Etiqueta: internet

imagen y palabra, el viejo cuento.

Mi amigo Feisbuquito (amigo en carne y hueso y de quien recibo, por mi gusto y el suyo, todas sus notificaciones) me manda un texto parche que yo ya había leído en otros amigos murales o tablones (detesto decir muros en Facebook) y que seguro a ustedes también les suena (sáltenselo si ya lo conocen): «Un experimento. La vida que mostramos en las redes sociales últimamente se ha transformado en solo fotos y mostrar algo que a veces no existe ni se corresponde con la realidad, decidí seguir la sugerencia de Herman Towers y participar de una experiencia llamada “una reunión de amigos”. La idea es ver quién lee la publicación sin foto. Si nadie lee este mensaje, será un breve experimento social, pero si lo lees, quiero que hagas un comentario con una palabra sobre mí, por ejemplo un lugar que te recuerde a mí, un objeto, un momento. Después, copia este texto en tu muro y yo voy a dejar una palabra que me recuerde a ti, y por favor, no escribas la palabra si no tienes tiempo para copiar el texto en tu muro. Eso arruinaría el experimento. ¡Gracias! A ver qué sale.»

Leído lo cual, pensé: mi amigo Feisbuquito se dedica a escribir, así que lo normal es que, quien lo busque, busque sobre todo sus textos, más que sus imágenes. En cambio, a quien es pintor sí lo buscarán por sus imágenes como a quien hace música, por su música o lo que sabe de música, y como a quien hace gilipolleces, gente gilipollas y así: según tu oferta, será tu demanda y Dios los cría y ellos se juntan. ¿Qué pasa? Que el nacimiento de Facebook (libro de caras, no se olvide), vino a responder al narcisismo y a la sociabilidad de una juventud que nunca hemos sido y pasa que nuestra generación se apuntó a FB más tarde y casi siempre inducidos porque teníamos adolescentes en casa. Estamos hablando de un proceso que ya cumple diez años y en diez años ha cambiado todo en información y comunicación. Basta ver el impensable efecto Android y Whatsapp en nuestras vidas. Y lo que no se piensa a tiempo hay que repensarlo a destiempo, que es lo que se suele hacer, lamentarse padres, madres y profesorado del [mal] uso que nuestros menores hacen de medios y redes sociales.

Lo que no debemos, creo, es preocuparnos, como si fuésemos una cadena televisiva, de la audiencia (o share) que tenemos o dejamos de tener, ni si, quien nos ve, nos ve por la imagen o qué. Casi todo en redes es vanidad y azar y su lenguaje, como ha sido siempre: lo bueno si breve, dos veces bueno y una imagen vale más que mil palabras. Para que las palabras perduren hay que desfrivolizar las redes y pasar, de internet de las caras, a internet de las ideas con voluntad de servicio. En eso estamos.

–enlace a El efecto Whatsapp en nuestras vidas


Anuncios

el hashtag y la lotería.

loteria_forges

En taquigrafía en red, se llama hashtag (del inglés hash, almohadilla #, y de tag, etiqueta) a una cadena de palabras que dan título a un acontecimiento o tema candente que el sistema y usuarios identifican de forma rápida de modo que se suman o dialogan o interactúan o intercambian sus datos u opiniones, o sea, donde hashtag, podríamos decir almohadilla (en la almohadilla #hashtagylotería) o simplemente etiqueta (en la etiqueta #hashtagylotería), que es lo que recomienda La Fundéu. Una vez lanzada la etiqueta, corren mensajes bien hacia el usuario central lanzador o bien entre la cadena de usuarios, lo que da lugar a una cadena o hilo de conversación (por una vez, la palabra hilo nos entra en el idioma sin pasar por el inglés).

La anécdota que me trajo aquí fue una charla de sobremesa de sábado con tres amigos, donde salió el tema del Gordo de Navidad. Partiendo de que los cuatro jugamos y guardamos, quien más quien menos, nuestro numerito en casa (por si nos toca), de los cuatro, uno reconoció que compraba lotería por coacción, “por coacción nacional”, dijo, porque todo el mundo juega: en el trabajo, en el bar, en el taller, en la ampa del cole o en el bloque de vecinos. Entre la coacción (que es presión por la fuerza), la incitación (que es provocación a la que cuesta negarse), la imitación o la emulación (que es copiar o actuar por rivalidad), infinitos son los actos, las posturas o decisiones que adoptamos, no por nuestro gusto, sino por presión social: la lotería, las comuniones, los tatuajes, hasta tener hijos, cosas muy serias en nuestra vida las hacemos porque las hace la gente. Siguiendo con la conversación, uno de los cuatro planteó su extrañeza porque, en tiempos de tanto Change.Org, de tanta almohadilla o de tanto hashtag, habiendo tanta cadena, cómo es que nadie creaba una petición o una plataforma del tipo #yonojuego o #yonojuegoalalotería, a ver si cundía. ¡La de maravillas que podríamos hacer y no las hacemos!

El siglo 20 nos dejó dos hermosas convocatorias mundiales por el bien de la humanidad toda y fueron la Conferencia de la Onu por la Paz y el Desarme y la Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático. A día de hoy, la del cambio climático sigue pero a la paz y el desarme le dieron el cambiazo por la paz y no violencia para meternos la bacalá al pacifismo y a mayor gloria de quienes cocinan el negocio de las patrias y naciones armadas, naturalmente todo en nombre de la no violencia y de misiones de paz del glorioso ejército y de ministerios sistemáticamente llamados de Defensa. #por_aquí_que_te_vi.

–enlace a QUE TE DEN LA BACALÁ

–vídeo LA BACALÁ (3:30)


A propósito del artículo El hashtag y la lotería, donde [eLTeNDeDeRo] anima a usar las redes sociales como arma de insumisión contra petardeos, modas o tendencias que aplastan al individuo (poniendo por caso jugar al gordo de navidad quien habitualmente detesta la lotería), sostiene Alan Gat Peguero (Omkara) esta interesante opinión que anima a no hacer nada:

«Yo no compro lotería porque no quiero que me toque, le dije a alguien que me quería vender la ilusión. Desde entonces, me mira con extrañeza creyendo que le engañé.

»Las personas al no pensar por sí mismas no pueden comprender que sus actos están motivados por circunstancias externas y exponen sus pensamientos y acciones al albur de lo que hagan los demás, por tanto, necesitan un ejemplo para justificar su propia acción de deseo.

»Crear una petición o plataforma del tipo que sea, forma parte de lo que los demás hacen. No crear nada es lo más original que puede un ser crear, porque no se basa la acción en ningún estado de inquietud.»

Lo cual que, como en la sobremesa de aquel sábado hubiera estado nuestro amigo Alan, la conversación hubiera derivado a lo que es “pensar por sí mismo”. Yo no creo en la construcción pensar por uno mismo: yo nunca he pensado por mí mismo; siempre he pensado con y por, con álguienes y por algún motivo y hacia algún fin: evitar la estulticia, la injusticia y mi propia soledad mortal y rosa.

Donde Alan dice que una acción en red contra la lotería “forma[ría] parte de lo que los demás hacen”, sugiero que me mande el enlace (web, hashtag, etiqueta o almohadilla) para yo añadirme a lo que ya estará hecho, y yo sin enterarme.

Pero lo que ya me despista (con agrado y entre copas de sobremesa, eso sí) es qué tiene que ver la creación (si es la creación artística o literaria) con lo que estamos hablando. La frase “no crear nada es lo más original que puede un ser crear” es propia, desde Hegel y Duchamp hasta aquí, de artistas que lo saben (el arte ha muerto) pero los muy pillines no paran de reivindicarse, hoy un disco, mañana un libro, al otro una exposición, y siempre que les bajen el iva, mientras la masa no cultural o no artística pase por taquilla y se dedique a otra cosa: fabricar ordenadores como este en el que escribo, poner ladrillos en casas como la mía, limpiar retretes como el mío, dirigir bancos como al que pedí la hipoteca o presidir gobiernos como el que nos gobierna y desde el que nos bombardean con la lotería del gordo de navidad, que era el “estado de inquietud” en que nos basábamos. Gracias: Alan Gat Peguero.

juglaría y clerecía.

20181108_194643
Una noticia falsa (o fake), a punto de atropellar al Profesor Lebrato.

La noticia es: en Montevideo (Uruguay), un profesor, periodista y académico, se rinde y deja de dar clases por culpa, dice, de problemas con su alumnado enganchado a las nuevas tecnologías. Y un montón de gente interactúa y se solidariza.

Semejantes choques o conflictos entre lo viejo y lo nuevo estamos viendo en el mundo a puñaítos. Entre el taxista y el úber, entre el hotel y el air&b&b, entre el autobús y el amovens, entre el autónomo y el por cuenta ajena, entre el libro de papel y la edición digital. ¿Recuerdan las cartas de sobre, sello y buzón? ¿Recuerdan las tiendas de discos?

Qué casualidad que, cuando asoma la abolición de ciertos oficios (al fin y al cabo, monopolios que alguien disfruta), la progresista sociedad acuda a conjuros en defensa de personas o familias que irían al paro si no se respetan sus derechos adquiridos, orquestación simbólica en la que se juntan gremios y sindicatos y partidos con tal de ganar el voto.

Y cuando internet se extiende y populariza como lengua vulgar (que podría aglutinar el descontento o la indignación) y cuando cualquiera puede crear su periódico, publicar sus fotos, compartir opiniones, vienen los cultos que siguen sabiendo latín para alertarnos del alto riesgo que se corre con las tecnologías en redes sociales, en el aula en educación o, en la información, con las noticias falsas. ¡Más fake que fue el pretexto para la Invasión de Irak, Bush, Blair y Aznar! ¿Han ido esos tres al Tribunal de la Haya?

El periodista y el fotógrafo, el taxista o el librero, temen por su futuro y han de buscarse la vida: su canto al tiempo pasado, humanamente, se comprende. No así, la hipocresía de quienes, bajo capa del arte y la cultura, les ríen las gracias y las desgracias porque en el fondo están defendiendo sus propios privilegios, sus propias cátedras o el emputecido mundo que nos han dejado. Es hora de probar la juglaría.


 

DICT (rastreador: internet de las ideas).

00

Andaba yo buscando, para el Profesor Lebrato, ¿cascarria o cazcarria?, ¿sinfonier o chifonier?, cuando se me ofreció un buscador que me simplifica citas donde la palabra que busco aparece y con los enlaces a Wikipedia. Este es el portal. Pinchen o copien y peguen el parche: https://www11.dict.cc/wp_examples.php?s=&lp_id=8&lang=es.

000.png

Si entran ustedes en www11.dict.cc, es tanto lo que se ofrece, que probablemente no entenderán nada. Se trata de un Diccionario para inglés-alemán y otros idiomas (Wörterbuch für Englisch-Deutsch und andere Sprachen) y ustedes no estaban buscando precisamente un diccionario. Repetimos las claves: https://www11.dict.cc/wp_examples.php?s=&lp_id=8&lang=es. Y que ustedes lo encuentren bien. Con la garantía Wikipedia; en adelante, podría ir a más.

0.png

La extensión o dominio .cc corresponde a las islas Coco, Australia; 5la página está en alemán y el hombre, en español, preguntando por macuto (si es más o menos mochila). Una maravilla.

La web www11 debe ser de orden superior o distinto a la web normal; si alguien lo sabe, que nos lo diga. De momento, generosa, universal y sin anuncios, Dict.cc. Pregúntenle como al espejito mágico lo que quieran saber. Un  portal de belén de las palabras.

3

2.png

Un Cid Campeador de las palabras:

Captura de pantalla (63).png

las ciencias y las letras ante internet.

Daniel Lebrato sentado en Monte Algaida

Otro día hablábamos de las armas y las letras, cuando las armas eran parte de la ciencia, la ciencia de matar. Siendo yo profesor y hombre de letras, he aconsejado siempre a mi gente ir a las letras como a las ciencias y, a las ciencias, como a las letras. Hoy, el balance de las letras (las humanidades, el arte en general) es que son egoístas o egocéntricas, mientras que la ciencia es, aunque también se adultere y se ofrezca al servicio del mal (como cuando se vende a la industria armamentística), la ciencia es, por cuanto demuestra al servicio del género humano todo y aunque mucho científico, como Edison, quiera vivir de su patente igual, igual, al copyright donde se atrinchera el artista, la ciencia es, o ha de ser, generosa, universal y expansiva; quizá porque, con Antonio Machado, nuestras horas son siglos cuando sabemos lo que se puede aprender, y eso hace a la comunidad científica humilde, y no engreída.

La prevalencia ética de la ciencia y tecnología frente a la literatura y las letras, se ve en la respuesta de unas y otras al mundo digital que se nos ha venido encima: las letras, a la contra, a la defensiva: ¡Atrás, Satanás!, dice el instituto que prohíbe el dispositivo móvil a su alumnado y dice el defensor del libro de papel de la Galaxia Gutenberg. Que toda la cultura no es tan rémora, lo vemos en la música, que se acomoda a lo que pase por taquilla o por Spotify: no hay tabarra con el disco como soporte físico. Y ¡Adelante, adelanto, siempre adelante!, dirá la investigación que haga al humano más bueno, más sano y más libre, también de sus cadenas y de la cadena del trabajo de la explotación del hombre por el hombre. Internet es la Internacional. Lo que hay que hacer es conquistar la red como antes se conquistaron la Bastilla o el Palacio de Invierno. Vayan y lean El plan del inventor de la web para devolver la libertad a internet.

el arte y el artista

Más de dos millones de personas han megusteado (verbo que me acabo de inventar) Muertos de hambre, vídeo de 6:04, de Karel Sánchez, quien sale en defensa de la creación artística dentro de los sistemas educativos. Suena bonito y quién podría decir que no. Sucede que si el arte, como la escolarización por la ESO (con O de obligatoria), se vulgariza, el artista desaparecería como han desaparecido escribas, letrados, bachilleres o escolares con derecho al alfabeto en un mundo analfabeto. Es lo que tiene el humanismo desprendido y, por eso, no pasa de moda el individualismo, que, predique lo que predique (la bondad del arte, por ejemplo), barre siempre para dentro.

La polémica no es nueva. En 1870 (siglo del genio y del artista en su torre de marfil) ya estaba escrito por Bécquer: podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía. Ocurre que el poeta se resiste. Él quiere ser artista para que otro sea albañil o repartidor de bombonas. Y ahí demuestra el artista lo artista que es. El arte, como el sexo (ahora que nos la quieren pegar con el trabajo sexual) sucede en el fragmento de ocio y, por tanto, todo el mundo debería tener acceso al arte en su tiempo libre y abolir de una vez el artista como oficio en exclusiva, como curas y monjas que, para que Dios exista, quieren convencernos de que exista una Iglesia que les dé de comer. El artista rinde culto al Arte, algo que, en una sociedad que se precia de igualitaria y democrática, nadie sabe lo que es ni lo sabrá por mucho que incluyan la asignatura creación artística en las escuelas. ¿Sin cambiar las bases del arte? ¡Escuela de niñaterío!

el informático y la informática

No sabemos cuántos megusta habrá recibido esta otra noticia que titula El plan del inventor de la web para devolver la libertad a internet, con este explícito: Tim Berners-Lee presenta una plataforma que quiere devolver la privacidad a internet, contra la concentración de poder en unas pocas plataformas como Facebook, Google o Twitter, las cuales controlan qué ideas y opiniones se visibilizan y son compartidas. Tim Berners-Lee no lo dice, pero las revoluciones clásicas (francesa o rusa), que asaltaron edificios, serán en el futuro millones de millones de megusta a la conquista de la red, es decir de la información y comunicación, y nadie hará mucho caso del Muertos de hambre de Karel Sánchez, sin duda buena persona y con capacidad de amar, de pensar y, sobre todo, de crear, Karel, de crear.


 

Machado y las dos Españas | crítica de la Segunda República.

Por reacciones al artículo Manuel Machado y la Virgen del Carmen[1] se ve que siguen vivas, muy vivas, las dos Españas personificadas en cada uno de los Machado. A Manuel Machado, lo trato con el máximo respeto y a su hermano Antonio, el de las dos España, ni lo nombro. Está mal citarse uno mismo, pero la teoría de las dos Españas, tan útil cuando ansiábamos una España distinta, con el tiempo se ha vuelto más peligrosa que un alacrán en un zapato.[2]

Hay mucha impostura en la otra España de Segunda República y, la mayor, no haber disuelto el ejército, sin el cual no hubiera habido ni golpe de Estado ni levantamiento.[3]

La segunda impostura fue cambiar monarca hereditario por monarca elegido, manteniendo la Jefatura del Estado bicéfalo, segunda monarquía y la peor: si hoy se hiciera un referéndum sobre la forma del Estado, ganaría doña Letizia.

La tercera patraña es la exaltación del exilio exterior por encima de la resistencia interior[4], siendo así que quien se exilia (hoy, de Siria) tiene, al menos, los medios económicos para quitarse de en medio y decirle al país: Ahí te quedas.[5]

La cuarta impertinencia de doña República fue su propia mitología: la banderita tricolor como símbolo de algo y el lastre que eso trae desde los Pactos de la Moncloa (1977) hasta la España de los demócratas.

Lo quinto (y malo) es una usurpación. La Segunda parece que fuera o fuese la única república posible. República y Guerra Civil se sigue enseñando a la gente menuda en los libros de texto, a mayor gloria de la Casa Real que, ignominiosamente, se sigue postulando para poner paz y orden entre las dos Españas.

Lo que no inventen.

Dicho lo cual, que la vida nos libre de Sanjurjos, Francos, Molas o Queipo de Llanos que aún cría esta España nuestra, solo que maquillados de misiones de paz bajo el paraguas de la Otan. ¿O no huelen a cuartel secciones enteras de los telediarios? Será casualidad, pero hoy es, vuelve a ser, 18 de julio.

Daniel Lebrato, 18/07/17

[1] Fuente: Antonio Rodríguez Almodóvar.

[2] Daniel Lebrato, Tinta de calamar, cap. 60

[3] No se conoce Historia de España ni partido político que progrese adecuadamente en conclusión tan sencillita: sin fuerzas armadas no hay guerra que valga ni conflicto armado.

[4] Resistencia interior ninguneada. Comparad los honores a Víctimas del terrorismo frente a ¿Víctimas del franquismo?

[5] De este patrioterismo, lo peor fueron intelectuales equidistantes de las dos Españas, centristas o liberales por encima del uno y otro bando, tipo Ortega y Gasset, María Zambrano o Chaves Nogales, biografías muy hinchadas por el psoecialismo y el bipartidismo constitucionalista.