Etiqueta: Alberti

la pared.

machete al machote 20170612.jpg

Entre el clavel y la espada (1939‑40), de Rafael Alberti, nos trae un eco de entre la espada y la pared. pared, en inglés the wall, el muro, de Pink Floid (1979) y de Wall Street.

Una pared une y separa a los amantes en la Fábula de Píramo y Tisbe, romance de Luis de Góngora (1618). La pared es canción de Bambino (Utrera 1940‑99); Entre la espada y la pared, de Fito & Fitipaldis.

entre la espada y la pared (446.000 resultados en Google) significa que, hagas lo que hagas, lo tienes crudo, y viene de cuando los espadachines se batían el sable, que algo tiene que ver con el machete y con a machetazos.

poner pies en pared (1.590G) o pie, en singular (5.650G), es tenacidad, insistir con empeño, de cuando los muchachos se retaban a trepar con soga por una pared, a ver quién llegaba más alto. Lo cuenta Ludaico Duver, quien nos trae esta cita de Quevedo en Cuento de cuentos (1626): Poner pies en pared no sirve de nada; yo lo he probado viéndome en trabajos, como oía decir: No hay sino poner pies en pared; y sólo sirve de trepar, o dar de cogote.

Figuradamente, las paredes hablan [lo que la gente calla]. Antes, tenemos las paredes han oídos y los montes ojos / las paredes tienen orejas y oídos / las paredes oyen (51.000G): frase proverbial que recomienda cautela cuando se trata algún secreto. las paredes oyen está en Gonzalo Correas, Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627). Y en La Celestina (1499): Callemos, que á la puerta estamos e, como dizen, las paredes han oydos. Y en el Quijote (1615) 2,48, en boca de doña Rodríguez, quien después de poner de vuelta y media a Altisidora y a la duquesa, suelta esta retención: Quiero callar, que se suelen decir que las paredes tienen oídos. Y en Las paredes oyen, comedia famosa de Juan Ruiz de Alarcón (1628).

Antítesis de las paredes oyen serían más sordo que / sordo como una tapia y las paredes hablan (234.000G); hablan, y de qué manera, desde los grafitis.

Este “machete al machote” (13.800G), escrito en versión vasco taquigráfica (76G), está en las paredes de Bajo de Guía, Sanlúcar, Cádiz, donde no es raro este tipo de feminismo pinturero.

machete al machote 20170612

enlaces:
Fábula de Píramo y Tisbe
La pared,
de Bambino

 

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la internet

la-nube-internet-web-red

la nube, la red, la web y la internet

Una de las ventajas de la lengua inglesa sobre la española: las cosas no tienen género, mientras el español se empeña en la ventana y el balcón como si tuvieran sexo. ¿Qué ocurre cuando el español adopta y hace suya una palabra inglesa, qué género le damos? Lo normal sería el de su traducción: net es red, la red y, por tanto, debería triunfar la internet, con o sin mayúscula inicial[1]. Sin embargo, en ese gran observatorio del lenguaje que es Google, el internet casi multiplica por diez los resultados de la internet[2]. Si vamos a otros repartos del español en series parecidas, es notable la tendencia de nuestro idioma a reservar el femenino a lo que abarca a un conjunto o a una actividad; y el masculino, a la unidad: la navegación y la fontanería para un barco y un fontanero. Es verdad que existen las barcas, el ciclismo y una bicicleta, pero fíjense en los repartos de el y la dentro del universo de los medios: la tele y el tele, la prensa y el periódico, la publicidad y el anuncio, y las personas mayores sabiamente han distinguido el radio, aparato, de la radio, emisora, la Radio Nacional[3]. A internet, lo mejor es no ponerle artículo o reducirla a red, con mayúscula si se quiere distinguir de otras redes. Red, la Red, la red, la Internet, la internet o internet debieran nombrar el medio y reservar el internet para una conexión concreta, en frases del tipo el internet de esta casa va lentísimo. La adopción de red por toda internet (estar en red, salir en red, redes sociales) aligera de anglicismos nuestro invadido idioma y deja hueco para adoptar uno que merece tratamiento de palabra de acogida: web, red, malla. Ya era extranjera la uve doble, y vino web y la multiplicó por tres: www (wide world web) red mundial, nube también, donde ojalá nos conozcamos todos. No iremos hasta el final de uno en uno sino de dos en dos, escribió Paul Éluard (1895‑1952) pensando en Gala, el pibón de su mujer[4], que lo dejó plantado por Salvador Dalí. pibón (de pibe) o guayabo (fruto de la guayaba) son, más que masculinos, masculinismos de muy machos que pierden los ojos detrás de una mujer hermosa y que contradicen la norma de dar a las féminas palabras femeninas. De un pibón trata The sting, breve relato de Antonio Delgado Cabeza que hoy publica El Sobre Hilado. Léanlo con el aviso de Mario Benedetti (1920‑2009) en este poema naturalmente titulado La red:

LA RED

.

Igual que la de Bécquer
el arpa de la araña
en un ángulo oscuro
espera o desespera
el aire de la siesta
mueve sin destruirla
la seda de cordaje
hay una breve escala
de silencios
por fin
una mosca inocente
o quizá alucinada
sucumbe ante el hechizo
y paga con su vida
el haber profanado
el hermetismo
de la sencillez.

*
benedetti_mario_2

enlace a género en inglés, a pibón

[1] La Internet suena a La Internacional, de rojas connotaciones.

[2] 11.300.000 a 1.220.000.

[3] En español coloquial el femenino adquiere un valor aumentativo. maricona es más marica que maricón y el mar dicen veraneantes de playa; la mar, quien se juega la vida en ella. Para no discutir, El mar. La mar, de Rafael Alberti.

[4] Estos genitivos de adjetivo absoluto son muy divertidas en español: no es que la mujer tenga un pibón: la mujer es el pibón. Y así nos pasa que en el burro de tu hermano no sabemos si tu hermano tiene un burro o si él es el burro.

la perífrasis

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PEFÍFRASIS, AGENTES Y OTRAS COSAS QUE NO SON COSAS

La perífrasis consiste en una unión temporal de palabras. Puede ser en torno a un sustantivo, perífrasis nominal: quien todo lo puede (Dios), la que ha de venir (la muerte) o en torno a un verbo, perífrasis verbal: unión temporal de verbos[1] en la que uno de los dos verbos socios cede al otro, pierde o sacrifica, parte de su significado con tal de alcanzar un resultado. En la frase el libro debe de costar 20 dólares, el verbo deber no tiene sentido de deuda, equivale a costará aproximadamente, es perífrasis. En íbamos a hacer los deberes a casa de mi amigo, el verbo ir conserva su sentido de desplazamiento, por tanto no hay perífrasis. Sin embargo, en íbamos a hacer los deberes cuando se fue la luz, el verbo ir ya no significa movimiento sino intención, así que actúa como auxiliar de perífrasis incoativa. Quien ve voz pasiva en la naturaleza es conocida, asegúrese de que detrás vendrá un clarísimo complemento agente: es conocida por Darwin, es conocida por la ciencia, es conocida por la humanidad, pero ¿es conocida por la naturaleza? Otra forma de probar si hay perífrasis es poner otro adjetivo: la naturaleza es bella, la naturaleza es inmensa. Nadie dirá que *bellar o *inmensar sean verbos, ¿verdad que no? Sin pruebas de perífrasis y de complemento agente, el análisis activo es el más fácil, es mayoritario (la pasiva está muy en desuso entre los hablantes) y va a favor de la lógica pues ¿qué sentido tiene que una señora llamada Naturaleza (pongámosla con mayúscula) sea conocida por la propia Naturaleza? ¿Le habrá dicho Sócrates: Naturaleza, conócete a ti misma?

La misión docente empieza en digerir conceptos (ahí es bueno el debate) pero culmina en explicar esos conceptos ya digeridos (sin debate, a ser posible): cómo se dan al alumnado, ya masticados, como bolo alimenticio del pájaro a sus polluelos. La duda inicial de Ximena Krasnaya es legítima de traducción pero abre esta otra: qué clase de clases darán algunos.

Y todo empezó por una discutible aserción, culpa de una mala traducción de Spinoza, un texto a fin de cuentas filosófico al que hay que pedir rigor, exactitud y no coloquialismos. Quienes se empeñan en que sí es pasiva y en que sí hay agente, ¿se han parado a pensar que la naturaleza ni es ni puede ser llamada cosa? En esto, tiene alguna razón el bando que ve causa (circunstancial de causa) aunque, más que causa, es fuente de información o de conocimiento. El conocimiento tiene sus fuentes y por eso el verbo conocer se acopla muy bien con complementos régimen de fuente de conocimiento. La frase debía haber sido: “La naturaleza es conocida por sí misma como fuente de conocimiento y no por ninguna otra”. Al final, lo que sostiene Spinoza ‑no su pésima traducción al español‑ es que el humano conoce la naturaleza observándola. Por algo, las ciencias naturales.

Equivocarse es humano pero empeñarse en la equivocación, persistir en el error, es de dioses o de quienes se creen que lo son. Háganse caso y rectifiquen, que eso sí que es de sabios.

 


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Dejo a ustedes con un poema de Rafael Alberti, bueno para ensayar y practicar cuándo el verbo dejar forma o no forma perífrasis. Se llama Lo que dejé por ti, y dice así:

 

LO QUE DEJÉ POR TI

 

Dejé por ti mis bosques, mi perdida

arboleda, mis perros desvelados,

mis capitales años desterrados

hasta casi el invierno de la vida.

 

Dejé un temblor, dejé una sacudida,

un resplandor de fuegos no apagados,

dejé mi sombra en los desesperados

ojos sangrantes de la despedida.

 

Dejé palomas tristes junto a un río,

caballos sobre el sol de las arenas,

dejé de oler la mar, dejé de verte.

 

Dejé por ti todo lo que era mío.

Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,

tanto como dejé para tenerte.

 

Disfrute del soneto y otro en dos sonetos de Alberti  en edición facsímil.

[1] temporal se dice porque no figura esa unión en la tabla de conjugación, donde solo entran haber para las formas compuestas y ser para la voz pasiva.

Viaje a Italia (1)

ANIMATION Viaje a Italia

VIAJE A ITALIA
27 de mayo / 2 de junio 2016

Viaje a Italia es el título de muchos títulos. Pongamos el Viaje a Italia (1786‑88) de Johann Wolfgang Goethe, ese que cierra su periodo romántico significado por Werther (1774) y que abre paso al Goethe converso al clasicismo; conversión que me ha hecho picotear el libro y dejarlo para otro día. Bajo la idolatría por Grecia y Roma clásicas, destrozaron la hermosa Italia de la Edad Media, del románico y del gótico hasta el Trecento. Y si el primer Renacimiento tiene un pase, los excesos de la Contrarreforma resultan infumables. Ese Panteón desequilibrado por hacer de él un templo cristiano. Estilos superpuestos, de vencedor a vencido, en Italia, a puñaítos. ¡Y nos vienen con que hay que conservar el patrimonio! Por aquí que te vi. No fui a Italia a hacerles el juego, la foto, y a otra cosa. No fui a soltar un ¡oh! de asombro ante obeliscos robados a Egipto como si yo no fuese parte de la Europa que presume de museos y monumentos traídos de milenios de guerra y de saqueo. No iba a abstraer el Coliseo ni el Circo Máximo sin relacionar lo que ahí pasaba con lo que pasa en mi patria en los cosos taurinos y en otras plazas donde el maltrato continúa. No he ido a Roma a ver al Papa; sí a zaga de Rafael Alberti por el Trastévere. Y me daría igual la Capilla Sixtina si para verla tenía que guardar cola, sacar tique y levantar la cabeza ante la belleza entre la tortícolis y la bulla, mitad sorprendida por ver más de lo que esperaba ver y mitad decepcionada porque, visto lo visto, no era para tanto. No. No fui buscando lugares comunes ni fui de heterodoxo por Campo dei Fiori. Fui en viaje de novios detrás de una inmersión, una tranquila estancia sin demasiada agenda. Iríamos al Vaticano o a la Fontana di Trevi como decorados donde la vida sucede y donde se juntan propios y extraños que, como mi novia y yo, todo lo invadimos. Cierto, que la inmersión es imposible sin amistades previas en el sitio, pero, como objetivo, algún trato humano se alcanza y, a la vuelta, nos libramos del pedante relato. Lo que hicimos cabe entre comidas o entre dormida y siesta. Pasear, perdernos y ver cómo se usa poner allí el aperitivo, la grappa, el prosecco o la Peroni, esa Cruzcampo local, bajo el lema haz lo que vieres.

Consejo. Si podéis, viajad sin el colmillo retorcido ni el entrecejo resabiado ni la sonrisa icónica del turista occidental, ese ejemplar atravesado por insuperables contradicciones de conciencia, ser y no ser ciudadano de un lugar, de un país, a la hora de reconocer, como persona particular, la deuda histórica o la responsabilidad que la sociedad de donde vienes tiene con la sociedad a donde vas. Turismo hacemos a tres niveles: a un país más rico, a un país más pobre, o a un país similar o parecido. Buscad el equilibrio en vuestros planes y en vuestro juicio. No alucinéis con el yoga y la meditación, como si en India y en España no hubiera mierda y miseria en que meditar, agresividad contra la que levantar el grito. Ni pongáis ojos bucólicos para elogiar la vida intacta del aldeano por el Magreb, con su burrito el hombre trasportando cántaras de agua a una distancia endemoniada, con qué bien guardan sus costumbres como hace siglos. Acabaréis justificando lo injustificable.

Que vuestro viaje no agrande la estupidez de la Tierra ni la desigualdad de este Mundo.


Viaje a Italia. Próximas paradas: Bomarzo, Roma Términi, Nápoli, Firenze, Fiésole, Bar San Calisto, Trattoria il Ponientino, Piazza de Mercanti y Aeropuerto de Fiumicino.


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FOTOS DE UN VIAJE A ITALIA

-1.

Roma de Alberti

-2.

Viaje a Italia (fotos personales)

-3.

Viaje a Italia (fotos curiosas sin gente)

-4.

Viaje a Italia (animación resumen)


Roma, peligro para caminantes | dos sonetos de Rafael Alberti

Alberti foto

 

 

Alberti soneto Lo que dejé por ti

Alberti soneto Roma, peligro para caminantes

REPRODUCCIÓN FACSÍMIL DE LA EDICIÓN DE LA REVISTA LITORAL, MÁLAGA 1974,
DEDICADA A
Roma, peligro para caminantes, de Rafael Alberti.

Página de captura: Biblioteca Virtual de Prensa Histórica Ministerio de Cultura.

Pinche y pruebe a descargarse la página que más le guste.


Artículos dedicados a Rafael Alberti



Alberti, el segundo de la clase

rafael alberti con daniel lebrato cádiz 16 12 1996 libro quién como yo dos fotos
Daniel Lebrato recibe un sobre de Rafael Alberti. La botella de agua fue protagonista.

ALBERTI, EL SEGUNDO DE LA CLASE

A galopar hasta enterrarlos en el mar

El 2, de Géminis y de Caín y Abel, es el número de la literatura española. Dos son los personajes de las grandes obras: Quijote y Sancho, Zifar y Ribaldo, Calixto y Melibea, Lucanor y Patronio, Lazarillo y el ciego, el galán y el gracioso, la dama y la criada, Tenorio y Mejías, Belarmino y Apolonio, Fortunata y Jacinta, Leandro y Crispín, Cipión y Berganza, Max Estrella y Don Latino, Rubén Darío y el marqués de Bradomín. De a dos se nos presentan autores como el Arcipreste y don Juan Manuel, San Juan y Santa Teresa, Góngora y Quevedo, los Argensola, los Moratín, los Machado o los Quintero; o, en el 27, Lorca y Alberti. A uno que hubo que fue único, le salió un doble: Avellaneda, de Cervantes. Y siempre nos ha parecido que hay que elegir entre dos: entre el arte mayor y el menor, clerecía o juglaría, entre el verso y la prosa, entre la izquierda y la derecha de las dos Españas, entre arraigados y desarraigados, entre apocalípticos e integrados. En el caso de Alberti, la operación de denigre consistió en compararlo a peor con el asesinado García Lorca, con quien Alberti sale fotografiado en el homenaje a Góngora, Ateneo de Sevilla, 1927. Pero que hablen las obras por fechas, y juzguen, si Alberti o Lorca, quién dio primero:

LORCA (1898‑1936) ALBERTI (1902‑1999)
Granada El Puerto, Cádiz
1 popularismo Romancero gitano (1928) Marinero en tierra (1924)
2 surrealismo Poeta en Nueva York (1930) Sobre los ángeles (1929)
3 elegía Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935) Verte y no verte (1935)
4 teatro La casa de Bernarda Alba (1936) El adefesio (1944)
5 pareja actriz (1) Margarita Xirgu (1888‑1969) Núria Espert (n.1935)
  • Las dos, catalanas. Es curiosidad.

La tabla indica que en 1 y 2 Alberti fue por delante de Lorca; en 3, a la par y en 4, por detrás: dos victorias, una derrota y un empate, lo cual es una tontería decirlo así pero por los tontos se dice y se escribe. Los tontos que medio justificaron la muerte de Lorca y luego argumentaron que su temprana muerte le había hecho un favor, al convertirlo en leyenda, para, por contraste, hundir la obra y la figura de otros poetas vivos, principalmente Rafael Alberti, quien, es cierto ‑y normal, en una biografía casi centenaria como la suya‑, tuvo desmayos y caídas poéticas espantosas, una vejez fea como todas las vejeces, con la desfachatez de casar a sus 88 años con una de 44 y que, para colmo, militó en el Partido Comunista, alentó la lucha del exilio y desde su exilio se atrevió a preguntar ¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora? (1953), que cantó Aguaviva, como su Galope, de 1938, se haría en Paco Ibáñez, A galopar (1967).

Alberti y Pasionaria 13 de julio 1977

Hombre de fotos, Rafael Alberti integraría con Dolores Ibárruri, Pasionaria, la mesa de edad que presidió las primeras Cortes democráticas (13 de julio de 1977). Quedamos, Rafael. ¡Hasta enterrarlos en el mar!


Artículo relacionado: La foto del 27.