Etiqueta: Lorca

Juana, genio y figura.

Juana

Si un tema hay gastado y derretido para hacer literatura, ese es la muerte; más que el amor. La muerte sigue siendo como en tiempos de Manrique. Lo más que hacemos es ponerle un nombre o una cara y aportar algún punto de vista, religioso o civil. Aquel Llanto de Lorca.

Cuando murió mi madre, que era una anciana balilla de mal asiento que no dejaba vivir a nadie, quise que mi familia mandase poner esta corona firmada por “tus hijos y tus nietos”:

«Descansamos, o descansemos, en paz.»

Mamá lo comprendió y salió por donde costumbre:

–¡Hay, Daniel, como se entere tu padre, el disgusto que le vas a dar!

O quizá por esta otra petenera:

–¡Hay, Daniel, qué pamplinas tienes!


Juana

Ahora ha decidido dejarnos –me avisó su yerno Salva, titular de la etiqueta “suegra”– nuestra amiga Juana de Sanlúcar, a quien yo llamaba Reina de la Ibense porque era donde me la encontraba sin falta al desayuno, lo mismo que yo no faltaba a mi cerveza, siempre en Plaza del Cabildo.

Juana era de esas señoras con todo viento a favor: su ser de Iglesia hasta en la iglesia tener su sitial, su ser de derechas, señora de, excombatiente de la Acción Católica, su hablarle de tú al señor cura párroco y, casi, casi, al mismo Dios (que estará San Pedro que no sepa el hombre dónde meterse); su distinguida elegancia, su mirar por encima a esta España de la que yo gustaba pincharla para que largase, como se suele decir, por esa boquita. ¡Y vaya si largaba!

Quizá el ver en mí a un poeta comunista de pinta aristocrática (vieja bici BH, bastón de caña, lazo y panamá) nos unió en un raro anacronismo, en una complicidad para reírnos del mundo:

–Juana, igual que en tu iglesia del Carmen hay nave de epístola y nave de evangelio, así yo, en mi chaleco traje, llevo dos bolsillos con monedita suelta: el de la derecha para propina y el de la izquierda para limosna. Todo menos decir: ¡No llevo suelto!

Últimamente estaba faltando a clases en la Ibense y yo la apremiaba con este canto de Esperanza de vida:

–Con tantos años cumplidos, ¿qué más te daba cumplir unos añitos de más? Siquiera por alargarnos el sueño de quienes vamos detrás.

No me ha hecho caso. Mis palabras a lo mejor mienten; mi egoísmo, no.

El genio sabe que el genio sin figura no va a ninguna parte.

Genio y figura, Juana.

/ a Juana Domínguez Hermosilla /
–1 de junio de 2020–

esquela JUANA

Lorca: Fábula y rueda de tres amigos.

Lorca
historia de un hilo.

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FÁBULA Y RUEDA DE TRES AMIGOS

Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.


□ enlaces:

Fábula y rueda de tres amigos (Enrique, Emilio, Lorenzo)

en Universo Lorca (versión corta)

en Trianarts (versión larga documentada)

en la zamarra de Gustavo [Sierra Fernández] (versión larga y explicación previa sobre los tres amigos)

en fragmentos para olvidar (versión larga)

Comentario de texto por Ángela Bernardo (en Hipertextual)

No me encontraron (fragmento), cantado por Miguel Poveda (3:52)


historia de un hilo
hilo de tuits

Del vario glosario que nos deja internet, el más duro y desviado a mis oídos me ha parecido siempre muro de Facebook (en lugar de mural o tablón), y el más acertado y próximo, hilo, hilo de Twitter, con su amplio campo semántico, seguir el hilo, perder el hilo, hilvanar (una conversación) o (armonizar discursos o palabras) deshilachadas. En sentido amplio, hilo puede ser también la secuencia o el hipertexto que como en salto de rana nos lleva de un texto a otro, de un vínculo a otro vínculo.

Cuento esto, tan obvio para quien anda en redes, por contarles la historia de un hilo que empieza en Julio Anguita y va saltando de clic en clic hasta acabar en si García Lorca –como el aviador de Justo Navarroalcanzó a prever su propia muerte en Fábula y rueda de tres amigos, Poeta en Nueva York, 1929. En el hilo intervienen Luis Pizarro (Luispiz), Pive Amador, Félix Molina y David Fernández-Viagas, contactos de @daniellebrato o de eLTeNDeDeRo. El artículo se llama Luces de pandemia y en él se hilvana un hilo donde desfilan Benito Moreno, Pura de Ucelay, Valle-Inclán, Alberto Garzón, Juventud y madurez del 98, Antonio Machado, Alejandro Amenábar, Unamuno, los Premios Goya, la película Campeones, los programas El Ministerio del tiempo y Cuéntame cómo pasó, de TVE, Federico García Lorca, José Monje Cruz Camarón, PCE, Izquierda Unida, Podemos, y, como secundarios de lujo, Goethe, Picasso, Fellini, Beethoven, Kundera, Vila-Matas, Giles Deleuze, Gil de Biedma, Carlos Blanco Aguinaga, Guillermo González Arenas y Pedro Pubill Calaf Peret.

Todo era por comentar los pasos del tiempo (físico, ideológico, histórico)  desde la juventud hasta la madurez, la vejez y la muerte, y si conviene a la edad asentarse en ideas conservadoras o si, por el contrario, se debe aprovechar la edad que dicen la tercera para dar salida y palabras a lo que, cuando éramos más jóvenes, no pudimos o no supimos expresar; percepción que [eLTeNDeDeRo] pilló prestada en Envejecer con lucidez, Calle del Orco, de Kim Nguyen Baraldi (nacido en Bruselas, 1985).

Mis conclusiones provisionales son:

Que Anguita el político es un ejemplo de edad perdida.

Que prever la propia muerte es tópico literario y nada más. Todos nos moriremos en París con aguacero. Eso valía también para Lorca el año 29.

Que la inteligencia española representada en TVE o en los Premios Goya, contando con la complicidad de las Academias de Cine y de Televisión y de los guionistas, lleva años maquillando la Historia contra la memoria histórica y a mayor gloria de la Constitución del 78 y de la monarquía.

Que, aparte de renovar vínculos y amistades, los blocs o páginas digitales sirven para, entre otras cosas, recuperar la memoria de la Fábula y rueda de tres amigos de Poeta en Nueva York a donde fue llevada.


 

FÁBULA Y RUEDA DE TRES AMIGOS

Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.


Fábula y rueda de tres amigos (Enrique, Emilio, Lorenzo)

en Universo Lorca (versión corta)

en Trianarts (versión larga documentada)

en la zamarra de Gustavo [Sierra Fernández] (versión larga y explicación previa sobre los tres amigos)

en fragmentos para olvidar (versión larga)

Comentario de texto por Ángela Bernardo en Hipertextual

No me encontraron (fragmento), cantado por Miguel Poveda (3:52)


artículo base
LUCES DE PANDEMIA


hilo de tuits

luces de pandemia.

 

Camarón, por Benito Moreno, Lorca, Pura de Ucelay y Valle-Inclán (la foto en Madrid, 1934, preestreno de Yerma)


 

Julio Anguita fue conductor del viaje a ninguna parte que va desde el PCE de 1975, al actual ministro Garzón, en el Gobierno, cero a la izquierda de la izquierda. La reflexión no va sobre política sino sobre las formas de envejecer las ideas o las personas. Estaremos de acuerdo: la realidad no envejece. [1]

Estudiante yo en la facultad y opositor después a profesor de lengua y literatura, recuerdo un tema: «Juventud y madurez del 98».[2] El enfoque era perverso por cuanto daba por sentado que los del 98 maduraron y porque la madurez parecía que tenía que ir siempre hacia una renuncia a los primeros radicalismos de juventud, a sentar la cabeza, o sea[3]. Excepciones fueron Antonio Machado y Valle-Inclán, cada uno a su deriva.

Ahora que la película de Amenábar Mientras dure la guerra ha vuelto al Unamuno de madurez, ya me dirán qué madurez demostró el rector de Salamanca aquellos días terribles que se le vinieron encima. Solo una cultura política pordiosera de aquella que refleja, pudo ver en don Miguel ejemplo de algo y altura de miras y, sin embargo, ahí lo tienen: 17 nominaciones, 5 goyas y ¡mejor película! Se ve que España 2020 premia la ambigüedad, el titubeo, la agonía; y se disculpa el golpismo en nombre de un hombre bueno con fe en la extrema unción. La España de los Goya se retrata en los Goya, como en Campeones, un año antes, se retrató la España Down y Provida y sin preservativo ni anticonceptivos.

Lo cual, que no nos vengan con la película de los últimos días de Julio Anguita. Ya ven lo que nos quiere decir El Ministerio del tiempo, según TVE:

–España, ¡no pasó nada! Nosotros le juntamos a Federico García Lorca (que no estaba muerto, que no) con José Monje Cruz Camarón (que estaba tomando vinos). [4]

Antonio Machado y Valle-Inclán supieron defender sus Termópilas. Unamuno, un poseído de sí (un energúmeno), no supo qué defender. Y Anguita no alcanzó a ver que el viejo PCE envejecería mejor, como un buen vino, que echándole seven-up al rebujito de Izquierda Unida, como Anguita le echó, y no digamos su yayoflauta y pagafantas admiración por la gaseosa que fue Podemos.

Que ustedes se rodeen de luces de madurez y que ustedes lo envejezcan bien.

[1] El motivo para este artículo viene de la lectura de Envejecer con lucidez, por donde desfilan, con sus casos, Goethe, Picasso, Fellini, Beethoven, Kundera, Vila-Matas, Giles Deleuze; y cada quien que aporte lo que sabe del envejecer, morir, como único argumento, Gil de Biedma.

[2] Carlos Blanco Aguinaga, Juventud del 98 (1970).

[3] Quizás la madurez del 98 se nos proponía como modelo a estudiantes en edad de dar problemas. ¡Y cuántas personas no maduran jamás!

[4] Recreo la canción El muerto vivo, del colombiano Guillermo González Arenas, 1965. En España fue repertorio de Peret, por rumba catalana.

brillantinas.

Antonio_Machado_por_Leandro_Oroz_(1925)

brillantina [3.710 millones de gugles]: preparación cosmética que se usa para dar brillo al cabello. Fue invento francés presentado en la Expo de París en 1900, brillantine, de brillar (1617), del italiano brillare (siglo 13), emitir luz viva y temblante, voz de creación expresiva emparentada con rielar (“la luna en el mar riela”, Canción del Pirata de Espronceda), de donde brillante (adjetivo y sustantivo) y brillo. La raíz sería berilo, de berilus, piedra preciosa la más brillante, originaria de la India (topónimo Vélur), que en latín medieval pasó a designar los espejos. Brillantina fue una de las traducciones del título de la película Grease (1978) en Chile, Colombia y Ecuador, otras veces Vaselina o simplemente Grease. La brillantina original se fabricaba con aceite de bergamota, fruta entre la menta y el limón. Era de uso mixto, mujeres y hombres; se aplicaba la brillantina al pelo y luego se peinaba o se hacía el moño. En los tiempos de el hombre y el oso, cuanto más feo más hermoso la brillantina fue (con el agua de colonia, la loción tras afeitado y el desodorante) de las primeras coqueterías masculinas, sin duda por su función gomina o fijador que contribuía a disimular la alopecia o diversa forma de calvicie mal vista entonces. No confundir viril varonil con viril con uve de vidrio o vidriera (1611), antes beril (1ª mitad siglo 15), también de berilo: cristal que encierra la custodia para la exposición del Corpus. Góngora: “que habéis para viriles usurpado” (Soneto De pura honestidad templo sagrado, 1582). Brillantina usaron Lorca, Alberti y Luis Cernuda (de frentes despejadas) y Ortega y Gasset, que se tapaba el cráneo de lado a lado; también, los hermanos Machado, a 80 años de la muerte del poeta del “torpe aliño indumentario”, coqueto Antonio Machado. En su recuerdo, sean presumidos y cuiden su imagen. Es un consejo del profesor Daniel Lebrato punto com, con ce de “calvo seré, mas calvo enamorado”.

Ilustración: Antonio Machado, por Leandro Oroz, en 1925. Tenía el poeta 50 años.


 

Semana Santa, el espectáculo de la civilización.

madrugá por Rafa Iglesias

¡La madrugá es las Torres Gemelas de Sevilla!
Pasamos de la papeleta de sitio al estado de sitio.
(Rafa Iglesias)

 

Las religiones, una de tres, o se reparten el mapamundi, o se reparten las ciudades (una, al centro y, las demás, a guetos o extrarradio) o se lían a palos, que es por donde va el yihadismo. Lo que la historia no conoce es la coexistencia pacífica de distintas confesiones sometidas todas al poder civil.[1]

Tesis de tres huevos

Franco puso la Ley de libertad religiosa (1967)[2], la Ucd (derecha previa al PP) puso el Concordato con la Santa Sede (1979) y el Psoe puso la Alianza de civilizaciones (2007). Total, las religiones palante y el laicismo patrás. Concejalías de cultura y fiestas mayores pusieron el resto: el turismo religioso como potenciador del pib y para crear empleo y combatir el paro. Camino de Santiago, Rocío o Semana Santa se consagraron como distintivos de la marca España. Que haya algún crimen en el Camino, ciertos abusos en la Aldea o desórdenes por Semana Santa, también los hay en el fútbol: efectos secundarios de fenómenos de masas. Más policía, entonces, más cámaras de vigilancia, más medidas de acceso y seguridad.[3]

Antítesis con incidentes callejeros

Recuerde el alma dormida que las procesiones invaden la ciudad, no la ciudad las procesiones, y que los actos incívicos, vandálicos o incluso terroristas son de justicia ordinaria; no, que algún capillita querría imponer el ‘estado de Semana Santa’ semejante al estado de excepción o de guerra. Dicho lo cual, la degradación o pérdida del público ‘de calidad’ es normal cuando la calidad se subordina a la cantidad, más público forastero, que es lo que buscan cofradías, Ayuntamientos y medios propagandísticos.

Síntesis con separación Iglesia Estado

Aplicando legislación, las hermandades tendrían que cumplir el Reglamento de espectáculos públicos y pasar por la Ley orgánica de reunión y manifestación.[4] Y sin subvenciones. Las procesiones desfilarían como iniciativas privadas acogiéndose a su libertad de manifestación (derecho al que no podrían acogerse otras confesiones religiosas, siendo la católica la única que puede alegar, entre nosotros, cultura, costumbre o tradición). Y, siempre, con tal de que dejen la ciudad como estaba, ni rastro de cera. Y lo mismo vale para el público asistente: como si se le cobra una entrada o papeleta de sitio (de pie o con su sillita); como si sacan al cristo con anuncios de Burger King o a la virgen con publicidad de Coca-Cola. Lo que no querrán es que sus emociones particulares las siga pagando yo a través de impuestos; yo, que me vine a la playa huyendo de procesiones y donde también me cobran el iva en el chiringuito.

Colofón

Vargas Llosa se queja de la civilización del espectáculo (bodrio ensayo de 2012). Al revés. ¡Valiente espectáculo está dando la civilización! En vez de quejarnos de las redes sociales como casa tomada, ¿para cuándo las ciudades como espacios protegidos que no pueden perturbar autos de fe, cucusclanes ni clérigos ni legos penitenciales? Donde manda la religión, no duerme nadie.[5]

[1] Tal fue el ideal de la Alianza de civilizaciones: Occidente, cristiano; Oriente, islámico; Israel, ni se discute.

[2] La Ley de 1967 vino con su Registro de entidades religiosas de iglesias, confesiones y comunidades religiosas. La diferencia entre asociaciones y entidades no es menor. asociación (como en ‘asociaciones políticas’, que son los partidos) pone el acento en el componente social. entidad sugiere que un ente existe al margen del factor humano.

[3] Y si, como ha ocurrido este año en Málaga o en Sevilla, tumultos y estampidas o situaciones de pánico se multiplican por Semana Santa, ya verán cómo hay quien patenta semanas santas de riesgo y de ¡pelea, pelea!, mezclas del amigo invisible con San Fermín con tomatinas de agosto con turismo de borrachera y juegos de rol. Juego de rol hubo en Sevilla la madrugá del año 2000, culta y niñata escenificación o performance de Nadie conoce a nadie, novela de Juan Bonilla, un año antes. Puestos a lucubrar, cabe un Camino de Santiago sin señalizar (yincana que el participante tenga que superar) o un rali al Rocío sin caminos ni veredas.

[4] El derecho de manifestación fue solución durante la Segunda República para desfiles religiosos y actos como los funerales. Lo cuenta Juan Cobos Wilkins en su novela Pan y cielo (2015).

[5] Final por Lorca en la Ciudad sin sueño (1929).

Rafa Iglesias marchas-procesionales

Final de Rafa Iglesias: en derecho político, el estado de sitio es un régimen de excepción que debe ser declarado por el poder ejecutivo, en particular por el jefe de Estado, y con la autorización del órgano legislativo correspondiente a ejecutarlo.

Dios los cría. Un soneto inédito de Jorge Carlos Burgos.

 

VIEJO BAJEL VARADO EN EL BAJÍO

Viejo bajel varado en el bajío
bajo los leves velos de la bruma
entre las tenues cintas de la espuma,
¡qué parecido es tu destino al mío!

Lenta la arena que derrama el río
te sepulta. Lenta el agua te acuna
y pasa. Y pasa alta la fortuna,
ave hacia el sur, dejándote en el frío.

Viejo bajel, acaso la tormenta
piadosamente te desguace un día
y el oleaje esparza tu osamenta.

Tal vez tu tablazón en la ribera
hoy arde ya y algún cuerpo calienta.
¡Quizá mi corazón también ardiera!

*


 

bajel. Del catalán vaixell. Antigua embarcación de considerables dimensiones, generalmente de vela. Bajel pirata, el de Espronceda. Vaixell de Grècia, el de Lluís Llach, canción de I si canto trist (1973) que se anticipa a lo que será su Viatge a Ítaca (1975). La vida como navegación o naufragio es alegoría que viene de Horacio (siglo I, a.C.), quien comparó la república romana con una nave a punto de naufragar. La idea se hizo tópico durante el siglo de oro, Fray Luis entre nosotros. La conquista de América había normalizado la navegación de altura ante la navegación costera usual hasta entonces. Moralistas como Quevedo o Argensola, o crispados como Lope de Vega, asociaron navegar con peligro y ambición y aconsejan al alma cristiana no perder el buen puerto seguro donde estaba la salvación, otro tópico, el beatus ille en su vida retirada. El mar ya era el morir en Manrique y “también se muere el mar” fueron palabras finales de Lorca al tercero de los cuatro llantos por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, Cuerpo presente. De barcos y embarcados célebres trataron Lord Byron, Herman Melville (Moby Dick) o Edgar Allan Poe (La narración de Arthur Gordon Pym), junto al embarcado en tierra que fue el marinero de Rafael Alberti. Bajeles varados hay muchos en la reciente literatura; unos, en la tristeza; otros, en Manhattan. El bajel varado de Jorge Carlos Burgos nos recuerda a la Pobre barquilla mía de Lope de Vega y es un bajel varado en río que podría ser el Guadalquivir. Jorge Carlos Burgos es conocido por su libro de poemas Metamorfosis con pérdida de alas que, dentro de la colección Genil, otro río, publicó la Diputación de Granada en 1985. Viejo bajel, soneto posterior a aquel libro o descartado, llegó a Daniel Lebrato en folio mecanografiado cedido por el propio autor. Fue en el Instituto Martínez Montañés, un día del curso 2006‑7, donde los dos servíamos como profesores. Como curiosidad, Metamorfosis con pérdida de alas, número 26 de Genil, fue detrás de Mitología personal de José Antonio Moreno Jurado. No siempre cuando se dice Dios los cría, se dice por vía de mal o de torpeza, sino por todo lo contrario.


Lope de Vega
POBRE BARQUILLA MÍA

Pobre barquilla mía,
entre peñascos rota,
sin velas desvelada,
y entre las olas sola:

¿Adónde vas perdida?
¿Adónde, di, te engolfas?
Que no hay deseos cuerdos
con esperanzas locas.

Como las altas naves
te apartas animosa
de la vecina tierra,
y al fiero mar te arrojas.

Igual en las fortunas,
mayor en las congojas,
pequeño en las defensas,
incitas a las ondas.

Advierte que te llevan
a dar entre las rocas
de la soberbia envidia,
naufragio de las honras.

Cuando por las riberas
andabas costa a costa,
nunca del mar temiste
las iras procelosas.

Segura navegabas;
que por la tierra propia
nunca el peligro es mucho
adonde el agua es poca.

Verdad es que en la patria
no es la virtud dichosa,
ni se estimó la perla
hasta dejar la concha.

Dirás que muchas barcas
con el favor en popa,
saliendo desdichadas,
volvieron venturosas.

No mires los ejemplos
de las que van y tornan,
que a muchas ha perdido
la dicha de las otras.

Para los altos mares
no llevas cautelosa
ni velas de mentiras,
ni remos de lisonjas.

¿Quién te engañó, barquilla?
Vuelve, vuelve la proa,
que presumir de nave
fortunas ocasiona.

¿Qué jarcias te entretejen?
¿Qué ricas banderolas
azote son del viento
y de las aguas sombra?

¿En qué gabia descubres
del árbol alta copa,
la tierra en perspectiva,
del mar incultas orlas?

¿En qué celajes fundas
que es bien echar la sonda,
cuando, perdido el rumbo,
erraste la derrota?

Si te sepulta arena,
¿qué sirve fama heroica?
Que nunca desdichados
sus pensamientos logran.

¿Qué importa que te ciñan
ramas verdes o rojas,
que en selvas de corales
salado césped brota?

Laureles de la orilla
solamente coronan
navíos de alto borde
que jarcias de oro adornan.

No quieras que yo sea
por tu soberbia pompa
faetonte de barqueros,
que los laureles lloran.

Pasaron ya los tiempos
cuando, lamiendo rosas,
el céfiro bullía
y suspiraba aromas.

Ya fieros huracanes
tan arrogantes soplan,
que, salpicando estrellas,
del sol la frente mojan.

Ya los valientes rayos
de la vulcana forja,
en vez de torres altas,
abrasan pobres chozas.

Contenta con tus redes,
a la playa arenosa
mojado me sacabas;
pero vivo, ¿qué importa?

Cuando de rojo nácar
se afeitaba la aurora,
más peces te llenaban
que ella lloraba aljófar.

Al bello sol que adoro,
enjuta ya la ropa,
nos daba una cabaña
la cama de sus hojas.

Esposo me llamaba,
yo la llamaba esposa,
parándose de envidia
la celestial antorcha.

Sin pleito, sin disgusto,
la muerte nos divorcia:
¡Ay de la pobre barca
que en lágrimas se ahoga!

Quedad sobre el arena,
inútiles escotas;
que no ha menester velas
quien a su bien no torna.

Si con eternas plantas
las fijas luces doras,
¡oh dueño de mi barca!,
y en dulce paz reposas,

merezca que le pidas
al bien que eterno gozas
que adonde estás me lleve
más pura y más hermosa.

Mi honesto amor te obligue;
que no es digna vitoria
para quejas humanas
ser las deidades sordas.

Mas ¡ay, que no me escuchas!
Pero la vida es corta:
viviendo, todo falta;
muriendo, todo sobra.


Quevedo
Muestra en oportuna alegoría la seguridad del estado pobre y el riesgo del poderoso.

¿Ves esa choza pobre que, en la orilla,
con bien unidas pajas, burla al Noto?
¿Ves el horrendo y líquido alboroto,
donde agoniza poderosa quilla?

¿No ves la turba ronca y amarilla
desconfiar de la arte y del piloto,
a quien, si el parasismo acuerda el voto,
la muerte los semblantes amancilla?

Pues eso ves en mí, que, retirado
a la serena paz de mi cabaña,
más quiero verme pobre que anegado.

Y miro, libre, naufragar la saña
del poder cauteloso, que, engañado,
tormenta vive cuando alegre engaña.


Horacio, Odas, I, 14, A la república. ¡Oh nave!, ¿vuelves a lanzarte a los peligros de las olas? ¿Qué haces? Apresúrate a ganar el puerto. ¿No ves tu costado desprovisto de remos, rotas tus antenas y tu mástil quebrantado por la violencia del Ábrego, y que sin cables ningún bajel es capaz de resistir el imperioso oleaje? Tus velas están destrozadas, y los Númenes desoyen las súplicas que en tu angustia les diriges.


Odas de Horacio. Traducidas en verso castellano por Fray Luis de León. Oda 14. Libro I. O navis.

OH NAVE

¿Tornarás por ventura
A ser de nuevas olas, nao, llevada?
¿A probar la ventura
Del mar, que tanto tienes ya probada?
¡Oh!, que es gran desconcierto,
¡Oh!, toma ya seguro estable puerto.

¿No ves desnudo el lado
De remos? ¿Y cuál crujen las antenas?
Y el mástil quebrantado
Del ábrego ligero? ¿Y cómo apenas
Podrás ser poderosa
De contrastar así la mar furiosa?

No tienes vela sana,
Ni dioses a quien llames en tu amparo,
Aunque te precies vana
Mente de tu linaje y nombre claro,
Y seas noble pino,
Hijo de noble selva en el Euxino.

Del navío pintado
Ninguna cosa fía el marinero,
Que está experimentado,
Y teme de la ola el golpe fiero:
Pues guárdate con tiento,
Si no es que quieres ser juego del viento.

Oh tú mi causadora
Antes de congoja y de pesares,
Y de deseo agora
Y no poco cuidado, huye las mares
Que corren peligrosas
Entre las islas Cícladas hermosas.


ENLACES

–Jorge Burgos, Metamorfosis con pérdida de alas, disponible en el servidor Los oficios terrestres

enlace a Quevedo: A una nave nueva al entrar en el agua

enlace a Barcos de leyenda.

enlace a la canción Vaixell de Grècia de Lluís Llach

jorge-carlos-burgos

jorge-carlos-burgos-facsimil-bajel-varado


el libro maldito de Romero Murube | sobre el asesinato de Lorca

El poeta denunció en ‘Siete romances’, publicado hace 80 años, el fusilamiento de Lorca. En él deslizó el lugar exacto del crimen tras su visita a Granada en agosto del 36.

Origen: José María Rondón en Diario de Sevilla: El libro maldito de Romero Murube

claves de los Sonetos del amor oscuro.

manuscrito-lorca

La invención de la homosexualidad en
LOS SONETOS DEL AMOR OSCURO
de Federico García Lorca.
Análisis y comentario. Conclusiones: Ctrl+F+**

  1. LOS TÍTULOS.

(por orden de aparición en ABC Cultural, 1984)

  1. Soneto de la guirnalda de rosas
  2. Soneto de la dulce queja
  3. Llagas de amor
  4. Soneto de la carta (El poeta pide a su amor que le escriba)
  5. El poeta dice la verdad
  6. El poeta habla por teléfono con el amor
  7. El poeta pregunta a su amor por la Ciudad Encantada de Cuenca
  8. Soneto gongorino en que el poeta manda a su amor una paloma
  9. ¡Ay voz secreta del amor oscuro!
  10. El amor duerme en el pecho del poeta
  11. Noche del amor insomne.

(reconstrucción por orden alfabético, salen 13 títulos)

Ay voz secreta del amor oscuro

El amor duerme en el pecho del poeta

El poeta dice la verdad

El poeta habla por teléfono con el amor

El poeta manda a su amor una paloma

El poeta pide a su amor que le escriba

El poeta pregunta a su amor por la ciudad encantada de Cuenca

Llagas de amor

Noche del amor insomne

Soneto de la carta

Soneto de la dulce queja

Soneto de la guirnalda de rosas

Soneto gongorino

Todos son títulos de función referencial y modalidad enunciativa afirmativa (de titular), menos Ay voz secreta del amor oscuro, de modalidad exhortativa, que repite el primer verso y servirá de título al conjunto. Seis títulos son oracionales (de sujeto, verbo y predicado) con valor narrativo; cuatro de ellos: sujeto el poeta (El poeta dice, El poeta habla, El poeta manda, El poeta pide, El poeta pregunta) y uno: sujeto el amor (El amor duerme); el resto, va en estilo nominal (sin predicado): cuatro empiezan con Soneto, uno con Llagas y otro con Noche. amor (siete apariciones), poeta (cinco) y soneto (tres) son las palabras recurrentes.

De los verbos, cuatro son de dicción, contacto o comunicación: dice, habla, pide, pregunta; uno, de acción acción: manda, y, otro, de acción estado: duerme. Todo en nominal o en tercera persona. De los adjetivos, uno es obligado (Cuenca, ciudad encantada), otro especificativo (soneto gongorino) y el resto calificativos poéticos de la melancolía: dulce queja, amor insomne, amor oscuro, voz secreta; adyacentes acordes con núcleos sustantivos también poéticos guirnalda, llagas, noche, pecho, queja, rosas, voz. Solo el adjetivo dulce va antepuesto (epíteto). El sustantivo amor tres veces es su amor (persona) y podría serlo en los demás salvo en la Noche del amor insomne, donde amor es sexo (la aurora nos unió sobre la cama, dirá un verso). De todos los amores, el que más podría representar el Amor concepto (no persona ni sexo: Cupido o el Amor alegórico de Dante o de Juan Ruiz) es ¡Ay voz secreta del amor oscuro!, aunque tampoco inequívocamente, ya que el amor termina identificado con el poeta: que soy amor, que soy naturaleza. Neologismo poético: teléfono; locativo: Cuenca.

**Conclusiones a los títulos

El estilo de los títulos cursa por la antigua epigrafía, o manera de titular, vigente desde la Edad Media hasta los tiempos didácticos, cuando era normal que el autor o su editor anticipara la materia, el asunto de un texto que venía a continuación, didactismo que prevalecía sobre la intriga (hoy se diría que autores y editores hacían ellos mismos el spoiler), de donde viene redactar los títulos en tercera persona. De esta manera, se desvía el lirismo (distanciamiento) y se condiciona la lectura; el caso más claro, como después se verá, el del soneto de El amor duerme en el pecho del poeta, único en que coinciden dos adjetivos masculinos que podrían entenderse: amor de hombre con hombre.

  1. LOS SONETOS

La leyenda tejida en torno a los sonetos consistió y consiste en hacer de los sonetos un reconocimiento de homosexualidad por parte del autor. Sin embargo, no hay nada en los sonetos que, literalmente y en comentario de texto, demuestre declaración autobiográfica o confesión personal.

El 22 de mayo de 2015 escribe en ABC Isabel M. Reverte, experta en Lorca: «En los sonetos aparece por primera vez y de forma explícita su reivindicación de la homosexualidad. [hay que demostrarlo, señora Reverte] »La familia no quería publicarlos porque no podía soportar que alguien dijera que Lorca era homosexual. [hay que demostrarlo, familia Lorca] »El entonces subdirector de colaboraciones culturales de ABC, Santiago Castelo, añade que el calificativo de oscuro era un juego que hablaba del amor prohibido entre estos amigos.» [hay que demostrarlo, señor Castelo]

Que alguien demuestre no el nombre y apellidos del hombre amado de carne y hueso (que eso sería pedir biografía, no ciencia literaria), sino algo más simple: dónde, en qué momento y con qué palabras, emisor masculino varón se dirige a o habla de masculino varón. Lorca hizo como otros poetas homos o héteros: dirigirse al amor, que no tiene sexo o los tiene todos.

Estamos hablando de una conmoción editorial que sucedió en 1984. En 1935, cuando Lorca empezó a escribir sus sonetos (a sus 37 años, no era un chaval), como poeta tenía tras sí (por delante, a la hora de escribir) todas estas tradiciones que eran otras tantas maneras de escritura:

–el surrealismo y el propio Lorca de Poeta en Nueva York (desde la Oda a Walt Whitman al Pequeño vals vienés), más la poesía de poetas homo de su generación (Rafael de León, Cernuda, Aleixandre)

–San Juan de la Cruz, con sus canciones entre el alma y el esposo, al fondo el Cantar de los Cantares

–las canciones de amigo

–la copla española

–Góngora y el soneto clásico y, con lo clásico,

–los tópicos del amor platónico (homo erótico), del amor pasión y del amor posesión, con el carpe diem y el tempus fugit.

Con esos mimbres, Lorca deja en sus sonetos estas marcas de género. Y ni una más:

–Son guirnalda de amor, cama de herido,

–Que unidos, enlazados, el tiempo nos encuentre destrozados.

–Pero yo te sufrí, rasgué mis venas, tigre y paloma, sobre tu cintura

–si soy el perro de tu señorío

–estás dormido. Yo te oculto llorando, perseguido.
Pero sigue durmiendo, vida mía.

La única secuencia que no deja dudas de [masculino ama a masculino], lo único que no se podría decir a una mujer, que estaría dormida, va el poeta y lo titula El amor duerme en el pecho del poeta. Entonces, sí. Con ayuda del título (hay sonetos de 15 versos) el neutro amor, o el epiceno amor, sigue siendo sujeto y objeto protagonista. Lorca estaba en la madurez de su oficio muy por encima de sus amantes, de su familia y de España. Y no solo de la España de la República y de Franco. El revuelo estalló en plena democracia: ¡extra!, ¡extra!, ¡Lorca reconoce su homosexualidad! Y ahí destacó el grupo culto mariquita, que por entonces (eran los Novísimos y brillaba Gil de Biedma) extendía la etiqueta de este entiende (queriendo decir: es de los nuestros) a todo lo que se movía en el mundo del famoseo, del arte, de la historia y de la cultura. Y Lorca concitaba todos los conjuros. Pero, en su afán por salir a la luz y normalizar lo normal, el grupo homo olvidó que hay algo mejor que reconocerse. Y es no conocer, que nadie se inmiscuya ni interprete (lo que es o deja de ser). Lorca fue señor administrando su privacidad (que el antifranquismo entendió como represión) mientras que la homosexualidad de salón ya ven en qué ha acabado: en tacones y uñas pintadas para el día del orgullo gai, misa de gallos y de plumas, y ninguna es de Lorca.

**Conclusiones
Al cierre de esta edición hay un par de ideas, que no son nuevas ni son mías, en las que me parece importante insistir. Por un lado, vindicar el pie de la letra del texto, que esa es la materia de la literatura, y dejar para la biografía, que es ciencia bien distinta, los cotilleíllos y entresijos del personaje, que tienen su público y su interés, claro que sí, pero un buen comentarista ha de imaginar que su texto es anónimo, que los sonetos me los encontré, como hojas sueltas en la parada del autobús o en el banco del parque, y que al leerlos ‑estupefacto y absorto- dije: ¡Joder, vaya par de mariquitas! y, encima y además, ¡Joder, por su estilo tienen que ser de Lorca! ¡Eureka, eureka! ¡Encontré el eslabón perdido!

Otra conclusión es que, para hablar de amor, nada mejor, más potente y más místico, que hablar de amor y al amor; mística, palabra bien escogida. Si para expresar lo divino, San Juan de la Cruz acudió al amor humano, al sexo, así la concreta cama que tengo con una persona adquiere una dimensión divina, universal, con solo llamarla amor.

Por último, mi aportación personal: la astucia de los títulos. En particular, del título El amor duerme en el pecho del poeta porque sin título, yo perseguido y tú dormido dejaría manifiesto que tú y yo, vida mía (receptor explícito), somos varones y ¡peligro! Y viene entonces el título a dar el quite, a despejar dudas, y el lector se dejará llevar. Es derecho de Lorca como San Juan de la Cruz pidió ser leído a lo divino donde estudiantes morbosos veíamos sexo y puro sexo, y el profesor: ¡No, no! Ella es la Iglesia y Él, Dios, que esta es la mística, zoquetes míos.

Y un reparo ‑leve‑ entre tanta hermosura (si el alma pudiera decir lo bonitos que son los sonetos). En el Soneto gongorino usa Lorca un do por donde; do que leímos en la rima 4 de Gustavo Adolfo Bécquer: Mientras la humanidad, siempre avanzando, no sepa a camina. En el Soneto gongorino, verso 4, escribe Lorca: llama lenta de amor do estoy parando. Una prueba de que las cárceles no son solo de amor, también de métrica para quien se impone el endecasílabo. Ese do es ajeno al estilo de Lorca[1] (ya era solo de uso literario en tiempos de Bécquer). Lo cual se dice a mayor gloria del resto del léxico empleado, donde no leerán ustedes ni un tal por como ni un *Lejana cual oscura corza herida ni un *Dulce cual sollozo en la nevada, algo que otros hicieron, y ahí está Cernuda. La virtud de la gran poesía hay quien cree que está en la retórica, en la acumulación de artificios; y no: desde Manrique hasta hoy, pasando por estos sonetos del amor oscuro, la virtud de la gran poesía es que se lea y se disfrute con naturalidad.

APÉNDICES para el comentario de textos.

EL LÉXICO de los Sonetos del amor oscuro

LA MÉTRICA de los Sonetos del amor oscuro.

Daniel Lebrato, eLTeNDeDeRo, 11/01/2017

[1] Escrutadas sus Poesías Completas, solo hemos visto do en los Seis Poemas Galegos; gallego do, español de él, naturalmente.

la invención de la homosexualidad en los Sonetos del amor oscuro.

Lorca

Estamos hablando de una conmoción editorial que sucedió en 1984.

En 1935, cuando Lorca empezó a escribir sus sonetos (a sus 37 años, no era un chaval), como poeta tenía ante sí (por delante, a la hora de escribir) todas estas tradiciones que eran otras tantas maneras de escritura:

–el surrealismo y el propio Lorca de Poeta en Nueva York (desde la Oda a Walt Whitman al Pequeño vals vienés), más la poesía de poetas homo de su generación (Rafael de León, Cernuda, Aleixandre)

–San Juan de la Cruz, con sus canciones entre el alma y el esposo, al fondo el Cantar de los Cantares

–las canciones de amigo

–la copla española

–Góngora y el soneto clásico y, con lo clásico,

–los tópicos del amor platónico (homo erótico), del amor pasión y del amor posesión, con el carpe diem y el tempus fugit.

Con esos mimbres, Lorca deja en sus sonetos estas marcas de género. Y ni una más:

–Son guirnalda de amor, cama de herido, [2:9]

–Que unidos, enlazados, el tiempo nos encuentre destrozados. [3:12,14]

–Pero yo te sufrí, rasgué mis venas, tigre y paloma, sobre tu cintura [4:9-10]

–si soy el perro de tu señorío [6:11]

–estás dormido. Yo te oculto llorando, perseguido. + Pero sigue durmiendo, vida mía. [11:2,3,12]

La única secuencia que no deja dudas de “masculino ama a masculino”, lo único que no se podría decir a una mujer, que estaría dormida [11:2], va el poeta y lo titula El amor duerme en el pecho del poeta. Entonces, sí. Con ayuda del título (hay sonetos de 15 versos) el neutro amor, o el epiceno amor, sigue siendo sujeto y objeto protagonista.

Federico García Lorca estaba en la madurez de su oficio muy por encima de sus amantes, de su familia y de España. Y no solo de la España de la República y de Franco. El revuelo estalló en plena democracia: ¡extra!, ¡extra!, ¡Lorca reconoce su homosexualidad! Y ahí destacó el grupo culto mariquita, que por entonces (eran los Novísimos y brillaba Gil de Biedma) extendía la etiqueta de este entiende (queriendo decir: es de los nuestros) a todo lo que se movía en el mundo del famoseo, del arte, de la historia y de la cultura. Y Lorca concitaba todos los conjuros. Pero, en su afán por salir a la luz y normalizar lo normal, el grupo homo olvidó que hay algo mejor que reconocerse. Y es no conocer, que nadie se inmiscuya ni interprete (lo que es o deja de ser).

Lorca fue señor administrando su privacidad (que el antifranquismo entendió como represión) mientras que la homosexualidad de salón ya ven en qué ha acabado: en tacones y uñas pintadas para el día del orgullo gai, misa de gallos y de plumas, y ninguna es de Lorca.

*

eLTeNDeDeRo pone a disposición de quien lo pida un estudio sobre
EL LÉXICO de los Sonetos del amor oscuro y, otro, sobre LA MÉTRICA.


Sonetos del amor oscuro.

Lorca

[1]

 Soneto gongorino

Este pichón del Turia que te mando,
de dulces ojos y de blanca pluma,
sobre laurel de Grecia vierte y suma
llama lenta de amor do estoy parando.

Su cándida virtud, su cuello blando,
en limo doble de caliente espuma,
con un temblor de escarcha, perla y bruma
la ausencia de tu boca está marcando.

Pasa la mano sobre su blancura
y verás qué nevada melodía
esparce en copos sobre tu hermosura.

Así mi corazón de noche y día,
preso en la cárcel del amor oscura,
llora, sin verte, su melancolía.

__________________________

 

[2]

 Llagas de amor

Esta luz, este fuego que devora.
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora.

Este llanto de sangre que decora
lira sin pulso ya, lúbrica tea.
Este peso del mar que me golpea.
Este alacrán que por mi pecho mora.

Son guirnalda de amor, cama de herido,
donde sin sueño, sueño tu presencia
entre las ruinas de mi pecho hundido.

Y aunque busco la cumbre de prudencia
me da tu corazón valle tendido
con cicuta y pasión de amarga ciencia.

__________________________

 

[3]

 Soneto de la guirnalda de [las]

 rosas

¡Esa guirnalda! ¡Pronto! ¡Que me muero!
¡Teje deprisa! ¡Canta! ¡Gime! ¡Canta!
Que la sombra me enturbia la garganta
y otra vez viene y mil la luz de enero.

Entre lo que me quieres y te quiero,
aire de estrellas y temblor de planta
espesura de anémonas levanta
con oscuro gemir un año entero.

Goza el fresco paisaje de mi herida,
quiebra juncos y arroyos delicados,
bebe en muslo de miel sangre vertida.

Pero ¡pronto! Que unidos, enlazados,
boca rota de amor y alma mordida,
el tiempo nos encuentre destrozados.

__________________________

 

[4]

 El poeta dice la verdad

Quiero llorar mi pena y te lo digo
para que tú me quieras y me llores
en un anochecer de ruiseñores
con un puñal, con besos y contigo.

Quiero matar al único testigo
para el asesinato de mis flores
y convertir mi llanto y mis sudores
en eterno montón de duro trigo.

Que no se acabe nunca la madeja
del te quiero me quieres, siempre ardida
con decrépito sol y luna vieja.

Que lo que no me des y no te pida
será para la muerte, que no deja
ni sombra por la carne estremecida.

__________________________

 

[5]

 El poeta pide a su amor que le escriba

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal, la piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí, rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

__________________________

 

[6]

 Ay voz secreta del amor oscuro

¡Ay voz secreta del amor oscuro!
¡Ay balido sin lanas! ¡Ay herida!
¡Ay aguja de hiel, camelia hundida!
¡Ay corriente sin mar, ciudad sin muro!

¡Ay noche inmensa de perfil seguro,
montaña celestial de angustia erguida!
¡Ay perro en corazón, voz perseguida!
¡silencio sin confín, lirio maduro!

Huye de mí, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza
donde sin fruto gimen carne y cielo.

Deja el duro marfil de mi cabeza,
apiádate de mí, ¡rompe mi duelo!
¡que soy amor, que soy naturaleza!

__________________________

 

[7]

 Soneto de la dulce queja

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que me pone de noche en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas, y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

__________________________

 

[8]

 Noche del amor insomne

Noche arriba los dos con luna llena,
yo me puse a llorar y tú reías.
Tu desdén era un dios, las quejas mías
momentos y palomas en cadena.

Noche abajo los dos. Cristal de pena,
llorabas tú por hondas lejanías.
Mi dolor era un grupo de agonías
sobre tu débil corazón de arena.

La aurora nos unió sobre la cama,
las bocas puestas sobre el chorro helado
de una sangre sin fin que se derrama.

Y el sol entró por el balcón cerrado
y el coral de la vida abrió su rama
sobre mi corazón amortajado.

__________________________

 

[9]

 El poeta pregunta a su amor por la ciudad encantada de Cuenca

¿Te gustó la ciudad que gota a gota
labró el agua en el centro de los pinos?
¿Viste sueños y rostros y caminos
y muros de dolor que el aire azota?

¿Viste la grieta azul de luna rota
que el Júcar moja de cristal y trinos?
¿Han besado tus dedos los espinos
que coronan de amor piedra remota?

Te acordaste de mí cuando subías
al silencio que sufre la serpiente,
prisionera de grillos y de umbrías?

¿No viste por el aire transparente
una dalia de penas y alegrías
que te mandó mi corazón caliente?

__________________________

 

[10]

 El poeta habla por teléfono con el amor

Tu voz regó la duna de mi pecho
en la dulce cabina de madera.
Por el sur de mis pies fue primavera
y al norte de mi frente flor de helecho.

Pino de luz por el espacio estrecho
cantó sin alborada y sementera
y mi llanto prendió por vez primera
coronas de esperanza por el techo.

Dulce y lejana voz por mí vertida.
Dulce y lejana voz por mí gustada.
Lejana y dulce voz amortecida.

Lejana como oscura corza herida.
Dulce como un sollozo en la nevada.
¡Lejana y dulce en tuétano metida!

__________________________

 

[11]

 El amor duerme en el pecho del poeta

Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando, perseguido
por una voz de penetrante acero.

Norma que agita igual carne y lucero
traspasa ya mi pecho dolorido
y las turbias palabras han mordido
las alas de tu espíritu severo.

Grupo de gente salta en los jardines
esperando tu cuerpo y mi agonía
en caballos de luz y verdes crines.

Pero sigue durmiendo, vida mía.
Oye mi sangre rota en los violines.
¡Mira que nos acechan todavía!

__________________________

__________________________

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¡y ya son suyos!
*

 

Análisis de los Sonetos del amor oscuro (1) Los títulos

Análisis de LOS SONETOS DEL AMOR OSCURO

[viene de LA INVENCIÓN DE LA HOMOSEXUALIDAD en los sonetos del amor oscuro]

TÍTULOS.

(numerados por orden de aparición en ABC Cultural, 1984)

  1. Soneto de la guirnalda de rosas
  2. Soneto de la dulce queja
  3. Llagas de amor
  4. Soneto de la carta (El poeta pide a su amor que le escriba)
  5. El poeta dice la verdad
  6. El poeta habla por teléfono con el amor
  7. El poeta pregunta a su amor por la Ciudad Encantada de Cuenca
  8. Soneto gongorino en que el poeta manda a su amor una paloma
  9. ¡Ay voz secreta del amor oscuro!
  10. El amor duerme en el pecho del poeta
  11. Noche del amor insomne.

(por orden alfabético)

Ay voz secreta del amor oscuro
El amor duerme en el pecho del poeta
El poeta dice la verdad
El poeta habla por teléfono con el amor
El poeta pide a su amor que le escriba
El poeta pregunta a su amor por la ciudad encantada de Cuenca
Llagas de amor
Noche del amor insomne
Soneto de la dulce queja
Soneto de la guirnalda de rosas
Soneto gongorino en que el poeta manda a su amor una paloma

A todos puso título el poeta (función referencial, de titular) menos Ay voz secreta del amor oscuro (modalidad exhortativa), que repetirá el primer verso y servirá de título al conjunto, entre los cuales el seis ocupa el lugar central. Todos los títulos son de modalidad enunciativa afirmativa: cinco títulos oracionales (de sujeto, verbo y predicado) con valor narrativo; cuatro de ellos: sujeto el poeta (el poeta dice, el poeta habla, el poeta pide, el poeta pregunta) y uno: sujeto el amor (el amor duerme); los otros cinco títulos van en estilo nominal (sin predicado): tres títulos empiezan con soneto, uno con llaga y otro con noche.

amor (siete apariciones), poeta (cinco) y soneto (tres) son las palabras recurrentes. Resulta evidente la falta de primera persona. Todo va en nominal o en tercera singular: verbos, determinantes. De los verbos, cuatro son de dicción, contacto o comunicación (dice, habla, pide, pregunta), y uno, de acción estado, duerme. De los seis adjetivos, uno es obligado (Cuenca, ciudad encantada), otro especificativo (soneto gongorino) y los otros calificativos entran de lleno en la koiné poética de la melancolía: dulce queja, amor insomne, amor oscuro, voz secreta; acordes con los sustantivos también poéticos guirnalda, llagas, noche, pecho, queja, rosas, voz. Solo el adjetivo dulce va antepuesto. El sustantivo amor tres veces es su amor (persona: sonetos 4, 7, 8) pero podrían serlo además el 6 y el 10: *El poeta habla por teléfono con su amor y *Su amor duerme en el pecho del poeta. En el soneto 11, amor es sexo (la aurora nos unió sobre la cama, dirá un verso). De todos los amores, el que más podría representar el Amor concepto (no persona ni sexo: Cupido o el Amor alegórico de Dante o de Juan Ruiz) es el 9, aunque tampoco inequívocamente, ya que termina identificado con el poeta, que soy amor, que soy naturaleza. Neologismo poético: teléfono; locativo: Cuenca.

*
(continuará)


la invención de la homosexualidad en los Sonetos del amor oscuro de Federico García Lorca.

Lorca

 

Los sonetos del amor oscuro escenifican la prevalencia de la biografía sobre el texto. La leyenda tejida en torno a ellos consistió y consiste en hacer de los sonetos un reconocimiento de homosexualidad por parte del autor, Federico García Lorca. Sin embargo, no hay nada en los sonetos que, literalmente y en comentario de texto, demuestre declaración autobiográfica o confesión personal (lo del escándalo es juicio de valor y el escándalo vende, y el comentario de texto no está para juzgar ni para vender).

El 22 de mayo de 2015 escribe en ABC Isabel M. Reverte, experta en Lorca:

«En los sonetos aparece por primera vez y de forma explícita su reivindicación de la homosexualidad.

[hay que demostrarlo, señora Reverte]

»La familia no quería publicarlos porque “no podía soportar que alguien dijera que Lorca era homosexual”.

[hay que demostrarlo, familia Lorca]

»El entonces subdirector de colaboraciones culturales de ABC, Santiago Castelo, añade que el calificativo de oscuro era un juego que hablaba del amor prohibido entre estos amigos.»

[hay que demostrarlo, señor Castelo]

Comentarios así, a puñaítos.

Frente a tamaña unanimidad, eLTeNDeDeRo agradecería que alguien demuestre: aquí, en esta palabra o en este verso, aquí o aquí (señalando con el dedito), aquí radica la declaración de homosexualidad o la prueba del hombre de carne y hueso.

En realidad, Lorca actuó como otros poetas homos de su generación como Aleixandre o Cernuda (por no hablar de los sonetos de Shakespeare o de los versos libres de Walt Whitman): dirigirse al amor, receptor masculino que igual esconde el amado de las canciones de San Juan de la Cruz (¿hubiera estado bien visto un varón receptor de sus canciones?), que una lesbiana que un mariquita o que un amor heterosexual. Analizaremos uno a uno los masculinos de los 11 sonetos. Mañana en eLTeNDeDeRo. Se admiten ideas. [enlace a Historia oculta de los sonetos.]

la Xirgu, el botón de la pajarita.

En español se llama el chocolate del loro a lo que menos cuenta en la economía de una casa y de lo cual se prescinde cuando llega la hora de reducir gastos. En sentido amplio, el chocolate del loro significa lo que menos importa. Viene esto a cuento de La Xirgu, película que el 21 de noviembre se estrenó en la televisión catalana y el 21 de diciembre se estrenará en la andaluza. No se la pierdan. Margarita Melgar, guionista, novela y juega en La Xirgu con dos incógnitas que ella y Sílvia Quer, directora, acaban haciendo creíbles: la voz de Federico García Lorca (todavía en sebusca en los archivos sonoros) y qué relación tuvo, entre la admiración mutua o los celos, Valle‑Inclán con Lorca o Lorca con Valle‑Inclán, de quien Melgar hace el gran personaje argumento sorpresa. Un leve fallo tiene la película. La pajarita de Lorca (Fran Perea) deja ver el hueco del botón del cuello de la camisa, algo que Federico jamás se hubiera permitido, esa pajarita descolgada, y ahí están (a falta de saber a qué sonaba su voz) las muchas fotos que se conservan de él. El chocolate del loro, o sea, el botón de la pajarita. Que todos los dineros de las televisiones públicas se inviertan en proyectos tan hermosos como este. Grande como la Xirgu, Laia Marull.

Margarita Xirgu en la Wiki

–Valle Inclán y García Lorca frente a frente, (enlace a Complemento Agente)

La Xirgu, la película:

ficha técnica

tráiler

la película completa (84:11 minutos, hay que saltarse algún anuncio)

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Pie de foto: García Lorca, Pura Ucelay y Valle-Inclán en el estreno de Yerma, Teatro Español de Madrid, 29-12-1934.

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Omega.

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Ya no recuerdo si yo regalé el disco a mi hijo o si mi hijo me lo regaló a mí. Fui a Omega como quien va a un musical (el documental habla, el musical canta, toca y baila, escenifica). En un momento dado, muchos, según avanzaba la película, llegó a molestarme tanta palabra. Yo quería oír y ver Omega en directo, Omega en estudio, inéditos y tomas falsas de Omega, las pistas extras (o bonus tracks). No pudo ser. A ver si el equipo se anima y hace de Omega, el disco, lo que se hace con estrenos de ópera y con conciertos que marcaron época o tendencia: una grabación (sobre una grabación) histórica.

Leído en Tinta de calamar (2014):

TdC-717: El último vals (The last waltz, 1978), de Martin Scorsese, es una película o documental musical de 117 minutos, con Eric Clapton, Neil Diamond, Bob Dylan, Emmylou Harris, Van Morrison, Ringo Starr y Neil Young, entre otros, quienes participaron en el último concierto del grupo de rock The Band, dado en San Francisco en noviembre de 1976. Pero el último vals fue en realidad pequeño y vienés, Take this waltz, canción de Leonard Cohen, de su álbum I’m your man (1988), adaptación del Pequeño vals vienés de Federico García Lorca, a quien Cohen admiraba tanto, que su hija se llama Lorca. Ocho años después, la canción de Leonard Cohen fue interpretada por Enrique Morente y Lagartija Nick en su álbum Omega (1996 y 2008). Dice Albert Lladó que Morente sabía que juntarse con un grupo de rock indie podía afectar a su carrera. Lorca no era nuevo en el flamenco. Estaba el Lorca claro de La leyenda del tiempo de Camarón, de 1979, y Morente iba a atreverse con el Lorca más oscuro. Por el flamenco corrían tiempos de fusión y lo de más era mezclar flamenco y rock. Lo de menos, llegar a un acuerdo con Leonard Cohen. Había por medio un batiburrillo de derechos de autor, familia Lorca al fondo. En 1993 Enrique Morente y Leonard Cohen quedaron en el hotel Palace de Madrid. Ni Cohen hablaba español ni Morente inglés, pero hubo química. Omega iba creciendo. El cantaor llamó a los mejores, Vicente Amigo, Cañizares, Isidro Muñoz, Tomatito, y a su hija Estrella. Yo estaba loca por llegar a casa, soltar la carpeta, sentarme a la chimenea y escuchar qué se le había ocurrido esa tarde a mi padre.

TdC-720: Alberto Manzano, escritor y traductor de Leonard Cohen al español, se sintió frustrado cuando vio que Morente hacía con sus textos lo que le daba la gana. Mis adaptaciones las cambió a su antojo in situ, sin consultarme. Enrique Morente Cotelo (1942-2010) no era cualquiera. Se había ganado el respeto de los puristas y había impartido conferencias en la universidad. Omega no es un trabajo que busque la belleza blanca y unidireccional, lo estético por lo estético. Es un canto a los muertos, un réquiem que sangra modernidad que nos lleva al Lorca más jondo. El guitarrista Juan José Suárez, Paquete, recuerda que el maestro le preguntó qué le parecía el disco y que, al contestarle Muy bonito, el cantaor replicó Yo no quiero que sea bonito. En plena grabación murió la madre de Morente y el hijo entiende que Omega, poema para muertos, dará título al álbum, que será un canto a los que ya no están. Se cayeron las estatuas al abrirse la gran puerta. Además de Take this waltz, en Omega hay otras tres canciones de Leonard Cohen. First we take Manhattan, Priests y Hallelujah. Que me perdone Ana Belén, que también cantó el vals, pero cuando escucho Omega tengo que ponerme gafas de sol. Poema de ida y vuelta, de Nueva York a Granada, de Granada a Montreal y de Montreal otra vez a Granada, Pequeño vals vienés lo escribió Lorca el 13 de febrero de 1930. Morente murió el 13 de diciembre de 2010. Porque te quiero, te quiero, amor mío, en el desván donde juegan los niños.

omega

arte mayor, arte menor y arte real


cantar y contar | sociología de la métrica española | verso y versificación | imparisílabos y parisílabos

Es curiosísima ‑y por alguna razón, nunca explicada‑ la asociación que se produce entre la respiración del romance octosílabo, que tiende a la narración, y la respiración de los versos de 5, 7 y 11, que tienden a la lírica sentimental.

Quien hoy quiera contar algo que pueda parecer heroico, trágico o mítico, y lo quiera contar en registros de la llamada literatura popular, dispone del cuento o leyenda o de la versificación por octosílabos. Por su fácil memorización y en géneros orales (anteriores a o al margen de la imprenta), el octosílabo asonantado se impuso desde la serie épica de tres mil y pico versos de los cantares de gesta, hasta los romances de la Reconquista, la copla en cuarteta o tercerilla (soleá, en métrica andaluza), el pareadillo (o aleluya) o ya el refrán. Este ir reduciéndose los poemas es mecanismo de defensa de la memoria por salvar del naufragio lo esencial o la moraleja, recorrido que no comparte la versificación imparisílaba de heptasílabos y pentasílabos de la lírica tradicional, cuya estrofa reina es la seguidilla. Una y otra versificación cargan con el nombre de arte menor (¿menor en importancia o menor en cantidad silábica?) desde que un fraile clasificó así la obra de juglaría con ánimo de mayor para su mester de clerecía.

Medir (juzgar) lo culto y lo popular según la medición del verso (larga o corta como las luces de un coche o como disputa de varón con varón por ver quién la tiene más larga) demuestra su estupidez ante el selecto club del arte real: versificación culta trovadoresca, de influencia francesa, a base de octosílabos consonantados, tipo Coplas de Manrique. Lo de real se le puso por oposición al arte mayor castellano, tipo Trescientas de Juan de Mena, denominación que estuvo vigente muy breve tiempo en la poética castellana, desde el último cuarto del siglo 15 hasta mediado el 16, cuando triunfó y se impuso el endecasílabo italiano, el que, todavía y no bien explicado, se enseña como arte mayor. [1]

Sea como sea, al español le quedó la versificación (mejor que el verso) en imparisílabos, para la lírica, y ahí está San Juan de la Cruz o las Nanas de la cebolla; o en parisílabos, para la narración, y ahí están La canción del pirata o el Romancero de Lorca. Cantar o contar. Naturalmente, hablamos de tendencias, lo que no quita un Romancero de ausencias, como el del propio Miguel Hernández, o lo que a usted, que esto lee, se le ocurra escribir o experimentar.

♦♦

[1] 1496: Arte de poesía castellana de Juan del Enzina. 1543: Obras de Boscán y Garcilaso.

Decid, hombres, el hombre

Titánic

DECID, HOMBRES, EL HOMBRE

A los hijos de corazón empedernido, les dirás:

Así dice el Señor. (Ezequiel 2:4)

Intelijencia, dame,

el nombre exacto de las cosas. (J.R.J.)

No duerme nadie por el cielo. (F.G.L.)

1.

No digáis las mujeres

y los niños primero

ni pongáis por delante

a mujeres y niños

como escudos humanos

en las redes sociales

y en los telediarios.

Decid, hombres, el nombre

exacto de las cosas:

hombre. ser racional.

frases la explotación

del hombre por, etcétera.

No se salva aquí nadie

sin que todos se salven.

2.

Mientras tenga misiles

apuntándole al mundo,

no digáis que qué bien

una woman al mando

en Estados Unidos.

Ni digáis que qué mal

lo que sufren los críos

y crías que nos miran

con ojos de campaña

o anuncio de oenegé.

Femenino y varón,

gigantesco y enano,

un hombre solo es todos

los hombres ‑dijo Borges‑.

3.

No habrá un niño que sufra

cuando no sufra el padre

ni mujeres al frente

cuando el frente no exista.

Sin armas, sin soldados,

sin guerras, no habría infancia

ni adultos ni países

jodidos o jodiéndonos.

(Tampoco esta dudosa

prosía que ahora escribo.)

Decid, hombres, el hombre

‑los hombres también lloran‑.

Moved su corazón

y el vuestro empedernido.


 

Alberti, el segundo de la clase

rafael alberti con daniel lebrato cádiz 16 12 1996 libro quién como yo dos fotos
Daniel Lebrato recibe un sobre de Rafael Alberti. La botella de agua fue protagonista.

ALBERTI, EL SEGUNDO DE LA CLASE

A galopar hasta enterrarlos en el mar

El 2, de Géminis y de Caín y Abel, es el número de la literatura española. Dos son los personajes de las grandes obras: Quijote y Sancho, Zifar y Ribaldo, Calixto y Melibea, Lucanor y Patronio, Lazarillo y el ciego, el galán y el gracioso, la dama y la criada, Tenorio y Mejías, Belarmino y Apolonio, Fortunata y Jacinta, Leandro y Crispín, Cipión y Berganza, Max Estrella y Don Latino, Rubén Darío y el marqués de Bradomín. De a dos se nos presentan autores como el Arcipreste y don Juan Manuel, San Juan y Santa Teresa, Góngora y Quevedo, los Argensola, los Moratín, los Machado o los Quintero; o, en el 27, Lorca y Alberti. A uno que hubo que fue único, le salió un doble: Avellaneda, de Cervantes. Y siempre nos ha parecido que hay que elegir entre dos: entre el arte mayor y el menor, clerecía o juglaría, entre el verso y la prosa, entre la izquierda y la derecha de las dos Españas, entre arraigados y desarraigados, entre apocalípticos e integrados. En el caso de Alberti, la operación de denigre consistió en compararlo a peor con el asesinado García Lorca, con quien Alberti sale fotografiado en el homenaje a Góngora, Ateneo de Sevilla, 1927. Pero que hablen las obras por fechas, y juzguen, si Alberti o Lorca, quién dio primero:

LORCA (1898‑1936) ALBERTI (1902‑1999)
Granada El Puerto, Cádiz
1 popularismo Romancero gitano (1928) Marinero en tierra (1924)
2 surrealismo Poeta en Nueva York (1930) Sobre los ángeles (1929)
3 elegía Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935) Verte y no verte (1935)
4 teatro La casa de Bernarda Alba (1936) El adefesio (1944)
5 pareja actriz (1) Margarita Xirgu (1888‑1969) Núria Espert (n.1935)
  • Las dos, catalanas. Es curiosidad.

La tabla indica que en 1 y 2 Alberti fue por delante de Lorca; en 3, a la par y en 4, por detrás: dos victorias, una derrota y un empate, lo cual es una tontería decirlo así pero por los tontos se dice y se escribe. Los tontos que medio justificaron la muerte de Lorca y luego argumentaron que su temprana muerte le había hecho un favor, al convertirlo en leyenda, para, por contraste, hundir la obra y la figura de otros poetas vivos, principalmente Rafael Alberti, quien, es cierto ‑y normal, en una biografía casi centenaria como la suya‑, tuvo desmayos y caídas poéticas espantosas, una vejez fea como todas las vejeces, con la desfachatez de casar a sus 88 años con una de 44 y que, para colmo, militó en el Partido Comunista, alentó la lucha del exilio y desde su exilio se atrevió a preguntar ¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora? (1953), que cantó Aguaviva, como su Galope, de 1938, se haría en Paco Ibáñez, A galopar (1967).

Alberti y Pasionaria 13 de julio 1977

Hombre de fotos, Rafael Alberti integraría con Dolores Ibárruri, Pasionaria, la mesa de edad que presidió las primeras Cortes democráticas (13 de julio de 1977). Quedamos, Rafael. ¡Hasta enterrarlos en el mar!


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