Etiqueta: feminismo

La gala de los Goya

(un lenguaje, una puesta en escena y una teoría general).

1º.
Un lenguaje pseudofeminista, de ‘todos y todas’, con renuncia a otras posibilidades: español de la e (no necesariamente neologismos), uso de genéricos, neutros y epicenos, quien/quienes por ‘el que’ o ‘los que’, etcétera. Parecía que el cansino desdoble hubiera ganado la guerra a la económica inclusión. El femenino es, de pronto, una ostentación o demostración, una especie de carné lingüístico de pertenencia a lo política y feministamente correcto.

2º.
Una puesta en escena sexista por pasarelas bien diferenciadas: pajarita y chaqué para los varones; desfile de modelos para las hembras. ¿Por qué ellas (y ellos) no acordaron un vestuario unisex común (no forzosamente un uniforme) a base de chaqueta y pantalones, no faldas, y con renuncia al escote, a tacones altos y a uñas y boquitas pintadas? Y sin crucifijos disimulados de pendientes. Está claro que la rivalidad de la pasarela, o alfombra roja, es contraria a toda conciliación entre artistas entre sí y también contraria a todo acercamiento del grupo artista a la gente, así se consigue que, a ojos del pueblo, las estrellas sigan siendo de otro planeta.

y 3º.
Una teoría general que no cuestiona ni el culto a la personalidad ni la defensa de privilegios adquiridos y, encima, propaganda de un sueño que la juventud, ingenua, quiera poder alcanzar.


En resumen, un sector del arte y la cultura, que debiera estar en vanguardia, se muestra ensimismado y ombliguista. La gala le gustaría a quien le guste ese universo de rivalidades encubiertas, de falsos compañerismos y odiosas comparaciones, un conjunto muerto para las ideas que deberían, si prosperaran, mejorar este mundo. Como auspiciado por ideologías psoecialistas o de izquierdas, resultó un espectáculo altamente reaccionario y conservador (de lo que hay). Nos pasa, dirán ustedes, por haber visto el programa.


el machismo neutro.

El machismo es cultura y no necesita de nada ni nadie para que se manifieste cada día y en cada lugar como parte de la normalidad. Esta construcción parte de que lo de los hombres es la referencia adecuada para toda la sociedad. Su éxito está en su ocultamiento al limitar el machismo bajo dos criterios. El contextual, que permite reducir el machismo a determinadas circunstancias, y el cuantitativo, o sea, que para que ciertos comportamientos y conductas se entiendan como machistas deben alcanzar una determinada intensidad, pues de lo contario será considerado como una broma, algo de mal gusto, una cuestión inapropiada, pero no machismo. (Miguel Lorente)


 

[eLTeNDeDeRo] cumple 10 años.

tacones de aguja

El uno de octubre de 2009 salió el primer número de [eLTeNDeDeRo]; antes, en 2006, había empezado como tablón de corcho y papel en el vestíbulo del Instituto Martínez Montañés, de Sevilla. Vino para ser portavoz de Igualdad y Coeducación, área recién creada que la directora del instituto, Carmen Calderón, encomendó a Daniel Lebrato, profesor recién llegado también. Recuerdo haberle dicho a Carmen subiendo ella la escalera hacia su despacho. –Pero si yo no tengo experiencia. –Tú eres poeta, me respondió desde arriba. Total, con Coeducación me quedé y me pedí aquel tablón para expresarme y expresarse quien tuviera a bien.

[eLTeNDeDeRo] 2009-2019, diez años ya en versión digital y lejos del pretexto de su origen. Entre unas y otras, esta es la entrada 1866, se dice pronto y lo dice el contador de WordPress. Unos y otros han sido páginas amigas y nombres propios como Álvaro Martín, Antonio Delgado Cabeza, Antonio Narbona, Juan Andivia o Rafa Iglesias, todos ellos varones, me doy cuenta, pero es casualidad, no discriminación: [eLTeNDeDeRo] siempre ha sido contrario a todo patriarcado y, por tanto, contrario al neofeminismo de equiparación que ahora está tan en alza como los tacones de los que las mujeres (ahí está la pasarela del Premio Equis de ayer) no se quieren bajar. A público y donantes, gracias por su atención. Como siempre, se admiten ideas.

geoestrategias del feminismo.

(machismos). Hay dos machismos: El machismo transversalidad histórica (que una sociedad avanzada es capaz de detectar para que no se repita la Historia) y el machismo comportamientos o malas prácticas que hay que erradicar en tiempos de igualdad, no digamos los malos tratos contra las mujeres por ser mujeres. No existe el machismo como reacción anti feminista. machismo / feminismo no se oponen como trabajo / capital o laicismo / religión. El machismo es un guijarro en el zapato de la Historia y, el feminismo, una construcción; construcción que alboreó en el movimiento sufragista (1848), después quiso remover la sociedad patriarcal y, tras pasar por el pasapuré de las culturas y la termomix de las civilizaciones, ha venido a instalarse en el Estado del Bienestar como un machismo transversal más: era el troyano del feminismo islámico. Con la validación del velo, del chador o el burca, se validaban escotes, tacones, uñas y boquitas pintadas, ese universo de faldas que, acogiéndose a la Alianza, ni pasarían por el tribunal de la Historia ni por el probador de otra moda. Oferta válida para el machismo que tapa, para el que mutila, anilla o perfora a las mujeres, o para el que oprime el pie a la geisha. –El tacón de aguja -dice la feminista española- ni es invento macho para las hembras seducir a los varones ni provoca juanetes o esguinces de tobillo. Todo es, qué bien, cultura y civilización.

(feminismos). Feminismos hay dos. El de superación del patriarcado y el de igualdad con lo varón, igualdad que recorre desde el derecho al voto (siglo 19) hasta el actual de igualdad social, laboral y parental. Este feminismo tuvo su punta en 2008 cuando la disputa entre Hillary Clinton y Barack Obama por la Casa Blanca. Ganó Obama pero, a su manera, ganaron las Hillarys, que ya tenían en la Onu la Alianza de culturas y civilizaciones (2007), idea de la administración Bush para lavar los trapos sucios de Guerras del Golfo y Torres Gemelas (sobre otra idea de la república islámica de Irán en 1998) a partir de la cual se proclamó 2001 Año del diálogo entre civilizaciones y 2001-2010 Década de la cultura de paz y no violencia, todo ello con el visto bueno del Vaticano. Tanta ONUnimidad vino a silenciar el pacifismo de paz y desarme y nos coló (junto a las misiones de paz con sus nuevas guerras tipo Yugoslavia o Los Balcanes) el velo islámico como producto cultural y no machista. Hoy lo mujer está de moda, se lo ha tragado el sistema como en su día se tragó el Muro de Berlín (1989). Hoy varones ejercen de madres y, hembras, de padres, sin cuestionarse la materia de que están hechas las conquistas sociales. Este feminismo de paseo, compatible con el perro, con la bici por su carril y con el carrito por la alameda, nada tiene que ver con el feminismo que quiso cambiar el mundo. Hasta que se dé una revisión ética y estética de nuestra vida y formas de vida, empezando por el balón y la muñeca, todo es mierda para hoy y estercolero para mañana. Llamarle a las mareas feministas tipo 8-M conquistas del feminismo será políticamente correcto pero ¿cuándo fue correcta la revolución? o, sin ir tan lejos, ¿de qué sirve el Plan de igualdad y coeducación en la enseñanza, con esa alumna tapada y su hermano tan fresco?


 

machismos.

Hay dos machismos: El machismo transversalidad histórica que una sociedad avanzada es capaz de detectar, para que no se repita la Historia, y el machismo comportamiento de individuos sexistas que, en tiempos de igualdad, no se puede consentir. No digamos malos tratos contra las mujeres por ser mujeres.

No existe una dialéctica entre el machismo y el feminismo como sí la hay entre capital y trabajo o entre religión y laicismo. Que ciertas asociaciones o partidos se reclamen machistas no anula este análisis: el machismo es una viga y, el feminismo, una construcción; construcción que alboreó en el sufragismo (1848), después quiso remover las tripas de la sociedad patriarcal y en el siglo 21 ha quedado en peticiones al Estado del Bienestar. El feminismo, no se asusten, es un machismo más. Vean, si no, el feminismo islámico.

La trampa está en que la feminista occidental, muy atenta al tipo exterior que le viene de fuera: que si el velo o el chador o el burca, que si el burkini, está aprovechando para eternizar sus tacones, sus uñas y sus boquitas pintadas, etcétera, un mundo de faldas y pantalones que no pasan por el tribunal de la Historia ni por el probador de otra moda.

Eso sí: tacones, uñas pintadas, faldas y escotes nada tienen que ver ni con el machismo islámico ni con el machismo africano que ablaciona y anilla a sus mujeres, ni con el machismo oriental que aprieta el pie a la geisha. No, mujer. El tacón de aguja español ni produce juanetes ni provoca esguinces de tobillo. Todo es cultura y civilización.

Hasta que se dé una revisión ética y estética de nuestra vida y formas de vida, empezando por el balón y la muñeca, todo es mierda para hoy y estercolero para mañana. Llamarle a la actual cosmética de lo que está pasando ‘en democracia’ (que ya es eufemismo) «feminismo contra machismo», valdrá para quedar bien con lo políticamente correcto o si hay que acudir a una manifestación contra Vox.


 

feminismos.

El feminismo de equiparación (el que consiste en la igualdad laboral y parental varones hembras, hombres mujeres, dentro de un mundo plano) tuvo su punta en 2008 cuando la disputa entre Hillary Clinton y Barack Obama por la Casa Blanca. Ganó Obama pero, a su manera, ganaron las Hillarys, que ya tenían en la Onu su Alianza de culturas y civilizaciones (2007), con Condoleezza Rice, Secretaria de Estado del carnicero George Bush, siguiendo una propuesta de la misógina y tapa mujeres república islámica de Irán, en 1998, a partir de la cual se proclamó 2001 Año del diálogo entre civilizaciones y 2001-2010 Década de la cultura de paz y no violencia, con el enorme carca Juan Pablo II, desde el Vaticano, al fondo.

Tanta unanimidad (ONUnimidad, se podría decir) vino a silenciar el pacifismo de la paz y el desarme y nos coló, junto a las bélicas misiones de paz, el velo islámico como producto cultural y no machista. En España el Plan de Igualdad y Coeducación, de 2005, no fue más que un paripé.

Hoy lo mujer está de moda, se lo ha tragado el sistema como en su día se tragó el Muro de Berlín (1989), donde, sin darnos cuenta, caímos todos. Hoy varones ejercen de madres y, hembras, de padres, sin cuestionarse ni unos ni otras la materia de que están hechas las conquistas sociales. Este feminismo a la moda y de paseo, compatible con el perro, con la bici por su carril y con el carrito por la alameda, nada tiene que ver con el feminismo que quiso cambiar la familia, el patriarcado, el mundo.

El 15 no me esperen. Como cantaba Mari Trini, al compromiso inoportuno, no asistiré.

Reconocimiento de Vox.

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La vieja manera de concebir la política consiste en pedid y se os dará. No hemos salido de San Mateo. Quien da es el Estado del Bienestar a través de partidos y, quien pide, la ciudadanía a través del voto. Pero al banquete vinieron a sentarse tres convidados de piedra: el yihadismo, la crisis y la presión migratoria. La respuesta fue la incongruente Alianza de civilizaciones, el aumento de oenegés, como modo de vida, y de mareas sociales, como modo de pedirla. Como cuarto invitado no deseado, desde Cataluña asomó el derecho a decidir en referéndum, malévolamente servido como desafío o independentismo.

El resultado ha sido. Quien se acostumbró a pedir, sigue pidiendo sin más análisis ni asomos de rebeldía. Y quien tildó de derechas lo que pasaba en Cataluña se creyó tan de izquierdas que, de paso, le negó a toda España semejante derecho. Secuelas del contra terrorismo y contra el Procés fueron los empoderamientos de Policía, Judicatura y Jefatura del Estado, garantes de la convivencia y de la unidad en tiempos difíciles. Afuera, también llovía: Trump en Usa, Brexit en Europa.

Ni el yihadismo ni el feminismo han resultado disruptivos. El yihadismo con su inyección de todos somos la víctima, no nos moverán o no podrán con nosotros (todo tematizado en Je suis Charlie Hebdo); con su despliegue de velitas y flores, aniversarios y duelos pomposamente presididos, ha venido a reforzar el Estado del Bienestar. El feminismo, volcado en igualarse con un mundo macho impresentable, ha venido también a fortalecer lo que había.

Eso, por fuera. Por dentro, la polarización de unas clases medias o aspirantes, que cada vez tienen más difícil su encaje, lleva a sus miembros a extremos de radicalidad que solo en el secreto de la papeleta de voto puede permitirse; de boquilla, hay que comportarse, pedir para que te den, seguir siendo demócrata, solidario, feminista y convencido de que el bienestar funciona. Ahí aparece Vox, la otra cara de una ciudadanía que no puede entonar el sálvese quien pueda y que os vayan dando. ¡Oh maravilla de operación triunfo de la mala conciencia: que lo mío es mío y que no me lo toquen!

Mientras Vox ocupa sus escaños, en el polo anti, donde estaba lo que se llamó e insiste en llamarse la izquierda, no hay absolutamente nada. ¿Monarquía o República?, esa es la gran expectativa: un Rey o un Presidente, “un Macron para España” (por no decir otra cosa). ¡Qué esperanza de cambio, señora Podemos, señor Garzón, señor Anguita!