Etiqueta: sociedad

haikus en el corredor de la muerte.

Haikus en el corredor de la muerte [1] desvela las últimas palabras de 36 japoneses que iban a ser ejecutados. Camino de la horca, pintaron en tres líneas y 17 sílabas la asfixia de la soledad, la culpa, la agonía o el miedo. [2]

Cuando a la humanidad le sobran razones hacia la abolición de la pena de cárcel, causa espanto la insistencia en la pena de muerte, atrocidad en la que la filología no hace más que indagar y obligarnos a pensar. El ubi sunt nos acostumbró a su predicación escatológica. Lo que no es normal es que un Estado mate. No a la pena de muerte.

[1] Aparte requisitos temáticos, el haiku es, silábicamente, lo más parecido a la seguidilla (5‑7‑5 sílabas).

[2] Diario El Mundo: Haikus en el corredor de la muerte (que el periódico retitula haikus del patíbulo). La filóloga española que los tradujo es Elena Gallego, de 30 años, con plaza en alguna universidad japonesa. Junto a su colega de doctorado Seiko Ota, burgalesa de origen, pasó muchos meses adaptando al español un libro abrumador.

las cosas y las personas: notas de economía afectiva.

Corre por ahí un frasazo que dice: «Las personas fueron creadas para ser amadas y las cosas fueron hechas para ser usadas. La razón por la que el mundo está en caos es porque estamos amando las cosas y usando a las personas.»

Sin entrar en ese plural pleonástico de “estamos amando” (¿Quién, usted y yo?, ¿iguales que un paria o que un Donald Trump?, ¿igual quien enciende la luz que la Géneral Electric?), la mayoría de personas nacen, nacimos, por actos de difícil explicación amorosa. La confusión amor sexualidad, el descontrol de la natalidad (precauciones cero o preservativos rotos) junto a la transmisión del ego o del patrimonio ligada al apellido, prácticamente excluyen toda preñez consciente como acto absoluto de creación amorosa. Que, una vez nacidas, a las criaturas se las quiera y se les coja cariño, no convalida la premisa de que “fueron creadas para ser amadas”.

En cambio, es verdad que “las cosas fueron hechas para ser usadas” y –salvo las mediatizadas por el fanatismo o la superstición (desde las pirámides de Egipto)– responden a valores de uso que está bien se consideren en lo que valen y les confiere su valor de cambio, vamos a suponer: su precio justo. Otra historia es que todo necio confunda, como decía don Antonio, valor y precio, o que el amo y el mercado se apropien y distorsionen el sudor de la gente.

Lo que no existe es el *valor de amor que religión y oenegés quieren ponernos en el telediario de nuestras vidas y en sus cuentas corrientes. Lo cantaba Atahualpa: Las penas y las vaquitas se van por la misma senda. Las penas son de nosotros. Las vaquitas son ajenas.


Arde París.

En Castaño del Robledo, Sierra de Huelva, un grandioso templo inacabado, que hoy llaman el Monumento, da ejemplo de adecuación cristiandad sociedad: Si no hay dinero ni feligresía, porque decae la población, dejamos la iglesia sin terminar y nos vamos. Frente al Castaño, Barcelona está empeñada en concluir una Sagrada Familia que no responde ni a la oferta ni a la demanda religiosa; cierta soberbia a la catalana.

Ahora que arde Notre-Dame de París, varias soberbias y orgullos heridos serán portada. Desde el ¿cómo es posible? (que no se hubiesen tomado medidas preventivas anti chispa o anti incendio) hasta el ¿qué hacer? que debería correr por cuenta de la fe privada, no de la municipalidad ni de fondos unescos o europeos.

Arde Notre-Dame porque Dios lo ha querido, piense el creyente que el ¡hasta mañana! nos lo redondea con ¡si Dios quiere! Dios lo ha querido y, sin nosotros desear a nadie tristeza o desolación, es hora de ajustar los relojes de la sociedad civil y de la sociedad creyente. No estamos en el siglo 12. Dios es un particular. Y hay una belleza especial en la contemplación de las ruinas; tópico muy literario, muy paspartú de la pintura clásica, muy romántico y decadente tan atractivo o más que la catedral impecable que saldría de las obras o que saldrá de la reconstrucción.

La poesía de ruinas de nuestro siglo de oro (aquella que explicaba la derrota de una Roma pagana para el triunfo de otra Roma, cristiana) no sirve ya. Aparte Víctor Hugo, detrás de Notre-Dame de París no había nada que no fuese grandeur o chovinismo, así lo llamen arte, cultura o patrimonio de tal o cual. Déjenlo arder.

Ensayo sobre Luzbel

Reconocimiento de Vox.

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La vieja manera de concebir la política consiste en pedid y se os dará. No hemos salido de San Mateo. Quien da es el Estado del Bienestar a través de partidos y, quien pide, la ciudadanía a través del voto. Pero al banquete vinieron a sentarse tres convidados de piedra: el yihadismo, la crisis y la presión migratoria. La respuesta fue la incongruente Alianza de civilizaciones, el aumento de oenegés, como modo de vida, y de mareas sociales, como modo de pedirla. Como cuarto invitado no deseado, desde Cataluña asomó el derecho a decidir en referéndum, malévolamente servido como desafío o independentismo.

El resultado ha sido. Quien se acostumbró a pedir, sigue pidiendo sin más análisis ni asomos de rebeldía. Y quien tildó de derechas lo que pasaba en Cataluña se creyó tan de izquierdas que, de paso, le negó a toda España semejante derecho. Secuelas del contra terrorismo y contra el Procés fueron los empoderamientos de Policía, Judicatura y Jefatura del Estado, garantes de la convivencia y de la unidad en tiempos difíciles. Afuera, también llovía: Trump en Usa, Brexit en Europa.

Ni el yihadismo ni el feminismo han resultado disruptivos. El yihadismo con su inyección de todos somos la víctima, no nos moverán o no podrán con nosotros (todo tematizado en Je suis Charlie Hebdo); con su despliegue de velitas y flores, aniversarios y duelos pomposamente presididos, ha venido a reforzar el Estado del Bienestar. El feminismo, volcado en igualarse con un mundo macho impresentable, ha venido también a fortalecer lo que había.

Eso, por fuera. Por dentro, la polarización de unas clases medias o aspirantes, que cada vez tienen más difícil su encaje, lleva a sus miembros a extremos de radicalidad que solo en el secreto de la papeleta de voto puede permitirse; de boquilla, hay que comportarse, pedir para que te den, seguir siendo demócrata, solidario, feminista y convencido de que el bienestar funciona. Ahí aparece Vox, la otra cara de una ciudadanía que no puede entonar el sálvese quien pueda y que os vayan dando. ¡Oh maravilla de operación triunfo de la mala conciencia: que lo mío es mío y que no me lo toquen!

Mientras Vox ocupa sus escaños, en el polo anti, donde estaba lo que se llamó e insiste en llamarse la izquierda, no hay absolutamente nada. ¿Monarquía o República?, esa es la gran expectativa: un Rey o un Presidente, “un Macron para España” (por no decir otra cosa). ¡Qué esperanza de cambio, señora Podemos, señor Garzón, señor Anguita!


CÓMO ACABAR CON LA NAVIDAD.

☞ resumen. Como acabar con la Navidad no iba a contar nunca con el voto de la mayoría y, al mismo tiempo, todo se puede y se debe someter a votación, el artículo propone pasar del voto político al voto económico y que quien quiera Navidad en espacios públicos (alumbrado, adornos, etc.) contribuya y lo pague de su bolsillo y sin subvención ninguna. Esto se haría mediante impuestos directos (donaciones, pago por ver o entrar, patrocinios publicitarios), e indirectos a través de la Declaración de Hacienda (estatal, local y regional), marcando una equis en la casilla □ Navidad y fiestas religiosas (algo que ya se hace entre □Iglesia o □Fines sociales), redistribuyéndose así Presupuestos Generales que deben estar al servicio de toda la población contribuyente, de otras confesiones religiosas y del laicismo y aconfesionalidad del Estado. Cree el autor que a este razonamiento nadie se puede oponer y todo es conforme al pluralismo, al individualismo y al liberalismo que se predica en democracias avanzadas.

☞ abstract. How to end Christmas was never going to have the vote of the majority and, at the same time, everything can and should be put to a vote, the article proposes to pass from the political vote to the economic vote and who wants Christmas in public spaces (lighting, ornaments, etc.) contribute and pay out of pocket and without any subsidy. This would be done through direct taxes (donations, payment to see or enter, advertising sponsorships), and indirect taxes through the Treasury Declaration (state, local and regional), marking an X in the box □Christmas and religious holidays (something that already it is done between □Church or □Social Fines), redistributing thus General Budgets that should be at the service of the entire taxpaying population, of other religious confessions and of the secularism and non-confessional nature of the State. The author believes that nobody can oppose this reasoning and everything is in accordance with the pluralism, individualism and liberalism that is preached in advanced democracies. (Traductor de Google)


La razón de la sinrazón que a mi razón se hace.
(Quijote, 1)

La razón de ser de lo que es poderoso provoca la sinrazón de que se hable de ello. Es parte del juego y del poder. Vean, si no, la cantidad de gente que fustiga el nacionalismo sin darse cuenta (o dándose, qué más da) de que (aunque se disfracen de izquierda contra derecha) todo ese argumentario en contra es en el fondo básica y radicalmente nacionalista, es decir, de la misma índole que aquello que critica. Pasa también con la monarquía, con la religión o, últimamente, con el feminismo de velito islámico o, a lo occidental, de tacón y de uñas pintadas como para un máster chef. Cuando nos damos cuenta, ya hemos caído en la trampa y estamos hablando de semejantes disparates, absurdos o tonterías. Es lo que pasa además con las fiestas que nos vienen impuestas, particularmente la omnipotente y omnipresente, hasta el hartazgo, Navidad. Perdón, entonces, por la sinrazón.


¡Así se habla, viejo topo! ¿Podrás trabajar rápido bajo tierra?
(Hamlet)

Hacia 1980 un profesor y escritor español, Eliacer Cansino Macías (Sevilla, 1954), dio al mundo un método infalible para deconstruir la más potente obra con solo averiguar su clave o tornillo clave, su piedra de toque. Se llama piedra de toque a la que sirve para probar la pureza de los metales y, por extensión, aquello que permite calibrar el valor o alcance de una situación o coyuntura, por ejemplo, en la frase “El soberanismo es la piedra de toque de la actual discusión política” o, por ejemplo, “La Navidad es la piedra de toque del laicismo nacional”. No confundir piedra de toque con la piedra clave, que es la que cierra el arco o la bóveda (que en estructuras de hierro pudiera ser un tornillo o remache), y así se dice que “La Navidad es la clave del calendario cristiano” o que a fulanito “le falta un tornillo” por pretender acabar con la Navidad. Estamos hablando de un desmontaje intelectual de la Navidad como texto (Jacques Derrida) y estamos hablando del Método Eliacer para buscarle no los puntos débiles al edificio Navidad, sino los puntos fuertes y con la propia lógica de albañiles y arquitectos.

A ese propósito, promovimos la campaña Cómo acabar con la Navidad, que era también una encuesta de opiniones y puntos de vista. Cómo acabar con la Navidad se inspiraba en Yo quise destruir la Torre Eiffel, conferencia ficción de Eliacer Cansino a base de proyectar, como en perverso flash back, imágenes diapositivas de lo que fueron las obras de la Torre Eiffel desde su inauguración al público el 31 de marzo de 1889, hasta la primera piedra o cimentación, que había sucedido dos años, dos meses y cinco días antes. La Torre se venía abajo, vaya que sí, y sin víctimas ni sobresaltos, todo muy limpio, como queríamos, y sin que nos cayera encima la anti terrorista y sin ofender sentimientos religiosos.

Entre las ideas recogidas, ha habido de todo: Quien proponía hacer femen que aborta a la virgen María. Quien poner a los camellos ciegos de marihuana. Quien declarar en huelga a los pastores. Quien echarlos a pelear contra los romanos. Quien La vida de Brian. Quien para virgen, tú, y para Herodes, yo, y ¡belén, campanas de belén!, el que se monta cada vez que los dos montamos el belén.

Hubo quien arremetió contra la periferia mercantilista y ludópata de la fiesta, empezando por el Gordo de la Lotería: «Usted no es un feligrés del dinero. Usted es de compartir, que es lo que se lleva, ser colaborativo. ¿Y si les toca el Gordo en el trabajo, en el taller, en el colegio, en la tienda, en el bar, en la familia o entre vecinos del mismo bloque?» Sudores fríos. La pesadilla con el sorteo arranca en el chiringuito de la playa. Alza usted la vista de la cerveza o del tinto de verano y, allí, el dichoso numerito con la pregunta «¿Y si toca aquí? ¿Te lo vas a perder?» Sudores fríos en pleno agosto.

Hubo quien nos hizo más sabios, como @Wikiwiki: Sepan ustedes que los primeros en abolir la Navidad fueron los puritanos de Oliver Cromwell en 1647. Cromwell llamaba a la Navidad la fiesta del jolgorio de los paganos, lo que alcanzó a la Nueva Inglaterra colonial. A los primeros Padres Peregrinos que llegaron a América allá por 1620, con su estricto estilo de vida de aversión a la bebida y al baile, fiestas y juegos de azar, la Navidad les recordaba costumbres más vinculadas al paganismo que al cristianismo. Hasta 1870, y por influencia de irlandeses e italianos, tardó la Navidad en ser fiesta oficial en USA como día de reunión familiar y de descanso obligatorio.

Y hubo quien nos trajo alguna cita literaria. @Citacita: Arthur Rimbaud, Una temporada en el infierno (1873): Desde el mismo desierto, en la misma noche, mis ojos cansados siguen despertándose con la estrella de plata, siguen, sin que los reyes de la vida se conmuevan, los tres magos, el corazón, el alma, el espíritu. Cuándo iremos, más allá de las playas y de los montes, a saludar al nacimiento del nuevo trabajo, la nueva sabiduría, la huida de tiranos y demonios, el fin de la superstición, la marcha de los pueblos, a adorar, los primeros, la Navidad en la Tierra.

Otro donante nos pasó esta profundidad de Elvira Lindo en El País: En invierno los escritores me dan mucha pena porque, cuando no escriben artículos contra la Navidad, escriben artículos que tratan de que tienen gripe. Me da mucha pena que los escritores (por mor a su ética) no disfruten de la entrañable Navidad porque dicen que las personas estamos enfermas de consumismo.

Otro colega nos transfiere un fragmento de una rara diatriba contra las tres culturas titulada Epístola moral a los cristianos, que tiene algo de belén viviente:

Se escapan del belén beduinos, caravanas,
sus barbas, sus tapadas, sus plañideras tristes
demuestran a la cámara que el pobre Dios no existe.
Y todo se hace en nombre de un dios que nadie ha visto.
Los tiene divididos un hombre, Jesucristo.
Primero dividió en dos al pueblo hebreo,
no convenció a Mahoma, ya hay tres para el sorteo.
De crímenes atroces, hicieron una lumbre,
le dieron teología a bárbaras costumbres
y esa mentalidad de piedras y de clanes
la enseñan a los críos en biblias y en coranes.
Los puntos cardinales, después de tanta guerra,
en tres los repartieron para heredar la Tierra
con tal de que las otras no pasen de su Oriente,
de acuerdo, tres culturas, la nuestra es Occidente.

(sobre el yihadismo suicidista)
Morir matando vimos al héroe, al kamikaze.
Matar viviendo, nunca; con éstos, ¿qué se hace?
Tan solo los primeros cristianos primitivos
se vieron en su muerte más fuertes que los vivos.
Pasaron siglos. Fueron, del mar de los romanos,
al Índico, al Pacífico, y vuelta al Vaticano.
El clero se relaja. Fray gordo puso a dieta
las reglas de la orden, no el alma y la bragueta.
Los feligreses mecen las cruces del mesías
en sus cunitas blancas de hogar y burguesía
y ahora, ¿quién les dice, en tiempos de bonanza:
Coge tu cruz y sígueme? ¡Que vaya el ordenanza!
Del Testamento, hicieron portales de Belén,
aquí, una figurita, aquí, un pastor, qué bien.
¡Como que vienen vivos, que cruzan el Estrecho,
por Grecia, por Turquía, vienen buscando techo!

Flash back. No hay tres culturas. Usted guarde la suya
para que nadie venga con otra dando bulla.
Y por Semana Santa, salgan las procesiones
igual que los obreros en manifestación, es
lo justo y democrático. Y, alcalde, en Navidad,
no monte más belenes: un árbol de unidad.
Hablamos de las calles, plazas y ayuntamientos,
y cada quien que ponga en casa el nacimiento.
Hablamos de dejaros de apoyos del Estado
y haced de vuestra capa un sayo en lo privado.

Apunta @Marxista: Desde mitad del siglo 18, y todavía en alguna izquierda que no se entera de nada, la teoría de la emancipación se ha basado en el reparto del trabajo. Marx no pudo prever las resistencias del capitalismo; unas, por las malas de las armas y el bloqueo y, otras, por las buenas de ideologías inyectadas como un virus o como un troyano: ese fue el Estado del Bienestar, que hizo, del proletariado, clase obrera; después, trabajadora y, por último, clase media involucrada: se acabó la lucha de clases. Porque si la explotación y el capitalismo seguían dándose, se daban por mayorías nacidas de las propias clases dominadas. Se acabó la revolución. La clase obrera no volverá ni será sustituida por olas migratorias ni por minorías en lucha; tampoco por colectivos o por grupos de sexo. Todos esos movimientos, con oenegés y solidaridades, no moverán los cimientos de este mundo; obviamente, tampoco el islamismo como alternativa a la decrepitud de Occidente. Lo que nos queda es el reparto del individualismo y del tiempo libre y del ocio como revolución pendiente.

@Viejotopo: Otro día hablamos de Internet como Palacio de Invierno o Bastilla que habrá que conquistar. En esa revolución ocupa un primer lugar la conquista del calendario laboral, vinculado al trabajo, y de las fiestas que nos vienen impuestas en nombre de tradiciones y artes y costumbres populares.

Un donante más nos advierte: Buscad en Google “guerra contra la Navidad”. Vais a flipar. ¡88.000 resultados en 0,4 segundos! Luego resulta que la supuesta guerra incluye mayormente gente muy derechona que siente el ataque contra valores tradicionales, y no contraofertas sabiamente pensadas y razonadas desde el laicismo o desde el pensamiento libre. Bueno, hay alguien que sí: La celebración de la Navidad es una forma encubierta de introducir una confesión religiosa en el ámbito público. Ayuntamientos, consejerías y otros organismos optan por financiar y acoger belenes en las dependencias públicas con el dinero de contribuyentes católicos y no católicos. Y en los centros educativos obligan a las criaturas a cantar villancicos, lo que va contra la aconfesionalidad del Estado. Si una parte de la población quiere celebrar la Navidad, que lo celebre de su bolsillo. No hay ninguna guerra contra la Navidad. Hay guerra contra quien no la celebra.

@Demoscopia: Entrecomillando en Google “feliz Navidad” da 42 millones de googles, solo superados por los 179 millones del inglés y por encima del ruso (10,2), el alemán (10,1), el japonés (9,84), el italiano (9,47), el chino (8,83), el francés (8,35) y el árabe (2,24). En contra, “contra la Navidad”, obtenemos 1.340 resultados en español, el menor rechazo que se registra entre las principales lenguas. La tabla anti Navidad la encabeza el japonés (con 72,8 millones de resultados), seguido del ruso (20,7), del chino (8,82), del italiano (308.), inglés (128.), alemán (27.), francés (15.2), árabe (1.45) y el español ya dicho de los 1.340 rechazos. O sea, que lo tenemos claro. Más de un 99,99 por ciento de la hispanidad que se expresa por internet está a favor de la Navidad. La Navidad tiene un éxito o una implantación que va mucho más allá del cristianismo o del consumismo.

@LaBalaLaika: La Navidad española está muy bien pensada como trilogía de tres fiestas dobles con seis banquetes en quince días casi perfectamente equidistantes una semana entre sí y para cada una de las tres generaciones: hacia los mayores y las raíces de donde venimos: Nochebuena y Navidad; para la pareja y amistades: Año Viejo y Año Nuevo; y para la infancia y para todos: Noche de Reyes y Día de Reyes. Es un plan perfecto imposible de mejorar. Si a esa potente trilogía le ponen por delante el Gordo de la Lotería y el puente de Inmaculada y Constitución, más el black friday y las rebajas abriendo y cerrando la procesión, estar en contra de la Navidad es como ser tonta del bote o tonto del culo: Usted, ¿qué quiere?, ¿trabajar?

@MartínSantos: 1º) Existe una moral vulgar y comprensible según la cual trabajar es bueno. Esta moral del trabajo convive con la observación empírica de que mejor aún que trabajar es disfrutar de vacaciones y días de fiesta o de descanso. 2º) Supongamos que existe una moral superior que inspira al Estado (como titular del bien común) para un calendario flexible y personalizable. 3º) ¿Para qué coño carajo demonios puñetas promulgaron la alianza de culturas y civilizaciones, si no se reconoce el derecho al sabbat judío o al viernes musulmán, al ramadán o al yom kippur? Natividad y Pasión, es lo que hay: que nazca el Niño por Nochebuena, que ya lo mataremos por Semana Santa. 4º) Tras la lógica de la Navidad, surge la duda sobre su escenificación en los espacios públicos. Ahí interviene la cultura de la conservación imponiendo el tema del belén, más acorde con la dieta mediterránea que el nórdico tema del árbol (que el católico bando aprovecha a tildar de protestante o de hacerle el juego, con Papá Noé, a la Coca Cola). 5º) Pero, en esto, piden la palabra las concejalías de izquierdas de cultura y fiestas mayores: la Nochebuena marca el solsticio y el culto a Mitra, de raíz pagana. Y nosotros, sin saberlo.

☞ Total, que no hay quien pueda. La casa recomienda pasar de la democracia de la declaración del voto, que es subjetiva y manipulable, a la democracia de la declaración de Hacienda, que es no manipulable porque sería un delito. Pagar la Navidad mediante impuestos directos, e indirectos en la declaración de Hacienda, algo que ya se hace entre marcar la casilla para contribuir a la Iglesia o la casilla para fines sociales. Realmente, la vida pública y política la soportaríamos mucho mejor si cada institución sensible y cuestionable, sujeta a la objeción de conciencia, pudiéramos, al menos, votarla con un lenguaje de casillas: no con mi voto, no con mi dinero. No con mi dinero el ejército (primera objeción de conciencia; acabada la mili obligatoria, esa objeción se la ha comido el Estado). No con mi dinero la Jefatura del Estado (ni con monarquía ni con república). No con mi dinero subvencionar las corridas de toros. No con mi dinero la Iglesia. No con mi dinero la enseñanza concertada. No con mi dinero la fuerza pública en actos privados (esa Policía Nacional en partidos de fútbol de alto riesgo). No con mi dinero, la Navidad. Que los municipios arbitren la recaudación entre particulares y negocios interesados en la Navidad y que en ningún caso los espacios públicos se adornen con temas confesionales. La piedra de toque, la piedra clave y el tornillo por averiguar y destornillar era, al final, Eliacer, el bolsillo del contribuyente. Se trata de redirigir la democracia desde los dudosos mares y mareas de lo que piensa la mayoría, hasta su exacto caudal en euros personales. La vida que tengas, págatela. La fiesta que quieras, págatela. Va conforme al pluralismo, al individualismo y al liberalismo que etiquetan Occidente, democracia y primer mundo. Ser consecuentes, pues.

webgrafía:

Acabar con la Navidad, youtube de Daniel Lebrato (03:59 minutos)

Blog del viejo topo

Epístola moral a los cristianos

La guerra contra la Navidad, desmontando el mito derechista, en La Voz Liberal, 25/12/2015

La revolución del ocio y tiempo libre como una de las bellas artes

Mañana, poema de Arthur Rimbaud en Trianarts, 30/04/2014, traducción de Laura Rosal y Luna Miguel, Cangrejo Pistolero Ediciones, 2013

Que la detengan, Elvira Lindo en El País, 01/12/2003


el hashtag y la lotería.

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En taquigrafía en red, se llama hashtag (del inglés hash, almohadilla #, y de tag, etiqueta) a una cadena de palabras que dan título a un acontecimiento o tema candente que el sistema y usuarios identifican de forma rápida de modo que se suman o dialogan o interactúan o intercambian sus datos u opiniones, o sea, donde hashtag, podríamos decir almohadilla (en la almohadilla #hashtagylotería) o simplemente etiqueta (en la etiqueta #hashtagylotería), que es lo que recomienda La Fundéu. Una vez lanzada la etiqueta, corren mensajes bien hacia el usuario central lanzador o bien entre la cadena de usuarios, lo que da lugar a una cadena o hilo de conversación (por una vez, la palabra hilo nos entra en el idioma sin pasar por el inglés).

La anécdota que me trajo aquí fue una charla de sobremesa de sábado con tres amigos, donde salió el tema del Gordo de Navidad. Partiendo de que los cuatro jugamos y guardamos, quien más quien menos, nuestro numerito en casa (por si nos toca), de los cuatro, uno reconoció que compraba lotería por coacción, “por coacción nacional”, dijo, porque todo el mundo juega: en el trabajo, en el bar, en el taller, en la ampa del cole o en el bloque de vecinos. Entre la coacción (que es presión por la fuerza), la incitación (que es provocación a la que cuesta negarse), la imitación o la emulación (que es copiar o actuar por rivalidad), infinitos son los actos, las posturas o decisiones que adoptamos, no por nuestro gusto, sino por presión social: la lotería, las comuniones, los tatuajes, hasta tener hijos, cosas muy serias en nuestra vida las hacemos porque las hace la gente. Siguiendo con la conversación, uno de los cuatro planteó su extrañeza porque, en tiempos de tanto Change.Org, de tanta almohadilla o de tanto hashtag, habiendo tanta cadena, cómo es que nadie creaba una petición o una plataforma del tipo #yonojuego o #yonojuegoalalotería, a ver si cundía. ¡La de maravillas que podríamos hacer y no las hacemos!

El siglo 20 nos dejó dos hermosas convocatorias mundiales por el bien de la humanidad toda y fueron la Conferencia de la Onu por la Paz y el Desarme y la Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático. A día de hoy, la del cambio climático sigue pero a la paz y el desarme le dieron el cambiazo por la paz y no violencia para meternos la bacalá al pacifismo y a mayor gloria de quienes cocinan el negocio de las patrias y naciones armadas, naturalmente todo en nombre de la no violencia y de misiones de paz del glorioso ejército y de ministerios sistemáticamente llamados de Defensa. #por_aquí_que_te_vi.

–enlace a QUE TE DEN LA BACALÁ

–vídeo LA BACALÁ (3:30)


A propósito del artículo El hashtag y la lotería, donde [eLTeNDeDeRo] anima a usar las redes sociales como arma de insumisión contra petardeos, modas o tendencias que aplastan al individuo (poniendo por caso jugar al gordo de navidad quien habitualmente detesta la lotería), sostiene Alan Gat Peguero (Omkara) esta interesante opinión que anima a no hacer nada:

«Yo no compro lotería porque no quiero que me toque, le dije a alguien que me quería vender la ilusión. Desde entonces, me mira con extrañeza creyendo que le engañé.

»Las personas al no pensar por sí mismas no pueden comprender que sus actos están motivados por circunstancias externas y exponen sus pensamientos y acciones al albur de lo que hagan los demás, por tanto, necesitan un ejemplo para justificar su propia acción de deseo.

»Crear una petición o plataforma del tipo que sea, forma parte de lo que los demás hacen. No crear nada es lo más original que puede un ser crear, porque no se basa la acción en ningún estado de inquietud.»

Lo cual que, como en la sobremesa de aquel sábado hubiera estado nuestro amigo Alan, la conversación hubiera derivado a lo que es “pensar por sí mismo”. Yo no creo en la construcción pensar por uno mismo: yo nunca he pensado por mí mismo; siempre he pensado con y por, con álguienes y por algún motivo y hacia algún fin: evitar la estulticia, la injusticia y mi propia soledad mortal y rosa.

Donde Alan dice que una acción en red contra la lotería “forma[ría] parte de lo que los demás hacen”, sugiero que me mande el enlace (web, hashtag, etiqueta o almohadilla) para yo añadirme a lo que ya estará hecho, y yo sin enterarme.

Pero lo que ya me despista (con agrado y entre copas de sobremesa, eso sí) es qué tiene que ver la creación (si es la creación artística o literaria) con lo que estamos hablando. La frase “no crear nada es lo más original que puede un ser crear” es propia, desde Hegel y Duchamp hasta aquí, de artistas que lo saben (el arte ha muerto) pero los muy pillines no paran de reivindicarse, hoy un disco, mañana un libro, al otro una exposición, y siempre que les bajen el iva, mientras la masa no cultural o no artística pase por taquilla y se dedique a otra cosa: fabricar ordenadores como este en el que escribo, poner ladrillos en casas como la mía, limpiar retretes como el mío, dirigir bancos como al que pedí la hipoteca o presidir gobiernos como el que nos gobierna y desde el que nos bombardean con la lotería del gordo de navidad, que era el “estado de inquietud” en que nos basábamos. Gracias: Alan Gat Peguero.

el día de la bestia.

La bella y la bestia, ilustración (c) Maya Bloch
Entre la bella y la bestia, la bella era la norma
y la bestia, la excepción, lo que nadie desea.
Algunas veces la bestia de la bestia se salía
y jodía, bien jodidas, las moralejas todas:
no hables con desconocidos, no vuelvas tarde a casa.
¡Yo también soy la bella! ¡Todos somos la bella!,
gritaba en sus pancartas el pueblo al rey,
pena de muerte o prisión perpetua para aquel monstruo:
la bella, en su ataúd, como un juguete roto.
Todos somos la bella, es cierto, pero alguien somos
que la bestia es y hemos sido nosotros.


[LA CORTE DEL REY BOBO]

Ilustración tomada de © Maya Bloch en BiblioCriptana.Wordpress