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histrión, histriónico, histrionismo.

Daniel Camaleón en grande (2)

Me pregunta Álvaro Martín si soy algo exhibicionista. Le respondo que no. Que exhibicionista (macho) es quien se abre la gabardina (no lleva más ropa debajo) y enseña a las adolescentes de instituto lo que él llama su muelle de las delicias, su cosita. El episodio está en Hacia (1999) y recrea a un tipo real, entre voyeur y exhibicionista, que por los años 70 se descubría desde el Parque de María Luisa ante las niñas del Instituto Murillo (femenino) cuando éste radicaba enfrente, en el Pabellón de Argentina al final del Paseo de las Delicias, comienzo de la Avenida de la Palmera. A aquel tipo, enfermo de soledad, yo le hacía decir: «Rechaza imitaciones, que es calidad, chiquilla. Bajo mi gabardina, el auténtico, el único muelle de las delicias.» Soy tímido -sigo diciéndole Álvaro- y nada exhibicionista. Lo que sí soy: histriónico.

Daniel Lebrato firmando ejemplares ajenos en la feria del libro foto Pepe Morán 19 05 2017

histriónico [334.000 gugles] de histrión (1613), latín histrio, comediante, actor, mimo. Sustantivo y adjetivo. 1. Actor teatral. 2. Persona que se expresa con afectación o exageración propia de un actor teatral o que resulta falso o efectista. Me molesta su comportamiento histriónico. Sinónimos: exagerado, fingido.

histrionismo. Trastorno de la personalidad no tan grave ni tan raro de encontrar, que consiste en ver el mundo como un escenario donde el sujeto actúa. El exhibicionista presume de una mercancía que le gusta enseñar; el histrión ejerce con más profesionalidad y quizás con menos ego, su defecto es la sobreactuación, extremo que el verdadero actor profesional repudia y teme. El exhibicionista es parecido a Narciso; el histrión sería como el bufón, un enano entre gigantes que es enano todas las horas del día y por eso interpreta le toque o no actuar: de todas formas, se van a reír de él; digamos que su naturalidad es su artificio, que en lo falso consiste o encuentra su verdadera autenticidad.

Daniel Lebrato en la foto de la Generación del 27 (1)
El impostor, en la foto de la Generación del 27.

En su libro Hacia, publicado en Sevilla por Qüasyeditorial en 1999, y desde entonces disponible en Internet, tres episodios autobiográficos dan cuenta del histrionismo según Daniel Lebrato. Arranca con cinco citas de autoridad que conviene recordar aquí:

A veces me tropiezo sin querer con el que fui y apenas me saluda.
(José Antonio Moreno Jurado)

¿Soy yo o soy el mendigo que rondaba mi jardín?
(Juan Ramón Jiménez)

Con la barba afligida, sin afeitar y feo.
(Miguel Florián)

Lo más profundo que de ti conoces: la piel.
(Juan Cobos Wilkins)

A la larga, la máscara se convierte en rostro.
(Marguerite Yourcenar)

[AFTER SHAVE]

Lo has leído en autores más sabios y respetables:
el aire de extrañeza de quien se mira al espejo
y no se reconoce, como dudando si es él
quien tose, quien asoma tras las ojeras. La idea
no está mal. Sin embargo, tú cultivas sin escrúpulos
la impostura que alguna vez -Manolito y el lobo-
será más cierta, y haces del espejo un camerino.
Negándote, te afirmas: no se visten los actores,
se disfrazan. Quien no te conoce piensa: «de otro»,
y no: no hay más papel que al que das vida, el que detrás
del vaho te devuelve y te sostiene la mirada.
Celebras los chalecos y el sombrero y el bastón
que presumido eliges antes de que todo sea
verdad, verdad el lobo.

[SEGUNDO AUTORRETRATO]

Afeitado. Duchadito.
Con el pelo y las uñas
impecables, a prueba
de fotógrafos.
El traje, ni más ni menos
que la etiqueta exige.
Saber llegar.
Que los tuyos te reciban
como suyo.
No pudo César
morir de otra forma.

[DE LA SINCERIDAD DE LA INFANCIA
retratada según se entra en la Poesía]

Se nace o se pace, pero a casi
todos da tiempo a manipular el
borrador y a falsear las pruebas
del alma, sus recuerdos. Son cromos
de un álbum de otra vida, no nuestra
vida, y son también una coartada.
Hagan juego o poesía, los dados
-manda el crupier- van a su imán, van a
su ayer y a los ayeres supedi-
tados a condición de la bío-
grafía que, como un crimen, preme-
dito. Podéis dudar del que fui,
no del que soy: maté a los testigos,
borré las huellas, me di a la fuga.

Daniel Lebrato, Hacia (1999)

O sea que, al final, mi puesta en escena es buscada, rebuscada, un miedo a la vejez y a la muerte como otro cualquiera y una manera, acaso digna, de no contribuir a la fealdad de este mundo.

/ a Fernando Mansilla,
 autor y actor y nada histriónico /


histriónico en Wikipedia

Así habló Zaratustra. En el desarrollo de la obra, la segunda y tercera parte se centran tanto en las conductas del personaje como el matiz histriónico de la doctrina.

Cesário Verde. Une a ambos autores la temática urbana y el interés por la vida bohemia; les separa, en cambio, el tono, frecuentemente exaltado y casi histriónico en Baudelaire, reposado e irónico en Verde.

Charles Laughton. Durante este tiempo, el trabajo en el cine de Laughton pasó a un plano secundario, y a veces, como en The Strange Door actuó de modo deliberadamente histriónico.

Debra Paget. Quedó encasillada en papeles de mujer exótica, delicada, debido a su gran belleza muy particular y su carácter histriónico.

Dmitri Shostakóvich. En la n.º 9 adopta en máximo grado la actitud de bufón o, dicho menos claramente, el uso histriónico, humorístico y sarcástico de la música. La Novena de Shostakóvich parece ser interpretable en clave de burla, no sabemos si de la muerte, de los políticos del Kremlin, de la comunidad mundial de compositores o quizá de todos ellos.

Entre bobos anda el juego. Don Lucas del Cigarral es un personaje histriónico y estrafalario, al que adornan todos los rasgos negativos que puedan imaginarse: retraso mental, fealdad, avaricia, necedad y masoquismo.

Fausto (película). De igual importancia, la técnica fotográfica y de imagen, la utilización necesaria del blanco y negro y del contraste fuerte entre las zonas ensombrecidas y las iluminadas, para destacar el dramatismo histriónico e incluso los cambios climáticos.

Francisco Franco. Personaje histriónico que fundó la Legión a imagen de la Legión Extranjera francesa, reclutando a proscritos sin importar su nacionalidad, a los que les redimiría su permanencia en la Legión: «Os habéis levantado de entre los muertos, porque no olvidéis que vosotros ya estabais muertos, que vuestras vidas estaban terminadas.

Hay que nombrar el histriónico Mundo Idiota (Neat Stuff. Fantagraphics, 1985-89) de Peter Bagge, donde se critican despiadadamente los modelos sociales.

Hermanos Marx. Chico fue un excelente e histriónico pianista, y Groucho tocaba la guitarra.

Ian Keith. También tuvo facilidad para la comedia, y su rico retrato del histriónico actor Vitamin Flintheart en Dick Tracy.

John Travolta. Ha desarrollado papeles muy diversos en multitud de géneros, lo que le ha dado la reputación de actor extremadamente histriónico y versátil.

José López Portillo. Lloró frente a millones de mexicanos y golpeó impotente con su puño el atril de la tribuna principal del Palacio Legislativo aceptando su responsabilidad personal al fallarles; un despliegue histriónico que conmovió a muy pocos, enfureció a los más y fue motivo de parodias y burlas.

Mala Rodríguez. Un álbum que empieza con el desparpajo histriónico y existencialista de Esclavos y llega la infecciosa melodía de Hazme eso.

Narcisismo. Así se incluyen también en este grupo el trastorno límite de la personalidad, el trastorno histriónico de la personalidad y el trastorno antisocial de la personalidad.

Necrorama. Juego de rol independiente (Javier Arce, 2007). Sus pilares son el pulp, el cine negro y el humor ácido e histriónico.

Peter O’Toole. Aportó un elemento histriónico que constituye a la vez su principal virtud y su mayor defecto.

Trastorno histriónico de la personalidad. Trastorno de la personalidad del grupo B (desórdenes dramáticos, emocionales, o erráticos).

Un tranvía llamado Deseo (teatro). Por primera vez en la historia del arte histriónico norteamericano se abordan temas antes considerados tabúes.

XDComics. Monroe ha ido volviéndose más histriónico con el tiempo, este hecho sumado al de creerse por encima de todo tipo de convención social y mejor que cualquier humano, le han convertido en un tipo que no necesita al resto de la sociedad, con cierta reciprocidad por parte de ésta.

Daniel Lebrato por la Avenida de Sevilla 22 05 2017 (Foto Antonio Mateu) (2)

casting y castigo.

Rosalía Las uñas como arma del feminismo

Mecano en los 80, con letra de Nacho Cano: No me mires, no me mires, déjalo ya, que hoy no me he puesto maquillaje y mi aspecto es demasiado vulgar para que te pueda gustar. Sombra aquí, sombra allá, maquíllate, maquíllate. Y de aquellos polvos, estos lodos: Sostiene la cantante Rosalía que las uñas simbolizan la feminidad y son un arma. Oído lo cual y sin entrar en el origen y evolución de (pues no es propio de [eLTeNDeDeRo] justificar lo presente por que haya sido historia), parece indudable que todo lo que llamamos maquillaje (del francés maquiller, jerga teatral del 19 cuando actores y actrices se aderezaban en el camerino) o cosmética (del griego ‘adorno’) ha llegado a la España del hombre y el oso (cuanto más feo, más hermoso) en soporte femenino y sería estupidez o demagogia sostener otros antecedentes, como causas médico sanitarias o como distintivos de tribu urbana. Hablamos de una idea de la belleza (sea o no saludable) y Rosalía tiene razón: las uñas simbolizan la feminidad, no el feminismo (tampoco ha dicho del arma: ¿para atacar o defenderse de quién?).

El caso es que alguien podría hacer –la ha hecho ya– una lectura feminista más allá de Rosalía. Pintarse la cara, las uñas, calzar tacones o lucir escote son marcas de mujer y lo siguen siendo aun cuando varones por orgullo gay o culturizados por la igualdad de sexos hayan adoptado esos usos, también la coleta a imitación del largo pelo de las mujeres. Todo, todo, es resultado de siglos de hegemonía masculina sobre una población femenina que o quedaba al margen (mujeres de clases populares) o acentuó sus rasgos para triunfar sobre, o medirse con, el macho dominante (caso de las mujeres sabias o de alta nobleza). Solo dos modas recientes se han trasvasado del macho a la hembra: el tatuaje y el pirsin, pero ese trasvase, signo de una homogenización característica, no anula lo esencial: los roles son roles y están hechos a la medida de quien mandaba en el resto: el machismo como precipitado histórico que fue haciendo una doble construcción a partir de la división primordial entre la falda y el pantalón, entre el rosa y el azul, entre la muñeca y el balón. Y dentro de esa gran división, como en dos poderosos bandos o ejércitos, el detalle de un toque personal, de un adorno o pintado más o menos, pierde relevancia: lo que importa es el conjunto, quién manda aquí y cómo deberíamos emprender la descorporeización[1] del personaje hacia una sociedad más seria e igualitaria; no, que, después de las campañas y mareas Me too, No es no y 8-M, el feminismo sigue teniendo en la moda su más peligroso aliado. Cuando una cantante se señala por sus uñas, mal le irá y nos va. Y cuando un colectivo, de pronto feminista, quiere seguir siendo feminista sin bajarse de sus tacones, sin que le miren el escote o sin que el largo de su falda signifique nada, es que tacones, escotes y faldas significan, ¡vaya si significan!

Sepan más sobre labios maquillaje ojos pirsin tatuaje uñas tacones y quédense con el corto Rabo de toro (0:46), rodado en los estudios Palacios Malaver de Cenarte en Sevilla; con la actuación de Eli Finberg bajo la dirección de Pablo Ruiz Sánchez, quien realizó The Fog (La Niebla), con música de iAmDive y con nuestra participación y contra la pesadilla de los medios que tienen machacadas a las criaturas que dan su vida ante la cámara por un buen casting.


[1] desomatización no valdría por cuanto significa transformar problemas psíquicos en síntomas orgánicos.

canotier.

Daniel Lebrato en Plaza de Armas años 60viajero con canotier, bastón de paseo y maletín

Daniel Lebrato en Plaza de Armas años 60 (2).jpg

canotier o canotié, plural canotiés [1.270.000 o 17 mil gugles]. Del francés canotier, antes canoa. Sombrero de paja con el ala estrecha y plana, y la copa baja, cilíndrica y normalmente rodeada por una cinta. Según el Etimológico de Chile, canoa aparece en el Diario de Colón el 4 de diciembre de 1492 y es voz taína, lengua hablada en las islas caribeñas, canot en francés, primero los remeros y luego el sombrero, por el empleo de esta prenda en el deporte náutico. Para Corominas es voz araucana, al sur de Chile. Canotier obligado, el de los gondoleros de Venecia.

El canotier fue el sombrero de moda en la pintura impresionista plenairista (de plein air: al aire libre) durante la Belle Époque (1871-1914). Caído en desuso entre nosotros bajo el imperio del sombrero mascota (de pellizco) tipo italiano o inglés, el canotier sobrevive, en femenino, en las bodas y, en masculino, en los sombreros de ala ancha y rígida que se ve en las ferias y en el Rocío. Famosos con canotier: Fred Astair, Maurice Chevalier, Audrey Hepburn o Coco Chanel.

Daniel Lebrato en Plaza de Armas años 60 (3).jpg

En las fotografías de portada, tomadas, calculo, por los años 60, se ve a un viajero subiendo al tren en la que fue estación Plaza de Armas de Sevilla, hoy centro comercial y de ocio. Juro a ustedes que al ver esas fotos me di cuenta de que yo, Daniel Lebrato (1954) que casi no había nacido, ya estuve allí de mayor con mi canotier y mi bastón y mi maleta. Y me acordé de las fotitos y del juego del tiempo en El resplandor, de Stanley Kubrick y Stephen King (1980 y 1977). ¡Qué horror! o ¡Genio y figura!

2015.08.13. Daniel Lebrato por Ricardo López
Foto: Ricardo López

canotier en el Etimológico de Chile

en la página Malonsilla

la moda.

1.
No hay que leer El sistema de la moda, de Roland Barthes en 1967, para reconocer que la moda (cualquier moda, toda la moda y lo que está de moda) es una convención, un acuerdo social donde lo de menos es la ropa (vestirnos conforme a pudor, salud y clima) y donde lo de más es la imitación; por un lado, para pertenecer al grupo al que queremos pertenecer y, por otro, para diferenciarnos de él. De ahí, el afán por ser quien eres, tú mismo o misma frente al todo. Somos como la ovejita que yendo en rebaño se empeña en que el pastor la reconozca y la llame por su nombre.

2.
El único antídoto frente a la dictadura de la moda es salirse de la moda pero, claro, mercados y escaparates mandan, sastres y modistas cuestan un dinero y por qué no ponernos lo primero que nos venga en gana o que tengamos al alcance en el cajón o en el armario. Nuestra indumentaria puede responder, además, a la imitación de un líder o de una causa (jipis, roqueros, barbas por el Che Guevara, pañuelos palestinos, viseras hacia atrás por el hip hop o el rap).

3.
El problema surge cuando alguien utiliza la moda con perspectiva de género. Caso del amiguito, gay o no gay, que se pinta las uñas o se pone tacones como señas de identidad con lo femenino. Ese amigo no se da cuenta de que uñas pintadas, tacones y escotes son imposiciones del macho occidental igual que el macho islámico impone el tapado a la mujer islámica o el japonés que a la geisha le oprime el zapato porque le da más morbo el pie pequeño.

4.
No ver en el desvío o en la anti moda (de vestir a la contra) las mismas pegas que se ven a la moda es ignorancia o ingenuidad. Otro día hablamos de cómo los varones, al adoptar rompedores hábitos y conductas femeninas (el pelo largo con coleta, los zarcillos), no han roto con nada en realidad: no han hecho más que repartir por su sexo la supeditación a un modelo. Más machismo, o sea.


 

cañas y cañas.

bastón de caña

corto de 4:46
CAÑAS & CAÑAS

El latín canna, del griego kánna, caña, junco, flauta pastoril, barca de cañas o de juncos y utensilio no bien conocido, es palabra madre de familia numerosa en español, origen de caña, cañada, cañaílla, cañar, cañavera, cañaveral, cañizar o cañizal, caño y sus derivados de fontanería, cañón y los suyos de artillería. Con sonido de ene simple, [cana] (nada que ver con cano,a que es color blanco), da canal, canela, canuto y, lo más divertido, canon, por asociación de la vara de caña con la vara de medir, con los significados de regla o precepto, catálogo o lista, modelo perfecto, regla de las proporciones, cantidad periódica que hay que pagar, cuerpo de letra de 24 puntos o, en música, composición que va añadiendo voces, repitiendo o imitando cada una el canto de la precedente. Derivadas de canon son canónico, canónigo, canonjía y canonizar. O sea, partiendo de la humilde caña del campo hemos llegado a los altares de las bellas artes y de la religión tenida por verdadera, pasando por la caña de vidrio o vaso cilíndrico y ligeramente cónico que se usa para beber vino o cerveza, continente y contenido, de manera que en los bares se pueden contar las rondas por tres, cuatro o hasta la media docena de cañas de manzanilla, como las que se echaba, por no negar su tierra de Sevilla, don Manuel Machado. De tan amplia descendencia como deja caña, la peor es encañonar y, la más sonora y literaria, cañavera o cañaveral.

 

Visto lo que tiene caña con vara de medir, no es de extrañar que una caña se presente como la caña vera, la medida de verdad, la fiable en los tratos. Quizá por eso, los príncipes gitanos, gente metida en ferias y en jerarquías, adoran las varas de caña (las que se me han extraviado en un descuido, estoy seguro que han ido a parar a sus manos, sé que harán buen uso de ellas). Pero he aquí que el Etimológico de Corominas y Pascual da cañavera por variación de caña avena a través del portugués canavea, canavé, siendo avena mala hierba o mala caña en comparación con la caña de trigo, el cereal del pan. Final. Las cañas que no sirven para la comida, la bebida o la medida, sirven como bambú rígido y resistente como bastón de paseo o como bastón de andar, además del orgulloso bastón de mando y de la humillante vara de castigo. En poesía, nos quedamos con esta soleá de tres versos recogida por Fernández Bañuls y Pérez Orozco en La poesía flamenca, lírica en andaluz (1983):

En las cañitas verales
los pájaros son clarines
al divino sol que sale.

A mí, lo del divino sol me suena algo cursi tratándose de una imagen taurina donde valiente sol, o similares, daría más llana idea (y más laica) de la bravura del toro. Ya se sabe que todo en esta vida, también la poesía popular y este artículo, es discutible o mejorable.

La caña de paseo (medidas: del suelo a la palma de la mano) se vende en tiendas de sombrerería y complementos por menos de 10 euros. Hay que hacer que en la misma tienda la caña la corten a medida y, si en la tienda no, en una zapatería, hay que ponerle un fino taco de goma o cuero para apoyarla sin ruido. Es aconsejable un cinto o lazo de mano para llevarla en bandolera cuando vamos andando y para que no se nos caiga continuamente. Con ese invento, mis cañas montan conmigo en bici que da gusto.

Daniel Lebrato en bicicleta
la caña (negra) va ajustada a la barra de la bici, detrás el bolso serón

Otro día hablamos de la España cañí que no tendrá nada que ver pero se parece un taco.


–venta de cañas bambú: Sombreros Antonio García, Alcaicería, 25, La Alfalfa, Sevilla

–enlace al Retrato de Manuel Machado

–enlace a Copas y cañas (sobre los vasos)

–enlace a Autorretratos con bastón de caña

bastón de caña 2

/ a Antonio Narbona /

el hilo invisible (Phantom Thread, 2017)

el-hilo-invisible-etiqueta-muestra
Alpinistas sobre sus tacones,
de escote para submarinistas,
las ganadoras del Óscar, o nominadas,
desfilaban por la alfombra roja,
unas de otras envidiosillas del premio,
del peinado o del vestido o de la cola
que traería cola de público y cadenas
de todo el mundo.
Prada o Giorgio Armani o Valentino
o Reynolds Woodcock en su película
tenían las llaves del costurero de las reinas.
Pero ellas, dignas y unánimes, juraban todas
cuatro días antes de aquel 8 de marzo
que estaban contra los estereotipos femeninos.


[LA CORTE DEL REY BOBO]


vestirse.

daniel-lebrato-ante-el-escaparate-de-primera-comunion-2016-10-31

La moda es la degradación gregaria y comercial del individuo, su aplastamiento como persona y su sometimiento en masa a la masa, aunque luego, si les preguntas, él o ella se visten “a su manera”. Mentira.

En carnavales llaman tipo al disfraz (papel y rol) que una agrupación adopta de año en año. En nuestro vestir diario también podemos adoptar un tipo y, de hecho, las tribus urbanas se caracterizan por arquetipos comunes: el cuero, el color negro, las barbas, las rastas, los tatuajes van por tipos y el problema es que no signifiquen nada o, al contrario, signifiquen tanto que desborden el mensaje que queríamos transmitir.

Daniel Lebrato decidió hace tiempo vestir el tipo de los clásicos galanes del cine del siglo 20. Y tan cierto es que me visto para parecerme a alguien, que se parece a mí, como que me visto para no parecer de un mundo que no me gusta y rechazo su imagen y semejanza.

Lo último es que mi tipo lo daría encantado y renunciaría a él con tal de que nadie pasara frío ni vergüenza por falta de ropa que ponerse.

Cortos explicativos:

Corbatas

Pajaritas

Sombreros

Zapatos