la internet

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la nube, la red, la web y la internet

Una de las ventajas de la lengua inglesa sobre la española: las cosas no tienen género, mientras el español se empeña en la ventana y el balcón como si tuvieran sexo. ¿Qué ocurre cuando el español adopta y hace suya una palabra inglesa, qué género le damos? Lo normal sería el de su traducción: net es red, la red y, por tanto, debería triunfar la internet, con o sin mayúscula inicial[1]. Sin embargo, en ese gran observatorio del lenguaje que es Google, el internet casi multiplica por diez los resultados de la internet[2]. Si vamos a otros repartos del español en series parecidas, es notable la tendencia de nuestro idioma a reservar el femenino a lo que abarca a un conjunto o a una actividad; y el masculino, a la unidad: la navegación y la fontanería para un barco y un fontanero. Es verdad que existen las barcas, el ciclismo y una bicicleta, pero fíjense en los repartos de el y la dentro del universo de los medios: la tele y el tele, la prensa y el periódico, la publicidad y el anuncio, y las personas mayores sabiamente han distinguido el radio, aparato, de la radio, emisora, la Radio Nacional[3]. A internet, lo mejor es no ponerle artículo o reducirla a red, con mayúscula si se quiere distinguir de otras redes. Red, la Red, la red, la Internet, la internet o internet debieran nombrar el medio y reservar el internet para una conexión concreta, en frases del tipo el internet de esta casa va lentísimo. La adopción de red por toda internet (estar en red, salir en red, redes sociales) aligera de anglicismos nuestro invadido idioma y deja hueco para adoptar uno que merece tratamiento de palabra de acogida: web, red, malla. Ya era extranjera la uve doble, y vino web y la multiplicó por tres: www (wide world web) red mundial, nube también, donde ojalá nos conozcamos todos. No iremos hasta el final de uno en uno sino de dos en dos, escribió Paul Éluard (1895‑1952) pensando en Gala, el pibón de su mujer[4], que lo dejó plantado por Salvador Dalí. pibón (de pibe) o guayabo (fruto de la guayaba) son, más que masculinos, masculinismos de muy machos que pierden los ojos detrás de una mujer hermosa y que contradicen la norma de dar a las féminas palabras femeninas. De un pibón trata The sting, breve relato de Antonio Delgado Cabeza que hoy publica El Sobre Hilado. Léanlo con el aviso de Mario Benedetti (1920‑2009) en este poema naturalmente titulado La red:

LA RED

.

Igual que la de Bécquer
el arpa de la araña
en un ángulo oscuro
espera o desespera
el aire de la siesta
mueve sin destruirla
la seda de cordaje
hay una breve escala
de silencios
por fin
una mosca inocente
o quizá alucinada
sucumbe ante el hechizo
y paga con su vida
el haber profanado
el hermetismo
de la sencillez.

*
benedetti_mario_2

enlace a género en inglés, a pibón

[1] La Internet suena a La Internacional, de rojas connotaciones.

[2] 11.300.000 a 1.220.000.

[3] En español coloquial el femenino adquiere un valor aumentativo. maricona es más marica que maricón y el mar dicen veraneantes de playa; la mar, quien se juega la vida en ella. Para no discutir, El mar. La mar, de Rafael Alberti.

[4] Estos genitivos de adjetivo absoluto son muy divertidas en español: no es que la mujer tenga un pibón: la mujer es el pibón. Y así nos pasa que en el burro de tu hermano no sabemos si tu hermano tiene un burro o si él es el burro.

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