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escribir en los tiempos del cólera (2).

escribir es compartir por Kindle o dispositivo.

Kindle 1
Así es la vida, en Kindle.

Para compartir una obra escrita en Word, el escritor (como emisor) guarda su original como Texto sin formato, archivo.txt. Ese archivo.txt lo lanza o lo comparte vía correo electrónico o mensajería o whatsapp; también puede alojarlo en plataformas tipo Dropbox o Google Drive desde donde luego compartirá el enlace.

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Kindle, a vista de Explorador de Archivos.

El receptor copia y pega ese archivo (mediante Kindle al PC por puerto USB y Explorador de archivos). Ya tiene el libro en su poder listo para leer en pantalla. Kindle nos dará a elegir: tipo de letra (normal, condensada, sans serif), interlineado (pequeño, mediano, grande); además podrá optar a leer en vertical u horizontal.

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Contenido de mi Kindle.

Todo el mundo contento: el viejo autor, que ve ampliarse su público, y el nuevo lector, que ya no será de librería en la calle ni de biblioteca en casa, pero lo que quiere es leer.

Si el viejo autor cuelga su obra original en la Nube [sitio web, página blog (castellano bloc, como bloc de notas) o portales Blogger o WordPress, lenguaje Html], su obra viaja con nosotros en bolsos o bolsillos.


publicar en tiempos del cólera.

Kindle 1

Un autor amigo mío llevaba años con una doble vida literaria. Escribía en Word© al teclado de su ordenador y publicaba en libro de papel: presentación y firma, ferias y librerías. Hábil usuario de las modernas tecnologías, mi amigo nos convocaba a sus actos sociales mediante avisos en redes o por correo electrónico. O sea, con un pie en la imprenta y otro en internet (entre Gutenberg y Google), aquel escritor era un buen publicista.

Pasado un tiempo que algún título de los suyos se descatalogaba (por agotar existencias o por quedar libre de obligaciones de copyright), nuestro hombre daba esa obra ya descatalogada a quien la pidiera por privado. Su oferta, generosa y gratuita, era el pdf correspondiente.

Pero el pdf (antes facsímil) obliga a quien lo recibe a una buena impresora y a sacar folios por un tubo (de tinta) y no se deja leer cómodamente por pantalla o dispositivo.


Quien ofrezca su libro a quien lo pida, tenga en mente al santo patrón de todo esto: Juan Ruiz Arcipreste de Hita (1283-1350) con la salvedad que si cualquiera “añade o enmienda” lo que uno ha escrito estaríamos apañados. [1]

Kindle 2

Hay formas de hacer indeleble nuestro pie de la letra. Con crear nosotros y compartir con nuestra gente una copia de nuestro original como texto sin formato (que se abre con el bloc de notas y es compatible con Kindle) es suficiente. Nadie de nuestra confianza nos va a alterar nada. Contra el albur de algún desaprensivo, lo mejor es exponer nuestra obra en Blogspot, WordPress o similares. Nuestros escritos estarían para leer por pantalla en lenguaje html adaptable a tamaño de letra al alcance de vistas cansadas, presbicias o hipermetropías. [2]

Cada día crece el número de lectores en portátil, ebook, Kindle o libro electrónico. Pasa que, por viejos reparos y antiguas alabanzas al libro libro, esa digitalización de la lectura rara vez se dice a boca llena.

La gran ventaja. Ya podríamos quejarnos de manera distinta de esa juventud que está “siempre enganchada” a la maquinita. Tal vez, tal vez, esa niña o ese joven que anda enganchado lo está leyendo a usted.

Kindle con Explorador de archivos
Archivos Kindle vistos en el Explorador de Archivos.

[1] Libro de Buen Amor: «Qualquier omne que loya, si bien trobar sopiere,/ más á í a añedir e emendar, si quisiere;/ ande de mano en mano a quienquier que.l pidiere,/ como pella a las dueñas, tómelo quien podiere.»

[2] Desde que existe la edición digital, los derechos de copyright no pasan necesariamente –como era antes– por registro en ISBN o sociedad de autores. Un texto es mío desde que lo publico. En caso de pleito, no fallará otra cosa un tribunal.

antes y después y durante y al margen del libro.

Algo se muere en el alma cuando un amigo se va
(famosa sevillana de Manuel Garrido)
pero no es para tanto.

De todas las editoriales, la mejor y más durable es Internet.

antes del libro:

Uno, a Editorial Equis: Leyendo el contrato observo que su compromiso de edición está supeditado a un estudio de mercado que harán a través de la confección de un libro electrónico. La edición en papel, afirman, estará garantizada bajo demanda de autor, librería o lo que sea. Como yo sé que lo del libro electrónico dará muy modestos resultados, en la práctica lo que ustedes vienen a ofrecerme es una impresión bajo demanda. Y como yo sé ‑eso ustedes no tienen por qué saberlo‑ que la demanda será poca o ninguna, al final la historia se resumirá en que yo, el autor, me haré cargo de la compra de treinta o cuarenta ejemplares para montar una presentación porque, ya que está el libro, hagámosle la fiesta. Añaden el abono de unas cantidades por parte del autor por la corrección del manuscrito, en caso necesario. No sé por qué me da que esa corrección será casi siempre necesaria. Resumiendo. Me parece muy bien que hayan ustedes elaborado esa fórmula para “autores con un alto nivel de competencias literarias y que hayan publicado en editoriales de tipo medio o alto” pero me temo que yo no estoy en ese grupo. Declino su amable oferta haciendo mía la frase del jornalero al cacique que iba de puerta en puerta ofreciendo dos duros a quien le votase: –En mi hambre mando yo.

después del libro:

Oficié de crítico en distintos suplementos periodísticos. Un día escribí un artículo sobre la relación de los suplementos con ciertas editoriales de postín, pero que pertenecían al mismo grupo editorial. El artículo, que me había sido encargado por el director de un suplemento, tardó en ver la luz y lo hizo porque me planté ante el director, que no consideraba mi artículo equilibrado y veraz, y que incluso ‑no me había ocurrido jamás‑ escribió una especie de réplica en la página de al lado. Al cabo de cinco o seis meses, Juan Goytisolo publicó un sonadísimo artículo en El País donde venía a decir pico más o menos lo que yo, y el mundo literario tiritó unas semanas. La anécdota dejaba clara la absoluta desnudez de la crítica frente a los medios, las limitaciones de escribir en un periódico provincial y la absurda lucha del crítico que no cuenta con el apoyo mediático. Lo más penoso de mi quehacer, fue que, de unos trescientos artículos, sólo cuando realicé alguna crítica crítica, el autor me escribía con una misiva, que solía ser bastante más larga que la reseña, poniendo en cuestión mi visión de la obra, mi falta de audacia o de visión y tratando de desmontar cada una de mis pérfidas afirmaciones. Cuando la crítica era positiva el autor la recepcionaba y hacía mutis. De algunos autores me ocurrió que escribí varias reseñas y sólo cuando en alguna aparecía una llamada de atención, el menda me escribía poniéndome de perejil.

durante el libro:

En los últimos días, la prensa se ha hecho eco de que ha nacido la librería del futuro. La Expresso Book Machine viene a tener algo más de dos décadas y es básicamente autoedición. En 2011 cada una costaba cerca de 100 mil dólares. En la librería sevillana donde la Dragona está no dan detalles sobre el precio de la máquina pero dicen que se rentabiliza vendiendo 14 ejemplares al día, 364 al mes. Catorce libros al día de un catálogo de autoedición (incluyendo descatalogados) es demasiado. No hay librero que lo resista. Aproximadamente un 65 por ciento de los libros que se compran son novedades. La Dragona, ante esos números, tiene pocas probabilidades de sobrevivir a su coste. Amazon es el mejor cliente de los grandes grupos editoriales. Enseñemos al consumidor, comprador de libros, para que tome conciencia de lo que consume, de lo que vale lo que consume y de que el consumo también es un acto político. Lo cierto es que la facturación de todos los libreros independientes compite muy dignamente y por eso seguimos siendo necesarios. [Maite Aragón, El humo de la dragona, RevistaMercurio.es. 12/02/2020]

al margen del libro:

Consejo a jóvenes escribientes o a consagrados. Obra nueva o vieja obra, publíquenla cuanto antes en soporte digital. Al presente, les servirá para librarse de la pesadilla de la literatura con ánimo de lucro. Y, hacia el futuro, gestionarán ustedes, por su mano autorizada y corregida, su propia obra. Otro día hablamos del sospechoso titular: Se publica ahora tal o cual inédito de Juan Ramón o de Miguel Hernández. Háganse caso. De todas las editoriales, la mejor y más durable es Internet, Galaxia Google o lo que esté al venir cuando nosotros no estemos.


revista de prensa: todos los colores, el blanco.

comentario-de-texto

Tengo la buena o mala costumbre de hacer revista de prensa y de señalar titulares solo por orden de llegada (a mi dispositivo, ya no piso un quiosco) o de llamarme la atención. Como saben, la prensa se divide en dos: la que existe únicamente en formato digital y la que transcribe la que sigue saliendo en papel. Una y otra vuelven a dividirse entre la de escuela de periodismo [titulares y encabezamiento (o head) redactados por uves periodísticas: quien, qué, cuándo, dónde y cómo, por qué o para qué] o la que con ánimo de publicidad insertada, busca directamente el sensacionalismo. A mi entender, estando la prensa, como todo, en tránsito entre lo analógico y lo digital, el sensacionalismo tiene las patas muy cortas, aunque puede triunfar donde se impone el pamplineo y la frivolidad en su carrera por lo viral.

Para el lector, lectora, enganchado al periodismo veraz, prevalecerá la noticia redactada y titulada conforme a las uves periodísticas bajo la perspicacia de que la objetividad no existe –ni siquiera en la prensa que se reclama independiente– y lo objetivo solo se consigue (como en el ventilador de aspas de colores que al girar dan el color blanco) valorando y contrastando fuentes y juzgando informaciones y opiniones según el medio que las emite y pone en circulación. Esto es viejo. Una misma noticia nunca fue igual en el ABC que en el diario Informaciones o en Cambio‑16 o en El País.

[eLTeNDeDeRo] les deja una serie de titulares de enero, cada uno con su aquel, que puede ser su comentario de texto:

Una mujer denuncia una agresión sexual en Tudela.

Almonte (Huelva) ve una “broma de mal gusto” la imitación de un paso frente a la ermita de El Rocío en Nochevieja.

La historia no terminó con la caída del Muro de Berlín, comenzó de nuevo.

Un 75 por ciento de los catalanes evitan hablar de política con amigos y familiares.

La -e como género neutro es un acto político, no lingüístico.

Como siempre, se admiten ideas.


divagando por el español de la red.

Éramos chicos y sabíamos lo que era un elepé, escrito L.P. o LP, por long play, disco de larga duración, a 33 revoluciones por minuto y nadie usaba la palabra vinilo. Claro que tampoco sabíamos que nuestra estampa iba a acabar un día de escaparate vintage.

Quienes hoy cumplimos más allá de los 60 y nos hemos incorporado a la web o red, a los blocs o blogs (cursivas, las opciones que se prefieren), hemos conocido, después del elepé, el casé o casete, el cedé o cederrón, el lápiz de memoria o [pendrái], el emepé 3, el emepé 4, y lo que venga.

Para saber de qué estábamos hablando, las viejas palabras como correo se buscaron la vida: email, mail o correo electrónico, para al final bastar correo, frente a mensaje (o wasa), o  como basta disco, y disco más como abstracto de duración y presentación que como objeto físico; de hecho, nos apuntamos a yutube o Spotify y nuestros dispositivos han dejado de fabricarse con lector de cedé; todo lo más, con enchufes uesebé. Nuestra lengua de país de no tanta tecnología, ha sabido adaptarse al neologismo que venía de fuera. Y ya es cuestión de esnobismo aparatoso decir podcast en vez de vídeo o audio.

Ayer en las noticias oí a algún partido de los atrapados por que el Gobierno deje de estar en funciones (¡con lo fácil que sería cambiar el reglamento, dicha sea la Constitución!) atribuirle la redacción de algún tuit a responsabilidad de su community manager [comiúniti mánayer]. Y pensé: ¿por qué no ceeme, C.M. o CM (mayúsculas al gusto)? Estaríamos haciendo lo que hicimos con elepé, con cedé, con uesebé o con emecé (maestro de ceremonias), palabras agudas en ‑é como tantas que nos vinieron del inglés (set, jet, led), del francés (carné, chalé, bufé, bidé), del gitano (calé, parné, churumbel, paripé) o en pronunciaciones propias (bisté, interné, olé, magué). En red o redes, tuit está bien (onomatopeya expresiva, nos suena a tuist o twist) y a lo que sale en Google con llamarlo gugle tenemos bastante: mil gugles: mil apariciones de una búsqueda en Google Chrome. Facebook [féisbuc] es palabra incómoda que podríamos generalizar por sus siglas fb pronunciadas febé o efebé o simplemente fe: te respondo a este fe (la fe está ocupada por Dios y repropio decir post). En cuanto a la concordancia de género gramatical, mejor que mande la lengua hablada y concordar con la primera palabra representada por sigla o acrónimo: la oenegé, las oenegés, la ampa, por mucho que la Academia legisle para ampa lo que para el águila, el agua o el hacha. También palabas iniciadas en ‘o’ o en ‘i’ nos obliga la Academia al artículo ‘u’ (u otro) o ‘i’ (Rodrigo e Íngrid). Pero igual que se reconoce en métrica el derecho a hiato o a sinalefa, en prosa oral tenemos derecho de pronunciación o de lectura y a decir que alguien tuvo dos nietes: Rodrigo y Íngrid. Por cierto, quien extrañe nietes (el español de la e) más extrañará nietxs o niet@s, que resultan ilegibles. Se admiten ideas. Seguiremos concordando.


 

Internet, comunicación o privacidad.

No hagan caso a las alertas y prevenciones contra Google o redes sociales, por el bien, dicen, de nuestra privacidad. Llevamos siglos bajo el ojo de Dios y, décadas, bajo la Cía y servicios secretos. Dejen enfriar la polémica, fuego cruzado entre bloques económicos (Trump, UE, Rusia, China) que poco o nada tienen de altruismo o de emoción por lo humano.

Bien o mal que lo estén haciendo Gmail o Facebook, no hay más comunicaciones que las que arden ni vuelta atrás a las palomas mensajeras ni a las cartas de sobre y papel en nuestro buzón. Prepárense a mejor usar su información (como emisores y receptores) o a la toma de esos medios como fue la toma de la Bastilla o del Palacio de Invierno.

O lenguaje de consumidores en una sociedad de consumo (capitalista) o lenguaje de ideas que algo tendrán que ver con la revolución. Hay que elegir. Lo que a nada conduce: quejarse. Sería como pedir trabajo y luego maldecir al patrón. Tanto que se oye decir que otro mundo es posible: otra Internet es posible. Ya cumplen años Wikipedia, Firefox, Open Office y tantas plataformas de código abierto.

Por cierto, el mal que nos queda por los miedos asumidos son los alias irreconocibles, los perfiles que no hay quien identifique, la foto, icono o avatar que ponemos en redes para que no nos reconozcan. Entonces, ¿qué hacemos en redes, foros y plataformas públicas? La casa recomienda la cuenta clara de correo (daniellebrato@gmail.com todo el mundo sabe quién es), la foto de cerca (busto o cara) sin más mascota, pareja o criatura al lado. Y registren cuanto antes un nombreyapellido@gmail.com a nombre de menores que tengan en casa. Así, cuando llegue, el día no tendrán que añadir una cifra a tardepiaste19@gmail.com o miedomedaba2020@gmail.com.

Contra el secretismo y la manipulación, contra la pamplina y la chorrada, contra el improperio y el exhibicionismo, dar la cara y hacerse responsable. O saber callar. Se vive muy bien sin internet.


10 años tendiendo en [eLTeNDeDeRo]

Como quien hace la Declaración de Hacienda, yo declaro mis hachetetepés,
y perdonadme la vanidad.
Estos son mis enlaces:

 

Daniel Lebrato en redes sociales:

 

Daniel Lebrato en Túiter

https://twitter.com/daniellebrato

Daniel Lebrato en Facebook

https://www.facebook.com/daniellebrato

Daniel Lebrato en Youtube

https://www.youtube.com/daniellebrato

 

Daniel Lebrato, páginas de creación:

 

Daniel Lebrato obra publicada página del autor

https://lebrato.blogspot.com/

Daniel Lebrato en 6 pasos (guía de inicio rápido)

Tinta de calamar

https://tintadecalamar.wordpress.com/

El Sobre Hilado

http://elsobrehilado.blogspot.com/

 

Daniel Lebrato, páginas de opinión:

 

[eLTeNDeDeRo]

https://daniellebrato.com/

[BiCiCuLTuRa]

https://biciculturabici.wordpress.com/

[el bebedor de cerveza]

https://elbebedordecerveza.wordpress.com/

 

daniellebrato@gmail.com

Internet como voluntad y representación.

¿Por qué desconfiamos de Internet en gente joven?

Primero, porque por Internet nuestros niños y niñas pueden vernos sin que les veamos; pueden entrar en nuestro mundo tal y como es (y aquí cada quien ponga su infierno más temido: pornografías, pederastias, extremismos, violencias, malas compañías, malas palabras, frivolidades, postureos, exhibicionismos; lo dicho: tal como somos).

Segundo, porque nosotros, madres o padres, daríamos algo por saber qué es lo que piensan, qué es lo que buscan y con qué y quiénes se relacionan esos perfectos desconocidos que tenemos en casa y llamamos nuestra familia.

De ahí, lo fácil: desconfiar de los móviles o dispositivos inteligentes, es decir, matar al mensajero. Lo difícil sería revisar y recambiar el mundo adulto que exhibimos.

Prohibir Internet es dejar en manos ajenas o en intenciones dudosas la náusea de un mundo que, si nos preguntan, nos empeñamos en decir –como decimos de la democracia– que es “lo menos malo que se conoce”. Y un jamón. Contra la prohibición: seguridad, autocrítica, conocimiento, educación, respeto, cariño y confianza. Y algo de suerte, como en todo.


 

a propósito de Elvira Sastre.

El medio sigue siendo el mensaje. El mundo editorial es, desde hace años, un huevo con dos yemas: la Galaxia Gutenberg y la Galaxia Internet (que resulta más ecuménica y económica, cuando no gratis, más sostenible y ecologista con los árboles). Digan lo que digan mis amigas librerías, yo puedo imaginar un mundo sin libros pero no me puedo imaginar una vuelta a los correos de sobre y sello ni yendo al cine o a la cajita de membrillo cada vez que quiera ver una foto, un vídeo o una película no comerciada: no puedo entender (nadie lo entiende) un mundo sin Internet y sin redes sociales. El libro de Elvira Sastre es cuestión de estilística o crítica literaria pero, puestos a criticar el medio digital que a ella la ha impulsado y hecho yutúber, milénial (palabras así), critiquen las atrocidades que se siguen cometiendo durante la lenta agonía de la era Gutenberg en nombre de lo que llaman cultura.

A propósito de Ronaldo Menéndez sobre Elvira Sastre.

La Guerra de los Hashtags.

[1] No era tan malo el bloque soviético. Con sus limitaciones, supuso un contrapeso a la mercancía única que nos vendían desde el Pentágono. De octubre del 17 a noviembre del 89, que cayó el Muro, echen la cuenta: 72 años tuvo la experiencia hacia el socialismo y eso es muy poco para construir una sociedad nueva si, encima, tienes que dedicar la mitad del esfuerzo económico a una carrera armamentística que no da de comer al pueblo. A esos 72 años, échenles 6 (del 39 al 45) enfrascados en una Guerra entre potencias capitalistas que dejó chica a la Gran Guerra. Y todo para acabar Occidente sacando pecho y dictándonos lecciones de progreso y democracia. Con esa inercia, al amiguito yanqui no se le ocurrió otra que inyectar religión a la región árabe. Fueron la Guerra del Golfo (1990/91), las Torres Gemelas (2001) y la Guerra de Irak (2003/2011), más la Guerra de los Balcanes (1991/2001) hasta desguazar la antigua Yugoslavia en nombre de la Onu y de la Otan con sus flamantes “misiones de paz”. Ya tenemos el universo islámico en modo yihadista, se dice pronto. Ese es el amiguito que tiene sus bases en Rota y Morón, ese es el socio distinguido y el modelo a imitar. Saliros del cuadro y lo veréis más claro.

Saliros también de la reacción Podemos que no ha reaccionado a nada. Saliros de la dialéctica del pedid y se os dará. Esa es la trampa. ¿Quiénes son o somos el Estado del Bienestar? ¿Qué se paga con nuestros impuestos y Declaración de Hacienda? ¿Qué poder de decisión tenemos para no costear la fiesta religiosa y la criatura down que se incorporó a la Sanidad Pública porque su entorno era contrario al aborto? Y echad en falta una clase obrera que fue el antídoto (como lo fue la Urss en política internacional) frente al liberalismo feroz que nos condujo a la crisis. ¿Qué queda de clase obrera en Construcciones Aeronáuticas o Navantia, con esos Airbus Military y esas fragatas que van a dar al matar para combatir el paro? O elegid un ismo, un movimiento, o un grupo social objetivamente interesado en ser sujeto protagonista de un cambio del modelo social. ¿Oenegés?, ¿estudiantes?, ¿profesionales?, ¿pensionistas?, ¿parados?, ¿las mareas?, ¿el feminismo?, ¿la cultura?, ¿la enseñanza?, ¿el arte?, ¿la ecología?, ¿la emigración?, ¿comunidades o minorías?, ¿pensamientos mayoritarios?

No solo el capitalismo vive de la explotación. No solo el Rey vive de que se crean su monarquía. No solo la Iglesia vive de que Dios existe. También la clase política vive de la división entre electores y elegidos, contra la que nos tendríamos que rebelar urgentemente. También quienes viven del arte, la cultura o la ciencia viven de hacernos receptores, espectadores o consumidores que pasen por caja o por taquilla, que compren sus patentes, sus libros o sus conocimientos. Salvar esas barreras, esas divisiones, sería un gran avance. La clave está en vencer la sumisión de hombres y mujeres al Estado del Bienestar:

–Que el obrero deje de pedir trabajo a explotadores particulares y explore el cooperativismo y nacionalizaciones de empresas estratégicas.

–Que las mujeres se planteen a sí mismas como un resultado del machismo histórico, que les puso tacones, cosméticas y escotes, y renuncien voluntariamente a esa estética.

–Que se privatice la familia y que la familia deje de ser fuente de ingresos con sus gananciales, subsidios y pensiones a cargo del Estado.

–Que internet se convierta en Internet de las Ideas y que tomemos la Red como antes se tomó La Bastilla o el Palacio de Invierno.

Cuando no hay nadie al otro lado del enemigo, o frente al enemigo, lo que queda es subirse al carro del enemigo y destruirlo por dentro y con sus mismas armas, ser su troyano. Para empezar, ir a favor y más allá del liberalismo (entendido como libertad de empresa) hasta convertirlo en liberalismo universal: fuera las fronteras, los aranceles, las aduanas, los paraísos fiscales, los pasaportes y, en lo privado, tiremos de ese hilo, a ver a dónde podríamos llegar.

Para seguir, ir a favor y más allá de la democracia de un voto cada cuatro años, hacia la democracia económica, política y social entre personas realmente iguales. Eso no se consigue fácil pero en nuestra mano está combatir las fuentes de la desigualdad: la desigualdad de nacimiento, la desigualdad de formación y la desigualdad de empleo. (Las desigualdades de raza y sexo son intocables, pero tampoco nos vengan con el tapado de las mujeres en nombre de la dichosa diversidad.)

–La desigualdad de nacimiento se combate erradicando la pobreza con su corte de mendicidad y caridad (y oenegés) y controlando la natalidad.

–La desigualdad de formación y empleo se combate anulando la división entre FP y bachillerato mediante una enseñanza única y la abolición de la universidad como fábrica de privilegios, más el reconocimiento de todo currículo como al servicio de la economía y no, como ahora, al servicio de vocaciones individuales.

Diríamos que, en vez de al reparto de la riqueza como han hecho las revoluciones clásicas, habría que ir al reparto del ocio, del tiempo libre, entre las clases trabajadoras. En lugar de artistas frente a consumidores del arte, todos ganarían el pan con el sudor de su frente produciendo bienes necesarios (y no son necesarias las bellas artes, por duro que suene a los oídos). Gracias a la robótica, tocaríamos a muy poco sudor por persona y día, y, el resto del tiempo, a disfrutar de las bellas artes. Eso implica reconocer que formamos parte de un mundo que vive bien a costa de quienes viven mal. Mientras el occidental no reconozca que algo hemos de perder para que los demás mejoren, no habremos adelantado nada.

Haced campaña contra la moda que más se lleva: la emulación. Etiquetas (almohadillas o hashtags): #yo no me tatúo, #yo no voto, #yo no voy a bodas, #yo no bautizo o #yo no me depilo. La emulación es puerta a un mundo donde la buena gente y sin recursos se mete o la meten: casarse, irse a vivir independiente, tener uno o dos hijos, mantener el sueldo y el empleo, cotizar para una jubilación, etcétera, y, lo más emulativo, grabar en la prole los comportamientos que se han heredado, de manera que el ciclo vuelva a comenzar. Es la emulación: deseo de imitar y superar las acciones ajenas. No basta imitar sino ser el número uno en una carrera para la que hacen falta recursos económicos y no digamos mentales. Así, tenemos a la juventud atrapada en un currículo vital (paralelo al currículo laboral) que consiste en hacer mejor que nadie lo que hacen todos: bodas, bautizos, comuniones, cumpleaños, seguir la moda o estar a la última en pasear al perro, en la bici por el carril bici, en ser ecologista, feminista, de la dieta mediterránea y contra el cambio climático: ser, en definitiva, igual y desigual, porque la igualdad total “sería muy aburrida”, dice quien se crio en el individualismo y aborrece el comunismo. Y, como la emulación es cara en euros, la juventud no tarda en endeudarse, y ya está pillada.

De ahí, la importancia de extender entre quien quiera oírnos no el lenguaje de una revolución que nunca se hará, ni el sálvese quien pueda, ni el ser uno mismo. La salida ha de ser colectiva. Toda biografía, también la mía, es contradictoria, un apaño entre la realidad y el deseo, entre el quiero y no puedo donde también se cuela la emulación.

Hay que vaciar las emulaciones (grupos whatsapp y redes sociales se pintan solas) y proponer, a quien nos haga caso, el vaciamiento de las consignas con que la juventud está machacada por la democracia del Bienestar que hace creer que todos somos iguales, que quien se esfuerza llega o que existe la igualdad de oportunidades con pedir y se os dará. El reto está en vivir una vida autónoma sin nadie que nos financie ni subvencione. Hay que extender la conciencia de “la vida que tengas, págatela”, con consecuencias que pueden herir sensibilidades pero que son imbatibles:

–Exigir a cada mujer que quiera ser madre (sola o en sociedad con su pareja) el depósito ante notario de la cantidad en euros que vale poner una persona en marcha como se pone una empresa o como se aborda una hipoteca.

–Combatir el círculo vicioso del trabajo, cuando una política de nacionalizaciones y socializaciones podría hacer de cada trabajador un funcionario y de cada empresa una empresa del Estado.

Llegaríamos al socialismo de la mano de millones y millones de voluntades unidas a las que la clase política no podría negarse. Podríamos empezar por las etiquetas, hashtags o almohadillas, que aglutinan comunidades de usuarios que comparten, comunican o discuten. Ese es el ágora y el foro contemporáneo donde ejercer la filosofía que, al menos, lo intente y no justifique lo que hay. Etiquetas: #NO a esto, #SÍ a aquello. Veréis cómo la gente se apunta hasta ser tendencia, emulación al fin y al cabo.

[1] [eLTeNDeDeRo] es consciente de que hashtag, un barbarismo más, va contra el idioma. Ocurre que los Hashtags, que suena a nombre propio, da un título más peliculero que el que hubiera dado la Guerra de las etiquetas o la Guerra de las almohadillas. Se admiten bromas.


 

ética en red.

Lazo de luto

Con independencia de que [eLTeNDeDeRo] tuviera algo que decir el día de ayer, algo había ocurrido que nos mandaba callar: qué menos que 24 horas de silencio como muestra de duelo y de repulsa por otro caso más de violencia sexista.

Salvo que hablemos del tema (lo cual, en caliente, tampoco suele producir mayores reflexiones), no podemos seguir subiendo a internet fotos de la vida guapa o efemérides de cumpleaños el mismo día que alguien como Laura Luelmo ya no los cumple.

□ enlaces

Contra la violencia sexista

Amor romántico y violencia sexista

Fuentes y aljibes de la violencia contra las mujeres


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imagen y palabra, el viejo cuento.

Mi amigo Feisbuquito (amigo en carne y hueso y de quien recibo, por mi gusto y el suyo, todas sus notificaciones) me manda un texto parche que yo ya había leído en otros amigos murales o tablones (detesto decir muros en Facebook) y que seguro a ustedes también les suena (sáltenselo si ya lo conocen): «Un experimento. La vida que mostramos en las redes sociales últimamente se ha transformado en solo fotos y mostrar algo que a veces no existe ni se corresponde con la realidad, decidí seguir la sugerencia de Herman Towers y participar de una experiencia llamada “una reunión de amigos”. La idea es ver quién lee la publicación sin foto. Si nadie lee este mensaje, será un breve experimento social, pero si lo lees, quiero que hagas un comentario con una palabra sobre mí, por ejemplo un lugar que te recuerde a mí, un objeto, un momento. Después, copia este texto en tu muro y yo voy a dejar una palabra que me recuerde a ti, y por favor, no escribas la palabra si no tienes tiempo para copiar el texto en tu muro. Eso arruinaría el experimento. ¡Gracias! A ver qué sale.»

Leído lo cual, pensé: mi amigo Feisbuquito se dedica a escribir, así que lo normal es que, quien lo busque, busque sobre todo sus textos, más que sus imágenes. En cambio, a quien es pintor sí lo buscarán por sus imágenes como a quien hace música, por su música o lo que sabe de música, y como a quien hace gilipolleces, gente gilipollas y así: según tu oferta, será tu demanda y Dios los cría y ellos se juntan. ¿Qué pasa? Que el nacimiento de Facebook (libro de caras, no se olvide), vino a responder al narcisismo y a la sociabilidad de una juventud que nunca hemos sido y pasa que nuestra generación se apuntó a FB más tarde y casi siempre inducidos porque teníamos adolescentes en casa. Estamos hablando de un proceso que ya cumple diez años y en diez años ha cambiado todo en información y comunicación. Basta ver el impensable efecto Android y Whatsapp en nuestras vidas. Y lo que no se piensa a tiempo hay que repensarlo a destiempo, que es lo que se suele hacer, lamentarse padres, madres y profesorado del [mal] uso que nuestros menores hacen de medios y redes sociales.

Lo que no debemos, creo, es preocuparnos, como si fuésemos una cadena televisiva, de la audiencia (o share) que tenemos o dejamos de tener, ni si, quien nos ve, nos ve por la imagen o qué. Casi todo en redes es vanidad y azar y su lenguaje, como ha sido siempre: lo bueno si breve, dos veces bueno y una imagen vale más que mil palabras. Para que las palabras perduren hay que desfrivolizar las redes y pasar, de internet de las caras, a internet de las ideas con voluntad de servicio. En eso estamos.

–enlace a El efecto Whatsapp en nuestras vidas


el hashtag y la lotería.

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En taquigrafía en red, se llama hashtag (del inglés hash, almohadilla #, y de tag, etiqueta) a una cadena de palabras que dan título a un acontecimiento o tema candente que el sistema y usuarios identifican de forma rápida de modo que se suman o dialogan o interactúan o intercambian sus datos u opiniones, o sea, donde hashtag, podríamos decir almohadilla (en la almohadilla #hashtagylotería) o simplemente etiqueta (en la etiqueta #hashtagylotería), que es lo que recomienda La Fundéu. Una vez lanzada la etiqueta, corren mensajes bien hacia el usuario central lanzador o bien entre la cadena de usuarios, lo que da lugar a una cadena o hilo de conversación (por una vez, la palabra hilo nos entra en el idioma sin pasar por el inglés).

La anécdota que me trajo aquí fue una charla de sobremesa de sábado con tres amigos, donde salió el tema del Gordo de Navidad. Partiendo de que los cuatro jugamos y guardamos, quien más quien menos, nuestro numerito en casa (por si nos toca), de los cuatro, uno reconoció que compraba lotería por coacción, “por coacción nacional”, dijo, porque todo el mundo juega: en el trabajo, en el bar, en el taller, en la ampa del cole o en el bloque de vecinos. Entre la coacción (que es presión por la fuerza), la incitación (que es provocación a la que cuesta negarse), la imitación o la emulación (que es copiar o actuar por rivalidad), infinitos son los actos, las posturas o decisiones que adoptamos, no por nuestro gusto, sino por presión social: la lotería, las comuniones, los tatuajes, hasta tener hijos, cosas muy serias en nuestra vida las hacemos porque las hace la gente. Siguiendo con la conversación, uno de los cuatro planteó su extrañeza porque, en tiempos de tanto Change.Org, de tanta almohadilla o de tanto hashtag, habiendo tanta cadena, cómo es que nadie creaba una petición o una plataforma del tipo #yonojuego o #yonojuegoalalotería, a ver si cundía. ¡La de maravillas que podríamos hacer y no las hacemos!

El siglo 20 nos dejó dos hermosas convocatorias mundiales por el bien de la humanidad toda y fueron la Conferencia de la Onu por la Paz y el Desarme y la Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático. A día de hoy, la del cambio climático sigue pero a la paz y el desarme le dieron el cambiazo por la paz y no violencia para meternos la bacalá al pacifismo y a mayor gloria de quienes cocinan el negocio de las patrias y naciones armadas, naturalmente todo en nombre de la no violencia y de misiones de paz del glorioso ejército y de ministerios sistemáticamente llamados de Defensa. #por_aquí_que_te_vi.

–enlace a QUE TE DEN LA BACALÁ

–vídeo LA BACALÁ (3:30)


A propósito del artículo El hashtag y la lotería, donde [eLTeNDeDeRo] anima a usar las redes sociales como arma de insumisión contra petardeos, modas o tendencias que aplastan al individuo (poniendo por caso jugar al gordo de navidad quien habitualmente detesta la lotería), sostiene Alan Gat Peguero (Omkara) esta interesante opinión que anima a no hacer nada:

«Yo no compro lotería porque no quiero que me toque, le dije a alguien que me quería vender la ilusión. Desde entonces, me mira con extrañeza creyendo que le engañé.

»Las personas al no pensar por sí mismas no pueden comprender que sus actos están motivados por circunstancias externas y exponen sus pensamientos y acciones al albur de lo que hagan los demás, por tanto, necesitan un ejemplo para justificar su propia acción de deseo.

»Crear una petición o plataforma del tipo que sea, forma parte de lo que los demás hacen. No crear nada es lo más original que puede un ser crear, porque no se basa la acción en ningún estado de inquietud.»

Lo cual que, como en la sobremesa de aquel sábado hubiera estado nuestro amigo Alan, la conversación hubiera derivado a lo que es “pensar por sí mismo”. Yo no creo en la construcción pensar por uno mismo: yo nunca he pensado por mí mismo; siempre he pensado con y por, con álguienes y por algún motivo y hacia algún fin: evitar la estulticia, la injusticia y mi propia soledad mortal y rosa.

Donde Alan dice que una acción en red contra la lotería “forma[ría] parte de lo que los demás hacen”, sugiero que me mande el enlace (web, hashtag, etiqueta o almohadilla) para yo añadirme a lo que ya estará hecho, y yo sin enterarme.

Pero lo que ya me despista (con agrado y entre copas de sobremesa, eso sí) es qué tiene que ver la creación (si es la creación artística o literaria) con lo que estamos hablando. La frase “no crear nada es lo más original que puede un ser crear” es propia, desde Hegel y Duchamp hasta aquí, de artistas que lo saben (el arte ha muerto) pero los muy pillines no paran de reivindicarse, hoy un disco, mañana un libro, al otro una exposición, y siempre que les bajen el iva, mientras la masa no cultural o no artística pase por taquilla y se dedique a otra cosa: fabricar ordenadores como este en el que escribo, poner ladrillos en casas como la mía, limpiar retretes como el mío, dirigir bancos como al que pedí la hipoteca o presidir gobiernos como el que nos gobierna y desde el que nos bombardean con la lotería del gordo de navidad, que era el “estado de inquietud” en que nos basábamos. Gracias: Alan Gat Peguero.

juglaría y clerecía.

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Una noticia falsa (o fake), a punto de atropellar al Profesor Lebrato.

La noticia es: en Montevideo (Uruguay), un profesor, periodista y académico, se rinde y deja de dar clases por culpa, dice, de problemas con su alumnado enganchado a las nuevas tecnologías. Y un montón de gente interactúa y se solidariza.

Semejantes choques o conflictos entre lo viejo y lo nuevo estamos viendo en el mundo a puñaítos. Entre el taxista y el úber, entre el hotel y el air&b&b, entre el autobús y el amovens, entre el autónomo y el por cuenta ajena, entre el libro de papel y la edición digital. ¿Recuerdan las cartas de sobre, sello y buzón? ¿Recuerdan las tiendas de discos?

Qué casualidad que, cuando asoma la abolición de ciertos oficios (al fin y al cabo, monopolios que alguien disfruta), la progresista sociedad acuda a conjuros en defensa de personas o familias que irían al paro si no se respetan sus derechos adquiridos, orquestación simbólica en la que se juntan gremios y sindicatos y partidos con tal de ganar el voto.

Y cuando internet se extiende y populariza como lengua vulgar (que podría aglutinar el descontento o la indignación) y cuando cualquiera puede crear su periódico, publicar sus fotos, compartir opiniones, vienen los cultos que siguen sabiendo latín para alertarnos del alto riesgo que se corre con las tecnologías en redes sociales, en el aula en educación o, en la información, con las noticias falsas. ¡Más fake que fue el pretexto para la Invasión de Irak, Bush, Blair y Aznar! ¿Han ido esos tres al Tribunal de la Haya?

El periodista y el fotógrafo, el taxista o el librero, temen por su futuro y han de buscarse la vida: su canto al tiempo pasado, humanamente, se comprende. No así, la hipocresía de quienes, bajo capa del arte y la cultura, les ríen las gracias y las desgracias porque en el fondo están defendiendo sus propios privilegios, sus propias cátedras o el emputecido mundo que nos han dejado. Es hora de probar la juglaría.


 

DICT (rastreador: internet de las ideas).

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Andaba yo buscando, para el Profesor Lebrato, ¿cascarria o cazcarria?, ¿sinfonier o chifonier?, cuando se me ofreció un buscador que me simplifica citas donde la palabra que busco aparece y con los enlaces a Wikipedia. Este es el portal. Pinchen o copien y peguen el parche: https://www11.dict.cc/wp_examples.php?s=&lp_id=8&lang=es.

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Si entran ustedes en www11.dict.cc, es tanto lo que se ofrece, que probablemente no entenderán nada. Se trata de un Diccionario para inglés-alemán y otros idiomas (Wörterbuch für Englisch-Deutsch und andere Sprachen) y ustedes no estaban buscando precisamente un diccionario. Repetimos las claves: https://www11.dict.cc/wp_examples.php?s=&lp_id=8&lang=es. Y que ustedes lo encuentren bien. Con la garantía Wikipedia; en adelante, podría ir a más.

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La extensión o dominio .cc corresponde a las islas Coco, Australia; 5la página está en alemán y el hombre, en español, preguntando por macuto (si es más o menos mochila). Una maravilla.

La web www11 debe ser de orden superior o distinto a la web normal; si alguien lo sabe, que nos lo diga. De momento, generosa, universal y sin anuncios, Dict.cc. Pregúntenle como al espejito mágico lo que quieran saber. Un  portal de belén de las palabras.

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Un Cid Campeador de las palabras:

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las ciencias y las letras ante internet.

Daniel Lebrato sentado en Monte Algaida

Otro día hablábamos de las armas y las letras, cuando las armas eran parte de la ciencia, la ciencia de matar. Siendo yo profesor y hombre de letras, he aconsejado siempre a mi gente ir a las letras como a las ciencias y, a las ciencias, como a las letras. Hoy, el balance de las letras (las humanidades, el arte en general) es que son egoístas o egocéntricas, mientras que la ciencia es, aunque también se adultere y se ofrezca al servicio del mal (como cuando se vende a la industria armamentística), la ciencia es, por cuanto demuestra al servicio del género humano todo y aunque mucho científico, como Edison, quiera vivir de su patente igual, igual, al copyright donde se atrinchera el artista, la ciencia es, o ha de ser, generosa, universal y expansiva; quizá porque, con Antonio Machado, nuestras horas son siglos cuando sabemos lo que se puede aprender, y eso hace a la comunidad científica humilde, y no engreída.

La prevalencia ética de la ciencia y tecnología frente a la literatura y las letras, se ve en la respuesta de unas y otras al mundo digital que se nos ha venido encima: las letras, a la contra, a la defensiva: ¡Atrás, Satanás!, dice el instituto que prohíbe el dispositivo móvil a su alumnado y dice el defensor del libro de papel de la Galaxia Gutenberg. Que toda la cultura no es tan rémora, lo vemos en la música, que se acomoda a lo que pase por taquilla o por Spotify: no hay tabarra con el disco como soporte físico. Y ¡Adelante, adelanto, siempre adelante!, dirá la investigación que haga al humano más bueno, más sano y más libre, también de sus cadenas y de la cadena del trabajo de la explotación del hombre por el hombre. Internet es la Internacional. Lo que hay que hacer es conquistar la red como antes se conquistaron la Bastilla o el Palacio de Invierno. Vayan y lean El plan del inventor de la web para devolver la libertad a internet.

el arte y el artista

Más de dos millones de personas han megusteado (verbo que me acabo de inventar) Muertos de hambre, vídeo de 6:04, de Karel Sánchez, quien sale en defensa de la creación artística dentro de los sistemas educativos. Suena bonito y quién podría decir que no. Sucede que si el arte, como la escolarización por la ESO (con O de obligatoria), se vulgariza, el artista desaparecería como han desaparecido escribas, letrados, bachilleres o escolares con derecho al alfabeto en un mundo analfabeto. Es lo que tiene el humanismo desprendido y, por eso, no pasa de moda el individualismo, que, predique lo que predique (la bondad del arte, por ejemplo), barre siempre para dentro.

La polémica no es nueva. En 1870 (siglo del genio y del artista en su torre de marfil) ya estaba escrito por Bécquer: podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía. Ocurre que el poeta se resiste. Él quiere ser artista para que otro sea albañil o repartidor de bombonas. Y ahí demuestra el artista lo artista que es. El arte, como el sexo (ahora que nos la quieren pegar con el trabajo sexual) sucede en el fragmento de ocio y, por tanto, todo el mundo debería tener acceso al arte en su tiempo libre y abolir de una vez el artista como oficio en exclusiva, como curas y monjas que, para que Dios exista, quieren convencernos de que exista una Iglesia que les dé de comer. El artista rinde culto al Arte, algo que, en una sociedad que se precia de igualitaria y democrática, nadie sabe lo que es ni lo sabrá por mucho que incluyan la asignatura creación artística en las escuelas. ¿Sin cambiar las bases del arte? ¡Escuela de niñaterío!

el informático y la informática

No sabemos cuántos megusta habrá recibido esta otra noticia que titula El plan del inventor de la web para devolver la libertad a internet, con este explícito: Tim Berners-Lee presenta una plataforma que quiere devolver la privacidad a internet, contra la concentración de poder en unas pocas plataformas como Facebook, Google o Twitter, las cuales controlan qué ideas y opiniones se visibilizan y son compartidas. Tim Berners-Lee no lo dice, pero las revoluciones clásicas (francesa o rusa), que asaltaron edificios, serán en el futuro millones de millones de megusta a la conquista de la red, es decir de la información y comunicación, y nadie hará mucho caso del Muertos de hambre de Karel Sánchez, sin duda buena persona y con capacidad de amar, de pensar y, sobre todo, de crear, Karel, de crear.


 

Machado y las dos Españas | crítica de la Segunda República.

Por reacciones al artículo Manuel Machado y la Virgen del Carmen[1] se ve que siguen vivas, muy vivas, las dos Españas personificadas en cada uno de los Machado. A Manuel Machado, lo trato con el máximo respeto y a su hermano Antonio, el de las dos España, ni lo nombro. Está mal citarse uno mismo, pero la teoría de las dos Españas, tan útil cuando ansiábamos una España distinta, con el tiempo se ha vuelto más peligrosa que un alacrán en un zapato.[2]

Hay mucha impostura en la otra España de Segunda República y, la mayor, no haber disuelto el ejército, sin el cual no hubiera habido ni golpe de Estado ni levantamiento.[3]

La segunda impostura fue cambiar monarca hereditario por monarca elegido, manteniendo la Jefatura del Estado bicéfalo, segunda monarquía y la peor: si hoy se hiciera un referéndum sobre la forma del Estado, ganaría doña Letizia.

La tercera patraña es la exaltación del exilio exterior por encima de la resistencia interior[4], siendo así que quien se exilia (hoy, de Siria) tiene, al menos, los medios económicos para quitarse de en medio y decirle al país: Ahí te quedas.[5]

La cuarta impertinencia de doña República fue su propia mitología: la banderita tricolor como símbolo de algo y el lastre que eso trae desde los Pactos de la Moncloa (1977) hasta la España de los demócratas.

Lo quinto (y malo) es una usurpación. La Segunda parece que fuera o fuese la única república posible. República y Guerra Civil se sigue enseñando a la gente menuda en los libros de texto, a mayor gloria de la Casa Real que, ignominiosamente, se sigue postulando para poner paz y orden entre las dos Españas.

Lo que no inventen.

Dicho lo cual, que la vida nos libre de Sanjurjos, Francos, Molas o Queipo de Llanos que aún cría esta España nuestra, solo que maquillados de misiones de paz bajo el paraguas de la Otan. ¿O no huelen a cuartel secciones enteras de los telediarios? Será casualidad, pero hoy es, vuelve a ser, 18 de julio.

Daniel Lebrato, 18/07/17

[1] Fuente: Antonio Rodríguez Almodóvar.

[2] Daniel Lebrato, Tinta de calamar, cap. 60

[3] No se conoce Historia de España ni partido político que progrese adecuadamente en conclusión tan sencillita: sin fuerzas armadas no hay guerra que valga ni conflicto armado.

[4] Resistencia interior ninguneada. Comparad los honores a Víctimas del terrorismo frente a ¿Víctimas del franquismo?

[5] De este patrioterismo, lo peor fueron intelectuales equidistantes de las dos Españas, centristas o liberales por encima del uno y otro bando, tipo Ortega y Gasset, María Zambrano o Chaves Nogales, biografías muy hinchadas por el psoecialismo y el bipartidismo constitucionalista.

Internet de las ideas.

Microsoft ha hecho mucho por la humanidad, pero su inventor, Bill Gates, que hoy se hace llamar filántropo, es de la estirpe de Thomas Alva Edison (1847‑1931), inventor de la bombilla: más movido por la marca registrada y por el dinero, que por altruismo. Pasa que ‑con la edad y la fortuna escandalosa‑ estos ricos abren una fundación y le ponen su nombre. Google, en cambio, se ha hecho desde el principio un hueco en nuestra vida sin cobrarnos nada y, lo mismo, Dropbox, Facebook, Twiter, Youtube o Whatsapp, por no hablar de las wikis y de la hermosa Wikipedia. Gracias a estas redes ‑y aunque alguien siga haciendo negocio‑ podemos decir que Internet es gratis. Algún día, cambiaremos el mundo a través de Change.org o con solo darle a un botón, que es al final un megusta. Cuando triunfe Internet de las ideas.