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Reconocimiento de Vox.

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La vieja manera de concebir la política consiste en pedid y se os dará. No hemos salido de San Mateo. Quien da es el Estado del Bienestar a través de partidos y, quien pide, la ciudadanía a través del voto. Pero al banquete vinieron a sentarse tres convidados de piedra: el yihadismo, la crisis y la presión migratoria. La respuesta fue la incongruente Alianza de civilizaciones, el aumento de oenegés, como modo de vida, y de mareas sociales, como modo de pedirla. Como cuarto invitado no deseado, desde Cataluña asomó el derecho a decidir en referéndum, malévolamente servido como desafío o independentismo.

El resultado ha sido. Quien se acostumbró a pedir, sigue pidiendo sin más análisis ni asomos de rebeldía. Y quien tildó de derechas lo que pasaba en Cataluña se creyó tan de izquierdas que, de paso, le negó a toda España semejante derecho. Secuelas del contra terrorismo y contra el Procés fueron los empoderamientos de Policía, Judicatura y Jefatura del Estado, garantes de la convivencia y de la unidad en tiempos difíciles. Afuera, también llovía: Trump en Usa, Brexit en Europa.

Ni el yihadismo ni el feminismo han resultado disruptivos. El yihadismo con su inyección de todos somos la víctima, no nos moverán o no podrán con nosotros (todo tematizado en Je suis Charlie Hebdo); con su despliegue de velitas y flores, aniversarios y duelos pomposamente presididos, ha venido a reforzar el Estado del Bienestar. El feminismo, volcado en igualarse con un mundo macho impresentable, ha venido también a fortalecer lo que había.

Eso, por fuera. Por dentro, la polarización de unas clases medias o aspirantes, que cada vez tienen más difícil su encaje, lleva a sus miembros a extremos de radicalidad que solo en el secreto de la papeleta de voto puede permitirse; de boquilla, hay que comportarse, pedir para que te den, seguir siendo demócrata, solidario, feminista y convencido de que el bienestar funciona. Ahí aparece Vox, la otra cara de una ciudadanía que no puede entonar el sálvese quien pueda y que os vayan dando. ¡Oh maravilla de operación triunfo de la mala conciencia: que lo mío es mío y que no me lo toquen!

Mientras Vox ocupa sus escaños, en el polo anti, donde estaba lo que se llamó e insiste en llamarse la izquierda, no hay absolutamente nada. ¿Monarquía o República?, esa es la gran expectativa: un Rey o un Presidente, “un Macron para España” (por no decir otra cosa). ¡Qué esperanza de cambio, señora Podemos, señor Garzón, señor Anguita!


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el feminismo ha venido, nadie sabe cómo ha sido.

hombres embarazados

La contemplación del mundo nos divide y separa en conformistas e inconformistas: gente a favor y gente en contra de la herencia recibida. Quienes, por nuestra edad, alcanzamos el uso de razón durante el siglo 20, y bajo el poderoso influjo del marxismo (que sumaba dialéctica y progreso: dos potentes aceleradores de la historia), tuvimos el sueño de un mundo nuevo y no capitalista: socialista, comunista, anarquista, feminista o ecologista: cualquier solución pasaba por la superación del capitalismo, bien por la lucha de clases, bien por la conservación de la Tierra o por la abolición del patriarcado.


Cincuenta años después, el internacionalismo comunista está casi desaparecido y el viejo anarquismo heroico se confunde con lo que fue el movimiento jipi de porrito en mano con su toque de evangelismo cristiano y de oenegé mundialista que, se supone, darán alivio al mundo sin negar el sistema; capitalismo convertido, por obra de partidos socialistas como el Psoe, en democracia y bienestar, dos titulares indiscutibles que, si son malos (admitirlo es casi elegante en ciertos círculos), “son lo menos malo que  se conoce”.


En el siglo 21, el ecologismo ha ganado coherencia con el cambio climático y el feminismo se ha buscado la vida fácil como bandera de la igualdad: igualdad salarial, igualdad parental: basta ver y oír a la generación de Podemos: feminista es el movimiento de hombres embarazados; feminista es pintarle las uñas al hijo varón; feminismo, las hembras entrar en el ejército y, las niñas y las mujeres, tapadas en la escuela a título de interculturalidad con la civilización islámica. Más de lo mismo, o sea.


Mañana hablamos de cómo, entre tanto batiburri, el lenguaje de géneros o de inclusión no podía, contra la Academia, más que fracasar. Dicho lo cual: quien no escribe ¡Hola, amigues! (con –e que late bajo la equis de amiguxs o bajo la arroba de amigu@s), es porque no quiere. Igual, quien dice “los ciudadanos” en vez la ciudadanía o “A el que madruga”, en lugar de A quien madruga Dios le ayuda o “los asturianos y las asturianas”, en vez del pueblo de Asturias. Cuando tanto se oye decir Somos lo que leemos o Somos lo que comemos, no está de más recordar que, primero que nada, Somos lo que hablamos y por la boca muere el pez. No le echemos la culpa a que, puestos así, habría que retocar la Biblia y el Cumpleañosfeliz. A veces, para mantener la cordura, hay que salir del sentido común.


«La primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido» fue idea de don Antonio Machado.


hora y deshora de la igualdad.

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Ahora que vuelve el Ministerio de Igualdad, tres reflexiones:

La primera es de lenguaje: las luchas sociales (y el lenguaje lo es) o se ganan a tiempo o el enemigo sale dos veces vencedor: por la ventaja que ya tenía (en este caso, el masculino) y por el fracaso del cambio (en este caso, hacia la lengua de géneros o hacia el lenguaje inclusivo).

La segunda reflexión es de lógica política y tiene que ver con la Igualdad según el Psoe (2005), que trajo de la mano la Alianza de culturas o civilizaciones (2007), manera de decirles a las tapadas que no eran tapadas por motivos machistas, sino por motivos culturales, y que el primer mundo, culto y democrático, las recibiría en pie de igualdad.

La tercera reflexión es de lógica matemática: si A se iguala a B, y B es detestable, la suma A+B será igualmente detestable. La consigna sindical de, a igual trabajo, igual salario, se extendió a otros pilares del machismo y ya tenemos monjas curas, mujeres boxeadoras, mujeres soldados, mujeres pilotos de guerra.

El resultado es: el feminismo como factor de adecuación, coherencia y cohesión social. Así las cosas, el borderío de una patronal que quiere leer ‘trabajadores’ como le sale del convenio es la cruz de una moneda cuya cara la pone la marroquí tapada hasta las cejas que acusa de sexismo, no a su marido ni al Islam: al empresario de Huelva que la tiene contratada.

Feministas, plantéense ustedes dos instituciones con las que es inviable la igualdad de lo desigual: una es la religión (representada en España por el Concordato con la Santa Sede, desde 1979) y otra es la familia, que habría que situar en su esfera estrictamente privada, sin subvenciones públicas a la maternidad ni a la educación ni a nada que prime la vida en pareja sobre la vida soltera de mujeres y hombres que se valen por sí mismos.

Separada la Iglesia del Estado y separado el Estado de la familia concebida como unidad económica (donde un cónyuge puede vivir y cobrar pensiones de otro, que no cotiza por él), después conquistaríamos la Academia. Académicos y soldaditas: vayan pensando en dedicarse a otra cosa.


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femeninas.

Al redactar yo ayer Feminismo, me quedé una conclusión en el teclado: lo mal que está el mundo por culpa de los valores que lo sustentan. Educación, cultura, bellas artes, pero también solidaridad, esfuerzo o compromiso son conceptos vacíos que la sociedad saca en procesión como pasos por semana santa, con música y cortejo de penitentes que les rinden culto. Todo para que la gente digiera y haga suyos unos productos artificialmente aprendidos contrarios a su propia dieta. La sumisión, mediante la estupidez, está servida.

La filosofía no hace más que proponer estupideces. Las religiones predican estupideces. La novela, el cine o el teatro representan estupideces. La política, la milicia y la judicatura mandan estupideces. La realeza, solo por el hecho de sobrevivir al antiguo régimen, ya es estúpida. Y el feminismo es estúpido en su afán por reescribir un pasado donde lo femenino ha ido unido a lo masculino, ha sido, complementaria o suplementariamente, parte de la misma y única historia, la historia: siquiera porque alguien parió a impresentables varones que en la historia han sido.

Lo intransferible que es parir, nuestras femeninas lo transfieren a los varones (a través de la corriente hombres feminizados) y al Estado (a través de las ayudas públicas a la familia). Habría, entonces, que sacar la maternidad responsable de la familia-Estado o del Estado-familia a donde fue llevada por su contribución a la demografía, a la economía, a la marcha del país, bla bla blá. De las contribuciones a la pareja, al apellido o a la herencia, ya es que ni hablamos. Si una mujer quiere y puede tener ocho partos, que los tenga; si esos hijos son de Dios o son de puta, que lo sean; pero no pretenda esa madre numerosa que el Estado (que también soy yo) contribuya a lo que cuesta poner una vida digna en marcha.

Quien así piensa puede ser calificado de inhumano, monstruo o nazi pero todo son construcciones: también la noción de país (tanto que denuestan los nacionalismos), también la pirámide de población, también el bienestar del Estado del Bienestar, también los varones que pasean su orgullo padre por la Alameda. No se asusten y piensen. El sueño de la razón produce monstruos.


 

feminismo (una película y tres tomas falsas)

La estrategia del feminismo contra el patriarcado exige una acción política colectiva y a largo plazo y, mientras, adopta las tácticas del sindicalismo y de ideologías y formas de vida cotidiana que no se miden por votos ni por leyes ni por días señalados como el 8 de marzo.


1ª toma falsa no tan falsa del 8‑M.
Un Día de la mujer como el Día de la madre

Ya es feminismo en El Corte Inglés. Se ve un 8 de marzo declarado festivo, con regalo incluido a las mujeres por ser mujer. Se veía venir. ¿Quién, en su sano juicio y por cuánto tiempo, va discutir o a estar en contra de la igualdad hombre mujer? La Iglesia habrá dado órdenes sagradas a las monjas para que las monjas oficien la misa y en el ejército habrá tantas generalas como generales. Vean, si no, la película Figuras ocultas (Hidden Figures, 2016), que cuenta la historia de tres mujeres negras que compitieron con éxito y ascendieron en la escala social y laboral de los varones. Una dio sus cálculos matemáticos al primer programa espacial tripulado de los Estados Unidos (Jonh Gleen, 1962); otra fue la primera mujer supervisora de IBM; y otra, la primera ingeniera aeroespacial. Aquella loca carrera armamentística nos dejó un presente desolador también por obra de aquellas tres mujeres negras luchadoras por sus derechos civiles. Ocurre cuando pides igualdad sin cuestionar a qué te igualas o cuando haces películas sin saber qué película haces: que dejas el mundo peor que estaba y, encima, sin mala conciencia. ¿Se acuerdan de la lucha contra la mujer objeto? Pues ¡pasarela para todos!, machos y hembras, y el cuerpo objeto continúa. La paradoja la pone el tapadismo de las mujeres de obediencia islámica. Las feministas que conozco, cuando les sacas el tema, te salen por los cerros de la cultura, de la pluralidad o del si a ellas les gusta. Y en la cobertura del pasado 8 de marzo cadenas como Atresmedia (con El Intermedio del Gran Wyoming o Zapeando) tuvieron el finísimo tacto de ponernos en pantalla mujeres con velo en primera línea de pancarta: que se vea que ellas también levantan el puño por la igualdad, ¿no te jode?


2ª toma falsa del 8‑M. El día de la mujer trabajadora

Hace tiempo el 8‑M perdió su nombre de Día de la mujer trabajadora. Aparte repartos hombre mujer que vienen de lejos (yo al campo, tú a ordeñar la vaquita; yo al barco de pesca, tú a envasar el pescado), gran parte del desequilibrio laboral de las mujeres se soluciona haciendo efectivo el derecho laboral al amparo del artículo 14 de la Constitución, que establece los principios de igualdad y no discriminación. Y es competencia de la Inspección de Trabajo hacer cumplir lo de a igual trabajo, igual salario, donde igual incluye igual uniforme, iguales deberes y obligaciones, etc. Lo que sorprende no es la lucha de las trabajadoras contra la brecha salarial y la discriminación; lo sorprendente es la desidia de una Administración y de una clase política que, cuando interesa, todo lo cifra en el imperio de la ley.


3ª toma falsa falsa del 8‑M. El día de la ama de casa

El trabajo doméstico aporta al PIB entre un 30 o un 40 por ciento. Lo que en casa es economía sumergida, en la hostelería se paga, y con iva. Admitido que el trabajo hay que pagarlo, ¿quién paga al ama de casa? ¿Usted y yo, a través de los Presupuestos del Estado? ¿O la familia a quien lava la ropa y le pone la comida en la mesa? El colectivo amas de casa que actúe como sindicato de trabajo de hogar y allá se entienda o le monte la huelga a la patronal de los maridos (o parejas o cónyuges o residentes mayores de 18 años), quienes se harán cargo de nóminas, cotizaciones, permisos, vacaciones, salud e higiene y demás. Firmado el convenio (colectivo o personal), lo de si ayudas o colaboras (co‑trabajas) en las tareas domésticas sería un rancio debate. Como si el carrito de la compra o del bebé lo empuja el padre o la madre. A usted o a mí, ¿qué más nos da?


La película del 8‑M. mujer / femenino / feminista

1º) Mujer o hembra es pura categoría biológica distorsionada por la familia (familia que trae herencias, consecuencias y pensiones); asociación que es gran patraña, pues siempre han parido las mujeres y no siempre la familia ha sido tal como es. Ni tiene que serlo.

2º) Lo femenino es una construcción: ahí entran faldas frente a pantalones y entra además la historia que (como el pasado que es) ya no se puede modificar. Argumentar las pocas mujeres que ha habido en la ciencia o en las artes tiene tanto recorrido como lamentar las pocas mujeres que fueron a las Cruzadas o los pocos esclavos notables en una sociedad esclavista.

3º) Tras sus primeros orígenes por el derecho al voto (sufragistas, siglo 19), el feminismo ha sido una utopía, una solución global, una edad de oro que traería la emancipación para todo el género humano una vez el género se librara del patriarcado (y del matriarcado, hay que añadir). De ese feminismo, como de nada que suene a revolución social, de eso, no se oye hablar. ¡Mujer, cambia de acera y hazte bollera! es lo más en el orgullo fem.


Final. Por mucha igualdad y mucho reparto que se consiga, las hembras paren y dan teta. Y los machos no. Masculinos varones que os empeñáis en ser hombres embarazados (12.500 resultados en Google), dejadlo ya. Y hembras que no cuestionáis la familia, la pareja y la sexualidad (vuestros poderes y limitaciones), cuestionarlo ya. Os queda una última película, de terror, contra abusos, violaciones y malos tratos, materia sensible este 8 de marzo y los que vengan. La inseguridad física no os la quita nadie pero un mundo sin represiones y sin demostraciones, sin roles que ahora se asignan desde el balón y la muñeca de los Reyes Magos, seguro despeja el miedo a salir de noche en una sociedad enferma y nauseabunda. Y seguro que en todo este análisis, de familia y roles, El Corte Inglés no hace campaña el 8 de marzo del año que viene ni ninguno.


Daniel Lebrato [eLTeNDeDeRo] para TeVeo


el hilo invisible (Phantom Thread, 2017)

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Alpinistas sobre sus tacones,
de escote para submarinistas,
las ganadoras del Óscar, o nominadas,
desfilaban por la alfombra roja,
unas de otras envidiosillas del premio,
del peinado o del vestido o de la cola
que traería cola de público y cadenas
de todo el mundo.
Prada o Giorgio Armani o Valentino
o Reynolds Woodcock en su película
tenían las llaves del costurero de las reinas.
Pero ellas, dignas y unánimes, juraban todas
cuatro días antes de aquel 8 de marzo
que estaban contra los estereotipos femeninos.


[LA CORTE DEL REY BOBO]