Etiqueta: ropa

el hilo invisible (Phantom Thread, 2017)

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Alpinistas sobre sus tacones,
de escote para submarinistas,
las ganadoras del Óscar, o nominadas,
desfilaban por la alfombra roja,
unas de otras envidiosillas del premio,
del peinado o del vestido o de la cola
que traería cola de público y cadenas
de todo el mundo.
Prada o Giorgio Armani o Valentino
o Reynolds Woodcock en su película
tenían las llaves del costurero de las reinas.
Pero ellas, dignas y unánimes, juraban todas
cuatro días antes de aquel 8 de marzo
que estaban contra los estereotipos femeninos.


[LA CORTE DEL REY BOBO]


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vestirse.

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La moda es la degradación gregaria y comercial del individuo, su aplastamiento como persona y su sometimiento en masa a la masa, aunque luego, si les preguntas, él o ella se visten “a su manera”. Mentira.

En carnavales llaman tipo al disfraz (papel y rol) que una agrupación adopta de año en año. En nuestro vestir diario también podemos adoptar un tipo y, de hecho, las tribus urbanas se caracterizan por arquetipos comunes: el cuero, el color negro, las barbas, las rastas, los tatuajes van por tipos y el problema es que no signifiquen nada o, al contrario, signifiquen tanto que desborden el mensaje que queríamos transmitir.

Daniel Lebrato decidió hace tiempo vestir el tipo de los clásicos galanes del cine del siglo 20. Y tan cierto es que me visto para parecerme a alguien, que se parece a mí, como que me visto para no parecer de un mundo que no me gusta y rechazo su imagen y semejanza.

Lo último es que mi tipo lo daría encantado y renunciaría a él con tal de que nadie pasara frío ni vergüenza por falta de ropa que ponerse.

Cortos explicativos:

Corbatas

Pajaritas

Sombreros

Zapatos

corbatas.

Corbata 1ºZ el Terrible (3)-ANIMATION
corbata obsequio del Terrible 1ºZ

Hay quien se viste para tapar el cuerpo y hay quien se viste para comunicar algo: una ideología, un color, una tribu urbana, una época, unos valores. En la ropa de varón es decisiva la corbata.

Yo decidí vestirme a la manera de la generación del 27, que fue la de mi abuelo y de los galanes del cine mudo y clásico. Y, siempre, vestirme igual. A mi manera. Lo mismo un lunes para ir al trabajo que un dominguito de paseo. El día de la resurrección, que me vaya bonito.

Dejo a ustedes la película CORBATAS

en Google Fotos (2:47 pantalla media)

en Youtube (2:48 pantalla grande)


pajarito y pajarita.

Pajarito y Pajarita

Yo quise hacer de él un pájaro de los que tengo en la cabeza. No el avecilla de matómela un ballestero, dele Dios mal galardón, que no quiero estar preso, no. Digo el halcón de Calisto, para ir en busca de Melibea. O digo el halcón maltés, ese Humphrey Bogart desconfiando de Mary Astor mientras no sea más buena. Digo, por decir pájaro, el pájaro de fuego de Ígor Stravinski, que brilla en la oscuridad. Todos esos pájaros he querido que sea mi pajarito. Todos, uno a uno o a la vez. Pero él se enreda en mi pajarita. No pudo ser.


–enlace a la animación en Google Fotos.

Hágase el lazo.

pajarita-hecha

No para ahorcarse. Otro día hablábamos de la pajarita de Lorca. Hoy mostramos a ustedes cómo es, de fácil, hacerse una pajarita (vídeo de un minuto). Manolo Carrasco ilustra, sin malicia, cómo su pajarita es goma elástica y nudo hecho de fábrica. Un verdadero horror. La pajarita nace y se hace. Si no quiere resultar infantil, torpe o prefabricado, hágase caso, hágase galán, hágase el lazo. (Cómo se hace, en este vídeo de un minuto.)

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El sistema de la ropa y del vestido (a propósito del burquini)

burquini

EL SISTEMA DE LA ROPA Y DEL VESTIDO
–a propósito del burca y del burquini–

Culturas o sociedades del taparrabo aparte (de tribus que han permanecido al margen de la historia), todos los pueblos prehistóricos e históricos (tanto los machos como las hembras) han combinado el tapado integral con el desnudo integral sin morbo, sin malicia y sin menoscabo: cuando hacía frío, porque hacía frío, y, cuando calor, por defenderse de los rayos del sol y preservar la humedad del sudor.

Como cuenta el del Génesis, lo primero que hicieron el hombre y la mujer metidos en culpabilidad fue taparse con pudor y con malicia, cortapisas morales que pusieron fin a los tiempos ingenuos; pérdida de la inocencia y ciclo que hoy reproduce el crío o la cría que cambia de una relación inconsciente con su ‘cosita’ y la ‘cosita’ de los demás, a una relación consciente y picardeada.

La doble sexualización del cuerpo y del vestido (sexo: en tanto distinción machos y hembras y sexualidad: en tanto incitación activa o pasiva) se dio en las tres sociedades patriarcales de las religiones de libro: judíos, cristianos y musulmanes. Las tres conocen la poligamia, la prostitución, la violación de mujeres y niños, el matrimonio por interés, el apellido, la familia y la herencia, y las tres distinguen entre homos y héteros y entre un erotismo oficial y otro por donde discurren los bailes del vientre o de los siete velos.

Por razones que tienen que ver con la sublimación de la mujer como mujer objeto[1], el judeocristianismo aceptó la liberalización del cuerpo femenino, de pronto expuesto al sol casi desnudo y con muy poco peligro. Para eso hizo falta que los machos se educaran en la represión de sus instintos básicos, que aprendieran a ver un culo o una teta sin echarse encima de su dueña; tuvo que cambiar el modo de ver y de ser vista. O visto, cuando los machos, homos o héteros, empezaron a marcar paquete, a lucir músculo y ombligo, a ser hombres objeto como las mujeres eran.

Esta culturización del exhibicionismo se razonó en la indumentaria útil en tiempos de maquinismo y de incorporación a trabajos que arrinconaron túnicas y chilabas como arrinconaron gorgueras y gregüescos, capas y sombreros de copa, revolución del vestir que no se dio en el islam donde tampoco se dio lo que en Occidente fueron Renacimiento, Ilustración, Revolución Francesa o Revolución Industrial.

Cuando al final del siglo 20 y por motivos cortitos EEUU y la Otan dieron alas al islamismo sin más intención que combatir a la Unión Soviética, dieron alas también, como efecto colateral, al tapadismo sexista y sistemático y no voluntario ni por moda ni por gusto, aunque algunas tapadas digan que les gusta, y han creado un conflicto entre tapadismo y exhibicionismo de imposible solución si no es, con criterio global, prohibiendo todos los signos externos de religión en público vengan de donde vengan: la vuelta a una religión cero cero y a una sociedad sin culpa (sin necesidad de redención, también) como la que había antes del pecado de Adán y Eva en el Paraíso.

Lo cual, que, al aferrarse a sus medallitas y crucifijos, cristianas y cristianos, practicantes o culturalmente portadores del cristianismo, son corresponsables de la gestión que hicieron sus gobiernos apoyados y sostenidos con su voto, gestión que ha hecho de indumentarias folclóricas, regionales o a extinguir lo que ahora musulmanes y musulmanas dicen que es su moda: burcas, velitos, barbas y la madre que los parió. De todo ese armario ropero, el burquini expresa y resume la máxima confusión, lo peor de cada casa. El burquini de la islamista sexi en playas de la Costa Azul suma lo vano y superficial del concepto moda de Occidente con el integrismo de beduinos y pastores de ganado que no han salido todavía de donde los habíamos dejado, en el portal de Belén.

[1] Vaya usted a ver si en la nueva configuración de la mujer tuvo algo que ver el peso simbólico de la mujer madre y de la mujer virgen representadas por la Virgen María.

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