Etiqueta: Bécquer

los lirios en la aldea global.

«soy pobre y me arrepiento de cultivar los lirios y al lado de los lirios me someto a la pena de lo global la globa mírame lización de todo lo divino y de todo lo humano»

Palabras de un poeta que me traen a la cabeza estas otras, de Bécquer: «En mi camino fatal alguien va sembrando el mal para que yo lo recoja». Eso podría decir la Aldea Global, tal cual la concibió McLuhan en los años 60: alguien va sembrando el mal para que la globalización lo recoja. Está lejos ese Estado Universal ‑que vimos desde Tomás Moro hasta en los géneros de anticipación‑, ¿y ya estamos quejándonos de él?

En el rechazo a la globalidad o globalización se mezcla aquel veneno inoculado contra el comunismo (donde se amenazaba con que hasta el rosario de mi madre iba a pasar a manos del Estado) junto al individualismo que defendemos como conquista ‑que lo es‑ y no como sumisión, que también lo es.

Economía, enseñanza y filosofía (del “tienes que ser tú mismo”) no han creado individuos originales, sino cromos de un mismo álbum. La moda, la ética, la democracia no hacen más que reproducir borregos que eligen su pastor: Zara o Mango, mar o sierra, PP o Psoe.

En la aldea global sobrarán pastores o virreyes o Estados intermedios; sobrarán marcas de nación o país: de ahí, la estupidez soberanista (de Cataluña, pero también de España como Estado). En el ámbito imaginado de una sola humanidad y de una única nación, ¿qué peligro corren los lirios que yo cultive?

Excusatio non petita, accusatio manifesta.


“masculino incluye femenino”, verdades y mentiras.

El tercer género por David Uzquiza
el tercer género, por David Uzquiza

En relación al artículo Cinco aportaciones al español de la e, comenta un amable lector: «Vaya basura de artículo. Estos son idiotas. En español el plural masculino engloba ambos géneros. Basta ya de idioteces.»

Leído lo cual, en singular o en plural, sobra decir que ni la Academia ni la gramática responden con viveza a las necesidades de la sociedad. Por algo dan normas retroactivas que en el habla se saltan continuamente, empezando por las concordancias, y de ahí la larga lista de amonestaciones que recibimos si no lo hacemos bien: laísmo, leísmo, solecismo, anacoluto, vulgarismo o, simplemente, error, y debe usted corregirlo. Yendo al género, tan cierto es que “masculino incluye femenino” en la palabra mosquito, como que “femenino incluye masculino” en la palabra mosca. Entre varones y hembras, la clave está en quién llegó primero, cuál de los géneros, macho o hembra, ocupó antes un oficio. Hasta ayer casi, sobraba que jueces incluyera juezas, porque mujeres magistradas no había. Y, al revés: criadas, matronas, secretarias o amas de casa nunca han incluido varones; ahora se dice matrón sin dificultad, aunque secretario y amo de casa no son exactamente lo mismo. El sistema tenía a su alcance una solución que se impuso a las mujeres, que es tomar el masculino soldado, juez, médico, abogado, mecánico, y decir la soldado, la juez, la médico y la abogado, regla que no han seguido los varones (¿por no parecer mariquitas?) y no se oye el secretaria, el niñera, el matrona, el criada, el fregona o el plañidera. Como ejemplos, bastan. Luego viene el conglomerado elegetebé (colectivo de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales) y resulta que un tipo quiere ser el reina. ¿Quién le dirá que no? El español de la e es una idea para un lenguaje más inclusivo, algo que nos ayuda a ganar presencia, mercado y amistades. Y ¿por qué no amigues, en vez de amistades de ambos sexos (tan horrible como el todos y todas)?

Mañana hablaremos de cómo en literatura hombre no ha incluido mujer hasta muy recientemente. Y ahí está Gustavo Adolfo Bécquer (1836-70) con su “mientras haya una mujer hermosa habrá poesía” y ahí está la canción de Jarcha que fue himno oficioso de la Transición española, Libertad sin ira (1976), que con la buena gente se refiere a quienes desean “su pan, su hembra y la fiesta en paz”. ¡Vaya inclusión! Y es que la lengua de géneros empezó por un afán de visibilidad y que cada quien hace visible de su persona o de su grupo lo que quiere y, de su auditorio, lo que cree que no se ve. Siempre la Academia fue compañera de la lengua, más que del habla, y siempre la lengua fue compañera del imperio, decía Nebrija, y el imperio ha sido siempre masculino varón.


¡Ya hemos pasao!

¡Ya hemos pasao! fue la canción de Celia Gámez cuando el ejército de Franco entró en Madrid.[1] ¡Ya hemos pasao 2016! El espectáculo ha sido un reto financiado, artificial y bochornoso. Financiado, porque a toda costa de policías y gastos de seguridad (que alguien paga o pagamos con nuestros impuestos) Occidente tenía que demostrar que el yihadismo no iba a amargarnos las fiestas. Artificial, porque nuestros belenes y nuestras uvas no podían interpretarse como espontáneas manifestaciones de fe y de alegría (con el niño Jesús secuestrado en varios belenes públicos y con las plazas de la toma de uvas en estado de máxima alerta). Bochornoso, porque la escenificación de la navidad y del año nuevo (con sus villancicos, uvas, confetis y fuegos artificiales) no podía ser, sin pecado, un adorno: estábamos y estamos tocando fondo.

Ni el 16 fue para dar gracias ni para tirar cohetes ni el 17 será feliz más que para quien pueda costearse y blindarse la felicidad (único egoísmo bien visto). ¡Ya hemos pasao! Los ministerios de defensa y de interior se frotan las manos y dan el parte a la nación: –¡Sin novedad en nochevieja! A base de vallas y bolardos, restricción de camiones, escáneres, cámaras ocultas y cacheos, así cualquiera.

Pasado mañana quien trabaje volverá a su trabajo. En el desayuno -y a la vuelta de Reyes- volverán las oscuras concertinas de empresa y de colegios: ¿cómo lo pasasteis?, ¿dónde estuvisteis? Y a esperar que llegue primavera, que matarán al Dios que les acaba de nacer. Paternidad responsable, se llama eso. Pero antes, a devolver los regalos fracasados y a ver qué cae este año por las rebajas. Y cada día diremos ¡Ya hemos pasao! con tal de que nunca pase nada. Lucidez y buena suerte y que no nos pase nada.

*

[1] Martes 28 de marzo de 1939. ¡Ya hemos pasao! (música Hans Eisler, letra José Herrera Petere) fue respuesta provocación al ¡No pasarán! de Pasionaria y del bando republicano. El 1 de abril Franco dio por terminada la guerra.

plagio o devoción

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DONDE HABITE EL OLVIDO

Se llama paráfrasis, intertexto, puede ser glosa o cita. Se trata de tomar un texto (A) y sobre él y a partir de él construir otro (B), tenga la relación que tenga con el primero: recreación, variación, parodia. En la poesía española del siglo 20 dos poetas cogieron texto ajeno y lo usaron de título para libros o poemas propios. Uno fue Luis Cernuda: Donde habite el olvido, poema y libro (1931), lo sacó de Bécquer. Otro fue Pedro Salinas, que tomó el título La voz a ti debida (1933) de Garcilaso[1]. Donde habite el olvido todavía tendría descendencia en Joaquín Sabina en una canción de sus 500 días y 19 noches (1999). Todo está en el artículo Donde habite el olvido: de Bécquer a Sabina pasando por Cernuda, firmado por CaArte en la web Acabando con la Cultura, que eLTeNDeDeRo recomienda.

Leído lo cual, si les sobra tiempo o no les importa perderlo, vean lo que opina sobre el plagio Hernán Darío Carro, autoproclamado poeta. TRANSCRIPCIÓN de los comentarios.

Comentario 1. Anónimo, 30 de abril de 2011, 0:35: Sabina para inspirarse ha bebido de los clásicos, y también de unas cuantas botellas de whisky, y sin soda, qué voy a hacerle yo.

Comentario 2. Rita, 21 de marzo de 2014, 13:32: Cada uno bebe de lo que quiere. Sabina es un gran poeta.

Comentario 3. Hernán Darío Carro, 17 de marzo de 2016, 4:31: Sabina es un ladrón de versos, toda su obra es un plagio y como buen ladrón glorifica a los ladrones. No quiero malgastar mi tiempo aquí escribiendo sobre un poeta tan pobre y tan vanamente glorificado. 4:37: Yo soy poeta y yo escribo sin robar nada a nadie y si cien años después de mi muerte alguien roba mis versos y después dice que es en mi homenaje sin duda que volveré del otro mundo a tirarle de las orejas. He aquí uno de mis mejores versos, publicado en Argentina y en España:

SOMOS
caricias que en la piel se bordan
cuando junto a las sombras
tus deseos me nombran
y nos conocemos con premura
durante la penumbra que siembra la luna que nos alumbra
hasta el amanecer
Navego en las entrañas de tu ser
para volver a nacer
entre tus piernas, mujer.

Hernán Darío Carro

Comentario 4. Respuesta de Anónimo, 30 de mayo de 2016, 13:17: La asunción de yo soy poeta habla mucho (y mal) del que lo dice. La poesía (y, en general, la literatura, el arte) se ha construido siempre sobre las bases de otros. Nadie saca lo suyo de la nada. ¿También tirarías de las orejas al gran Cernuda por coger el verso de Bécquer?

Comentario 5. Hernán Darío Carro, 6 de junio de 2016, 15:10: Yo soy poeta y en verdad me hubiese gustado ser el poema (Gil de Biedma). Para ser un verdadero poeta es necesario adentrarse en el yo y encontrar la propia voz, la esencia del ser. Aquellos que siguen ligados al nosotros, jamás van a ser poetas, solamente escriben y hacen cultura vulgar para las masas. El gran Cernuda es intocable, porque sus poemas así lo demuestran, su pluma es única y original. En verdad [lo que encuentre] en mi poema me tiene sin cuidado. Hace mucho tiempo que no dependo del juicio de los hombres y eso sucede desde que soy inmortal.

[1] Salinas cita la fuente de Garcilaso y Cernuda no, de Bécquer. En Sevilla en los años 30 el mundillo literario sabía que donde habite el olvido era de una rima de Bécquer.

la internet

la-nube-internet-web-red

la nube, la red, la web y la internet

Una de las ventajas de la lengua inglesa sobre la española: las cosas no tienen género, mientras el español se empeña en la ventana y el balcón como si tuvieran sexo. ¿Qué ocurre cuando el español adopta y hace suya una palabra inglesa, qué género le damos? Lo normal sería el de su traducción: net es red, la red y, por tanto, debería triunfar la internet, con o sin mayúscula inicial[1]. Sin embargo, en ese gran observatorio del lenguaje que es Google, el internet casi multiplica por diez los resultados de la internet[2]. Si vamos a otros repartos del español en series parecidas, es notable la tendencia de nuestro idioma a reservar el femenino a lo que abarca a un conjunto o a una actividad; y el masculino, a la unidad: la navegación y la fontanería para un barco y un fontanero. Es verdad que existen las barcas, el ciclismo y una bicicleta, pero fíjense en los repartos de el y la dentro del universo de los medios: la tele y el tele, la prensa y el periódico, la publicidad y el anuncio, y las personas mayores sabiamente han distinguido el radio, aparato, de la radio, emisora, la Radio Nacional[3]. A internet, lo mejor es no ponerle artículo o reducirla a red, con mayúscula si se quiere distinguir de otras redes. Red, la Red, la red, la Internet, la internet o internet debieran nombrar el medio y reservar el internet para una conexión concreta, en frases del tipo el internet de esta casa va lentísimo. La adopción de red por toda internet (estar en red, salir en red, redes sociales) aligera de anglicismos nuestro invadido idioma y deja hueco para adoptar uno que merece tratamiento de palabra de acogida: web, red, malla. Ya era extranjera la uve doble, y vino web y la multiplicó por tres: www (wide world web) red mundial, nube también, donde ojalá nos conozcamos todos. No iremos hasta el final de uno en uno sino de dos en dos, escribió Paul Éluard (1895‑1952) pensando en Gala, el pibón de su mujer[4], que lo dejó plantado por Salvador Dalí. pibón (de pibe) o guayabo (fruto de la guayaba) son, más que masculinos, masculinismos de muy machos que pierden los ojos detrás de una mujer hermosa y que contradicen la norma de dar a las féminas palabras femeninas. De un pibón trata The sting, breve relato de Antonio Delgado Cabeza que hoy publica El Sobre Hilado. Léanlo con el aviso de Mario Benedetti (1920‑2009) en este poema naturalmente titulado La red:

LA RED

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Igual que la de Bécquer
el arpa de la araña
en un ángulo oscuro
espera o desespera
el aire de la siesta
mueve sin destruirla
la seda de cordaje
hay una breve escala
de silencios
por fin
una mosca inocente
o quizá alucinada
sucumbe ante el hechizo
y paga con su vida
el haber profanado
el hermetismo
de la sencillez.

*
benedetti_mario_2

enlace a género en inglés, a pibón

[1] La Internet suena a La Internacional, de rojas connotaciones.

[2] 11.300.000 a 1.220.000.

[3] En español coloquial el femenino adquiere un valor aumentativo. maricona es más marica que maricón y el mar dicen veraneantes de playa; la mar, quien se juega la vida en ella. Para no discutir, El mar. La mar, de Rafael Alberti.

[4] Estos genitivos de adjetivo absoluto son muy divertidas en español: no es que la mujer tenga un pibón: la mujer es el pibón. Y así nos pasa que en el burro de tu hermano no sabemos si tu hermano tiene un burro o si él es el burro.

mujeres

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MUJERES

La Historia era una historia de modos de producción (esclavismo, feudalismo, capitalismo) todos ellos patriarcales sobre un matriarcado original al que un día, y con ayuda del marxismo feminismo, regresaríamos como al paraíso, ya sin primacía de ningún modelo sino como superación de los dos.

En el principio fue el matriarcado. La paternidad, o era incógnita en régimen de promiscuidad, o no importaba no habiendo nada que heredar ni que dejar en herencia. La ascensión del varón tuvo que ver con la prevalencia física del músculo[1] para la doma, la forja o la guerra, bases de la nueva economía. La prole, la casa, la granja, la pacífica agricultura seguían en mujeres[2]. Y estaba cantado que el varón al volver de la guerra, con el botín de la guerra y antes de marcharse otra vez a la dichosa guerra, iba a imponer sus pruebas de paternidad: la familia, la primogenitura, el apellido, la herencia: el patriarcado[3]. Sobre ese cuadro, el feminismo histórico[4], de mujeres de los siglos 19 y 20, hizo una proyección a su imagen y semejanza sobre un pasado en el que las mujeres nunca tuvieron el mando: en las Cruzadas, en los descubrimientos, en las rutas de la trata de razas y materias primas. No hay que preguntarse cómo serían Juana de Arco o Isabel la Católica. Nos los dicen Indira Gandhi, Golda Meir, Margaret Thatcher o Angela Merkel: mujeres varones.

Mi generación ha visto pasar de un feminismo civil, militante y vindicativo, a una ascensión de lo femenino. El culto al cuerpo, el movimiento hombres embarazados, la nueva educación, todo es poderío femenino, para entendernos. Pero en ese cambio (climático) ha faltado la superación o negación de los viejos roles. Sirvan de muestra el orgullo gay, básicamente imitación de una imaginería feminoide, y la mujer islámica, tan feminista ella como tapada. Ambos absurdos bailan y se dan la mano en el orgullo burkini hasta vaciar del todo un feminismo cambiado en femineidad o feminidad, que de los dos modos se puede decir; docilidad, también, de quienes han renunciado a cambiar el mundo. Luchar cansa y es más fácil someterse, dar por bueno y proseguir.

Quienes cantan las gracias o virtudes de las mujeres (y los niños, primero, como en el Titánic), que prueben a prescindir del grupo varones y a ver qué les sale, mundo mejor o peor. El elogio a la mujer recuerda al Bécquer de mientras haya una mujer hermosa, manera de decir que la poesía era cosa de hombres. Mismo caso de Compañeras, presunto poema del madrileño Aluche Marwan Abu-Tahoun, Marwan, de su libro Todos los futuros son contigo (2015), ampliamente seguido en versión youtube: yo tuve algo que decir y no dije nada. Hablar de las mujeres es sacarlas del grupo humanidad.

Ahora, cuando la prevalencia física queda para las olimpiadas, cuando la revolución digital científico técnica desposee al macho de toda ventaja muscular, cuando la gestión de recursos y la economía punta son plurisexuales, ahora ‑justo ahora‑ es más aberrante la reducción de la mujer como heroína en casa y más sangrante la dejación del femenino singular y plural cuando más falta nos hacía para combatir el supuesto feminismo que se nos venía encima de mujeres disfrazadas de cultura, con el rearme de la religión que han traído, y como soportes vitales de un suicidismo terrorista que nos matará un día de estos. Mujeres son todas las mujeres, no las que un pavo elige en su cabeza.

[1] músculo > másculo > masclo> macho.

[2] El triángulo mujer casa agricultura lo percibíamos de chicos en la casa del pueblo de los abuelos, donde la abuela ejercía con una seguridad que nuestra madre en la ciudad no tenía.

[3] Decir familia patriarcal es redundancia. No hay más familia que la que impuso el páter familiae.

[4] Feminismos hay cuatro. Feminismo militante, o de tomar partido. Feminismo histórico, o de búsqueda de mujeres pioneras. Feminismo conductual, de lucha por la paridad en modos de vida y tareas domésticas. Y feminismo civil, por la igualdad de derechos políticos y sindicales desde las primeras sufragistas.

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