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El paseo de la vergüenza (sobre el dinero negro de la Mezquita), por Antonio Manuel

Vaya a las taquillas de la Mezquita de Córdoba y pida una entrada. Si la llama Mezquita es probable que le corrijan y le digan que son entradas para la Catedral porque eso que pretende ver no es una Mezquita. Y quizá no le falte razón ante la invasión de crucifijos que han mutilado el bosque de columnas de nuestra joya andalusí, en la enésima muestra de fundamentalismo excluyente del obispo y de la pasividad cobarde de la Administración pública que se lo permite.

 

Origen y artículo completo:
El paseo de la vergüenza (sobre el dinero negro de la Mezquita) | El insurrecto

¿a qué juegan los cristianos? (2)

La primera incongruencia del cristiano actual ‑hombre o mujer con estudios y que se las da de razonable‑ es seguir permitiendo la exteriorización de la fe y su manipulación a través del clero y de la Iglesia, especie de clase política que ni cumple como organización democrática ‑cuando se presume de vivir en democracia‑ ni está en cuestión o revisión como lo está la clase política.

La segunda incongruencia es religión igual a cultura o civilización, cuando la religión sería parte, pero nunca el todo, de costumbres y tradiciones que, vistas con lupa, tampoco escapan a la domesticación de la barbarie con fines económicos y turísticos, más que identitarios.

Y la tercera y total incongruencia del cristiano estudiado y razonable es ‑en racha de religiones aliadas‑ seguir consintiendo el duopolio Iglesia Estado de religión única. Por no hablar del laicismo. Y ahí los cristianos se hacen los tontos si se les saca el tema del calendario y de las fiestas y de la conciliación ‑palabrita de moda‑ entre la vida religiosa y la vida laboral y civil a la que todos y cada uno tenemos derecho en tiempos de derechos.

La Alianza de civilizaciones (en realidad, religiones) de 2007 fue copia de los repartos coloniales del último tercio del siglo 19: Occidente, cristiano; Oriente, musulmán; Israel, ni se discute. Aquí, en España, el Psoe de Zapatero admitía el velo islámico (lo que desandaba lo andado por el feminismo y conformaba a la mano de obra emigrante) y españoles por el mundo podrían seguir yendo a Petra, Marrakech, Estambul o Alejandría. ¡Flash!, ¡flash! Ya me hice la foto (o ya follé). Y vuelta a casa, que se acaban las vacaciones de semana santa, como si no hubiera o pudiese haber otras vacaciones.

A las tres incongruencias viene a sumarse la responsabilidad histórica y ética (y quizá penal internacional) del cristianismo cada vez que la frustrada Alianza (de inspiración católica y protestante) estalla, literalmente, en la cabeza y manos de un suicidista. Encender entonces la velita, hacer declaraciones de que no podrán con nosotros o el patatín patatán de la mayoría de creyentes buenos frente a una minoría radicalizada es más de lo mismo, más policía y menos libertades.


¿a qué juegan los cristianos? (1)

Dios es eterno, quién lo duda, pero la Iglesia es temporal y los creyentes, ellos y ellas, ciudadanos como los demás.[1] Y ahí el capillita que ve normal pagar por ver jugar a su Betis o a su Sevilla, quiere ver gratis la procesión de su Esperanza o su Gran Poder. Mañana hablaremos de los cristianos antes y después de la alianza de civilizaciones; título, el de civilización o cultura, que les viene fetén. [2]

[1] Vean la que están liando por cuatro incidentes en la madrugá de este año; incidentes que Consejo de hermandades, hermandades e instituciones afines ‑desde la prensa al Ayuntamiento‑ quieren pasar por sucesos gravísimos que atentaron contra tal o cual, sagrado para la ciudad entera, y la ristra de pamplinas que se están oyendo o proponiendo: que si las pruebas de alcoholemia, que si prohibir las sillitas, ¿a dónde quieran llegar quienes se creen que Sevilla es suya?

[2] eLTeNDeDeRo 30/09/2015 Polémica de Daniel Lebrato con Jesús Cotta (o al revés).

el humor y la religión.

Llegan noticias preocupantes de juzgados de Sevilla. La juez Pilar Ordóñez atiende el recurso presentado por la Asociación de Abogados Cristianos contra la Hermandad del sagrado coño insumiso (la noticia, aquí). Un día fue Javier Krahe, otro día en otro país, y con otra religión, fueron Charlie Hebdo o Salman Rushdie: la sociedad religiosa está intratable y la sociedad civil no tiene fuerza ni oposición ni resistencia (a veces, ni argumentos) ni ante la justicia ordinaria ni ante la justicia que se toma por su mano un yihadista. Al final, el amenazado está solo y las mujeres que van a procesar en Sevilla están solas. Por mucha indignación, solidaridad o repulsa de parte de una minoría sensible al exterminio, por mucho Je suis Charlie Hebdo, el cómico o la feminista pagan su viñeta o su parodia en su persona.

Propongo. No hay bromas con la religión. En cambio, hay una opción política donde el laicismo vencerá antes o después, porque es de una lógica irrebatible: ustedes nos dejan en paz y nosotros, a ustedes. La religión deja de meterse en nuestras vidas y nosotros dejamos de meternos con la suya. Sea ese el trato: religión cero cero (la fe de cada cual seguirá yendo por dentro) y humor cero cero con los signos religiosos: un paso de virgen, un crucificado o un barbudo que podría ser Mahoma o Alá. Puede que el mundo fuese más aburrido pero sin alzacuellos, sin monjas que se noten que son monjas, sin mujeres que se nota que son musulmanas. eLTeNDeDeRo vota por eso, ¿y usted?

A favor, tenemos que la sociedad empieza a cansarse de la sucesión de noticias alrededor del temita. Ya nadie se cree lo de creyentes buenos y creyentes malos. Todas las religiones son cansinas y protagonistas. Ahí está la que tienen liada en Sevilla por los incidentes de esta pasada madrugá y los locos con pistola o artefactos acaparan los telediarios. La gente estará a favor de cambiar velitas y muestras de solidaridad con las víctimas por un mundo sin víctimas. Otra forma de verlo: no hay poli de la guarda para cada uno de nosotros, creyentes o no creyentes: como esto siga así, nos vamos todos al coño o al carajo, usted decide.


 

fiesta, patrimonio, cultura, costumbre, tradición, arte y devoción en la Semana Santa española.

Rafa Iglesias marchas-procesionales

La idea del artículo Semana Santa, el espectáculo de la civilización, publicado ayer, es simple: hay que denunciar, en el sentido jurídico de la palabra, el Concordato de España con la Santa Sede, de 1979, y la Alianza de civilizaciones, de 2007. Y las procesiones, cumplir el reglamento de espectáculos ejerciendo el derecho de manifestación. Tal cambio de enfoque y tratamiento ‑nada ofensivo con la fe o las creencias del personal‑ está al alcance de generaciones que han visto cambiar el mundo, aunque solo sea la caída del Muro de Berlín y el hundimiento de las Torres Gemelas (el del franquismo, que nos habían dicho en 1975‑78, está por ver).

Las objeciones al artículo alegan el patrimonio, la cultura, la costumbre, la tradición, el arte o la devoción popular que encierra y cabe en la Semana Santa, lo que en conjunto justificaría la subvención por parte del Estado y Ayuntamientos y, no digamos, del Estado del Bienestar, en pro de las fiestas populares. Vamos por partes populares:

Lola Flores o Rocío Jurado fueron [sentidas como] patrimonio de España. Ninguna recibió ayuda del Estado. Lola Flores tuvo problemas con Hacienda.

Costumbre en España es la siesta o los viernes por la noche juntarse matrimonios para cenar, fuera o en casa, y jóvenes en botellón. Nada de eso está subvencionado.

Tradición es embuchar la matanza, hacer conservas, celebrar las bodas, vendimiar y fermentar la uva y brindar con vino. Y cada uno se paga sus copas.

Y en cuanto al arte, ni el de la SS es tanto como se dice ni ‑cuando lo es‑ debía escapar a la ley de conservación del patrimonio del Estado, imágenes y enseres que cuando quieren son de las hermandades (para sacarlo en procesión: ¿se imaginan el Guernica a la intemperie?) y cuando quieren son del Estado ‑llegada la hora de la restauración del crucificado aquel.

Devoción y lágrimas se dan ante un concierto de David Bisbal o Enrique Iglesias. Sus fans hacen largas colas para conseguir la entrada. Lloran con su ídolo, alta emoción e histeria.

De la fiesta, mejor no habar. Vergüenza o pudor debiera dar a la Iglesia hacer fiesta del dolor y muerte de su líder. Es aberración que el propio cristianismo, de base y protestante, discute. Otra sustancia, festiva, tendría celebrar la Resurrección. Pero el Estado ‑tanto si quiere ser aconfesional o laico como si quiere equidistar de las tres culturas, de las tres religiones‑, ¿qué pinta ahí?