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angurria o el discreto encanto de la etimología.

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Investigando la palabra angurria para Zafarrancho Vilima, el Profesor Lebrato ha dado con una curiosa etimología que no encontrarán en los diccionarios, acaso por pudor o por tabú. Atención. Todos los varones (tengamos la meada que tengamos, sana o penosa, con retención o a chorros) meamos con angurria, quiere decir con “la angurria” como con la pija, picha, churra o cuca (con sus dinimutivos afectivos, cosita o churrita) o con el pijo, nabo, pito, carajo, falo, pene o cachirulo (sin diminutivos ni afectos que valgan).

angurria viene de estrangurria, griego [agurron] que significó pepino, cohombro mediante el paso [estrangurria] > [estangurria] > [esta angurria] > mi o la [angurria]. Una vez identificado el varón con su angurria, la evolución coloquial del término se explica sola y angurria lo mismo sería dificultad de orinar que deseo vehemente de ir a orinar, de donde insaciable, también hambriento (con más hambre que Cascorro), avidez, codicia o avaricia de quien se muestra con agobio, ansiedad o desasosiego y puede parecer un angustia o un pejiguera, palabra que conocemos. Deséenle a su lenguaje lo que desean para su orina: una conversación fluida y clara y sin piedras.

angurria [79.800 gugles]. nombre femenino. DEFICIONA. Planta perenne de la familia de las cucurbitáceas y que produce la fruta de este arbusto. Procede del castellano antiguo estrangurria, del griego aggourron, que significa pepino o cohombro, antiguamente sandía. DILE. angurria. Falsa separación del antiguo estrangurria. 1. coloquialmente estangurria (micción dolorosa). 2. América, deseo vehemente o insaciable, hambre, avidez, codicia, y en Cuba, México y Venezuela, secreción frecuente de orina. estangurria, estrangurria, estranguria. 1. Micción dolorosa. 2. Cañón pequeño o vejiga que suele ponerse quien padece estangurria para recoger las gotas de la orina. COROMINAS. Alteración de estranguria (1495) > esta anguria > angurria. La acepción americana ansia, deseo, por cruce con engurriar (o arrugarse), de donde encogerse, entristecerse. Derivados son engurruñar (1732) y engurruñir. GOOGLE OXFORD. 1. América. Deseo de comer incontrolado. Después de una semana de dieta, la angurria no lo dejaba dormir. La besuqueaba con la angurria que pone para manotear el queso y el maní. 2. América. Afán de poseer muchas riquezas por el solo placer de atesorarlas sin compartirlas con nadie. Era dueña de poderes quizás capaces de calmar su angurria por adquirir más y más. sinónimo: avaricia. VOX LAROUSSE. 1. Estranguria, micción gota a gota acompañada de dolor. 2. América, hambre incontrolada, egoísmo, avaricia. W.REFERENCE. americanismo coloquial, inanición o gran desánimo: Tenía mucha angurria y ninguna fuerza. CANARIAS, micción persistente. La angurria, la meadilla esa, le entró por una infección que tuvo. COLOMBIA, quererse quedar con un objeto sin importar cuanto lo necesiten los demás, también tomar muchos objetos a la vez. Ese jugador es muy angurrioso con el balón, pues toma el balón  y por angurria no se lo pasa a los demás jugadores. De pura angurria Jaime tomó mucho licor y nos dejó sin nada. MÉXICO, diarrea. Esta niña tiene mucha angurria. VENEZUELA, sueño cuando una persona se pasa todo el día durmiendo. Esa muchacha parece que sufre de angurria. FITITÚ. Necesidad imperiosa de miccionar una y otra vez. Existe angurriento: ávido, codicioso, hambriento.

En literatura, crónica de la Conquista del Perú, Pedro de Candía siguiendo su angurria, se encaminaría a buscar El Dorado, probablemente algún 24 de junio antes de 1540. En la crítica en Wikipedia a Les Contes de ma mère l’Oye (Los cuentos de mamá ganso o Los cuentos de mamá oca, recopilación de ocho cuentos de hadas escritos por Charles Perrault publicados en 1697, bajo el subtítulo Histoires ou contes du temps passé, avec des moralités, y con un segundo título en la contratapa: Contes de ma mère l’Oye.) leemos: el ogro degüella a sus propias hijas por descuido y por angurria. En Rasgos de pluma de El Tunante (Lima, 1902), libro misceláneo entre la medicina y el costumbrismo, aparece un personaje masculino Don Angurria.


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ANGURRIA
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la moda.

1.
No hay que leer El sistema de la moda, de Roland Barthes en 1967, para reconocer que la moda (cualquier moda, toda la moda y lo que está de moda) es una convención, un acuerdo social donde lo de menos es la ropa (vestirnos conforme a pudor, salud y clima) y donde lo de más es la imitación; por un lado, para pertenecer al grupo al que queremos pertenecer y, por otro, para diferenciarnos de él. De ahí, el afán por ser quien eres, tú mismo o misma frente al todo. Somos como la ovejita que yendo en rebaño se empeña en que el pastor la reconozca y la llame por su nombre.

2.
El único antídoto frente a la dictadura de la moda es salirse de la moda pero, claro, mercados y escaparates mandan, sastres y modistas cuestan un dinero y por qué no ponernos lo primero que nos venga en gana o que tengamos al alcance en el cajón o en el armario. Nuestra indumentaria puede responder, además, a la imitación de un líder o de una causa (jipis, roqueros, barbas por el Che Guevara, pañuelos palestinos, viseras hacia atrás por el hip hop o el rap).

3.
El problema surge cuando alguien utiliza la moda con perspectiva de género. Caso del amiguito, gay o no gay, que se pinta las uñas o se pone tacones como señas de identidad con lo femenino. Ese amigo no se da cuenta de que uñas pintadas, tacones y escotes son imposiciones del macho occidental igual que el macho islámico impone el tapado a la mujer islámica o el japonés que a la geisha le oprime el zapato porque le da más morbo el pie pequeño.

4.
No ver en el desvío o en la anti moda (de vestir a la contra) las mismas pegas que se ven a la moda es ignorancia o ingenuidad. Otro día hablamos de cómo los varones, al adoptar rompedores hábitos y conductas femeninas (el pelo largo con coleta, los zarcillos), no han roto con nada en realidad: no han hecho más que repartir por su sexo la supeditación a un modelo. Más machismo, o sea.


 

Unidas Podemos y la mala leche nacional.

El Consejo de Ministros de Pedro Sánchez, con más ministras que ministros, desaprovechó la oportunidad de rotularse Consejo de Ministres y ahora Unidos Podemos ha pasado a ser Unidas Podemos. ¡Con lo fácil que hubiera sido titular a la marca Unión Podemos o Unidad Podemos! Por su parte, la Academia insiste en que el lenguaje inclusivo es una moda y llama a evitar el desdoble. Se lo han puesto a huevo. Empoderar lo femenino (en sexo) a la altura del masculino (en género) podía hacerse por procedimientos que apenas se han explorado como el español de la e con sus casos académicamente creíbles y por demás abiertos al amplio colectivo plurisexual.

Contra esas posibilidades, perfectamente compatibles con la belleza y economía del idioma, llama la atención la insistencia en el desdoble por parte de la izquierda electoral y la sutil masculinización del lenguaje por parte de la derecha cerril con el arrope de la Academia. La extinción del quien, sistemáticamente sustituido por los que, y el emparejamiento hombres y mujeres, donde siempre hemos dicho hembras y varones o machos y hembras, no puede ser casual. Alguien está moviendo los hilos para que el femenino siga en guerra con el masculino. Una prueba más de la mala leche que se respira en esta España nuestra; también, en la lengua que hablamos. No es precisamente centrista [eLTeNDeDeRo] pero en esto, y por una vez, parece claro que en el medio, en el centro, entre la o y la a, está la virtud.


 

el feminismo ha venido, nadie sabe cómo ha sido.

hombres embarazados

La contemplación del mundo nos divide y separa en conformistas e inconformistas: gente a favor y gente en contra de la herencia recibida. Quienes, por nuestra edad, alcanzamos el uso de razón durante el siglo 20, y bajo el poderoso influjo del marxismo (que sumaba dialéctica y progreso: dos potentes aceleradores de la historia), tuvimos el sueño de un mundo nuevo y no capitalista: socialista, comunista, anarquista, feminista o ecologista: cualquier solución pasaba por la superación del capitalismo, bien por la lucha de clases, bien por la conservación de la Tierra o por la abolición del patriarcado.


Cincuenta años después, el internacionalismo comunista está casi desaparecido y el viejo anarquismo heroico se confunde con lo que fue el movimiento jipi de porrito en mano con su toque de evangelismo cristiano y de oenegé mundialista que, se supone, darán alivio al mundo sin negar el sistema; capitalismo convertido, por obra de partidos socialistas como el Psoe, en democracia y bienestar, dos titulares indiscutibles que, si son malos (admitirlo es casi elegante en ciertos círculos), “son lo menos malo que  se conoce”.


En el siglo 21, el ecologismo ha ganado coherencia con el cambio climático y el feminismo se ha buscado la vida fácil como bandera de la igualdad: igualdad salarial, igualdad parental: basta ver y oír a la generación de Podemos: feminista es el movimiento de hombres embarazados; feminista es pintarle las uñas al hijo varón; feminismo, las hembras entrar en el ejército y, las niñas y las mujeres, tapadas en la escuela a título de interculturalidad con la civilización islámica. Más de lo mismo, o sea.


Mañana hablamos de cómo, entre tanto batiburri, el lenguaje de géneros o de inclusión no podía, contra la Academia, más que fracasar. Dicho lo cual: quien no escribe ¡Hola, amigues! (con –e que late bajo la equis de amiguxs o bajo la arroba de amigu@s), es porque no quiere. Igual, quien dice “los ciudadanos” en vez la ciudadanía o “A el que madruga”, en lugar de A quien madruga Dios le ayuda o “los asturianos y las asturianas”, en vez del pueblo de Asturias. Cuando tanto se oye decir Somos lo que leemos o Somos lo que comemos, no está de más recordar que, primero que nada, Somos lo que hablamos y por la boca muere el pez. No le echemos la culpa a que, puestos así, habría que retocar la Biblia y el Cumpleañosfeliz. A veces, para mantener la cordura, hay que salir del sentido común.


«La primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido» fue idea de don Antonio Machado.


tratado de la impaciencia.

aceleración de la historia José Emilio Pacheco

¿Qué duró más, la Guerra de los Cien Años o la de los Seis Días? ¿Cuándo terminará la interminable posguerra en España? Sobra decir: el efecto aceleración de la historia en nuestras vidas y sobra que el tiempo es subjetivo. Hablando de telediarios, hay quien se cansa de la cuestión catalana, de la memoria histórica o de la lengua de géneros o lenguaje inclusivo, temas que ¡por ahí resoplan! igual que Moby Dick, aunque no seamos gavieros ni balleneros. Como no es plan volver a un Bergson de pacotilla ni discutir si la aceleración es filosofía de la historia o hija tonta de la idea del progreso ilimitado, o de la teoría de la revolución de Carlos Marx o de la ley de la relatividad, queden ustedes con Guillermo Ríos, escritor chileno, quien en La aceleración de la Historia Universal (2016) ilustra y ameniza la aceleración con casos tomados de la tecnología, de tendencias en artes plásticas y en música, y de la propia historia; con dos acelerantes: el hoy concepto de comunicación y la masa crítica de ciudadanía, que no responde a un ciego aumento de población como el que conocieron Malthus, Darwin, Dickens, Marx y Engels y compañía, durante el acelerado siglo 19. Mientras la humanidad no se plantee problemas que no pueda resolver, y como no podemos salirnos de la historia: hable con coeducación, póngase las pilas del derecho a decidir e imagínese un cadáver familiar desaparecido en una cuneta por una guerra que, dicen todos, ya ha terminado. Nada ha terminado. Y el telediario que nos impacientaba nos seguirá impacientando pero al revés: a ver si dejan que las historias, como argumento que nos tiene en vilo, terminan de una vez y con final feliz.


 

Disputa entre el Juzgado y el Instituto de la mujer (cine de verano).

Amour Michael Haneke

A diferencia de Amanece, que no es poco, película adictiva a la que quien se aficiona vuelve siempre, no es fácil ver dos veces (sin ánimo de cine club o sin revolverse en la butaca) películas como Te doy mis ojos (Icíar Bollaín, 2003), Mar adentro (Alejandro Amenábar, 2004) o Amor (Amour, de Michael Haneke, 2012). La violencia sexista de Te doy mis ojos progresa adecuadamente, mientras que el derecho a la vida, que incluye por demás el derecho a la muerte, sigue igual o apenas avanza.

Tomemos lo sucedido en La Felguera, Langreo, Asturias, este viernes 6 de julio: «Un hombre de 88 años mata a su mujer, de 84, y se suicida.» En la posnoticia, un Juzgado de Instrucción y el Instituto de la mujer entre sí disputan si hubo violencia sexista. «Según la directora del Instituto asturiano de la mujer, Almudena Cueto, “hay una normativa que define qué es violencia de género y así lo hizo la Delegación contra la violencia de género a nivel nacional, conforme a la normativa vigente” y, concluye: “la disponibilidad de la vida es un derecho inalienable de las personas”. No obstante, fuentes judiciales señalan que este suceso no puede ser entendido sin más como un crimen de género. Ni hubo denuncias previas por malos tratos ni una mala relación entre los cónyuges, al contrario: la propia familia no considera el crimen de género y el funeral lo celebró de forma conjunta. Y el hombre dejó una nota antes de suicidarse pidiendo perdón a los hijos y explicando que la enfermedad de su esposa, que padecía alzhéimer, le había superado, que no podía más.»

Ya ven ustedes: la criminología oficial aconseja meter en el 016 los casos, no tan raros, de parejas de mayores donde el viejito mata a la viejita y se suicida. Mientras campañas contra la violencia sexista atraen la simpatía de las mareas por la igualdad; mientras la materia igualdad (junto a la infancia y a los refugiados) genera titulares y votos a mayor gloria del Estado del Bienestar, en el otro extremo, silenciosa y cubierta de polvo, veíase la toma de poder de las personas por las personas mismas y, desde la intransigencia, lo mismo se niega el derecho a decidir a una comunidad (pongamos Cataluña) que a quien sufre una vida que ya no es vida.

La omnisciente directora del Instituto asturiano de la mujer (autonomía Psoe-Iu) nos lleva a varias conclusiones: QUE Dios existe puesto que Ella existe; QUE lo de la disponibilidad de la vida como derecho inalienable lo podría haber suscrito, igual, igual, el señor obispo de la diócesis; QUE la violencia de género a Ella le da de comer; QUE, aun con violencia de género, la España de Ella Amanece, que no es poco; y QUE no se ha hecho para la boca de Ella la miel de Amour de Michael Haneke.

Otro día, Mar adentro, hablamos de cómo ese oscuro negocio, que es la muerte, habrá que denunciarlo, el tema es fuerte. Échenle un vistazo a El negocio de la muerte en España según Mutua Madrileña, La Vanguardia o El Independiente.


 

el español de querides.

El tercer género

Si el recién presidente Pedro Sánchez no se atrevió a titular Consejo de Ministres al Consejo de Ministros y ministras (con lo que hubiera acabado con la polémica e impuesto la palabra por decreto en Boe), ahora, en Día del Orgullo, Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, se atreve a vindicar el español de la -e “como tercer género lingüístico y porque ya no valen la -a o la -o”. Carmena ha animado a colaborar con “ellas, ellos y elles” y se ha dirigido a su audiencia con “Queridos, queridas y querides”. El periódico que lo hace noticia recoge en redes nada más que opiniones y votos en contra y denuestos contra la alcaldesa. Eso tiene el carácter conservador de cierta prensa y de sus lectores. Bien por Carmena y bien por quienes van añadiéndole letras al primer Orgullo, letra G, hasta LGTBI y lo que venga.

Aunque Tercer Género suena bonito y peliculero, querides no es exactamente tercer género gramatical, que en español sería el neutro en -o (entre el bueno y la buena, está lo bueno). Querides sería más bien de género epiceno (en griego, género común) o dual o no marcado. El ‘más bien’ nos lo hace poner nuestra postura para la revolución del lenguaje: no se trata de acogerse a lo que hay sino de inventar lo que haga falta inventar en estos tiempos que ni gramáticas ni etimologías, ni griegos ni romanos, que nos pasaron el idioma, podían tener previstos y porque el dualismo de masculino y femenino también debe ser discutido. La palabra querides (como la palabra persona o la palabra víctima) incluye sea cual sea la sexualidad o el sexo. Por tanto, lo que a Carmena le ha faltado es ahorrarse el “queridos y queridas” y haberle dado al amplio conjunto humano que la escuchaba el ecuménico y agenérico querides (lo que en lingüística sería usar -e como epifonema de -a y -o). Y en cuanto a la reacción (reacia) de la comunidad ortodoxa, la experiencia nos dice que el lenguaje de géneros es como una exposición al público que precisa en el hablante vencer timideces o vergüenzas. Luego el lenguaje de géneros tiene la consistencia de que, quien lo usa una vez, lo usa ya siempre, ya no lo puede abandonar, como vemos en personajes públicos cuya postura es muy fácil de detectar, por dónde respiran en materia de colenguaje o coeducación. Impongamos el español de la e desde la autóritas que nos confiere nuestro cargo o nuestra influencia, como ha hecho la alcaldesa de Madrid. Ese colectivismo gregario, que es al cabo la lengua, acabará contagiándose a quienes nos escuchan o atienden y tienen menos seguridad en la lengua que nosotros. Quien, por supuesto, no pinta nada aquí es la Academia, parte de una España negra que solo impone su monarquía de sombras y memeces. Hablemos como Carmena mejor que como Pedro Sánchez, querides.