Etiqueta: coeducación

colecho.

«Del colecho, a pillarte en pleno mambo: las confesiones de una madre desesperada.» Mar Muñiz publica Mientras vivas en esta casa, reflexiones sobre la maternidad. ZEN. 20/01/21. Cuando leí lo del mambo di por seguro que se referiría por eufemismo y lenguaje figurado al acto … Continúa leyendo colecho.

Tu voto:

defensa de unisex.

Marlene_Dietrich vestida de garçonne

Me pregunta un hijo en edad de emparejar por el asunto niños y niñas, hombres y mujeres, varones y hembras, ante la educación. Y le digo que la única salida sería un plan nacional por la coeducación (campaña semejante a las que se hicieron por el uso del casco o del cinturón de seguridad o contra el tabaquismo); y que esa coeducación habría de ser por fuerza unisex, es decir, basada en la macro uniformidad socialmente acordada [1] entre roles y apariencias masculina y femenina, y a favor de lo mejor, para el caso: ¿falda o pantalón?, ¿pelo largo o corto por el lavado de cabeza diario?, ¿tacón alto o anatómico?, ¿tatuajes?, ¿pírsins o perforaciones corporales?, ¿uñas o boquitas pintadas?

Para ese objetivo, una persona sola o una familia sola no bastan. Hablamos de algo ambiental que está en los juguetes, en los escaparates, en los colegios, en las pandillas, en las fiestas, en los medios, en los modelos, en las redes sociales, en las salidas profesionales.

A nadie escapan las dificultades de un plan semejante pero, tampoco, su inmenso interés para la coeducación –o educación en igualdad niñas y niños– y para la prevención y erradicación del sexismo.

Y son ustedes, por sí solos o en pareja o por grupos, quienes tendrán que decidir. No es fácil ir contra la diversidad, que tanto se ha pregonado como rasgo distintivo de libertad y democracia. Ni fácil ni difícil, es cuestión de emprender juntos.

Y, hasta que llegue la hora del Estado, no hay más remedio que pringarse. A fin de cuentas, ser padre o madre implica un compromiso que, mientras la criatura dependa de nosotros, nos obliga a tomar partido. Ojalá acierten.

[1] Por macro uniformidad se entiende, no vestir por igual el mismo uniforme de colegio, sino como un marco general y orientativo, dentro de unos márgenes que subsistirán mientras haya diferencias por usos y clases sociales o religiosas (caso del tapado islámico).


en portada: Marlene Dietrich vestida de garçonne en 1933. El prefecto de policía de París, Chiappe, había amenazado con detenerla si se mostraba de forma pública vestida de hombre. (foto y pie de foto: Wikipedia)

/ a Juan Lebrato /

la lengua de géneros, historia y réquiem.

ies-martínez montañés

Perdón por lo que es evidente. El sexo es una oposición macho / hembra. La sexualidad es una práctica (tantas como quepan en LGTBIQ y lo que venga). Y el género, una categoría gramatical: masculino/ femenino/ neutro/ no marcado. El sexismo lingüístico se reduce al paradigma a/o, que hay quien se empeña –contra toda lógica y elegancia– en hacer pasar por @ o X. Como ni la a ni la o son referentes reales (de carne y hueso), ya fue un absurdo hablar de violencia de género, delito o maltrato de género, etc. Se propuso sexista o machista. Pero el sector femenino feminista, doy fe, impuso su criterio, votó por género y género se quedó. Se trataba de dar visibilidad a lo que a juicio de las mujeres no parecía tan visible, pues en el principio fue siempre la refutación de que «masculino incluye femenino». Aquel lenguaje lo quisimos llamar coeducado. «Hable con coeducación. Para hablar con educación, hay que hablar con coeducación.». [1]

Pasó el tiempo, se consolidó lo de género y, paralelamente, las sexualidades emergentes fueron ampliando sus letras l,g,t,b,i,q… Un grupo se nos escapó a todo control: mujeres tapadas por razón religiosa; práctica que el feminismo oficial (Psoe IU) se apresuró a calificar como cultura o civilización [2]. [3]

El lenguaje de géneros (desdoblado o inclusivo) nos dejó el vulgarismo culto del todos y todas, practicado por quien a la fuerza nos tenía que dejar constancia de su doble militancia, política y lingüística. A quienes aún hoy se empeñan en practicarlo o nos abruman con la arroba @ o la equis (x), un poquito de coeducación:

Primero es establecer la comunicación, el contacto con nuestro auditorio (emisor » receptor), función conativa o apelativa: Señoras y señores, Damas y caballeros, Niños y niñas, expresiones así. En correspondencia comercial o mensajería epistolar o en redes sociales vale empezar Querid@ amig@, Estimad@ cliente; o, al cierre, acabar con buenos días a tod@s, salud para tod@s, para un cuerpo de discurso (función referencial) en castellano inclusivo sin más desdobles que los imprescindibles a la precisión del relato.

Quien siembra y salpica su texto de arrobas o equis se está condenando a una misión imposible. Antes o después la tarea lo desborda y caerá en contradicción o incongruencia. Además está haciendo dejación de su obligación como hablante y nos pasa a receptores o público lector un trabajo de interpretación o lectura que no nos corresponde.

Los desdobles pueden y deben evitarse. Caso real: «¿Llegará un día que grandes empresas y agencias de empleo compren a Google los datos y valoraciones individuales de nuestro alumnado que los y las docentes, tan ingenuamente, compartimos en Google Drive?». Prueben: que docentes compartimos, sin artículo determinante, como en español periodístico de América.

Hablen y escriban bien. Hablen y escriban con coeducación.

[1] Coeducón del Instituto Martínez Montañés, Sevilla. El Área de Igualdad y Coeducación se implantó en colegios e institutos en 2005.

[2] A aquel sinsentido, nosotros lo llamamos tapadismo, tapadismo de obediencia islámica, tapadismo islámico o tapadismo religioso. Es nuestra la aportación de tapadismo a la Wikilengua. La Alianza de Culturas y Civilizaciones tiene fecha 2007. El feminismo oficial renunciaba a enfrentarse a la Iglesia (por sus monjas tapadas) y al Islam que nos metía en el aula alumnas con velo y, sus hermanos, tan frescos.

[3] Hubo más ampliaciones al debate: alumnas que eran o se sentían alumnos, y a la inversa; frivolidades que podían no serlo: alumnos con uñas pintadas. También, una guerra no declarada entre feminismo de mujeres y homosexualismo de homos pudientes partidarios de vientres de alquiler; disputa que ha concluido con la expulsión del Partido Feminista, de Lidia Falcón, del seno de Izquierda Unida.


acudid, héroes, a la derrota (sobre el lenguaje de géneros).

platero y yo

No está bien hacer leña de quien viene detrás, por edad o formación. El castellano español de la equis (X) o de la arroba @habiendo el de la -e y otras manerases, quince años después, parque jurásico donde han quedado como fósiles, alumnado o aprendices a quienes un día inculcamos –yo, el primero– el lenguaje de la coeducación (también llamado de géneros, inclusivo o elegetebeí). Ahora es hora de aconsejarles:

 –Quilla: déjalo ya.

Y, sobre todo, a los varones:

–Quillos: dejadlo ya, que ya sabemos que sois feministas declarados.

(Pues toda ideología esconde su soberbia.)

Piénsenlo y repórtense al idioma que aprendieron en el cole leyendo Platero y yo. Porque también Juan Ramón Jiménez, como el venezolano Andrés Bello, como el argentino Domingo Faustino Sarmiento o el peruano Manuel González Prada, lo intentó, lo intentaron, levantando sus estilográficas contra la Academia. Y tampoco pudo ser.

No pasa nada porque fracasaran en el esperimento (como escribiría Juan Ramón). El Yo de Platero y Yo nos sigue encandilando vestido de luto, “con su barba nazarena y su breve sombrero negro que debía cobrar un estraño aspecto cabalgando en la blandura gris de Platero”.

Acudid héroes a la derrota es un precioso título de Carmelo Guillén Acosta (Sevilla, 1955). Y aunque alguien nos aburra a todos y todas con su todos y todas, sus tod@s y todxs, sabemos que algo ha cambiado, y, al menos, lo intentamos, y eso suena a victoria.

/ honor a quienes en su vida
aceptaron sus equis
y murieron por sus arrobas /

Otro día hablamos del castellano de la K, donde parece que okupa ocupa más kontra la sociedad de konsumo.


–enlace a LA NACIÓN.com

5 aportaciones al español de la ‑e


vamos con elles.

el coyote

La España de la @ y de la X, de sobra sabe que la igualdad consiste en enormes cambios, y no meramente lingüísticos. Por el español de la @ y de la X pasó una generación guerrera bien intencionada que por demás alcanzaba a ver lo que estaba detrás de puta o lista, inteligente o guapa.

Igualdad y Coeducación fue flor de un día. El mismo Psoe que incorporó a la ministra Aído, primera que fue de Igualdad entre 2008/2010 (como Ana Bolena, no llegó a los mil días), lo espachurró ante el mundo con la Alianza de Culturas y Civilizaciones (Onu, 2007), que dio aprobado con nota al tapadismo islámico. Piensen un poco. ¿Cómo se come eso?

El segundo torpedo contra el feminismo pata negra, fue el feminismo 15-M de la Generación Podemos, de carrito y galgo y bici por la Alameda; ese feminismo que igualó lo malo con lo peor sin sacar a discusión ni hacer limpieza ni en el mundo macho ni en el mundo hembra: ya tuvimos mujeres militaras, mujeres boxeadoras, mujeres toreras. Los varones, por su parte: sus tacones y sus uñas pintadas. Todo fue orgullo. Orgullo gay. Orgullo elegetebeí y hasta reventar las letras. Orgullo, orgullo, orgullo. Gilipollas y gilivaginas.

Mientras, el idioma quedó a los pies de reales academias y chistes fáciles en contra: Antonio Burgos, Pérez-Reverte, Sánchez Dragó. Demasiado enemigo para quienes apenas tenían formación sindical y a quienes Universidad y clase culta –con mucho miedo al ridículo– dijeron ¡Ahí te quedas! Y ahí quedó. Como antigualla o resto fósil de un tiempo que nació muerto porque no lo dejaron crecer.

Los hombres y mujeres de aquel lenguaje, con la arroba o con la equis, al menos, lo intentaron. Si no llegaron más lejos fue porque, como el Coyote contra el Correcaminos, se habían quedado en la inercia sin suelo y debajo solo les quedaba el abismo. Riamos, pues. Es gracioso. Pero un respeto. Elles, al menos, lo intentaron.

/ a mi hijo Juan /

debate en: la @ y la X, hasta los huevarios

la @ o la X, hasta los huevarios.

El tercer género por David Uzquiza

El lenguaje coeducado, que después se ha llamado de género o inclusivo, consiste en reconocer cuanto antes en el discurso que el emisor, hombre o mujer, tiene en cuenta (o abarca) a masculinos y femeninos. Algo así como el señoras y señores o el damas y caballeros de la vieja oratoria. El lenguaje coeducado es, por así decir, una marca de complicidad entre el emisor[1] y su audiencia (función apelativa) y/o entre el emisor y su relato (función referencial). Lo mejor es reducir al mínimo los desdobles (el *todos y todas[2] tan cansino), para lo que hay fórmulas que no dejan huella en su factura lingüística.[3]

El lenguaje coeducado arrancó oficialmente el curso 2005/06 con la creación del Área de Igualdad y Coeducación en colegios e institutos del territorio Junta de Andalucía. A quince años vista, sobra trayecto y perspectiva para evaluar sus resultados y reconocer que la Academia y su entorno se han salido con la suya: “masculino incluye a femenino”, no hay más que hablar. Y a día de hoy el lenguaje coeducado (de género o inclusivo) ha quedado en temprano y curioso arcaísmo, palabra clave o testigo [4] del hablante como de un edad y de un país, en este caso: una mentalidad algo pureta o carroza dentro del espectro ideológico Psoe, IU, Podemos.

En un interesante artículo de opinión sobre lo que estaba pasando en España en el sector agroalimentario hasta que llegó el estado de alarma y mandó parar, leemos: «La protesta de *lxs agricultorxs», «la gran mayoría de *lxs agricultorxs», «Más de 3.000 *agricultorxs», «Cuando *lxs agricultorxs», lo que es pasarle la pelota al lector y que el lector reponga lo que hace falta: [agricultores y agricultoras o, menos malo, agricultoras y agricultores, dejando en último lugar el masculino] o bien [las y los agricultores]. Pero el esfuerzo resulta agotador. La prueba es que a pocas líneas asaltan al texto pruebas que el hablante inclusivo no puede superar. Más citas literales:

« apropiación de valor para los inversores (¿por qué no añadir y las inversoras?). por la avaricia de unos pocos (¿íd. y unas pocas?). permitiendo que los olivareros (¿íd. y las olivareras?). Los Mora-Figueroa, los Domecq (¿no hay mujeres en las familias Mora-Figueroa o Domecq?). reconciliarnos con nosotros mismos (¿?). apropiación de valor que reclaman sus inversores (¿?). posibles presiones de su comprador (¿?). se está pidiendo al agricultor o ganadero (¿?) »

La solución es que con que usted demuestre una sola vez y cuanto antes que su discurso tiene en cuenta la pluralidad o diversidad de sus distintos públicos, usted ya ha cumplido. Y con hablar y escribir cuanto más rodado y fluido, mejor. Válido para el alivio de conciencia en todo tipo de escritos, artículos, mensajes, tuits o comunicados de uso culto o coloquial, y por redes sociales. Y dejen ya de refregarnos su no sexismo, entre arrobas o equis, hasta los huevarios.

[1] emisor: agente del discurso. *emisor o emisora sería una barbaridad.

[2] *asterisco significa desaconsejable.

[3] Como El español de la ‑e, a prueba de Academia.

[4] Georges Matoré, La Méthode en lexicologie, París, Didier, 1953.


juanlebrato@gmail.com, comentario este artículo:

 

En relación a hasta los huevarios de @ y X : Muy de acuerdo con lo expresado aquí arriba. Creo que la absoluta igualdad de género puede y debe plasmarse en otros muchos registros y/o formatos antes que quedarse en ese gesto propagandístico de doblar cada palabra o poner la bendita X. También creo que esa estrategia muestra claramente un afán por convencer al interlocutor de lo que eres o pretendes ser, mostrándole tu supuesta ideología de una manera superficial y sin duda pedante que muestra a las claras tus propias inseguridades al respecto. Hemos de esperar que nuestro interlocutor no necesite ni siquiera ese primer guiño o mención para entender nuestro punto de partida y nuestra meta. Lo demás sería pura redundancia y falta de confianza en nuestro discurso. Creo que el esfuerzo lingüístico debe ir orientado en otro sentido; por ejemplo, es muy importante ir eliminando palabras, frases y usos de origen claramente machista. Esto me parece importante ya que son elementos que representan el pensar de una sociedad arcaica. Quizás empezando desde la raíz del propio lenguaje podamos, piano piano, ir cambiando ese contexto patriarcal que nos rodea. ¿Por qué ‘puta’ como insulto? ¿Por qué hija de puta y no de médico? ¿Por qué mujer fácil, negativo, y hombre fácil, positivo? ¿Por qué, mira qué niña tan guapa y mira qué niño tan listo? En esos convencionalismos se encuentra el verdadero machismo. Y eso no se soluciona poniendo una @. Hace falta mucho más trabajo, me temo.