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La fiesta según Sevilla.

Fiestas de Primavera

un ensayo sobre la crueldad o una temporada de confort

Temo al infierno porque es la temporada del confort.
Arthur Rimbaud, Une saison en enfer (1873)

1.
«La prueba está en abril, cruel, que hace florecer a las lilas.» La letra es de Juan Cobos Wilkins, en su prólogo a De quien mata a un gigante (1987), y la idea, de T. S. Eliot en su obertura a La tierra baldía (The Waste Land, 1922), poema titulado El entierro de los muertos (dedicado por Eliot a Ezra Pound, il miglior fabbro): «Abril es el mes más cruel: engendra/ lilas de la tierra muerta, mezcla/ recuerdos y anhelos, despierta/ inertes raíces con lluvias primaverales./ El invierno nos mantuvo cálidos, cubriendo/ la tierra con nieve olvidadiza, nutriendo/ una pequeña vida con tubérculos secos». [lila, flor de la lila y coloquialismo por tonto, fatuo. abril, raíz aphr, aphro, acortamiento de Afrodita, diosa de la belleza y del amor, o de aprire, abrir, por el abrir de las flores, primera juventud como la de quien cuenta sus años por abriles.] Sea como sea, desde el 21 de diciembre, solsticio de invierno, los días han ido durando más, primavera antes de las doce uvas del año viejo y antes del Ya es primavera en El Corte Inglés. Únicamente el calendario cristiano, con su paso atrás (o flashback) de la Pasión, disturba una cronología recta, simple y natural (como dictada por naturaleza).

La antropología de la conservación ha hecho infinidad de cabriolas por demostrar que la pasión y muerte de un particular es alegría. Y ahí están los carteles de Fiestas de Primavera que unen Semana Santa y Feria de Abril (desde 1912, cartel de García Ramos), con toques de Toros en la Maestranza. Por algo, Isidoro Moreno[1], Jiménez Barrientos y Gómez Lara[2] se empeñaron en armonizar un mundo cofrade con una visión más progresista y social. Y la Semana Santa la han resuelto en ¡fiesta de los sentidos!: cómo se ve, cómo se toca, cómo se huele, cómo se oye, cómo se bebe, se come y nos seduce la Semana Santa de Sevilla. El problema es que la misma antropología se registra en otras latitudes y estaciones más frías.

2.
Sevilla se la inventó el capataz que bajó de Itálica o del Aljarafe hasta la Alfalfa, lo más alto y lo menos malo de Híspalis, la infelice en cuanto se desmadraba el río. Este señor dio en señorito. [señorito, nombre epiceno que abarca señorito macho y señorito hembra, nada que ver con señorita.] Precapitalista y reacio a la revolución industrial, la antítesis del señorito no es el obrero sino el criado, la servidumbre. Lo señorito se asienta en la tenencia de la tierra, viene de una injusticia de siglos: el latifundio; saca sus cuartos de olivos y naranjales y de la ganadería y se los gasta en la ciudad, cifra y compendio del ocio como negocio. Lara el editor lo expresó desde la cama: Si un negocio no da para levantarse a las once de la mañana, ni es negocio ni es nada. El criado ama y odia al señorito, todo, menos el término medio; del señorito aprende y a señorito aspira.

–No tenemos una gorda, pero vamos al Rocío.

Igual que se dice del habla andaluza, que ninguno de sus rasgos lingüísticos es exclusivo andaluz, diríamos del señorito, que nada en él es exclusivo. Los santos inocentes están aquí como en Valladolid o en Extremadura; y La escopeta nacional, lo mismo en Madrid que en Valencia. Lo pertinente, o impertinente, de Sevilla es la concentración de rasgos; su mirada de César o de Carmen la cigarrera viendo morir gladiadores; idéntica mirada, la de las santas y venerables cofradías, antiguas de nobles:

–Que carguen en silencio costaleros bajo faldones, que no quiero verlos, que no quiero oírlos ni olerlos.

Y, por eso, el incienso y las flores.

Desde 1972, los hermanos costaleros no corrigen sino culturizan esta mirada frente a otros modos, menos violentos para el cuerpo, de llevar los pasos, por Málaga o Cádiz. Para el señorito costalero, hecho al gimnasio y a la ostentación, los cargadores del puerto, sindicales, no hacían más que quejarse por vicio:

–¡La fe no pesa!

Y en tauromaquias los caballeros de Sevilla, cortos de rienda y de hacienda, reservaron sus jacas árabes y jerezanas para el rejoneo de salón dando la venia a sus gañanes, otra vez gladiadores a pie sobre la arena:

–¡Que corneen a Pepe-Hillo y nosotros, maestrantes, a ver los toros desde la barrera!

Como, desde la barrera, se asoma el señorito a la Feria de Abril, ese baile macho por sevillanas, que reducen a faena de aliño con su bajonazo final a la cintura. Cuando del tablao de Feria se pasa al tablao flamenco, el señorito abdica en el bailaor de turno, que es quien expone su cuerpo serrano, con lo que es el miedo al ridículo en un español de Sevilla. En el flamenco se gasta el señorito la estética de convidar y de ir marcando el compás con los nudillos sobre la mesa. Antes, marcaba también a la gitana (tal vez gitano) que se exhibía para él, que es quien pagaba las copas y quien peritaba la mercancía antes del reservado donde el señorito a la gitana, como a la criada, se la tiraba, ¡vaya si se la tiraba!, equivalente hombría a la que, por el Rocío, denunció Alfonso Grosso en Con flores a María (1981). Vázquez García y Moreno Mengíbar, en Poder y prostitución en Sevilla (1995), han puesto en orden, ya que no en limpio, ese mundo de cafés cantantes por la Alameda y ventas Antequera, donde no han faltado ni el pecado nefando ni la pederastia, con clientela de cortijo, quepis, tricornio y sacristía.

Y es que, de los cinco sentidos, de ninguno se goza el señorito como de la vista y ser visto (luciendo la cartera: Sevilla en sus bares). Y no será porque Viena, Venecia o Praga se contemplen menos. Es que tienen otras clases dirigentes y otras hegemonías.

3.
Una vez sometidos por la Corona los incómodos tercios moro, judío y protestante, la ciudad barroca fue pura Contrarreforma, más romana que Roma. Y ahí está la aportación de Sevilla (su I+D) a la cultura universal: el dogma de la Inmaculada. En esa mujer virgen y madre el señorito se retrata a sí mismo en su auto de fe en lo inmutable mutable, Don Juan en los altares. No hay una Sevilla frívola frente a otra a la altura de la historia. No hay más Sevilla que la que arde en cirios de nazarenos, habanos de la Maestranza y candelas del Rocío. De Sevilla, se puede decir lo que del dinero y la buena vida: la hay más barata, pero ya no es vida. Hay más Sevilla, pero ya no es.

–Ese tío no es rociero.

Esa otra Sevilla tendrá que preguntar a su intelectualidad y artisteo de copyright qué hacen por ella. La mayoría, cultivarse a sí misma, como hicieron los Caro, Arguijo, Laffón o Romero Murube. Biblia del Oso, Abate Marchena o Blanco White vienen al pelo para sostener la historia de los heterodoxos sevillanos. Esa propensión al mito y algún arquero fino de Sevilla cautivaron a Jaime Gil de Biedma. Pero del mito al misterio hay mucho trecho y, más aún, hasta la ciudad profunda y esquiva. Como en la máscara de Esopo o en la canción del roquero Silvio, no busquen más, que no hay. Sevilla, belleza hueca como la cabeza del señorito.

La cara popular, y no libresca, del mito se resume en Cernuda: el Sur es una tierra que llora mientras canta (aunque Cernuda se refería a un blues) y en Manuel Machado: cantando la pena, la pena se olvida. Para penar y cantar, el pueblo está doblemente motivado. Por solidaridad con los suyos y por contraste con la vida que se pega el señorito en la ciudad de la gracia.

No menos gracia tienen en Cádiz y ya vieron cómo acabaron con la Pepa de 1812, con ¡Vivan las cadenas! ¡Vivan las cadenas! que hoy expresan clases cautivas del Psoez Estado del Bienestar: pedid y se os dará: más servidumbre y más criados. La Andalucía libre por sí y por la humanidad asoma la patita por la novena provincia andaluza, Cataluña, ¡Vivan las cadenas!

4.
Recuerdo a mis amigos Jiménez Barrientos y Gómez Lara, Jorge y Manolo, empeñados en conciliar las esencias de Sevilla en un proyecto vital y (miedo da decirlo) de izquierdas. Cofradías. Rafael de León. Concha Piquer. Acaso aquel esfuerzo fue comparable al que hicieran ilustres del siglo 18 por aunar patria y progreso sin salir afrancesados en la foto. Bajo el poderoso influjo de Umberto Eco, Apocalípticos e integrados (1964); de la Crónica sentimental de España, de Vázquez Montalbán (1971) y de Isidoro Moreno (1982), con su lectura laica y republicana de la Semana Santa, Jorge y Manolo lo intentaron. Que si la fiesta de la pasión y de los cinco sentidos. Que si la copla como transgresión o escape. A la vista del Giraldillo, que sigue veleteando la herejía, solo nos queda lo que al penúltimo heterodoxo de Ramírez Lozano: caminar por la sombra.

La ludopatía de Sevilla empieza en la Cabalgata y dura de tres a seis meses, Cuaresma y Pentecostés. En ese espacio la Sevilla que puede permitírselo sale de una fiesta y se mete en otra, anda de víspera en víspera, de resaca en resaca, encabalgamiento que ejemplifica el Domingo de Resurrección, ya en la Maestranza. Es ciclo que pasa por el Rocío y se hace verano en Matalascañas con dos citas de cierre y vuelta a la Catedral: Corpus y Virgen de los Reyes (15 de agosto). En ese paquete falta el Carnaval, que huyendo de la ciudad de la gracia se fue hasta Cádiz. Un tiempo hubo carnaval en la Alameda de Ocaña (1947‑83), Nazario y del Teatro Real, pero, tras el sida, derivó en Orgullo Gay agradecido. Y hubo además carnaval no declarado la víspera de la Inmaculada (8 de diciembre), pero en esto llegó Palacio (Arzobispal) y mandó parar. Tampoco ha cuajado la feria de otoño o de San Miguel, cuando Sevilla tira al campo o a la sierra, candelas, setas y castañas. Nota. El señorito sevillano despacha todo el ceremonial casi sin quitarse el traje oscuro de capillita que se puso el Miércoles de Ceniza.

En el tardofranquismo, integrarnos en ese calendario parecía compatible con el cambio que esperábamos. La militancia de la Transición (con tanto cristiano por el socialismo) identificó Reconciliación Nacional con reconciliación con las hermandades y, enseguida, con Felipe González, toda España a bailar por sevillanas, y a la Expo en Ave. En Feria abrieron caseta la Pecera y El Garbanzo Negro, luego vendrían las de distrito. El Cerro del Águila sacó dos hermandades, de penitencia y de gloria al Rocío; también al Rocío, el Polígono Sur. Chavales de barrio, canis vestidos de capillita, cruzaron el Tamarguillo buscando el Centro, engominado y pijo. Parecía que por fin se abría el tarro de las esencias tan celosamente guardadas por la Sevilla de negro y del ABC. Que si quieres. La Sevilla de negro iba a mostrarle a la de colorines quién manda en la Carrera Oficial. Primero, porque la democratización empezaba a ser preocupante y, después, porque la Sevilla católica y mariana iba a acudir con renovado ímpetu de segunda Roma al rescate de Occidente, a contra imagen del Islam, según se entra a mano izquierda con feminismo del 8‑M por sus mujeres tapadas. Con ustedes: ¡Cultura y Civilización!

Nuestro intento (yo me incluyo) se rompió por tres ejes. El eje de las clases sociales, el eje de las creencias (al final, Dios distingue a sus fieles, de entre curiosos, laicos, guiris y diletantes) y el eje de la antigüedad, que en Sevilla es más que un grado. Faltando el eje de las ideas, no pudo ser, no pudo ser.

Abril sigue haciendo florecer a las lilas y, sobre todo, a los lilas. Temo a la fiesta según Sevilla porque es la temporada del confort.

Daniel Lebrato, para TeVeo ©

[1] Isidoro Moreno Navarro: La Semana Santa de Sevilla. Conformación, Mixtificación y Significaciones. 1982.

[2] Jorge Jiménez Barrientos y Manuel José Gómez Lara: Semana Santa en Sevilla. 1992.


Manu Sánchez.

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Conocí a Manu Sánchez vía Álvaro Martín y Zafarrancho Vilima, invitados por Manu a un directo de La cámara de los balones. Fue en el Centro Cívico de Castilleja de la Cuesta la tarde noche del martes 5 de marzo. Manu me pareció más alto que en la tele, y de un choca esos cinco de varón cabal, ni flácido ni macho macho. Lo poco que hablamos (había minutaje y escaleta) me confirmó el amor de MS por la etimología:

–¡El Profesor Lebrato, supongo!

–Exageraciones de Alvarito, Manu: el secreto del profesor es rodearse de buenos avíos.

Yo aquel día iba sin mi ordenador, así que tendría que esperar la palabra que Álvaro nos fue a proponer como experiencia piloto sobre la marcha, la palabra trajinar.

–Vendrá de “traíña”, de traer, improvisó Manu.

–Yo hubiera dicho de “traje”, por vestido o apariencia, respondí.

Semanas después, coincidimos con Rafa Iglesias, de la revista TeVeo, en el estudio Radio Sevilla de la Ser donde trajinar se grabó, y nos hicimos la foto. De lo más compartido en lo que va de Zafarrancho Vilima.

Otro día tuve ocasión de visitar 16 escalones, la productora y estudio de Manu Sánchez en Dos Hermanas. Manuel Sánchez Vázquez, 33 años, empresario y con un pie en la Ser, en Canal Sur, en la Sexta o en Telecinco, es de esos hijos que uno no hubiera querido tener, de tan pronto como nos aventajan a sus padres. Desde luego, el manejo de pizarra que ha hecho célebre a Manu Sánchez ya lo hubiera querido para sí el profesor Lebrato.

Lo único que repararía en Manu Sánchez sería el conflicto Norte Sur o Cataluña Andalucía al que acude, supongo, por pillarle la vena fácil a un público tan nacionalista andaluz como el nacionalista catalán. Seguro que Manu, cuando vuele más alto y más lejos, y cuando Cataluña alcance nítidas mayorías por su independencia o su contrario, aceptará lo que él tan bien ha explicado en su pizarra sobre otras geografías, ya sean Estados Unidos o antigua América española. A siglos luz del conócete o sé tú mismo,[1] nos daremos la bienvenida a la república de nuestra casa (lema de Ikea) y el derecho a decidir puertas adentro lo que más nos guste. Lo dice un sevillano nacido en Barcelona (1954) como barcelonés de cuna fue Fernando Mansilla (1951).

Viernes, sábado y domingo, 21, 22 y 23 de junio 2019, Manu Sánchez se encierra en el Cartuja Center de Sevilla con El Rey Solo, El Último Santo y El buen dictador, su trilogía sobre Monarquía, Iglesia y Estado. Pedazo encierro. Pasen y vean. Luz a la gente que luce con luz propia.

/ a Fernando Mansilla, póstumo /

[1] conócete a ti mismo. Según la Wiki, se lo disputan Heráclito, Quilón de Esparta, Tales de Mileto, Sócrates, Pitágoras o Solón; y Pausanias lo vio inscrito en el templo de Apolo en Delfos.


Vox como creación, antítesis y paradoja.

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La antítesis es de una lógica elemental A/B: blanco/negro, noche/día. Es tan corto el amor y tan largo el olvido, Pablo Neruda. La paradoja construye un silogismo que arranca de una antítesis como premisas para llegar a una conclusión más elaborada: A/B porque o para C. Es el muero porque no muero, de Santa Teresa.

Desde el poder nos proponen antítesis facilitas, maniqueas. Como en caso de incendio/antiincendios con “la colaboración activa de la Unidad Militar de Emergencias”. El telediario nos está colando, como si fuese de protección civil, un oficio, el militar, cuyo instrumento son las armas y no las mangueras. Lo mismo, en patrulleras o guardacostas de la Armada “al rescate de personas en aguas del Estrecho”. ¡Qué gran misión humanitaria! Ocurre también con el eje terrorismo/antiterrorismo, que conduce al recorte de libertades con el visto bueno de una generación que ayer huía de los grises y hoy aplaude a la policía y sigue justificando la Razón de Estado y las cloacas del Estado. ¿Antítesis? ¡Paradojas nacionales!

Paradoja es que Estados Unidos siga repartiendo guerra en nombre de la democracia y de la paz (esta vez contra “la amenaza” de Irán o Venezuela, puede valer Corea) y que la izquierda consienta el Tratado de amistad y cooperación entre España y los Estados Unidos (1976), las bases Usa en España y que España no se defina como país neutral dentro de los No Alineados. La izquierda solo está para propagar el Estado del Bienestar, cuya antítesis sería Vox.

–¡Pero si Vox es resultado y expresión de tanta banderita de España en los balcones, como trajo la izquierda contra Cataluña, y de tanto franquismo intacto bendecido por la Constitución cuando Vox no existía!

–Elemental, querido Watson. ¡Esa es la paradoja!

Vox hace de izquierdas a una izquierda que nunca lo fue. Vox es, al bloque Psoe Izquierda Unida Podemos, lo que Eta a la Ley Mordaza; lo que las misiones humanitarias, a las fuerzas armadas; lo que Irán, a Trump, o Santa Teresa, a Dios o a la Inquisición. Paradojas para.

No hablen de Vox. Hablen de ustedes.

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¿de qué hablamos cuando hablamos de política de izquierdas?

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Considerando izquierda la opción que no se conforma y, por tanto, quiere cambiar el mundo, izquierdas hay dos: la de redistribución de la riqueza y la de reclamación de derechos humanos.

La izquierda del siglo 20, revolucionaria, luchó por la redistribución, y el día que caigan Cuba o Venezuela se habrá cerrado un ciclo que se inició en pleno siglo 19 (La Comuna de París, 1871).

La izquierda del 21, bienestarista, se limita a reclamar mediante mareas sociales derechos humanos, que el siglo 20 dejó por escrito, como si fuesen legalmente vinculantes y operativos o estuviesen dotados como gasto público. Es la simpleza de quien pide un piso porque la Constitución le da derecho a tener y a disfrutar una vivienda digna. Es la carta a los reyes magos del Estado del Bienestar, siempre bajo la aprobación de Banco Mundial y Banco Europeo a través de los marcadores económicos (irpf, deuda, pib, balanza de pagos), verdadera analítica de un paciente llamado capitalismo.

La izquierda de la redistribución de la riqueza, anticapitalista, persigue remover conciencias contrarias al estatus de las grandes fortunas. No llama a la puerta del Estado del Bienestar porque lo que parece gratis en sanidad, vivienda, educación o transporte, alguien lo paga. En contabilidad no hay milagros, solo entradas y salidas, debe y haber.

Quien esto ve y en esto cree, no cree en la política de nombres propios o culto a la personalidad de la democracia a lo occidental con sus campañas electorales tal cual acatan y plantean desde la derecha a Izquierda Unida Podemos. Son dos lenguajes que jamás se van a entender.

Respuesta de [eLTeNDeDeRo] a galateatontea por nuestro artículo A la catorce va la vencida. Ilustraciones gráficas de Rafa Iglesias, de TeVeo.

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¿Quién como yo | ensayo sobre el demonio (1)

¿QUIÉN COMO YO?

¿Quién como yo?
Hermosa es la condena, libre,
ser el rebelde primero de la Historia.

Juan Cobos Wilkins

ABSTRACT (TESIS). El estructuralismo no lo inventó Saussure. Como en lingüística, podríamos discutir cuál es el término marcado, el no marcado y el neutro, pero que dios y su contrario se entienden de maravilla, no hay quien lo dude; en trío con la diosa madre. Lucifer es antónimo de Dios, no su antídoto, y el delito de ambos fue la soberbia, primero de los siete pecados capitales. En el desafío por el trono, el ángel del Señor preguntó a Luzbel, el Portador de la luz: ¿Quién como yo? o ¿Quién como Dios?, pregunta retórica pues el ángel sabía la respuesta. Si el de la Luz daba un paso al frente y respondía “yo”, se auto inculpaba por altanería. Y si respondía “yo no [he sido]”, quedaba como un cobarde o un desertor ante los suyos. El caso es –desde la Vulgata de San Jerónimo (siglo 4) hasta el Espejo de príncipes rebeldes (1989), de Juan Cobos Wilkins– que a Lucifer se atribuye el “non serviam” (no serviré) que lo convertiría en el primer rebelde de la historia. La fábula poética es hermosa y tiene antecedentes desde El Paraíso perdido (1667), de Milton (mejor reinar en el infierno que servir en el cielo), hasta el Retrato del artista adolescente (1916), de Joyce, pasando por El cuervo (The Raven), de Poe (1845), y toda literatura donde manda, de una forma u otra, el pacto con el mal, tipo Dorian Gray, de Oscar Wilde (1890). Como principio activo, lo demoníaco contrapesa los Milagros de Berceo, la didáctica de El conde Lucanor, el Buen Amor del Arcipreste, las buenas intenciones de Chaucer y Boccaccio y Pasolini, quien los llevó al cine a los tres; está en los ultramundos de Shakespeare y Don Juan; de Frankestein (1818) a Nosferatu (Murnau, 1922); del capitán Ahab a Moby-Dick (1851); de Jekyll a Hyde (1886); de Aguirre, el de la cólera de Dios (1972), al Coronel Kurtz, de Apocalipse Now (1979). Hasta aquí lo que viene en wikipedias.

ANTÍTESIS. Lo que no viene es la crítica a la invención del invento. Lo soberbio es la fe. Lo creyente es soberbio en tanto se atreve a decirnos, con su libro sagrado y con sus signos externos, no solo que Dios existe sino cuál es, de entre los aspirantes, el Dios verdadero. O sea, como el detergente Colón y El Corte Inglés: busque, compare y, si encuentra algo mejor, le devolvemos su vida eterna y, por las mismas letras, la vida entera. De la soberbia de creyentes contra no creyentes deriva la imposibilidad de hablar en serio del Diosmonio salvo si, como en Dante o en la Vida de Brian, todo acaba en comedia. Riamos pues.

SÍNTESIS | 6 MANERAS DE HABLAR DE LUCIFER

1 / Comienzo en literatura: Deje esto y váyase al Fausto de Goethe (1832). El diablo Mefistófeles tiene unas caídas dignas del caído que fue, y el alma del doctor Fausto se le fue de las manos por haberse distraído por “un placer vulgar, un deseo absurdo”, algo que tampoco figura en las enciclopedias. Conectamos con Fausto. MEFISTÓFELES a LOS ÁNGELES: «Vosotros sois los auténticos brujos, pues seducís al hombre y la mujer. Bajad, moved vuestros nobles miembros de un modo más mundano. Sin duda, la seriedad os sienta muy bien, pero me gustaría veros sonreír, sería para mí un placer eterno. Me gustaría una sonrisa como la de un enamorado, con un ligero pliegue en la boca. Tú, el más crecido, eres el que más me gusta, esas maneras clericales no te van nada bien, mírame de un modo algo más lascivo. También podríais ir distinguidamente desnudos. Ese largo manto es excesivamente casto. (aparte) Ahora se vuelven para dejarse ver por detrás. Esos pícaros son muy apetitosos.»

2 / Comienzo en Marx: No solo el opio del pueblo.

3 / Comienzo abrupto: Nada que objetar a la invención de Dios Satán si detrás no estuviesen las religiones y, con las religiones, panda de vividores del miedo y de la sepultura.

4 / Comienzo más fino: Desde la Europa que habitamos, y a partir de las Cruzadas, la religión ha sido una curiosidad de turista occidental que alucina con la alianza de las tres pamplinas: hoy, con la pamplina hebrea o turismo base; mañana –tras Alejandro y Marco Polo– con la pamplina oriente y, al otro, con las barbaridades afroamericanas o precolombinas.

5 / Cuando termine el mito hasta alcanzar el logos, ese día seremos más infelices pero con el entendimiento libre. Ocurre que el milagro griego se quedó en algo ingeniosillo para que vivan del cuento la clerecía, la filosofía, la imprenta y la democracia; la cultura y la contracultura; la civilización, la clase política, el estado, el estado del bienestar, la policía, el ejército, el arte o la literatura.

6 / De ¿Quién como yo? a De quien mata a un gigante, de Daniel Lebrato.

–enlaces:

¿Quién como yo?

De quien mata a un gigante


 

de balde.

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La Cámara de los Balones es un espacio de Radio Sevilla Cadena Ser ideado por José Antonio Sánchez Araújo (Alcalá de Guadaíra, 1945) allá por el año 94 (hace ya 25 años) con el objetivo de humorar las rivalidades Betis Sevilla y lo que venga. En 2010 el programa pasó a José Guerrero, el Yuyu, y, desde septiembre 2018, a su conductor actual, Manu Sánchez, quien sigue contando con Fran Ronquillo, único superviviente de la etapa Yuyu y quien sigue dando vida, mediante imitaciones, al Maestro Araújo. El pegajoso asfalto de La Cámara de los Balones es el localismo y, su techo de cristal, Canal Sur o El Larguero, de cobertura nacional.

A La Cámara me llevó Zafarrancho Vilima, a invitación de Manu Sánchez para un directo abierto al público en el Centro Cívico de Castilleja. La emisión tuvo tres ejes, Castilleja, el deporte y el feminismo (ante el inminente 8 de marzo) y un remate de los tomates con Zafarrancho Vilima (Álvaro con Manolo y Patri). ¿Qué pintaba allí el Profesor Lebrato, a quien trataron, sin merecerlo, como estrella de plató? (Por esas cosas de la vida, a Rafa Iglesias, de TeVeo, y a Álvaro Martín, de Zafarrancho Vilima, los dos humoristas, el profesor Lebrato les hace gracia o hacen uso de él para la parte seria de sus proyectos.)

De entre las demandas lingüísticas en que me mete Álvaro Martín, cabían, para la ocasión, cámara, balones, castilleja (de la cuesta, del campo, de guzmán y de talhara, todas en el Aljarafe cuando lo normal es castillejo o castillejos); cuesta, relieve en cuesta, alixeño, castillejano, palabras así. Al final, y dado que la entrada al acto era gratis (free), al profesor propusieron el sintagma de balde, locución adverbial procedente del árabe andalusí bátil > batl > bald, donde significaba estúpido, idiota, imbécil, simple, necio, torpe, y de ahí a vano, inútil, nulo, inválido, efímero o caduco. Semejante etimología (suministrada al momento a mi teléfono por el magnífico Diccionario Etimológico español en línea de Chile) no la podía el profesor lanzar a un público no iniciado y por demás entregado a las buenas causas del día y de su pueblo. Me limité a notar la diferencia entre de balde, que es gratis, y en balde, que es inútilmente, y a traer, por su común raíz, las palabras baldío (terreno que no se cultiva o esfuerzo sin éxito) y baldado (imposibilitado o muy cansado) y cómo allí estábamos de balde y no en balde, pues aunque alguien acabara baldado, todo sería, fue, con aprovechamiento.

Otro día hablamos de cómo en lenguaje deportivo se puede y se debe aplicar un lenguaje coeducado que evite el penoso desdoble (la afición, mejor que los aficionados y las aficionadas) y que cumpla las normas de inclusión. Gracias: Álvaro Martín y Manu Sánchez.