con faldas por la corte del rey bobo.

En tiempos de Igualdad y Coeducación (términos precisos que acabaríamos echando de menos) el Psoe de Junta de Andalucía y Ayuntamiento de Sevilla, experto en cocina marítima, convocó concursos escolares y ciudadanos (lemas e imágenes) para campañas que deberían emocionarnos. Una fue la campaña disuasoria contra el uso masculino de la prostitución, «Yo no pago por sexo», y otra «El largo de mi falda no te dice que sí».

Lo de «Yo no pago por sexo» traía un agregado espeluznante: «6 de cada 10 hombres no pagamos por sexo», o sea, 4 de cada 10 pagaban por sexo. (Y siendo el sexo el fundamento del matrimonio, habría que ver si el matrimonio generador de pensiones y prestaciones no era, y es, una forma de pagar por sexo, pero en fin.)

Ahora, Francis Mateu, una mujer, nos pasa un corto de 2:24 minutos realizado en Argentina, campaña de Avon Promesa Para erradicar la violencia hacia las mujeres y niñas, que Francis Mateu, una mujer, ve muy aleccionador.

Y piensa eLTeNDeDeRo:

¿Las mujeres han dejado de significar? ¿Lo femenino con sus objetos y significantes (objetos que son prendas o indumentarias; significantes que son palabras) se ha quedado mudo como un volcán apagado, se ha quedado sin significados?

El asunto es muy fácil: las apariencias significan.

Significa un pirsin o un pendiente; significa un tatuaje, un alto de tacón, un pinta labios o unas uñas pintadas; una boda, un anillo, un tapa pelo o un burka, ¿y no iba a significar una falda?

No ingresen ustedes en el universo efe (de falda) y así no tendrán que salir de él.

Si no, hombres y mujeres pensaremos que el feminismo con falda y tacones es una exhibición que, en el fondo, les gusta.

¿No elijo yo, un varón, entre corbata o pajarita o descamisado informal, entre zapatos de baile o chanclas?

¿Mi pinta no les dice que sí ni que no?


EL HILO INVISIBLE
en La Corte del Rey Bobo

Alpinistas sobre sus tacones,
de escote para submarinistas,
las ganadoras del Óscar, o nominadas,
desfilaban por la alfombra roja,
unas de otras envidiosillas del premio,
del peinado o del vestido o de la cola
que traería cola de público y cadenas
de todo el mundo.
Prada o Giorgio Armani o Valentino
o Reynolds Woodcock en su película
tenían las llaves del costurero de las reinas.
Pero ellas, dignas y unánimes, juraban todas
cuatro días antes de aquel 8 de marzo
que estaban contra los estereotipos femeninos.

LA CORTE DEL REY BOBO


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