Morante en Plaza.

Hay algo poético en el azar de Morante en este inicio de Feria. Una cornada que le ha entrado por el culo. Un ojete por vida desgraciado. Una herida simbólica y brutal, que abre comentarios estúpidos en detractores o partidarios de la fiesta. Yo me abstraigo y no me sumo. Hago mío el pensamiento de Rafael Sánchez Ferlosio, quien, del toreo en su juventud como admirador de Curro Romero o Rafael Ortega, se convirtió en crítico feroz más por la vergüenza hacia los hombres que por compasión por el animal. O sea, ni Morante, por torero, ni el toro, toro; la plaza, o sea nosotros, somos los culpables o cómplices.

Morante tiene una hija de 16 años que ya es alguacililla (cada uno de los dos alguaciles que preceden a la cuadrilla y uno de los cuales recibe la llave del toril de manos del presidente, y queda luego a sus órdenes durante la corrida). Su primogénito Morante es futbolista del Betis Balompié y de la Selección sub 18. Toros y fútbol, quien hable además de Vox, ya es hablar del color de los faroles. Comparemos los dos públicos de la Maestranza. Con suerte lo vio uno el jueves 16 y sin suerte lo vio otro el lunes 20. Si me perdí el faenón del día 16, no propicié la cornada de ayer 20. A eso se juega como público. Si el gordo de la lotería nunca nos toca, comprar un billete significa fe en el gordo y en la lotería. Bien por mi gente sin tauromaquias de sangre. Bien el paseíllo por esas Romas sin lidia de gladiadores.

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