Etiqueta: TeVeo

de infancia y confesiones y libertad de expresión.

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Charlie Chaplin, The Kid (El Niño) (1921)

Grabando yo mi corto La entrevista (3:33), se me acercó un chiquillo en bicicleta, que resultó ser, por el nombre y por el parecido, hijo de un amigo que trabaja en los bares. Inmediatamente pasé yo a ser el entrevistador y, el niño, el entrevistado. Lo cuento porque grabar con menores y divulgarlo es asunto delicado por los derechos de imagen. Esta fue la carta que, otorgado el permiso y lanzado el estreno, envié yo a su padre, con el cartel de la peli: El cuarto de estudio del niño tendrá muy pocas cosas del gremio del papel y por eso yo quiero que él guarde, como el póster de su ídolo o como la camiseta de su equipo, ese recuerdo de la película que hicimos juntos. No es que nos vayan a dar el Óscar de Hollywood, pero hice y mandé imprimir el cartel antes que el papel se extinga como se está extinguiendo el plástico. Consideradlo una foto de los bisabuelos o la tarjeta recuerdo de la primera comunión. Fin de la carta.

Sobre los móviles o celulares, y aunque todavía los colegios anden prohibiendo el dispositivo móvil del alumnado, en las futuras mochilas escolares no habrá libros de texto (que pesan un taco y arrasan los árboles) y habrá, en cambio, una pantalla digital donde harán sus deberes y consultarán sus dudas y seguirán sus clases. En colegios de países muy avanzados ya no imparten tanto la caligrafía (cuyo sitio es el papel), sino dactilografía (mecanografía moderna) y dictadografía, dictado por voz. Por eso, además de su español natural, hay que enseñarles a pronunciar el español estándar o internacional (el que se decía se hablaba por la gente muy fina).

Sobre imágenes de menores, yo añadiría: Publicad solo lo imprescindible pero tampoco os preocupéis en demasía. Un desaprensivo puede estar ahora copiando y pegando cualquier foto de nuestro perfil y foto tratarnos como protagonistas de un porno o miembros de una célula yihadista. Lo mejor es no alucinar demasiado y, al final, si es la Infanta de España, bien que nos la ponen en primera en todos los telediarios sin tirita ni pixelado en los ojos.

Y en cuanto a peligros que asedian la educación de la infancia, tanto como lo que ven o enseñan por pantalla en móviles o celulares, maleduca la programación de la tele, el fútbol, los toros o las fiestas populares, o la música zumba o reguetona que ilustra los tímpanos de padres y madres en gimnasios y sitios de alterne.

Dejo a ustedes con Carta a una guardería, estado de la cuestión a fecha febrero de 2016. Lo que ahí pasó y se dice, puede seguir pasando y diciéndose. Hay mucha hipocresía entre familia, mucho por despejar y combatir el miedo que nos quieren meter en el cuerpo en la España de Valtònic y Willy Toledo, antes fueron las del Coño Insumiso o la revista TeVeo, Títeres desde abajo o Alfredo Krahe. La lista de Víctimas de la libertad de expresión en el país de los demócratas, la España constitucional, es de risa si no fuese de pena.

Infancia y confesiones, de Jaime Gil de Biedma, por Isidre Martínez Marzo

–Enlace a La entrevista (3:33)

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desayuno con diamantes: Cataluña, pensiones y #yo no pago por sexo.

Sobre Cataluña, [eLTeNDeDeRo] aconseja ver el tema con las mismas gafas que Cataluña lo ve: el catalanismo es interclasista (nada que ver, al menos sobre el programa, PDeCAT con la CUT), ideológicamente retrógrado (por cuanto todo nacionalismo lo es) y, en lo económico, interesado y corrupto (donde hay capitalismo, ¿qué esperaban?). Ahora bien, igual y los mismos adjetivos sirven para definir o caracterizar a España y a Europa y a Occidente, así que, como factores comunes en una operación matemática, lo que corresponde es preguntarle a quien esté en contra del referéndum en Cataluña: ¿y a usted qué más le da y qué tiene en contra de que Cataluña sea lo que quiera ser?

El tema pensionista y el movimiento pensionista nos enfrenta con lo que nadie quiere hablar: las clases sociales y la lucha de clases. Pensionista es, lo mismo, el Rey emérito, que quien cobra la pensión mínima. Y pensionista quiere ser la exministra Montón por el tiempo que estuvo en el Gobierno. Se nos olvida que pensionista no es más que un estado de los estados laborales que recorre una persona (en activo, de baja, en excedencia) sin que la persona, por eso, cambie de clase social o forme un grupo humano homogéneo y de intereses comunes. La palabra pensionista ya es lineal. No digamos lo lineales que son las subidas lineales de pensiones.

Y eso de que #yo no soy cómplice con la frase “6 de cada 10 hombres no pagamos por sexo”, nos parece escalofriante. Primero, porque 4 de cada 10 sí paga por sexo, y eso es tela marinera, y, después, porque, siendo el sexo el fundamento del matrimonio, habría que ver si el matrimonio (generador de una familia que a su vez genera pensiones y prestaciones, además de la figura psicolaboral del ama de casa) no es también una forma de pagar por sexo. Yo diría que sí, diga lo que diga la campaña del 23 de septiembre, “Día Internacional contra la explotación sexual y la trata de personas”, también llamado “contra la explotación sexual y el tráfico de mujeres, niñas y niños” (33.600 gugles / 16.900). No acaba uno de verle la punta a la campaña. Será que quien no paga por sexo lo que percibe es que el Estado no quiere o no puede o no sabe acabar con la trata y explotación de personas. Y será que quien va de putas (dicho en lenguaje machu pichu) va a seguir yendo. Muy del Psoe todo.

[eLTeNDeDeRo] se queda con el montaje anticlerical de Rafa Iglesias, aunque también corresponde al Estado declarar ilegal cualquier congregación que obligue a sus miembros a una determinada conducta sexual. Si la soltería y la abstinencia no son injerencias sobre la moral y la conducta de las personas, que venga Dios (nunca mejor dicho) y lo vea. La pederastia (sensacionalista en la prensa) no es, al fin y al cabo, más que una perversión dentro de un reglamento perverso. Lo insoportable es la Iglesia no pederasta que consiente el Estado y que curas y monjas impartan a escolares su doctrina. Yo, del Estado, me quejo.

campaña yo no soy cómplice según TeVeo

encuesta: ¿Cómo acabar con la Navidad?

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TeVeo_enNavidadvídeo 03:58

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cómo acabar con la Navidad 1.
materiales

tornillo es una pieza cilíndrica o cónica con resalte en hélice y cabeza apropiada para enroscarla. faltarle a alguien un tornillo es tener poca sensatez. clave. Elemento básico, fundamental o decisivo de algo. Su intervención fue la clave del éxito. Fechas clave. Tema clave. En criptografía, combinación secreta alfanumérica (normalmente, usuario y contraseña) para el acceso a un aparato o dispositivo, edificio o dependencia, servicio, programa o sistema. En arquitectura, piedra o dovela que cierra el arco o la bóveda. Las dovelas no pueden faltar; la clave, curiosamente, sí, como se contempla en el Panteón de Agripa en Roma, templo en bóveda que termina en ojo a cielo descubierto. piedra de toque. La clave de la piedra de toque es que es insensible a los ácidos; los metales, no. Para probar la pureza del oro, se frota el oro en esa piedra hasta que en ella deje una huella y sobre esa huella se vierte una gota de ácido nítrico. Si la huella no sufre alteración, es oro puro; si no, el color de la huella indica la proporción en que el oro está aleado. De esta piedra de toque, que nos da la Wikipedia, se llega a esta otra, figurada, que nos dan los diccionarios: es piedra de toque lo que permite calibrar el valor o alcance de una situación o coyuntura histórica. Les pongo un ejemplo. En mi juventud, y sin moverme de casa, escribí como corresponsal de la Guerra de Vietnam artículos para Mundo Obrero donde me las ingeniaba para incluir, fuese como fuese, esta formulación de Santiago Carrillo que usábamos repetir todo el Pce: «Vietnam es (era o fue) la piedra de toque del internacionalismo proletario» (8.780 gugles, a día de hoy).

Hace años, Eliacer Cansino enseñó a quien quiso escucharle la clave de la Torre Eiffel (gigantesco clavo llamaron a la torre voces críticas con su construcción; en ella se emplearon hasta 2 millones y medio de clavos, remaches en realidad), torre que fue pensada para ser “clavo de atención” a la Exposición Universal de 1889 que se celebraría en París, centenario de la Revolución. Al ser una construcción de hierro forjado, en vez de piedra clave la Torre Eiffel tendría un tornillo clave último y que cerrase todo el armatoste; tornillo que, averiguado y astutamente destornillado, permitiría su disminución y acabaría por destruir la torre por completo. Ese final imaginario de la Torre Eiffel yo lo viví con asombro en una conferencia ficción con diapositivas de Eliacer Cansino que se debió llamar Yo quise destruir la Torre Eiffel, de no recuerdo qué fecha al final de los 80. (Hoy buscas ese enunciado en internet y solo te salen resultados yihadistas o anti.) En aquel pase de fotos antiguas Eliacer hizo ante su maravillado público un truco fácil, elemental, el mérito es caer en él: las fotos que fue generando la construcción de la ya polémica y famosa torre, antes de su inauguración, Eliacer las iba pasando en diapositivas por orden cronológico inverso: desde su estreno (el 31 del 3 del 89), hasta la primera cimentación que sucedió dos años, dos meses y cinco días antes (el 28 del 1 del 1887). Se vino abajo, les juro. ([1])

Otro día hablamos cómo con claves, piedras claves, piedras de toque y clavos que son clave y podrían ser tornillos, sin que nos falte ninguno, podríamos echar abajo este mundo, ya que no podemos luchar contra él. La construcción simbólica que caerá implacable será la Navidad. Con método elemental, querido Watson, pacífico y a prueba antiterrorista, no se pierdan Yo destruí la Navidad, próximamente en eLTeNDeDeRo. De aquí a entonces, se admiten ideas.

PD1. Eliacer Cansino. Sábado 22 de septiembre 2018, 21:46 horas, o sea, poco antes de cenar, hora equinoccial española o peninsular, en que se nos bajan los biorritmos pensando en la mesa, en la lectura o en la película, que habrán de venir, y en la cama: «Querido Daniel, qué sorpresa que guardes tan buena memoria de aquella conferencia ficción, como yo solía llamar a ese género. Nunca conocemos del todo los resortes de nuestra memoria. Te deseo suerte y espero con temor y temblor (pues me sigue gustando a pesar de tantas adulteraciones) ese intento tuyo de acabar con la Navidad.» Eliacer.

PD2. Rafael Iglesias Carrasco. Sábado 15 septiembre (2018 se sobreentiende), 10:49 horas, o sea, hora de pleno rendimiento laboral o creativo en el Hemisferio Norte, por lo menos. «Hola Daniel: Estoy preparando ya el TeVeo de Navidad. Envíame algo al respecto. Gracias por anticipado, hermano en la fe del ateísmo.» Rafa.

[1] Secuela de aquella obsesión por la fragilidad de la Torre Eiffel llega hasta La apuesta de Pascal (2004), novela donde Eliacer Cansino presenta un hijo de refugiado español que en 1975 regresa a París para trabajar como guía turístico y en la pensión donde se aloja le compra al dueño una caja olvidada por un cliente. Por ahí se entera de que unos viejos masones supervivientes de Auschwitz llevan años esperando encontrar la clave secreta para destruir la Torre Eiffel y, con ella, la demostración o no de la existencia de Dios.


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Guerra civil en España (1968‑2018)

Goya a palos

España huele a pueblo
(Benito Moreno)


1.
Las luchas sociales rara vez acaban en revolución a un mundo nuevo; las más de las veces, fracasan o terminan con la restitución de lo que había, mediante una reivindicación (casi siempre, salarial) conseguida o pactada a satisfacción de unos líderes sindicales que otra vez vuelven a entenderse con la patronal. En cambio, las luchas patronales rara vez terminan en acuerdo; lo normal es que una empresa tiburón devore a otra y pase a ocupar su cuota de mercado. Y, cuando ese ajuste desborda el marco de las naciones, antes o después, se da una guerra, como aprendimos del siglo 20 con sus dos guerras mundiales, por no hablar de guerras del petróleo.


2.
Quienes, diletantes o graciosillos, se declaran al margen o en contra del referundismo en Cataluña, o porque el Procés les parece de derechas, no quedarán al margen si otras comunidades se suman al derecho a decidir (ojo a Euskadi) ni si estalla una guerra (civil, que son las que más nos gustan desde los tiempos de Goya). El mal ambiente está sembrado. En Andalucía o en Extremadura, en Madrid o en Barcelona, ya sobra ciudadanía dispuesta a coger la banderita de España y convertirse en tropa. Aviso para navegantes supuestamente de izquierdas: lo que nos distinguiría del pasado es que esa guerra se resuelva no con armas ni por la fuerza policial o judicial: referendos, elecciones. Y no pidamos que el resultado nos guste o se decida por unanimidad: por las urnas (no funerarias) y por mayoría, sabiendo ganar y sabiendo perder, esa es la regla en Occidente. De lo contrario, volvería la dialéctica entre los de arriba y los de abajo que expresó Bertolt Brecht: cuando los de arriba dirimen sus diferencias, quienes pagan la historia con su vida, en la fábrica o en la trinchera, son siempre los de abajo.


3.
Una subida de sueldos a los obreros en huelga apagó el Mayo Francés del 68. Cincuenta años después, en la reciente España, Mariano Rajoy (actuando como De Gaulle) le subió el sueldo al Pnv (como sindicato) y el Pnv (como tonto) volvió a apoyar al PP, justo un día antes de que al PP le estallara el caso, solo un caso, de su financiación ilegal o trama Gürtel; escándalo que sirvió al príncipe Pedro Sánchez para desposar con el Pnv y con las mismas galas unionistas. (Groucho Marx: ¡Cambio de pareja!) Y el telediario sigue irrespirable. El mundo del cine, antes apiñado en el No a la guerra, ha dejado a Willy Toledo a los pies de Abogados Cristianos que, por lo visto, representan a Dios y a su santísima madre. Caricaturistas, titiriteros, tuiteros, raperos desfilan por tribunales sin que nadie convoque un movimiento antifascista por las libertades civiles. No hace falta ser Willy Toledo ni Charlie Hebdo ni el rapero Valtonyc; no tengo que ser fan de TeVeo ni que cagarme en Dios ni pedir que maten a guardias civiles; puedo deplorar toda esa especie y, al mismo tiempo, pedir que no la machaquen. En vez de eso, lo que en España se pide es más policía y más mano dura contra quien inquieta a quienes cobran por no inquietarse, cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, que se sienten, mujer, mal tratados o mal vistos en ciertos bares o en ciertos colegios, y sus familias, y ¡no hay derecho! No hay derecho (y esta es la penúltima) que yo, el patriota, no pueda quitar lazos o símbolos amarillos por Cataluña.


4.
En vez de levantar mareas antifascistas para una reforma ¡ya! de la Constitución y contra la ley mordaza, ahí tienen a Izquierda Unida y a Podemos, a Garzón, a Anguita, a Llamazares o a Pablo Iglesias: junto a la España canalla y cañí, de ¡dale caña! Cambiando lo que hay que cambiar, es como si la sindical huelguista en Francia 1968 hubiera dicho a Daniel Cohn-Bendit, Alain Geismar o Alain Krivine: sois pequeños burgueses, majos, así que no contéis con nosotros, que somos el proletariado, que somos la revolución. Fachas que siempre estuvieron contra el Mayo del 68, en su cincuentenario han vuelto a sacar de contexto y situación palabras de Pasolini, del Pci, sobre la piel estudiantil que alborotaba Europa: que los estudiantes tenían razón pero eran burgueses, mientras los polis eran los pobres o los hijos de los pobres. ¡Pobre Pasolini! La verdadera libertad no se divide y se demuestra liberando, aunque sea adrenalina, y, si se calla el cantor, calla la vida.


 

hora y deshora de la igualdad.

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Ahora que vuelve el Ministerio de Igualdad, tres reflexiones:

La primera es de lenguaje: las luchas sociales (y el lenguaje lo es) o se ganan a tiempo o el enemigo sale dos veces vencedor: por la ventaja que ya tenía (en este caso, el masculino) y por el fracaso del cambio (en este caso, hacia la lengua de géneros o hacia el lenguaje inclusivo).

La segunda reflexión es de lógica política y tiene que ver con la Igualdad según el Psoe (2005), que trajo de la mano la Alianza de culturas o civilizaciones (2007), manera de decirles a las tapadas que no eran tapadas por motivos machistas, sino por motivos culturales, y que el primer mundo, culto y democrático, las recibiría en pie de igualdad.

La tercera reflexión es de lógica matemática: si A se iguala a B, y B es detestable, la suma A+B será igualmente detestable. La consigna sindical de, a igual trabajo, igual salario, se extendió a otros pilares del machismo y ya tenemos monjas curas, mujeres boxeadoras, mujeres soldados, mujeres pilotos de guerra.

El resultado es: el feminismo como factor de adecuación, coherencia y cohesión social. Así las cosas, el borderío de una patronal que quiere leer ‘trabajadores’ como le sale del convenio es la cruz de una moneda cuya cara la pone la marroquí tapada hasta las cejas que acusa de sexismo, no a su marido ni al Islam: al empresario de Huelva que la tiene contratada.

Feministas, plantéense ustedes dos instituciones con las que es inviable la igualdad de lo desigual: una es la religión (representada en España por el Concordato con la Santa Sede, desde 1979) y otra es la familia, que habría que situar en su esfera estrictamente privada, sin subvenciones públicas a la maternidad ni a la educación ni a nada que prime la vida en pareja sobre la vida soltera de mujeres y hombres que se valen por sí mismos.

Separada la Iglesia del Estado y separado el Estado de la familia concebida como unidad económica (donde un cónyuge puede vivir y cobrar pensiones de otro, que no cotiza por él), después conquistaríamos la Academia. Académicos y soldaditas: vayan pensando en dedicarse a otra cosa.


FEMINISMO-ABORTO-4

cuatro muertes del franquismo.

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El jueves 20 de noviembre de 1975 fue la primera.
–¡Adiós, Francisco Franco Bahamonde!

La segunda, el jueves 28 de octubre de 1982.
–¡Adiós, Adolfo Suárez!

La tercera, el domingo 14 de marzo de 2004.
–¡Adiós, José María Aznar!

Y la cuarta, el viernes 1 de junio de 2018.
–¡Adiós, Mariano Rajoy!


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