Etiqueta: comunismo

comunismo y vanguardia.

Escribe Manuel Altolaguirre en España en el recuerdo (1949): En la revista Ambos (1921) no se expresó ni una sola idea revolucionaria. Unas ingeniosas greguerías de Gómez de la Serna y unos dibujos de Picasso producían confusión entre los comentaristas familiares de nuestra poca difundida revista. Para ellos futurismo, cubismo y comunismo eran una misma cosa.

Yo sabía por Mayakovski la sintonía inmediata entre futurismo y comunismo, fácil de entender entre dos movimientos que apuntaban a un mundo más funcional y más bueno. De los dos ismos, el comunismo (mejor: el marxismo) lo aprendí y, del futurismo, confieso que (aparte de aquel coche de carreras que era más hermoso que la victoria de Samotracia)[1] mi conocimiento fue siempre muy primario. Lo que no se me pasó por la cabeza es que el comunismo fuese interpretado, en su día, como una manifestación más de las vanguardias artísticas.

Cuatro años después de la Revolución del 17, en 1921, mismo año de la revista de Altolaguirre, se consumó en España la negación del futurismo político.[2] Desde entonces, el Psoe que administra la noble palabra socialista (socialista soviética fueron las eses de la URSS, entendido el socialismo como fase superior al capitalismo y hacia una sociedad sin clases) no ha hecho más que torpedear las luchas sociales. La misma biografía de Santiago Carrillo, pasándose al Psoe en su edad provecta, ilustra la trayectoria de tanta militancia del Pce que emigró al Psoe, que se hizo psoecialista. Y si algo ha puesto de relieve la cuestión catalana es la cantidad de reaccionarios (hay quien dice fachas) que había, y al presente afloran, en el Psoe y alrededores.

Otro día hablamos de cómo las expectativas electorales del Psoe son tan bajas (bajaría en toda España y desaparecería del voto influyente en Cataluña) que por eso se ha convertido en el principal apoyo del PP (ved la pacata reprobación anunciada de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría) en lo que a todas luces se debería arreglar convocando elecciones y que las urnas decidan (tanto en referendos como en elecciones generales anticipadas), no que ‑en vez de eso‑ aquí mandan los demócratas Ferreras, Marhuenda, Inda y compañía de la Sexta a la Primera. El viejo comunismo, el de la unidad popular y del frente común, pasado un siglo, sigue siendo vanguardia. Honor a quienes en su vida custodian y defienden sus ideas.

–enlace a España en el recuerdo en ProyectoRosaleda.com

[1] Manifiesto futurista publicado en Le Figaro el 20 de febrero de 1909. Cuando fui al Louvre, me dio penilla aquella victoria alada que parecía distribuir, por aquí o por allí, la gran escalera que da acceso a la primera planta del museo. Una azafata de congresos.

[2] El Psoe se quedó en la Segunda Internacional y el recién creado PCE se entendió como sección española de la Tercera Internacional.


 

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la revolución laboral.

Malo es esperar salud en muerte ajena, decía Sempronio en La Celestina. En economía, malo es esperar progreso en atraso. La lucha contra las máquinas es histórica en el movimiento obrero pero, por dar trabajo a los carteros, no volverán las cartas de sobre, sello y buzón. Es la revolución científico técnica. Revolución que parecen no querer ver ni patronal ni sindicatos ni partidos políticos que les ríen las gracias, y a autónomos y pequeños oficios o empresas no competitivas, en vez de fomentar la productividad mediante el cooperativismo y las grandes empresas nacionales o nacionalizadas. La patronal lleva muy mal la reducción de jornada porque, a sueldos iguales, supondría una subida salarial. Los sindicatos no van más allá de sus narices decimonónicas, como en las novelas de Dickens: pedir trabajo y, a igual trabajo, igual salario, consigna que ya desmontó Carlos Marx, pues no habría que medir solo lo que cada obrero trabaja sino también lo que a cada uno le cuesta y lo que cada uno necesita y, más aún, lo que no trabajan las clases parasitarias, rentistas o improductivas. A Comisiones y Ugt, por combatir el desempleo o el cierre de factorías, les da igual fabricar barcos o aviones de guerra (Navantia en Cádiz, Airbus en Sevilla). Pero Amazon, Uber, Airbnb y plataformas colaborativas son el futuro y hasta se da la absolución por internet. La pérdida de oficios por causas tecnológicas tendría un final feliz en cualquier sociedad menos la nuestra. Lo que, en cálculo anual y poblacional, hoy son horas de trabajo pasarían a ser horas de ocio. Extrapolando el fenómeno, la ciencia ficción sería realidad: una sociedad de robots, pantallas y mandos a distancia que habría vencido, por fin, la maldición del trabajo. Claro que el violinista algún bien material, tangible, tendría que producir para la sociedad, algo tendría ‑lejos de su violín‑ que trabajar: muy poco, porque el total de horas de trabajo necesarias divididas entre el total de personas en edad y condiciones de trabajar sería, a nivel mundial y persona a persona, una cantidad de horas de trabajo ridícula. Y, a cambio, más público ocioso llenaría los conciertos. El comunismo, o sea.

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libertad

el bien común en pñagina PROCOMUN

LA LIBERTAD
–Defensa del colectivo (2). Mito y negación del sé tú mismo–

(1)
No se habla aquí de la libertad metafísica del hombre, del ser humano o como lo quieran llamar. Hablamos de libertad interiorizada por individuos que realizan ninguno o muy pocos actos libres a lo largo (a lo corto) de toda su vida y que presumen de libertad y afirman vivir en un país libre.

(2)
Hombres y mujeres nacemos bajo coordenadas que niegan la libertad, pues nadie elige sexo y condición, cuándo, dónde y cómo nacemos, lo que obligaría a responder qué o quién nos dio la libertad en nuestro ámbito privado (familia, medio inmediato, etcétera) y qué o quién, en el ámbito público (Estado, empresa, formas fijadas por una comunidad).

(3)
Suponiendo que mi trabajo, ser profesor, sea fruto de una decisión libre (lo que supone que también fue libre mi decisión de no ser rey, tapada islámica, repartidor de butano, refugiado sirio, ama de casa, discapacitado pensionado, prestamista o prostituta) y suponiendo que vivo con la persona que libremente elegí (lo que significa entre miles de millones y descartado el azar); suponiendo ‑que es mucho suponer‑ que mi vida laboral y mi vida sentimental son realmente las que yo he elegido, ¿qué otros actos de libertad cuento en mi vida? ¿A dónde voy de vacaciones?, ¿si vio en este o en aquel barrio?, ¿si voy andando o en bici?, ¿si soy fiel a mi pareja?

(4)
Donde libertad, debo decir a) albedrío o voluntad dentro de un orden que yo no he fijado y b) libertad de voto cada cuatro años. Para ejercer algo parecido a la libertad, no solo tendría yo que descreer de la democracia sino, y sobre todo, de mí mismo.

(5)
Antes y después de la democracia a la francesa con adornos de la Grecia clásica, la humanidad pensante ha conocido estrategias que llevaron a ciertas minorías a pensar el todo y por todos. Algunas de esos movimientos ‑que llamaremos intelectuales‑ fueron los aristoy (egoístas griegos a quienes el pueblo les importaba un carajo, pero, por lo menos, no engañaban a nadie), los jesuitas (con su educar a las élites para a través de las élites influir sobre la masa iletrada y controlar los Estados), el despotismo ilustrado (de todo para el pueblo pero sin el pueblo) y los bolcheviques de la dictadura del proletariado, al final, del partido comunista.

(6)
En un mundo en manos de una minoría de malos hechos polvo (militaristas, yihadistas y otros enfermos mentales) contra la cual clama y se rebela una minoría de buenos hechos un lío (buenrollistas y solidarios), una tercera minoría tendría que acudir a su responsabilidad histórica por encima y al margen de quienes en el fondo le parecen pobrecitos, inocentes, ignorantes, engañados, manipulados o directamente gilipollas. Muerta la fábula de mi libertad individual y del sé tú mismo, a través de la opinión pública, se impondrán, sin opiniones, las necesidades del colectivo.

enlace a el colectivo

MOVIMIENTO / COALICIÓN / PARTIDO

tres generaciones

MOVIMIENTO / COALICIÓN / PARTIDO
–larvas, orugas, capullos, crisálidas y mariposas–

Un partido político se sabe lo que es. Una coalición resulta una especie de unión temporal de empresas, una u.t.e. de siglas unidas por un fin electoral. Y un movimiento es un estado de ánimo y de opinión, algo aprehensible en las encuestas y en las conversaciones.

Podemos ha seguido una evolución de más a menos: movimiento > partido > coalición. Podemos fue movimiento, inaprensible magma de unas ideas que estaban ahí para quien quiso verlas: el 15‑M; después, Podemos se hizo partido contra sí mismo y contra Izquierda Unida; y ahora, el partido Podemos, visto que su techo fue insuficiente el 20 de diciembre, se aviene a la coalición con Izquierda Unida.

Izquierda Unida sigue una evolución de menos a más: partido > coalición > movimiento. Izquierda Unida empezó en partido, el PCE; después quiso ser coalición pero en la práctica se quedó en refundación del PCE y, con Podemos, quiere llegar a movimiento. Estas tres fases se encarnan en tres generaciones de militancia o simpatizancia: la vieja guardia comunista (siga o no militando en el PCE), la vieja guardia izquierdaunidista (Llamazares) y la nueva hornada intercambiable o paralela a la Generación Podemos.

En la coalición de partidos IU‑Podemos, lo que importa es la música y lo de menos es la letra (programa, nombre y puestos en las listas electorales). Lo que importa es el estado de opinión o movimiento que IU‑Podemos puedan generar entre la gente con su fórmula de unidad.

Lo que está a deshora es el izquierdaunidismo. IU no consiguió unir a la izquierda. Si por ganar un movimiento se pierde un partido, no se perdería absolutamente nada. La prueba, que analistas muy reaccionarios (ABC, El País) practican estos días la nostalgia de IU y de sus indudables valores, etecé, etecé. Todo, con tal de desacreditar lo que siempre les dio miedo: la unidad, la unidad y la unidad. Es propio del ser demócrata dividir la razón y la fuerza.

Ni tontos ni marxistas, 6 del 5 del 16


 

LA LUCHA DE CLASES

Desayuno en un rascacielos 1932
Lunch on a Skycraper (1932) 

LA LUCHA DE CLASES

Siempre hubo clases. En las sociedades esclavistas: propietarios libres y esclavos. En el feudalismo: nobles, clérigos y siervos; después vendrán los comerciantes: el cuarto estado. Pensar que los antagonismos han dejado de darse en sociedades capitalistas, es pensar la utopía. Bien está creer que vivimos en el mejor de los mundos, pero negar las clases sociales sería como negar la redondez de la Tierra.

La lucha de clases no es un concepto individual ni voluntario, que una persona o un grupo puedan activar o desactivar como quien pone en marcha un vehículo. La lucha de clases ‑como la erosión, como las caries, como la vida o el tiempo‑ es algo que simplemente pasa. Negar la lucha de clases es hacer el ridículo. Esto es particularmente grave en cuanto llega el 1º de mayo.


Historia de una foto.


el bien común

el bien común en pñagina PROCOMUN
el bien común según la página de Tomás Bradanovic

EL BIEN COMÚN

Dos conductores van a infringir el tráfico. El primer conductor, en la autopista, va a poner su auto a 140 por hora cuando sabe que la velocidad está limitada a 120. El segundo conductor, en una avenida urbana que dispone de tres carriles en cada dirección, va a dejar su auto en doble fila ‑“Solo será un momentito”‑ mientras él hace una gestión.

Los dos conductores infringen, actúan contra el código o reglamento de circulación. La pregunta es ¿cuál de dos actúa, además, contra el bien común? Sus respuestas a eLTeNDeDeRo y a nuestra página amiga De Barbas y Boinas.


 continúa: la solución

LA CULTURA

–LA CULTURA–

# 0-1 minuto

–LA CULTURA–
y las dos culturas

Culturas ‑como la envidia, como el cinismo o como el colesterol‑, la hay buena y la hay mala. La mala es la que, en la medida que ensalza a quienes saben, humilla a quienes no saben, que en adelante recibirán nombre de incultos. Otra cosa es la cultura en tanto cultivo de uno mismo y de su entorno, también cantidad de experiencia acumulada que hace mejor a la persona que puede permitirse conocimientos y habilidades en materias que nos colocan en ventaja en la carrera de la buena vida (cultura de idiomas, libros y bellas artes; cultura de viajes, razas y países; cultura gastronómica y del vino). La primera cultura, la exclusiva, resulta odiosa y merece ser destruida. Es la cultura de quien se ríe de quien comete faltas de ortografía. La segunda cultura, la inclusiva, es amable y habría que repartirla por los cuatro costados del universo. Eso, supongo, es el comunismo.