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Lorca: Fábula y rueda de tres amigos.

Lorca
historia de un hilo.

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FÁBULA Y RUEDA DE TRES AMIGOS

Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.


□ enlaces:

Fábula y rueda de tres amigos (Enrique, Emilio, Lorenzo)

en Universo Lorca (versión corta)

en Trianarts (versión larga documentada)

en la zamarra de Gustavo [Sierra Fernández] (versión larga y explicación previa sobre los tres amigos)

en fragmentos para olvidar (versión larga)

Comentario de texto por Ángela Bernardo (en Hipertextual)

No me encontraron (fragmento), cantado por Miguel Poveda (3:52)


historia de un hilo
hilo de tuits

Del vario glosario que nos deja internet, el más duro y desviado a mis oídos me ha parecido siempre muro de Facebook (en lugar de mural o tablón), y el más acertado y próximo, hilo, hilo de Twitter, con su amplio campo semántico, seguir el hilo, perder el hilo, hilvanar (una conversación) o (armonizar discursos o palabras) deshilachadas. En sentido amplio, hilo puede ser también la secuencia o el hipertexto que como en salto de rana nos lleva de un texto a otro, de un vínculo a otro vínculo.

Cuento esto, tan obvio para quien anda en redes, por contarles la historia de un hilo que empieza en Julio Anguita y va saltando de clic en clic hasta acabar en si García Lorca –como el aviador de Justo Navarroalcanzó a prever su propia muerte en Fábula y rueda de tres amigos, Poeta en Nueva York, 1929. En el hilo intervienen Luis Pizarro (Luispiz), Pive Amador, Félix Molina y David Fernández-Viagas, contactos de @daniellebrato o de eLTeNDeDeRo. El artículo se llama Luces de pandemia y en él se hilvana un hilo donde desfilan Benito Moreno, Pura de Ucelay, Valle-Inclán, Alberto Garzón, Juventud y madurez del 98, Antonio Machado, Alejandro Amenábar, Unamuno, los Premios Goya, la película Campeones, los programas El Ministerio del tiempo y Cuéntame cómo pasó, de TVE, Federico García Lorca, José Monje Cruz Camarón, PCE, Izquierda Unida, Podemos, y, como secundarios de lujo, Goethe, Picasso, Fellini, Beethoven, Kundera, Vila-Matas, Giles Deleuze, Gil de Biedma, Carlos Blanco Aguinaga, Guillermo González Arenas y Pedro Pubill Calaf Peret.

Todo era por comentar los pasos del tiempo (físico, ideológico, histórico)  desde la juventud hasta la madurez, la vejez y la muerte, y si conviene a la edad asentarse en ideas conservadoras o si, por el contrario, se debe aprovechar la edad que dicen la tercera para dar salida y palabras a lo que, cuando éramos más jóvenes, no pudimos o no supimos expresar; percepción que [eLTeNDeDeRo] pilló prestada en Envejecer con lucidez, Calle del Orco, de Kim Nguyen Baraldi (nacido en Bruselas, 1985).

Mis conclusiones provisionales son:

Que Anguita el político es un ejemplo de edad perdida.

Que prever la propia muerte es tópico literario y nada más. Todos nos moriremos en París con aguacero. Eso valía también para Lorca el año 29.

Que la inteligencia española representada en TVE o en los Premios Goya, contando con la complicidad de las Academias de Cine y de Televisión y de los guionistas, lleva años maquillando la Historia contra la memoria histórica y a mayor gloria de la Constitución del 78 y de la monarquía.

Que, aparte de renovar vínculos y amistades, los blocs o páginas digitales sirven para, entre otras cosas, recuperar la memoria de la Fábula y rueda de tres amigos de Poeta en Nueva York a donde fue llevada.


 

FÁBULA Y RUEDA DE TRES AMIGOS

Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.


Fábula y rueda de tres amigos (Enrique, Emilio, Lorenzo)

en Universo Lorca (versión corta)

en Trianarts (versión larga documentada)

en la zamarra de Gustavo [Sierra Fernández] (versión larga y explicación previa sobre los tres amigos)

en fragmentos para olvidar (versión larga)

Comentario de texto por Ángela Bernardo en Hipertextual

No me encontraron (fragmento), cantado por Miguel Poveda (3:52)


artículo base
LUCES DE PANDEMIA


hilo de tuits

luces de pandemia.

 

Camarón, por Benito Moreno, Lorca, Pura de Ucelay y Valle-Inclán (la foto en Madrid, 1934, preestreno de Yerma)


 

Julio Anguita fue conductor del viaje a ninguna parte que va desde el PCE de 1975, al actual ministro Garzón, en el Gobierno, cero a la izquierda de la izquierda. La reflexión no va sobre política sino sobre las formas de envejecer las ideas o las personas. Estaremos de acuerdo: la realidad no envejece. [1]

Estudiante yo en la facultad y opositor después a profesor de lengua y literatura, recuerdo un tema: «Juventud y madurez del 98».[2] El enfoque era perverso por cuanto daba por sentado que los del 98 maduraron y porque la madurez parecía que tenía que ir siempre hacia una renuncia a los primeros radicalismos de juventud, a sentar la cabeza, o sea[3]. Excepciones fueron Antonio Machado y Valle-Inclán, cada uno a su deriva.

Ahora que la película de Amenábar Mientras dure la guerra ha vuelto al Unamuno de madurez, ya me dirán qué madurez demostró el rector de Salamanca aquellos días terribles que se le vinieron encima. Solo una cultura política pordiosera de aquella que refleja, pudo ver en don Miguel ejemplo de algo y altura de miras y, sin embargo, ahí lo tienen: 17 nominaciones, 5 goyas y ¡mejor película! Se ve que España 2020 premia la ambigüedad, el titubeo, la agonía; y se disculpa el golpismo en nombre de un hombre bueno con fe en la extrema unción. La España de los Goya se retrata en los Goya, como en Campeones, un año antes, se retrató la España Down y Provida y sin preservativo ni anticonceptivos.

Lo cual, que no nos vengan con la película de los últimos días de Julio Anguita. Ya ven lo que nos quiere decir El Ministerio del tiempo, según TVE:

–España, ¡no pasó nada! Nosotros le juntamos a Federico García Lorca (que no estaba muerto, que no) con José Monje Cruz Camarón (que estaba tomando vinos). [4]

Antonio Machado y Valle-Inclán supieron defender sus Termópilas. Unamuno, un poseído de sí (un energúmeno), no supo qué defender. Y Anguita no alcanzó a ver que el viejo PCE envejecería mejor, como un buen vino, que echándole seven-up al rebujito de Izquierda Unida, como Anguita le echó, y no digamos su yayoflauta y pagafantas admiración por la gaseosa que fue Podemos.

Que ustedes se rodeen de luces de madurez y que ustedes lo envejezcan bien.

[1] El motivo para este artículo viene de la lectura de Envejecer con lucidez, por donde desfilan, con sus casos, Goethe, Picasso, Fellini, Beethoven, Kundera, Vila-Matas, Giles Deleuze; y cada quien que aporte lo que sabe del envejecer, morir, como único argumento, Gil de Biedma.

[2] Carlos Blanco Aguinaga, Juventud del 98 (1970).

[3] Quizás la madurez del 98 se nos proponía como modelo a estudiantes en edad de dar problemas. ¡Y cuántas personas no maduran jamás!

[4] Recreo la canción El muerto vivo, del colombiano Guillermo González Arenas, 1965. En España fue repertorio de Peret, por rumba catalana.

vida y obra.

el hundimiento

La muerte de Julio Anguita levanta espontáneas reacciones de elogio a su persona. Sin embargo, no recuerdo ni una sola idea que el político Julio Anguita haya aportado al mundo de las ideas; no digamos de izquierda; entre otras cosas, porque Anguita fue parte a liquidar la vieja izquierda (marxista y crítica con el Estado del Bienestar).

Anguita como texto y comentario de texto.

Quien tuvo en clase al profesor Lebrato, sabe que el profesor huía de biografismos y auto biografías:

–Imaginad que todo texto es anónimo, y así salimos de tentaciones de vida y obra: obra, nada más.

De ejemplo, les ponía la poesía de San Juan de la Cruz [1]

Otras veces, en cambio, el gusto por una obra no impedía que el profesor hiciera ver a su alumnado la catadura moral del personaje autor.

–Ese don Juan Manuel tan señorito que ni siquiera escribía: ¡mandaba escribir! (como declara al final de cada cuento de El conde Lucanor).

–Ese Mío Cid que –antes de Pérez-Reverte– respondía al tipo mercenario al servicio del botín y la rapiña.

Eso no quitaba, tampoco, que pese a la cochambre biográfica de Manuel Machado, frente a la heroica de su hermano Antonio, la poesía de Manuel fuese tan buena o mejor y, para mí, más exquisita y seductora.

Recuerdo la película El hundimiento (Der Untergang, 2004, de Oliver Hirschbiegel). La cinta cuenta los últimos días de Hitler. En 1942, varias mujeres se presentan a secretaria personal del Führer. Traudl Humps (o Junge) es la escogida. Su diario alimenta el guion de El hundimiento y, como es lógico, lo hace desde un punto de vista interno en el que un sector de público creyó ver una justificación del nazismo. ¿Desmentía la película la obra pública, la Historia escrita, con renglones de sangre y de exterminio? Nada de eso. Al hombre lo que es del hombre, y al nombre lo que es Historia.

Películas se puede hacer de cualquier cosa. La Historia, con mayúsculas, Julio Anguita sabía, pocas veces se altera o se equivoca.

[1] Donde ‘amado’, Dios, y donde ‘amada’, Iglesia. Diga lo que diga San Juan, amado es amado y, si quiere ‘Dios’, que lo ponga en el texto, no en declaraciones al margen. En clase no usé nunca la interpretación por las tres vías místicas; sí precedentes puestos en boca de mujer, como la lírica tradicional o El cantar de los cantares.

confesiones de un profesor.

ZV la noche del alumbrao Feria 2019 (2)

Corre por ahí un vídeo de Antonio Muñoz Molina en exaltación de la enseñanza: maestros, profesores, libros.

Vaya por delante que, como dijo aquel[1], por sus frutos los conoceréis, y si el mundo, tal como está, le gusta a alguien, no seré yo quien presuma de mis frutos. Algo he tenido que hacer muy mal.

La enseñanza es aparato transmisor y reproductor de roles, conductas y saberes que obedecen siempre a un estado de cosas, a una ideología. Maestros y profesores, maestras y profesoras, lo mismo hemos transmitido verdades como puños que mentiras catedralicias.

Quien lo dude y quiera insistir en la copla de la importancia del libro, a ver si no es libro el corán que tanto daño ha hecho, por no citar biblias que puedan herir sensibilidades más próximas. Todo es conforme y según, Manuel Machado.

Vivimos un tiempo de creyentes que, por grupos de intereses, ligan un dios al que adoran a lo que es su oficio y en el cual medran, para que los demás al mismo dios igual lo adoren.

¿Qué va a decir Muñoz Molina de los libros, si él forma parte del libro? ¿Qué dirá el gremio de la enseñanza de su ejercicio? ¿No es la sanidad y ahí anda, contra el virus, por las nubes? ¿Dirá lo mismo el albañil de los ladrillos que coloca? ¿El fontanero, del grifo? ¿El repartidor, de su bombona? ¡Seguro que no! Y, sin embargo, para que Muñoz Molina esté en los altares de El País y BBVA, alguien le hizo la casa, la estantería, la cámara en que se está grabando.

Este pensamiento (que alguien dirá demagogia) me ha acompañado siempre y siempre he procurado motivar con él a mi querido público:

–Estudiad, para salir del hoyo.

Porque el hoyo está, lo diga el profesor o no lo diga. En esa conciencia, tal vez marxista, ha consistido mi lucha pero lejos de toda afectación y todo culto a la personalidad.

Es tarde. La clase va terminando. Uno se hizo profesor por evitar el andamio, por escapar del trabajo más duro. Para eso, uno ha tenido que nacer en un ambiente propicio; que no te hayan puesto a trabajar de chico en el campo, como a mi abuelo, o con pantalón corto ponerte a trabajar, como le pasó a mi padre.

Una vez profesor, puedes, una de dos: hacerte cómplice de la gran mentira o revelar quién eres y rebelarte en contra. Y que tu gente aprenda a administrar el bien que tiene en el estudio. Porque quien ingresa al aula es también un ser tocado por la varita mágica de la vida, es también un ser privilegiado.

A esta hora contemplativa de balance y resumir qué he sido, no se me ocurre más que dejarles a ustedes, mujeres y hombres, madres y padres, algunas ideas que pueden ser, además, mi agradecida herencia:

1.
Antonio Machado: «A mis maestros guardo vivo afecto y profunda gratitud.» Lo mismo digo, sin decir nombres. Saberse hilo conductor. ¡Cuidado con lo que transmitimos!

2.
Borges: «Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído.» Cambiando libros por alumnos: “Que otros presuman de las clases que han impartido; a mí me enorgullecen las que he recibido y mi alumnado”.

3.
Juan Ramón Jiménez: «Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo.» Soy don Quijote y Sancho. El Libro de Buen Amor lo escribí yo. Don Juan Manuel era un señorito.

4.
«No hay peor mentira que la que dicta un catedrático, porque esa viene con autoridad de fuentes y bibliografía.» [2]

5.
Juan de Mairena, a sus alumnos: «De mí sólo aprenderéis lo que tal vez os convenga ignorar toda la vida: a desconfiar de vosotros mismos.»

6.
«Un alma verdaderamente hermosa no alcanzaría la gloria, porque no la desearía.» La frase es de Yourcenar, y perdón por tanta cita: es como si uno necesitara la anti frase contra tanta majadería (quise decir muñozmolinería).

/ os querré siempre /

[1] Mateo 7.16

[2] Esta cita sé que no me la he inventado: la he leído en alguna parte antes del servicio de citas y frases célebres por internet. Al buscar yo ahora su autoría, Google no me responde; así que puede que sí: me la habré inventado. La arrastro hace cuarenta años.

Óptica Sevilla: Semana Santa.

Estadio_Olímpico_de la Cartuja
Estadio Olímpico de la Cartuja, propuesto Carrera Oficial para la Semana Santa de Sevilla.

No lo digo yo. Lo ha dicho el año sabático. Las fiestas de Sevilla son todas prescindibles. Marque usted, feriante o cofrade, la casilla que corresponda: hermandades, Iglesia, Maestranza, ganaderías, socios y titulares de casetas; todo lo que ha vivido a la sombra del Ayuntamiento bajo pomposo título de Fiestas Mayores de alto interés turístico, por su contribución a la economía de la ciudad y todo ese etcétera que el coronavirus se ha llevado por delante y que el año que viene podría volver a volver.

La Semana Santa cambió su ser tras la madrugá del 2000 y, a partir de ahí, tal cual predijo Juan Bonilla, “nadie conoce a nadie”.[1] Nadie conoce a nadie porque, por encima del Consejo de Hermandades y del propio Ayuntamiento, llegó Orden Público (CECOP: Centro de Coordinación Operativa) y mandó parar: vallas de separación por todas partes (más, a la salida y entrada de la procesión), rigurosas filas de espera para verlas venir (propio de Cabalgata de Reyes, en atención al público infantil), sillitas de mano dónde sí y cuándo no, fin del cangrejeo, rigidez de horarios (por retransmisiones tv) y mucha, mucha, policía para una masa que hasta el 2000 se preciaba de una autogestión que daba gusto: esa era la bulla; bulla tan sabia para acertar a dónde ir, como indulgente ante leves libertades que se disculpaban con tal de no molestar y que ningún infractor dejara sin vistas al chico o a la persona más bajita. Verdad que siempre había alguien en la fila que cuando usted, por libre o en caravana de libres, pedía paso franco educado, saltaba el malaje:

–Por aquí, ¡ni uno más!

Pero eran los menos y si sabías navegar entre el gentío evitando la Carrera Oficial, podías ver todas las cofradías y todos los pasos del día y hasta te sobraba para hacer escala en algún bar, Cruzcampo o manzanilla, con su buen urinario sin excesiva cola y medianamente limpio.

Todo lo cambió la ciudad del orden y no es extraño el actual rechazo por parte de capillitas laicos que hemos sido.

Pensando en laico, lo normal sería la Ciudad proponerle a Iglesia y Consejo de cofradías una de dos:

–Un circuito interno o Carrera Oficial por Catedral o gradas adentro de la Catedral

o hacer la Carrera en el Estadio Olímpico de la Cartuja y allí las procesiones dar vueltas las que quieran. El público paga su entrada. El espectáculo empieza y acaba. Estadio cubierto, a prueba de lluvia. Fácil acceso. Amplio aparcamiento. Servicio de orden privado o concertado con el CECOP. La ciudad, limpia de cera y paja. Y al turismo le daría igual. ¿Cuál sería el problema?

¡Como si la Macarena lleva publicidad de Coca-Cola o al Gran Poder lo patrocina una inmobiliaria!

Está muy mal acostumbrada esta ciudad de la gracia a la que no le vemos tanto la gracia.

Mañana en la Óptica: la Feria de Abril de Sevilla, que ya en parte hemos visto pasar por [eLTeNDeDeRo].

[1] Juan Bonilla: Nadie conoce a nadie (1996), novela ambientada en Sevilla, con la Semana Santa y los juegos de rol de fondo. Se hizo película del mismo nombre dirigida por Mateo Gil (1999).


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Si ayer cerrábamos con un poema de Manuel Machado, ahora es su hermano Antonio Machado quien nos da esta estampa de un niño siempre buscando a Dios entre la niebla, niebla que bien podría ser entre dos plazas: la plaza de San Juan de la Palma, de la Amargura, y la de Los Carros, hoy de Montesión, en lo que va del Palacio de las Dueñas, donde fue criado, hasta el Domingo de Ramos y hasta el Jueves Santo, si no un poco más arriba San Pedro, La Mortaja o Los Gitanos. He aquí el niño:

   ES UNA TARDE CENICIENTA Y MUSTIA,
destartalada, como el alma mía;
y es esta vieja angustia
que habita mi usual hipocondría.
    La causa de esta angustia no consigo
ni vagamente comprender siquiera;
pero recuerdo y, recordando, digo:
—Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.

    Y NO ES VERDAD, DOLOR, YO TE CONOZCO,
tú eres nostalgia de la vida buena
y soledad de corazón sombrío,
de barco sin naufragio y sin estrella.
    Como perro olvidado que no tiene
huella ni olfato y yerra
por los caminos, sin camino, como
el niño que en la noche de una fiesta
    se pierde entre el gentío
y el aire polvoriento y las candelas
chispeantes, atónito, y asombra
su corazón de música y de pena,
    así voy yo, borracho melancólico,
guitarrista lunático, poeta,
y pobre hombre en sueños,
siempre buscando a Dios entre la niebla.

Antonio Machado, Soledades (1903)

CAMPOS DE ESCORIA.

cono de escoria

A final de abril de 2020, Freddie Bartholomew dio luz a buena parte de lo que había sido obra póstuma, y hasta entonces inédita, de Martín Calamar. Bartholomew, detective literario a quien vimos aireando los papeles de lo que fue en su día Lebrato contra Lebrato (2015), desvela en esta ocasión Campos de Escoria[1], cinco versificaciones dudosamente ‘poéticas’ que dan idea de hasta qué punto Martín Calamar Buzón estaba como dicen que están –vaya usted a saber por qué– las cabras.

Lo que le faltaba al hombre fue la famosa crisis por corona virus, también llamada Vicod o Covid 19, que alteró el juicio a media humanidad mientras la otra media se iba muriendo. En abril de 2020 Martín Calamar estaba al cumplir los 66 (edad de mayor y en grupo de riesgo) y habían pasado seis años desde su estreno de Tinta de calamar (Ediciones en Huida, 2014) en La Carbonería de Sevilla, todavía entrada por calle Levíes. En esos seis años, no solo La Carbonería había menguado; también, la nómina de amigos: Benito Moreno y José Manuel Padilla Libros. La muerte le hacía guiños al personaje.

Para el trance coronavirus (que Martín Calamar llegó a rotular Vicod 19, como nave espacial, o Covid XIX, como rey merovingio), sostiene Freddie Bartholomew que su investigado apócrifo se apuntó sin dudarlo a la teoría de la conspiración, esa que veía por todas partes Cía y servicios secretos y laboratorios al servicio del Gran Poder Omnímodo (GPO). Tal conspiranoia, avalada por Noam Chomsky y algún que otro desarraigado como Daniel Lebrato, llevó a Martín Calamar, a dejar en su PC Word© escritos como estos que agrupó en Campos de Escoria y que hoy publica eLSoBReHiLaDo. Son cinco metástasis literarias numeradas del 1 al 5. [2]

Párrafo 1: «Con los virus que tira el Poder Omnímodo se hacen las dos Españas duras de oído». Martín Calamar manejaba la copla (seguidilla) con soltura, y por coplas despacha su poética en esa época[3]. El párrafo 2 arremete contra las fuerzas armadas: «¿Quién dijo que la pena de muerte está abolida? ¡Los soldados la llevan en la mochila!». 3 y 4 comparan la Resistencia histórica con la que fue resistencia frente al coronavirus: «Yo me quedo en casa». El 5 actúa de colofón y da nombre a todo el conjunto:

 

CAMPOS DE ESCORIA

1(a).
Con los virus que tira el
Poder Omnímodo
se hacen las dos Españas[4]
duras de oído.

1(b).
Pregunta morro:
¿Quién dijo fuego amigo?[5]
¡Conspiranoicos![6]

2.
¿Quién dijo que la pena
de muerte está abolida?
¡Los soldados la llevan
en la mochila!

3.
Resistencia no es ya la
de brigadistas[7]
que vengan ni de maquis[8]
que se resistan.
No hay partisanos,
Leonard Cohen[9] ni canciones
de O Bella, ciao[10].

Ni es la película
La trinchera infinita[11]
ni, Alberto Méndez,
Los girasoles ciegos[12].
Que es «Yo me quedo en casa»
y ¡Arriba España!

4.
Yo grabo mis poemas
propios o ajenos,
me quedo y me publico
o imparto desde en casa
mi diario en cuarentena
como si hubieran vuelto
Numancia, Albert Camus o Saramago
con Ana Frank envuelta de regalo[13].

5.
¡Campos de escoria!
Hoy siento por ustedes,
en el fondo del corazón, tristeza.
¡Tristeza que es memoria!

 

[1] Por Campos de Soria, Antonio Machado, Campos de Castilla (1912).

[2] Del 1 al 5, siguiendo la fobia de Daniel Lebrato hacia los números romanos, ya visible en su primer libro De quien mata a un gigante (1987).

[3] Para coplas, ver la parte central de La Corte del Rey Bobo (Blogspot, 2019).

[4] dos Españas, otra vez Machado: gobierno y oposición, izquierda y derecha.

[5] En jerga militar y periodística, se llama fuego amigo a los daños y bajas causadas por el propio bando sobre sus mismas tropas, población o intereses.

[6] Para conspiranoico, ver [eLTeNDeDeRo], artículo de ese nombre.

[7] Por las Brigadas Internacionales, atraídas por la 2ª República Española.

[8] maquis, italiano macchia, [campo cubierto de] ‘maleza’: guerrilla antifranquista de posguerra, y francesa contra la ocupación alemana, 2ªGM.

[9] Ver La Complainte du partisan (El lamento del partisano).

[10] Artículo en Wikipedia.

[11] Artículo en Wikipedia.

[12] Artículo en Wikipedia.

[13] El cerco de Numancia (1585), de Cervantes, y, sobre todo, La peste (1947), de Albert Camus, y el Ensayo sobre la ceguera (1995), de José Saramago, hicieron furor durante el confinamiento culto. El Diario de Ana Frank (1942/44) es un clásico en su género de topoliteratura.


Foto portada cono de escoria (Wikipedia)

Neoliberalismo y Estado del Bienestar.

santillana-del-mar fotos Seguros RGA

Más que Santillana del Mar, miente la palabra neoliberalismo[1], que ni es nuevo ni libertad; salvo para la parte empresa sin que el Estado intervenga. No hace falta leer a Carlos Marx. Todo es capitalismo puro y duro. No hay más. Solo en épocas de crisis el capitalismo ha puesto sordina a sus desvaríos, como el Don Guido de Machado. Cuando o aunaba criterios o se iba a la mierda. Esas etapas de concesión al arbitraje del Estado han coincidido con las posguerras de dos Guerras Mundiales. Reagan en Estados Unidos (de 1981 a 89) o Thatcher en Reino Unido (de 1979 a 90) fueron la expresión de que la posguerra había terminado y de que el modelo soviético iba a ser vencido (1989). Si Reagan y Thatcher representaron el neoliberalismo fue por contraste y por demoler el Estado del Bienestar (1930/años 70)[2] que había encandilado a socialdemócratas de toda Europa, empezando por los países nórdicos.

Otra cosa fue la adopción del neoliberalismo en nuestros hogares y modos de vida: se ve cuando la niña elige ser artista de conservatorio y luego no prospera y ahí la tenemos, de nini que ni estudia ni trabaja y cumplirá los 40 sin salir de su cuarto, “que es mi cuarto”. Y como los bolsillos no suelen dar para tanto, es fácil, y casi normal, padres y madres en edad de votar acudir al socorro del Estado: becas, vivienda, salud. Pero la pregunta sigue siendo:

–Bienestarista, hija: ¿Tu bienestar, quién lo paga?

En tiempos de abundancia la preguntita se podía soslayar. Ahora resulta de lo más molesta (Psoe IU Podemos ni quieren hablar). La respuesta es dura a los oídos de quien vive “en un país libre”.[3]

Ocurre que, al final, ya no es la ley de la plusvalía del capitalismo que más gana cuanto menos paga: ya soy yo (el contribuyente, el sin familia) quien gano más cuantas menos vidas ajenas pague a través de impuestos vía Presupuestos del Estado. Esa es la gracia a la que yo no le veo la gracia. Creerá el estríper o el esculpidor de uñas que el Estado les va a pagar su salario social o que el neoliberalismo, ya vencido por lo visto, los va a reponer en el negocio en que estaban. Dan ganas de reír si no fuera para llorar.

[1] neoliberalismo. Iniciativa privada económica, frente a intervención del Estado. Viene de libre, libertad, y no tiene nada de nuevo. Basta consultar la Wiki. Se resume en la expresión francesa laissez faire.

[2] El Estado del Bienestar surgió como respuesta a la Gran Depresión de 1930, intervencionismo estatal para abordar el desempleo, la pérdida de producción y el colapso del sistema financiero.

[3] De ahí, el menosprecio al milagro chino ante la epidemia: ¡Claro, es que allí la gente está toda controlada, y no como aquí, que hay libertad!


foto de portada: web de Seguros RGA

la edad y la rebeldía.

Siguiendo el debate electoral duré hasta el tema de la vivienda. Ahí, Pablo Iglesias exigió que se cumpla la Constitución (esa es su perla; él, que quiso un día romper el candado del régimen del 78) donde dice: “todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”. Yo, que, por mi edad y mi militancia, soy agua de un río que va a desembocar a Podemos, pensé: ¡qué vergüenza!, ¿ni una palabra sobre la distribución y tenencia de la propiedad de la tierra o del suelo? ¿Solo se va a entrar desde la ‘izquierda’ en el debate entre vivienda de alquiler o en propiedad? ¿No hay ocupas? ¿Nadie sin techo? ¿No hay latifundios de suelo urbano como los del campo de la marquesa? Apagué la tele y me fui a lo Quevedo: ¿No ha de haber una izquierda más valiente?

Dos ilustres, que admiro y quiero, evolucionaron, con la edad, hacia la rebeldía: Valle-Inclán y Antonio Machado. Cada uno se alejó y tomó partido lejos del conservadurismo que impregnó al final a su generación del 98. No es mi caso. Caso inverso. Yo, a mi feliz edad, no me he radicalizado en mis ideas: me he quedado más solo que la una. Fue el Pce quien se pasó a la monarquía (Pactos de la Moncloa, 1977) y fue Izquierda Unida (1986) quien abandonó el análisis marxista hasta diluirse en ese azucarillo propagandista de la Constitución que ha acabado siendo una Izquierda Unida Podemos gendarme del Estado del Bienestar (“lo que realmente importa a la gente”), enganchada al carro de la unidad de España y consintiendo un juicio al Procés que en otro tiempo no tan lejano, y por muy de derechas que sea lo del Procés, hubiera movilizado a toda la España roja o progresista.

Se entiende que no votaré y que mi fracaso sea que ninguna sigla reconocible, ninguna petición vía redes sociales rentabilice la abstención crítica: algo frente a tanta estulticia. Nada, nada, al otro lado del río.

Termino por Bécquer: ¡Dios mío, qué solos se quedan los nuestros!

pejiguera

 para el Martes de Carnaval.

De un montón de cosas que nos amargan la vida, pública o privada, podemos decir que son pejigueras. Y para qué poner ejemplos, estando a la vuelta del miércoles de ceniza (que ya es cenizo) doña Cuaresma, el 8 de marzo, la sentencia al Procés o las elecciones anticipadas.

En pejiguera luchan y se dan la mano el fitónimo, nombre femenino de la planta y de la plaga que ocasiona de hojas de pejiguera (duraznillo), y el adjetivo que, por metáfora, se aplica a varón o hembra, persona cansina por naturaleza. Eso explica el género gramatical (masculino, femenino, neutro), que oscila en la estadística de usos en Google: pejiguera [38.900] una pejiguera [2.670] un pejiguera [1.420], un pejiguero [1.530] pejiguería (no en Drae) [751 resultados].

El Google Oxford da la palabra como femenina y coloquial y como exclusiva del español de España (lo que no es cierto): “cosa molesta y de poco provecho que trae muchos problemas y dificultades”. El Vox Larousse: “Del bajo latín persicaria, duraznillo: Cosa o asunto que causa dificultades y molestias sin reportar grandes beneficios. Sinónimo: lata”. La Academia, también femenino y coloquial: “1. Cosa que sin traernos gran provecho nos pone en problemas y dificultades. 2. hierba pejiguera (moco de pavo o cresta de gallo), duraznillo”.

La raíz sería el latín persicaria, duraznillo, de persicus, melocotón. Corominas data la palabra en 1607 y la acepción ‘embarazo’ o ‘dificultad’ la explica por el sabor picante de la planta. El Wiktionary trae pejiguera como masculino y libra a las hembras: “Persona de sexo masculino que frecuentemente encuentra faltas y reparos a asuntos de escasa importancia, sinónimo: tiquismiquis”. Word ofrece como sinónimos lata, pesadez, joroba, monserga, impertinencia, fastidio, estorbo y alguno más. El Etimológico de Chile pasa del melocotón y se centra en sus hojas, que son muy invasivas, atascan las acequias y forman una maraña muy difícil de desenredar, verdadero incordio para los agricultores, de donde vendría la pejiguera como quien dice la peste, la plaga, la ruina, la muerte para la cosecha. En el Drae de 1817 no aparece el fitónimo sino embarazo, disgusto o dificultad. En 1956 la Academia rectificó y dio paso a la acepción actual.

Para la pérdida de la ere de persicaria (ere que sobrevive en albérchigo y prisco), el de Chile remite a piesco y piescu, asturleonés, gallego pexego, portugués pêssego. La línea sería gallego pexigueira > castellano *pexiguera > español pejiguera, entre Galicia y Extremadura, donde la palabra es muy potente.

La casa recomienda que no se muestren pejigueras y faciliten la vida a su entorno. “Yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas”, decía el buen Antonio Machado. No hagan como quien vive en guerra con los hombres y en paz con sus entrañas, cómodo para ir al váter, complicado cuando se sale de casa.


 

el ambigú de las palabras más bonitas y más feas (para uso escolar).

Caca maraca

Identificamos la clase (social, política o ideológica) de una persona por su lenguaje. Dentro del lenguaje, hay una antigua diatriba entre el bien hablar y el mal hablar, entre el eufemismo y el vulgarismo, entre la ponderación o la degradación. Y todo se fragua en la tierna edad de la infancia. Es muy importante que los niños y niñas que queramos bien educar escapen de ese maniqueísmo que en el fondo no es más que una distribución de clases: tú hablarás por aquí, tú hablarás por allá.

Como las palabras no son ni buenas ni malas, que todo depende de intención y situación, proponemos, por si les sirve, un ejercicio didáctico para ejercer con un grupo de menores (de entre 5 y 10 años) sin que padres ni madres tengan derecho a intervenir. [eLTeNDeDeRo] lo llama EL AMBIGÚ DE LAS PALABRAS, pero cada quien que lo llame como mejor le parezca. La técnica es la del cuenta cuentos. Se monta en una clase o en donde se tenga un espacio adecuado; el ambigú dirigiendo y el grupo alrededor. Se desarrolla en tres tiempos: la casa, el cole y el parque. Puede durar según se anime el grupo a intervenir y según vaya midiendo el ambigú.


EL AMBIGÚ DE LAS PALABRAS
a las criaturas con las palabras más bonitas y más feas

EL AMBIGÚ: ¿Todas las palabras son igual de bonitas o de feas? A ver, vamos a ver, ¿cuáles son para vosotros las palabras más bonitas desde por la mañana? (Que cada uno piense una, dos, tres palabras, las más bonitas que le parezcan. El ambigú hace un sondeo y se las ingenia para que las más bonitas sean las palabras de proximidad, de contacto y de familia.) Ninguna más bonita que mamá, papá, pero también necesitáis las palabras pipí y caca, ¿verdad que sí?

(Pausa y cambio de escenario: en el colegio.) Luego, en el colegio, las palabras más bonitas son, ¿cuáles son las palabras más bonitas en el cole? No vale decir recreo ni desayuno. (Aunque también podría incluirlas. Vuelve a preguntarle al grupo.) ¿La palabra seño?, ¿la palabra compa de mesa o de pupitre? Aquí vemos ese niño o esa niña que en el colegio se ve que se llama, oh magia y maravilla, igual, igual que yo, igual que tú. (Pregunta al grupo por nombres repetidos.) Ya hemos descubierto los nombres compuestos, los apellidos para qué sirven: para ser cada uno, para ser solos y para ser juntos.

(Pausa y cambio de escenario: por la tarde, en el parque.) A ver, palabras bonitas que se aprenden en el parque por la tarde o en la calle o en las fiestas de cumpleaños o cuando os llevan al cine. (Vuelve a preguntar al grupo. Se las ingeniará para que triunfen palabras de más edad y de amistad, que triunfen los nombres de las cosas y la palabra amiga, amigo. Cambio de escenario, puede ser otra vez el colegio.) A veces los mayores os riñen: habla bien, que eso no se dice. Y debéis hacerles caso pero hoy no, para esta clase de bien hablar tenéis permiso. (Que digan ahora las palabras más feas, las palabras prohibidas con permiso del ambigú, quien les irá diciendo ‑si puede‑ cómo mejor se dicen.)

Bueno, ya habéis visto que las palabras feas no eran tan feas y ya veréis también que no siempre las palabras bonitas os las dicen porque sean bonitas. Que te digan guapa no porque seas guapa, sino una fresca. O que te digan chulo porque eres un fresco y un abusón. En fin, coged las palabras que más os gusten como un pantalón o como una falda, como una camisa o como un pijama. Coged las palabras que mejor os vistan. Las palabras, dijo un señor que se llamaba Antonio Machado, son como las monedas del alma (fuerza la pregunta). ¿Monedas del alma? ¿Alguien tiene una hucha? ¿Unos euritos? Pues el alma es como una hucha o un monedero o algo que se guarda en el bolsillo para gastárnoslo en lo que más nos guste:

Moneda que está en la mano
quizá se deba guardar.
La monedita del alma
se pierde si no se da.

(El grupo a coro o por voces puede repetir la copla hasta aprendérsela.) Ya sabéis por qué, si vais juntando palabras y palabras, tendréis un tesoro. Las palabras bonitas, para repetirlas y regalarlas y, las palabras feas, para no tenerles miedo y para no callaros nunca ante la injusticia. ¡Ya somos ricos sin hacernos ricos!


 

he andado muchos caminos y ninguno con Manuel Vicent.

inocentes 5
España va peor.

Entre resonancias machadianas, sostiene Manuel Vicent en su columna Líderes (18/11/18) que “existen dos Españas, no la de derechas o de izquierdas, sino la de los políticos nefastos y líderes de opinión bocazas que gritan, crispan, se insultan y chapotean en el estercolero y la de los ciudadanos con talento que cumplen con su deber, trabajan y callan”.

Esa oposición (también lingüística) que Manuel Vicent propone lleva a una conclusión: todos los políticos son nefastos, todos los líderes son unos bocazas y todos los ciudadanos o son talentosos o todos los ciudadanos talentosos cumplen con su deber, trabajan y callan.

Por tanto: no hay ciudadanos (con talento o no) que voten a los políticos que son como dice Manuel Vicent.

Por tanto: no hay ni un solo político, hombre o mujer, que no sea nefasto o bocazas.

Manuel Vicent aplica al grupo vertical de la política (vertical porque va de abajo arriba: del electorado a la clase política) una etiqueta horizontal (o transversal): la condición de cada persona.

Según Manuel Vicent, nadie se salva de entre la clase política y tampoco hay ciudadanos torpes o mal informados (o interesados en el lado corrupto de la política) que a esos políticos (interesados o corruptos) los voten en las urnas hasta ser lo que son: bocazas o nefastos. Cabe preguntarse si bocazas o nefasto se es antes o después de que te voten y si no hay ciudadanías rebeldes que en vez de cumplir con su deber, trabajar y callar, se cuestionen su trabajo, protesten y no se callen, por ejemplo, contra El País que pinta Manuel Vicente, quien, al final, lo que propaga es una nueva performance del ser apolítico o del ser ni de izquierdas ni de derechas (¿a que les suena?) o del más puro conformismo en nombre de la buena gente que nunca da problemas. ¡Qué bello día de domingo! Con artículos así, ¿no va a haber nefastos y bocazas? Queden ustedes con el original de Antonio Machado que da cien vueltas a Manuel Vicent.


Antonio Machado
HE ANDADO MUCHOS CAMINOS
poema 2 de Soledades, galerías, otros poemas
(1907)

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.
En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,
y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra…
Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.
Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan a dónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,
y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.

*

 


las ciencias y las letras ante internet.

Daniel Lebrato sentado en Monte Algaida

Otro día hablábamos de las armas y las letras, cuando las armas eran parte de la ciencia, la ciencia de matar. Siendo yo profesor y hombre de letras, he aconsejado siempre a mi gente ir a las letras como a las ciencias y, a las ciencias, como a las letras. Hoy, el balance de las letras (las humanidades, el arte en general) es que son egoístas o egocéntricas, mientras que la ciencia es, aunque también se adultere y se ofrezca al servicio del mal (como cuando se vende a la industria armamentística), la ciencia es, por cuanto demuestra al servicio del género humano todo y aunque mucho científico, como Edison, quiera vivir de su patente igual, igual, al copyright donde se atrinchera el artista, la ciencia es, o ha de ser, generosa, universal y expansiva; quizá porque, con Antonio Machado, nuestras horas son siglos cuando sabemos lo que se puede aprender, y eso hace a la comunidad científica humilde, y no engreída.

La prevalencia ética de la ciencia y tecnología frente a la literatura y las letras, se ve en la respuesta de unas y otras al mundo digital que se nos ha venido encima: las letras, a la contra, a la defensiva: ¡Atrás, Satanás!, dice el instituto que prohíbe el dispositivo móvil a su alumnado y dice el defensor del libro de papel de la Galaxia Gutenberg. Que toda la cultura no es tan rémora, lo vemos en la música, que se acomoda a lo que pase por taquilla o por Spotify: no hay tabarra con el disco como soporte físico. Y ¡Adelante, adelanto, siempre adelante!, dirá la investigación que haga al humano más bueno, más sano y más libre, también de sus cadenas y de la cadena del trabajo de la explotación del hombre por el hombre. Internet es la Internacional. Lo que hay que hacer es conquistar la red como antes se conquistaron la Bastilla o el Palacio de Invierno. Vayan y lean El plan del inventor de la web para devolver la libertad a internet.

el arte y el artista

Más de dos millones de personas han megusteado (verbo que me acabo de inventar) Muertos de hambre, vídeo de 6:04, de Karel Sánchez, quien sale en defensa de la creación artística dentro de los sistemas educativos. Suena bonito y quién podría decir que no. Sucede que si el arte, como la escolarización por la ESO (con O de obligatoria), se vulgariza, el artista desaparecería como han desaparecido escribas, letrados, bachilleres o escolares con derecho al alfabeto en un mundo analfabeto. Es lo que tiene el humanismo desprendido y, por eso, no pasa de moda el individualismo, que, predique lo que predique (la bondad del arte, por ejemplo), barre siempre para dentro.

La polémica no es nueva. En 1870 (siglo del genio y del artista en su torre de marfil) ya estaba escrito por Bécquer: podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía. Ocurre que el poeta se resiste. Él quiere ser artista para que otro sea albañil o repartidor de bombonas. Y ahí demuestra el artista lo artista que es. El arte, como el sexo (ahora que nos la quieren pegar con el trabajo sexual) sucede en el fragmento de ocio y, por tanto, todo el mundo debería tener acceso al arte en su tiempo libre y abolir de una vez el artista como oficio en exclusiva, como curas y monjas que, para que Dios exista, quieren convencernos de que exista una Iglesia que les dé de comer. El artista rinde culto al Arte, algo que, en una sociedad que se precia de igualitaria y democrática, nadie sabe lo que es ni lo sabrá por mucho que incluyan la asignatura creación artística en las escuelas. ¿Sin cambiar las bases del arte? ¡Escuela de niñaterío!

el informático y la informática

No sabemos cuántos megusta habrá recibido esta otra noticia que titula El plan del inventor de la web para devolver la libertad a internet, con este explícito: Tim Berners-Lee presenta una plataforma que quiere devolver la privacidad a internet, contra la concentración de poder en unas pocas plataformas como Facebook, Google o Twitter, las cuales controlan qué ideas y opiniones se visibilizan y son compartidas. Tim Berners-Lee no lo dice, pero las revoluciones clásicas (francesa o rusa), que asaltaron edificios, serán en el futuro millones de millones de megusta a la conquista de la red, es decir de la información y comunicación, y nadie hará mucho caso del Muertos de hambre de Karel Sánchez, sin duda buena persona y con capacidad de amar, de pensar y, sobre todo, de crear, Karel, de crear.


 

el feminismo ha venido, nadie sabe cómo ha sido.

hombres embarazados

La contemplación del mundo nos divide y separa en conformistas e inconformistas: gente a favor y gente en contra de la herencia recibida. Quienes, por nuestra edad, alcanzamos el uso de razón durante el siglo 20, y bajo el poderoso influjo del marxismo (que sumaba dialéctica y progreso: dos potentes aceleradores de la historia), tuvimos el sueño de un mundo nuevo y no capitalista: socialista, comunista, anarquista, feminista o ecologista: cualquier solución pasaba por la superación del capitalismo, bien por la lucha de clases, bien por la conservación de la Tierra o por la abolición del patriarcado.


Cincuenta años después, el internacionalismo comunista está casi desaparecido y el viejo anarquismo heroico se confunde con lo que fue el movimiento jipi de porrito en mano con su toque de evangelismo cristiano y de oenegé mundialista que, se supone, darán alivio al mundo sin negar el sistema; capitalismo convertido, por obra de partidos socialistas como el Psoe, en democracia y bienestar, dos titulares indiscutibles que, si son malos (admitirlo es casi elegante en ciertos círculos), “son lo menos malo que  se conoce”.


En el siglo 21, el ecologismo ha ganado coherencia con el cambio climático y el feminismo se ha buscado la vida fácil como bandera de la igualdad: igualdad salarial, igualdad parental: basta ver y oír a la generación de Podemos: feminista es el movimiento de hombres embarazados; feminista es pintarle las uñas al hijo varón; feminismo, las hembras entrar en el ejército y, las niñas y las mujeres, tapadas en la escuela a título de interculturalidad con la civilización islámica. Más de lo mismo, o sea.


Mañana hablamos de cómo, entre tanto batiburri, el lenguaje de géneros o de inclusión no podía, contra la Academia, más que fracasar. Dicho lo cual: quien no escribe ¡Hola, amigues! (con –e que late bajo la equis de amiguxs o bajo la arroba de amigu@s), es porque no quiere. Igual, quien dice “los ciudadanos” en vez la ciudadanía o “A el que madruga”, en lugar de A quien madruga Dios le ayuda o “los asturianos y las asturianas”, en vez del pueblo de Asturias. Cuando tanto se oye decir Somos lo que leemos o Somos lo que comemos, no está de más recordar que, primero que nada, Somos lo que hablamos y por la boca muere el pez. No le echemos la culpa a que, puestos así, habría que retocar la Biblia y el Cumpleañosfeliz. A veces, para mantener la cordura, hay que salir del sentido común.


«La primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido» fue idea de don Antonio Machado.


Flamenco confusión.

Flamenco

/ Machado, Bécquer y Benito Moreno /

El flamenco es eso que, cuando suena auténtico, no puedo verlo y, cuando puedo verlo, deja de ser auténtico. Y es que payo y gitano son mundos en gran medida irreconciliables, siendo lo gitano el término marcado (discriminación positiva) y el resto, payos por contraste o por defecto; oposición que, primero, se pone al servicio del purismo y, después, se vende en bandeja de interculturalidad o de fusión más allá de la fusión madre original, que fue siempre el flamenco: fusión de lo gitano andaluz.

Para que se hagan una idea, el flamenco fusión, en uso desde los años 60, arroja ocho millones 140 mil resultados en Google, frente al flamenco puro, que solo aparece 118 mil veces (aunque es verdad, pensarán ustedes, que la pureza empieza por no volcarse tanto en Internet). En Google Libros, el flamenco fusión alcanza 7.220 resultados, con muchos títulos en inglés. El flamenco fusión rock (o rock andaluz) aparece 13,3 millones de veces. El flamenco pop: 8,75. El fusión jazz: 6,11. El flamenco punk: 3,35. El fusión rap: 2,57. El flamenco soul: 1,79. El fusión salsa: 1,16. El flamenco chill out: 387 mil. El fusión árabe: 363 mil. El flamenco samba: 211 mil. El flamenco sinfónico: 305 mil. Y con música clásica: 197 mil.

O sea, desde García Lorca y el primer Concurso de Cante Jondo (Granada, 1922), lo hondo, frente a la fusión, casi está desaparecido (lo hondo, en cante: 373 mil googles; en baile: 156 mil y en toque: 1.800). El flamenco no muere, es cierto, pero da la impresión de que, como el cristianismo de ¡Cristo vive!, el truco consiste en servir a muchos señores, o señoritos, mediante respiración asistida y a conveniencia de un mercado y de unos intereses que poco o nada tienen que ver con el flamenco primitivo. Dicho en Antonio Machado: No puedo cantar ni quiero a ese flamenco teatrero sino al que anduvo en el mar. O en el bar.


Gustavo Adolfo Bécquer, el de La venta de los gatos (1862), se nos viene a la cabeza cuando intentamos pasar desapercibidos en sitios populares que no son nuestros. Bécquer se extrañaba de sí mismo -el poeta y dibujante, el residente entonces en Madrid- en aquella venta entre Sevilla y San Jerónimo, antes y después del cementerio de San Fernando (1853): «Imaginaos este paisaje animado por una multitud de figuras que canta entornando los ojos y acompañándose con una guitarrilla, mientras otros llevan el compás con las palmas o golpeando las mesas con los vasos, que tocan la pandereta y chillan y ríen, y los mozos que van y vienen con bateas de manzanilla y platos de aceitunas, y el aceite que hierve y salta en la sartén donde fríen el pescado; ruido de cantares, de castañuelas, de risas, de voces, de silbidos y de guitarras, que forman una alegre algarabía imposible de describir. Figuraos todo esto una tarde templada y serena que fui a visitar aquel célebre ventorrillo. Yo estaba allí como fuera de mi centro natural: todo en mi persona disonaba en aquel cuadro. Pareciome que las gentes volvían la cara a mirarme con el desagrado que se mira a un importuno.» Cerrando cada uno de sus dos tiempos en prosa, engarza Bécquer dos coplas o cantares que él, como narrador, dice haber recogido en boca y guitarra del hijo del ventero enamorado de Amparo, quien “más bonita era que la Virgen de Consolación de Utrera”; amores que acabaron a juego con el cementerio: «En el carro de los muertos, ha pasado por aquí. Llevaba una mano fuera. Por ella, la conocí.» Admiración y extrañeza, la de Bécquer en la venta, que debió ser igual a la del folclorista Demófilo, nacido en Santiago de Compostela, pateando tabernas y cafés cantantes de la Alameda detrás de su colección de Cantes flamencos, publicada en 1881. Ahí brilla con luz propia esta seguidilla gitana, llamada así por el madrileño y amigo de Bécquer, Augusto Ferrán, quien, como a una huerfanita, la recogió en La soledad, de 1861: «Yo no sé por dónde, al espejito donde me miraba se le fue el azogue.» Como ustedes saben, en flamenco, soledad es soleá o solear y, su plural, arrancarse por soleares.


Benito Moreno (muerto en Sevilla el 8 de mayo de este año) en su disco Me han quitado lo bailado, que el pintor y cantautor grabó en 1999, incluye una canción, Flamenco confusión, que en tres minutos nos despacha su punto de vista sobre la fusión: «Flamenco fusión. Flamenco confusión. Flamenco infusión, desilusión. Flamenco oración de Montesión. Flamenco saetero de barrio de salero que vive y que se mueve en medio el Jueves. Luego la primavera la sangre hortera, flamenco clavellina de carne de gallina. Flamenco caduco, de repeluco. Flamenco calentito de señorito de cuernos y ojana hasta la mañana. Carmen de Mérimée, flamenco en francés, de élite, muy caro, chunguísimo, claro, y, del cuplé, no sé, no sé. Hay mucha faraona y mucha tetona y, de tanto jipío, yo paso, tío. Guitarra de alegría, Paco de Lucía, de guerra y de paz y mucho compás. De una mina de La Unión, el Camarón, garganta de fragua de acero y agua; me gusta lo largo que canta, y lo amargo. ¿Filarmónica de Londres? ¡Venga ya, hombre! En la Universidad lo matan de verdad. El jazz flamenco es el más penco. Con saxo y violín se llama a un flamenquín, flamenco que se pasa, colega, y hay guasa. Cuántas voces gitanas echaron de Triana, que dejaron el río que temblaba de frío, a las Tres Mil: flamenco de candil. El flamenco es arte y vive aparte: flamenco oscuro sin tabaco y sin un duro.»

Diferente piensan las concejalías de fiestas mayores y de cultura que, a los pies de la ciudad turística, necesitan del flamenco como necesitan de los toros, de la Feria o de la Semana Santa, eventos y más eventos pomposamente llamados tradicionales. Y diferente piensa el artisteo flamenco, necesitado de tratos y contratos. Por lo demás, no se preocupen. Casi todo el papel de la Bienal está ya vendido a turoperadores y, gente y público de Sevilla, quedaremos como figurantes de un espectáculo rentable. Fuerzas del orden velarán por que no le arranque “un tironero un brazo a un extranjero” camino de la Bienal. Las comillas son de Benito Moreno para otro espacio mítico, adonde iremos un día de estos mejor que al cementerio: El Rinconcillo.

Daniel Lebrato [eLTeNDeDeRo] para TeVeo, 2018.


 

para ser feliz en esta hora de España.

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Yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas.
Antonio Machado

Para entender la actual moral de dominio público en España, hay que remitirse no solo a la larga noche del franquismo sino a lo que aportó la izquierda (Psoe, Pce, IU, Podemos). Dando por sabido que un partido es la suma de voluntades de militantes, simpatizantes y votantes y que esa suma actúa por impregnación, u osmosis, de arriba abajo y de abajo arriba, izquierda y derecha han amoldado el pensamiento de tal manera que en España ha desaparecido la moral, tanto la pública como la privada, y la ética dominante es que todo vale: el teniente piloto en su avioncito y el ingeniero trabajando para el Airbus (más bajito, lo de Military): todo eso es paz, progreso o nuestro modo de vida al que no estamos dispuestos a renunciar. (Muletilla válida en caso de ataque yihadista.) Y España le gustará a quien acepte la política profesional, un grado de corrupción política razonable; a quien acepte el ejército, sus misiones de paz; las tres religiones y su alianza a título de culturas o civilizaciones; las oenegés, las campañas de acogida. Y en lo personal le gustará España si le gusta el varón feminizado, el bebé en el carrito, la niña en el conservatorio, su bici o su perro por Chueca, la Barceloneta o la Alameda, generación post movida y del orgullo con su tatuaje en la piel. Esa es la España que heredó el sueño de un mundo distinto y lo cambió por el sálvese quien pueda, que no estamos tan mal y la democracia es lo menos malo que se conoce. Hemos pasado de un mundo de etiqueces a un mundo de esteticienes.

Quien ‑como yo‑ ve así la realidad, ha podido recibir o recibe todavía etiquetas de marxista, comunista o últimamente bolivarista. Todas esas cosas, acumulativa o sucesivamente, las ha podido uno ser. Lo que no somos es de la letra chica de la política, de tal o cual carnet o sigla partidista. Porque todo es mentira programada por tipo de creencias o por masas más o menos conversas o creyentes, lo que incluye creer en partidos que no son partidos pero funcionan por admiración: el partido del arte, el partido de la cultura. Quien así piensa puede ser una persona feliz que le diera la vuelta a aquel Machado: yo vivo en guerra con los hombres y en paz con mis entrañas. También me hace feliz el disfrute de mis bienes materiales ante los reproches de alguien que quisiera verme dando lo mío al banco de alimentos o a inmigrantes sirios. Ninguno de esos terrenos, ni discutir nuestro modo de vida (a la fuerza, burgués) ni echarnos al monte o a la guerrilla son nuestro territorio, que es ninguno. Como mucho, tenemos el peso de haber visto las trampas del sistema, trampas que antes se llamaban el Capital, la Iglesia y el Estado y, hoy, se llaman acogida, solidaridad o multiculturalismo. Para el paseante: más de buenismo y tiro porque me toca. Yo no tiro. Yo no juego. Y soy más feliz que mi vecina, quien, por la bandera que veo en su balcón, está, la pobre, muy preocupada por lo que está pasando en España y Cataluña.

la Generación del 98 pasea por Cataluña.

La izquierda de la revolución para cambiar el mundo dejó de existir al final del siglo 20 (pongamos a la caída del Muro de Berlín en 1989) y en el siglo 21 sobrevive como epígono o parodia[1], como etiqueta o marca (Psoe) solo reconocible por contraste con la derecha, que, esa sí, sigue viva. Seguramente, la desconfiguración de la izquierda tuvo que ver con la hegemonía del Estado del Bienestar tras el abandono del marxismo como método de análisis (no como praxis tal y como la entendieron la URSS y los partidos de la II Internacional).

La izquierda del siglo 21 solo es oposición (parlamentaria) a un régimen (conservador todo él) que se presenta en bloque ante cualquier cosa que se mueva y que ponga en peligro las bases del sistema. Rajoy y Sánchez son como Cánovas y Sagasta en la España de la Restauración (conservador uno, liberal otro) y Cataluña es Cuba, cuya independencia rechazaron conservadores y liberales y tan solo la apoyó el partido federalista de Pi y Margall, casualidad que fuera él también catalán para hablar ahora de Cataluña.

Por un lado, se sacan argumentos del viejo armario social y progresista: el independentismo es de derechas (ya me gané al obrerete y a mi asistenta) y, por otro, se da un salto hacia el mundo único y global donde las fronteras y banderas serán antiguallas (ya me he ganado a la utopía). Otra opción es el escapismo hacia el mejoramiento o crecimiento personal: ya me he ganado a mí mismo.

Está al llegar otra generación del 98 que haga ‑o no‑ la digestión intelectual del gran desastre que está resultando España. Pero, eso sí, la izquierda quiere seguir apostando por el romanticismo y seguir siendo romántica mientras machacan a un pueblo, puro y duro realismo.

[1] epígonos (nombre epiceno) son los tardíos, los rezagados, los últimos brotes verdes que da un ismo ya desaparecido o antes de desaparecer del todo. Epígono, Gustavo Adolfo Bécquer, romántico en pleno realismo, o el Quijote, parodia, también, como La venganza de don Mendo sobre el teatro poético.

 

Machado y las dos Españas | crítica de la Segunda República.

Por reacciones al artículo Manuel Machado y la Virgen del Carmen[1] se ve que siguen vivas, muy vivas, las dos Españas personificadas en cada uno de los Machado. A Manuel Machado, lo trato con el máximo respeto y a su hermano Antonio, el de las dos España, ni lo nombro. Está mal citarse uno mismo, pero la teoría de las dos Españas, tan útil cuando ansiábamos una España distinta, con el tiempo se ha vuelto más peligrosa que un alacrán en un zapato.[2]

Hay mucha impostura en la otra España de Segunda República y, la mayor, no haber disuelto el ejército, sin el cual no hubiera habido ni golpe de Estado ni levantamiento.[3]

La segunda impostura fue cambiar monarca hereditario por monarca elegido, manteniendo la Jefatura del Estado bicéfalo, segunda monarquía y la peor: si hoy se hiciera un referéndum sobre la forma del Estado, ganaría doña Letizia.

La tercera patraña es la exaltación del exilio exterior por encima de la resistencia interior[4], siendo así que quien se exilia (hoy, de Siria) tiene, al menos, los medios económicos para quitarse de en medio y decirle al país: Ahí te quedas.[5]

La cuarta impertinencia de doña República fue su propia mitología: la banderita tricolor como símbolo de algo y el lastre que eso trae desde los Pactos de la Moncloa (1977) hasta la España de los demócratas.

Lo quinto (y malo) es una usurpación. La Segunda parece que fuera o fuese la única república posible. República y Guerra Civil se sigue enseñando a la gente menuda en los libros de texto, a mayor gloria de la Casa Real que, ignominiosamente, se sigue postulando para poner paz y orden entre las dos Españas.

Lo que no inventen.

Dicho lo cual, que la vida nos libre de Sanjurjos, Francos, Molas o Queipo de Llanos que aún cría esta España nuestra, solo que maquillados de misiones de paz bajo el paraguas de la Otan. ¿O no huelen a cuartel secciones enteras de los telediarios? Será casualidad, pero hoy es, vuelve a ser, 18 de julio.

Daniel Lebrato, 18/07/17

[1] Fuente: Antonio Rodríguez Almodóvar.

[2] Daniel Lebrato, Tinta de calamar, cap. 60

[3] No se conoce Historia de España ni partido político que progrese adecuadamente en conclusión tan sencillita: sin fuerzas armadas no hay guerra que valga ni conflicto armado.

[4] Resistencia interior ninguneada. Comparad los honores a Víctimas del terrorismo frente a ¿Víctimas del franquismo?

[5] De este patrioterismo, lo peor fueron intelectuales equidistantes de las dos Españas, centristas o liberales por encima del uno y otro bando, tipo Ortega y Gasset, María Zambrano o Chaves Nogales, biografías muy hinchadas por el psoecialismo y el bipartidismo constitucionalista.

crítica del exilio.

Reprochan a eLTeNDeDeRo rebajar al exilio español republicano. Pero igual que se aconseja conocer la historia para entender el presente, podría decirse: conoce el presente para entender la historia. Y el exilio que hoy vemos en Siria, Cuba o Venezuela, ilumina el pasado: se exilia quien puede. Figuras republicanas encontraron en el exilio solución a su centrismo en política en una España forzada por el Frente Popular, el golpe y la guerra a tomar posturas extremas. Y exiliarse fue una manera ‑incómoda, es verdad‑ de quitarse de en medio y de decirle a la patria: España, ahí te quedas. Compárense las biografías de Max Aub, José Nogales o María Zambrano, con Antonio Machado o Miguel Hernández. No hay color. El exilio es un lujo y la resistencia, un grado.


 

lo que queda de Franco.

La llamada Guerra de España[1] es eso que no acaba nunca y que da una posguerra que continúa y continúa más allá de la muerte de Franco y más acá de la Constitución de 1978 y de la autoproclamada ejemplar Transición Española.[2] Y, para ningunear la moción de censura anunciada por Podemos y ganar la campaña de imagen, no es casualidad que el actual Psoe reabra el tema de dónde están o dejan de estar los restos de Franco. Tema posguerra donde los haya. Como si el antifranquismo socialista fuese superior al antipepeísmo de Podemos, frente anti PP donde, verdaderamente, se juega algo la nación española, no en un quítame allá esos huesos, que bastaría reinterpretar. Un país libre de su pasado puede mantener en pie o incluso levantar monumentos al horror con tal de que las generaciones recuerden lo que se dejó atrás y para que la historia no se repita. Cualquier holocausto se recuerda así: en monumentos negativos. Lo que queda de Franco no está en el Valle de los Caídos. Lo que queda de Franco está en PP y Psoe. Juntos custodian esta posguerra infinita y estos muertos en busca de ataúdes.

[1] A honor de la resistencia republicana y contra la idea envenenada de las dos Españas ‑Machado nos perdone‑, lo suyo es llamarla, en vez de Guerra de España o Guerra Civil, frustrado Golpe de Estado contra la República derivado en guerra.

[2] Véanse el Senado tapón, la ley de amnistía, electoral y de memoria histórica, o la cuestión catalana.

cantar y contar (con Salvador Compán).

El-hoy-es-malo-pero-el-mañana-es-mío

(Artículo de Alejandro Luque, pinchando aquí.)

(Salvador Compán entrevistado por Jesús Vigorra en Canal Sur, pinchando aquí.)


cantar y contar. Por alguna razón ‑bastante obvia‑, la poesía es género de adolescencia y juventud, y la prosa se alcanza con los años. Es lo que vimos en Antonio Machado. El mito está en morir joven quien los dioses aman dejando una obra única. O la chulería de Arthur Rimbaud, quien abandonó la literatura a los 19 años. Entre mis amigos, el camino verso prosa, de poetas novelistas, lo han andado Juan Cobos Wilkins (1957), J.J. Díaz Trillo (1958) o Manuel Moya (1960). A su lado tengo quien no se movió de la prosa, novelistas o cuentistas, como José María Conget (1948), Salvador Compán (1949), Juan Villa (1954) o Hipólito G. Navarro (1961). Mi conclusión provisional es: aunque el poeta se vista de novelista o dramaturgo, poeta se queda, lo cual no es ni un mérito ni un demérito, sino una marca de agua. Y entiendo cuando se habla de narradores de raza. Véanlo, si no, en la última novela de Salvador Compán, El hoy es malo, pero el mañana es mío, que vivamente les recomiendo. Con novelas así, diga usted ahora que la novela está muerta.

Salvador Compán

(Artículo de Alejandro Luque, pinchando aquí.)

(Entrevistado por Jesús Vigorra en Canal Sur, pinchando aquí.)