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el dijusto.

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dijusto (disgusto) pone lo justo donde el gusto (la justicia en lugar del gozo o del sabor) y adquiere, gracias a la etimología popular, una belleza ortográfica inusitada. La palabra dijusto así escrita aparece en el Espejo de consolación para los que en esta vida padecen tribulación, libro compuesto por fray Juan de Dueñas, predicador de la orden de San Francisco en 1542 y publicado en Barcelona en 1580 (digitalizado por Google y en Cervantes Virtual). Y está recogida en el habla de la Manchuela (comarca entre las Serranías de Cuenca y Albacete) y en el habla de Jaén, Andalucía y otros sitios. En Bajo de Guía, el dijusto entre macetas está al final de una calle que ya era callejón y que al final se convierte en patio de vecinos. Si alguien tiene mucho interés en visitar el azulejo, con discreción se le pasa dónde verlo porque no es plan molestar a gente que saca su hamaca o su silla a la puerta y con la fresquita y bajo la parra está en sus cosas y no en Instagram.

 

singular / plural o elogio del andaluz.

El origen de los saludos ¡buenos días!, ¡buenas tardes!, ¡buenas noches!, es, como todo, de fe en Dios (eso que sobrevive en la fórmula ¡Si Dios quiere!). Realmente se decía ¡Buenos días nos dé Dios! a ti y a mí, a los dos, y ahí está el plural.


La lengua es generosa; lo que no siempre, ni el corazón ni la bolsa. Por eso somos propensos al plural. Parte del malaje que no soportamos es la gente que continuamente habla en yoyó. Caía mal Fernando Alonso hasta que alguien le recordó el equipo humano y de empresa que había detrás de su número 1. Y cae mal Cristiano Ronaldo cuando se le sube el símismo a la cabeza, Messi bastante más sencillito. Llevado a los saludos de a diario, decimos buenos días porque el día es muy poco: y mañana y mañana: que todos sean buenos. ¿Habrá algo más singular que el amor y sin embargo, desde la lírica tradicional, andan las muchachas buscando sus amores, en plural; ellos, zoquetes, detrás de feudalismo y tierra santa, singular mi mi mí. Hasta los dioses son mejores que un solo Dios, altivo y presumido, y tuvo que venir la Academia (antes, el mester de clerecía) a prohibir Dios en plural, aunque la ese etimológica le juega al monoteísmo una mala pasada. ¡Buenos días!, ¡Buenas tardes! y ¡Buenas noches! para Carol, a quien deseamos (eLTeNDeDeRo y yo y Daniel Lebrato, que somos tres en uno) que tengas un buen día, en singular, como cuando queremos especificar: –Que tenga usted un buen día ‑dicho al taxista que nos deja en el hotel‑, o sea, una buena jornada en euros, una merecida recompensa a su trabajo. Plural, singular: nada como el andaluz, que se come las eses.


ALEA iacta non est.

En Medio siglo del Atlas lingüístico y etnográfico de Andalucía (ALEA), se pregunta Antonio Narbona cuántos andaluces podrían reconocer hoy los diversos tipos de arado (romano), a los que el ALEA dedica una decena de mapas y docenas de dibujos ilustrativos. La pregunta es retórica. El profesor Narbona, nuestro amigo Antonio, sabe que nadie sabe y que, quien sabe, no responde porque no lee Diario de Cádiz, de Sevilla y del Grupo Joly, donde él ha publicado su artículo. En la semana del Corominas (hoy, todavía, a disposición para vuestra descarga), sigue llamando la atención que Estado o Junta de Andalucía no tengan puestas a nuestro alcance digital obras de consulta como el ALEA.[1] Se movilizan animalistas por el lince ibérico, ecologistas por Doñana, se expropian tierras para que pase el Ave o una autopista, La Carbonería es ya bien cultural, ¿y la comunidad filológica no va a exigir la declaración del ALEA como bien cultural y patrimonio de la humanidad hispanohablante?[2]


A la recherche del ALEA perdu, hemos encontrado estos enlaces contrastados que puedan servirnos de consuelo:

Vocabulario agrícola andaluz según el Atlas lingüístico y etnográfico de Andalucía (ALEA).

Refranes incluidos en el ALEA.

–página ParemioRom de paremiología romance, refranes meteorológicos y territorios, de la Secció de Filologia Romànica, Universitat de Barcelona.

Mapas lingüísticos, Proyecto fin de curso de La Magnifique en Sevilla, dedicado al ALEA.

–el ALEA de la Junta de Andalucía en Arco Libros.

otros enlaces de interés

ZEA Sociedad para el estudio del andaluz.

Diccionarios del andaluz.

Diccionario colaborativo de usos del andaluz.

(Algunas de estas páginas chirrían por el casticismo supuestamente andaluz pero, aun así, merecen la pena.)


[1] Los seis tomos del Atlas lingüístico y etnográfico de Andalucía fueron publicados por la Universidad de Granada y el CSIC entre 1961 y 73, y en 1991 republicados en edición facsímil en tres tomos por la Junta de Andalucía; a día de hoy, a 401,5 euros sin iva ni gastos de envío.

[2] Declaración previa al expediente de expropiación para su definitiva nacionalización y exposición pública.

Er Prinzipito en andalú.

El Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) ha presentado Er Prinzipito (con ere y zeta), una oportunidad única para poder disfrutar de la filosofía que emana el libro a través de nuestro idioma andaluz, según nota difundida por el sindicato jornalero. El traductor, Huan Porrah, no es cualquiera: Juan Jesús Porras Blanco (Mijas, Málaga, 1970), licenciado en filosofía y doctor en antropología social por la Universidad del País Vasco, quien desde 2008 trabaja como profesor asociado de cultura andaluza en antropología social de la Pablo de Olavide de Sevilla. Para la lingüística, el andaluz como lengua es asunto zanjado. Al no darse una única modalidad hablada, no puede darse una única norma de escritura. Lo más que puede hacer cada andaluz hablante es transcribirse a sí mismo dentro de sus localismos más cercanos. Y eso, suponiendo que la transcripción sea fonológica (ese por zeta, zeta por ce), y no fonética (por el alfabeto fonético internacional), que ya es la leche para un público no habituado. La duda que nos queda es de quién nos reímos más, si del disparatado invento de un sindicato o de la universidad española, aquí doblemente representada, País Vasco y Andalucía. eLTeNDeDeRo, que no es partidario de meterse con los más chicos, se inclina a meterse con los mayores. ¿Qué clases dará este hombre, qué investigaciones y cómo es posible que semejante polizón viaje en la nave de la alta cultura española? En estos días, de ferias del libro por la geografía andaluza, cuando tanto gato colará por liebre, es para pensárselo.


Artículo de Antonio Narbona en Diario de Sevilla


the industrial revolution (2). Antonio Delgado Cabeza.

benagalbon foto Diario Sur

Llegué a Benagalbón en septiembre de 1980. Mi primera tutoría fue un séptimo de EGB. No he olvidado a aquellos alumnos de 13 y 14 años. Pepe, Manolito, Paco, Enrique, Salvador, Salvori, espigados, fuertes, con la piel curtida y callos en las manos. Cuando terminaban el colegio, ayudaban en los huertos familiares, dominaban las labores agrícolas y ganaderas. Sus padres pertenecían a la primera generación que había tenido que cambiar el campo por la construcción, trabajaban de albañiles o de peones en empresas malagueñas que se movían por la costa y los hijos compaginaban la escuela con su responsabilidad en las tareas del campo.

Recuerdo con especial cariño a los alumnos de El Valdés. Eran niños con una sensibilidad diferente. Académicamente fracasaban, eran considerados no aptos por la enseñanza tradicional al uso. Sin embargo, aquellos jóvenes eran capaces de cavar una viña, desmontar y arreglar el motor de su moto de 49 centímetros cúbicos o de estar un fin de semana vendiendo sacos de patatas en un cruce de carreteras del Campo de Gibraltar. Pasaban el verano yendo a Murcia o Manilva por uvas. La viña es un coñazo, maestro, hay que estar alrededor de ella todo el tiempo. Podar, sarmentar, cavar, vinar, sulfatar, despuntar, tapar, vendimiar… todo el año liados en unos pechos en los que no entran tractores ni nada, tenemos que usar amocafres, hasta los palos de los azadones sobran. Después, las pasas en los paseros, pendientes del cielo para poner los toldos en cuanto cae una gota. Antonio, ezo noztá pagao con ná.

Esa fue la última generación de jóvenes que se relacionaban con la tierra, que sabían los nombres de los árboles y de las plantas, que controlaban los cultivos de cada estación y los ritmos de la naturaleza. La mayoría de los adolescentes de ahora no distingue una encina de un olivo, el secano del regadío, las especies autóctonas de las foráneas. De una generación a otra se ha perdido la sabiduría acumulada durante miles de años, se ha producido una desconexión brutal con la Naturaleza, una enajenación artificial de la producción de alimentos, un desenraizamiento con el planeta de consecuencias imprevisibles.

Te he contado hasta ahora cómo he vivido la llegada de los motores a mi vida y a la sociedad que me rodea y quiero que sepas mi opinión acerca de este proceso de industrialización y modernización que ha concluido en la llamada globalización. Cuestionar que ha habido progreso, carece de sentido. Que vivimos mejor después de esta revolución es una obviedad. Que las máquinas en general y los electrodomésticos en especial han hecho más fácil y confortable la existencia es indiscutible. El último siglo ha cambiado radicalmente el paisaje rural y el urbano. Grandes edificios, carreteras, autopistas, coches, metros, aviones, cosechadoras, ordenadores, teléfonos móviles, todo diseñado para aumentar la calidad de vida.

Pero si ponemos la lupa en este macroproceso, descubriremos que no todo se ha hecho bien y, sobre todo, que no se han elegido ni el camino adecuado ni las formas correctas. El desarrollo tecnológico se ha dejado en manos de un poder fáctico supranacional sin escrúpulos que usa a los gobiernos -democráticos o no- para conseguir sus fines: perpetuarse en el poder y enriquecerse cada vez más. Los ricos son cada día más ricos y los pobres cada día más pobres. Se tiran a la basura millones de toneladas de alimentos mientras los habitantes del tercer mundo mueren de hambre. Los medios de producción -como los de comunicación- están en manos de una élite feroz que no entiende de justicia, equidad, solidaridad o redistribución de la riqueza.

Por mantener la sartén por el mango, lo mismo fuerzan guerras -el negocio de las armas es de los más rentables- que ignoran las alarmas de los científicos que advierten de las irreversibles consecuencias del efecto invernadero o del calentamiento global. Las miles de especies desaparecidas y las que están a punto de extinguirse les traen al pairo. Los contratos de los trabajadores son cada día más leoninos. Las petroleras ganan más. Las textiles ganan más. Las farmacéuticas ganan más. Los bancos ganan más. Y cada vez hay más pobres que son más pobres.

Mira este dato como ejemplo. Las grandes empresas españolas de todos los ramos están publicando sus balances de 2016. Todas coinciden en superávits muy positivos y en que la crisis está superada. Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional, la Unión Europea, el gobierno y la patronal, lejos de aconsejar un reparto equitativo de los beneficios entre los asalariados, apuntan ya a profundizar en las políticas que han dado lugar a esa plusvalía, es decir, más reformas, más recortes, más precariedad en el empleo…

¿Qué podemos hacer? Pues podemos hacer mucho. De entrada replantearnos nuestra participación política, nuestro compromiso social. ¿Qué hacemos además de votar cada cuatro años, a quién votamos, de qué nos sirve? Replantearnos el consumo. Este sistema se hunde si no consumimos o lo hacemos con moderación. Comprar lo indispensable, lo que realmente necesitemos. Mirar las etiquetas, saber de qué está hecho lo que compramos, dónde y por quién. La publicidad nos intoxica hasta hacernos creer que somos más felices cuanto más tenemos, pero en el fondo sabemos que no es así.

Replantearnos nuestra relación con el Universo y con la Tierra. Recuperar el contacto directo con ella, relacionarnos con nuestra energía telúrica, poner consciencia en nuestro cordón umbilical con la atmósfera, reaprender los ciclos de la Naturaleza, aprender a cultivar nuestros propios alimentos ecológicos, hacernos responsables de nuestra salud.

Replantearnos nuestra existencia, a qué hemos venido aquí. Nos pasamos la vida en un estado de ensoñación permanente, de anhelos y frustraciones, de apegos y miedos, a caballo entre los errores del pasado y los posibles éxitos futuros, sin disfrutar del presente, sin aceptar lo que ya es. Esperamos soluciones externas -políticas, financieras, amorosas- pero la solución está en nuestro interior. Somos seres completos. Tenemos que recuperar nuestra capacidad de oírnos y encontrarle sentido a Todo.

Nuestra razón de ser es crecer, hacernos mejores personas, ser más comprensivos y amorosos y e influenciar en nuestro entorno en la medida de nuestras posibilidades. Para este crecimiento personal hay un camino milenario que en occidente se usa poco pero que da los mejores resultados: la meditación. Pero eso es otra historia.

La próxima.

Antonio Delgado Cabeza, 10/03/2017

PlayaBenagalbon foto inforural

el andaluz y las lenguas.

En lengua, solo esto es cierto: 1º. La corrección no es comparada. Quiere decir: no en relación a otras lengas (el andaluz frente al castellano o el español frente al inglés), sino en relación a ellas mismas. Si en andaluz se dice pescaíto frito, quien diga la noche del *pescadito estará diciéndolo mal. 2º. Manda la ley del mínimo esfuerzo. Pedimos un kilo papas en vez de un kilo de papas o de patatas. Pero debemos evitar pensar *de que que no aporta nada a pensar que. 3º. Toda lengua bien hablada fue una lengua que se habló mal, de la que es dialecto o variante: el castellano, del latín; el andaluz, del castellano, y así. En lengua se puede decir que evolución y avance es corrupción (como el yogur o el queso son leche estropeada). Dicho lo cual, en esta parte del mundo las lenguas han evolucionado (se han corrompido o degradado) en dirección norte sur y de más escritos a menos, lo cual se explica por la dirección y la sociología de la conquista de los reinos peninsulares y por su prolongación en América.[1] Las hablas andaluzas ‑como todas‑ son un resultado y no están sujetas a evaluación.

Cuando hablamos de lo mejor y de lo peor, disfrazado de lo correcto o de lo incorrecto, en realidad estamos hablando de nosotros mismos, y ahí sí: ahí nos dividimos en más o menos cultos, tolerantes, pasotas, pijos, peperos de cortijo o susanistas del Psoe y del arsa y olé, que están envenenando el tema soberanista incluso en su propio partido contra el PSC.[2] Por último, quien reivindica no sé qué alma del Sur, recuerde que sin salir de Andalucía hay un doble clasismo lingüístico. Uno es el del andaluz seseante (habla de Sevilla), tenido por superior al andaluz ceceante[3]. Otro es la sobreactuación lingüística, esa que lleva a despreciar al castellano parlante, al soso, a quien no baila, a quien no cuenta chistes, a quien no dice mi arma como es debido. Veremos una Cataluña que será lo que quiera ser, nos guste o no y, si no nos gusta, que nos vayan dando. Ya le dieron a Inglaterra cuando Estados Unidos se independizó y ahora le dan a Europa con el Brexit. No pasa nada. Mi definición es vertical, por mi clase social, no horizontal, por el suelo que piso ni por la lengua que hablo. Se lo diré a Manu Sánchez la próxima vez que viajemos a Barcelona.

[1] Este proceso lo ilustra el gallego ‑gallego de Galicia, de Portugal y de Brasil‑ y el catalán, desde el Principado hasta la punta de Xátiva: evolución es pérdida. Y si, como parece, Oriente Medio acaba siendo de Estados Unidos, no querrán que el inglés de los marines sea el de Harvard.

[2] Nueva York la construyeron los chinos y no se creen con derechos sobre la ciudad, algo que sí quieren andaluces graciosillos: derecho a decidir sobre Cataluña quienes no deciden ni sobre Andalucía.

[3] En un instituto en Sevilla yo he tenido un brillantísimo alumno de El Coronil, acomplejado, que estaba, por culpa de su ceceo.