a fortalecer lo que había.

Eso, por fuera. Por dentro, la polarización de unas clases medias o aspirantes, que cada vez tienen más difícil su encaje, lleva a sus miembros a extremos de radicalidad que solo en el secreto de la papeleta de voto puede permitirse; de boquilla, hay que comportarse, pedir para que te den, seguir siendo demócrata, solidario, feminista y convencido de que el bienestar funciona. Ahí aparece Vox, la otra cara de una ciudadanía que no puede entonar el sálvese quien pueda y que os vayan dando. ¡Oh maravilla de operación triunfo de la mala conciencia: que lo mío es mío y que no me lo toquen!

Mientras Vox ocupa sus escaños, en el polo anti, donde estaba lo que se llamó e insiste en llamarse la izquierda, no hay absolutamente nada. ¿Monarquía o República?, esa es la gran expectativa: un Rey o un Presidente, “un Macron para España” (por no decir otra cosa). ¡Qué esperanza de cambio, señora Podemos, señor Garzón, señor Anguita!


el hashtag y la lotería.

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En taquigrafía en red, se llama hashtag (del inglés hash, almohadilla #, y de tag, etiqueta) a una cadena de palabras que dan título a un acontecimiento o tema candente que el sistema y usuarios identifican de forma rápida de modo que se suman o dialogan o interactúan o intercambian sus datos u opiniones, o sea, donde hashtag, podríamos decir almohadilla (en la almohadilla #hashtagylotería) o simplemente etiqueta (en la etiqueta #hashtagylotería), que es lo que recomienda La Fundéu. Una vez lanzada la etiqueta, corren mensajes bien hacia el usuario central lanzador o bien entre la cadena de usuarios, lo que da lugar a una cadena o hilo de conversación (por una vez, la palabra hilo nos entra en el idioma sin pasar por el inglés).

La anécdota que me trajo aquí fue una charla de sobremesa de sábado con tres amigos, donde salió el tema del Gordo de Navidad. Partiendo de que los cuatro jugamos y guardamos, quien más quien menos, nuestro numerito en casa (por si nos toca), de los cuatro, uno reconoció que compraba lotería por coacción, “por coacción nacional”, dijo, porque todo el mundo juega: en el trabajo, en el bar, en el taller, en la ampa del cole o en el bloque de vecinos. Entre la coacción (que es presión por la fuerza), la incitación (que es provocación a la que cuesta negarse), la imitación o la emulación (que es copiar o actuar por rivalidad), infinitos son los actos, las posturas o decisiones que adoptamos, no por nuestro gusto, sino por presión social: la lotería, las comuniones, los tatuajes, hasta tener hijos, cosas muy serias en nuestra vida las hacemos porque las hace la gente. Siguiendo con la conversación, uno de los cuatro planteó su extrañeza porque, en tiempos de tanto Change.Org, de tanta almohadilla o de tanto hashtag, habiendo tanta cadena, cómo es que nadie creaba una petición o una plataforma del tipo #yonojuego o #yonojuegoalalotería, a ver si cundía. ¡La de maravillas que podríamos hacer y no las hacemos!

El siglo 20 nos dejó dos hermosas convocatorias mundiales por el bien de la humanidad toda y fueron la Conferencia de la Onu por la Paz y el Desarme y la Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático. A día de hoy, la del cambio climático sigue pero a la paz y el desarme le dieron el cambiazo por la paz y no violencia para meternos la bacalá al pacifismo y a mayor gloria de quienes cocinan el negocio de las patrias y naciones armadas, naturalmente todo en nombre de la no violencia y de misiones de paz del glorioso ejército y de ministerios sistemáticamente llamados de Defensa. #por_aquí_que_te_vi.

–enlace a QUE TE DEN LA BACALÁ

–vídeo LA BACALÁ (3:30)


A propósito del artículo El hashtag y la lotería, donde [eLTeNDeDeRo] anima a usar las redes sociales como arma de insumisión contra petardeos, modas o tendencias que aplastan al individuo (poniendo por caso jugar al gordo de navidad quien habitualmente detesta la lotería), sostiene Alan Gat Peguero (Omkara) esta interesante opinión que anima a no hacer nada:

«Yo no compro lotería porque no quiero que me toque, le dije a alguien que me quería vender la ilusión. Desde entonces, me mira con extrañeza creyendo que le engañé.

»Las personas al no pensar por sí mismas no pueden comprender que sus actos están motivados por circunstancias externas y exponen sus pensamientos y acciones al albur de lo que hagan los demás, por tanto, necesitan un ejemplo para justificar su propia acción de deseo.

»Crear una petición o plataforma del tipo que sea, forma parte de lo que los demás hacen. No crear nada es lo más original que puede un ser crear, porque no se basa la acción en ningún estado de inquietud.»

Lo cual que, como en la sobremesa de aquel sábado hubiera estado nuestro amigo Alan, la conversación hubiera derivado a lo que es “pensar por sí mismo”. Yo no creo en la construcción pensar por uno mismo: yo nunca he pensado por mí mismo; siempre he pensado con y por, con álguienes y por algún motivo y hacia algún fin: evitar la estulticia, la injusticia y mi propia soledad mortal y rosa.

Donde Alan dice que una acción en red contra la lotería “forma[ría] parte de lo que los demás hacen”, sugiero que me mande el enlace (web, hashtag, etiqueta o almohadilla) para yo añadirme a lo que ya estará hecho, y yo sin enterarme.

Pero lo que ya me despista (con agrado y entre copas de sobremesa, eso sí) es qué tiene que ver la creación (si es la creación artística o literaria) con lo que estamos hablando. La frase “no crear nada es lo más original que puede un ser crear” es propia, desde Hegel y Duchamp hasta aquí, de artistas que lo saben (el arte ha muerto) pero los muy pillines no paran de reivindicarse, hoy un disco, mañana un libro, al otro una exposición, y siempre que les bajen el iva, mientras la masa no cultural o no artística pase por taquilla y se dedique a otra cosa: fabricar ordenadores como este en el que escribo, poner ladrillos en casas como la mía, limpiar retretes como el mío, dirigir bancos como al que pedí la hipoteca o presidir gobiernos como el que nos gobierna y desde el que nos bombardean con la lotería del gordo de navidad, que era el “estado de inquietud” en que nos basábamos. Gracias: Alan Gat Peguero.

el día de la bestia.

La bella y la bestia, ilustración (c) Maya Bloch
Entre la bella y la bestia, la bella era la norma
y la bestia, la excepción, lo que nadie desea.
Algunas veces la bestia de la bestia se salía
y jodía, bien jodidas, las moralejas todas:
no hables con desconocidos, no vuelvas tarde a casa.
¡Yo también soy la bella! ¡Todos somos la bella!,
gritaba en sus pancartas el pueblo al rey,
pena de muerte o prisión perpetua para aquel monstruo:
la bella, en su ataúd, como un juguete roto.
Todos somos la bella, es cierto, pero alguien somos
que la bestia es y hemos sido nosotros.


[LA CORTE DEL REY BOBO]

Ilustración tomada de © Maya Bloch en BiblioCriptana.Wordpress


 

pensionistas.

Pensiones según la Revista Semana
Imagen Revista Semana

La perversa teoría oficial quiere hacernos creer que el fondo de pensiones depende de lo que ingrese al presente la Seguridad Social según marche la economía. Y no. El fondo depende de lo que ya se ingresó. Toda pensión es personal e intransferible y toda Seguridad Social, un banco obligado a devolver depósitos o ingresos realizados.

Si el fondo de la Seguridad Social no alcanza para cubrir pensiones (dignas y acordes a lo ya cotizado), el Estado tiene la obligación de reponer la caja con cargo a la clase contratante empresarial capitalista, que es la parte que siempre tira a la baja en los convenios colectivos.

Dicho lo cual, sobran alabanzas a la clase pensionista, clase que trajo esta España que, como obra escrita por “quienes dieron la vida trabajando por España”, no vale gran cosa, la verdad.


 

las palabras de la tribu.

tacones gay

Siempre he desconfiado de la gente que opina que lo importante es la persona. Detrás de esa muletilla, supuestamente humanista o humanitaria, me parecía ver una aversión contra tomar postura, que es lo que había que hacer. Hoy veo tanta nueva postura y tanto nuevo etiquetado de posturas, que me parece que yo estaba equivocado y que es verdad que lo importante es la persona.

En los últimos años se ha producido un deterioro de las palabras políticas colectivas (de negación de lo que hay y de toma de partido por lo que tenía que haber), frente a un aumento de las palabras individualistas (de afirmación de lo que una minoría es o quiere ser). Y del capitalismo nadie habla sino de sociedades líquidas.

Donde alucina uno es en el campo semántico del feminismo en asociación con el lenguaje gay y del sexo de pago, amplio grupo que nos está dando palabras como zorroridad, transmisoginia, hombre o mujer cis, vocabulario que irá alargándose como se alargan las siglas del Orgullo Lgtbi.

Tanto neologismo no hace más que esconder la contradicción donde la libertad yace encapsulada: una libertad de boquilla según la cual se predica sé tú mismo o lo que quieras ser, y una falta de libertad real, y a todas luces evidente, dado que una persona no puede ser libre si la humanidad no lo es.

Como tocar el capitalismo es cosa de viejos, habrá que decir que lo importante es la persona y, la nomenclatura, bla bla bla.

Las palabras de la tribu es un título de José Ángel Valente (1971).

los modos, las modas y las bodas.

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completas son las obras escritas y reunidas, a una determinada edad, pero también vivencias. Por alguna razón, ando poniendo en orden y al día mis completas y mis vivencias, lo que es una forma de dejar fuera y de hacer limpieza o antología. Y esto vale para mis libros que fueron libros, para mis papeles y mis objetos y para mi entorno o las personas que todavía me emocionan. Es como si Daniel Lebrato se hubiera puesto en pause, que no es que se vaya a morir, al revés, yo, más vivo que nunca, de cuanto simple amé rompí los lazos (Epístola moral a Fabio).

Un día que pasa a mis completas y a mi antología es el 23 de abril del año dos mil, día que fue ‑además de del Libro, de San Jordi y de Cervantes‑ Domingo de Resurrección. [Según el calendario romano; el protestante entiende que “al tercer día resucitó” significa en Lunes.] Aquel domingo, broche de Semana Santa y víspera de Feria, había toros en la Maestranza; ni más ni menos: Curro Romero (con Morante y Enrique Ponce) y hubo quien, por amor a Curro y a su abono, se perdió la otra cita del día: Pilar y Daniel se iban a casar y a casarse, además, a su imagen y semejanza. Fue Tres trajes traje, como decía la participación. [No invitación: cada uno pagaría su parte en el convite y estaban expresamente prohibidos regalos que no fuesen inmateriales como un dibujo, un poema, un cante, una actuación, cosas así.]

Tantos años después, he montado y corregido la película que nos grabó un hijo nuestro con su vídeo cámara y luego nos pasó en dvd. Por alguna otra razón, parte de mi leyenda negra con mi familia, que no se habla conmigo, tuvo que ver con las bodas: ella sabrá (mi madre o mi familia) por qué o en qué. Es verdad que la gente con 20 años no se casa lo mismo que a los 30 o a los 40, edad que pasábamos Pilar y yo ese 23 de abril primero del nuevo siglo. Y es verdad que una boda es a la pareja lo que miniño, para sumadre: lo mejor del mundo y las críticas son mal recibidas; si hubiera autocrítica, ya sería mucho, pero, en vez de eso: álbum de fotos.

Vean, si les parece, la película Tres trajes traje. No llega a 45 minutos. Y denle a avance rápido y sáltense lo que no les asombre: en cinco minutos tienen ustedes idea cabal de lo que puede ser una boda hecha ni por el cura ni por el concejal ni por la empresa de eventos ni por el cáterin ni por el padrino ni la madrina: por la pareja protagonista, quien toma el mando y pone el ceremonial en su sitio. El nuestro fue Galaroza y Fuenteheridos, Sierra de Huelva, donde vivíamos lo mejor de nosotros. Cuánta agua y cuánto vino nos inunda desde entonces.

–enlace a Tres trajes traje

enlace a Rey de bodas


pacifista a lo Gandhi (receta)

01 Mahatma Gandhi

PACIFISTA A LO GANDHI. Receta
Mahatma Gandhi, 1869‑1948

00 Mahatma Gandhi en la página Famosos.tip
Gandhi en (c) Famosos.tip

Para hacer un Gandhi en condiciones, se necesita:

1 hombrecillo no muy alto

1 cabeza rapada o calva

1 gafas redondas

1 sábana blanca

1 chanclas

1 paraguas negro o blanco

1 frase: «No hay camino para la paz, la paz es el camino.»

Se sirve frío con guarnición de palomas de la paz, laureles, alumnado de primaria o secundaria con su correspondiente equipo docente, preferentemente todos los 30 enero (Día escolar por la paz y no violencia) o en jornadas lectivas inmediatamente anteriores a esa fecha.

Opcional: Teresas de Calcuta o algún papa como Juan Pablo Segundo en las paredes. No contiene gluten. Puede contener trazas de misiones de paz y del glorioso Ejército español.

[eLTeNDeDeRo] le ofrece ahora todos los ingredientes (listos para copiar y pegar) más el vídeo demostración Monte un Gandhi en su casa (0:59’).

Oferta válida del 20/11 al 31/01/2018 en Península y Baleares y del uno al otro confín de habla española.

El pacifismo de eLTeNDeDeRo


 

02 Mahatma Gandhi cráneo rapado
1. cráneo

gafas, sábana, paraguas, chanclas

06 Mahatma Gandhi sandalias


vídeo demostración Monte un Gandhi en su casa (0:59’)


arte de discutir o los 10 mandamientos de la lógica, por Milhaud.

Discutimos prácticamente todos los días. Continuamente enfrentamos posturas con la gente que nos rodea. Unas veces lo hacemos de forma amigable, otra de forma menos amigable y acalorada. Yo considero que esto, siempre y cuando se haga de forma adecuada, es algo que nos enriquece como personas y que nos enseña más que muchos libros de los que lee una mayoría de la población. Pero, lamentablemente, muchas veces veremos cómo las discusiones pierden interés en cuanto aparecen las falacias lógicas.

Leer más: http://recuerdosdepandora.com/escepticismo/los-10-mandamientos-de-la-logica/#ixzz4pcD7vRbi

Origen: Los 10 mandamientos de la lógica

Por Miguel García Álvarez, Milhaud.

aparición de los negros en las letras españolas, por Santiago Auserón.

Durante los siglos XVI y XVII, coincidiendo con el incremento de la trata atlántica, la presencia de esclavos africanos se volvió costumbre en la literatura española. El tipo jocoso del negro músico y lenguaraz surgió en las coplas, se instaló en el escaparate de la vida social que fue el teatro ligero e hizo su aparición en la incipiente novela. Los poetas jugaron a imitar las alteraciones que el «habla de guineo» hacía sufrir al castellano y a reproducir con pies métricos su ritmo musical, contagiados por la viveza de las jergas de germanías en ambientes donde la rítmica sincopada de los africanos despertaba un viejo poso de sonoridades mestizas. En sus obras dejaron constancia de un sorprendente estado de proliferación de la lengua muy distinto del marmóreo ejercicio de erudición aprendido en los colegios jesuitas, relacionado con la movilidad social y con el hechizo expansivo de las modas musicales de la época. Coplas con estribillos marcadamente rítmicos, bailes con nombres propios que retumban con afán de mito efímero, revelan una erótica de la fonación complementaria de la expresión danzante de la libido denunciada por los censores. A lo largo de los dos siglos siguientes a la invención de la imprenta, una marea musical y poética llevó en España la tradición oral hasta su extremo desarrollo. Esa actividad febril amplió el radio de acción de las canciones tanto como era posible antes del advenimiento de la era electrónica. Este es un aspecto de la literatura del Siglo de Oro poco tenido en cuenta hasta la fecha.

Origen: Aparición de los negros en las letras españolas – Jot Down Cultural Magazine