Etiqueta: [Viaje a Italia]

Venecia en nevermore.

Venecia marca de agua

Nevermore, nunca más, suena a noviembre y en noviembre fuimos a Venecia cuando nadie va a Venecia. Inconvenientes: el amplio equipaje contra el frío y la lluvia. Ventajas: acceder a los santos lugares de la foto obligada sin guardar cola. No quieran entrar en la Basílica ni en el Palacio Ducal llevando mochila. Las requisan en consigna, protocolo antiterrorista. Sin bolso de mano o con bolso y, muy importante, katiuskas o zapato antideslizante por la humedad de los suelos, por si les pilla el agua alta, como allí llaman a las pleamares invasivas, y porque habrán de subir y bajar a góndolas y vaporetos donde es fácil resbalarse.

Los viajes se dividen en dos. Viajeros que buscan nuevas experiencias y viajeros que buscan su imagen y semejanza. Yo soy de estos, dando por sabido que allí Cruzcampo no hay. No creo que en ningún lugar me esté esperando algo o alguien que puedan sacarme de mi arraigado escepticismo o incultura o descultura. Quien como yo porta el lema de que la civilización es hija de lo abominable, no ve más que barbarie donde la mayoría, bellas artes o paraísos perdidos o antropológicos. A las tabernas, pues, a las calles de ropa tendida y a los sitios donde el aspecto del paisanaje nos dice: esta gente es de Venecia, este sitio es de uso interno y no para turistas.

Joseph Brodsky placa en Venecia

Con lo que se ha dicho y cantado sobre Venecia, mi lectura recomendada es Marca de agua de Joseph Brodsky (1899‑1996), firmada en noviembre de 1989. Otro nevermore. Marca de agua son 51 episodios breves (un libro de apenas 40 páginas) donde el profesor Brodsky cuenta sus vacaciones de invierno fijas en la ciudad de Venecia desde 1975. Venecia es de esos lugares donde se va a conquistar o a dejarse conquistar. Entre don Carnal y doña Cuaresma, extremos que aquí están confundidos todos los días del año, raro es ‑en una breve estancia‑ atender los dos frentes. Esas parejas en viaje de novios para al final no salir apenas de la habitación. A Venecia se vuelve. A los novios, tal vez.

–descarga Marca de agua de Joseph Brodsky en formato Kindle

–descarga Marca de agua en pdf en Escueladeruso.com

–descarga Marca de agua en pdf en Ignacio Darnaude

álbum de fotos

 

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ponentino y levantazo, sufijos.

20160601_213417 Pilar con Francesco en Ponentino

En Roma llaman ponentino al viento Oeste, que viene del mar y hace soportable el verano y, en Sanlúcar, levantazo, al vendaval de polvo y fuego que barre sombrillas y borra la marca a los aires acondicionados por la avenida de las Piletas, exageración que pillo de Montero Glez, perito en vientos de Levante. Il ponentino presta su nombre además a la trattoria [tratoría: bodega restaurante] donde íbamos a comer o a cenar, en el Trastévere. Francesco, el camarero, nos regaló al despedirnos una botella de Chianti, vino que tuvimos que dejar al embarcar en Fiumicino por aquello de la seguridad aérea. ‑ino, ‑azo. ¿Qué sería del idioma sin sufijos? En Andalucía es muy viva la distinción del andaluz de la ‑ico, ‑ica, propia del antiguo reino de Granada, frente al ‑ino, ‑ina, del andaluz occidental. Dejar el Chianti en tierra fue un coñazo. El personal de vuelo no admite regalos y el pasaje desconfía. ¿Dejarlo en una papelera? No hay papeleras cuando estás en la dichosa cinta. Mi caña de paseo, ese bastón que me andamia a lo Charlot en las paradas, también estuvieron a punto de no dejarla pasar. Tuve que fingir el diablo cojuelo ante el policía para que viera que, mi caña, de verdad me necesitaba para servir a una buena causa médica, y no como arrojadizo instrumento terrorista. Y es que son de piñón sufijo. A Roma, pese a ciertos coñazos, se vuelve siempre. En la foto, Pilarica y Francesco, posando una migajina. El fotógrafo sabe que no vale por lo que valen sus fotos. Vale por esas miradas.



 

roma a la cervantina (receta)

spqr-foto-elisa-pernil
Auténtico pie de foto (foto Elisa Pernil)
[ CUATRO MIRADAS A ROMA ]
–roma a la cervantina–
Receta. Se cogen los cuatro palos de la baraja. En folio aparte, se disponen un obrero del gremio de la construcción, un Miguel Ángel Buonarroti en buen estado, un Papa cosecha 1527 etiqueta Sacco di Roma, un emperador Carlos V y alguien que sepa cómo va esto. Puede ser Elisa Pernil o usted misma, Leyenda, más acá del Trastévere. Se mezcla todo con el soneto Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla. Se arrebujina con toques de marxismo leninismo (podría valer congelado, es difícil encontrar bolcheviques frescos del día en el mercado), y se rehoga con ritmos imparisílabos y asonancias sueltas. Se  sirve en bandeja de entrada de álbum de fotos con megustas de guarnición.
La primera mirada es la de bastos. –Dios mío, esta máquina insigne la levanté yo mismo con mis manos piedra a piedra. Muchos murieron. ¿Me llamarán la próxima o me echarán por tullido para el andamio? ¿Qué será entonces de los míos?
La segunda mirada es la de espadas. –¿Le gustará al terco inquilino del Vaticano? ¿Habrá visto a Dios con mejores ojos? ¿Se morirán de envidia los que no pueden verme? ¿Le encontrará ese defecto mi Cavalieri?
La tercera mirada es la del oro. –Penitenciágite, Emperador del a tomar por sacco. Penitenciaos, tercios del Sacro Imperio. Que os vayan dando, gibelinos, plaza en el purgatorio donde purgar quien no se espante, voto a tal, de esta grandeza.
La cuarta mirada es ya de copas. Del turista occidental que luego, incontinente, entró al museo, requirió la cámara, se hizo la foto y fuese y no hubo nada.

bomarzo

[BOMARZO]
No irá al Parco dei Mostri el orco, el ogro,
el drago que asustaba a las madres de las ninfas,
al que nada sorprende y a quien todo le aburre
del circo de la fama del arte y la cultura.
A dos pasos de Roma (mil y pico hasta aquí),
Mujica en la mochila, detrás de aquel Orsini,
io sono el jorobado, el contrahecho,
el monstruo de los monstruos, vida mía.
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/ sobre una idea de Félix Morales Prado. Félix: no fuimos a Bomarzo. No por falta de ganas. Si acaso, por sobra de monstruos. Te lo debo.  /

Leyenda en Roma

Recuerdo de Italia en Roma Campo de las flores (2)

[LEYENDA EN ROMA]

 

Culpable, Roma, de no enterrarme en tus ruinas ni ejercer de cónsul cultural haciendo fotos, guardando colas, pagando entradas, atendiendo lo que digan guías y audioguías. Culpable, Roma, de volver ligero de Bernini y la Capilla Sixtina; de haber pasado sobre el Capitolio, el Foro o las Termas y de no echar siquiera en la maleta la verdad leve que escondían plazas y fontanas. Culpable yo de la mirada que preguntaba por qué me trajiste acá. Culpable, Roma, de esos ojitos marrones.

 

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Roma y Florencia

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ROMA Y FLORENCIA

Roma y Florencia guardan cierto pique una con otra. A Roma le falta saldar sus cuentas con el Barroco; a Florencia, con los mercaderes de oro y diamantes del Puente Viejo. A Roma le sobran los atropellos de la Contrarreforma; a Florencia le falta el Trastévere. Del barroco romano, se salvan las estatuas de plazas y fontanas, la distorsión y el escorzo dan vida y movimiento a las figuras, pero son abusivas las fachadas jesuíticas. Roma recuerda al viajero lo que el viajero abominó de la arquitectura jesuita en otras regiones. Como en la hermosa Cáceres, donde la iglesia de San Francisco Javier, que está bien para las misiones, nunca debió plantarse donde no había misión. En Lisboa la bella, iguales mamotretos de la Orden estropean lo que vemos. Todo son dudas para el residente y el turista. ¿En qué momento se detienen las ciudades? ¿Quién o qué fija el punto de decirle a la ciudad: no la toques más, que así es Lisboa? Que a veces el atropello obra el milagro, lo sabemos por la Giralda de Sevilla pero lo ponemos en duda por la mezquita de Córdoba. En los dos casos vinieron los cristianos sobre los árabes, hicieron de las suyas. Si consentimos la superposición por parte de los vencedores, Mezquita y Roma tenemos que aceptarlas, pero también Sevilla con Las Setas o la Torre Pelli, en tanto monumentos del capitalismo, que es lo que hoy se lleva y, en ese sentido, es arte vencedor. Probablemente la respuesta esté en la comodidad de la gente y en la vida que la gente imprime. En Roma todas las guías coinciden en que los romanos pasan olímpicamente de sus arqueologías y glorias monumentales. En el Foro, en el Capitolio, no había más que turistas. La vida estaba en otra parte. Florencia, otra vida que tiene, está en Fiésole, cruce de Aljarafe con las ermitas de Córdoba. Allí, en Fiésole, el privilegiado retiro (sacrificio, le llamaban) de los señoritos franciscanos antes de que la Orden los mandara a trabajar, nenes, al centro de las ciudades. Era el románico frente al gótico. Desde Fiésole, da gusto pensar los tópicos y la vida retirada, la primera, la de Boccaccio por huir de la peste, que le inspiró el Decamerón. Boccaccio, Dante, Petrarca. Decir Florencia es decir origen, es como repasar la primera lección del libro de texto. Por donde empieza todo. La lengua. Igual que Florencia está unida a sus humanistas, ya quisiera Roma librarse de sus teólogos y adivinos. El prefijo a‑ es privativo, como anormal de normal. De Roma, nos quedamos con la estatua de Giordano Bruno.

Viaje a Italia (1), (2: Roma)

Fíesole, en nuestras fotos