Juana, genio y figura.

Juana

Si un tema hay gastado y derretido para hacer literatura, ese es la muerte; más que el amor. La muerte sigue siendo como en tiempos de Manrique. Lo más que hacemos es ponerle un nombre o una cara y aportar algún punto de vista, religioso o civil. Aquel Llanto de Lorca.

Cuando murió mi madre, que era una anciana balilla de mal asiento que no dejaba vivir a nadie, quise que mi familia mandase poner esta corona firmada por “tus hijos y tus nietos”:

«Descansamos, o descansemos, en paz.»

Mamá lo comprendió y salió por donde costumbre:

–¡Hay, Daniel, como se entere tu padre, el disgusto que le vas a dar!

O quizá por esta otra petenera:

–¡Hay, Daniel, qué pamplinas tienes!


Juana

Ahora ha decidido dejarnos –me avisó su yerno Salva, titular de la etiqueta “suegra”– nuestra amiga Juana de Sanlúcar, a quien yo llamaba Reina de la Ibense porque era donde me la encontraba sin falta al desayuno, lo mismo que yo no faltaba a mi cerveza, siempre en Plaza del Cabildo.

Juana era de esas señoras con todo viento a favor: su ser de Iglesia hasta en la iglesia tener su sitial, su ser de derechas, señora de, excombatiente de la Acción Católica, su hablarle de tú al señor cura párroco y, casi, casi, al mismo Dios (que estará San Pedro que no sepa el hombre dónde meterse); su distinguida elegancia, su mirar por encima a esta España de la que yo gustaba pincharla para que largase, como se suele decir, por esa boquita. ¡Y vaya si largaba!

Quizá el ver en mí a un poeta comunista de pinta aristocrática (vieja bici BH, bastón de caña, lazo y panamá) nos unió en un raro anacronismo, en una complicidad para reírnos del mundo:

–Juana, igual que en tu iglesia del Carmen hay nave de epístola y nave de evangelio, así yo, en mi chaleco traje, llevo dos bolsillos con monedita suelta: el de la derecha para propina y el de la izquierda para limosna. Todo menos decir: ¡No llevo suelto!

Últimamente estaba faltando a clases en la Ibense y yo la apremiaba con este canto de Esperanza de vida:

–Con tantos años cumplidos, ¿qué más te daba cumplir unos añitos de más? Siquiera por alargarnos el sueño de quienes vamos detrás.

No me ha hecho caso. Mis palabras a lo mejor mienten; mi egoísmo, no.

El genio sabe que el genio sin figura no va a ninguna parte.

Genio y figura, Juana.

/ a Juana Domínguez Hermosilla /
–1 de junio de 2020–

esquela JUANA

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