Etiqueta: Feria de Abril

las sevillanas, esta es la historia.

Filo de la Fuente & Daniel Lebrato Feria de Abril 2003

En casa sonaban marchas procesionales según la Orquesta Sinfónica de Sevilla, dirigida para la ocasión por Vjekoslav Sutej, o según la Banda Municipal con Esta es la historia, recuperación de marchas antiguas obra de Francisco Javier Gutiérrez. El caso es que mi amigo el melómano dudaba que estuviéramos oyendo música de Semana Santa. No le faltaba razón. Las agrupaciones musicales que procesionan cargan viento y percusión. Orquesta y Banda incorporaban violines, contrabajo, piano y hasta coros.

Lo mismo podría decirse del género sevillanas: es sevillana lo que se realiza como sevillana, se use o no en Feria o Rocío. Vender la sevillana como palo flamenco, o gitano andaluz, es atrevido. La sevillana es folclore que viene de Castilla [1]. Esta es su historia:

En el camino hacia el sur, la jota troncal, que se baila a saltos y culmina de espaldas, se edulcoró y pisó el suelo, y se hizo galante. Por Castilla, jota y seguidilla y, por Sevilla, sevillanas, en plural: ya son cuatro. Cada sevillana se remata: ella, hacia atrás con los brazos muy abiertos; él, que la recoge. Por amor al abrazo, prescindió de los palillos [2]. [3]

En el camino al Rocío (sin tablao y con polvo de las arenas) la sevillana se ralentiza y culmina la sexualización que inició en los tablaos de Feria [4]. Hasta que esa sevillana lenta y sola (la primera de las cuatro, aunque no siempre) prescinde del baile y se hace honda o saeta cuando se canta en ronda ante la hoguera o se le reza a un simpecao.

Mis Sevillanas, esta es la historia es antología personal y suma de raras o escondidas, difíciles de escuchar en los circuitos habituales. Luego están las que se dicen sevillanas porque artista o intérprete lo dice. No he hecho más que teclear en buscadores “sevillanas”, y ver qué sale. Esta es la historia:

Página de la Junta de Andalucía sobre la sevillana

Sevillanas Selección de Daniel Lebrato (lista en Spotify) [5]

[1] Pues ¿quién, sin garganta honda, se arrancaría por sevillanas?

[2] Las castañuelas quedaron para las boleras, ajotadas y de salón.

[3] Al margen de la línea Sevilla-El Rocío, quedan las corraleras de Lebrija, en cuanto llega mayo. Con los avíos de casa y con lo que sobró de navidad, se monta el jaleo: la pandereta, el almirez, los cubiertos y la botella de anís del Mono:

–Maridos y guitarras -dirían las abuelas-, ¿para qué os queremos?

[4]a) En las casetas, las mujeres llevan la voz cantante: ellas se saben las letras y jalean sin parar y bailan hasta reventar, pero la guitarrita la toca un varón. Una mujer despacha mil sevillanas sin importarle la cuenta; hay varones que se echan una sevillana y ya se creen, vanidosos, que han partido el tablao, y algunos hasta bailan su sevillana ¡dando pases de capote a la mujer! 4b) El modo de comportarse en las casetas reproduce el de los bares: las mujeres, sentadas, y, en la trastienda, lo masculino varón es el lenguaje de esta ronda es mía. Esta fobia social a ir a escote o a echar cuentas debe venir de antiguas costumbres tocadas por la esplendidez del señorito. Pero todo es relativo y en el redondeo se espera que todos saquen la cartera por igual. En Feria las rondas no se pagan en euros sino en casetas: yo te invito en mi caseta porque tú me invitas en la tuya. Puede ser algo que descoloque al sin caseta.

[5] [eLTeNDeDeRo] (1) La Feria de sábado a sábado (2) Feria y libertad (3) La fiesta según Sevilla (4) De la fiesta según Sevilla, a la fiesta según el Vaticano.


/ a Filo de la Fuente /


Mahoma y la Feria.

 

Si todo fuera normal, hoy sábado sería último día de Feria de Sevilla. Tanto que la ciudad presume de lo universal de sus fiestas, manda faroles que mañana domingo el real se desmonte y que ir a la caseta nos esté ya prohibido. [1]

La prevalencia del sábado en días de Feria (de un sábado de Alumbrao y de Pescaíto, hasta un sábado de cierre y fuegos artificiales) no responde a lógica ninguna, ni laboral ni festiva ni festera, y solo se explica por voluntad mandona y autoritaria de un Ayuntamiento que bajo el anuncio de una ampliación a dos fines de semana (¿?) más un día laboral festivo entre semana, sedujo a una ciudadanía bien dispuesta a todo (consulta ciudadana, septiembre 2016).

A este descosido cronológico hay que sumarle el general despropósito que supone mantener la localización de la Feria en un solo sitio (el real de la Feria) cuando ni la ciudad ni sus motivos y condiciones son los mismos que cuando empezó la feria de ganado allá por 1846.

Como pueden ver en la página Moovit transporte público de Sevilla o en el primer Google Maps, el tiempo medio o la media de tiempo que tarda una persona, una familia o un grupo en llegar a la Feria es la ostia. Ubicada en un extremo de la ciudad, la Feria pilla lejos, lejísimos (tiempo en ida y vuelta) para el acceso desde Sevilla Este, Parque Alcosa o Pino Montano, por citar barrios de demografía en alza y cuerpos en forma para pasárselo en grande.

La primera Feria tenía un sustento de clase, una base social que ya no son las mismas clases. Antes, el señorito iba a la Feria en carruaje (coche propio o de punto). Si había que ir hasta el campo de Tablada, en las afueras: a más recorrido, más lucimiento. Y cuando al Prado de San Sebastián, final de la calle San Fernando, era ideal andarla a pie marcando pareja del brazo con fondo de sevillanas de El Pali.

La Feria en Los Remedios empezó a desdibujarse y a perder sentido. Para que se hagan una idea del efecto llamada: la lista de espera (en casetas, no en personas) superaba este año las 1.199 solicitudes pendientes: 728 para familiares, 417 para entidades, y 54 de titularidad perdida. Con tanta presión ‘casetológica’, puede parecer normal que el Ayuntamiento se plantee una nueva ubicación, que habrá de ser, a la fuerza, más contaminante, más estresante, más amplia y más lejos.

Aprovechando el parón sabático, ¿no sería la hora de ir a una Feria por barrios, de interpretar laica y libremente cruces de mayo tipo Lebrija o patios de Córdoba, con un calendario festero real y completo entre dos fines de semana?

Mahoma y la montaña: si la gente no puede ir a la Feria que la Feria vaya a la gente.

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Ejemplo de gente que vive lejos del real de la Feria: Zafarranches Vilimas y el profesor Lebrato.

[1] En el universo mundo de semana inglesa, el fin de semana empieza viernes por la noche (jueves, para juventud universitaria) y termina a partir de la comida del domingo a mediodía, para languidecer, ya en vísperas de lunes, la depresiva tarde de domingo por la tarde.

Filo de la Fuente y Daniel Lebrato, Feria 2003

Sevilla sin Feria de Abril.

Daniel Lebrato y Pilar Feria de Abril 2014 foto de Pablo Aristoy (6)

Esta Feria de Abril 2020 ha divido a Sevilla en dos: la Sevilla continuista (y hasta jartible) de quienes se han montado la feria en su propia casa; y la Sevilla reflexiva de quienes se han tomado el año como un año sabático, para pensar: [1]

–Si en vez de en mi piso, el simulacro de Feria me lo encuentro en mi plaza de barrio o en mi patio de comunidad, tendría una feria mucho más cómoda que la de un Real cada vez más lejos y contaminante, para mis pies cada año más cansados. [2]

Mis amigos van a decirme:

–Danielito, hijo: para eso, las Cruces de Mayo, lo que en Córdoba son Los Patios [3].

–Será. Pero en abril y sin cruces ni motivos religiosos. Si acaso, con estímulo a los espacios y montajes más conseguidos: barra de bar, restauración, tablao de baile, música, veladores; de manera que nos vemos en mi caseta; caseta de la que podría hacerse cargo el bar más próximo o la asociación civil más interesada o mejor dispuesta. [4]

¿Que el Real de la Feria con Paseo de Caballos y Calle del Infierno seguiría donde diga el Ayuntamiento? Nada que objetar. Se trata de yo elegir entre meterme la paliza en el cuerpo, ir y venir de mi casa al Real, o montármela en mi Sevilla Este o en mi Pino Montano; o en mi plaza San Antonio en torno al Bar Rodríguez, por ejemplo.

La Feria Feria se acomodaría a una portada fija [5] y, en gran medida, podría estar abierta a visitantes y turistas todos los días del año, como un parque temático. ¿Cuál es el problema? ¡Ya quisieran las Fallas de Valencia o los Sanfermines de Pamplona sustitución tan fácil!

Mañana hablamos del baile por sevillanas como fenómeno, negocio o decepción.

[1] sabático, ca < latín tardío sabbaticus < griego σαββατικός, sabbatikós. descanso sabático: El séptimo año, después de seis, que los hebreos daban descanso a sus tierras, viñas y olivares. año sabático: el de licencia con sueldo que instituciones docentes e investigadoras dan a su personal cada cierto tiempo.

[2] Hasta 1973, la Feria estuvo en el Prado; ahora en Los Remedios, y la próxima ya veremos si en el Charco la Pava o más allá.

[3] Nombre oficial: Festival de los Patios Cordobeses.

[4] También podría encargarse la institución o cofradía religiosa más arraigada y más próxima. Lo importante es que el carácter civil y profano de la caseta pública no se desvirtúe ni derive en Cruz de Mayo.

[5] El presupuesto de montaje y desmontaje, con novedad de Portada año tras año, iría dedicado a obras de interés social en una Sevilla con tanto riesgo de exclusión social y con tanta gente sin techo. Ni la belleza ni la alegría de la actual Feria peligrarían por eso.


foto portada: Pablo Aristoy, Feria 2014.


la Sevilla del ABC.

Identificación entre una ciudad y un modo de ver, llamamos “la Sevilla del ABC” (desde el 12 de octubre de 1929; ABC de Madrid, desde 1903) al paquete ideológico que ha ido conformándose entre ciudad y periódico. Este ideario, más masculino que femenino (eran los varones quienes leían la prensa desde primera hora del desayuno: hemeroteca de bar), no hay que tomarlo en el sentido político conservador (y, ante la República, golpista) sino en el sentido de configuraciones mentales que alcanzan a quienes se las dan de progresistas o han sido de la competencia (como su rival histórico, El Correo de Andalucía, fundado por el cardenal Spínola en 1899, o su actual competidor en los quioscos, el Diario de Sevilla, pasando por las ediciones regionales de El País, El Mundo o prensa gratuita). El ABC es guardián de las esencias de Sevilla y el Ayuntamiento lo escucha y le teme: desde la Cabalgata hasta el chiringuito en la playa, desde la Feria a la Feria del Libro, desde la Maestranza hasta el Rocío, desde el Corpus a San Miguel y a Navidad, desde las comuniones por mayo hasta las esquelas y los anuncios por palabras. La ciudad se mira en el ABC, ¡qué buen nombre!, ABCdario de lo que hay que hacer.

Ante la Feria “de sábado a sábado”, la Sevilla del ABC reacciona corta de reflejos y como con miedo a pensar posibles soluciones a lo que evidentemente parece un absurdo: ese último fin de semana ni chicha ni limoná, ni enteramente feriado ni enteramente libre de fiesta, con Toros y Calle del Infierno pero sin casetas, algo incoherente como oferta de ocio para el turismo y para los planes de fin de semana. Y todo porque la Sevilla del ABC es incapaz de no hacer “lo que siempre se ha hecho” y porque frente al “de sábado a sábado” parece no haber más opción que volver al Lunes del Alumbrao. Como si los fuegos artificiales (pirotecnia raquítica para que el espectáculo alcance los quince minutos) tuvieran que ser por fuerza de clausura. Y como si las 24 o las cero horas fueran el único corte autorizado entre un día y otro día y como si el segundo domingo no se pudiera pasar en paz y buena compañía con las casetas abiertas, plan dominguero. Esa falta de imaginación es característica de la Sevilla del ABC. También, no concebir la privatización de la Feria con cargo al bolsillo de la comunidad de feriantes. O hacerse la Feria parque temático que cobrara la entrada a un recinto cerrado y que podría auto subvencionarse por publicidad o patrocinios. Nada de eso le cabe en la cabeza a la Sevilla del ABC, vote al PP o vote izquierda. Como tampoco le cabe que haya un evento en la ciudad sin que yo, sevillita, esté presente:

–¿Diez días de Feria? ¡Si yo con cuatro tengo bastante!

–¡Que la Feria esté abierta no significa que tú tengas que ir!

Narcisismo gregario y autoritario con lo que la ciudad considera sus fiestas, costumbres y tradiciones. Léalo en ABC.


feria y libertad.

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Hoy la Sevilla feriante se levanta con ánimo de lunes; no de domingo. La culpa la tiene el cierre gubernativo de una Feria de Abril que imposibilita el disfrute, un día más, de unas casetas perfectamente dotadas para echar en familia un domingo perfecto. La orden de cierre la dio ayer noche el Ayuntamiento mediante una traca de fuegos artificiales al otro lado del río, lo que ya saca a la gente del ferial y va acercándola a casa. (Sevilla no es el Levante español. Aquí no hay más que una raquítica pirotecnia espurreada, para que dure más, y que nunca llega a poner de blanco el cielo.)

Y uno, que es medio tonto, se pregunta ¿por qué mi caseta me la cerraron?, ¿qué impide que hoy, día festivo, mi caseta (que con mi dinero pago) siga abierta? ¿Por qué, si hoy domingo sigue habiendo toros en la Maestranza y atracciones en la Calle del Infierno? ¿Por qué, guardia, por qué?, decía el idiota.

La respuesta explicación me la dan los titulares de prensa. Mi feria me la robaron por razones de Estado. “Un hombre de Estado”, califica unánime la clase política al personaje muerto. Y uno, que sigue siendo medio tonto, se responde: mujeres y hombres de Estado son también quienes en nombre de… (ponga ahí lo que usted quiera poner: el orden, la democracia, el sentido común) impiden y prohíben que yo y mis feriantes seamos los hartibles que queramos ser. Ese hombre de Estado que llevamos dentro.

Feria de Abril de diez días (hoy, de ocho).

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La actual fórmula “de sábado a sábado” deja el segundo domingo con media ciudad desmontando y la otra media buscando a ver dónde nos reunimos o dónde comemos hoy, cuando en la caseta había de todo y estábamos tan a gusto.

El Pescaíto y el Alumbrao pasarían a viernes noche (inicio natural del fin de semana). Y el desmontaje se haría el lunes siguiente al segundo domingo, lunes laboral donde los haya. Los fuegos artificiales no tendrían por qué ser cierre de nada sino espectáculo integrado.

Este modelo de fiesta de diez días funciona en el Carnaval de Cádiz o en las Cruces de Lebrija. Dos fines de semana muy potentes con cuatro días laborables intermedios. Si se quiere añadir un día de fiesta local, ese sería el lunes (tercer día de feria), como en Cádiz. Patronal y sindicatos no tendrían nada que objetar.

sobre los fuegos

Desde 1847, primer año de Feria, a 1864, diecisiete años estuvo la Feria sin fuegos artificiales.

sobre las fechas

Las primeras fechas de la entonces feria agrícola y ganadera fueron los días lunes, martes y miércoles de Semana Santa, que entonces empezaba en Jueves Santo. De lunes a miércoles no había procesiones.


 

maneras de pensar la feria.

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La trampa es doble: primera, si uno participa o no de la fiesta y, segunda, los puestos de trabajo, negocio o beneficios que la fiesta genera.

A lo primero, el gusto de uno, se responde diciendo que eso qué importa. Dejo ahí la foto, testigo de Daniel Lebrato ayer noche en la trastienda de su caseta a todo plato la Noche del Pescaíto, luego del Alumbrado, con más cerveza y manzanilla. Me encanta la Feria porque es laica, sin motivo religioso o militar, y con una concentración de grifos de Cruzcampo como vendrá en el Guinness.

Respecto a que la Feria da de comer a mucha gente, claro que sí, nada que objetar, aparte la dinámica del trabajo como beneficio / explotación, cuando ya es hora de que una sociedad más humana (o al menos su humanismo) plante cara al envenenado dilema que hoy se lleva, que es trabajo / desempleo, y aparte de que el trabajo, todo trabajo, ha de ser digno y para el bien común y ya me dirán qué bien produce poner 24 mil bombillas para una portada que podría ser la misma un año y otro como fue la Pasarela en las primeras ferias en El Prado; trabajo de montaje y bombilleo que nos hace preguntarnos ¿a quién beneficia?

Voy a favor del capitalismo. Si Sevilla fuese Miami, un suponer, el real sería un recinto cerrado, un parque temático al que habría que pagar para entrar; la portada podría estar patrocinada por McDonald’s o Coca‑Cola (con publicidad incluida como podrían llevar anuncios los pasos de Semana Santa) y con seguridad privada de manera que ni un solo policía local o nacional estuviese cubriendo fastos privados (política válida para partidos de fútbol de alto riesgo). En fin, así iría todo. Placeres privados, dineros privados. Y si empresas hosteleras ingresan tanto o cuanto por la celebración de una fiesta, que apoquinen lo suyo como patrocinadores. No veo, la verdad, cuál sería el problema.

Lo que quise decir es que lo que se invierte por ocho días de una ciudad efímera daría para urbanizar El Vacie o Las Tres Mil, lo que es una crítica severa al pensamiento señorito de quienes se precian de buena hermandad entre feriantes (fraternidad igual, en las cofradías o en el Rocío) que no es más que hipocresía. ¡Ande yo en mi caseta y déjenme de puñetas! Es muy señorita y muy insolidaria la que presume de ser la ciudad de la gracia.

Dicho lo cual, me harté de pescaíto, de rebujito y de bailar hasta las tantas de la madrugada, faltaría más. Quédense con el mensaje, si les interesa, y no maten al mensajero.

(Respuestas a La Feria de Sevilla no tiene corazón)


 

La Feria de Sevilla no tiene corazón.

Ante los millones de euros que se van para el montaje de una ciudad efímera –empezando por la portada que no puede ser la misma en ferias sucesivas (y esto en la ciudad inmutable que a la Giralda quiere en su foto fija y al Gran Poder, que transcurra como transcurre un año y otro año)–; ante ese despilfarro en materiales y mano de obra o recursos humanos (los pague quien los pague: ayuntamiento o particulares) por levantar esa segunda casa que es mi caseta por unos días, donde hay tanta gente sin techo…

¿no ha de haber una voz (una oenegé, una cáritas, una petición vía change org) que diga:

–El presupuesto de este año para fines sociales?, –para barrios deprimidos?, –para causas sin casa?

Definitivamente, la Feria de Sevilla no tiene corazón.


 

cierre gubernativo.

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Hoy, 7 de mayo de 2017, no solo sigue habiendo toros en la Maestranza y cacharritos en la Calle del Infierno de Sevilla. Es que el domingo es domingo. ¿O no les suena a sus majestades lo del día del Señor? Si legislar debe tener siempre un sentido positivo ‑de autorizar y dejar hacer más que de prohibir‑, no se entiende este domingo de casetas de Feria cerradas por orden gubernativa. Al Ayuntamiento y pueblo de Sevilla ¿qué más les da? Lo que es falso es la “Feria 2017 de dos fines de semana”. Dos es dos. Y, puestos a hablar de legislado y legislación, habrá que ver si se están pagando como horas extras las de desmontaje y limpieza en día festivo. O todo o nada.

Feria de Abril, de diez días.

El argumento que dice más días de Feria no, que no los soportarían ni el cuerpo ni la cartera, tiene este otro: ¿quién le manda a usted ir, señor o señora mía? ¡Ni que ir a la Feria fuese una obligación! En realidad lo es: feria de vanidades empezando por tener caseta y desde el pescaíto hasta los fuegos artificiales.[1]

Vamos a imaginar que la Feria, como parque temático, adopta las fechas de una feria permanente (abierta, supongamos, de abril a octubre). La Feria estaría ahí como estuvo la Expo o como están otros parques temáticos y quien puede ir va y quien no puede o no quiere ir no va, ¿cuál sería el problema?

Entre un extremo y otro está la virtud: el modelo de fiestas de diez días, los que van de un viernes por la noche al segundo domingo por la tarde noche, modelo que siguen el Carnaval de Cádiz o las Cruces de Lebrija: dos fines de semana (seis días) muy potentes, festivos de por sí para una mayoría en situación de trabajar, y cuatro días laborables menos potentes, de lunes a jueves, cuando la fiesta se mantiene a otro ritmo. No, que ahora, al echar el cierre en sábado por la noche, queda un fin de semana engollipado y absurdo. Mañana, media ciudad jodida desmontando en domingo (se supone se pagan las horas extra) y media ciudad jodida a ver dónde nos reunimos o dónde comemos hoy, la familia, cuando en la caseta hay de todo y estábamos tan a gusto. No tiene sentido.

El alumbrao sería un viernes a las 24 horas. El pescaíto, esa noche o la noche siguiente, del sábado. Y los fuegos, tal como este año, el segundo sábado a las 24. El desmontaje de la parte pública y notoria (municipal, vaya) se haría el lunes siguiente al domingo de cierre, día laboral donde los haya. Patronal y sindicatos no tendrían nada que objetar.

[1] Desde 1847, primer año de Feria, a 1864, diecisiete años estuvo la Feria sin fuegos artificiales. Y las primeras fechas de la entonces feria agrícola y ganadera fueron los días lunes, martes y miércoles de Semana Santa, que entonces empezaba en Jueves Santo (de lunes a miércoles no procesionaban cofradías).

Fiestas de Primavera

Comunico a ustedes que Rafa Iglesias y Daniel Lebrato (TeVeo y eLTeNDeDeRo) andamos proponiendo a opinión pública y Ayuntamiento de Sevilla ‑tenemos solicitada audiencia con el alcalde Juan Espadas‑ la reducción de la Semana Santa (SSS) al multitudinario espacio, íntimo y seguro, del Estadio de la Cartuja, libre al fin la ciudad de las dudas sobre quién es quién, qué hace ése ahí, quién grita o pega una carrerita y libre ‑el espectáculo‑ de ¿quién lo organiza?, ¿quién lo disfruta? y ¿quién lo paga? (También, por supuesto, de quién rompe la compostura y merece la expulsión.)

Luego vendrá la Feria de Sevilla sin casetas particulares, abiertas al público como se hace en otras ferias, con caballos y charrés de uso rotatorio, compartido y para todos, integrados en el transporte urbano (Tussam) y una plaza de la Maestranza ya sin sangre.

Lean, si les parece, el breve a qué juegan los cristianos. Tres minutos de lucidez. Se admiten ideas y opiniones.


Rafa Iglesias 25años_SIN_curro

referéndums

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REFERÉNDUMS

El Ayuntamiento de Sevilla (Psoe) está en proceso de participación para decidir las fechas de la Feria de Abril (Decide Sevilla). Afín al PP, el diario ABC ha dado, cancha, entre otros a Alberto García Reyes, quien sostiene que ‑antes que por la Feria‑ habría que preguntar (1º) por completar el metro; (2º) por el monopolio de taxistas y navajeros[1] en el aeropuerto (?); (3º) por el uso de las antiguas fábricas de Tabacos, de Artillería y Atarazanas o (4º) por las obras de la Se-40, porque Sevilla está cansada del sambenito de la ociosidad cuando trabajamos como animales y tenemos a algunos de los mejores del arte, del emprendimiento, de la ciencia o del deporte, que demuestran la fortaleza histórica de nuestra economía y una gran masa crítica que, a pesar de la indolencia intrínseca de la ciudad, se deja el alma por una Sevilla moderna.

Leído lo cual, presumir de lo que trabaja uno es propio de pringaos, pelotas del jefe o escaqueados de los de dime de qué presumes etcétera. El primer regalo que se da a sí mismo quien puede dárselo es no trabajar y por eso preferimos los viernes al lunes, los puentes a los fines de semana, las vacaciones a las fiestas, y prejubilarnos antes que jubilarnos, nos ha jodido.

En cuanto a referendos, vamos a las recientes consultas en Grecia o en Reino Unido; uno, que preguntó lo que no se pregunta (¿quiere usted ajustes y recortes?) y, otro, un brexit que escondía mucho de brentry, según arrepentidos al día siguiente. Inglaterra y Grecia han jugando con la regla de oro del refrendo[2]: que se convoca para ganarlo o, si se pierde, que no haga caer del poder a quien lo convoca. De este género es el refrendo que dará paz a Colombia, refrendo del que ya podría aprender la mentalidad de la política española siempre lamiéndole las heridas a Víctimas. ¿Tendrán muertes detrás las FARC[3]? Otros son los refrendos convocados por voluntad popular. El refrendo en Cataluña sería de ese tipo, no porque Artur Mas, Carles Puigdemont o la Generalitat no sean poder, sino por estar por debajo del poder central del Estado español. Como es iniciativa popular el refrendo revocatorio con que la derecha en Venezuela quiere echar al presidente Maduro[4]. Quienes desde la democrática España critican la dictadura venezolana, ya quisieran que la Constitución Española contemplara el revocatorio. Al principio de la crisis (2007) un revocatorio hubiera echado al presidente Zapatero y no hubiera habido recortes. Por no hablar de Rajoy. Ninguno de los dos sacó nunca el 50 por ciento de votos. Un refrendo a cara o cruz lo hubieran perdido como perdió en Grecia el plan de ajustes[5].

El refrendo de Sevilla es amable, no va contra nada (no va a dividir a la población), y es creíble: lo que salga se podrá cumplir. En una España que ha decidido vivir del turismo y de las fiestas es tontería mezclar si somos más cigarras que hormigas. Quien tiene una fiesta tiene un tesoro, y ahí están las chorradas que se inventan pueblos y ciudades por marcar fiestas de tradición patrimonio inmaterial y de interés turístico nacional e internacional. Críticas, la Feria de Sevilla tiene muchas[6]. Pero esta vez, PP y ABC, ¿a ustedes, qué más les da? Quien algo se juega entre lunes o sábado de pescaíto es quien depende de un calendario laboral, quienes vienen de fuera y quienes hacen la Feria trabajando como animales: obras y servicios que generan más del 3% del Pib de Sevilla capital. ¿Qué pecho saca Sevilla esta vez, señor Alberto G.R.? ¿Sacamos la fortaleza histórica de nuestra economía o nuestra indolencia intrínseca? Pregúnteles a señoritos y altos casetatenientes, que esos sí que se pasan todos los días del año tocándose el pib y tocándonos las pivotas.

[1] Las cursivas son de eLTeNDeDeRo.

[2] Entre referéndum y referendos o referenda, preferible referendo, referendos o, mejor aún, refrendo y refrendos.

[3] 5,7 millones de víctimas de desplazamiento forzado, 220 mil muertos, más de 25 mil desaparecidos y casi 30 mil secuestros. Al lado de esas cifras, las de ETA son pudorosas; también comparadas con el IRA en Irlanda. No se trata de ver quién mató más. Se trata de mirar. Colombia palante, España patrás.

[4] El revocatorio prospera si: un 20% de electores lo solicita (mediante recogida de firmas) y más del 25 participa; que el Sí gane al No y alcance en total un número de votos superior al obtenido en su día por el cargo elegido y sometido a revocatorio.

[5] Que la Troika dejara sin efecto el refrendo en Grecia no modifica lo que Grecia votó el 5 de julio de 2015.

[6] La fiesta según Sevilla.


LA ANTROPOLOGÍA DE LA CONSERVACIÓN

Fiestas de Primavera

LA ANTROPOLOGÍA DE LA CONSERVACIÓN

Se llama antropología de la conservación a la que contempla un comportamiento, un fenómeno social, y lo viste de ropajes teóricos nuevos para justificar lo que había. El Rocío, la Virgen del Carmen o el Camino de Santiago.

En el caso de Sevilla y sus fiestas, Semana Santa y Feria, esta antropología se acogió al cartel de las llamadas Fiestas de Primavera, editado por el Ayuntamiento de la ciudad desde 1912, que abarca en ‘fiesta’ lo que ‑en puridad‑ sería una representación simbólica tan poco festiva como crucifixión y muerte. Con pretexto de ir de ‘fiesta’, la izquierda de la Transición se dio permiso a sí misma para seguir subvencionando Semana Santa y para que alcaldes y concejales participaran con vara en el cortejo y carrera oficial: todo era muy popular, muy bueno para el turismo y la proyección de la ciudad, como si la Semana Santa fuese una celebración laica, una exaltación pagana de los sentidos, casi un pecado al margen de la Iglesia y del Consejo de Hermandades, cuyas rancias juntas de gobierno seguían siendo un nido de fachas. Pero con la participación del pueblo y con el voto al Psoe, ¡todo iba a cambiar!

Cuarenta años después, nada ha cambiado. Si acaso, a peor bajo los terribles papados de Juan Pablo Segundo y Benedicto Dieciséis. Sin embargo, la antropología interna ‑lejos de hacer autocrítica o análisis de conciencia‑ sigue donde estaba elogiando las virtudes de las hermandades como factor de pertenencia, integración y socialización ‑ahora‑ en tiempos de crisis. Sin procesiones, ¿qué sería del orden social en Sevilla? Poco menos, como justificaron la monarquía, que, sin ella, los españoles nos majaríamos a palos.

Iguales argumentos de socialización se aplican a la Feria de Abril, aquí para defender el derecho a caseta privada y la teoría de la caseta como prolongación de las casas particulares. Con lo cual, el clasismo y el señoritismo de la Feria ni se discuten. Y quien dice Feria, dice las corridas de toros o las comuniones. Conservación, o sea. Y se acabó la conversación.


La Feria y las ferias

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LA FERIA

Feria lo mismo significa día de labor que día de fiesta. Remontémonos a una economía de trueque. Al mercado del Jueves los jueves en calle Feria de Sevilla iría la lechera del cuento a cambiar su cántaro de leche por pieles o tejidos. El día de mercado (cualquier día de mercadillo en los pueblos) era y es día de tratos que traen consigo el beneficio y la ganancia. Y donde hay ganancia del vendedor y conformidad del comprador es fácil terminar celebrando los tratos. Ese fue el principio festivo de la Feria de Abril, que empezó siendo mercado de compraventa de ganado. Tampoco la fiesta era día ni de ocio ni de negocio, sino día del Señor, que es recogimiento ni festivo ni lo contrario. La prueba está en los nombres de los días en Portugal. De lunes a viernes: segunda feria, tercera feria, cuarta feria, quinta feria y sexta feria, para el sábado, sábado, llamado así y con su nombre propio. Lo cual demuestra que la semana portuguesa tiene un origen hebreo con todos los días apuntando al sabbat o día sagrado. La primera feria hebrea, que era el domingo, fue después rebautizada cristianamente con nombre de domingo, pero el lunes siguió siendo segunda feria, que es lo que a nosotros, españolitos acostumbrados a la semana que empieza el lunes, nos descoloca un poco cuando vamos a ese tan entrañable país.


Del Jueves de calle Feria habla Cervantes en Rinconete y Cortadillo (h. 1605) cuando por boca de un bribón enterado advierte de los puestos donde los pícaros recién llegados a la ciudad debían acudir: “por las mañanas, a la Carnicería y a la plaza de San Salvador; los días de pescado, a la Pescadería y a la Costanilla; todas las tardes, al río; los jueves, a la Feria”. Hoy, ni la Carnicería ni la Pescadería ni la plaza del Salvador son lo que eran pero El Jueves sobrevive en calle Feria en lo que debe ser el zoco o mercadillo (en Madrid, Rastro) más antiguo de Europa. La Feria de Abril data de 1846. De su origen, guarda un carácter que lleva al debate sobre si es fiesta abierta o cerrada. Aparte de casetas concebidas como bar, freiduría o espectáculo (la caseta de la Esmeralda está desde los años 60), la primera caseta pública fue La Pecera, del PCE, en 1974, y después vinieron las casetas de distrito o municipales, cuando la democracia quiso abrir la Feria a sevillanos y sevillanas sin caseta, los populares sinca. La Feria cerrada y particular de Sevilla se echa a reñir con la Feria del Caballo de Jerez, puesta como modelo de feria de casetas abiertas. Ojo, por cuanto lo abierto o cerrado no consiste solo en la puerta, sino en la barra a la hora de pagar los consumos realizados. Y ahí interviene, en Jerez como en Sevilla, una doble vara de medir o de cobrar: precios más baratos para socios, que pagan o se apuntan sus consumiciones y que pueden abonarlas en efectivo o con tiques previamente adquiridos, y precios más caros para los demás. Lo mejor es no hacer cuestión de esta doble contabilidad. El forastero imagine que está en un cámping o, más severamente, en un campo de refugiados, ahora que salen mucho por la tele. A nadie se le ocurriría querer entrar en cada tienda como si fuese suya. La Sevilla de casta sostiene que su caseta es la prolongación de su casa, así que nadie pase sin llamar o pedir permiso. Este argumento es irrebatible. Otra cosa sería la socialización de la Feria, pero esa es reivindicación política y a la Feria no se va a hacer política. Lo cual, que lo mejor, en Sevilla como en Jerez y en todas partes, es ser señores y caballeras en nuestro comportamiento, elegantes en el trato y advertidos a la hora de pagar. Total: si la cerveza, las gambas o el cubata nos cuestan más que al socio, también el socio ha desembolsado su cuota de sociedad de la que yo, como invitado o que vengo de paso, me beneficio: vaya lo uno por lo otro. La regla para entrar o no en una caseta es pasar y ver que nos dejan pasar. La mayoría de casetas, incluyendo las que tienen vigilante en la puerta, nos recibirán encantadas, como haya sitio. Al bar de la caseta, que quiere hacer su agosto en abril, le interesa movimiento en barra y veladores. Y, a la caseta, público dispuesto a gastar y a divertirse. Las mujeres ‑no digamos si se presentan vestidas de flamenca‑ porque van a bailar y a jalear y, los varones, porque van a beber y a consumir.


Enlace a las casetas públicas, con su dirección.

Días de Feria

LA FERIA
–La feria y los días–

Feria lo mismo significa día de labor que día de fiesta. Remontémonos a una economía de trueque. Al mercado del Jueves los jueves en calle Feria de Sevilla iría la lechera del cuento a cambiar su cántaro de leche por pieles o tejidos. El día de mercado (cualquier día de mercadillo en los pueblos) era y es día de tratos que traen consigo el beneficio y la ganancia. Y donde hay ganancia del vendedor y conformidad del comprador es fácil terminar celebrando los tratos. Ese fue el principio festivo de la Feria de Abril, que empezó siendo mercado de compraventa de ganado. Tampoco la fiesta era día ni de ocio ni de negocio, sino día del Señor, que es recogimiento ni festivo ni lo contrario. La prueba está en los nombres de los días en Portugal. De lunes a viernes: segunda feria, tercera feria, cuarta feria, quinta feria y sexta feria, para el sábado, sábado, llamado así y con su nombre propio. Y no es que allí estén todos los días entre semana de feria, sino que la semana portuguesa tiene un origen hebreo cuando los días apuntaban al sabbat o día sagrado. La primera feria hebrea, que era el domingo, fue después rebautizada cristianamente con nombre de domingo, pero el lunes siguió siendo segunda feria, que es lo que a nosotros, españolitos acostumbrados a la semana que empieza el lunes, nos descoloca un poco cuando vamos a ese tan entrañable país.


De la fiesta según Sevilla, a la fiesta según el Vaticano y la Conferencia Episcopal

Semana Santa 2015 Plaza Virgen de los Reyes Jueves de Pasión (5)

DE LA FIESTA SEGÚN SEVILLA,
A LA FIESTA SEGÚN EL VATICANO Y LA CONFERENCIA EPISCOPAL

Una de las conversaciones más difíciles en Sevilla es hablar sobre Sevilla. Desde el momento en que hay una Sevilla (conservadora) que se arroga ser la que administra las esencias y desde el momento en que hay una Sevilla (supuestamente progresista) que imita y cultiva esa esencias, al final acaban justificando lo mismo: una ciudad eterna en lo superficial que guarda bajo su piel un alma profunda que estaría por descubrir, tesis, entre otras, de Eva Díaz Pérez en Sevilla, un retrato literario (2011). Conservadores y progresistas, capillitas y antropólogos de la cultura, coinciden en ensalzar la ciudad (orgullo patrio que se despacha en todas partes del mundo, por feas o inhóspitas que nos resulten), sin plantear la cuestión crítica vital, que es la hegemonía: qué grupo o clase social impone a la ciudad su sello de identidad y sale ganando. La hegemonía en Sevilla tiene dos caras: un componente laico ejemplificado en el señorito vividor y calavera (tipo Don Juan o el primer Miguel Mañara) y un componente religioso basado en la personificación y en la externalización, barrocas: nazarenos, costaleros, romeros, pero también los Judas, los belenes vivientes, el culto a las estatuas, a los exvotos, a los muertos, a las estampitas y a los símbolos externos, todo muy rentable para el Pib y para el turismo religioso. Es esa religión, superficial como ella sola, la que el Vaticano y Conferencia Episcopal han querido reconducir por la senda de la ortodoxia en confluencia con la Iglesia del Norte y protestante, mucho más interior y cerebral, y la que igualmente han querido combatir partidarios del cristianismo de base (o franciscanos como el arzobispo Amigo). Ocurrió que en España, el rearme de la ortodoxia personificada en Juan Pablo II, papa tan popular como autoritario y dogmático, se vio contrarrestado por la explosión laica de la Transición y porque las fechas de Juan Pablo y del primer Psoe, el de Felipe González y Alfonso Guerra, eran las mismas: 1982. De manera que, al tiempo que Occidente financiaba el integrismo (Lech Walesa, en Polonia; el Ayatola Jomeini, en Teherán), la sociedad española, después de tanto franquismo y de tanta Ucedé, se daba a la movida irreverente con el primer Almodóvar, con Alaska, con Siniestro Total, con Toreros Muertos, con el roquero Silvio o con el flamenco fusión. La asunción de la religión católica por parte del Psoe se tradujo en Andalucía y en Sevilla, en particular, en los mejores años de la fiesta. Presidente y vicepresidente del Gobierno, de Sevilla, habían puesto de moda las sevillanas, la Feria, la Semana Santa y el Rocío, y el Ave Madrid Sevilla fue el puente de plata para folclóricas, toreros fashion y flamenquitos, artistas todos, con aristócratas, eventos y bodas de la prensa rosa, Casa Real y grandes de España, que tuvieron en Sevilla el colmo de la vida social. Pasado aquel esplendor al rebufo de la Expo 92, cumbre y valle, las aguas volvieron a su cauce: ni el Rocío reunía el millón de personas que se decía que reunía, ni las hermandades crecían al ritmo, más bien perdían nazarenos. Hoy, y con la crisis encima, la religión que le puede quedar a Sevilla es más propia del tópico de Zamora o de Valladolid que de la Sevilla de los 90. Claro que, cuanto más integristas se muestren, más fácil será que el Estado les diga a capillitas y beatas, curas y monjas, lo que Julio Anguita, al obispo de Córdoba: yo soy su Estado pero usted no es mi religión. Y la ciudad (desde la Cabalgata hasta el Corpus), óiganlo bien, tampoco es suya.

La fiesta según Sevilla y Sevilla, geografía e historia.

LA FERIA Y LAS FIESTAS POPULARES

LA FERIA Y LAS FIESTAS POPULARES

No hay fiesta que no presuma de sus orígenes ancestrales. Si la fiesta no viene desde el neolítico, de los romanos o del pasado árabe, se va por lo menos hasta la Edad Media para encontrarle al festejo su leyenda. Por dar caché a sus fiestas, ignoran los cronistas que la civilización es hija de lo abominable y que cualquier tiempo pasado fue peor, pero allá ellos. Sin embargo, y por lo mismo, si la fiesta se empeña en demostrar su pasado, su inmanencia hacia atrás, también tendría que demostrar su proyección hacia el futuro, su, vamos a llamarla, eternidad. El ejercicio mental es muy fácil: imaginar que estamos en el año 2525 (la canción de Zager y Evans) y que esa fiesta se siga celebrando. No sé a ustedes, pero a mí no me sale la humanidad futura matando toros, vistiéndose con antifaces, cargando pasos, quemando fallas, haciendo torres humanas o cortando troncos por cortarlos. No me salen el alarde vasco ni las tomatinas ni la fiesta de los jarritos si es que tengo que admitir que el traje me lo mojen o me lo manchen. No me sale el Rocío, con todo lo poderoso que es. Me sale Año Nuevo, más que los Reyes Magos, me sale la noche de San Juan para quemar los malos rollos y me salen fiestas tipo la Feria de Sevilla, aunque con muchos cambios, todos para mejor. Para empezar, la feria es una reducción de la fiesta a lo esencial: comer, beber, cantar, bailar, juntarse, echar el rato. La feria es una fiesta laica y republicana, sin curas que bendigan, sin desfiles militares, sin imágenes ni procesiones y sin esos ritos ancestrales que incluyen la exhibición de unos sobre otros, el esfuerzo innecesario, el maltrato a animales o el machismo histórico. Fiesta equilibrada entre lo apolíneo y lo dionisíaco, entre lo femenino y lo masculino, en la feria solo te piden que pagues lo que debes y sepas comportarte (con el alcohol, con las personas).

Se dirá, con razón, que en la Feria hay maltrato animal, en las corridas de toros. Se dirá que hay alarde y hay desfile, en el Paseo de Caballos. Se dirá que hay mucho clasismo, el del señorito, que manda narices. Y mucho vecindoneo, propio de comunidades que trasladan lo peor de ellas a las casetas. Mucho gracioso oficial y mucho malaje. Y se dirá el derroche de una portada de Feria un año y otro absurdamente diferente y con empeño de horas de trabajo que se podrían dedicar, para bien, a otra cosa. De acuerdo, en todo. Lo que no se puede negar es que la Feria, por su juventud como fiesta (data de 1847), no acarrea ritos medievales, aquí sustituidos por la feria de ganado y el cierre de tratos. En la palabra feria se hace cierto el doble sentido del negocio y el ocio, mercado y día de descanso, también presente en el Jueves de Sevilla, por algo en la calle Feria: días de mercado que, si el negocio prospera, da paso al ocio, al beber y comer con que se cierra la bolsa cuando la bolsa suena. Que a la Feria le queda mucho caciquismo parece lógico, habiendo tanto latifundista frente a tantos hombres y mujeres que, entre cocheros, cocineros, camareros o guardias, hacen el papel de los lacayos, a quienes hay que añadir puesteros, churreros, ambulantes con sus atracciones, con sus puestos de turrón, con sus circos a cuestas. Hay mucha mierda y mucha miseria en la Feria, mucha gitana vendiéndote el clavel, mucho niño del que se abusa, mucho animal maltratado por el animal que llevan encima, mucho pijerío, mucha mendicidad, mucha prostitución y mucho impresentable. Pero sigue teniendo la Feria un recorrido por delante que otras fiestas no tienen y es más universal que todas ellas. En parte, porque, aunque es una fiesta nacionalista, es de un nacionalismo inverso al de otras latitudes porque el nacionalismo andaluz, lo andaluz universal, consiste en que Sevilla sea Andalucía (también lo sean Málaga o Jerez de la Frontera) y Andalucía sea España y la Humanidad. Está usted en su casa, amigo o amiga, aunque usted no sepa bailar, aunque usted no venga vestida de flamenca: lo que aquí ve es la esencia de esa abstracción que llamamos España. A usted, el forastero, únicamente se le pide que venga y que su visita nos deje los cuartos. Da igual su religión o si viene en chanclas. Con tan pocas exigencias, disfrute usted este año 2015 de diecinueve casetas públicas o de acceso libre. A cerveza por sitio, a manzanilla o rebujito, tiene usted 19 barras de bar, 19 espacios de veladores, 19 tablaos, 19 servicios con sus lavabos, 19 sitios donde descansar y reponer el cuerpo sin que nadie le diga nada. No sé en qué parte del mundo a mí, el bebedor de cerveza, me están esperando tantos bares y tantos grifos de Cruzcampo por metro cuadrado. Sin creencias ni mandamases. Sin aplausos a esto o a aquello. Sin devociones, sin militares y sin curas. Un traje regional que sigue vivo y va cambiando y que lo mismo sirve para una boda que para otra fiesta. Un baile, la sevillana, para todos los días del año. Y lo que haya que arreglar se arreglará cuando se arreglen las clases sociales. La Feria es la única fiesta que mejorará cuando se atenúen las diferencias de clase que otros festejos, en cambio, agudizan. ¿Qué fiesta da más? La Oktoberfest, el Año Nuevo, San Juan y el Carnaval, y las que no se nos hayan pasado por la cabeza. Ustedes dirán.

Daniel Lebrato, Ni cultos ni demócratas, 24 del 4 de 2015

Feria de Abril

Daniel Lebrato y Pilar Feria 2014 foto de Carlos Sanjuán

PILAR Y DANIEL EN LA FERIA DE SEVILLA
(Foto: Carlos Sanjuán)

Yo me crié en el Centro; Pilar, en la Ciudad Jardín. Yo era un capillita laico de la Semana Santa. Ella, un cuerpo de baile. Yo llevé a Pilar a la Semana Santa; yo, de enterado, metiéndola en las bullas y a cangrejear delante de los pasos. Cuando llegaba la Feria, era su momento. Yo tenía entonces que ser el caballero que la llevara del brazo, y no desentonar demasiado. Me enseñó las cuatro sevillanas y otras sevillanas que no existían más que en su cabeza. Sevillanas de autor, no las cuatro con sus cuatro reglas, que no dejan de ser una rutina. Nos hicimos socios de una caseta y a los pocos años nos echaron (a mí me echaron) por invitar a demasiada gente a entrar. Tomé orégano por monte o Caseta por Real, “como senda por carrera, como faze el andaluz”, que diría el Arcipreste. Hoy, a la Semana Santa no hay quien vaya, así que, sumándonos a la mayoría, hemos dejado de ir. A la Feria, en cambio, seguimos yendo; ella, de volantes, y yo, de corto (si se fijan en la foto, hasta en los pantalones voy de corto). Pido a los dioses de los farolillos y de la Cruzcampo que no abusen de este operado de todo que se muere de ganas por seguir a la altura de su gitana.