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escribir en los tiempos del cólera (2).

escribir es compartir por Kindle o dispositivo.

Kindle 1
Así es la vida, en Kindle.

Para compartir una obra escrita en Word, el escritor (como emisor) guarda su original como Texto sin formato, archivo.txt. Ese archivo.txt lo lanza o lo comparte vía correo electrónico o mensajería o whatsapp; también puede alojarlo en plataformas tipo Dropbox o Google Drive desde donde luego compartirá el enlace.

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Kindle, a vista de Explorador de Archivos.

El receptor copia y pega ese archivo (mediante Kindle al PC por puerto USB y Explorador de archivos). Ya tiene el libro en su poder listo para leer en pantalla. Kindle nos dará a elegir: tipo de letra (normal, condensada, sans serif), interlineado (pequeño, mediano, grande); además podrá optar a leer en vertical u horizontal.

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Contenido de mi Kindle.

Todo el mundo contento: el viejo autor, que ve ampliarse su público, y el nuevo lector, que ya no será de librería en la calle ni de biblioteca en casa, pero lo que quiere es leer.

Si el viejo autor cuelga su obra original en la Nube [sitio web, página blog (castellano bloc, como bloc de notas) o portales Blogger o WordPress, lenguaje Html], su obra viaja con nosotros en bolsos o bolsillos.


publicar en tiempos del cólera.

Kindle 1

Un autor amigo mío llevaba años con una doble vida literaria. Escribía en Word© al teclado de su ordenador y publicaba en libro de papel: presentación y firma, ferias y librerías. Hábil usuario de las modernas tecnologías, mi amigo nos convocaba a sus actos sociales mediante avisos en redes o por correo electrónico. O sea, con un pie en la imprenta y otro en internet (entre Gutenberg y Google), aquel escritor era un buen publicista.

Pasado un tiempo que algún título de los suyos se descatalogaba (por agotar existencias o por quedar libre de obligaciones de copyright), nuestro hombre daba esa obra ya descatalogada a quien la pidiera por privado. Su oferta, generosa y gratuita, era el pdf correspondiente.

Pero el pdf (antes facsímil) obliga a quien lo recibe a una buena impresora y a sacar folios por un tubo (de tinta) y no se deja leer cómodamente por pantalla o dispositivo.


Quien ofrezca su libro a quien lo pida, tenga en mente al santo patrón de todo esto: Juan Ruiz Arcipreste de Hita (1283-1350) con la salvedad que si cualquiera “añade o enmienda” lo que uno ha escrito estaríamos apañados. [1]

Kindle 2

Hay formas de hacer indeleble nuestro pie de la letra. Con crear nosotros y compartir con nuestra gente una copia de nuestro original como texto sin formato (que se abre con el bloc de notas y es compatible con Kindle) es suficiente. Nadie de nuestra confianza nos va a alterar nada. Contra el albur de algún desaprensivo, lo mejor es exponer nuestra obra en Blogspot, WordPress o similares. Nuestros escritos estarían para leer por pantalla en lenguaje html adaptable a tamaño de letra al alcance de vistas cansadas, presbicias o hipermetropías. [2]

Cada día crece el número de lectores en portátil, ebook, Kindle o libro electrónico. Pasa que, por viejos reparos y antiguas alabanzas al libro libro, esa digitalización de la lectura rara vez se dice a boca llena.

La gran ventaja. Ya podríamos quejarnos de manera distinta de esa juventud que está “siempre enganchada” a la maquinita. Tal vez, tal vez, esa niña o ese joven que anda enganchado lo está leyendo a usted.

Kindle con Explorador de archivos
Archivos Kindle vistos en el Explorador de Archivos.

[1] Libro de Buen Amor: «Qualquier omne que loya, si bien trobar sopiere,/ más á í a añedir e emendar, si quisiere;/ ande de mano en mano a quienquier que.l pidiere,/ como pella a las dueñas, tómelo quien podiere.»

[2] Desde que existe la edición digital, los derechos de copyright no pasan necesariamente –como era antes– por registro en ISBN o sociedad de autores. Un texto es mío desde que lo publico. En caso de pleito, no fallará otra cosa un tribunal.

antes y después y durante y al margen del libro.

Algo se muere en el alma cuando un amigo se va
(famosa sevillana de Manuel Garrido)
pero no es para tanto.

De todas las editoriales, la mejor y más durable es Internet.

antes del libro:

Uno, a Editorial Equis: Leyendo el contrato observo que su compromiso de edición está supeditado a un estudio de mercado que harán a través de la confección de un libro electrónico. La edición en papel, afirman, estará garantizada bajo demanda de autor, librería o lo que sea. Como yo sé que lo del libro electrónico dará muy modestos resultados, en la práctica lo que ustedes vienen a ofrecerme es una impresión bajo demanda. Y como yo sé ‑eso ustedes no tienen por qué saberlo‑ que la demanda será poca o ninguna, al final la historia se resumirá en que yo, el autor, me haré cargo de la compra de treinta o cuarenta ejemplares para montar una presentación porque, ya que está el libro, hagámosle la fiesta. Añaden el abono de unas cantidades por parte del autor por la corrección del manuscrito, en caso necesario. No sé por qué me da que esa corrección será casi siempre necesaria. Resumiendo. Me parece muy bien que hayan ustedes elaborado esa fórmula para “autores con un alto nivel de competencias literarias y que hayan publicado en editoriales de tipo medio o alto” pero me temo que yo no estoy en ese grupo. Declino su amable oferta haciendo mía la frase del jornalero al cacique que iba de puerta en puerta ofreciendo dos duros a quien le votase: –En mi hambre mando yo.

después del libro:

Oficié de crítico en distintos suplementos periodísticos. Un día escribí un artículo sobre la relación de los suplementos con ciertas editoriales de postín, pero que pertenecían al mismo grupo editorial. El artículo, que me había sido encargado por el director de un suplemento, tardó en ver la luz y lo hizo porque me planté ante el director, que no consideraba mi artículo equilibrado y veraz, y que incluso ‑no me había ocurrido jamás‑ escribió una especie de réplica en la página de al lado. Al cabo de cinco o seis meses, Juan Goytisolo publicó un sonadísimo artículo en El País donde venía a decir pico más o menos lo que yo, y el mundo literario tiritó unas semanas. La anécdota dejaba clara la absoluta desnudez de la crítica frente a los medios, las limitaciones de escribir en un periódico provincial y la absurda lucha del crítico que no cuenta con el apoyo mediático. Lo más penoso de mi quehacer, fue que, de unos trescientos artículos, sólo cuando realicé alguna crítica crítica, el autor me escribía con una misiva, que solía ser bastante más larga que la reseña, poniendo en cuestión mi visión de la obra, mi falta de audacia o de visión y tratando de desmontar cada una de mis pérfidas afirmaciones. Cuando la crítica era positiva el autor la recepcionaba y hacía mutis. De algunos autores me ocurrió que escribí varias reseñas y sólo cuando en alguna aparecía una llamada de atención, el menda me escribía poniéndome de perejil.

durante el libro:

En los últimos días, la prensa se ha hecho eco de que ha nacido la librería del futuro. La Expresso Book Machine viene a tener algo más de dos décadas y es básicamente autoedición. En 2011 cada una costaba cerca de 100 mil dólares. En la librería sevillana donde la Dragona está no dan detalles sobre el precio de la máquina pero dicen que se rentabiliza vendiendo 14 ejemplares al día, 364 al mes. Catorce libros al día de un catálogo de autoedición (incluyendo descatalogados) es demasiado. No hay librero que lo resista. Aproximadamente un 65 por ciento de los libros que se compran son novedades. La Dragona, ante esos números, tiene pocas probabilidades de sobrevivir a su coste. Amazon es el mejor cliente de los grandes grupos editoriales. Enseñemos al consumidor, comprador de libros, para que tome conciencia de lo que consume, de lo que vale lo que consume y de que el consumo también es un acto político. Lo cierto es que la facturación de todos los libreros independientes compite muy dignamente y por eso seguimos siendo necesarios. [Maite Aragón, El humo de la dragona, RevistaMercurio.es. 12/02/2020]

al margen del libro:

Consejo a jóvenes escribientes o a consagrados. Obra nueva o vieja obra, publíquenla cuanto antes en soporte digital. Al presente, les servirá para librarse de la pesadilla de la literatura con ánimo de lucro. Y, hacia el futuro, gestionarán ustedes, por su mano autorizada y corregida, su propia obra. Otro día hablamos del sospechoso titular: Se publica ahora tal o cual inédito de Juan Ramón o de Miguel Hernández. Háganse caso. De todas las editoriales, la mejor y más durable es Internet, Galaxia Google o lo que esté al venir cuando nosotros no estemos.


revista de prensa: todos los colores, el blanco.

comentario-de-texto

Tengo la buena o mala costumbre de hacer revista de prensa y de señalar titulares solo por orden de llegada (a mi dispositivo, ya no piso un quiosco) o de llamarme la atención. Como saben, la prensa se divide en dos: la que existe únicamente en formato digital y la que transcribe la que sigue saliendo en papel. Una y otra vuelven a dividirse entre la de escuela de periodismo [titulares y encabezamiento (o head) redactados por uves periodísticas: quien, qué, cuándo, dónde y cómo, por qué o para qué] o la que con ánimo de publicidad insertada, busca directamente el sensacionalismo. A mi entender, estando la prensa, como todo, en tránsito entre lo analógico y lo digital, el sensacionalismo tiene las patas muy cortas, aunque puede triunfar donde se impone el pamplineo y la frivolidad en su carrera por lo viral.

Para el lector, lectora, enganchado al periodismo veraz, prevalecerá la noticia redactada y titulada conforme a las uves periodísticas bajo la perspicacia de que la objetividad no existe –ni siquiera en la prensa que se reclama independiente– y lo objetivo solo se consigue (como en el ventilador de aspas de colores que al girar dan el color blanco) valorando y contrastando fuentes y juzgando informaciones y opiniones según el medio que las emite y pone en circulación. Esto es viejo. Una misma noticia nunca fue igual en el ABC que en el diario Informaciones o en Cambio‑16 o en El País.

[eLTeNDeDeRo] les deja una serie de titulares de enero, cada uno con su aquel, que puede ser su comentario de texto:

Una mujer denuncia una agresión sexual en Tudela.

Almonte (Huelva) ve una “broma de mal gusto” la imitación de un paso frente a la ermita de El Rocío en Nochevieja.

La historia no terminó con la caída del Muro de Berlín, comenzó de nuevo.

Un 75 por ciento de los catalanes evitan hablar de política con amigos y familiares.

La -e como género neutro es un acto político, no lingüístico.

Como siempre, se admiten ideas.


divagando por el español de la red.

Éramos chicos y sabíamos lo que era un elepé, escrito L.P. o LP, por long play, disco de larga duración, a 33 revoluciones por minuto y nadie usaba la palabra vinilo. Claro que tampoco sabíamos que nuestra estampa iba a acabar un día de escaparate vintage.

Quienes hoy cumplimos más allá de los 60 y nos hemos incorporado a la web o red, a los blocs o blogs (cursivas, las opciones que se prefieren), hemos conocido, después del elepé, el casé o casete, el cedé o cederrón, el lápiz de memoria o [pendrái], el emepé 3, el emepé 4, y lo que venga.

Para saber de qué estábamos hablando, las viejas palabras como correo se buscaron la vida: email, mail o correo electrónico, para al final bastar correo, frente a mensaje (o wasa), o  como basta disco, y disco más como abstracto de duración y presentación que como objeto físico; de hecho, nos apuntamos a yutube o Spotify y nuestros dispositivos han dejado de fabricarse con lector de cedé; todo lo más, con enchufes uesebé. Nuestra lengua de país de no tanta tecnología, ha sabido adaptarse al neologismo que venía de fuera. Y ya es cuestión de esnobismo aparatoso decir podcast en vez de vídeo o audio.

Ayer en las noticias oí a algún partido de los atrapados por que el Gobierno deje de estar en funciones (¡con lo fácil que sería cambiar el reglamento, dicha sea la Constitución!) atribuirle la redacción de algún tuit a responsabilidad de su community manager [comiúniti mánayer]. Y pensé: ¿por qué no ceeme, C.M. o CM (mayúsculas al gusto)? Estaríamos haciendo lo que hicimos con elepé, con cedé, con uesebé o con emecé (maestro de ceremonias), palabras agudas en ‑é como tantas que nos vinieron del inglés (set, jet, led), del francés (carné, chalé, bufé, bidé), del gitano (calé, parné, churumbel, paripé) o en pronunciaciones propias (bisté, interné, olé, magué). En red o redes, tuit está bien (onomatopeya expresiva, nos suena a tuist o twist) y a lo que sale en Google con llamarlo gugle tenemos bastante: mil gugles: mil apariciones de una búsqueda en Google Chrome. Facebook [féisbuc] es palabra incómoda que podríamos generalizar por sus siglas fb pronunciadas febé o efebé o simplemente fe: te respondo a este fe (la fe está ocupada por Dios y repropio decir post). En cuanto a la concordancia de género gramatical, mejor que mande la lengua hablada y concordar con la primera palabra representada por sigla o acrónimo: la oenegé, las oenegés, la ampa, por mucho que la Academia legisle para ampa lo que para el águila, el agua o el hacha. También palabas iniciadas en ‘o’ o en ‘i’ nos obliga la Academia al artículo ‘u’ (u otro) o ‘i’ (Rodrigo e Íngrid). Pero igual que se reconoce en métrica el derecho a hiato o a sinalefa, en prosa oral tenemos derecho de pronunciación o de lectura y a decir que alguien tuvo dos nietes: Rodrigo y Íngrid. Por cierto, quien extrañe nietes (el español de la e) más extrañará nietxs o niet@s, que resultan ilegibles. Se admiten ideas. Seguiremos concordando.


 

Internet, comunicación o privacidad.

No hagan caso a las alertas y prevenciones contra Google o redes sociales, por el bien, dicen, de nuestra privacidad. Llevamos siglos bajo el ojo de Dios y, décadas, bajo la Cía y servicios secretos. Dejen enfriar la polémica, fuego cruzado entre bloques económicos (Trump, UE, Rusia, China) que poco o nada tienen de altruismo o de emoción por lo humano.

Bien o mal que lo estén haciendo Gmail o Facebook, no hay más comunicaciones que las que arden ni vuelta atrás a las palomas mensajeras ni a las cartas de sobre y papel en nuestro buzón. Prepárense a mejor usar su información (como emisores y receptores) o a la toma de esos medios como fue la toma de la Bastilla o del Palacio de Invierno.

O lenguaje de consumidores en una sociedad de consumo (capitalista) o lenguaje de ideas que algo tendrán que ver con la revolución. Hay que elegir. Lo que a nada conduce: quejarse. Sería como pedir trabajo y luego maldecir al patrón. Tanto que se oye decir que otro mundo es posible: otra Internet es posible. Ya cumplen años Wikipedia, Firefox, Open Office y tantas plataformas de código abierto.

Por cierto, el mal que nos queda por los miedos asumidos son los alias irreconocibles, los perfiles que no hay quien identifique, la foto, icono o avatar que ponemos en redes para que no nos reconozcan. Entonces, ¿qué hacemos en redes, foros y plataformas públicas? La casa recomienda la cuenta clara de correo (daniellebrato@gmail.com todo el mundo sabe quién es), la foto de cerca (busto o cara) sin más mascota, pareja o criatura al lado. Y registren cuanto antes un nombreyapellido@gmail.com a nombre de menores que tengan en casa. Así, cuando llegue, el día no tendrán que añadir una cifra a tardepiaste19@gmail.com o miedomedaba2020@gmail.com.

Contra el secretismo y la manipulación, contra la pamplina y la chorrada, contra el improperio y el exhibicionismo, dar la cara y hacerse responsable. O saber callar. Se vive muy bien sin internet.


10 años tendiendo en [eLTeNDeDeRo]

Como quien hace la Declaración de Hacienda, yo declaro mis hachetetepés,
y perdonadme la vanidad.
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Daniel Lebrato en 6 pasos (guía de inicio rápido)

Tinta de calamar

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