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el poeta es un fingidor.

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Fernando Pessoa

tesis.

Siendo TP (Todas las Personas) todas las personas, hombres o mujeres, en edad y condiciones de trabajar y siendo TT (Todo el Trabajo) todas las horas de trabajo que una sociedad necesita para ponerse en pie y producir los bienes de uso y de consumo necesarios y siendo TO (Todo el Ocio) todas las horas de ocio, de descanso o tiempo libre necesarias para TT reponer fuerzas y no embrutecerse,

en una sociedad bien ordenada, donde horas de trabajo y de notrabajo salieran a reparto y con justicia repartidas, la fórmula del trabajo sería:

TT menos TO dividido entre TP
(trabajo menos ocio: trabajo por persona)

Este silogismo, que debiera hacer que ustedes no siguieran leyendo tan absurda, por obvia, parrafada calificándola de macarrónica gramática parda, algo esconde, que no es tan obvio puesto que todos saben, hasta el último de la clase, que lo que todos quieren es no trabajar [1] y que hay gente y oficios que lo consiguen, que viven sin trabajar.

¿Cuál es el truco?
–Unos son dueños, y otros no.
–Unos, empresarios; otros, trabajadores.
–Quienes, por cuenta propia; quienes, por cuenta ajena.
Respuestas así.


Cuando la verdad del cuento se inicia antes del reparto:

antítesis.

1º) hay clases rentistas y parasitarias cuyos privilegios vienen de siglos: Rey, nobleza, hijos de papá, herederos de esto o de aquello y

2º) hay una serie de oficios (vamos a llamarlos así) que detraen del TO una cuota permanente o vitalicia. Ejemplos o casos concretos:

pensar no es un trabajo y, sin embargo, el filósofo se alza por encima y quiere vivir de la filosofía:

«Yo soy el que pienso, mi oficio es pensar»;

rezar, tampoco es trabajo, y ahí está el zángano cura que vive de la religión:

«Mi oficio es hablar con Dios».


síntesis.

Hacer croquetas al marido, prestarse al sexo, escribir poemas, tocar violín o la flauta tampoco son horas de trabajo para el bien común del colectivo y, sin embargo, amas de casa, putas prosindicales, poetas o músicos quieren decirnos que sí, que lo suyo es un trabajo, cuando en realidad son horas de ocio (hay que estar libre de trabajo manual para dedicarse a todo eso), horas de ocio que son previas al reparto, ya no saldrán a reparto.

Este atraco “a oficio armado” nada tendría de particular si los productos del ocio salieran al mercado como mercancía sujeta a oferta y demanda. Si alguien los paga, ¿cuál es el problema? Ocurre que, para llenar conciencias, salas equis, museos, conciertos o librerías de un público suficiente, la ideología dominante impone como necesarios la monarquía, la clase política, los consumos de familia, de pornografía o de cultura que previamente a los trabajadores manuales les han sido hurtados. El robo es doble, o sea: primero me quitan mi tiempo libre y luego me hacen pasar por caja o por taquilla.

El remate de los tomates es que, a través de impuestos al Estado (encima, llamado del Bienestar), usted y yo paguemos amas de casa que no son nuestra casa, pornografías que ni nos van ni nos vienen, poemas y partituras que quien dice no nos saldrían igual o mejor que los de la Sociedad de Autores. Es un sistema, en fin, porque si sé de qué me quejo, no sé, en cambio, ante quién quejarme. Al otro lado no hay nadie:

La abducción del marxismo por el capitalismo, y su dejarse raptar la clase obrera por el Estado del Bienestar, es la mayor tragedia intelectual que ha conocido el mundo, después del fraude de la invención de Dios y del pueblo hebreo como pueblo elegido y después, tal vez, de la invención –no del arte– del artista.


 

[1] no trabajar: enfermedades o patologías personales aparte que (como la explotación del hombre por el hombre) deberían curarse o estar prohibidas.

cómo empezó este engaño.

Josep Fontana Capitalismo y democracia foto Sin Permiso

Si tecleamos “soy marxista”, entre comillas, obtenemos 39.000 resultados en Google. Si a “soy marxista” añadimos “Groucho Marx”, obtenemos 957 resultados; “Carlos Marx” : 3.830; “Karl Marx” : 6.260.

O sea: hay muy poco marxista (al menos, en red y entre hablantes de castellano español).  Hablando en lenguaje de pandemia, podría decirse que el marxismo político [1] vive más como anticuerpo, como antivirus: ¡comunista!, ¡marxista!, que en sentido positivo [2].

El marxismo teórico, en cambio, nunca ha sido rebatido y sus consecuencias son tan removedoras de conciencias dormidas como en su día fue que la Tierra era redonda o que el hombre podría venir del mono. Estamos hablando del Carlos Marx de Das Kapital (1867) [3] con su análisis del capital, con el desvelamiento de la mercancía, como valor de cambio y valor de uso, y de la fuerza de trabajo como mercancía, lo que empieza en salario y acaba en alienación, por causa del trabajo, de las clases trabajadoras. [4]

Donde tanta opinión se expresa en redes y cuando tanto falta un guion de base o un liderazgo que ayuden a despejar la mierda de mundo que estamos viviendo, y que nos hacen creer que es la gloria; donde tanta sarna con gusto no pica y tanto monaguillo se cree que es el Papa o el mismo Dios, no está de más leer y estudiar a los clásicos del pensamiento libre (no extravagantes de boquilla o antisistemas de postura) y muchos, muchos, de esos libros o estudiosos que nos hacen callar a tiempo o, al revés, nos enseñan a hablar con base y argumentos. El libro que hoy viene a [eLTeNDeDeRo] es de esos libros.

Josep_Fontana WP


Capitalismo y democracia (1756-1848) Cómo empezó este engaño (2019), libro póstumo de Josep Fontana (1931‑2018). Habla Editorial Crítica:

«Vivimos en un mundo en que la mayoría de los estados son democracias parlamentarias basadas en constituciones que garantizan los derechos y las libertades de todos los ciudadanos, pero donde los gobiernos elegidos cuidan sobre todo de favorecer los intereses económicos de las grandes empresas y los más ricos. Este libro quiere explicar cómo comenzó este sistema.»

“Así empieza la obra póstuma de Josep Fontana en la que explica cómo el sistema capitalista es hoy como es y cómo desde el poder se ha favorecido siempre su desarrollo a costa del bienestar social. Un desarrollo que se basó inicialmente en arrebatar la tierra y los recursos naturales a quienes los usaban comunalmente, y en liquidar las reglamentaciones colectivas de los trabajadores de oficio para poder someterlos a nuevas reglas que hicieran posible expropiarlos de una mayor parte del fruto de su trabajo. Una breve historia de Europa en un momento clave del nacimiento del capitalismo.”

Cómo empezó este engaño [5] como subtítulo es insólito en géneros académicos. Más bien parece un lenguaje sensacionalista como el que en redes adopta hoy la prensa que antes fue de quiosco. Y es que el profesor Fontana, alumno que fue de Vicens Vives y Ferran Soldevila, se reconoce de escuela y su escuela es E.P. Thompson, Pierre Vilar, Gramsci y Walter Benjamin. Militante del PSUC (comunistas de Cataluña) desde 1957 hasta principios de los 80. [6]

Escribe Daniel Raventós (11/07/19), de Editorial Sin Permiso, de cuyo consejo asesor fue parte Josep Fontana:

Cómo empezó este engaño es un subtítulo suficientemente elocuente. No estamos donde estamos de forma natural dictada por el ‘progreso’, lo estamos porque mediante leyes, asesinatos, ejércitos y terror los grandes ricos en alianza con aristócratas y monarquías carniceras han ido configurando el mundo que vivimos. 1756-1848: un siglo de expropiaciones campesinas, revueltas, reacciones, revoluciones, represión sin miramientos a los resistentes. Un siglo en donde conviven la esclavitud y las formas más explotadoras de trabajo asalariado. Engels en 1842 escribía que la población obrera industrial sufría de una “esclavitud más abyecta que la de los negros de América, porque están más estrechamente vigilados”. Y su amigo Marx a su vez escribía refiriéndose a la clase trabajadora: “la esclavitud escondida de los obreros de Europa”. Dos citas que Fontana recuerda en el libro.

A lo largo de este trabajo que tiene algunas páginas de una brillantez difícil de igualar (por ejemplo, las dedicadas al importantísimo Congreso de Viena que empezó en 1814, y en donde se concentraron los lujos, encornudamientos y depravaciones de todas las casas reales y sus inmensas cortes parasitarias a lo largo de nueve meses), se nos detalla por momentos históricos y por países cómo las pugnas políticas de este período de mediados del siglo 18 a mediados del siguiente tienen un objetivo fundamental: asegurar el poder a los propietarios. Una cita que hace Fontana de un periódico parisino durante la revolución de 1830 lo expresa de forma elocuente: “Cuando la propiedad está amenazada, no hay opiniones políticas; no hay diferencias entre el gobierno y la oposición”. Frase que perfectamente podría referirse a la situación actual en demasiados lugares.

Tesis importante del libro es su oposición frontal a la visión dominante académica para la cual la burguesía trajo el progreso, la libertad, la democracia. El autor explica cómo esta visión está más cerca de la falsedad que de cualquier análisis histórico. El análisis de Fontana muestra cómo, a diferencia de la visión dominante, se trata de una reacción, no de una revolución. Una reacción de la burguesía y los grandes propietarios de tierras a la posibilidad de desarrollo económico mediante los bienes comunes de los campesinos y los trabajadores de oficio (Trade Unions). Luchas de clases con vencedores y vencidos.

Fontana dedica muchas páginas a la Inglaterra de este período (“es el caso que conocemos mejor”), en donde a mediados del siglo 17 había un buen número de campesinos autónomos que tenían garantizada la subsistencia debido al uso de las tierras y a los derechos comunes que les permitía la utilización para su mantenimiento de bosques y pastos, entre otros. “Hubo un tiempo que mi trozo de tierra me hacía un hombre libre… hasta que las viles enclosures [recintos, cercados, se refiere a divisiones menores] llegaron e hicieron de mí un esclavo de la parroquia”, escribía el poeta John Clare que cita Fontana. Imposible expresarlo de forma más clara.

Marx, el autor más citado en este libro junto con E.P. Thompson, entendía la historia como una lucha entre la libertad y la opresión, lucha que tiene sus raíces en la forma de producir. Esta forma de entender la historia es completamente política. En una conferencia de hace aproximadamente diez años en Argentina, Antoni Domènech, que tenía en altísima estima a Josep Fontana, en clara polémica con otras formas sedicentemente marxistas de entenderla como las althuserianas, defendía esta concepción política de la historia que tenía Marx. Fontana sin duda es del mismo criterio en el libro cuando ataca el mito de una revolución industrial que supuestamente surgió del impulso combinado de la máquina y del emprendedor. Y escribe sobre la configuración de los mercados en distintos momentos históricos para beneficio de los propietarios que solamente debían frenar sus pretensiones en momentos de revueltas y de resistencia popular. Después del fracaso de la revolución de 1848, el gran objetivo de la burguesía fue el “esfuerzo por integrar las capas populares, y en especial los trabajadores, en su visión de la sociedad y de la historia, que los presentaba como los vencedores de una lucha contra el feudalismo que los burgueses habrían realizado en beneficio de todos”. Y eso es política.

El libro acaba con un deseo sobre la propia obra: que pueda tener alguna utilidad para recuperar “la historia del nacimiento de este sistema” porque el capitalismo actual “amenaza el futuro de nuestras sociedades y de nuestras vidas”. Sin ninguna duda, esta utilidad la consigue brillantemente.

Daniel Raventós en Editorial Sin Permiso, 11/07/2019

[1] marxismo político. Aquel que esperaba de la clase obrera (antes, proletariado) un protagonismo que la clase obrera no llegó a tener; de hecho, la clase obrera, como sujeto histórico, está desaparecida.

[2] marxismo histórico que algo tuvo. Pues, aunque la experiencia soviética resultara, al final, un fracaso, el marxismo sirvió para apuntar maneras de democracias de base que ya quisieran las clases obreras (hoy, trabajadoras) engatusadas por la democracia de los países ‘libres’. Patéticos fueron los aplausos de la izquierda a la caída del Muro de Berlín. No sabían dónde se iban a meter. Ese engaño o ese espejismo es similar al que cuenta Fontana en el libro que hoy celebramos.

[3] No del Marx de la Primera Internacional.

[4] alienación sin la que no se entiende ¿cómo un currante vota a una derecha que lo va a machacar? En España: votos obreros a Vox.

[5] “cómo empezó este engaño” : 2.830 apariciones en Google y casi todas referidas a este libro y a este autor.

[6] Descreído del PCE y de la Transición, lo que incluía aceptar, y el profesor Fontana no aceptó: Pactos de la Moncloa y Constitución.


Josep_Fontana WP

Neoliberalismo y Estado del Bienestar.

santillana-del-mar fotos Seguros RGA

Más que Santillana del Mar, miente la palabra neoliberalismo[1], que ni es nuevo ni libertad; salvo para la parte empresa sin que el Estado intervenga. No hace falta leer a Carlos Marx. Todo es capitalismo puro y duro. No hay más. Solo en épocas de crisis el capitalismo ha puesto sordina a sus desvaríos, como el Don Guido de Machado. Cuando o aunaba criterios o se iba a la mierda. Esas etapas de concesión al arbitraje del Estado han coincidido con las posguerras de dos Guerras Mundiales. Reagan en Estados Unidos (de 1981 a 89) o Thatcher en Reino Unido (de 1979 a 90) fueron la expresión de que la posguerra había terminado y de que el modelo soviético iba a ser vencido (1989). Si Reagan y Thatcher representaron el neoliberalismo fue por contraste y por demoler el Estado del Bienestar (1930/años 70)[2] que había encandilado a socialdemócratas de toda Europa, empezando por los países nórdicos.

Otra cosa fue la adopción del neoliberalismo en nuestros hogares y modos de vida: se ve cuando la niña elige ser artista de conservatorio y luego no prospera y ahí la tenemos, de nini que ni estudia ni trabaja y cumplirá los 40 sin salir de su cuarto, “que es mi cuarto”. Y como los bolsillos no suelen dar para tanto, es fácil, y casi normal, padres y madres en edad de votar acudir al socorro del Estado: becas, vivienda, salud. Pero la pregunta sigue siendo:

–Bienestarista, hija: ¿Tu bienestar, quién lo paga?

En tiempos de abundancia la preguntita se podía soslayar. Ahora resulta de lo más molesta (Psoe IU Podemos ni quieren hablar). La respuesta es dura a los oídos de quien vive “en un país libre”.[3]

Ocurre que, al final, ya no es la ley de la plusvalía del capitalismo que más gana cuanto menos paga: ya soy yo (el contribuyente, el sin familia) quien gano más cuantas menos vidas ajenas pague a través de impuestos vía Presupuestos del Estado. Esa es la gracia a la que yo no le veo la gracia. Creerá el estríper o el esculpidor de uñas que el Estado les va a pagar su salario social o que el neoliberalismo, ya vencido por lo visto, los va a reponer en el negocio en que estaban. Dan ganas de reír si no fuera para llorar.

[1] neoliberalismo. Iniciativa privada económica, frente a intervención del Estado. Viene de libre, libertad, y no tiene nada de nuevo. Basta consultar la Wiki. Se resume en la expresión francesa laissez faire.

[2] El Estado del Bienestar surgió como respuesta a la Gran Depresión de 1930, intervencionismo estatal para abordar el desempleo, la pérdida de producción y el colapso del sistema financiero.

[3] De ahí, el menosprecio al milagro chino ante la epidemia: ¡Claro, es que allí la gente está toda controlada, y no como aquí, que hay libertad!


foto de portada: web de Seguros RGA

aplausos al atardecer.

aplausos al atardecer

No sabemos si este es el último baile.
Sí sabemos quién dirige la orquesta.
Sí sabemos cuándo empezó.

La gente de mi edad y mentalidad (hombres y mujeres de 60 años arriba; de formación realista, poco dada al género de ciencia ficción, y ajena a vídeo juegos de exterminio) estamos viviendo Vicod 19 (esa que llaman crisis, ¡qué bien les viene la palabra crisis!) con ojos suspicaces.

El mileurismo era para nosotros la profecía apocalíptica del fin del mundo por cambio de siglo o de milenio. El arte figurativo nos tenía acostumbrados a la muerte a mogollón, nada más verla en iglesias y en Semana Santa, en el Dante o en el Bosco.

Nuestra cínica juventud se aplicaba al ¡Cuán largo me lo fiáis!, de Don Juan Tenorio, o al Marqués de Bradomín de pecar y pecar hasta el perdón que nos permitiera el doble disfrute de esta vida y de la otra. Y el tiempo se llevaría a papas y a emperadores.

La muerte nos sentaba bien si no fuera por la leyenda cierta que nos llegaba de cuarteles y comisarías de la dictadura y de otras dictaduras (Salazar, Pinochet, Videla) donde la vida, literalmente, no valía nada.

Ahora, y con esa experiencia, nos quedan muchos reflejos.

1) Todas las voces contra el Poder siguen siendo nuestras, desde Marx, hasta Chomsky.

2) Detrás de todo esto podría estar (la duda ofende) una demencia mundial que está jugando con lo que no se debe jugar.

3) Sería muy grave que España (sus votantes, sus Gobiernos) estuviera, de una forma u otra, cerca de ese juego como daño colateral por fuego amigo.

4) El estado de alarma nos recuerda otros estados de excepción.

5) El llanto por la muerte del Estado del Bienestar, que traerá consigo Vicod 19, nos enfrenta con el mileurismo dominante de la Generación Podemos; generación que creyó en el Estado del Bienestar sin preguntar quién paga derechos y libertades que les habían puesto en la cabeza. Con tanto Sí se puede, la generación de nuestros hijos, hoy en el Gobierno, no ha podido nada.

6) La teorización del capitalismo (a título de humano, flexible, afectivo o inteligente) nos da náusea o risa tonta. Riamos pues.

7) Esperemos que, además de reacciones sentimentales como solidaridad o bien común (esos aplausos al atardecer), de ésta salga una sociedad más dispuesta a pensar con ojos de otra España, de otra Europa y de otro mundo.

Mientras, el Decamerón, de Boccaccio, La Peste, de Camus, o la Numancia, de Cervantes: literatura de asedio ya que no podemos esperar que de ésta salga nada que valga la pena.


BREVE HISTORIA DE ESPAÑA

No sabemos si este es el último baile.
Sí sabemos quién dirige la orquesta.
Sí sabemos cuándo empezó.

El día que tu país y el mío firmó convenios,
tratados de amistad, alianzas, concordatos,
y mandó cónsules y abrió embajadas
para estar dónde: ¡democracia y libertad!

(se descojona el coro)

Y el día de la bomba todos fuimos
Charlie Hebdo, como antes Once Ese.
Y, antes, España, Roma, y, español,
el último emperador.


Aplausos para el atardecer es un título de Juan Andivia Gómez (Alhulia, 2018).

/ a Juan Andivia y a Paca Jiménez Huelva /

miseria de la filosofía.

Un filósofo descifra que las Torres Gemelas
no debieron ser iguales
y que nosotros, con tal de ser diferentes,
nos explotamos a nosotros mismos.

[Byung-Chul entrevistado por Carles Geli.
El País, 07/02/18
]
Notas, negritas y cursivas de [eLTeNDeDeRo]


«Las Torres Gemelas, edificios iguales entre sí y que se reflejan mutuamente, un sistema cerrado en sí mismo, imponiendo lo igual y excluyendo lo distinto y que fueron objetivo de un atentado que abrió una brecha en el sistema global de lo igual. O la gente practicando atracones de series, visualizando continuamente solo aquello que le gusta: de nuevo, proliferando lo igual, nunca lo distinto o el otro.» Son dos de las potentes imágenes que utiliza el filósofo Byung-Chul Han (Seúl, 1959), uno de los más reconocidos diseccionadores de los males que aquejan a la sociedad hiperconsumista y neoliberal[1] tras la caída del muro de Berlín. Libros como La sociedad del cansancio, Psicopolítica o La expulsión de lo distinto compendian su tupido discurso intelectual.[2]

1984. «En la orwelliana 1984 esa sociedad era consciente de que estaba siendo dominada. Hoy no tenemos ni esa consciencia de dominación», alertó en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, donde el profesor formado y afincado en Alemania disertó sobre la expulsión de la diferencia[3] y dio pie a conocer su particular cosmovisión, construida a partir de su tesis[4] de que los individuos hoy se auto explotan y sienten pavor hacia el otro en el desierto o el infierno de lo igual.[5]

autenticidad. «La gente se vende como auténtica porque todos quieren ser distintos de los demás, lo que fuerza a producirse a uno mismo. Y es imposible serlo hoy auténticamente porque en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual. El sistema solo permite que se den diferencias comercializables.»

autoexplotación. «Se ha pasado del deber de hacer una cosa, a poder hacerla. Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede y, si no se triunfa, es culpa propia. Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando. Es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado.»

revolución. «Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión.»[6]

alienación. «La alienación de uno mismo se traduce en anorexias o sobreingestas de comida o consumos de ocio.»

big data. «Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba. Hay que ajustar el sistema: el ebook está hecho para que yo lea, no para que me lea a mí a través de algoritmos.»

carta digital y renta básica. «Necesitamos una carta digital que recupere la dignidad humana y pensar en una renta básica para las profesiones que devorarán (serán devoradas por) las nuevas tecnologías[7]

comunicación digital. «Las relaciones se reemplazan por conexiones y solo se enlaza con lo igual. La comunicación es solo vista, hemos perdido todos los sentidos. Estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno. Lo digital no duele, no pesa, no huele, no opone resistencia. Pasas un dedo y ya está.»

narcisismo. «El narcisista es ciego a la hora de ver al otro y sin ese otro uno no puede producir por sí mismo el sentimiento de autoestima.»

arte. «El arte ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema.»

otros. «Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción. El capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas. El neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas.»

refugiados. «Con el actual sistema neoliberal no se siente temor, miedo o asco por los refugiados sino que son vistos como carga, con resentimiento o con envidia. La prueba es que luego el mundo occidental va a veranear a sus países.»[8]

tiempo. «Es necesaria una revolución en el uso del tiempo. Necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja. Requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación para seguir trabajando. El tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros[9]

Nota de [eLTeNDeDeRo]. Estos ‘filósofos’ no han leído a Marx y se les nota el antimarxismo o anticomunismo (de las dos Coreas, Byung-Chul Han fue a nacer en la Corea del Sur y se le nota agradecido). Al final, resultan más ideólogos del capitalismo que el propio capitalismo que dicen criticar.

–enlace a La miseria de la filosofía, de Karl Marx (1847)

[1] hiperconsumista y neoliberal, por decir clases medias primer mundistas. El presunto filósofo y el presunto periodista, confabulados por vendernos una ideología a la medida de un grupo de edad, de espacio y tiempo. Y eso que, se supone, la filosofía había de tener una validez universal. ¡Dígales usted hiperconsumista o neoliberal al patera o a la pobre musulmana tapada por su macho tapador, tal vez lapidada!

[2] Donde tupido, podría decir estúpido sin que pasara nada, broma que se gasta algún lector.

[3] Barcelona, profesor. Encima, a micro abierto y gastos pagados.

[4] ¿particular?, ¿cosmovisión?, ¿tesis? Lo que sería una mera ocurrencia de sobremesa, Han & Geli lo eleva a los altares de lo académico y universal.

[5] el infierno de lo igual: subconsciente miedo al comunismo propio de surcoreano acomodado.

[6] Con ‘filósofos’ así, normal que nadie sepa de donde provenga la represión.

[7] Tomen nota gobiernos de izquierda. El salario mínimo interprofesional (SMI), antes que a trabajadores, a pequeñas y medianas profesiones (pymes y autónomos) que devorarán (serán devoradas por) las nuevas tecnologías.

[8] ¡El turismo al tercer mundo como prueba de amistad con refugiados!

[9] Por una vez, el supuesto filósofo se aproxima a la teoría marxista de la alienación que trae consigo la venta de la fuerza de trabajo y el salario como mercancía. La solución no es recambio, sino más ¡tiempo de fiesta!


ni anticapitalistas ni botafumeiros

El joven Marx
de un capitalismo de andar por casa

En la dialéctica marxismo capitalismo, tres incongruencias recorren el mundo de las ideas. Una: ignorar que El Capital existe: incongruencia igual a ignorar la redondez de la Tierra o la teoría de la evolución o el calentamiento global. Dos: definirse anticapitalista, siendo así que en la Historia de los sistemas económicos nada anti- ha venido a suceder a lo que antes había: idea del progreso que se puede discutir pero que, en principio, es lo que la humanidad desea y necesita: ir hacia adelante. Y tres: ponerle nombres supuestamente nuevos a lo que es tan viejo como el final de la Edad Media: el capitalismo, modo de producción dominante perfección de los modos esclavista y feudal. Nada es eterno, el capitalismo tampoco.

A la caída del Muro de Berlín (1989), el pensamiento plano quiso ver el final de la Urss como el final del marxismo. Y desde entonces proliferan estudios y bibliografía que titulan el capitalismo como capitalismo afectivo, big tech, welfare o neofeudalismo digital, cognitivo, de vigilancia, de plataformas, flexible, gore, humanista, inclusivo, jerárquico, justo, liberal, líquido, límbico, mixto, rosa, sostenible, solidario, conceptual, verde, woke o zombie.

En realidad, capitalismo hay solo uno, y en tres grandes fases, por orden de llegada: mercantil (manda la moneda), industrial (manda la fábrica), financiero (manda la Bolsa) y en dos revoluciones transversales: la revolución científico técnica (o segunda revolución industrial, 1880-1920) y la revolución digital, a partir de 1950. A día de hoy, moneda, fábricas, finanzas, la Banca, la Bolsa, la ciencia y la técnica y la electrónica se siguen usando (junto a maneras feudales o esclavistas que todavía sobreviven) sin que el capitalismo haya cambiado de condición ni faltado a su esencia, esto es: la explotación del hombre por el hombre y el trabajo asalariado como fuente y origen de la plusvalía, de la riqueza. Ese fue el Carlos Marx invencido, el que escribió El Capital.

El Marx político tanto entendió el socialismo como fase superior del capitalismo, que imaginó la revolución en el país de capitalismo más avanzado: Inglaterra (y no Rusia, donde finalmente estalló algo parecido a la revolución proletaria, ‘algo’ nada más). Marx no hubiera sido nunca anticapitalista. Su dialéctica consistía en superar, no en destruir. El socialismo, como fase superior del capitalismo, promovería la acumulación y concentración de capital (por grandes empresas y servicios, no el tendero en su tiendita) mediante cooperativas, expropiaciones, nacionalizaciones y socializaciones que habrían de ir, naturalmente, en contra de los intereses de la burguesía y, de ahí, la toma del Estado por la fuerza por lo que Marx concibió como dictadura del proletariado. Dictadura que aboliría la propiedad privada de suelo, materias primas y medios de producción; no el rosario de mi madre, que seguiría siendo mío.

Lo que no pudo imaginarse el joven Marx es la cantidad de pamplinas o fantasías, bien o mal intencionadas, que harían botafumeiros del capitalismo en una enorme perífrasis con tal de no nombrar al capitalismo por su nombre.


 

reseña libro: la economía de la atención.

Portada-enemigo-conoce-sistema-Debate

El enemigo conoce el sistema, el sueño roto de una Internet libre: triple fraude de la inteligencia, del negocio editorial y del nuevo mundo que se merece el mundo.

1.
Entre George Orwell (1984) y Aldous Huxley (Un mundo feliz) nos quedamos con Carlos Marx.

2.
En cuanto al libro, por lo leído, primero va en el tópico de los peligros de la Red. Peligrosa o no, la red ha llegado para quedarse, quejarse de ella puede resultar didáctico pero derribarla es inútil: habrá que cambiarla, como diría Marx; tomarla (como se tomó en su día la Bastilla o el Palacio de Invierno) para la causa de Internet de las ideas, no de las chorradas.

3.
Y, entre el Estado y el individuo (pasando por la empresa), no la emprenda, Marta Periano, con el Estado y la visión igual de todos los totalitarismos, históricos o distópicos, otro tópico, que ya cansa. El Estado es la única superación del individuo que conocemos.

4.
Termina con la trama rusa contra Trump. Interesantillo pero déjà vu. Ya leído.

5.
Solamente lo de después de la economía de la atención (subtítulo del libro) ya debió servirnos como señal de peligro para no seguir leyendo. ¿Economía de la atención? ¡Lo que no inventen cátedras!

6.
Ya decía alguien que lo mejor de una reseña o crítica previa a un libro es que nos ahorra la tentación de comprarlo. Por algo desapareció la revista Mercurio.