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Óptica Sevilla: Semana Santa.

Estadio_Olímpico_de la Cartuja
Estadio Olímpico de la Cartuja, propuesto Carrera Oficial para la Semana Santa de Sevilla.

No lo digo yo. Lo ha dicho el año sabático. Las fiestas de Sevilla son todas prescindibles. Marque usted, feriante o cofrade, la casilla que corresponda: hermandades, Iglesia, Maestranza, ganaderías, socios y titulares de casetas; todo lo que ha vivido a la sombra del Ayuntamiento bajo pomposo título de Fiestas Mayores de alto interés turístico, por su contribución a la economía de la ciudad y todo ese etcétera que el coronavirus se ha llevado por delante y que el año que viene podría volver a volver.

La Semana Santa cambió su ser tras la madrugá del 2000 y, a partir de ahí, tal cual predijo Juan Bonilla, “nadie conoce a nadie”.[1] Nadie conoce a nadie porque, por encima del Consejo de Hermandades y del propio Ayuntamiento, llegó Orden Público (CECOP: Centro de Coordinación Operativa) y mandó parar: vallas de separación por todas partes (más, a la salida y entrada de la procesión), rigurosas filas de espera para verlas venir (propio de Cabalgata de Reyes, en atención al público infantil), sillitas de mano dónde sí y cuándo no, fin del cangrejeo, rigidez de horarios (por retransmisiones tv) y mucha, mucha, policía para una masa que hasta el 2000 se preciaba de una autogestión que daba gusto: esa era la bulla; bulla tan sabia para acertar a dónde ir, como indulgente ante leves libertades que se disculpaban con tal de no molestar y que ningún infractor dejara sin vistas al chico o a la persona más bajita. Verdad que siempre había alguien en la fila que cuando usted, por libre o en caravana de libres, pedía paso franco educado, saltaba el malaje:

–Por aquí, ¡ni uno más!

Pero eran los menos y si sabías navegar entre el gentío evitando la Carrera Oficial, podías ver todas las cofradías y todos los pasos del día y hasta te sobraba para hacer escala en algún bar, Cruzcampo o manzanilla, con su buen urinario sin excesiva cola y medianamente limpio.

Todo lo cambió la ciudad del orden y no es extraño el actual rechazo por parte de capillitas laicos que hemos sido.

Pensando en laico, lo normal sería la Ciudad proponerle a Iglesia y Consejo de cofradías una de dos:

–Un circuito interno o Carrera Oficial por Catedral o gradas adentro de la Catedral

o hacer la Carrera en el Estadio Olímpico de la Cartuja y allí las procesiones dar vueltas las que quieran. El público paga su entrada. El espectáculo empieza y acaba. Estadio cubierto, a prueba de lluvia. Fácil acceso. Amplio aparcamiento. Servicio de orden privado o concertado con el CECOP. La ciudad, limpia de cera y paja. Y al turismo le daría igual. ¿Cuál sería el problema?

¡Como si la Macarena lleva publicidad de Coca-Cola o al Gran Poder lo patrocina una inmobiliaria!

Está muy mal acostumbrada esta ciudad de la gracia a la que no le vemos tanto la gracia.

Mañana en la Óptica: la Feria de Abril de Sevilla, que ya en parte hemos visto pasar por [eLTeNDeDeRo].

[1] Juan Bonilla: Nadie conoce a nadie (1996), novela ambientada en Sevilla, con la Semana Santa y los juegos de rol de fondo. Se hizo película del mismo nombre dirigida por Mateo Gil (1999).


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Si ayer cerrábamos con un poema de Manuel Machado, ahora es su hermano Antonio Machado quien nos da esta estampa de un niño siempre buscando a Dios entre la niebla, niebla que bien podría ser entre dos plazas: la plaza de San Juan de la Palma, de la Amargura, y la de Los Carros, hoy de Montesión, en lo que va del Palacio de las Dueñas, donde fue criado, hasta el Domingo de Ramos y hasta el Jueves Santo, si no un poco más arriba San Pedro, La Mortaja o Los Gitanos. He aquí el niño:

   ES UNA TARDE CENICIENTA Y MUSTIA,
destartalada, como el alma mía;
y es esta vieja angustia
que habita mi usual hipocondría.
    La causa de esta angustia no consigo
ni vagamente comprender siquiera;
pero recuerdo y, recordando, digo:
—Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.

    Y NO ES VERDAD, DOLOR, YO TE CONOZCO,
tú eres nostalgia de la vida buena
y soledad de corazón sombrío,
de barco sin naufragio y sin estrella.
    Como perro olvidado que no tiene
huella ni olfato y yerra
por los caminos, sin camino, como
el niño que en la noche de una fiesta
    se pierde entre el gentío
y el aire polvoriento y las candelas
chispeantes, atónito, y asombra
su corazón de música y de pena,
    así voy yo, borracho melancólico,
guitarrista lunático, poeta,
y pobre hombre en sueños,
siempre buscando a Dios entre la niebla.

Antonio Machado, Soledades (1903)

La fiesta según Sevilla.

Fiestas de Primavera

un ensayo sobre la crueldad o una temporada de confort

Temo al infierno porque es la temporada del confort.
Arthur Rimbaud, Une saison en enfer (1873)

1.
«La prueba está en abril, cruel, que hace florecer a las lilas.» La letra es de Juan Cobos Wilkins, en su prólogo a De quien mata a un gigante (1987), y la idea, de T. S. Eliot en su obertura a La tierra baldía (The Waste Land, 1922), poema titulado El entierro de los muertos (dedicado por Eliot a Ezra Pound, il miglior fabbro): «Abril es el mes más cruel: engendra/ lilas de la tierra muerta, mezcla/ recuerdos y anhelos, despierta/ inertes raíces con lluvias primaverales./ El invierno nos mantuvo cálidos, cubriendo/ la tierra con nieve olvidadiza, nutriendo/ una pequeña vida con tubérculos secos». [lila, flor de la lila y coloquialismo por tonto, fatuo. abril, raíz aphr, aphro, acortamiento de Afrodita, diosa de la belleza y del amor, o de aprire, abrir, por el abrir de las flores, primera juventud como la de quien cuenta sus años por abriles.] Sea como sea, desde el 21 de diciembre, solsticio de invierno, los días han ido durando más, primavera antes de las doce uvas del año viejo y antes del Ya es primavera en El Corte Inglés. Únicamente el calendario cristiano, con su paso atrás (o flashback) de la Pasión, disturba una cronología recta, simple y natural (como dictada por naturaleza).

La antropología de la conservación ha hecho infinidad de cabriolas por demostrar que la pasión y muerte de un particular es alegría. Y ahí están los carteles de Fiestas de Primavera que unen Semana Santa y Feria de Abril (desde 1912, cartel de García Ramos), con toques de Toros en la Maestranza. Por algo, Isidoro Moreno[1], Jiménez Barrientos y Gómez Lara[2] se empeñaron en armonizar un mundo cofrade con una visión más progresista y social. Y la Semana Santa la han resuelto en ¡fiesta de los sentidos!: cómo se ve, cómo se toca, cómo se huele, cómo se oye, cómo se bebe, se come y nos seduce la Semana Santa de Sevilla. El problema es que la misma antropología se registra en otras latitudes y estaciones más frías.

2.
Sevilla se la inventó el capataz que bajó de Itálica o del Aljarafe hasta la Alfalfa, lo más alto y lo menos malo de Híspalis, la infelice en cuanto se desmadraba el río. Este señor dio en señorito. [señorito, nombre epiceno que abarca señorito macho y señorito hembra, nada que ver con señorita.] Precapitalista y reacio a la revolución industrial, la antítesis del señorito no es el obrero sino el criado, la servidumbre. Lo señorito se asienta en la tenencia de la tierra, viene de una injusticia de siglos: el latifundio; saca sus cuartos de olivos y naranjales y de la ganadería y se los gasta en la ciudad, cifra y compendio del ocio como negocio. Lara el editor lo expresó desde la cama: Si un negocio no da para levantarse a las once de la mañana, ni es negocio ni es nada. El criado ama y odia al señorito, todo, menos el término medio; del señorito aprende y a señorito aspira.

–No tenemos una gorda, pero vamos al Rocío.

Igual que se dice del habla andaluza, que ninguno de sus rasgos lingüísticos es exclusivo andaluz, diríamos del señorito, que nada en él es exclusivo. Los santos inocentes están aquí como en Valladolid o en Extremadura; y La escopeta nacional, lo mismo en Madrid que en Valencia. Lo pertinente, o impertinente, de Sevilla es la concentración de rasgos; su mirada de César o de Carmen la cigarrera viendo morir gladiadores; idéntica mirada, la de las santas y venerables cofradías, antiguas de nobles:

–Que carguen en silencio costaleros bajo faldones, que no quiero verlos, que no quiero oírlos ni olerlos.

Y, por eso, el incienso y las flores.

Desde 1972, los hermanos costaleros no corrigen sino culturizan esta mirada frente a otros modos, menos violentos para el cuerpo, de llevar los pasos, por Málaga o Cádiz. Para el señorito costalero, hecho al gimnasio y a la ostentación, los cargadores del puerto, sindicales, no hacían más que quejarse por vicio:

–¡La fe no pesa!

Y en tauromaquias los caballeros de Sevilla, cortos de rienda y de hacienda, reservaron sus jacas árabes y jerezanas para el rejoneo de salón dando la venia a sus gañanes, otra vez gladiadores a pie sobre la arena:

–¡Que corneen a Pepe-Hillo y nosotros, maestrantes, a ver los toros desde la barrera!

Como, desde la barrera, se asoma el señorito a la Feria de Abril, ese baile macho por sevillanas, que reducen a faena de aliño con su bajonazo final a la cintura. Cuando del tablao de Feria se pasa al tablao flamenco, el señorito abdica en el bailaor de turno, que es quien expone su cuerpo serrano, con lo que es el miedo al ridículo en un español de Sevilla. En el flamenco se gasta el señorito la estética de convidar y de ir marcando el compás con los nudillos sobre la mesa. Antes, marcaba también a la gitana (tal vez gitano) que se exhibía para él, que es quien pagaba las copas y quien peritaba la mercancía antes del reservado donde el señorito a la gitana, como a la criada, se la tiraba, ¡vaya si se la tiraba!, equivalente hombría a la que, por el Rocío, denunció Alfonso Grosso en Con flores a María (1981). Vázquez García y Moreno Mengíbar, en Poder y prostitución en Sevilla (1995), han puesto en orden, ya que no en limpio, ese mundo de cafés cantantes por la Alameda y ventas Antequera, donde no han faltado ni el pecado nefando ni la pederastia, con clientela de cortijo, quepis, tricornio y sacristía.

Y es que, de los cinco sentidos, de ninguno se goza el señorito como de la vista y ser visto (luciendo la cartera: Sevilla en sus bares). Y no será porque Viena, Venecia o Praga se contemplen menos. Es que tienen otras clases dirigentes y otras hegemonías.

3.
Una vez sometidos por la Corona los incómodos tercios moro, judío y protestante, la ciudad barroca fue pura Contrarreforma, más romana que Roma. Y ahí está la aportación de Sevilla (su I+D) a la cultura universal: el dogma de la Inmaculada. En esa mujer virgen y madre el señorito se retrata a sí mismo en su auto de fe en lo inmutable mutable, Don Juan en los altares. No hay una Sevilla frívola frente a otra a la altura de la historia. No hay más Sevilla que la que arde en cirios de nazarenos, habanos de la Maestranza y candelas del Rocío. De Sevilla, se puede decir lo que del dinero y la buena vida: la hay más barata, pero ya no es vida. Hay más Sevilla, pero ya no es.

–Ese tío no es rociero.

Esa otra Sevilla tendrá que preguntar a su intelectualidad y artisteo de copyright qué hacen por ella. La mayoría, cultivarse a sí misma, como hicieron los Caro, Arguijo, Laffón o Romero Murube. Biblia del Oso, Abate Marchena o Blanco White vienen al pelo para sostener la historia de los heterodoxos sevillanos. Esa propensión al mito y algún arquero fino de Sevilla cautivaron a Jaime Gil de Biedma. Pero del mito al misterio hay mucho trecho y, más aún, hasta la ciudad profunda y esquiva. Como en la máscara de Esopo o en la canción del roquero Silvio, no busquen más, que no hay. Sevilla, belleza hueca como la cabeza del señorito.

La cara popular, y no libresca, del mito se resume en Cernuda: el Sur es una tierra que llora mientras canta (aunque Cernuda se refería a un blues) y en Manuel Machado: cantando la pena, la pena se olvida. Para penar y cantar, el pueblo está doblemente motivado. Por solidaridad con los suyos y por contraste con la vida que se pega el señorito en la ciudad de la gracia.

No menos gracia tienen en Cádiz y ya vieron cómo acabaron con la Pepa de 1812, con ¡Vivan las cadenas! ¡Vivan las cadenas! que hoy expresan clases cautivas del Psoez Estado del Bienestar: pedid y se os dará: más servidumbre y más criados. La Andalucía libre por sí y por la humanidad asoma la patita por la novena provincia andaluza, Cataluña, ¡Vivan las cadenas!

4.
Recuerdo a mis amigos Jiménez Barrientos y Gómez Lara, Jorge y Manolo, empeñados en conciliar las esencias de Sevilla en un proyecto vital y (miedo da decirlo) de izquierdas. Cofradías. Rafael de León. Concha Piquer. Acaso aquel esfuerzo fue comparable al que hicieran ilustres del siglo 18 por aunar patria y progreso sin salir afrancesados en la foto. Bajo el poderoso influjo de Umberto Eco, Apocalípticos e integrados (1964); de la Crónica sentimental de España, de Vázquez Montalbán (1971) y de Isidoro Moreno (1982), con su lectura laica y republicana de la Semana Santa, Jorge y Manolo lo intentaron. Que si la fiesta de la pasión y de los cinco sentidos. Que si la copla como transgresión o escape. A la vista del Giraldillo, que sigue veleteando la herejía, solo nos queda lo que al penúltimo heterodoxo de Ramírez Lozano: caminar por la sombra.

La ludopatía de Sevilla empieza en la Cabalgata y dura de tres a seis meses, Cuaresma y Pentecostés. En ese espacio la Sevilla que puede permitírselo sale de una fiesta y se mete en otra, anda de víspera en víspera, de resaca en resaca, encabalgamiento que ejemplifica el Domingo de Resurrección, ya en la Maestranza. Es ciclo que pasa por el Rocío y se hace verano en Matalascañas con dos citas de cierre y vuelta a la Catedral: Corpus y Virgen de los Reyes (15 de agosto). En ese paquete falta el Carnaval, que huyendo de la ciudad de la gracia se fue hasta Cádiz. Un tiempo hubo carnaval en la Alameda de Ocaña (1947‑83), Nazario y del Teatro Real, pero, tras el sida, derivó en Orgullo Gay agradecido. Y hubo además carnaval no declarado la víspera de la Inmaculada (8 de diciembre), pero en esto llegó Palacio (Arzobispal) y mandó parar. Tampoco ha cuajado la feria de otoño o de San Miguel, cuando Sevilla tira al campo o a la sierra, candelas, setas y castañas. Nota. El señorito sevillano despacha todo el ceremonial casi sin quitarse el traje oscuro de capillita que se puso el Miércoles de Ceniza.

En el tardofranquismo, integrarnos en ese calendario parecía compatible con el cambio que esperábamos. La militancia de la Transición (con tanto cristiano por el socialismo) identificó Reconciliación Nacional con reconciliación con las hermandades y, enseguida, con Felipe González, toda España a bailar por sevillanas, y a la Expo en Ave. En Feria abrieron caseta la Pecera y El Garbanzo Negro, luego vendrían las de distrito. El Cerro del Águila sacó dos hermandades, de penitencia y de gloria al Rocío; también al Rocío, el Polígono Sur. Chavales de barrio, canis vestidos de capillita, cruzaron el Tamarguillo buscando el Centro, engominado y pijo. Parecía que por fin se abría el tarro de las esencias tan celosamente guardadas por la Sevilla de negro y del ABC. Que si quieres. La Sevilla de negro iba a mostrarle a la de colorines quién manda en la Carrera Oficial. Primero, porque la democratización empezaba a ser preocupante y, después, porque la Sevilla católica y mariana iba a acudir con renovado ímpetu de segunda Roma al rescate de Occidente, a contra imagen del Islam, según se entra a mano izquierda con feminismo del 8‑M por sus mujeres tapadas. Con ustedes: ¡Cultura y Civilización!

Nuestro intento (yo me incluyo) se rompió por tres ejes. El eje de las clases sociales, el eje de las creencias (al final, Dios distingue a sus fieles, de entre curiosos, laicos, guiris y diletantes) y el eje de la antigüedad, que en Sevilla es más que un grado. Faltando el eje de las ideas, no pudo ser, no pudo ser.

Abril sigue haciendo florecer a las lilas y, sobre todo, a los lilas. Temo a la fiesta según Sevilla porque es la temporada del confort.

Daniel Lebrato, para TeVeo ©

[1] Isidoro Moreno Navarro: La Semana Santa de Sevilla. Conformación, Mixtificación y Significaciones. 1982.

[2] Jorge Jiménez Barrientos y Manuel José Gómez Lara: Semana Santa en Sevilla. 1992.


COPLAS POR SEMANA SANTA.

Resucitado

COPLAS POR SEMANA SANTA
en campaña electoral ([1])

1.
La Borriquita le llaman
a quien ni pone ni quita
la democracia, esto es:
yo voto, yo, no el Procés.

2.
Yo voto, yo, no el Procés,
que es de derechas, yo izquierda.
¿Presos políticos? No. Po-
líticos presos, joder.

3.
Lo de Jesús ante Anás,
Caifás o Poncio Pilatos,
son pasos “de tribunal”;
lo del Procés, lavamanos. [2]

4.
–¿Qué preso queréis que os suelte?, [3]
¿a Bienestar o a Procés?
–¡A Bienestar, Bienestar!
Procés, a la cruz con él. [4]

5.
¡Votadnos, por Dios, votadnos!
a Izquierda Unida Podemos,
o al Psoe que está en los cielos:
¡Votadnos, por Dios, votadnos!

6.
¡Que está en peligro la España

del bienestar conseguido!
(El cuenta burros ve cuatro.
Con el que él monta son cinco.) [5]

7.
Al malo de la película
–quien no pensaba votar–,
por su abstención llaman Judas,
a falta de Barrabás.

8.
Después de tanto milagro
(salarios dignos, pensiones),
agonizó: –¡Progre!, ¡Progre!,
¿por qué me has abandonado? [6]

9.
–Resucitó. Aquí no está
cadáver ni quien lo dijo.
–Esto va a ser que el muy hijo
de puta ha vuelto a ganar. [7]

10.
Cuarenta días, Cuaresma;
cincuenta, Pentecostés;
ya está el Rocío en la Aldea:
Adviento y vuelta al Belén.


[1] España, Elecciones Generales, 28 de abril de 2019. En las noticias coincidió Semana Santa con campaña electoral y Juicio al Procés.

[2] Otra versión: lavaplatos. Inhibición de la izquierda ante el Procés.

[3] Mateo 27:17

[4] Otra versión: que es quien nos da de comer.

[5] Sobre la fábula del hombre que tenía doce burros y al recuento olvidó el que él montaba y contó solo once alarmado porque le faltaba uno. Lógicamente, el burro era él.

[6] Padre, Padre, ¿por qué me has abandonado? (Mateo 27:47).

[7] El hijoputa debe de ser la derecha, que la izquierda daba por muerta.


 

policía.

Lío nazareno RAFAEL_IGLESIAS

Desde los sucesos que perturbaron la madrugá del año 2000, la Semana Santa de Sevilla (y otras partes) se apunta a más de lo mismo: a que haya mucha, mucha, policía. La palabra policía (del griego organización política, gobierno) designa tanto (1) cuerpo encargado de velar por el mantenimiento del orden público y la seguridad ciudadana, como (2) buen orden que se observa y guarda en las ciudades. O sea, que policías hay tres: la que sale de uno, como educación cívica; la escrita en ordenanzas que se cumplen y la impuesta uniformada: Local, Nacional o Guardia Civil. La diferencia es: cuerpos y fuerzas de seguridad cuestan una pasta y, encima, no aportan al pib absolutamente nada: ni bienes de consumo ni valores de cambio (como sería el caso de la industria de armamento, que sí produce beneficios a través de la exportación).

Entre campañas contra el acoso y maltrato (principalmente a las mujeres) y macabras noticias de sucesos, la tendencia en los últimos telediarios es a reforzar y reforzar seguridad y vigilancia, que habrá que preguntarse quién las paga. Si en lo que pasa en la calle un día cualquiera hay mucho de impredecible, no así en el caso de espectáculos previstos como partidos de fútbol o procesiones de Semana Santa. Y ahí los gastos de policía que los paguen de su bolsillo convocantes y beneficiarios: clubs de fútbol y afición; cofradías y público cofrade. Pero dejen ya de pedir más y más policía (que son también prohibiciones de aquí no se puede estar o por aquí no se puede pasar), que hay mucha Sevilla que pasa de procesiones y hay quien se va al campo o a la playa, donde también hace falta mucha, mucha, policía.

¡Ah!, y a la vuelta, que no nos encontremos la ciudad hecha una mierda llena de cera y peligro para caminantes, motos y bicicletas. Quien manche, que limpie y deje la ciudad como estaba. Bastante hace la ciudad, que cede sus espacios. Y, si no, ya saben: procesiones en carrera oficial por el Estadio de la Cartuja, pasando por caja igual, igual que pasa por caja la afición del Betis o del Sevilla.


 

la guardia del Señor, por El Fiscal.

Nazareno con rifle

Rafael Duque del Castillo, entonces oficial de la junta de gobierno del Gran Poder, tuvo la idea de proteger la cabeza del cortejo, blindarla de alguna manera, consciente de que los primeros tramos son los que sufren mayor riesgo al asumir la función de abrir paso. Reclutó entonces a los hermanos Lacave, caracterizados, entre otras virtudes, por ser fuertes y corpulentos. Se dijo entonces que entre los primeros Lacave sumaban 300 kilos de peso y una altura de 5,64 metros. Entre sus primeras funciones estaba la de facilitar la llegada de la cruz de guía a la Campana, pues el gamberrismo amenazaba el paso de la cofradía por la Plaza del Duque. Si se fijan, los puntos negros de hace varias décadas siguen siendo hoy los mismos. Aquella hermandad se inventó su propia guardia suiza, que tenía un efecto eminentemente disuasorio, como no podía ser de otra manera. Y así sigue siendo hasta hoy. Continúa en: El Fiscal » Archivo » La guardia del Señor.

Nazareno con rifle 2

La ley seca para moros y cristianos, por Rafa Iglesias.

Rafa Iglesias enjoy nazareno con rifle

Más le valdría a estos letrados, no instigar esa teoría de la conspiración e indagar sobre si está en derecho la intromisión que suponen medidas tan extremas -pues extremistas son entre otras múltiples restricciones futuribles‑ como que los bares no sirvan alcohol en la madrugá. A nadie. Seas creyente o no. Una opresiva injerencia de lo religioso en lo civil, salvando las distancias, comparable a las de Estado Islámico en sus feudos. La ley seca, para moros y cristianos. Ya ven. Para sufrir el fundamentalismo de la fe, hasta en un Estado supuestamente laico, no hay que ir lejos. Las creencias toman, literalmente, las calles de Sevilla. ¿Podríamos llamarlo KLERO BARROKA? Parafraseando a Goya: los sueños de la religión producen monstruos. Rafa Iglesias, en respuesta a Diario de Sevilla: Cuatro bufetes representan a 40 afectados por los incidentes de la Madrugada.

Rafa Iglesias cabeceraDiarioDeCebolla

Fiestas de Primavera

Comunico a ustedes que Rafa Iglesias y Daniel Lebrato (TeVeo y eLTeNDeDeRo) andamos proponiendo a opinión pública y Ayuntamiento de Sevilla ‑tenemos solicitada audiencia con el alcalde Juan Espadas‑ la reducción de la Semana Santa (SSS) al multitudinario espacio, íntimo y seguro, del Estadio de la Cartuja, libre al fin la ciudad de las dudas sobre quién es quién, qué hace ése ahí, quién grita o pega una carrerita y libre ‑el espectáculo‑ de ¿quién lo organiza?, ¿quién lo disfruta? y ¿quién lo paga? (También, por supuesto, de quién rompe la compostura y merece la expulsión.)

Luego vendrá la Feria de Sevilla sin casetas particulares, abiertas al público como se hace en otras ferias, con caballos y charrés de uso rotatorio, compartido y para todos, integrados en el transporte urbano (Tussam) y una plaza de la Maestranza ya sin sangre.

Lean, si les parece, el breve a qué juegan los cristianos. Tres minutos de lucidez. Se admiten ideas y opiniones.


Rafa Iglesias 25años_SIN_curro

¿a qué juegan los cristianos? (1)

Dios es eterno, quién lo duda, pero la Iglesia es temporal y los creyentes, ellos y ellas, ciudadanos como los demás.[1] Y ahí el capillita que ve normal pagar por ver jugar a su Betis o a su Sevilla, quiere ver gratis la procesión de su Esperanza o su Gran Poder. Mañana hablaremos de los cristianos antes y después de la alianza de civilizaciones; título, el de civilización o cultura, que les viene fetén. [2]

[1] Vean la que están liando por cuatro incidentes en la madrugá de este año; incidentes que Consejo de hermandades, hermandades e instituciones afines ‑desde la prensa al Ayuntamiento‑ quieren pasar por sucesos gravísimos que atentaron contra tal o cual, sagrado para la ciudad entera, y la ristra de pamplinas que se están oyendo o proponiendo: que si las pruebas de alcoholemia, que si prohibir las sillitas, ¿a dónde quieran llegar quienes se creen que Sevilla es suya?

[2] eLTeNDeDeRo 30/09/2015 Polémica de Daniel Lebrato con Jesús Cotta (o al revés).

eLTeNDeDeRo y la Semana Santa

Así habría que hacer con el Consejo de Hermandades: “ustedes organizan, ustedes se hacen cargo” y la ciudad ahí no entra más de lo que por ley entraría en cualquier otro evento.

El Consejo de Hermandades, sociedad recreativa.

Ante la continuidad de versiones y opiniones sobre los sucesos de la pasada Semana Santa y sobre las medidas que se podrían tomar, sálganse, sus señorías, del cuadro y lo verán todo más claro. A 25 años de la Expo, es lo que se pediría a cualquier pasacalle, circo, carrera, desfile o Disneylandia que viniera a la ciudad.

Sevilla, ciudad de todos

Sevilla es la ciudad de todos, feriantes y no feriantes, de semana santa y de no semana santa, y a todos tiene que contemplar y contentar el Ayuntamiento, cuya obligación ‑antes que señalar u organizar las fiestas mayores‑[1] es velar por la conservación en convivencia y orden de toda la ciudad, no la ciudad de un sector ni de un grupo.

El Consejo de Hermandades© debe tratarse a igual nivel que una productora, promotora u organizadora de eventos. Un año y otro presentará un proyecto de viabilidad para un evento llamado “Semana Santa en Sevilla”. De acuerdo con la ley de espectáculos y del derecho a manifestación, ese proyecto incluirá fechas, horarios y sitios, montaje y desmontaje, limpieza, seguridad y protección civil a participantes y público, más seguros, fianzas, impuestos, etcétera. Aprobado el proyecto, las procesiones saldrán  en las condiciones pactadas, comprometiéndose Consejo y hermandades a dejar la ciudad tal como estaba.

En caso de incumplimientos o desavenencias, Ayuntamiento y Consejo se someterán al arbitraje de los tribunales ordinarios.

[1] Semana Santa, Feria, Corpus y Toros.

la lengua de las fiestas populares.

El titular dice: Incidentes en la madrugada de la Semana Santa de Sevilla (pueden leerlo aquí). La cuestión en todas partes es la misma: orden desorden que traen las fiestas, quién paga y quién se beneficia y el papel de instituciones estatales o municipales ante las entidades promotoras, en este caso, la Iglesia. Desde el Estado y Ayuntamientos, el póker que se maneja es patrimonio artístico, cultura popular, costumbre que hay que seguir y tradición que no se puede cambiar. Con esos mimbres justifican el apoyo o la subvención a eventos que podrían ser privados o privatizados. Vayamos, profesores, por partes populares [cultura y popular en el DLE].

Lola Flores o Rocío Jurado fueron [sentidas como] patrimonio de España. Ninguna recibió ayuda del Estado. Lola Flores tuvo problemas con Hacienda. [patrimonio en el DLE]

Costumbre en España es la siesta o los viernes por la noche juntarse matrimonios para cenar, fuera o en casa, y jóvenes, en botellón. Nada de eso está subvencionado. [costumbre en el DLE]

Tradición es embuchar la matanza, hacer conservas, celebrar las bodas, vendimiar y fermentar la uva y brindar con vino. Y cada uno se paga sus copas. [tradición en el DLE]

Y en cuanto al arte, ni el de la Semana Santa de Sevilla es tanto como se dice ni debería escapar a leyes de conservación del patrimonio ¿del Estado? Estamos hablando de imágenes y enseres que, cuando quieren, son de las hermandades (para sacar en procesión: ¿se imaginan el Guernica a la intemperie?) y, cuando les interesa, son del Estado: llegada la hora de la carísima restauración del crucificado aquel. [arte y artesanía en el DLE]

Pasión y lágrimas se dan ante un concierto de David Bisbal o Enrique Iglesias. Sus fans hacen largas colas para conseguir la entrada. Lloran con su ídolo, alta emoción e histeria. [afición, devoción y pasión en el DLE]

De la fiesta, mejor no habar. Vergüenza debería dar a la Iglesia hacer fiesta del dolor y muerte de su líder. Es aberración que el propio cristianismo, de base y protestante, discute. En todo caso, el Estado (tanto si quiere ser aconfesional o laico como si quiere equidistar de las tres culturas, de las tres religiones) ¿qué pinta ahí? [fiesta en el DLE]

Pueden contar su caso o el caso que conozcan a eLTeNDeDeRo. Haremos un mapamundi de las intromisiones de la Iglesia en nuestras vidas y en nuestra lengua con la complicidad de los poderes públicos y con nuestro dinero como contribuyentes.

–enlace a Semana Santa, el espectáculo de la civilización.


separación Sevilla Consejo de Hermandades.

incidentes en la madrugá de Sevilla
EL CONSEJO PIDE
MÁXIMAS PENAS CONTRA LOS RESPONSABLES
DE LOS SUCESOS DE LA MADRUGADA
Solicitamos que sobre los culpables
caiga todo el peso de la ley

Autocrítico, el Consejo exige que la justicia actúe con dureza contra sí mismo (en tanto “órgano referido de modo casi exclusivo a la regulación de las estaciones penitencia”), contra la Delegación del Gobierno y contra el Ayuntamiento, que es quien otorga a la Semana Santa el privilegio y trato de fiesta mayor de Sevilla.

La posición del Consejo es idéntica a la de la Liga y la de las hermandades, a clubs de fútbol que asumen el comportamiento de su hinchada. ¿Que en la madrugá 2017 se han mezclado hinchas indeseables? Nada que libre a las directivas o juntas de hermandad de su responsabilidad civil y nada que tenga que modificar la vida de quienes no participan en la fiesta. Prohibir alcohol en los bares esos días, qué pasada.

Otro día hablamos de cómo el Ayuntamiento tendría que disolver la sociedad que mantiene con el Consejo de Hermandades y tratar al Consejo como una empresa particular que organiza eventos, uno de los cuales se llama Semana Santa de Sevilla, evento que (igual que un clásico Madrid‑Barcelona se va jugar en Miami) podría girar a distintas fechas por toda la geografía turística mundial. ¿Se imaginan la Semana Santa de Sevilla en Detroit o en Roma en pleno agosto? Un pelotazo, tío.


fiesta, patrimonio, cultura, costumbre, tradición, arte y devoción en la Semana Santa española.

Rafa Iglesias marchas-procesionales

La idea del artículo Semana Santa, el espectáculo de la civilización, publicado ayer, es simple: hay que denunciar, en el sentido jurídico de la palabra, el Concordato de España con la Santa Sede, de 1979, y la Alianza de civilizaciones, de 2007. Y las procesiones, cumplir el reglamento de espectáculos ejerciendo el derecho de manifestación. Tal cambio de enfoque y tratamiento ‑nada ofensivo con la fe o las creencias del personal‑ está al alcance de generaciones que han visto cambiar el mundo, aunque solo sea la caída del Muro de Berlín y el hundimiento de las Torres Gemelas (el del franquismo, que nos habían dicho en 1975‑78, está por ver).

Las objeciones al artículo alegan el patrimonio, la cultura, la costumbre, la tradición, el arte o la devoción popular que encierra y cabe en la Semana Santa, lo que en conjunto justificaría la subvención por parte del Estado y Ayuntamientos y, no digamos, del Estado del Bienestar, en pro de las fiestas populares. Vamos por partes populares:

Lola Flores o Rocío Jurado fueron [sentidas como] patrimonio de España. Ninguna recibió ayuda del Estado. Lola Flores tuvo problemas con Hacienda.

Costumbre en España es la siesta o los viernes por la noche juntarse matrimonios para cenar, fuera o en casa, y jóvenes en botellón. Nada de eso está subvencionado.

Tradición es embuchar la matanza, hacer conservas, celebrar las bodas, vendimiar y fermentar la uva y brindar con vino. Y cada uno se paga sus copas.

Y en cuanto al arte, ni el de la SS es tanto como se dice ni ‑cuando lo es‑ debía escapar a la ley de conservación del patrimonio del Estado, imágenes y enseres que cuando quieren son de las hermandades (para sacarlo en procesión: ¿se imaginan el Guernica a la intemperie?) y cuando quieren son del Estado ‑llegada la hora de la restauración del crucificado aquel.

Devoción y lágrimas se dan ante un concierto de David Bisbal o Enrique Iglesias. Sus fans hacen largas colas para conseguir la entrada. Lloran con su ídolo, alta emoción e histeria.

De la fiesta, mejor no habar. Vergüenza o pudor debiera dar a la Iglesia hacer fiesta del dolor y muerte de su líder. Es aberración que el propio cristianismo, de base y protestante, discute. Otra sustancia, festiva, tendría celebrar la Resurrección. Pero el Estado ‑tanto si quiere ser aconfesional o laico como si quiere equidistar de las tres culturas, de las tres religiones‑, ¿qué pinta ahí?


Semana Santa, el espectáculo de la civilización.

madrugá por Rafa Iglesias

¡La madrugá es las Torres Gemelas de Sevilla!
Pasamos de la papeleta de sitio al estado de sitio.
(Rafa Iglesias)

 

Las religiones, una de tres, o se reparten el mapamundi, o se reparten las ciudades (una, al centro y, las demás, a guetos o extrarradio) o se lían a palos, que es por donde va el yihadismo. Lo que la historia no conoce es la coexistencia pacífica de distintas confesiones sometidas todas al poder civil.[1]

Tesis de tres huevos

Franco puso la Ley de libertad religiosa (1967)[2], la Ucd (derecha previa al PP) puso el Concordato con la Santa Sede (1979) y el Psoe puso la Alianza de civilizaciones (2007). Total, las religiones palante y el laicismo patrás. Concejalías de cultura y fiestas mayores pusieron el resto: el turismo religioso como potenciador del pib y para crear empleo y combatir el paro. Camino de Santiago, Rocío o Semana Santa se consagraron como distintivos de la marca España. Que haya algún crimen en el Camino, ciertos abusos en la Aldea o desórdenes por Semana Santa, también los hay en el fútbol: efectos secundarios de fenómenos de masas. Más policía, entonces, más cámaras de vigilancia, más medidas de acceso y seguridad.[3]

Antítesis con incidentes callejeros

Recuerde el alma dormida que las procesiones invaden la ciudad, no la ciudad las procesiones, y que los actos incívicos, vandálicos o incluso terroristas son de justicia ordinaria; no, que algún capillita querría imponer el ‘estado de Semana Santa’ semejante al estado de excepción o de guerra. Dicho lo cual, la degradación o pérdida del público ‘de calidad’ es normal cuando la calidad se subordina a la cantidad, más público forastero, que es lo que buscan cofradías, Ayuntamientos y medios propagandísticos.

Síntesis con separación Iglesia Estado

Aplicando legislación, las hermandades tendrían que cumplir el Reglamento de espectáculos públicos y pasar por la Ley orgánica de reunión y manifestación.[4] Y sin subvenciones. Las procesiones desfilarían como iniciativas privadas acogiéndose a su libertad de manifestación (derecho al que no podrían acogerse otras confesiones religiosas, siendo la católica la única que puede alegar, entre nosotros, cultura, costumbre o tradición). Y, siempre, con tal de que dejen la ciudad como estaba, ni rastro de cera. Y lo mismo vale para el público asistente: como si se le cobra una entrada o papeleta de sitio (de pie o con su sillita); como si sacan al cristo con anuncios de Burger King o a la virgen con publicidad de Coca-Cola. Lo que no querrán es que sus emociones particulares las siga pagando yo a través de impuestos; yo, que me vine a la playa huyendo de procesiones y donde también me cobran el iva en el chiringuito.

Colofón

Vargas Llosa se queja de la civilización del espectáculo (bodrio ensayo de 2012). Al revés. ¡Valiente espectáculo está dando la civilización! En vez de quejarnos de las redes sociales como casa tomada, ¿para cuándo las ciudades como espacios protegidos que no pueden perturbar autos de fe, cucusclanes ni clérigos ni legos penitenciales? Donde manda la religión, no duerme nadie.[5]

[1] Tal fue el ideal de la Alianza de civilizaciones: Occidente, cristiano; Oriente, islámico; Israel, ni se discute.

[2] La Ley de 1967 vino con su Registro de entidades religiosas de iglesias, confesiones y comunidades religiosas. La diferencia entre asociaciones y entidades no es menor. asociación (como en ‘asociaciones políticas’, que son los partidos) pone el acento en el componente social. entidad sugiere que un ente existe al margen del factor humano.

[3] Y si, como ha ocurrido este año en Málaga o en Sevilla, tumultos y estampidas o situaciones de pánico se multiplican por Semana Santa, ya verán cómo hay quien patenta semanas santas de riesgo y de ¡pelea, pelea!, mezclas del amigo invisible con San Fermín con tomatinas de agosto con turismo de borrachera y juegos de rol. Juego de rol hubo en Sevilla la madrugá del año 2000, culta y niñata escenificación o performance de Nadie conoce a nadie, novela de Juan Bonilla, un año antes. Puestos a lucubrar, cabe un Camino de Santiago sin señalizar (yincana que el participante tenga que superar) o un rali al Rocío sin caminos ni veredas.

[4] El derecho de manifestación fue solución durante la Segunda República para desfiles religiosos y actos como los funerales. Lo cuenta Juan Cobos Wilkins en su novela Pan y cielo (2015).

[5] Final por Lorca en la Ciudad sin sueño (1929).

Rafa Iglesias marchas-procesionales

Final de Rafa Iglesias: en derecho político, el estado de sitio es un régimen de excepción que debe ser declarado por el poder ejecutivo, en particular por el jefe de Estado, y con la autorización del órgano legislativo correspondiente a ejecutarlo.

conflictos por semana santa.

Ante los incidentes en procesiones de semana santa, eLTeNDeDeRo recuerda que (a) son las procesiones las que invaden la ciudad, no la ciudad las procesiones, y (b) que los actos incívicos lo son al margen ‑y se han de juzgar al margen‑ de cuestiones religiosas. Dicho de otra manera: una pelea es una pelea, una bronca una bronca, y así. Dicho lo cual, (c) la pérdida de información y respeto por parte del público es normal cuando la calidad se sacrifica a la cantidad de gente que atrae el turismo.

Si hubiera una separación Iglesia Estado, (1) las procesiones ya existentes desfilarían acogiéndose al derecho de manifestación al que no podrían acogerse ni hermandades de nueva creación ni otras confesiones religiosas, siendo la católica la única que puede alegar derechos adquiridos, llámenle por cultura, costumbre o tradición. En todo caso: (2) financiación cero cero por parte de administraciones públicas, (3) que seguridad, protección civil, sanidad y limpieza corran por cuenta de las propias hermandades y (4) que dejen la ciudad tal como estaba. Esto incluye el suelo sin cera. (5) Quien pague todo eso no es cuestión que incumba al Estado.


la luna, la semana y la cultura.

Cuando yo era más joven, muchos cerebros universitarios nos iluminaron con luces laicas o antropológicas fenómenos religiosos. Navidad o El Rocío y el culto a Mitra, San Juan y el equinoccio, el Carmen y el agua o Semana Santa y la luna de primavera; todo muy con los ciclos babilónicos, prerromanos o celtas. No os dejéis seducir por semejante bibliografía.

Poneos en el mismo monte Calvario, donde a uno lo van a crucificar. Su delito no es pequeño: dice que es el Mesías, quién se habrá creído. El pueblo es salvajuno. El espectáculo ha de verlo sin armar tumulto y respetando el orden y la autoridad. Un reo amarrado a la cruz podía tardar en morir hasta tres días con sus noches, por eso le añadían torturas como clavos, fractura de piernas, hundimiento de costillas, barbaridades así. La plebe aplaude o vocifera, alguien llora y no quiere verlo, la gente peleando por el mejor sitio, se llevarían el bocadillo o la sillita, cogerían piedras para tirárselas al condenado y hay quien querrá aprovechar la bulla ‑cuchillo entre las ropas- para un ajuste de cuentas con su vecino. Ahora sois Poncio Pilatos, gobernador, están locos estos judíos, pensaríais, a esta gente, lo que le falta es la impunidad de las sombras. El calendario judío (como todos los calendarios) es lunar. ¿Qué día fijaríais la fecha de ejecución? Con luna llena, claro, que le será más fácil a la muchedumbre seguir los detalles -hoy procesionales- de la crucifixión: a fin de cuentas, el castigo quiere ser didáctico: que aprendan en cabeza ajena. Y para la guarnición romana, con luz, más fácil.

Conclusiones. Todavía es más barata la luz natural que la artificial. Todavía siguen países con la pena de muerte (Estados Unidos, uno de ellos). Todavía se permiten espectáculos de sangre (ejecuciones, corridas de toros). Todavía la cultura apuntala la superstición y todavía sirve para que yo, el culto, esté por encima de ti, que no sabes nada. Y también la madrugá se maneja mejor con cuanta más claridad. De hecho, el afán de claridad fue tanto que por algo la autoridad llegó a prohibir los encapuchamientos, que se prestaban a todo tipo de abusos. No es casualidad que una hermandad de nobles como el Silencio fuera la primera ‑y en su día la única‑ en desfilar sus hermanos bajo antifaz: el anonimato a cara tapada permitiría al duque o al marqués mandar a la procesión, en su lugar, a un criado suyo (origen de la expresión: papeleta de sitio) y que el criado se joda penitenciándose en sus carnes como si fuera el marqués. Oh maravilla. Cuánta devoción. Y la última: todavía sigue la Iglesia mandando en nuestras vidas a través del calendario. ¿No dijeron tres culturas? ¿Para cuándo tres calendarios a elegir y que cada persona según su creencia elija el suyo? Y, a los descreídos, que nos dejen en paz las cuatro culturas: la cuarta, y la peor, la del sabio o el concejal que nos vienen con que lo natural y lo cosmológico y lo antropológicamente ancestral es que la fiesta de primavera sea así porque siempre ha sido y será. Menuda luna. Si no hay llena, la inflan.

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Domingo de Resurrección en Sevilla | chapuzas de semana santa (3).

Virgen de la Aurora de Santa Marina Sevilla

Si la semana santa encierra una desconcierto de partida (la de al tercer día resucitó), otras confusiones se dan: entre la semana de los mayores y la de los niños ‑en algunos colegios, no apta para menores‑ y entre darle a pasión lo que es de pasión y gloria a lo que es gloria. En Sevilla, la tendencia es semana santear o poner en pasos dolorosos títulos y devociones que litúrgicamente son de gloria o de adviento, como las vírgenes del Carmen, de la Esperanza, del Rocío o de la O. De estas imágenes, la más anacrónica (aunque disimule sin lágrimas en la cara ni puñal en el pecho) es la virgen de la Aurora. Ella y el Resucitado ‑que pueden ver en la fotoHermandad de la Resurrección 2014 Semana Santa de Sevilla Santa Marina Resucitado Virgen de la Aurora Buiza Dubé de Luque (3) página pasión en la distancia como diciendo ¡aquí estoy, colegas!, o ¡lo conseguí, viejo!‑ debieran desfilar al son de marchas de triunfo y no con cuerpo de nazarenos. Son ganas de penitenciar la victoria de don Carnal sobre doña Cuaresma, quien se creyó muy lista allá por el miércoles de ceniza. A este afán de salirse de fecha lo llaman en Cádiz, por carnaval, hartible o jartible. Mucho jartible a las órdenes del Papa es lo que hay. Pues de Roma vinieron instrucciones de Pablo VI con que había que contrapesar el culto a la muerte magnificando el triunfo de la cruz y de la vida eterna. Aurora y Resucitado se apuntaron. En la Sevilla del rancio Consejo de Hermandades se cuestionaban: ¿Dónde van esos? Resucitado y Aurora divagan por la ciudad de la gracia desde 1982. “La Edad Media”, dirán quienes presumen de que todo en la SSS es de mucho arte y muy antiguo. Domingo de Resurrección en Sevilla. Cuando la vena castiza y señorita se despierta pensando en la Maestranza.

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chapuza.

Si según el calendario cristiano el viernes de esta semana de pasión es Viernes de Dolores, se entiende que la gente menos informada llame ‑como se oye llamar‑ Lunes de Dolores al lunes de pasión que fue ayer. Confusión sin importancia comparada con la que liaron los evangelistas con que “al tercer día resucitó” sin aclarar si el tercer día era “inclusive” o “exclusive”. De donde unas comunidades (mayormente las católicas) celebran la resurrección el domingo de resurrección y otras (mayormente protestantes) la celebran el lunes de pascua. La duda afecta y alcanza hasta los cincuenta días de pentecostés. Y hay Rocíos que celebran su onomástica en lunes (el lunes del Rocío en la Aldea) y otras en domingo. O sea, una chapuza.

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CÓMO ME HICE INTELECTUAL

Woody Allen

CÓMO ME HICE INTELECTUAL

No me refiero aquí al intelectual filósofo, al culpable, al melancólico ni al orgánico o comprometido. Me refiero al intelectual patoso y ligón, reprimido y frustrado a la manera de un seductor Woody Allen paseando por Manhhatan. Sombrero, pajarita, zapatos de salón. Por parecer más alto, encorvé los andares, cargué la chepa y, por dármelas de sabio despistado, adopté el tic de tocarme las gafas para ajustármelas continuamente como quien necesita fijar la vista a dos palmos de sus narices. Imposté la ecolalia en eso de adivinar y anticiparme a las obviedades. Y rematé con la oratoria de interesantes que discurren entre silencios calculados, ruidos guturales ‑¡hum!-, muletillas ‑¿no? o ¿verdad?- o fórmulas como he dicho antes, vuelvo a repetir o si me dejaras acabar. El manual de trato con las mujeres, lo reforcé con un capítulo de Tinta de calamar:

En Sevilla se llama sanjuán o donjuán al varón que acompaña y guía a una señorita (si fuera señora, podría haber problemas con el marido) a imitación del San Juan del paso de virgen de la Amargura. El aspirante debe situarse a la izquierda de la dama y ahuecarse ligeramente de modo que su mano izquierda, con índice o sin índice señalador, vaya marcando el camino, dejando el brazo derecho para darlo como percha o posamano o, si hiciera al caso, echarlo con delicadeza, no como un pulpo, por encima de los hombros de la dama, a la que de esta manera cubrirá y protegerá de peligros cualesquiera o del relente, razón práctica por la cual las mujeres eligen acompañantes de cinco a diez centímetros más altos que ellas. Caso de mediar pipas de girasol, patatas fritas o similares chucherías, las manos izquierdas de ambos paseantes deben servir, la de ella para sostener el cartuchito y la de él para picar de vez en cuando y sin glotonería, mientras se va dando la natural conversación. Efecto secundario de la postura sanjuán es que, con el tiempo, al caballero le queda el hombro derecho como retranqueado y más elevado que el hombro izquierdo, escoliosis característica de varones bien educados. Otro efecto secundario son los ojos abesugados y saltoncillos, de mirar tanto como hay que ver, incluyendo la canal de la dama, o de tanto apostillar lo que ella vaya diciendo con expresiones asombradas de ¡Oh sí!, ¿Qué me estás contando? o No me digas. Se trata de marcar la superioridad intelectual de uno sin que la muchacha se dé por ofendida. Lo escribió Gustavo Adolfo Bécquer: –¿A qué me lo decís? Es tonta de remate, pero ¡es tan hermosa!

Como se ve, y conforme al tópico, no hay coeducación en todo esto. El intelectual es absolutamente macho. O mariquita, entonces, en el sufrido papel del amiguito gay. Las intelectualas, femeninas o marimachas, pedantes y peliagudas, bachilleras o sabias, individuales o por equipos, desde el Corbacho a Molière, desde Sevilla a Nueva York, haberlas, haylas, y mejor dejarlas para otro día. Baste saber que a mi novia le hice ayer tarde el intelectual y que también ella ha decidido mejor dejarme para otro día.


 

LA ANTROPOLOGÍA DE LA CONSERVACIÓN

Fiestas de Primavera

LA ANTROPOLOGÍA DE LA CONSERVACIÓN

Se llama antropología de la conservación a la que contempla un comportamiento, un fenómeno social, y lo viste de ropajes teóricos nuevos para justificar lo que había. El Rocío, la Virgen del Carmen o el Camino de Santiago.

En el caso de Sevilla y sus fiestas, Semana Santa y Feria, esta antropología se acogió al cartel de las llamadas Fiestas de Primavera, editado por el Ayuntamiento de la ciudad desde 1912, que abarca en ‘fiesta’ lo que ‑en puridad‑ sería una representación simbólica tan poco festiva como crucifixión y muerte. Con pretexto de ir de ‘fiesta’, la izquierda de la Transición se dio permiso a sí misma para seguir subvencionando Semana Santa y para que alcaldes y concejales participaran con vara en el cortejo y carrera oficial: todo era muy popular, muy bueno para el turismo y la proyección de la ciudad, como si la Semana Santa fuese una celebración laica, una exaltación pagana de los sentidos, casi un pecado al margen de la Iglesia y del Consejo de Hermandades, cuyas rancias juntas de gobierno seguían siendo un nido de fachas. Pero con la participación del pueblo y con el voto al Psoe, ¡todo iba a cambiar!

Cuarenta años después, nada ha cambiado. Si acaso, a peor bajo los terribles papados de Juan Pablo Segundo y Benedicto Dieciséis. Sin embargo, la antropología interna ‑lejos de hacer autocrítica o análisis de conciencia‑ sigue donde estaba elogiando las virtudes de las hermandades como factor de pertenencia, integración y socialización ‑ahora‑ en tiempos de crisis. Sin procesiones, ¿qué sería del orden social en Sevilla? Poco menos, como justificaron la monarquía, que, sin ella, los españoles nos majaríamos a palos.

Iguales argumentos de socialización se aplican a la Feria de Abril, aquí para defender el derecho a caseta privada y la teoría de la caseta como prolongación de las casas particulares. Con lo cual, el clasismo y el señoritismo de la Feria ni se discuten. Y quien dice Feria, dice las corridas de toros o las comuniones. Conservación, o sea. Y se acabó la conversación.