Etiqueta: José Antonio Moreno Jurado

histrión, histriónico, histrionismo.

Daniel Camaleón en grande (2)

Me pregunta Álvaro Martín si soy algo exhibicionista. Le respondo que no. Que exhibicionista (macho) es quien se abre la gabardina (no lleva más ropa debajo) y enseña a las adolescentes de instituto lo que él llama su muelle de las delicias, su cosita. El episodio está en Hacia (1999) y recrea a un tipo real, entre voyeur y exhibicionista, que por los años 70 se descubría desde el Parque de María Luisa ante las niñas del Instituto Murillo (femenino) cuando éste radicaba enfrente, en el Pabellón de Argentina al final del Paseo de las Delicias, comienzo de la Avenida de la Palmera. A aquel tipo, enfermo de soledad, yo le hacía decir: «Rechaza imitaciones, que es calidad, chiquilla. Bajo mi gabardina, el auténtico, el único muelle de las delicias.» Soy tímido -sigo diciéndole Álvaro- y nada exhibicionista. Lo que sí soy: histriónico.

Daniel Lebrato firmando ejemplares ajenos en la feria del libro foto Pepe Morán 19 05 2017

histriónico [334.000 gugles] de histrión (1613), latín histrio, comediante, actor, mimo. Sustantivo y adjetivo. 1. Actor teatral. 2. Persona que se expresa con afectación o exageración propia de un actor teatral o que resulta falso o efectista. Me molesta su comportamiento histriónico. Sinónimos: exagerado, fingido.

histrionismo. Trastorno de la personalidad no tan grave ni tan raro de encontrar, que consiste en ver el mundo como un escenario donde el sujeto actúa. El exhibicionista presume de una mercancía que le gusta enseñar; el histrión ejerce con más profesionalidad y quizás con menos ego, su defecto es la sobreactuación, extremo que el verdadero actor profesional repudia y teme. El exhibicionista es parecido a Narciso; el histrión sería como el bufón, un enano entre gigantes que es enano todas las horas del día y por eso interpreta le toque o no actuar: de todas formas, se van a reír de él; digamos que su naturalidad es su artificio, que en lo falso consiste o encuentra su verdadera autenticidad.

Daniel Lebrato en la foto de la Generación del 27 (1)
El impostor, en la foto de la Generación del 27.

En su libro Hacia, publicado en Sevilla por Qüasyeditorial en 1999, y desde entonces disponible en Internet, tres episodios autobiográficos dan cuenta del histrionismo según Daniel Lebrato. Arranca con cinco citas de autoridad que conviene recordar aquí:

A veces me tropiezo sin querer con el que fui y apenas me saluda.
(José Antonio Moreno Jurado)

¿Soy yo o soy el mendigo que rondaba mi jardín?
(Juan Ramón Jiménez)

Con la barba afligida, sin afeitar y feo.
(Miguel Florián)

Lo más profundo que de ti conoces: la piel.
(Juan Cobos Wilkins)

A la larga, la máscara se convierte en rostro.
(Marguerite Yourcenar)

[AFTER SHAVE]

Lo has leído en autores más sabios y respetables:
el aire de extrañeza de quien se mira al espejo
y no se reconoce, como dudando si es él
quien tose, quien asoma tras las ojeras. La idea
no está mal. Sin embargo, tú cultivas sin escrúpulos
la impostura que alguna vez -Manolito y el lobo-
será más cierta, y haces del espejo un camerino.
Negándote, te afirmas: no se visten los actores,
se disfrazan. Quien no te conoce piensa: «de otro»,
y no: no hay más papel que al que das vida, el que detrás
del vaho te devuelve y te sostiene la mirada.
Celebras los chalecos y el sombrero y el bastón
que presumido eliges antes de que todo sea
verdad, verdad el lobo.

[SEGUNDO AUTORRETRATO]

Afeitado. Duchadito.
Con el pelo y las uñas
impecables, a prueba
de fotógrafos.
El traje, ni más ni menos
que la etiqueta exige.
Saber llegar.
Que los tuyos te reciban
como suyo.
No pudo César
morir de otra forma.

[DE LA SINCERIDAD DE LA INFANCIA
retratada según se entra en la Poesía]

Se nace o se pace, pero a casi
todos da tiempo a manipular el
borrador y a falsear las pruebas
del alma, sus recuerdos. Son cromos
de un álbum de otra vida, no nuestra
vida, y son también una coartada.
Hagan juego o poesía, los dados
-manda el crupier- van a su imán, van a
su ayer y a los ayeres supedi-
tados a condición de la bío-
grafía que, como un crimen, preme-
dito. Podéis dudar del que fui,
no del que soy: maté a los testigos,
borré las huellas, me di a la fuga.

Daniel Lebrato, Hacia (1999)

O sea que, al final, mi puesta en escena es buscada, rebuscada, un miedo a la vejez y a la muerte como otro cualquiera y una manera, acaso digna, de no contribuir a la fealdad de este mundo.

/ a Fernando Mansilla,
 autor y actor y nada histriónico /


histriónico en Wikipedia

Así habló Zaratustra. En el desarrollo de la obra, la segunda y tercera parte se centran tanto en las conductas del personaje como el matiz histriónico de la doctrina.

Cesário Verde. Une a ambos autores la temática urbana y el interés por la vida bohemia; les separa, en cambio, el tono, frecuentemente exaltado y casi histriónico en Baudelaire, reposado e irónico en Verde.

Charles Laughton. Durante este tiempo, el trabajo en el cine de Laughton pasó a un plano secundario, y a veces, como en The Strange Door actuó de modo deliberadamente histriónico.

Debra Paget. Quedó encasillada en papeles de mujer exótica, delicada, debido a su gran belleza muy particular y su carácter histriónico.

Dmitri Shostakóvich. En la n.º 9 adopta en máximo grado la actitud de bufón o, dicho menos claramente, el uso histriónico, humorístico y sarcástico de la música. La Novena de Shostakóvich parece ser interpretable en clave de burla, no sabemos si de la muerte, de los políticos del Kremlin, de la comunidad mundial de compositores o quizá de todos ellos.

Entre bobos anda el juego. Don Lucas del Cigarral es un personaje histriónico y estrafalario, al que adornan todos los rasgos negativos que puedan imaginarse: retraso mental, fealdad, avaricia, necedad y masoquismo.

Fausto (película). De igual importancia, la técnica fotográfica y de imagen, la utilización necesaria del blanco y negro y del contraste fuerte entre las zonas ensombrecidas y las iluminadas, para destacar el dramatismo histriónico e incluso los cambios climáticos.

Francisco Franco. Personaje histriónico que fundó la Legión a imagen de la Legión Extranjera francesa, reclutando a proscritos sin importar su nacionalidad, a los que les redimiría su permanencia en la Legión: «Os habéis levantado de entre los muertos, porque no olvidéis que vosotros ya estabais muertos, que vuestras vidas estaban terminadas.

Hay que nombrar el histriónico Mundo Idiota (Neat Stuff. Fantagraphics, 1985-89) de Peter Bagge, donde se critican despiadadamente los modelos sociales.

Hermanos Marx. Chico fue un excelente e histriónico pianista, y Groucho tocaba la guitarra.

Ian Keith. También tuvo facilidad para la comedia, y su rico retrato del histriónico actor Vitamin Flintheart en Dick Tracy.

John Travolta. Ha desarrollado papeles muy diversos en multitud de géneros, lo que le ha dado la reputación de actor extremadamente histriónico y versátil.

José López Portillo. Lloró frente a millones de mexicanos y golpeó impotente con su puño el atril de la tribuna principal del Palacio Legislativo aceptando su responsabilidad personal al fallarles; un despliegue histriónico que conmovió a muy pocos, enfureció a los más y fue motivo de parodias y burlas.

Mala Rodríguez. Un álbum que empieza con el desparpajo histriónico y existencialista de Esclavos y llega la infecciosa melodía de Hazme eso.

Narcisismo. Así se incluyen también en este grupo el trastorno límite de la personalidad, el trastorno histriónico de la personalidad y el trastorno antisocial de la personalidad.

Necrorama. Juego de rol independiente (Javier Arce, 2007). Sus pilares son el pulp, el cine negro y el humor ácido e histriónico.

Peter O’Toole. Aportó un elemento histriónico que constituye a la vez su principal virtud y su mayor defecto.

Trastorno histriónico de la personalidad. Trastorno de la personalidad del grupo B (desórdenes dramáticos, emocionales, o erráticos).

Un tranvía llamado Deseo (teatro). Por primera vez en la historia del arte histriónico norteamericano se abordan temas antes considerados tabúes.

XDComics. Monroe ha ido volviéndose más histriónico con el tiempo, este hecho sumado al de creerse por encima de todo tipo de convención social y mejor que cualquier humano, le han convertido en un tipo que no necesita al resto de la sociedad, con cierta reciprocidad por parte de ésta.

Daniel Lebrato por la Avenida de Sevilla 22 05 2017 (Foto Antonio Mateu) (2)

fedros, fabios y albatros.

Fedro 6

«Ahora atardece el mármol de la acrópolis, como si un junco antiguo se quebrase la voz, los labios en el agua, gélido el rostro, inútil su cabello de nácar y de tiempo.» Estas palabras de José Antonio Moreno Jurado en Fedro (1979, doce poemas; el último, el que termina con este endecasílabo que sonará a ustedes: “libres al fin del mal que nos envuelve”) explican o generan estas otras palabras de Daniel Lebrato en Historias de la literatura (2014), treinta y cinco años después: «Bajaban de la acrópolis turistas de dos en dos, en grupo, gente sola. Y Fedro, el descreído, duda, como el albatros, de sus alas: si es él, no un dios, quien hasta el mundo baja.» Sobre esta base, textual, Daniel Lebrato trama alrededor de otras hilachuras biográficas y compartidas con Moreno Jurado ‑como escenario, la librería Padilla‑ una intriga donde se mezclan una sextina libelada, una epístola moral a Fabio, un poema de Baudelaire, desde las ruinas de Grecia hasta Santiponce, por Sevilla, por Lisboa, por Mazagón, José Antonio otra vez bajando a la memoria, ahora porque se lo pide su amigo el impostor. Esta es la historia: Fedros, Fabios y Albatros.

Fedro portada

fedros, fabios y albatros.

JAMJ sentado en silla de director

Tres empresas poéticas de José Antonio Moreno Jurado. Introducción y notas de Daniel Lebrato. Las dos cumbres poéticas e intelectuales que escaló JAMJ el mismo año 1979 son apasionantes para la historia de la impostura literaria: Fedro, Poemas (traducción, prólogo y notas de J. A. Moreno Jurado), supuesta obra de Platón o su heterónimo, y la Sextina libelada, diatriba contra escritores, más de género, cuanto más anónima. Léanlo completo (20 minutos) en FEDROS, FABIOS Y ALBATROS en [eLSoBReHiLaDo].

historia de una conjura.

José Antonio Moreno Jurado
SEXTINA LIBELADA
(1979)

SANYO DIGITAL CAMERA

Lisboa
Casa Havaneza
, tabacaria, y café A Brasileira

JAMJ con Pessoa

José Antonio Moreno Jurado en rúa Garrett, Chiado, Lisboa, con Fernando Pessoa, bronce de Mestre Lagoa Henriques inaugurado en 1988. Detrás, Casa Havaneza, tabacaria, y a la derecha y fuera de foto, café A Brasileira.

 

JAMJ

sextina. Por sextina se entiende dos tipos de estrofa: la de seis versos y la de seis palabras. Ésta es: 39 versos endecasílabos 6 x 6 + 3 : seis estrofas de seis versos cada una con terceto final, donde las últimas seis palabras de la primera estrofa tienen que aparecer en un orden diferente en final de verso de las otras cinco y componer con ellas cuerpo y final del terceto de cierre.

libelada. Por una de estas cosas raras que hay en la lengua, libelar, de libelo, es escribir refiriendo algo, pero libelo, de libellus, librillo, escrito breve, es un escrito que denigra o infama a alguien o algo, y los hay en versión normal infamatorio o en versión matrimonial o de repudio (del marido a la mujer; al revés, no consta).

Lo que sigue es la historia de una sextina libelada, la que escribió y publicó sin firmar José Antonio Moreno Jurado en Sevilla en 1979. De libelada a liberada, poco va.

Pueden leer la HISTORIA DE UNA SEXTINA LIBELADA
publicada por
[eLSoBReHiLaDo]

 

JAMJ sentado en silla de director

José Antonio Moreno Jurado hacia 1979
año de FEDRO y de la SEXTINA LIBELADA


 

el albatros.

baudelaire albatros en Ítaca

 

 


Ses ailes de géant l’empêchent de marcher, sentencia Baudelaire, qué lástima: ¡sus alas de gigante le impiden caminar! En español, albatros se dice de un ave marina de la familia de las diomedeidae que habita los mares del Sur. Sus estrechas y largas alas pueden alcanzar los 3,5 metros, la mayor envergadura en su género que se conoce. Marineros europeos debieron encontrar un parentesco entre los nunca vistos albatros (y petreles, que también son enormes) con somorgujos, gansos, patos y gaviotas, grullas, garzas y otras aves playeras. El albatros, si lo dejan, como todos, nace, crece, se reproduce y muere cumplidos los 50 años; menos, por culpa de la mierda de contaminación y residuos que han puesto su hábitat en peligro. Pueden verlo en un répor de Chris Jordan.

El término albatros proviene del inglés albatross, a su vez, del portugués alcatraz, aves que dieron nombre a la famosa isla y prisión; lo que sitúa al albatros o parentela en el Hemisferio Norte. Alcatraz deriva del árabe alcadús o algatás (pelícano, literalmente: buceador). El Oxford English Dictionary indica que la palabra alcatraz se aplicaba originalmente a las fragatas; el cambio a albatros fue por albus, blanco, en contraste con los veleros, negros o color madera. El nombre del género, diomedea, asignado a los albatros por Carlos Linneo (1707·78), botánico y zoólogo sueco, nos remite a Diomedes y a la metamorfosis en pájaros de sus compañeros guerreros en la Guerra de Troya. El nombre del orden, procellariiformes, procede del latín procella, que significa viento violento o tormenta.

El poeta como el albatros (y la tripulación como la sociedad) es símbolo o alegoría imaginada por Charles Baudelaire (1821·67), quien escribió el poema a bordo del L’Alcide en 1842, a los 21 años de edad, de vuelta a Francia desde la India; poema que fue a parar a Spleen et Idéal dentro de Les fleurs du mal (1857). Otros albatros en poesía han sido los de Walt Whitman (1819·92), Pablo Neruda (1904·73) y Salvador Reyes (1899·1970). El añadido Fedro como el albatros, episodio de Historias de la literatura (2014) de Daniel Lebrato, es una revisión (o remake) del tópico en diálogo con Fedro poemas (1979), de José Antonio Moreno Jurado, a quien va dedicado.

CHARLES BAUDELAIRE
L’albatros
(1842)

Souvent, pour s’amuser, les hommes d’équipage
Prennent des albatros, vastes oiseaux des mers,
Qui suivent, indolents compagnons de voyage,
Le navire glissant sur les gouffres amers.
À peine les ont-ils déposés sur les planches,
Que ces rois de l’azur, maladroits et honteux,
Laissent piteusement leurs grandes ailes blanches
Comme des avirons traîner à côté d’eux.
Ce voyageur ailé, comme il est gauche et veule!
Lui, naguère si beau, qu’il est comique et laid!
L’un agace son bec avec un brûle-gueule,
L’autre mime, en boitant, l’infirme qui volait!
Le Poète est semblable au prince des nuées
Qui hante la tempête et se rit de l’archer;
Exilé sur le sol au milieu des huées,
Ses ailes de géant l’empêchent de marcher.

CHARLES BAUDELAIRE
El albatros[1]
(1842)

Por distraerse, a veces, suelen los marineros
dar caza a los albatros[2], grandes aves del mar,
que siguen, indolentes compañeros de viaje,
al navío surcando los amargos abismos.
Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,
estos reyes celestes, torpes y avergonzados,
dejan penosamente arrastrando las alas,
sus grandes alas blancas semejantes a remos.
Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!
Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!
¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa,
aquél, mima cojeando al planeador inválido!
El poeta es igual a este señor del nublo,
que habita la tormenta y ríe del ballestero.
Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
Sus alas de gigante le impiden caminar.

WALT WHITMAN
Al albatros[3]
(entre 1842·1855)

Tú, que has dormido la noche entera sobre la tormenta, que despiertas descansado sobre tus alas prodigiosas. ¿Se ha desatado la tempestad brutal? Por encima de ella asciendes y reposas en el cielo, ese esclavo que te acunó. Ahora pareces un punto azul, lejano, flotando en el cielo; a la luz que comienza te observo desde la cubierta. Yo mismo no soy más que una mota, un punto en la flotante amplitud del mundo. Lejano, lejano en el mar, luego que las bravías corrientes han sembrado la playa de despojos náufragos, al retornar el día, como ahora, te ves feliz y sereno. Como el alba rosada y elástica, como el sol deslumbrante, como la límpida extensión de aire cerúleo también tú retornas. Tú, nacido para medirte con la tempestad (eres todo alas), para competir con cielo y tierra, con mares y huracanes, tú, navío del aire que jamás arriaste velas, durante días y hasta semanas recorriste, infatigable, espacios y reinos, siempre avanzando; en el crepúsculo miraste al Senegal, a la enlutada América que surgía entre relámpagos y nubes preñadas de rayos. En éstos, en tus experiencias, va mi alma. ¡Cuántas alegrías! ¡Cuántas alegrías las tuyas!

 

 


Pablo Neruda
Oda al albatros viajero[4]
(1954)

Un gran albatros gris murió aquel día. Aquí cayó en las húmedas arenas. En este mes opaco, en este día de otoño plateado y lloviznero, parecido a una red con peces fríos y agua de mar. Aquí cayó muriendo el ave magna. Era en la muerte como una cruz negra. De punta a punta de ala tres metros de plumaje y la cabeza curva como un gancho con los ojos ciclónicos cerrados. Desde Nueva Zelandia cruzó todo el océano hasta morir en Chile. El océano en este ancho sendero no tiene isla ninguna, y el albatros errante en la interplanetaria parábola del victorioso vuelo no encontró sino días, noches, agua, soledades, espacio. Él, con sus alas, era la energía, la dirección, los ojos que vencieron sol y sombra: el ave resbalaba en el cielo hacia la más lejana tierra desconocida. Pájaro extenso, inmóvil perecías volando entre los continentes sobre mares perdidos, un solo temblor de ala, un ágil golpe de campana y pluma: así cambiaba apenas tu majestad el rumbo y triunfante seguías fiel en el implacable, desierto derrotero. Hermoso eras girando apenas entre la ola y el aire, sumergiendo la punta de tu ala en el océano o sentándote en medio de la extensión marina con las alas cerradas como un cofre de secretas alhajas, balanceado. Ave albatros, perdón, dije, en silencio, cuando lo vi extendido, agarrotado en la arena, después de la inmensa travesía. Héroe, le dije, nadie levantará sobre la tierra en una plaza de pueblo tu arrobadora estatua, nadie. Allí tendrán en medio de los tristes laureles oficiales al hombre de bigotes con levita o espada, al que mató en la guerra a la aldeana, al que con un solo obús sangriento hizo polvo una escuela de muchachas, al que usurpó las tierras de los indios, o al cazador de palomas, al exterminador de cisnes negros. Sí, no esperes, dije, al rey del viento al ave de los mares, no esperes un túmulo erigido a tu proeza, y mientras tétricos ciudadanos congregados en torno a tus despojos te arrancaban una pluma, es decir, un pétalo, un mensaje huracanado, yo me alejé para que por lo menos, tu recuerdo, sin piedra, sin estatua, en estos versos vuele por vez postrera contra la distancia y quede así cerca del mar tu vuelo. Oh capitán oscuro, derrotado en mi patria, ojalá que tus alas orgullosas sigan volando sobre la ola final, la ola de la muerte.

SALVADOR REYES
Al albatros
(1954)

No he de volver al Sur, donde tu vuelo
en el viento de Dios gira y reposa;
no he de volver al Sur, donde la rosa
se cristaliza en pétalos de hielo.
Hay una certidumbre, existe un duelo,
saber que nunca tu ala poderosa
volverá a ser para mis ojos cosa
cotidiana, rutina de mi cielo.
En la Antártica, patria ya perdida
para cualquier camino de mi vida,
regirá para siempre tu poder marítimo.
Y así, desde muy lejos, tú señalas
para mí un imposible, y con tus alas
allá en el Sur limitas mi destino.

JOSÉ ANTONIO MORENO JURADO
Fedro, poema VI
(1979)

Ahora atardece el mármol / de la Acrópolis, / como si un junco antiguo se quebrase la voz, / los labios en el agua, / gélido el rostro, inútil / su cabello de nácar y de tiempo. // Mármol que se resiste al pie del hombre, / al beso de la sal y a la tormenta. / Junco, como nosotros mismos, débil / cinta en la verde orilla, / que se dobla y perece al soplo del mistral. // Tal vez el mar esconda en Cabo Sunion / la penúltima luz / y el viento, metalmente, / pula en su yunque el arco de la espuma.

DANIEL LEBRATO
Fedro como el albatros
(2014)

Bajaban de la acrópolis turistas
de dos en dos, en grupo, gente sola.
Traían con el sol en los talones
sus cámaras cargadas de cultura
y democracia. Esto que ven será
-dijo la guía- espejo del futuro:
aquí estudió Protágoras con Sócrates,
aquí fue el Siglo Quinto; aquí, el Banquete,
hoy, musgo y lagartija y una sombra
que desenfoca fotos y elegías:
la explotación del hombre por el hombre.
Y Fedro, el descreído,
duda, como el albatros, de sus alas:
si es él -no un dios- quien hasta el mundo baja.

[1] Traducción Antonio Martínez Sarrión

[2] Compárese con el Romance del prisionero

[3] Traducción de Pablo Mañé dispuesta en prosa, por comodidad de lectura

[4] De Odas elementales (1954), el poema se transcribe en prosa


 

ENLACE A MORENO JURADO Y DANIEL LEBRATO HISTORIA DE UNA CONJURA

A LAS RUINAS DE ITÁLICA (un poema de José Antonio Moreno Jurado y tres aproximaciones de Daniel Lebrato).

JAMJ (3)

EL MUSGO ENTRE LAS GRADAS
José Antonio Moreno Jurado
Bajar a la memoria
(1985)

El musgo entre las gradas estos fabio dolor los corredores
vomitan todavía el grito del gladiador el guarda te acompaña
no debemos aquí la multitud ¡espera! mas no hay nadie
por la pared los nombres la suciedad se agiganta el deseo.

Las ruinas se encienden no debemos aquí sobre los muros
y la tarde tu cómplice trotaconventos nos ayuda la voz
del guarda dice nuestra historia de qué sirvió la dignidad
de los cónsules la túnica y el oro y el peinado ¡el guarda!

Qué miran los cipreses si hasta el ave acaricia su nido
por las ramas no podemos aquí mi pobreza no os importe qué
comeréis qué vestiréis y el guarda el guarda pues mi padre
celestial cuidará de vosotros no aquí sobre la piedra.

Y el deseo del labio se vuelve intimidad y no tenemos dónde
reclinar la cabeza aquí descansaban los patricios los juegos
los combates navales ahora sí furtivamente el guarda se diluye
abrázame la soledad la piedra tomo tu cintura nadie.

*


y tres aproximaciones de
Daniel Lebrato
dos estampas de Itálica
Hacia (Qüasyeditorial, 1999)

[Itálica.1]

Quién dirá que tus hombros.
Quién dirá tus columnas,
difusas como un enigma,
fatales como un desastre.
Las armas, diez cuchillos,
los arcos de triunfo,
las cuádrigas del pecho
son viaje y no son nube
ni piedra ni morada.

*

[Itálica.2]

Contra el ciprés que afila su perfil
de sombra sobre los ocres aún tibios
de Santiponce, ¿de qué valió bajar
a la llanura inmunda de Hispalis
la infelice y preguntar por ti
en la confusa jerga de mujeres
junto al río?
No te conocen los navegantes
que con la tarde y la marea
vienen de Sanlúcar ‑canta la gente‑
rompiendo el agua,
ni en las tabernas acepta nadie
las monedas con que puedo
pagarte yo, el anticuario.

*

Daniel Lebrato
FEDRO COMO EL ALBATROS

Ses ailes de géant l’empêchent de marcher
Charles Baudelaire

Bajaban de la acrópolis turistas
de dos en dos, en grupo, gente sola.
Traían con el sol en los talones
sus cámaras cargadas de cultura
y democracia. Esto que ven será
‑dijo la guía‑ espejo del futuro:
aquí estudió Protágoras con Sócrates,
aquí fue el Siglo Quinto; aquí, el Banquete
–hoy, musgo y lagartija y una sombra
que desenfoca fotos y elegías:
la explotación del hombre por el hombre.
Y Fedro, el descreído,
duda, como el albatros, de sus alas:
si es él ‑no un dios‑ el que hasta el mundo baja.

*


Daniel Lebrato
palabras para Fedro, poemas (1979)
de José Antonio Moreno Jurado,
nuevamente editado por La Isla de Siltolá
y presentado en la Casa del Libro de Sevilla
el jueves 15 de enero de 2015
por Alberto Guallart y Daniel Lebrato,
con Pilar Villalobos y Jose Marrodán.

PLAZA DE LA ENCARNACIÓN
Cada uno es Cernuda como Dios le ayuda

Esto que van Padilla y José Antonio
calle Laraña arriba (eso fue el curso
79 y esto es un soneto):
–Ese que ves ahí también escribe.
–Y aquel, y aquel, y el otro, el de la moto:
la ciudad de la gracia o la desgracia
de estos a dedo y ego condenados.
–Si por mi casa pasan con sus gracias,
se las publico, y punto, y de eso vivo.
–Tú, sí, José Manuel, a mí me matan.
–Ven por aquí, que vamos a la plaza
por papeles de estraza y un pirulo
de versos fritos calentitos. –Vamos.
–Y gracias y desgracias: ¡las del culo!

Y luego, en estrambote,
caló el Moreno, requirió el Jurado,
miró al mercado y dijo al hombre: –Póngame
cuarto y mitad de Fedro libelado.

*

–enlace a Fedro como el albatros

–enlace a ¡Escándalo internacional! Daniel Lebrato se hace pasar por José Antonio Moreno Jurado.


¡Escándalo internacional! Daniel Lebrato se hace pasar por José Antonio Moreno Jurado.

Daniel Lebrato firmando ejemplares ajenos en la feria del libro foto Pepe Morán 19 05 2017
Daniel Lebrato firmando ejemplares de José Antonio Moreno Jurado. Foto: Pepe Morán


Daniel Lebrato como Moreno Jurado en Facebook
Ilustración gráfica en la revista Poiein.gr. Se ve a Daniel Lebrato como Moreno Jurado

La noticia según el usurpador o intruso:

Un agente literario en Grecia confunde y toma la imagen de Daniel Lebrato por la de José Antonio Moreno Jurado. Lo cual me sitúa al borde del Iliso, como pocos. Tecleando en Google el nombre del poeta y el mío salimos 433 mil veces en 0:63 segundos; con Fedro, 20.700 en parecido y vertiginoso tiempo. Debo a José Antonio tantísima emoción en la poesía y en la vida, que me parece erratamente, morenamente conjurada, esta equivocación que me hace a mí más gracia y más favor que a él.

JAMJ (3)
José Antonio Moreno Jurado

La foto del error está sacada de la entrada Intrusismo en la Feria del libro de Sevilla, publicada en eLTeNDeDeRo el 20/05/2017. Un día antes, jueves 19 de mayo por la tarde y en la caseta Padilla Libros, se ve a Daniel Lebrato (a su vera, Rafa Iglesias y Padilla hijo) firmando ejemplares de Poemas secretos, último libro de su amigo Moreno Jurado, como si fuesen suyos.

 

–¡Qué poca vergüenza y qué más quisiera éste que escribir como los ángeles!, le estampó el bolso en la cabeza una admiradora y buena conocedora del auténtico José Antonio Moreno Jurado. Ya dijo Marguerite Yourcenar que A la larga, la máscara se convierte en rostro, y Pedro Navajas: Si naciste pa martillo, del cielo te caen calvos. –Calvos no: ¡clavos!, corrige el idiota al idiota dispositivo receptor de voz antes de darse a la fuga perseguido por plagio por la sección literaria de Interpol. Queden ustedes con Fedro como el Albatros, firmado, en principio, por Daniel Lebrato, pero, visto lo visto, vaya usted a ver. Por último, albatro es casi anagrama de lebrato.



FEDRO COMO EL ALBATROS

Ses ailes de géant l’empêchent de marcher
Charles Baudelaire

/ a JAMJ /

Bajaban de la acrópolis turistas
de dos en dos, en grupo, gente sola.
Traían con el sol en los talones
sus cámaras cargadas de cultura
y democracia. Esto que ven será
‑dijo la guía‑ espejo del futuro:
aquí estudió Protágoras con Sócrates,
aquí fue el Siglo Quinto; aquí, el Banquete
–hoy, musgo y lagartija y una sombra
que desenfoca fotos y elegías:
la explotación del hombre por el hombre.
Y Fedro, el descreído,
duda, como el albatros, de sus alas:
si es él ‑no un dios‑ el que hasta el mundo baja.


intrusismo en la Feria del Libro.

Daniel Lebrato firmando ejemplares ajenos en la feria del libro foto Pepe Morán 19 05 2017.jpg

La Policía Nacional ha detectado un nuevo tipo delictivo en ferias del libro: el supuesto autor que, haciéndose pasar por otro, se cuela en las casetas para firmar libros que no son suyos.

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Posado de Padilla hijo y el espontáneo.

–Creemos que se trata del típico envidiosillo que quiere llamar la atención porque no tiene estreno editorial ni hueco en el cartel -declaran con indignación desde la Feria del Libro de Sevilla.

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En la imagen, el intruso firmando ejemplares de José Antonio Moreno Jurado. A la derecha, la víctima del engaño, Rafa Iglesias. (Fotos Pepe Morán.)

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Odas de Andreas Kalvos, por José Antonio Moreno Jurado.

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ODAS, de Andreas Kalvos (edición digital), edición, prólogo y notas de José Antonio Moreno Jurado para Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas.

–enlace a TRANS Revista de traductología

–ODAS, de Andreas Kalvos

–en TRANS Revista de traductología

–Andreas Kalvos (1792‑1869), en El jardín de psique.

–Andreas Kalvos, en Wikipedia inglesa.

*


Dios los cría. Un soneto inédito de Jorge Carlos Burgos.

 

VIEJO BAJEL VARADO EN EL BAJÍO

Viejo bajel varado en el bajío
bajo los leves velos de la bruma
entre las tenues cintas de la espuma,
¡qué parecido es tu destino al mío!

Lenta la arena que derrama el río
te sepulta. Lenta el agua te acuna
y pasa. Y pasa alta la fortuna,
ave hacia el sur, dejándote en el frío.

Viejo bajel, acaso la tormenta
piadosamente te desguace un día
y el oleaje esparza tu osamenta.

Tal vez tu tablazón en la ribera
hoy arde ya y algún cuerpo calienta.
¡Quizá mi corazón también ardiera!

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bajel. Del catalán vaixell. Antigua embarcación de considerables dimensiones, generalmente de vela. Bajel pirata, el de Espronceda. Vaixell de Grècia, el de Lluís Llach, canción de I si canto trist (1973) que se anticipa a lo que será su Viatge a Ítaca (1975). La vida como navegación o naufragio es alegoría que viene de Horacio (siglo I, a.C.), quien comparó la república romana con una nave a punto de naufragar. La idea se hizo tópico durante el siglo de oro, Fray Luis entre nosotros. La conquista de América había normalizado la navegación de altura ante la navegación costera usual hasta entonces. Moralistas como Quevedo o Argensola, o crispados como Lope de Vega, asociaron navegar con peligro y ambición y aconsejan al alma cristiana no perder el buen puerto seguro donde estaba la salvación, otro tópico, el beatus ille en su vida retirada. El mar ya era el morir en Manrique y “también se muere el mar” fueron palabras finales de Lorca al tercero de los cuatro llantos por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, Cuerpo presente. De barcos y embarcados célebres trataron Lord Byron, Herman Melville (Moby Dick) o Edgar Allan Poe (La narración de Arthur Gordon Pym), junto al embarcado en tierra que fue el marinero de Rafael Alberti. Bajeles varados hay muchos en la reciente literatura; unos, en la tristeza; otros, en Manhattan. El bajel varado de Jorge Carlos Burgos nos recuerda a la Pobre barquilla mía de Lope de Vega y es un bajel varado en río que podría ser el Guadalquivir. Jorge Carlos Burgos es conocido por su libro de poemas Metamorfosis con pérdida de alas que, dentro de la colección Genil, otro río, publicó la Diputación de Granada en 1985. Viejo bajel, soneto posterior a aquel libro o descartado, llegó a Daniel Lebrato en folio mecanografiado cedido por el propio autor. Fue en el Instituto Martínez Montañés, un día del curso 2006‑7, donde los dos servíamos como profesores. Como curiosidad, Metamorfosis con pérdida de alas, número 26 de Genil, fue detrás de Mitología personal de José Antonio Moreno Jurado. No siempre cuando se dice Dios los cría, se dice por vía de mal o de torpeza, sino por todo lo contrario.


Lope de Vega
POBRE BARQUILLA MÍA

Pobre barquilla mía,
entre peñascos rota,
sin velas desvelada,
y entre las olas sola:

¿Adónde vas perdida?
¿Adónde, di, te engolfas?
Que no hay deseos cuerdos
con esperanzas locas.

Como las altas naves
te apartas animosa
de la vecina tierra,
y al fiero mar te arrojas.

Igual en las fortunas,
mayor en las congojas,
pequeño en las defensas,
incitas a las ondas.

Advierte que te llevan
a dar entre las rocas
de la soberbia envidia,
naufragio de las honras.

Cuando por las riberas
andabas costa a costa,
nunca del mar temiste
las iras procelosas.

Segura navegabas;
que por la tierra propia
nunca el peligro es mucho
adonde el agua es poca.

Verdad es que en la patria
no es la virtud dichosa,
ni se estimó la perla
hasta dejar la concha.

Dirás que muchas barcas
con el favor en popa,
saliendo desdichadas,
volvieron venturosas.

No mires los ejemplos
de las que van y tornan,
que a muchas ha perdido
la dicha de las otras.

Para los altos mares
no llevas cautelosa
ni velas de mentiras,
ni remos de lisonjas.

¿Quién te engañó, barquilla?
Vuelve, vuelve la proa,
que presumir de nave
fortunas ocasiona.

¿Qué jarcias te entretejen?
¿Qué ricas banderolas
azote son del viento
y de las aguas sombra?

¿En qué gabia descubres
del árbol alta copa,
la tierra en perspectiva,
del mar incultas orlas?

¿En qué celajes fundas
que es bien echar la sonda,
cuando, perdido el rumbo,
erraste la derrota?

Si te sepulta arena,
¿qué sirve fama heroica?
Que nunca desdichados
sus pensamientos logran.

¿Qué importa que te ciñan
ramas verdes o rojas,
que en selvas de corales
salado césped brota?

Laureles de la orilla
solamente coronan
navíos de alto borde
que jarcias de oro adornan.

No quieras que yo sea
por tu soberbia pompa
faetonte de barqueros,
que los laureles lloran.

Pasaron ya los tiempos
cuando, lamiendo rosas,
el céfiro bullía
y suspiraba aromas.

Ya fieros huracanes
tan arrogantes soplan,
que, salpicando estrellas,
del sol la frente mojan.

Ya los valientes rayos
de la vulcana forja,
en vez de torres altas,
abrasan pobres chozas.

Contenta con tus redes,
a la playa arenosa
mojado me sacabas;
pero vivo, ¿qué importa?

Cuando de rojo nácar
se afeitaba la aurora,
más peces te llenaban
que ella lloraba aljófar.

Al bello sol que adoro,
enjuta ya la ropa,
nos daba una cabaña
la cama de sus hojas.

Esposo me llamaba,
yo la llamaba esposa,
parándose de envidia
la celestial antorcha.

Sin pleito, sin disgusto,
la muerte nos divorcia:
¡Ay de la pobre barca
que en lágrimas se ahoga!

Quedad sobre el arena,
inútiles escotas;
que no ha menester velas
quien a su bien no torna.

Si con eternas plantas
las fijas luces doras,
¡oh dueño de mi barca!,
y en dulce paz reposas,

merezca que le pidas
al bien que eterno gozas
que adonde estás me lleve
más pura y más hermosa.

Mi honesto amor te obligue;
que no es digna vitoria
para quejas humanas
ser las deidades sordas.

Mas ¡ay, que no me escuchas!
Pero la vida es corta:
viviendo, todo falta;
muriendo, todo sobra.


Quevedo
Muestra en oportuna alegoría la seguridad del estado pobre y el riesgo del poderoso.

¿Ves esa choza pobre que, en la orilla,
con bien unidas pajas, burla al Noto?
¿Ves el horrendo y líquido alboroto,
donde agoniza poderosa quilla?

¿No ves la turba ronca y amarilla
desconfiar de la arte y del piloto,
a quien, si el parasismo acuerda el voto,
la muerte los semblantes amancilla?

Pues eso ves en mí, que, retirado
a la serena paz de mi cabaña,
más quiero verme pobre que anegado.

Y miro, libre, naufragar la saña
del poder cauteloso, que, engañado,
tormenta vive cuando alegre engaña.


Horacio, Odas, I, 14, A la república. ¡Oh nave!, ¿vuelves a lanzarte a los peligros de las olas? ¿Qué haces? Apresúrate a ganar el puerto. ¿No ves tu costado desprovisto de remos, rotas tus antenas y tu mástil quebrantado por la violencia del Ábrego, y que sin cables ningún bajel es capaz de resistir el imperioso oleaje? Tus velas están destrozadas, y los Númenes desoyen las súplicas que en tu angustia les diriges.


Odas de Horacio. Traducidas en verso castellano por Fray Luis de León. Oda 14. Libro I. O navis.

OH NAVE

¿Tornarás por ventura
A ser de nuevas olas, nao, llevada?
¿A probar la ventura
Del mar, que tanto tienes ya probada?
¡Oh!, que es gran desconcierto,
¡Oh!, toma ya seguro estable puerto.

¿No ves desnudo el lado
De remos? ¿Y cuál crujen las antenas?
Y el mástil quebrantado
Del ábrego ligero? ¿Y cómo apenas
Podrás ser poderosa
De contrastar así la mar furiosa?

No tienes vela sana,
Ni dioses a quien llames en tu amparo,
Aunque te precies vana
Mente de tu linaje y nombre claro,
Y seas noble pino,
Hijo de noble selva en el Euxino.

Del navío pintado
Ninguna cosa fía el marinero,
Que está experimentado,
Y teme de la ola el golpe fiero:
Pues guárdate con tiento,
Si no es que quieres ser juego del viento.

Oh tú mi causadora
Antes de congoja y de pesares,
Y de deseo agora
Y no poco cuidado, huye las mares
Que corren peligrosas
Entre las islas Cícladas hermosas.


ENLACES

–Jorge Burgos, Metamorfosis con pérdida de alas, disponible en el servidor Los oficios terrestres

enlace a Quevedo: A una nave nueva al entrar en el agua

enlace a Barcos de leyenda.

enlace a la canción Vaixell de Grècia de Lluís Llach

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«Hoy los poetas jóvenes solo se leen entre ellos» José Antonio Moreno Jurado.

JAMJ (3)

El sevillano José Antonio Moreno Jurado regresa a la poesía con ‘Veinte momentos de lucidez’ (Point de Lunettes)

03 ENE 2017 / El Correo de Andalucía

Origen: «Hoy los poetas jóvenes solo se leen entre ellos»

«Veinte momentos de lucidez» de José Antonio Moreno Jurado, por José Ángel Cilleruelo

JAMJ (3) ojos

Una poesía despegada del tiempo contingente.

Solo «Veinte momentos de lucidez»,

un postrer esfuerzo para comprender lo incomprensible.

(José Ángel Cilleruelo)

 

Artículo completo: .: Una escritura lúcida. «Veinte momentos de lucidez» de José Antonio Moreno Jurado

libres.

Existen libres de tasas, de impuestos o imposiciones, de cargas, de prejuicios, de compromiso. Existen libres y esclavos, libres y propietarios, libres de halógenos, de acidez o de reflujo, libres del mal o libres del pecado. Libre, un taxi libre y una canción de Nino Bravo. Libros libres, ese Quevedo, y personas de pensamiento libre que se quieren libres al fin del mal que nos rodea, a la manera de José Antonio Moreno Jurado, quien nos remite a la Epístola moral a Fabio, esa que acaba:

«Ya, dulce amigo, huyo y me retiro
de cuanto simple amé; rompí los lazos.
Ven y verás al alto fin que aspiro
antes que el tiempo muera en nuestros brazos.»

Para acabar con el mal que nos rodea, hay que acabar con la libertad de mendigar y hay que acabar con la libertad de dar o no limosna y de seguir a nuestras compras, a nuestras copas, a nuestra casa: todo es seguir libres como sin nada.

–enlace a la Epístola de Andrés Fernández de Andrada (1575‑1648) en la página Apolo y Baco.

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veinte momentos de lucidez.

JAMJ (3)

El Conde Alarcos

vio venir una galera   que a tierra quiere llegar.
Marinero que la manda   diciendo viene un cantar.
Allí habló el conde Arnaldos,   bien oiréis lo que dirá:
–Por tu vida, marinero,   dime ahora ese cantar.
–Yo no digo mi canción   sino a quien conmigo va. [1]

Dedicado a José Antonio Moreno Jurado, cuyos Veinte momentos de lucidez (Point de Lunettes, Sevilla 2016) son una muestra de quien anda con la inspiración como José Alfredo, con el amor: que estás que te vas, y te vas, y te vas, y te vas y te vas, y te vas, y no te has ido y de quien dice y no dice su canción. No sé cuántas veces ha echado JAMJ el cierre a su obra poética. Y, de pronto, ahí vuelve otra vez como en estos veinte poemas de lucidez y una edición desesperada. Les gustará si les gusta José Antonio Moreno Jurado. Y así no se quedan ustedes como el conde Alarcos, que se quedó con las ganas.

[1] Romance del conde Alarcos sobre la versión del Cancionero de Amberes, 1548, en la página Washington Faculty de la profesora Suzanne H. Petersen.