CAÍN, ABEL Y LA MUJER

Caín-y-AbelCAÍN, ABEL Y LA MUJER

Carta al director:

Conforme voy creciendo, más femenino me siento. Conforme voy creciendo, más me alineo con el Universo que intuyo -no sé por qué- también tiene sensibilidad femenina. Conforme voy creciendo más me alejo de los hombres que han conducido hasta aquí a la Humanidad. Conforme voy creciendo, más reniego de mi condición de hombre que está destruyendo el Planeta. ¶ Dicen cada vez más antropólogos que cuando los hombres primitivos campaban por el mundo cazando y recolectando lo que la naturaleza producía, la figura del padre ni siquiera existía. Durante decenas de miles de años, las tribus nómadas eran un matriarcado que funcionaba bastante bien. Las mujeres se apareaban con varios hombres, los hombres con varias mujeres y no había problemas. ¶ La revolución agrícola (nota 2) lo cambió todo. Con la agricultura aparecieron los cultivos, los animales domésticos el sedentarismo y la propiedad privada. A partir de entonces los hombres tuvieron tierras, casas, ovejas, dioses y mujer. Había llegado el patriarcado: guerras y más guerras por la propiedad privada en nombre de Dios, con la mujer ninguneada. ¶ Esta breve historia reciente de la Humanidad la han escrito los vencedores y absolutamente todo lo que cuentan sus libros es falso, una ilusión ficticia, una versión parcial e interesadísima de los hechos con la que el fatalismo dominante nos quiere hacer creer que la evolución no podía haber sido de otra manera. Y, sí. ¶ El hombre blanco no descubrió América, exterminó a los indígenas indios. El hombre blanco, no colonizó Asia, se apropió de sus riquezas. El hombre blanco no evangelizó África, esclavizó a los nativos negros. Tenemos que entender las invasiones, las conquistas y las consiguientes guerras como una eliminación masiva de las personas más inteligentes, más resistentes, mejor preparadas, más sensibles. Léanse Cruzadas, Primera y Segunda Guerra Mundial, Guerra Civil Española. ¶ Tenemos que recuperar la sensibilidad femenina, tenemos que poner fin a la agresividad, tenemos que decir basta a la forma de pensamiento machista imperante, tenemos que volver al matriarcado. Mientras no se demuestre lo contrario, lo masculino es violento, egoísta y competitivo y lo femenino creativo, solidario y amoroso. Claro que hay muchos Gandhi, Guevara, Lutero Kings, Saramago y Mandelas (nota 1), pero no son más que las excepciones que confirman la regla. Y seguro que también tenían sensibilidad femenina.


Editorial:

  1. No sé cuándo el personal se va a caer del gandhismo ramplón y se va a enterar del agente inglés que fue Mahatma Gandhi y, si no, ahí está la India que él dejó, un país hecho polvo. La resistencia pacífica que se nos puso como modelo no era más que una forma de acallar los gritos en las manifestaciones obreras. ¿Y Sudáfrica? ¿Qué Sudáfrica dejó Mandela? ¿Y Luther King? ¿Vamos a seguir poniendo de modelo a predicadores de la palabra de Dios? Cada cual tiene su idolatría. Yo, desde luego, basta que un héroe reciba la medalla de Occide para borrarlo de mi lista, como borré a Obama cuando le dieron el premio nóbel de la paz, qué risa. Del Che, han hecho camisetas y lo han metido en nómina para joder a Fidel Castro (el Che, la libertad; Castro, la dictadura). En Saramago, coincidimos.
  2. Contra lo que podría creerse, el primogénito Caín, el malo, era agricultor y Abel, el bueno, era pastor, conductor de ganado. La predilección de Dios por Abel va contra el orden de los sistemas económicos pues la agricultura es superior a la ganadería por cuanto la incluye y la hace sedentaria. La agricultura añadió a una propiedad semoviente una propiedad fija, un territorio, una casa de mando sobre una extensión de tierra donde los animales son domésticos o de granja. La vida en esa casa, cuyo centro es el fuego, el hogar, tuvo que ser mucho más propicia a las mujeres que la vida anterior errante en tiendas de campaña siempre detrás del ganadero o cazador, el patriarca. Si dejamos el Génesis y venimos a lo de ayer, a cómo vivían nuestros abuelos y nuestras abuelas en los pueblos rurales o en el campo, estaremos de acuerdo en que para los nietos y nietas que íbamos desde la ciudad las abuelas tenían un poderío y unas habilidades que eran al fin una utilidad económica que nuestras madres en la ciudad, arrinconadas en sus labores o como amas de casa, habían perdido al casarse. Y por eso las abuelas vivían cien años, porque no paraban de sembrar, de recolectar, de envasar, de hacer la matanza, de embuchar, de ordeñar, de tejer, de mantener y de encalar la casa. No. El campo por sí mismo ni trajo la propiedad privada ni agravó la supeditación de la mujer. Basta ver cómo trataba el nómada patriarca Abraham a sus mujeres, Sara, antes Saray, y Agar, su jovencísima esclava.
  3. Ni campo ni ciudad, ni nómadas ni sedentarios, el papel de la mujer supeditada es inherente a un modelo ideológico de familia de él trabajando y ella en casa. Por algo, donde la mujer ejerce su independencia, bien porque trabaje fuera de casa o bien porque sea económicamente superior al marido, nuestra percepción en ella de lo femenino y lo feminista cambia radicalmente. Lo único que no se puede igualar entre machos y hembras es la sexualidad reproductora. Pero es tan sutil el mecanismo de la maternidad que lo mismo da para que prevalezca él como para que prevalezca ella. Dos ejemplos: la feminización del varón urbano progreburgués, que cambia pañales, lleva el carrito, se pide la baja por maternidad, y el ejemplo que están dando las mujeres tapadas islamistas. En los dos casos, aquí y en el islam, se renuncia a mirar de frente un problema y el problema se asume en forma de orgullo: orgullo carrito del hombre artificialmente feminizado y orgullo burka de la mujer que asume su suplicio. A estos dos ejemplos aun se puede añadir la desconcertada población homosexual, particularmente los hombres mariquitas, que asumen papeles que debieran haber sido denunciados o superados: las bodas, las carreras de tacones por el orgullo gay, las formas del lenguaje. Esta sociedad es experta en no resolver ni avanzar sino en tragarse los marrones y asumirlos bajo el callado lema sarna con gusto no pica. Yo, la verdad, obsesionado como estoy por el gran tema de nuestro tiempo, que es el tapadismo (no hay grupo esclavizado en la historia de la humanidad que haya asumido de semejante manera su propia esclavitud, tapadismo que está en la base del yihadismo que está pasando), creo que las mujeres allí y aquí, feminizando artificialmente a sus varones (en vez de plantar cara a la autonomía de la maternidad, a la independencia de las mujeres y al fin de la familia patriarcal) están haciendo un triste papel. Les pasa, nos pasa, por haber renunciado a la lucha feminista, por haber cambiado el feminismo por la femineidad.

Ni tontos ni marxistas, 22 11 2015

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