La fotografía y las fotos

daniel lebrato fotógrafo

LA FOTO Y LAS FOTOS
–a los 177 años del nacimiento de la fotografía–

En 1839 el gremio del cuadro formado por pintores y retratistas se dividió en dos: quienes vieron en la fotografía un intruso sin mérito comparado con ellos, los artistas a mano, y quienes se apuntarían al nuevo invento bien como fotógrafos profesionales o, mal, como aprovechados que utilizaron fotos como plantilla o base de calco para lo que seguían siendo sus cuadros. La batalla que ganó la foto y luego el cine fue el realismo. La cámara captaba la instantánea social, la imagen periodística, mejor que el plumilla con su boceto a lápiz, y captaba una puesta de sol, la belleza, mejor que el pintor a pie del acantilado. Tanto realismo trajo, a la larga, la derrota del realismo y el surgimiento del arte abstracto y de las vanguardias, lenguajes no figurativos imposibles para la máquina. En literatura, la divulgación de la imagen trajo el fin de las largas y detallistas descripciones. De la novela naturalista (tipo Pereda o Pardo Bazán), se pasó a la novela impresionista (tipo Baroja) y desde la Generación del 98 las páginas descriptivas, fotográficas, nos las saltamos porque ya nos las sabemos hartos, como estamos, de recibir imágenes, tantas que ‑cantidad y calidad‑ ese es ahora el debate.[1]

Apocalípticos dicen que la toma de fotos no nos deja ver el paisaje que fotografiamos y que la continua vuelta a las imágenes, su visualización en nuestros dispositivos, merma nuestra sociabilidad y privacidad y nos vuelve autistas, además del copia y pega y de la manipulación digital que permite que la cara o el cuerpo de cualquiera de nosotros pueda estar impunemente sobrepuesta en la foto o en el vídeo más infames. Todo es cierto pero es inútil ir contra un invento. Con tantos ojos electrónicos que nos ven, cámaras ocultas, circuitos cerrados, lo mejor es salir guapos y poner la tecnología al servicio del humanismo crítico y ético; también para la supervivencia o el orden cuando lo necesitemos.[2]

LAS FOTOS
–becquerianas–

 

Cerraron sus ojos
al flas y hay que hacerlo
diciendo patata,
los ojos abiertos,
sacando la lengua,
el pirsin bien puesto,
con cara de enfado,
poniendo los cuernos.
Después, en las redes
sociales saldremos
marcando figura,
y todos contentos.
¡Dios mío, qué fotos,
las fotos! ¿Nos vemos?

Despertaba el día
como el perro al dueño,
con sus mil megusta
despertaba el féisbu.
La luz en los vasos.
Vacíos o llenos,
encienden y apagan
la fiesta y los ecos.
Ante aquel contraste
de modas y pelos,
pinturas, tatuajes,
yo pensé un momento:
¡Dios mío, qué solas
las caras, los cuerpos!

Con Nikon o Canon
profesional, serio,
llorando entre dientes,
perdióse el empleo:
¡Dios mío, qué cámara,
con tanto teléfono!
Si no es por las bodas,
bautizos y eventos,
fotógrafo, nadie
ya paga por esto.
¿Va la foto al álbum?
¿Vuelve el blanco y negro?
¿Todo es photoshop,
whatsapp más o menos?

No sé, pero hay algo
que explicar no puedo,
algo que repugna
‑aunque yo, el primero‑
en subir ‑y subo‑
las fotos que hacemos
y en dejar tan solas
las fotos, los nuestros.

 

[1] La falta de imágenes visuales fomentaba las imágenes verbales, y las descripciones de lo remoto desconocido formaron parte del gusto lector o espectador, no solo en novela. En El burlador de Sevilla, atribuido a Tirso de Molina, obra de 1630, la larguísima descripción de Lisboa (ciudad entonces maravillosa para el común público de comedias) viene precedida y avisada por esta petición del personaje, el Rey: –¡Dadme silla! (que sé ‑y sepáis, público que escucháis‑ que esto va para largo: 188 versos). Corografía, artículo de Vincent Parello.

[2] Encuadren sus tomas en vertical o en horizontal según las vayan luego a ver. Si lo que estoy grabando o fotografiando voy a mandarlo a youtube, a un programa de televisión o con destino a mi pc, esos formatos de lectura siguen siendo horizontales y, por tanto, la imagen que les vaya destinada deberíamos tomarla en horizontal, aunque sea la foto de un solo varón larguirucho con paspartú de nada por detrás. El efecto whatsapp sobre nuestras vidas.

2015.08.13. Daniel Lebrato por Ricardo López

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