Etiqueta: Andalucía

¿referéndum o guerra de independencia?

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Ilustración de Rafa Iglesias. La respuesta de eLTeNDeDeRo es: SE PARTE (de partir el voto o negarse a votar quienes no figuran en el censo electoral de Cataluña).

 Todo está preparado para que la opinión pública andaluza o española mire con buenos ojos una intervención de fuerza (armada, incluso) contra la díscola Catalunya.


1º     El sentimiento nacionalista (cualquiera que se da y se ha dado a lo largo de la historia) pone en relieve una marca distintiva, la patria (el lugar de nacimiento o de adopción) que siempre fue ‑con la religión‑ causa de guerras y conflictos.


2º     Nuestras marcas personales, o señas de identidad, se dividen en dos: las naturales inevitables (físicas, exteriores) y las adquiridas. Son naturales sexo y raza. Patria, religión, clase social, sexualidad (no el sexo), son elegidas, aprendidas, heredadas o transmitidas: cultivadas; y está en nuestra mano hacerlas desaparecer de la vida pública por y para un mundo más justo e igualitario. Vista así, toda cultura es, socialmente, retrógrada y, políticamente, reaccionaria pues aunque se predica la alianza de culturas y el multiculturalismo (o, su pariente, la multinacionalidad que se postula como tercera vía), mejor sería que no hubiera nada que aliar: señal de que nada nos había dividido antes.


3º     El nacionalismo colonial (ligado al esclavismo y al feudalismo) consistió en la máxima tenencia de la tierra. En respuesta: las guerras de independencia. El nacionalismo en tiempos del bitcoin pondrá el acento en balanza de pagos, mercado interior, exterior, patentes, rentabilidad financiera, acuerdos bilaterales y organismos de gestión. El nacionalismo de mi bandera frente a la tuya queda como un arcaísmo aburrido.


4º     La clave está en que, lógicamente (con lógica económica y de la pela es la pela), el nacionalismo de banderas esconde un nacionalismo financiero, de última generación, mediante el cual un grupo dominante se enfrenta o plantea sus relaciones de poder con otro grupo de poder. En este cuadro, las masas trabajadoras, de clase media para abajo, el afán nacionalista que tienen es igual al de un soldado raso francés contra un soldado raso alemán o el que un obrero alemán en paro pueda tener contra un inmigrante turco. Fobia inducida.


5º     Hasta aquí el pensamiento crítico. Bajemos al pensamiento democrático (donde aún brillan instituciones tan arcaicas como monarquía, religión, mis fiestas, mis costumbres, mi mi mí) y reconozcamos que la cuestión catalana es una cuestión cultural, de opinión pública, que incumbe, se quiera o no, al censo electoral de Cataluña. No es una cuestión de España, como tampoco Portugal o las colonias americanas consultaron a España su independencia de España y como Estados Unidos, tampoco, a Reino Unido. De otra forma: si un pueblo (esa construcción cultural) se empeña, ese pueblo se independiza, antes o después, y el referendo es lo más moderno y pacífico: no querrán que Cataluña se levante en armas como en armas se levantaron Cuba o Filipinas.


6º     La máxima estulticia la pone el andaluz gracioso en chistes contra catalanes. Soldadito o peón de ajedrez donde mandan los reyes del tablero, solo por no aguantarlo merece Cataluña verse libre de semejantes socios incapaces de rebelarse contra sus propias clases dominantes. A un andaluz andante, los partidos soberanistas que mueven la cuestión catalana no le han hecho absolutamente nada pero el andaluz enterado y graciosillo cree que sí. Todo está preparado para que la opinión pública andaluza o española mire con buenos ojos una intervención de fuerza (armada, incluso) contra la díscola Catalunya. Constitución del 78, Rajoy: no en nuestro nombre; no en el mío, por lo menos.



 

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funcionario de la Junta, fun, fun, fun (villancico).

Que la Junta de Andalucía rebaje a 35 las horas semanales de su personal asegura el voto no solo al Psoe y a Susana Díaz: hasta Podemos y la Izquierda Unida cantan todos el con flores a María. ¡35!, ¡35! Como si en Andalucía no hubiera quien echa 45 horas, 50 o ninguna, con tanto paro.

Este centrarse en las horas de un grupo comparativamente privilegiado (trabajo estable y pago de pensiones asegurados) recuerda al fenómeno mileurismo, cuando había seiscientismo, quinientismo y menos.

Prevaricación o pijerío político preparando la navidad [y se os dará].

Otro día hablamos de cómo la Junta aconseja medidas contra las olas de calor y, sin embargo, no dicta órdenes que regulen los trabajos más duros y expuestos al sol o al calor en días de fuego. Queda más resultón el broncéate, broncéate, hidrátate, hidrátate, cantado con música de veraneo y de Mecano.


 

ALEA iacta non est.

En Medio siglo del Atlas lingüístico y etnográfico de Andalucía (ALEA), se pregunta Antonio Narbona cuántos andaluces podrían reconocer hoy los diversos tipos de arado (romano), a los que el ALEA dedica una decena de mapas y docenas de dibujos ilustrativos. La pregunta es retórica. El profesor Narbona, nuestro amigo Antonio, sabe que nadie sabe y que, quien sabe, no responde porque no lee Diario de Cádiz, de Sevilla y del Grupo Joly, donde él ha publicado su artículo. En la semana del Corominas (hoy, todavía, a disposición para vuestra descarga), sigue llamando la atención que Estado o Junta de Andalucía no tengan puestas a nuestro alcance digital obras de consulta como el ALEA.[1] Se movilizan animalistas por el lince ibérico, ecologistas por Doñana, se expropian tierras para que pase el Ave o una autopista, La Carbonería es ya bien cultural, ¿y la comunidad filológica no va a exigir la declaración del ALEA como bien cultural y patrimonio de la humanidad hispanohablante?[2]


A la recherche del ALEA perdu, hemos encontrado estos enlaces contrastados que puedan servirnos de consuelo:

Vocabulario agrícola andaluz según el Atlas lingüístico y etnográfico de Andalucía (ALEA).

Refranes incluidos en el ALEA.

–página ParemioRom de paremiología romance, refranes meteorológicos y territorios, de la Secció de Filologia Romànica, Universitat de Barcelona.

Mapas lingüísticos, Proyecto fin de curso de La Magnifique en Sevilla, dedicado al ALEA.

–el ALEA de la Junta de Andalucía en Arco Libros.

otros enlaces de interés

ZEA Sociedad para el estudio del andaluz.

Diccionarios del andaluz.

Diccionario colaborativo de usos del andaluz.

(Algunas de estas páginas chirrían por el casticismo supuestamente andaluz pero, aun así, merecen la pena.)


[1] Los seis tomos del Atlas lingüístico y etnográfico de Andalucía fueron publicados por la Universidad de Granada y el CSIC entre 1961 y 73, y en 1991 republicados en edición facsímil en tres tomos por la Junta de Andalucía; a día de hoy, a 401,5 euros sin iva ni gastos de envío.

[2] Declaración previa al expediente de expropiación para su definitiva nacionalización y exposición pública.

una epopeya de Andalucía, por Rafael Raya Rasero

Si el género literario de la antigua Grecia, con el que se explicaba el mundo, era la epopeya, a Andalucía le faltaba una que explicase su particular carácter. Y ya la tiene. Rafael Raya Rasero, nacido en Montilla aunque establecido en Sevilla desde joven, lo ha intentado y conseguido en La Andalucíada, el texto épico en que narra la historia de esta tierra en términos míticos.

 

Origen: Andalucía también tiene una epopeya que cuente su mito

Gracias y desgracias del toro de lidia.

SEIS TOROS, 6.
Tauromaquia en espirales a la manera de Luis Martín‑Santos


1º. Matar toros es ‑mucho más que animalista‑ conservacionista. Y de una especie que, sin la Fiesta Nacional (pongámosle las mayúsculas cuanto antes), estaría en peligro de extinción. El toro bravo es un ser para la muerte. Podemos decir ‑sin temor a equivocarnos‑ que ha leído a Heidegger.


2º. La especie toro bravo o toro de lidia incluye su hábitat, finca donde se cría y grey humana que lo cuida hasta llevarlo con mimo a su destino: desde el ganadero o empresario terrateniente y latifundista, hasta el veterinario, el mayoral, el picador, el mulillero, el mozo de cuadra, peones o gañanes de los de Los santos inocentes, o la criada de ahora mismo los recibe don Eduardo. Todo esto, en la España piel de toro y toro de Osborne, mejor sitio del mundo que eligen los toros de lidia para realizarse como mito, lo que determina el paisaje económico y social de la baja Andalucía y de vastas comarcas de la Ruta de la Plata, esa luna enamorada de los toros y de los caballos de raza que se las verán con ellos en el señorito arte del rejoneo.


3º. A ese paisaje agrario con toda su geografía humana se añaden ciudades y grandes y medianos pueblos (los pequeños soltarán vaquillas), con sus concejalías de cultura o fiestas mayores, que tienen dispuestas sus ferias con sus plazas de toros, sus taquillas, su venta anticipada por internet, sus guiris y forasteros, sus verdaderos aficionados o entendidos, sus bares y restaurantes, sus hoteles y comercios del entorno, más  vendedores ambulantes ‑reventa de entradas incluida‑ con algún Cortadillo de bolsos y carteras ajenas. Más policía, pues. Todos esperan el cartel de no hay billetes, máxima condecoración en días de corrida. Al conjunto, lo llamaremos cultura y civilización y casi, casi, religión: algo en lo que ‑para ser buen español‑ hay que creer y, si no, ahí está Cataluña, cuya anti españolidad se demuestra andando con la abolición.


4º. Existe además una promoción de muchachos (y unas pocas atrevidas) que, sobrados de facultades y medios familiares, no obstante eso, eligen no las cómodas carreras de medicina, derecho, ingeniería o ni siquiera el balompié; eligen la arriesgada carrera superior de tauromaquia: perito en capotes y banderillas, maestro o diestro matador de toros con la muleta: torero (o toreador, en otras latitudes) de los de a ver dónde está ese bicho, a ver si tiene cuernos (huevos) como dice, que me lo despacho aquí mismo de una estocada. Opcionales: la folclórica tras el abanico en el tendido sombra y recibir ante los toriles a porta gayola.


5º. Va a terminar la corrida y la crónica es siempre igual y la misma. Leemos en ABC: Torerito de Tal (de azabache y oro) muy bien que estuvo (quien dice bien, dice valiente, decidido, animoso, arrojado, entregado,  templado, con voluntad, con ganas, con mando) pero no le acompañó el toro en su faena. Vaya por Dios. Y aquí aparecen calificativos de manso, afeitado, semi toro, saco con cuernos, con percha, con manillar, cabestro, buey, vaca o becerrita; nunca notas por exceso de bravura o de trapío.


6º. Total. Por culpa de las ganaderías y de los toros, que ‑habíamos quedado‑ son los primeros interesados en la fiesta, falla ‑curiosamente‑ la fiesta de los toros. Vuelva a leer el toro número uno y procure no perder el hilo (de Ariadna) o la razón.


Sobrero. Estas espirales martinsantosas (o martinsantinas) excluyen ‑pero incluyen‑ la posibilidad cierta de que el torero muera o sufra algún desgraciado percance en el ruedo, culpa sin duda de la mansedumbre del que ya era manso o de una sobreactuación o insuficiente preparación para el mito. Lo que es seguro es que alguien lo ve en la plaza y al día siguiente en otra plaza ‑de abastos‑ habrá carne de toro de lidia. Especialmente apreciado, el plato de rabo o cola de toro. Exquisito según mercado y máster chef.