Etiqueta: Feria de Abril

cierre gubernativo.

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Hoy, 7 de mayo de 2017, no solo sigue habiendo toros en la Maestranza y cacharritos en la Calle del Infierno de Sevilla. Es que el domingo es domingo. ¿O no les suena a sus majestades lo del día del Señor? Si legislar debe tener siempre un sentido positivo ‑de autorizar y dejar hacer más que de prohibir‑, no se entiende este domingo de casetas de Feria cerradas por orden gubernativa. Al Ayuntamiento y pueblo de Sevilla ¿qué más les da? Lo que es falso es la “Feria 2017 de dos fines de semana”. Dos es dos. Y, puestos a hablar de legislado y legislación, habrá que ver si se están pagando como horas extras las de desmontaje y limpieza en día festivo. O todo o nada.

Feria de Abril, de diez días.

El argumento que dice más días de Feria no, que no los soportarían ni el cuerpo ni la cartera, tiene este otro: ¿quién le manda a usted ir, señor o señora mía? ¡Ni que ir a la Feria fuese una obligación! En realidad lo es: feria de vanidades empezando por tener caseta y desde el pescaíto hasta los fuegos artificiales.[1]

Vamos a imaginar que la Feria, como parque temático, adopta las fechas de una feria permanente (abierta, supongamos, de abril a octubre). La Feria estaría ahí como estuvo la Expo o como están otros parques temáticos y quien puede ir va y quien no puede o no quiere ir no va, ¿cuál sería el problema?

Entre un extremo y otro está la virtud: el modelo de fiestas de diez días, los que van de un viernes por la noche al segundo domingo por la tarde noche, modelo que siguen el Carnaval de Cádiz o las Cruces de Lebrija: dos fines de semana (seis días) muy potentes, festivos de por sí para una mayoría en situación de trabajar, y cuatro días laborables menos potentes, de lunes a jueves, cuando la fiesta se mantiene a otro ritmo. No, que ahora, al echar el cierre en sábado por la noche, queda un fin de semana engollipado y absurdo. Mañana, media ciudad jodida desmontando en domingo (se supone se pagan las horas extra) y media ciudad jodida a ver dónde nos reunimos o dónde comemos hoy, la familia, cuando en la caseta hay de todo y estábamos tan a gusto. No tiene sentido.

El alumbrao sería un viernes a las 24 horas. El pescaíto, esa noche o la noche siguiente, del sábado. Y los fuegos, tal como este año, el segundo sábado a las 24. El desmontaje de la parte pública y notoria (municipal, vaya) se haría el lunes siguiente al domingo de cierre, día laboral donde los haya. Patronal y sindicatos no tendrían nada que objetar.

[1] Desde 1847, primer año de Feria, a 1864, diecisiete años estuvo la Feria sin fuegos artificiales. Y las primeras fechas de la entonces feria agrícola y ganadera fueron los días lunes, martes y miércoles de Semana Santa, que entonces empezaba en Jueves Santo (de lunes a miércoles no procesionaban cofradías).

Fiestas de Primavera

Comunico a ustedes que Rafa Iglesias y Daniel Lebrato (TeVeo y eLTeNDeDeRo) andamos proponiendo a opinión pública y Ayuntamiento de Sevilla ‑tenemos solicitada audiencia con el alcalde Juan Espadas‑ la reducción de la Semana Santa (SSS) al multitudinario espacio, íntimo y seguro, del Estadio de la Cartuja, libre al fin la ciudad de las dudas sobre quién es quién, qué hace ése ahí, quién grita o pega una carrerita y libre ‑el espectáculo‑ de ¿quién lo organiza?, ¿quién lo disfruta? y ¿quién lo paga? (También, por supuesto, de quién rompe la compostura y merece la expulsión.)

Luego vendrá la Feria de Sevilla sin casetas particulares, abiertas al público como se hace en otras ferias, con caballos y charrés de uso rotatorio, compartido y para todos, integrados en el transporte urbano (Tussam) y una plaza de la Maestranza ya sin sangre.

Lean, si les parece, el breve a qué juegan los cristianos. Tres minutos de lucidez. Se admiten ideas y opiniones.


Rafa Iglesias 25años_SIN_curro

referéndums

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REFERÉNDUMS

El Ayuntamiento de Sevilla (Psoe) está en proceso de participación para decidir las fechas de la Feria de Abril (Decide Sevilla). Afín al PP, el diario ABC ha dado, cancha, entre otros a Alberto García Reyes, quien sostiene que ‑antes que por la Feria‑ habría que preguntar (1º) por completar el metro; (2º) por el monopolio de taxistas y navajeros[1] en el aeropuerto (?); (3º) por el uso de las antiguas fábricas de Tabacos, de Artillería y Atarazanas o (4º) por las obras de la Se-40, porque Sevilla está cansada del sambenito de la ociosidad cuando trabajamos como animales y tenemos a algunos de los mejores del arte, del emprendimiento, de la ciencia o del deporte, que demuestran la fortaleza histórica de nuestra economía y una gran masa crítica que, a pesar de la indolencia intrínseca de la ciudad, se deja el alma por una Sevilla moderna.

Leído lo cual, presumir de lo que trabaja uno es propio de pringaos, pelotas del jefe o escaqueados de los de dime de qué presumes etcétera. El primer regalo que se da a sí mismo quien puede dárselo es no trabajar y por eso preferimos los viernes al lunes, los puentes a los fines de semana, las vacaciones a las fiestas, y prejubilarnos antes que jubilarnos, nos ha jodido.

En cuanto a referendos, vamos a las recientes consultas en Grecia o en Reino Unido; uno, que preguntó lo que no se pregunta (¿quiere usted ajustes y recortes?) y, otro, un brexit que escondía mucho de brentry, según arrepentidos al día siguiente. Inglaterra y Grecia han jugando con la regla de oro del refrendo[2]: que se convoca para ganarlo o, si se pierde, que no haga caer del poder a quien lo convoca. De este género es el refrendo que dará paz a Colombia, refrendo del que ya podría aprender la mentalidad de la política española siempre lamiéndole las heridas a Víctimas. ¿Tendrán muertes detrás las FARC[3]? Otros son los refrendos convocados por voluntad popular. El refrendo en Cataluña sería de ese tipo, no porque Artur Mas, Carles Puigdemont o la Generalitat no sean poder, sino por estar por debajo del poder central del Estado español. Como es iniciativa popular el refrendo revocatorio con que la derecha en Venezuela quiere echar al presidente Maduro[4]. Quienes desde la democrática España critican la dictadura venezolana, ya quisieran que la Constitución Española contemplara el revocatorio. Al principio de la crisis (2007) un revocatorio hubiera echado al presidente Zapatero y no hubiera habido recortes. Por no hablar de Rajoy. Ninguno de los dos sacó nunca el 50 por ciento de votos. Un refrendo a cara o cruz lo hubieran perdido como perdió en Grecia el plan de ajustes[5].

El refrendo de Sevilla es amable, no va contra nada (no va a dividir a la población), y es creíble: lo que salga se podrá cumplir. En una España que ha decidido vivir del turismo y de las fiestas es tontería mezclar si somos más cigarras que hormigas. Quien tiene una fiesta tiene un tesoro, y ahí están las chorradas que se inventan pueblos y ciudades por marcar fiestas de tradición patrimonio inmaterial y de interés turístico nacional e internacional. Críticas, la Feria de Sevilla tiene muchas[6]. Pero esta vez, PP y ABC, ¿a ustedes, qué más les da? Quien algo se juega entre lunes o sábado de pescaíto es quien depende de un calendario laboral, quienes vienen de fuera y quienes hacen la Feria trabajando como animales: obras y servicios que generan más del 3% del Pib de Sevilla capital. ¿Qué pecho saca Sevilla esta vez, señor Alberto G.R.? ¿Sacamos la fortaleza histórica de nuestra economía o nuestra indolencia intrínseca? Pregúnteles a señoritos y altos casetatenientes, que esos sí que se pasan todos los días del año tocándose el pib y tocándonos las pivotas.

[1] Las cursivas son de eLTeNDeDeRo.

[2] Entre referéndum y referendos o referenda, preferible referendo, referendos o, mejor aún, refrendo y refrendos.

[3] 5,7 millones de víctimas de desplazamiento forzado, 220 mil muertos, más de 25 mil desaparecidos y casi 30 mil secuestros. Al lado de esas cifras, las de ETA son pudorosas; también comparadas con el IRA en Irlanda. No se trata de ver quién mató más. Se trata de mirar. Colombia palante, España patrás.

[4] El revocatorio prospera si: un 20% de electores lo solicita (mediante recogida de firmas) y más del 25 participa; que el Sí gane al No y alcance en total un número de votos superior al obtenido en su día por el cargo elegido y sometido a revocatorio.

[5] Que la Troika dejara sin efecto el refrendo en Grecia no modifica lo que Grecia votó el 5 de julio de 2015.

[6] La fiesta según Sevilla.


LA ANTROPOLOGÍA DE LA CONSERVACIÓN

Fiestas de Primavera

LA ANTROPOLOGÍA DE LA CONSERVACIÓN

Se llama antropología de la conservación a la que contempla un comportamiento, un fenómeno social, y lo viste de ropajes teóricos nuevos para justificar lo que había. El Rocío, la Virgen del Carmen o el Camino de Santiago.

En el caso de Sevilla y sus fiestas, Semana Santa y Feria, esta antropología se acogió al cartel de las llamadas Fiestas de Primavera, editado por el Ayuntamiento de la ciudad desde 1912, que abarca en ‘fiesta’ lo que ‑en puridad‑ sería una representación simbólica tan poco festiva como crucifixión y muerte. Con pretexto de ir de ‘fiesta’, la izquierda de la Transición se dio permiso a sí misma para seguir subvencionando Semana Santa y para que alcaldes y concejales participaran con vara en el cortejo y carrera oficial: todo era muy popular, muy bueno para el turismo y la proyección de la ciudad, como si la Semana Santa fuese una celebración laica, una exaltación pagana de los sentidos, casi un pecado al margen de la Iglesia y del Consejo de Hermandades, cuyas rancias juntas de gobierno seguían siendo un nido de fachas. Pero con la participación del pueblo y con el voto al Psoe, ¡todo iba a cambiar!

Cuarenta años después, nada ha cambiado. Si acaso, a peor bajo los terribles papados de Juan Pablo Segundo y Benedicto Dieciséis. Sin embargo, la antropología interna ‑lejos de hacer autocrítica o análisis de conciencia‑ sigue donde estaba elogiando las virtudes de las hermandades como factor de pertenencia, integración y socialización ‑ahora‑ en tiempos de crisis. Sin procesiones, ¿qué sería del orden social en Sevilla? Poco menos, como justificaron la monarquía, que, sin ella, los españoles nos majaríamos a palos.

Iguales argumentos de socialización se aplican a la Feria de Abril, aquí para defender el derecho a caseta privada y la teoría de la caseta como prolongación de las casas particulares. Con lo cual, el clasismo y el señoritismo de la Feria ni se discuten. Y quien dice Feria, dice las corridas de toros o las comuniones. Conservación, o sea. Y se acabó la conversación.