
Hay algo poético en el azar de Morante en este inicio de Feria. Una cornada por el culo, un ojete por vida desgraciado, una herida simbólica y brutal, que abre comentarios estúpidos en detractores de la fiesta. Yo me abstraigo y no me sumo. Hago mío de pensamiento y palabra y obra y omisión a Rafael Sánchez Ferlosio (1927·2017), quien, de admirador de Curro Romero o Rafael Ortega, pasó a ser crítico feroz antitaurino, más por «vergüenza hacia los hombres» que por compasión animalista. O sea, ni los toreros por toreros; ni los toros por toros, ni el coso por su albero, ni el señor conde por su ganadería: la afición, nosotros somos, que pagamos y aplaudimos, responsables o cómplices. Y si el gordo de navidad nunca nos toca, comprando un día un billete contribuimos a esa lotería.
Algunas circunstancias de Morante de la Puebla nos lo acercan a la familia. Morante celebró su actual segundo casamiento (por lo civil) en la Hacienda los Ángeles, año 2010. Morante tiene una hija de 16 años que ya es alguacililla, ojo con eso. Los alguacilillos son agentes de la autoridad en la plaza de toros, encargados de transmitir las órdenes de presidencia, despejar el ruedo, abrir el paseíllo a caballo, entregar las llaves de chiqueros y otorgar los trofeos de orejas o rabos a los toreros; visten a la moda siglo 17 y actúan en pareja como parte de la Santa Hermandad y de otros pares del Orden, con dieciséis años la criatura. José Antonio Morante Camacho tiene, además, un hijo varón primogénito que es futbolista del Betis y de la Selección sub 18, y que hace capilla por la Piedad del Baratillo. Vírgenes, fútbol y toros; toros y fútbol, cofradías y cruces. Quien encima hable de Vox, ya es por hablar del color de las divisas o del cristal de los faroles.
Comparo los dos públicos de Morante en la Maestranza. Empezábamos el jueves 16, cartel de no hay billetes por Morante con Juan Ortega y Víctor Hernández, uno de los nuestros. Y acabamos el lunes 20 con una cornada que pudo haber ido a parar al joven Víctor Hernández. A eso se juega en los públicos, también llamados tendidos, ¿o no?
Bien por las ciudades sin tauromaquias de riesgo. Bien por la gente que sale a pasear sin morituri te salutant. Bien por el brindis sin césares. Bien por las plazas Maestranzas o Romas o Itálicas sin gladiadores de sangre.
