Etiqueta: sociedad

funcionario de la Junta, fun, fun, fun (villancico).

Que la Junta de Andalucía rebaje a 35 las horas semanales de su personal asegura el voto no solo al Psoe y a Susana Díaz: hasta Podemos y la Izquierda Unida cantan todos el con flores a María. ¡35!, ¡35! Como si en Andalucía no hubiera quien echa 45 horas, 50 o ninguna, con tanto paro.

Este centrarse en las horas de un grupo comparativamente privilegiado (trabajo estable y pago de pensiones asegurados) recuerda al fenómeno mileurismo, cuando había seiscientismo, quinientismo y menos.

Prevaricación o pijerío político preparando la navidad [y se os dará].

Otro día hablamos de cómo la Junta aconseja medidas contra las olas de calor y, sin embargo, no dicta órdenes que regulen los trabajos más duros y expuestos al sol o al calor en días de fuego. Queda más resultón el broncéate, broncéate, hidrátate, hidrátate, cantado con música de veraneo y de Mecano.


 

oficios.

La crítica de Marx a la división social del trabajo tiene una aplicación en lo personal y es que tendemos a creernos nuestra profesión y a vincularnos de por vida al desempeño que nos da de comer. Y nos creemos estibadores, militares o profesores, oficios que podrían desaparecer en cuanto la enseñanza sea telemática, haya paz en el mundo o las grúas las pueda manejar un discapacitado. Salvo ingeniería y medicina, cualquiera puede hacer lo que haya que hacer: subir al andamio, bajar a la mina, recepcionar turistas o conducir vehículos. Y podríamos hacerlo según edad, sexo y condición física, alternativa o sucesivamente, sin que ninguna de esas actividades nos defina más que otra. En todo caso, es de justicia distributiva el reparto de los trabajos manuales. Pasa que el sistema educativo, que se presenta a sí mismo como expendedor de capacitaciones, es desde el principio un sistema selectivo que, unido a lo que ya nos selecciona por herencia, nacimiento y nivel de renta, incapacita a la mayoría para acceder al estatus de una minoría.


la literatura no salva.

La manipulación de la Historia con fines partidistas no es rara ni nueva, y al juego se prestan la historiografía oficial y los libros de texto, pero también los medios, las artes y la literatura. Lo vimos cuando estudiábamos el 98, aquel Cid y aquel don Quijote que cada uno interpretó a su imagen y semejanza de una idea de España. La reescritura tiene sus propios géneros específicos y, así, el recurrente cine del Oeste o de esclavos negros de los Estados Unidos: algo sigue pendiente en la conciencia estadounidense ‑en la sociedad de ahora mismo‑ que al cineasta mueve, esparce y desordena. Lo mismo podría decirse de nuestra literatura ambientada en la posguerra, posguerra que no termina nunca de acabar. Viene esto a cuento de El hoy es malo, pero el mañana es mío, última novela de Salvador Compán. La virtud del autor, su honradez intelectual, consiste en no manipular con ojos del presente un pasado que ya quisiéramos modificar; manipulación que otros novelistas se permiten hacer, y vamos a no dar nombres en este país donde series como Cuéntame cómo pasó o El ministerio del tiempo van directamente a la percepción que el pueblo español tiene de un frustrante pasado. Los personajes y los años 40‑60 son los que fueron. Enhorabuena a Salvador Compán. Cambiada España ‑ese cargo de conciencia ‑, cambiará su novelística.

–Enlace a  Lo que queda de Franco.


arte de conversar.

eLTeNDeDeRo se ha visto en dos polémicas. Polémica con quien no reconocía el principio de igualdad de los seres humanos y polémica con quien ‑estando de acuerdo con la separación Iglesia Estado‑ no veía claro lo de la religión cero cero en la vida pública y en las instituciones.

Manejando la información, la derecha se apodera de las opiniones. Sin discutir informaciones ni opiniones, la vieja izquierda (hoy, parte de la derecha) sigue haciendo convocatorias de masas, cuantitativas, de contar cuántos somos en la manifestación o cuantos votos sacamos. Y así, ocurre que gente puteada sigue votando al partido que lo va a putear y ocurre también que gente sana opina auténticas barbaridades. Si queremos cambiar el mundo, hay que cambiar conceptos acuñados y no discutidos como bienestar, derechos humanos, cultura o civilización, ideas fuerza que tendríamos que desmontar tomándolas al pie de la letra (como declaración de intenciones que son) para volverlas a montar. Si no, seguiremos tras la toma de una Bastilla y de un Palacio de Invierno cuyos escaparates ‑si llegamos a ellos‑ únicamente exponían, por miedo al robo o a la revolución, cajas vacías.

La igualdad entre las personas ‑aunque todos sepamos que no hay dos iguales‑ es un axioma político del tipo “si no la hay, sin duda la habrá”, que cantaba Jarcha de la libertad. Y negar esa igualdad sería, cuando menos, preconstitucional. Y la religión, tal cual hoy la conocemos, se puede y se debe privatizar. Pues nada más sagrado interior que la fe, por donde las religiones empezaron.

Antes de ser, todo fue antes un proyecto, un sueño o una ilusión en la cabeza de alguien. Un discurso compartido en sobremesa. Un banquete de Platón. Un compromiso dentro de un Juego de Pelota. Si no pensamos el mundo ‑mientras comemos, mientras bebemos, se puede hacer‑ no lograremos que cambie absolutamente nada. Todo es cuestión de ponerse.


8 de marzo | discurso desagradable contra el feminismo residual.

El feminismo que convivió con la lucha de clases corrió el riesgo ‑o hizo el ridículo‑ de hacer de las mujeres una clase social (Partido Feminista, de Lidia Falcón, 1977). Desde el punto marxista, una mujer trabajadora tenía que abordar una doble emancipación: como feminista y como luchadora por la cuestión social. Un siglo después, no hay clase naturalmente beneficiaria de ninguna revolución que merezca el nombre de revolución social: la lucha de clases está desaparecida. Y el feminismo también está desaparecido desde el momento que asumió el tapadismo de mujeres que alegaban sus motivos culturales e identitarios para taparse con gusto. Sigue, eso sí, un feminismo sindical del tipo a igual trabajo, igual salario entre varones y hembras, y poco más. Y no es de extrañar que un frívolo presentador de TV felicitara el 8 de marzo a las mujeres de su programa como se felicita el día de la madre.

Queda pendiente la asunción de la maternidad como realización personal independiente del varón y del Estado. Queda la abolición de la familia ganancial y como unidad económica tal y como ahora se entiende. Y queda que el Estado empiece a hablar de población y no de fomento a la natalidad.

La pregunta en euros a las mujeres, a cada mujer una a una, es cuánto cuesta ser madre, quién lo paga y quién lo va a pagar cuando el Estado, entendido como sociedad de contribuyentes, no tenga por qué apoyar ni subvencionar una institución estrictamente privada.

No querrán reconocerlo, pero quienes desde el Bienestar abogan por el apoyo a la familia, por el reparto de tareas o por la conciliación de las vidas laboral y familiar están diciendo lo mismo que la santa madre Iglesia. Algún día tendrán que callar.

Hombre o mujer: la vida que tengas, págatela. Y eso incluye a las mujeres que acuden entusiasmadas y sin pasar por caja a recibir los frutos de su maternidad.

eLTeNDeDeRo deja a ustedes con un poema de nuestro Antonio Machado quien escribió Pascua de resurrección para Campos de Castilla en mayo de 1909. El poeta, de 34 años, estaba por casar con Leonor, de 15. Tal vez por eso, escribió así

PASCUA DE RESURRECCIÓN (fragmento)

Buscad vuestros amores, doncellitas,
donde brota la fuente de la piedra.
¿No han de mirar un día, en vuestros brazos,
atónitos, el sol de primavera,
ojos que vienen a la luz cerrados,
y que al partirse de la vida ciegan?
¿No beberán un día en vuestros senos
los que mañana labrarán la tierra?
¡Oh, celebrad este domingo claro,
madrecitas en flor, vuestras entrañas nuevas!

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¿Qué harían los activistas por los inmigrantes?

Un experimento social ha revelado hasta dónde se extiende la misericordia de los estadounidenses que protestan contra la polémica medida de Trump a la hora de prestar ayuda real a los inmigrantes.

Origen RT: Protestas contra el decreto migratorio de Trump: ¿Qué harían los activistas por los inmigrantes? – RT