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Trilogía de la guerra, Agustín Fernández Mallo y la metáfora.

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El principio del lenguaje fue bautizar, dar nombre a un nuevo ser. Después vino la semejanza entre el ser nuevo y otro anterior que ya existía, semejanza que seguiría los pasos «A como B», «A parece B» y «A es B» para reducirse a «A» [igual a B]. Y la hoja de papel se llamó hoja por la del árbol. Que ese proceso esté en el origen de la enseñanza (primeros deberes en la historia: los que puso Dios a Adán en el Paraíso) o que la retórica le dé categoría de figuras (símil o comparación, metáfora en presencia o en ausencia) no importa ahora. Lo importante es el proceso.

La última novela de Agustín Fernández Mallo propone una lectura metafórica de la paz y de la guerra en el escenario del Desembarco de Normandía (1944): ayer, tropas aliadas contra nazis; hoy, migrantes que vienen buscando Europa. Pero lo mismo que la igualdad hombres mujeres no anula la crítica por separado de las construcciones masculino y femenino, igual que al feminismo no basta la igualdad con los varones para lograr un mundo insuperable, así tampoco los movimientos migratorios de Oriente hacia Occidente se pueden comparar, sin más ni más, con lo que fueron tropas de Aliados contra Alemania. Hace falta criticar la guerra y hay que acabar con el género bélico como si no fuese un género sexista y por clases sociales (soldados en las trincheras, enfermeras en los hospitales, generales en sus despachos) y hay que ir a la política de agresión que dio y sigue dando origen a movimientos de personas y a campamentos de inmigrantes como fue el de Nord-Pas-de-Calais (2006-16). Es lo que no hace Agustín Fernández Mallo en su Trilogía de la guerra (Seix Barral, 2018) como si las potencias coloniales a las que él pertenece no tuviesen nada que ver en lo que pasa en Siria. Así es muy fácil decir A como B. Nos salen metáforas y novelas como churros.


 

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democracia a la francesa.

El estado moderno se alza históricamente (Francia, 1789: libertad, igualdad y fraternidad) contra el estado absoluto, donde el poder se acumulaba en un monarca, que era el rey “por la gracia de Dios”. Desde la Revolución Francesa, el poder se divide en tres: legislativo, ejecutivo y judicial, siendo el punto de partida ‑y así consta en el preámbulo de todas las constituciones posteriores, como La Pepa, de 1812‑ que “el poder reside en el pueblo” para que el pueblo soberano elija a quienes serán sus representantes en la cámara legislativa, órgano del que saldrá y al que rendirá cuentas el poder ejecutivo, siendo el poder judicial ‑más que un poder‑ un arbitraje cuyo ideal sería no intervenir.

Como se ve, no existe el poder ostentativo, que es el que se arrogan monarquías como la inglesa o la española, donde el rey reina pero no gobierna: ostenta la representación de España como nación. ¿Qué falta hace un rey o un segundo Manuel Azaña que viniera a ‘jefaturar’ a don Mariano Rajoy Brey, que es quien sigue ejerciendo el poder? Ninguna, habiendo -ante la comunidad de naciones- cuerpo diplomático y ministerio de asuntos exteriores.

Ocurrió que hubo repúblicas como la francesa que tras acabar con la monarquía siguieron derivas muy autoritarias de modo que el rey Borbón fue sustituido por otros reyes constitucionales o republicanos, Napoleón y el bonapartismo. La pregunta ¿a quiénes queréis por representantes? fue solapada por esta otra: ¿quién queréis que os mande, Macron o Le Pen? Quien vea democracia ahí, muy demócrata no es.

República, sí, pero monocameral y sin jefatura del estado. En Wikipedia pueden ver las naciones del mundo que se rigen por una sola cámara y que suman en una sola figura presidencia de gobierno y jefatura del estado. Por eso, eLTeNDeDeRo se ha puesto siempre en contra de viejos camaradas que enarbolan la bandera de la Segunda República (que fue presidencialista) y la supuesta progresía de someter a referéndum monarquía o república. Las cosas tontas no se preguntan y, además, ganaría del tirón doña Letizia, reina de las peluquerías y de todas las salas de espera en este país enfermo de estulticia (con zeta).


Elecciones en Francia.

–¿Ah? ¿Pero hay algo que elegir? En España, tome nota la vieja izquierda nostálgica de la Segunda República o de una España republicana. Una república presidencialista (a la francesa) es otra monarquía. El poder ejecutivo a dos (Jefe de Estado / Primer Ministro) mengua el poder legislativo del Parlamento y representativo del pueblo. Al final, ya lo ven. Será rey un señor de derechas liberal o una señora de derechas autoritaria. Le pasa a Francia por reducir tan gran nación a una persona sola.


el origen de “libertad, igualdad y fraternidad”, qué significan.

En relación al breve sobre la igualdad, dice mi amigo que “ni el siglo veinte trajo libertad ni el veintiuno fraternidad” y al final me pregunta “¿de qué manga te has sacado eso?” Libertad, igualdad y fraternidad fueron consignas de un tiempo y de un país: Francia, 1789.

–la libertad que se pedía era la libertad de empresa y de mercado, la libre contratación (y su contrario, el despido libre) de mano de obra vinculada por un salario, no por vasallaje; libertad que sería también del voto libre en la democracia.

–la igualdad (de derechos) era la del tercer estado (98 por ciento de la población) con los otros dos estamentos, la iglesia y la nobleza, cuando el tercer estado eran burguesía, banqueros, negociantes, artesanos, funcionarios, comerciantes, campesinos libres, pequeños propietarios, arrendatarios, jornaleros y proletariado urbano que, pagando sus impuestos, carecían de representación y decisión política. La exégesis de la igualdad es un hombre, un voto o que todos somos iguales ante la ley.

–la fraternidad tuvo dos aplicaciones: solidaridad interna entre personas que se consideraban iguales entre sí y solidaridad de la nación francesa en bloque frente a otras naciones. Fraternales fueron la solidaridad obrera o sindical, la militancia dentro de un partido, la Seguridad Social, el Estado del Bienestar. Además recoge prácticas llevadas por instituciones benéficas o religiosas: contemporáneas oenegés y movimientos sin fronteras.

Hasta ahí lo que dice la Historia. Pero viene un hombre, una mujer, y esos lemas los interioriza como le da la gana, desde el colegio nos los enseñaron y cada quien se cree libre, igual y fraternal. Así que ¡claro que el siglo 20 trajo libertad!, aunque no la trajera. La trajo en la medida que la propaganda del hombre libre y del vivo en un país libre de los países aliados al final de la Segunda Guerra Mundial venció por goleada la propaganda del fascismo, nazismo o estalinismo. Y ¡claro que el 21 es fraternal! o se lo cree; de hecho nadie está en contra de la alianza de las tres culturas (aceptar a la mujer tapada se tiene por prueba de fraternidad con su religión) y todos se muestren solidarios con refugiados y emigrantes (sin entrar en las causas que son la guerra y el injusto reparto de la riqueza).

En cuanto a la igualdad, está la individual egoísta de yo soy igual que tú y todos tenemos los mismos derechos. La que falta es la igualdad social, esa que ‑sobre la democracia y la solidaridad‑ pondría los cimientos de un mundo sin desigualdades de clase.

Al menos, eso espera el viejo topo que socava la tierra desde eLTeNDeDeRo.

–enlace a historia y biografías.


la democracia apesta | revista de prensa.

En Francia un joven negro de 22 años, sodomizado por porra de policía (el policía no actuó por placer sodomita: lo suyo fue joder por joder). En España, el gobernador del Banco de España propone prolongar la edad laboral más allá de los 67 años (el gobernador lo presenta como consecuencia lógica de una más larga esperanza de vida). La Casa Blanca vuelve a interceder por la contra venezolana (Estados Unidos ignora lo que son asuntos internos de otros países). A todo esto, un manifiesto de Demócratas sin fronteras (algo que suena a una oenegé) llama a la ciudadanía y especialmente a la intelectualidad a movilizarse por una verdadera democracia. Democracias son Francia, España y Estados Unidos. Es verdad que una democracia sin violencias policiales, sin ejecutivos abusivos y sin intromisiones imperiales, sería mejor democracia. Pero, aun sin esas lacras, ¿qué democracia tendríamos? Una división de poderes, nada democrática, entre electores y elegidos[1], entre personas que eligen y personas elegidas. Puesto que el cuerpo electoral es inferior al cuerpo candidato, quien insiste en la democracia no lo hace ni por la democracia ni por el pueblo ni por la gente ni por la mayoría, sino por sí mismo dentro de un entramado que al día de hoy (no estamos en la Grecia antigua ni en la Revolución Francesa) no engaña absolutamente a nadie. Por eso todos se quejan de la clase política aunque nadie haga nada por extinguirla alegando que la democracia es, al fin y al cabo, lo menos malo que se conoce. ¿Verdad, señor Trump? Usted sí que está hecho un demócrata sin fronteras, qué carallo.

[1] Luego vendrá la separación de poderes legislativo, ejecutivo y judicial de la moderna teoría del Estado.

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un país de película.

He ido al cine a ver dos películas de valores. Figuras ocultas (Usa, 2016) y Franz (Francia, 2016). De las dos salí contento con la película y disgustado con la cultura o con el uso que damos a la cultura. Figuras ocultas plantea cómo una potencia primera del mundo puede ser una mierda en derechos humanos. Las ocultas son las científicas negras que en los años 60 se abrieron paso en la Nasa contra el racismo histórico de sus colegas blancos; al fondo, la carrera espacial que fue, y es, una carrera de armamentos; de manera que las adelantadas mujeres negras no hacen más que sumarse a la enloquecida guerra que los varones llamaron fría pero que fue caliente y ha traído misiones de paz y guerras justas solo porque a la Onu o a la Otan les salga de los misiles. Franz es un soldado alemán muerto en la Gran Guerra por un soldado francés, que inmediatamente se arrepiente, y esa es la peli: un retrato en primeras personas de los horrores de la guerra. Mi pregunta es: ¿por qué el esfuerzo intelectual que dedicamos a denunciar los horrores del pasado o a ensalzar avances en las luchas civiles no lo empleamos no en ir al cine, ni en leer novelas que viven del cuento que cuentan y recrean la barbarie, sino en tomar posturas que serán decisiones políticas para que las guerras no se repitan? Al salir del cine, al tomar una copa, ¿no caeré en la cuenta de que mi país tiene soldados, tiene ejércitos, fabrica armas, que mi país mata? No en 1917. España. Un siglo después. ¿No querremos ser pioneros de un pacifismo real que desarme el planeta para que alguien algún día haga una buena película sobre nosotros? ¿Nos vamos a conformar con Gandhis y Luther Kings de bolsillo? ¿Cultos, intelectuales, artistas y cineastas vamos a seguir consintiendo la guerra para nosotros seguir perteneciendo, Meryl Streep, al selecto grupo del no a la guerra?

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ética para anti Trumps (la paja o la vida. 2)

Las primeras llamadas a la liberación universal debieron ser las predicaciones de órdenes religiosas al “todos contra la Bestia”, o el Diablo, y por el advenimiento de Cristo. Desde las cruzadas, cazas de brujas y guerras de religión, pasando por el allons enfants de la Marsellesa, hasta los frentes populares antifascistas de los años 30, no ha habido movimiento popular consciente que se haya salido con la suya.[1] Siempre es igual: en tiempos de paz amenazada, los de arriba convocan a los de abajo, los mandan a la guerra y, al final, en la nueva paz, siguen mandando los de arriba, ahora sobre un montón de cadáveres: absolutismos, colonialismos, bonapartismo, guerras mundiales. Democráticos frentes populares prosperaron en España (1936) o en Chile (1970), y ya vieron cómo acabaron Segunda República y Salvador Allende. Y ya ni siquiera hacen falta golpes militares con dictaduras. Se impone el golpe democrático institucional como hemos visto en Puerto Rico, Paraguay, Honduras, Brasil, Argentina, o está por ver en Venezuela. Las grandes, las unánimes convocatorias al todos contra uno se siguen saldando como cuando el milenarismo: detrás de Dios, lo que la buena, la pobre, gente se encuentra, es más Diablo.

Si, por ese lado, el todos contra Trump sería un déjà vu, guerra y paz tampoco son lo mismo. Habiendo armas de destrucción masiva, y con el debido respeto a las víctimas, lo que llamamos guerra, en Siria, por ejemplo, no es más que una convención, un choque de famóbiles y videojuegos aptos para el telediario de las tres. Contra Estados Unidos nadie puede pero ‑oh consuelo‑ tampoco EEUU puede iniciar la que sería tercera guerra mundial entendida como invasión militar ¿de qué país?, ¿de los nuestros? Lo que hay y habrá es guerra económica con apoyo logístico de diplomacia y prensa, ellas dictaminan los valores democráticos, los derechos humanos. Usted ‑que se los cree‑ bájese de la civilización, pónganse o quítense ‑según los casos‑ el pañolito islámico de por vida (el burka, si no siente nada a la primera) y verá cómo al día siguiente experimenta usted una notable mejoría en el tapadismo sobrevenido, en la occidentalitis aguda o en la bienestarpatía crónica que le están amargando la vida.

Es una coletilla a La paja o la viga.

[1] consciente se dice porque inconscientemente las revoluciones populares Rusa o China sí fueron propiciadas por estados de guerra.