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las completas son para el verano.

la odisea en mi teléfono

La iniciativa privada, más que la planificada, lanza al mercado productos que son como estrellas en el espacio infinito: su luz nos llega pero, en realidad, ya no existen, o lo que es igual: inventos que se saben superados por ciencia y tecnología, hay que venderlos o se siguen vendiendo por esconder la ruina que sería retirar el producto del mercado.

En correspondencia con el despilfarro de salida (de vender obsoletos “a los que hay que dar salida”) está el despilfarro de inicio: carrera que estamos viendo entre potencias por cuál llega primera a la vacuna anticovid19. La Oms hará que prevalezca la libre competencia. De esta salimos entre todos: unos, vacuna y, otros, vacunados.

Igual disparate, de entrada y salida y circulación de mercancías obsoletas, escenifica el objeto libro. La disputa entre el libro de papel y el digital será barrida por una imposición: nuestros nietos no tendrán librería en su casa; sí artilugios digitales como el teléfono ordenador que llevan en el bolsillo. De emisor a receptor, el problema está resuelto, pero dígaselo usted a la guardia pretoriana del que llaman libro, con desprecio a esos aparatos que tienen a la juventud cautiva y alienada. (Ver comparación con el mundo del toro: [1] )

la odisea en mi teléfono detalle

De todos los lenguajes por tipo de archivos, extensiones o programas, el que funciona para teléfonos inteligentes es el lenguaje html. Y quienes hemos publicado en libro imprenta, deberíamos pasar nuestras obras completas o escogidas a html, y mientras estemos vivos.

Todavía libros analógicos lanzan al mercado estrellas cuya luz ya no existe más que como museo, no como formas de vida y esperanza. También ahí lo que prevalece es el venda yo caliente y ríase la gente, que es otra forma, además, de hacer el ridículo o de reírse de la gente: autores noveles, librerías pequeñas tiendas de proximidad, etc, etc, etceterá.

Queden ustedes con una muestra de libros del canon que, libres del hierro © de copyright, pueden leer en su teléfono y librería de bolsillo. Son del fondo Proyecto Gutenberg (desde 1971), publicados o traducidos al español castellano. Pruébenlos y disfrútenlos a la sombra del chiringuito o de un buen vino. Ni el libro Kindle ofrece mejor lectura.


Proyecto  Gutenberg
algunos títulos en castellano para leer en pantalla

CÁNDIDO (Voltaire)

COMPLETAS de Rubén Darío

DON QUIJOTE

EL ÁRBOL DE LA CIENCIA

EL BUSCÓN (Quevedo)

ESCOGIDAS de Antonio Machado

LA BUSCA

LA CELESTINA

LA COMMEDIA de Dante

LA ILÍADA

LA LOZANA ANDALUZA (Francisco Delicado)

LA ODISEA

LA REGENTA

LAS MIL Y UNA NOCHES edición Vicente Blasco Ibáñez

LAZARILLO DE TORMES

NOVELAS EJEMPLARES

[1] La resistencia del mundo Gutenberg ante lo que es evidente, figura al mundo del toro. Tauromaquia de sangre no podrá haber, porque, sobre los discursos de la tradición o la fiesta o la españolidad, llegará el comandante mundial No al maltrato animal, y mandará parar.


la odisea en mi teléfono

la industria cultural.

FNAC

La secuencia “la industria cultural en España” arroja en Google 119 mil resultados y “la industria cultural española” 31.600. Hablamos de periódicos como Público o El Mundo, y de entidades como el BBVA. industria, del latín industria, es palabra que ha ido ampliando su campo de significación; campo que va del individuo al colectivo, y de lo manual a lo abstracto: 1. Maña y destreza o artificio para hacer algo. 2. Conjunto de operaciones materiales ejecutadas para la obtención, transformación o transporte de uno o varios productos naturales. 3. Instalación destinada a la industria [fábrica, factoría, taller]. 4. Suma o conjunto de las industrias de un mismo o de varios géneros, de todo un país o de parte de él. La industria algodonera. La industria española. Negocio o actividad económica. La industria del espectáculo. La industria del turismo. Hasta ahí el Dile. Vamos ahora con la industria cultural.

Decimos industria cultural lo mismo que decimos ingeniería financiera, biomédica, genética o industrial, donde la palabra ingeniería, “técnicas para el aprovechamiento de los recursos naturales o para la actividad industrial”, acaba adquiriendo un valor de uso semejante al de las palabras ciencia (ciencia biomédica), técnica (técnica genética) o investigación (investigación industrial), que serían sus sinónimos. Pero, cuidado, industria y cultura son términos opuestos: industria pertenece al mundo económico (es sector secundario o de transformación, según los repartos de la economía clásica), mientras cultura y arte pertenece al mundo improductivo (es ocio, al menos para una de las partes).

Poniendo algunos ejemplos, sería industria cultural la producción y comercialización de lienzos y bastidores, óleos y pinceles, paredes y museos para el cuadro de Velázquez, pero no el genio ni el talento de Velázquez. Sería industria cultural la producción y comercialización de vinilos o discos y micrófonos, estudios de grabación o auditorios para oír a los Beatles, pero no las habilidades creativas de los Beatles, o de Lennon y McCartney, que procesan por la privada, nunca sus derechos de autor son patrimonio del Estado ni contribución al pib de su país.

Es ahí donde el factor humano, de cultos y artistas, quiere meterse de polizón: yo el poeta, como parte de la industria cultural, soy pib, creo riqueza y empleo y levanto el país. ¡Vamos allá! Yo el poeta quiero igualarme con una tradición de poetas que han ido antes que yo (yo, el enano en hombros de gigantes) y quiero ser el motor de actividades manuales que abomino: ¿fabricar lienzos?, bastidores?, óleos?, pinceles?, discos o vinilos?, museos y auditorios? O actividades económicas que me apropio: turismo, hostelería, viajes y agencias de viaje, bares y restaurantes que harán negocio por cuanta gente acuda a ver mi cuadro (no siendo yo Velázquez: nadie) o a mi concierto (nadie, no siendo yo los Beatles). Así el sector del libro de papel, tan necio últimamente, mezcla y confunde la musa puesta en libro, con manufacturas reales de papel, de máquinas de imprimir, de puntos de venta o librerías que efectivamente son negocio, y no ocio, pero yo me sumo como poeta al sector manual y cuelo, a ver si cuela, que no solamente la creación es un sector estratégico y vital para la marcha de la economía de mi país, sino que yo con mi creación debo ser tratado como especie protegida.


El libro como voluntad y representación.

FNAC

Al repasar yo ahora Gigantes o molinos (2 de mayo 2015), título que di hace cinco años a lo que fue una historia de acoso laboral -repaso que he titulado a la inversa, Molinos o gigantes-, me he dado cuenta que aún me lastra un estilo curricular, por veces funcionario, que puede endurecer la lectura. No obstante eso, y por amor a la verdad, he dejado el estilo tal cual estaba, pensando que, quien quiera leer, sabrá distinguir y apreciar el paño. Se trata de un relato que exige el documental, más que la ficción o la metáfora, por sucesos de hace más de veinte años y que, al principio, solo estaban en la cabeza del presuntamente acosado (donde el ‘presunta’ es concesión de inocencia o culpabilidad, como suele exigirse en estos casos).

Todo empezó a agitarse en mi cabeza el 9 de julio. Hipólito G. Navarro en su Facebook hizo la siguiente pregunta “al dedo fácil del megusta” de sus cinco mil amistades: «¿Le parece a usted bonito que el propio autor deba hacerse con un buen puñado de ejemplares antes de una destrucción parcial de existencias en los almacenes de la editorial por acumulación de títulos?» La preguntita de Hipólito y el abierto reproche de ¿le parece bonito? me derivaron a reflexiones tangentes o paralelas:

Penúltimos percances : el libro de papel frente al teléfono móvil como economía o modo de vida,

Forma y función del megusta (en prensa)

El libro como voluntad y representación:

  • El libro como igualación con los clásicos.
  • El libro como mercancía relativa, pues si no queda satisfecho, NO le devolvemos su dinero.

El libro de librería ejemplifica el «tonto el que lo lea» puesto que, si usted no lo compra o no recibe alguna muestra gratuita para su degustación (lo hace Kindle: “descargar fragmento”), ¿cómo sabe usted si el libro le va a gustar o no? “Tonto el que lo lea” porque usted ya ha sido tonto, ya lo ha comprado, y ahora, a ver, qué hace usted con el dichoso libro.

enlace a Molinos o gigantes, publicaciones de [eLSoBReHiLaDo]

 

libros de papel: penúltimos percances.

Los últimos percances

2005. Hipólito G. Navarro publica Los últimos percances, relatos (Seix Barral, 2005), que incluye, sin aviso al consumidor, relatos de El aburrimiento, Lester (Anaya, 1996) y Los tigres albinos (Pre-Textos, 2000). De los 77 relatos anunciados en contraportada, solo 24 son inéditos, un 31,17 por cien, ni la tercera parte del libro. En términos de páginas hábiles (cuyo número sirve para tasar el libro), un 74,64% de páginas me estaban sobrando pero yo no lo sabía: ese truco en celofán del libro en librería. No recuerdo el precio por caja; sí, que pagué el cien por cien.

El aburrimiento, Lester
Lo que el autor no quiere ver: uno de los libros que insiste en vendernos dos veces.

2020. Quince años después, el 9 de julio 2020, Hipólito G. Navarro en su Facebook hace la siguiente pregunta al dedo fácil del megusta de sus cinco mil amigos: «Pregunta destinada al dedo fácil colectivo del me gusta de los 5.000 amigos de Facebook: ¿Le parece a usted bonito que el propio autor deba hacerse con un buen puñado de ejemplares antes de una destrucción parcial de existencias en los almacenes de la editorial por acumulación de títulos debida a la situación sobrevenida por la pandemia del Covid19? [Nota de eLTeNDeDeRo. Tres meses de Covid19 dentro de los 15 años de ejemplares en venta, no tienen nada que ver: todo menos reconocer el autor su fracaso ante Seix Barral por una edición demasiado numerosa o demasiado hinchada que, a falta de hinchas, no ha cumplido sus expectativas.] Una aclaración, vistas las primeras respuestas. La pregunta va dirigida no a la editorial, que se empeña lo suyo en publicar al autor, sino a los tantísimos me gusta que recibe el autor que no se traducen casi nunca en adquisiciones y lecturas. De esa perversión se trata ahora. Segunda aclaración, vistas las segundas respuestas, tan emocionantes hoy porque parecen verdaderas. La editorial sigue teniendo ejemplares, y puede servir a librerías. Pero no deja de doler por eso una destrucción parcial. Es como si le cortaran a uno un brazo, una pierna, ¿una nariz?»

De las respuestas, el oportunista que no falla para auto promocionarse: Jesús Barroso Torres: «Querido Poli: Me ha pasado igual con mi último libro de poesía, Contrapunto y fuga: he tenido que comprar algunos ejemplares antes de su destrucción por cierre de la editorial. Una pena.»

Y el que la clava y [eLTeNDeDeRo] suscribe: José Luis Trullo. «A usted le parece una perversión que yo le dé me gusta a un estado suyo que me ha gustado pero no compre su libro. A mí me parece una perversión que tras mi gusto espere usted una venta, ya ve.» Repetimos: Me parece una perversión que tras mi gusto espere usted una venta.


Casos que vienen a cuento para ver cómo está el patio.

Un coetáneo de Hipólito G. Navarro hace a un hijo suyo, nacido en 1991, fundador de un sello editorial. Menuda carrera le espera.

Autoeditores.com (el autor compra su propia edición): PuntoRojo, UnoEditorial, Autoediciones, Extravertida.es.

Extravertida.es incluso se permite burlas con lectores que querrían el libro en digital (y, presuntamente, gratis), no se lo pierdan:

Extravertida Editorial

Si a esto unen el lloriqueo del sector pequeñas librerías, de cierre inevitable como han cerrado salas de cine, el sector literatura retribuida está fatal. La Galaxia Gutenberg, antes de extinguirse, nos tocará las teclas y más. Hoy el libro de bolsillo es el móvil dispositivo o celular que llevamos en bolsos y bolsillos, que no podrán negar.

Gutenberes, déjenlo ya.

Y conste que a Hipólito lo sigo, lo compro, lo quiero y hasta lo imito, como él bien sabe.


La posdata la pone Hipólito G. Navarro, en respuesta a esta entrada al día siguiente:

«Esto es ‘ansí’, Daniel Lebrato. Si tienes la desgracia/suerte de escribir en julio de 1981 un cuento que desarrolla su peripecia en una bañera, Sucedáneo: pez volador, y cuarenta años después no se te ha ocurrido otro de ese cariz, habrá que seguir alimentando al pescaíto de la mejor manera que se pueda. Si de camino con todo eso damos cancha por igual a los amigos y a los desalmados a expresar sus cuitas, tanto mejor.«

Y termina con esta auto promoción:

»En cuestión de pequeñas editoriales, una que me gusta y me da alegría por el homenaje que en sus cubiertas hace de mi cuentecillo es esta: Pez Volador Colección. Buen día, muchacho.»

Buen día, Hipólito.


CONTINÚA en [eLSoBReHiLado]

escribir en los tiempos del cólera (2).

escribir es compartir por Kindle o dispositivo.

Kindle 1
Así es la vida, en Kindle.

Para compartir una obra escrita en Word, el escritor (como emisor) guarda su original como Texto sin formato, archivo.txt. Ese archivo.txt lo lanza o lo comparte vía correo electrónico o mensajería o whatsapp; también puede alojarlo en plataformas tipo Dropbox o Google Drive desde donde luego compartirá el enlace.

1
Kindle, a vista de Explorador de Archivos.

El receptor copia y pega ese archivo (mediante Kindle al PC por puerto USB y Explorador de archivos). Ya tiene el libro en su poder listo para leer en pantalla. Kindle nos dará a elegir: tipo de letra (normal, condensada, sans serif), interlineado (pequeño, mediano, grande); además podrá optar a leer en vertical u horizontal.

2
Contenido de mi Kindle.

Todo el mundo contento: el viejo autor, que ve ampliarse su público, y el nuevo lector, que ya no será de librería en la calle ni de biblioteca en casa, pero lo que quiere es leer.

Si el viejo autor cuelga su obra original en la Nube [sitio web, página blog (castellano bloc, como bloc de notas) o portales Blogger o WordPress, lenguaje Html], su obra viaja con nosotros en bolsos o bolsillos.


publicar en tiempos del cólera.

Kindle 1

Un autor amigo mío llevaba años con una doble vida literaria. Escribía en Word© al teclado de su ordenador y publicaba en libro de papel: presentación y firma, ferias y librerías. Hábil usuario de las modernas tecnologías, mi amigo nos convocaba a sus actos sociales mediante avisos en redes o por correo electrónico. O sea, con un pie en la imprenta y otro en internet (entre Gutenberg y Google), aquel escritor era un buen publicista.

Pasado un tiempo que algún título de los suyos se descatalogaba (por agotar existencias o por quedar libre de obligaciones de copyright), nuestro hombre daba esa obra ya descatalogada a quien la pidiera por privado. Su oferta, generosa y gratuita, era el pdf correspondiente.

Pero el pdf (antes facsímil) obliga a quien lo recibe a una buena impresora y a sacar folios por un tubo (de tinta) y no se deja leer cómodamente por pantalla o dispositivo.


Quien ofrezca su libro a quien lo pida, tenga en mente al santo patrón de todo esto: Juan Ruiz Arcipreste de Hita (1283-1350) con la salvedad que si cualquiera “añade o enmienda” lo que uno ha escrito estaríamos apañados. [1]

Kindle 2

Hay formas de hacer indeleble nuestro pie de la letra. Con crear nosotros y compartir con nuestra gente una copia de nuestro original como texto sin formato (que se abre con el bloc de notas y es compatible con Kindle) es suficiente. Nadie de nuestra confianza nos va a alterar nada. Contra el albur de algún desaprensivo, lo mejor es exponer nuestra obra en Blogspot, WordPress o similares. Nuestros escritos estarían para leer por pantalla en lenguaje html adaptable a tamaño de letra al alcance de vistas cansadas, presbicias o hipermetropías. [2]

Cada día crece el número de lectores en portátil, ebook, Kindle o libro electrónico. Pasa que, por viejos reparos y antiguas alabanzas al libro libro, esa digitalización de la lectura rara vez se dice a boca llena.

La gran ventaja. Ya podríamos quejarnos de manera distinta de esa juventud que está “siempre enganchada” a la maquinita. Tal vez, tal vez, esa niña o ese joven que anda enganchado lo está leyendo a usted.

Kindle con Explorador de archivos
Archivos Kindle vistos en el Explorador de Archivos.

[1] Libro de Buen Amor: «Qualquier omne que loya, si bien trobar sopiere,/ más á í a añedir e emendar, si quisiere;/ ande de mano en mano a quienquier que.l pidiere,/ como pella a las dueñas, tómelo quien podiere.»

[2] Desde que existe la edición digital, los derechos de copyright no pasan necesariamente –como era antes– por registro en ISBN o sociedad de autores. Un texto es mío desde que lo publico. En caso de pleito, no fallará otra cosa un tribunal.

antes y después y durante y al margen del libro.

Algo se muere en el alma cuando un amigo se va
(famosa sevillana de Manuel Garrido)
pero no es para tanto.

De todas las editoriales, la mejor y más durable es Internet.

antes del libro:

Uno, a Editorial Equis: Leyendo el contrato observo que su compromiso de edición está supeditado a un estudio de mercado que harán a través de la confección de un libro electrónico. La edición en papel, afirman, estará garantizada bajo demanda de autor, librería o lo que sea. Como yo sé que lo del libro electrónico dará muy modestos resultados, en la práctica lo que ustedes vienen a ofrecerme es una impresión bajo demanda. Y como yo sé ‑eso ustedes no tienen por qué saberlo‑ que la demanda será poca o ninguna, al final la historia se resumirá en que yo, el autor, me haré cargo de la compra de treinta o cuarenta ejemplares para montar una presentación porque, ya que está el libro, hagámosle la fiesta. Añaden el abono de unas cantidades por parte del autor por la corrección del manuscrito, en caso necesario. No sé por qué me da que esa corrección será casi siempre necesaria. Resumiendo. Me parece muy bien que hayan ustedes elaborado esa fórmula para “autores con un alto nivel de competencias literarias y que hayan publicado en editoriales de tipo medio o alto” pero me temo que yo no estoy en ese grupo. Declino su amable oferta haciendo mía la frase del jornalero al cacique que iba de puerta en puerta ofreciendo dos duros a quien le votase: –En mi hambre mando yo.

después del libro:

Oficié de crítico en distintos suplementos periodísticos. Un día escribí un artículo sobre la relación de los suplementos con ciertas editoriales de postín, pero que pertenecían al mismo grupo editorial. El artículo, que me había sido encargado por el director de un suplemento, tardó en ver la luz y lo hizo porque me planté ante el director, que no consideraba mi artículo equilibrado y veraz, y que incluso ‑no me había ocurrido jamás‑ escribió una especie de réplica en la página de al lado. Al cabo de cinco o seis meses, Juan Goytisolo publicó un sonadísimo artículo en El País donde venía a decir pico más o menos lo que yo, y el mundo literario tiritó unas semanas. La anécdota dejaba clara la absoluta desnudez de la crítica frente a los medios, las limitaciones de escribir en un periódico provincial y la absurda lucha del crítico que no cuenta con el apoyo mediático. Lo más penoso de mi quehacer, fue que, de unos trescientos artículos, sólo cuando realicé alguna crítica crítica, el autor me escribía con una misiva, que solía ser bastante más larga que la reseña, poniendo en cuestión mi visión de la obra, mi falta de audacia o de visión y tratando de desmontar cada una de mis pérfidas afirmaciones. Cuando la crítica era positiva el autor la recepcionaba y hacía mutis. De algunos autores me ocurrió que escribí varias reseñas y sólo cuando en alguna aparecía una llamada de atención, el menda me escribía poniéndome de perejil.

durante el libro:

En los últimos días, la prensa se ha hecho eco de que ha nacido la librería del futuro. La Expresso Book Machine viene a tener algo más de dos décadas y es básicamente autoedición. En 2011 cada una costaba cerca de 100 mil dólares. En la librería sevillana donde la Dragona está no dan detalles sobre el precio de la máquina pero dicen que se rentabiliza vendiendo 14 ejemplares al día, 364 al mes. Catorce libros al día de un catálogo de autoedición (incluyendo descatalogados) es demasiado. No hay librero que lo resista. Aproximadamente un 65 por ciento de los libros que se compran son novedades. La Dragona, ante esos números, tiene pocas probabilidades de sobrevivir a su coste. Amazon es el mejor cliente de los grandes grupos editoriales. Enseñemos al consumidor, comprador de libros, para que tome conciencia de lo que consume, de lo que vale lo que consume y de que el consumo también es un acto político. Lo cierto es que la facturación de todos los libreros independientes compite muy dignamente y por eso seguimos siendo necesarios. [Maite Aragón, El humo de la dragona, RevistaMercurio.es. 12/02/2020]

al margen del libro:

Consejo a jóvenes escribientes o a consagrados. Obra nueva o vieja obra, publíquenla cuanto antes en soporte digital. Al presente, les servirá para librarse de la pesadilla de la literatura con ánimo de lucro. Y, hacia el futuro, gestionarán ustedes, por su mano autorizada y corregida, su propia obra. Otro día hablamos del sospechoso titular: Se publica ahora tal o cual inédito de Juan Ramón o de Miguel Hernández. Háganse caso. De todas las editoriales, la mejor y más durable es Internet, Galaxia Google o lo que esté al venir cuando nosotros no estemos.


EL LIBRO como impostura, amnesia y vanidad.

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Semana marcada por la muerte del librero José Manuel Padilla, último representante del mester de librería. La república del libro anda, con ello, vindicándose (a sí misma) frente a la que se nos viene encima: que toda biblioteca es sueño y, los libros, sueños son. El siglo 20 nos legó bibliómanos espléndidos y ratas de biblioteca que se dejaron las pestañas entre volúmenes, pasando por célebres servidores de biblioteca o librería. Pero nadie ignora que los libros matan como el tabaco (y debería advertirlo Sanidad) y que, sin religiones del libro sustentadoras de las monarquías, no hubiera habido ni Santa Inquisición ni santas Cruzadas ni guerras entre naciones que llegaron a durar cien años. También las Constituciones, como la de España 1978, son libro y, en su nombre, te prohíben o persiguen: miren, si no, a Cataluña.

Hay pocos libros libres (Quevedo) y hasta la verdad os hará libres (San Juan evangelista) se refería a la verdad de la fe escrita, no a la verdad que trae consigo el conocimiento a través de la razón y de la ciencia. Nuestro simple Cervantes ponderó las armas por encima de las letras, lo que faltaba: ejércitos, Constituciones y libros sagrados (nuevos y viejos Testamentos o Coranes). Y así está el mundo.

Solamente la vanidad de inéditos que se empeñan en ser éditos, junto a la confusión interesada entre lo viejo y lo nuevo (lo que fue acorde con su tiempo y lo que ya es arcaísmo), sigue dando vigencia al libro Gutenberg. Ese buen conversador que fue Padilla me hubiera acompañado en esta reflexión.


Día de las librerías.

Padilla por Fausto Martín fotógrafo 06 03 2003 (2)José Manuel Padilla Libros

Con motivo del Día de las librerías que hoy se celebra, nos informan de que el libro de papel resiste y sólo el cinco por ciento de las ventas son en formato electrónico. Lo que se reporta es un catálogo de obviedades: el libro de papel se toca, se manosea, se huele, etc. Nada que objetar, si no estuviera detrás del libro un negocio capitalista imposible de obviar, y éste en dos formas: ediciones a petición de la empresa editorial, distintas de las ediciones de autor o a costa del autor.

Para no pelear ni confundir, propongo distinguir

–primero, entre oferta y demanda: comunidad de autores y lectores: su divisoria sería el precio final y también en árboles para fabricar el papel, materia prima;

–segundo, entre libros nuevos y los que ya tenemos y los de viejo, objetos de coleccionismo, bibliomanía o bibliofilia.

Así filtrada la estadística, sabríamos de qué estamos hablando. Excuso decir el choque entre el altruismo de que hacen gala cultura, literatura y arte, y la industria a la que toda esa hermosura, supuestamente humanista, se acoge y se somete.

A mí, por mi bola de cristal me sale un único futuro para el libro, que no será de papel. De aquí a entonces, ¿la actitud personal ante la literatura en red o en pantalla? Entre apocalípticos o integrados, ustedes elijan.

enlace a Nacho Encabo, desde El Independiente

enlace a Padilla, el último Gutenberg


300 historias de palabras.

Titivillus era el demonio que inducía –el hijo de puta– a cometer errores en los scriptoria y, posteriormente, en las imprentas. Los errores o erratas los cargabas Titivillus en un saco a su espalda y por la noche lo llevaba al infierno donde se anotaban en un libro para ser reclamados en el Juicio Final a monjes escribanos y a cajistas de imprenta que habían caído en la trampa.

Eso sabemos por Titivillus, Revista internacional sobre libro antiguo editada por la Universidad de Zaragoza, España. De Titivillus.es procede el libro en epub o pdf que compartimos:

300 historias de palabras (2015), de Juan Gil & Fernando de la Orden Osuna, gráficas de Manuel Durán Blázquez. Editor digital: Titivillus, ePub base r1.2.

Dicen Juan Gil y Fernando de la Orden en su Nota editorial que el objetivo de este libro es el entretenimiento, acercar al lector de forma amena y sencilla, pero con cierto rigor, al mundo de la evolución de las palabras. Se han elegido voces simpáticas o curiosas que tienen una historia interesante. En ocasiones se han incorporado términos que ejemplifican un fenómeno evolutivo concreto y voces de lenguas diversas, algunas periféricas o poco relevantes en la formación del léxico castellano. La fecha de incorporación es siempre aproximada; la mayoría está tomada del Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, de Joan Corominas, aunque se ha recurrido también a los corpus de la Real Academia Española, en particular al Corpus Diacrónico del Español (Corde, Crea, Corpes XXI). En cada caso se señala la edición del diccionario académico en que se recoge por vez primera. Para la documentación se ha procurado buscar ejemplos de las primeras y últimas manifestaciones escritas sin que ello nos privase de incluir textos de los autores clásicos de la literatura española y otros que ilustran, e incluso amenizan, la trayectoria del término. Se ha actualizado la ortografía. Las imágenes atienden a la procedencia, trayectoria o significados de la palabra, sin renunciar a algunas meramente ilustrativas.

Apostilla [eLTeNDeDeRo]: Cuando, y cuanto, más se discute el poderío del inglés y el combinado efecto en redes sociales sobre la taqui ortografía del idioma (efecto que han de sufrir todas las lenguas del mundo), más valor adquiere la propia lengua como arma defensiva contra el Imperio.

Pinche o pegue este enlace:

https://drive.google.com/file/d/1nCTK2Iu9UTVDJBgEiSz1uajo01UzLbDy/view?usp=sharing

a propósito de Elvira Sastre.

El medio sigue siendo el mensaje. El mundo editorial es, desde hace años, un huevo con dos yemas: la Galaxia Gutenberg y la Galaxia Internet (que resulta más ecuménica y económica, cuando no gratis, más sostenible y ecologista con los árboles). Digan lo que digan mis amigas librerías, yo puedo imaginar un mundo sin libros pero no me puedo imaginar una vuelta a los correos de sobre y sello ni yendo al cine o a la cajita de membrillo cada vez que quiera ver una foto, un vídeo o una película no comerciada: no puedo entender (nadie lo entiende) un mundo sin Internet y sin redes sociales. El libro de Elvira Sastre es cuestión de estilística o crítica literaria pero, puestos a criticar el medio digital que a ella la ha impulsado y hecho yutúber, milénial (palabras así), critiquen las atrocidades que se siguen cometiendo durante la lenta agonía de la era Gutenberg en nombre de lo que llaman cultura.

A propósito de Ronaldo Menéndez sobre Elvira Sastre.

agosto.

CABALLERO A LA JINETA
en las eneas de las tabernas, nada tan serio
como esa religión de ver el mundo
del otro lado del humo del tabaco
y en la mano, como única clepsidra
de un tiempo inmemorial, vaso de vino
cuando la tarde no es tarde ni en dos
divide el día el sol del mediodía.
Basta saber que habrá cigarro y ronda
que llamaremos siempre la penúltima
y que cenizas y conversaciones
se irán despacio y por la misma senda
que las vaquitas y el hombre que las lleva
o el cadáver, si lo tienes, de tu enemigo.


Daniel Lebrato, AGOSTO

AGOSTO es libro de vacaciones entre Sevilla, Fuenteheridos y Sanlúcar de Barrameda  (1993-2013).


También en Blogspot y en pdf , antología de De quien mata a un gigante (1988) y ¿Quién como yo? (1996).


 

 

Cosecha propia (antología personal) en Blogspot | Cosecha propia (antología personal) en pdf.

AGOSTO, libro de vacaciones entre Sevilla, Fuenteheridos y Sanlúcar de Barrameda.

El cadáver de la marioneta.

El cadáver de la marioneta (2012), de Lars Iyer, traducción de Susana Lago. La literatura era un recurso finito, como el petróleo, como el agua. Cada nueva manifestación literaria ha sido una prospección que ha ido mermando las reservas hasta acabar con ellas. Antes, cada gran afirmación contenía un manifiesto y cada vida literaria era una invitación a la heterodoxia. Hoy ni la originalidad misma es ya capaz de sorprendernos. Hemos presenciado tantos ejercicios de estilo y forma, que incluso algo original nos resulta reconocible. El prestigio literario solo existe como liturgia. ¿Quién se toma a sí mismo en serio como autor? ¿Quién se atrevería a soñar con archivar sus emails y tuits para que los lea agradecida la posteridad? La idea de autor se ha evaporado, sustituida por un ejército de obreros de la tecla, codo con codo con publicistas y programadores. El crecimiento de internet indica el aumento de una cultura profundamente alfabetizada. Como dice Gabriel Zaid en Demasiados libros (1982), la proliferación de autores apunta a que el número de libros publicados pronto eclipsará al de la población humana. Pronto habrá más libros que personas han existido desde el principio de los tiempos, pero por eso mismo no eres nada si no vendes, si tu nombre no es conocido, si no acuden decenas de admiradores cuando firmas ejemplares.


intrusismo en la Feria del Libro.

Daniel Lebrato firmando ejemplares ajenos en la feria del libro foto Pepe Morán 19 05 2017.jpg

La Policía Nacional ha detectado un nuevo tipo delictivo en ferias del libro: el supuesto autor que, haciéndose pasar por otro, se cuela en las casetas para firmar libros que no son suyos.

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Posado de Padilla hijo y el espontáneo.

–Creemos que se trata del típico envidiosillo que quiere llamar la atención porque no tiene estreno editorial ni hueco en el cartel -declaran con indignación desde la Feria del Libro de Sevilla.

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En la imagen, el intruso firmando ejemplares de José Antonio Moreno Jurado. A la derecha, la víctima del engaño, Rafa Iglesias. (Fotos Pepe Morán.)

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cantar y contar (con Salvador Compán).

El-hoy-es-malo-pero-el-mañana-es-mío

(Artículo de Alejandro Luque, pinchando aquí.)

(Salvador Compán entrevistado por Jesús Vigorra en Canal Sur, pinchando aquí.)


cantar y contar. Por alguna razón ‑bastante obvia‑, la poesía es género de adolescencia y juventud, y la prosa se alcanza con los años. Es lo que vimos en Antonio Machado. El mito está en morir joven quien los dioses aman dejando una obra única. O la chulería de Arthur Rimbaud, quien abandonó la literatura a los 19 años. Entre mis amigos, el camino verso prosa, de poetas novelistas, lo han andado Juan Cobos Wilkins (1957), J.J. Díaz Trillo (1958) o Manuel Moya (1960). A su lado tengo quien no se movió de la prosa, novelistas o cuentistas, como José María Conget (1948), Salvador Compán (1949), Juan Villa (1954) o Hipólito G. Navarro (1961). Mi conclusión provisional es: aunque el poeta se vista de novelista o dramaturgo, poeta se queda, lo cual no es ni un mérito ni un demérito, sino una marca de agua. Y entiendo cuando se habla de narradores de raza. Véanlo, si no, en la última novela de Salvador Compán, El hoy es malo, pero el mañana es mío, que vivamente les recomiendo. Con novelas así, diga usted ahora que la novela está muerta.

Salvador Compán

(Artículo de Alejandro Luque, pinchando aquí.)

(Entrevistado por Jesús Vigorra en Canal Sur, pinchando aquí.)

los clásicos y los tópicos.

Mi amigo escritor, sabiéndose excluido de un evento literario de esos que sirven para saber quién es quién, cita a Ovidio: «Mientras todo te vaya bien, contarás con muchos amigos. Pero, si el tiempo se nubla, te quedarás solo». Ovidio pensaba en el poder y en la riqueza y sigue vigente según vemos cada día. Pero la fanfarria de los libros y ferias del libro es del tipo «Dios los cría y ellos se juntan». He aconsejado a mi amigo que tenga el honor (y el valor) de no juntarse con ellos. ¿Fue Horacio quien primero cantó las excelencias de la vida retirada? De todas formas, los clásicos no tuvieron más sustancia que la que tenemos nosotros. Pasa que ellos llegaron primero. Ejemplo de tópico (popular, en este caso) que también admite su otra vuelta de tuerca, y se la damos:

«En esta vida
todo tiene remedio,
menos la muerte.» O sea,
menos la vida.

*

Enlace a tópicos por un tubo.

bibliofilias.

Ya lo decía Félix Morales Prado en la introducción del primer número de El Fantasma de la Glorieta en internet (año 2000): «La costumbre, perfectamente (y hasta comprensiblemente) arraigada en los lectores habituales de textos literarios, a consumar y consumir su vicio sobre soporte de celulosa, conlleva en ellos una reticencia, incluso un absoluto rechazo, ante las manifestaciones literarias que flotan en la red. A veces, se trata de una actitud romántica que yo comparto plenamente. Una defensa de los libros impresos, con su olor, su tacto, con su valor como fetiches, esos objetos que nos acompañan sin protesta ni queja, a la cama o al retrete… ¡Sí! ¡Llevan toda la razón! Pero mucho me temo que, en un plazo más o menos largo de tiempo, van a tener que agachar la cabeza ante la evidencia como lo hicieron los contemporáneos de Gutenberg. O tempora, o mores. Pero, en fin, eso es lo que hay. Para duelo y quebranto de las editoriales y de todos aquellos que basan su beneficio pecuniario en ese proceso que comienza con la tala de bosques y culmina en los escaparates de las grandes superficies y, cada vez menos, de las librerías tradicionales.» Y apostilla: Hoy, erre que erre, siguen en sus trece mientras la realidad, poco a poco, avanza y se impone. Lo digital le echa la pata a lo impreso y eso es tan inevitable, con sus ventajas e inconvenientes, como que lo impreso, en su día, desbancara a los viejos y preciosos manuscritos, lecturas de sólo unos cuantos privilegiados.

Acudid, héroes, a la derrota
(Carmelo Guillén Acosta)

Bibliofilia ha sido siempre la pasión por el libro y, especialmente, por ediciones antiguas o raras. Desde la competencia de internet y del libro electrónico, bibliofilia es también aferrarse al libro encuadernado, modo superior de la literatura de pago de la que se gozan editoriales al reclamo de un tipo de lector, de la vanidad del autor, del isbn y del copyright. Un amigo mío historiador me invitó a la presentación de su libro; invitación, entre la buena sociedad, a que yo comprara su libro. Publicado por la Editorial Cualquiera, y con ayuda de la Junta de Andalucía, las 205 páginas del cuerpo del trabajo, con su guarnición de prólogo y de ilustraciones, cuestan 15,90 euros; 15,11, en Amazón; 9,49, en electrónico (este último precio me pareció especialmente elevado)[1]: mi amigo ponía a prueba mi bibliofilia. Otra cara del nuevo coleccionismo consiste en lo que se llama en inglés crowdfunding (corofinanciación)[2], microfinanciación, micromecenazgo, cooperación colectiva o suscripción previa. Por ofrecer un producto competitivo, estas ediciones suelen incluir detalles tipo edición en rama (pliegos sin encuadernar), libro intonso (sin guillotinar ni refilar) o lámina de artista gráfico más o menos conocido. Se trata de tiradas limitadas, numeradas, firmadas y no vendibles (no venales) y hasta pueden obligar al suscriptor a adquirir dos ejemplares, dos: uno de lujo y otro en rústica (se supone, para regalar). Lujo o normal, las cuentas son que el libro se venda cuanto más. Entonces el editor ganará un dinero que, en rigor, tendría que repartir como dividendos entre los socios suscriptores, algo que nunca se hace. Como siempre, quien paga es el público, el público micromecenas o el público de librerías. Yo, el de mi amigo el historiador, por no comprarlo, ni aparecí por su presentación: me pareció injusto, teniendo él mis publicaciones gratis por internet. Días antes, otro amigo poeta y otro amigo novelista me invitaron a suscribir sus publicaciones corales. A los dos dije que no y, salvando nuestra amistad, les aconsejé no prestarse al juego. Bajo el menosprecio de la lectura en pantalla y bajo la alabanza de la lectura que huele a imprenta, de la página que se subraya a lápiz y exquisiteces parecidas, el negocio editorial está cual entre flor sierpe escondida. El tiempo que sobreviva la literatura de libro convencional, no lo sabemos; sí, que el futuro es digital con tendencia a la literatura cero cero: emisores y receptores que intercambien sus productos sin más ánimo que universalizar sus ocurrencias estéticas o sus ideas. Lo cual no quita que cuidemos y veneremos nuestra biblioteca de papel, nuestra bibliofilia y nuestra bibliografía.

[1] P.V.P. por página: 0,07 euros en papel y 0,46 como libro electrónico.

[2] En español podríamos hablar de coroedición, corolibro, coroautor, etcétera.

apostillas a bibliofilias o bibliomanías

Antonio Narbona publicó hace casi 40 años (y en papel, naturalmente) un comentario de La mosca sabia (1881), cuento de Clarín en que se critica la bibliomanía, que a veces se confunde con la bibliofilia. Apostilla Antonio: El futuro digital del libro va a obligar a redefinir la frontera entre ambos términos o, quizás, a acuñar otros nuevos.

Ángel Manuel Rodríguez Castillo recuerda un artículo que hace 117 años publicó José Nogales en La Vanguardia de Barcelona. Se titulaba La fiebre gárrula (1900), y allí el autor serrano onubense denunciaba la abundancia de ediciones: “Un diluvio de tinta nos ahoga; el papel impreso nos sepulta: la imprenta es un monstruo al revés: no devora, ¡vomita!”. Entonces la disyuntiva no era, por supuesto, edición en papel o edición electrónica, sino algo que merece la pena o algo que no. “Hay que pensar; hay que madurar; hay que sazonar el fruto antes de arrancarlo y entregarlo como pasto a la especie. Lo demás es garrulería, ruido de sonajas, esquilmo inútil de la masa cerebral, desequilibrio de esa máquina moral tan admirablemente dispuesta para fabricar el poco saber humano”. Termina Ángel Manuel: Lo importante no es el canal, sino el mensaje.

–enlace a La mosca sabia, de Clarín, en Ensayistas.org, página de © José Luis Gómez‑Martínez.

–enlace a Ángel Manuel Rodríguez Castillo, José Nogales. Biografía crítica y problemática literaria. (Universidad de Sevilla, 1998).

Odas de Andreas Kalvos, por José Antonio Moreno Jurado.

akalvosodas

ODAS, de Andreas Kalvos (edición digital), edición, prólogo y notas de José Antonio Moreno Jurado para Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas.

–enlace a TRANS Revista de traductología

–ODAS, de Andreas Kalvos

–en TRANS Revista de traductología

–Andreas Kalvos (1792‑1869), en El jardín de psique.

–Andreas Kalvos, en Wikipedia inglesa.

*


Elecciones generales (2009)

elecciones generales


Me escupen: ¿qué haces tú
por arreglar lo que criticas tanto?
Nada absolutamente,
señor, señora, como
Groucho Marx yo tampoco me levanto.

Ya es algo si no añado
crueldad a la crueldad de los periódicos
de ustedes, si en los límites
del juego no soy cómplice,
ni añaden más vergüenza con mi voto.

Ya es mucho si converso
con la rabia que siempre va conmigo
y dejo un acto solo
o un verso que merezcan
la pena en el recuerdo de los míos.
* * *


Tal día como hoy, Elecciones generales Todo a cien.

fotos en la Plaza Nueva de Sevilla.