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de chuminos, nonainos y miarmas, en vacaciones.

miarma


Corre por ahí: miarma, por fin palabra académica.[1] Sin verificar la exactitud de la transcripción hecha de unas palabras atribuidas a Antonio Rodríguez Almodóvar, dueño probado de mejor prosa,1 miarma no nace en Sevilla, ni sería nunca un honor de la sevillanía (equivaldría a un guiri llevando a honor ser guiri), sino en provincias donde parodian el falso ‘mi alma’ dirigido incluso a quien el prototipo de Sevilla dejó algún gasto, algún marrón. También son de comentar los afiches que circulan sobre el origen de la palabra chumino, de “show me now” (enséñamelo), que se disputan los espanglis de Cádiz y de Málaga. Se ve que alguien se aburre en vacaciones y se distrae en redes. Si tanto sopla, dará positivo en la prueba de estulticemia. Y, por cierto, a ver cuándo desde Andalucía dejamos de mendigar a las puertas de la Academia. ¡Le vayan dando a la Academia!

Queden ustedes con lo que dice Tinta de calamar sobre la invención y tratos de nonainos y miarmas:

«Un nonaino es un miarma que canta y un miarma es el nombre que en ciertas partes de Andalucía se da a la gente de Sevilla. Parece que mi arma, mi alma, ha llegado a muletilla. En Tombuctú los arma, unas diez mil familias, son en su mayoría de origen marroquí pero existen descendientes de los andalusíes de Yuder Pachá que siguen usando palabras castellanas y defienden su origen andaluz. Portan espadas rectas, adornan su pan con cortes en forma de cruz y blasonan sus casas con escudus espagnioles.» (§172) En Para hacer un verano andaluz[2] se lee: «Un nonaino hemos dicho que es un prototipo de Sevilla que, esté en la fiesta que esté, siempre se arranca por las arenas y entre los pinos cantándole a su virgen del Rocío ¡No ni ná! El nonaino, de hábitos gregarios junto al arsa y al ole, se caza de madrugada en urbanizaciones de temporada alta de julio a septiembre incluso con las ventanas de cristalit bien cerradas.» (§393)

[1] Este es el mensaje: «El muy sevillaníssimo (así) término, miarma, ya forma parte oficial de la lengua española, del dialecto andaluz, por supuesto. La buena noticia de la incorporación de nuestra querida palabra aborigen a los diccionarios del mundo, la daba ayer el académico sevillano de la RAE, Antonio Rodríguez Almodóvar, en rueda de prensa en el Ateneo hispalense, con las siguientes palabras: “Ni mi alma ni mi arma. La inmensa palabra, el santo y seña de nuestra ciudad que da la vuelta al mundo cual Macarena ¡ajay! es miarma. Es por ello que tengo el inmenso honor de anunciar a la sevillanía y a los cientos de millones de andalusí-parlantes de todo el Nuevo Mundo, que miarma pasa a ser un término oficial de la lengua española. ¡Qué alegría, miarma!” Asimismo, el académico y cuentista anunciaba que otros términos indígenas como empercochao, enguachisnao, calufa, bacalá, pirriaque, noniná o contrimá también serían en breve asumidos por la RAE. Han sido siglos de uso popular o coloquial de la palabra miarma como muletilla para todo en las conversaciones de la Mariana Villa, hasta el punto de que los sevillanos son denominados como miarmas más allá de las fronteras de la provincia.»

[2] «Para hacer un verano andaluz se le quitan a la temporada sus golondrinas, lo que debe hacerse inocua pero exhaustivamente, y en jaula aparte se tiene dispuesto un ejemplar de cigarra adulta, macho de tres a cuatro centímetros con sus tímbalos enteros. Según mercado, se procura una casa de campo o similar, una maceta. Deje ahí la cigarra mirando al sur sobre un lecho de tallos verdes. Abra entonces las ventanas, póngase cómodo y escuche el campo los mediodías, hora solar. La vez que la cigarra se arranque por chicharreras, el mes de agosto estará en su punto. Puede, si quiere, regarlo en agua y echar las ventanas por la sombra con búcaros de guarnición. De noche, añada un grillo.»

hacia en tinta de calamar.

hacia

En la casilla 701 de Tinta de calamar puede leerse: «Digno del Guinness es boicotear tú mismo el acto de presentación de un libro tuyo. Eso pasó el jueves 4 de noviembre de 1999 en la Casa de las Columnas de Triana. Daniel Lebrato sale en los periódicos del día siguiente interrumpiendo, como un espontáneo, su propia presentación y dejando sin voz a la concejala de turno que quería ponerse las flores por un libro cuya tirada, tangada, serviría apenas para callar la vanidad del autor, que no se calló, y para cubrir los cuatro compromisos de la institución. Se trataba de una obra fantasma, agotada y bibliófila antes de salir. Busquen, si lo encuentran, HACIA, Premio La Torrecilla de Poesía del Ayuntamiento de Sevilla, Qüásyeditorial, 1999.»

Veinte años después, y a propósito de una entrevista a Gonzalo Rivas Rubiales –quien fue Director general de personas con discapacidad de la Junta de Andalucía– como Íntimo Vilima de Álvaro Martín, Cadena Ser, me entero de que Gonzalo echó su infancia en Ronda (Málaga) y de que su hermana Carmen tiene investigado y publicado en libro Viaje al Sur, Rilke en Ronda, 1912-13 (Unicaja, 2019).

Inmediatamente lancé al mar de Gonzalo y Carmen mis Tres estampas de Ronda. Lo leyó Félix Molina y colocó este tuit: «Qué buen libro HACIA. Se descubre cada día.»

tuits para HACIA

El autor ha dado, como en señal a Félix, al corazoncito de megusta, no así a retuitear sin que ustedes sepan con toda exactitud de qué estamos hablando. Este es el enlace: HACIA [teoría de la ciudad], Qüásyeditorial 1999 – 2015 Blogspot.

Finalmente –entre la vanagloria y quien tiene un lector tiene un tesoro–, tampoco he de negarle a HACIA sus veinte velas de cumpleaños. Para la tarta, en camino me viene el Viaje al Sur, Rilke de la mano de Carmen Rivas Rubiales. No puede uno corresponder a tanta coincidencia (a tanto amor) en las ondas, en las redes y en la tinta de los viejos libros, tintas que son y han sido Tinta de calamar.

NOTAS

En realidad, la extraña ceremonia tuvo lugar en la sede del Distrito Triana (San Jacinto, 33), no en el Centro Cívico Casa de las Columnas (Pureza, 79).

HACIA, en mayúsculas garamond, reproduce el nombre del libro, título idea de Pilar Villalobos.

Formaron el Jurado: José Marrodán, Antonio Morato, Antonio Cáceres, Javier Salvago y Manuel Trancoso.

El colofón lleva fecha 31 de mayo de 1999.

La dedicatoria va, como un misterio, a Galera 10.

hacia

Garamond.

Garamond

Por orden del Departamento de Estado, desde el 1 de Febrero de 2004 todos los documentos oficiales de la diplomacia de EEUU usan (de Usa) Times New Roman de 14 puntos en vez de la anterior Courier New de 12 puntos. Las primeras planas de Tinta de calamar tenían pinta de Olivetti, letra de la familia Courier, creada en 1950 por IBM para máquinas de escribir. Las segundas versiones de TdC ya nos llegan en Garamond y se ve que el autor se había pasado al procesador de textos. La letra garamond, bibliófila y económica de tinta, debe su nombre a Claude Garamond (1490-1561), que trabajó en la corte de Luis Primero de Francia. Las primeras garamond fueron perfiladas del todo por la fundición Stempel en 1924, con cursivas y redondas (romanas o romanillas; en Word: normales) basadas en los dibujos originales. En la versión de Adobe diseñada por Robert Slimbach en 1988, las redondas vienen de las garamond del museo Plantin-Moretus de Amberes y las cursivas se basan en los tipos de Robert Granjon (1513-89), otro grabador de París, tipógrafo que llegó a ser del Vaticano. Influenciada por la letra cursiva inglesa, la cursiva garamond no se parece en nada a la redonda o parecen dos letras independientes y distintas. Se llama cícero al tipo de letra de imprenta del cuerpo 12 (no 14), dicho así por haberse usado en una de las primeras ediciones de las obras de Marco Tulio Cicerón. Como medida tipográfica, el cícero tiene doce puntos y equivale a poco más de cuatro milímetros y medio. TdC se ha escrito en cíceros. La otra reina de las letras, la times, times roman o times new roman se hizo para el diario Times en 1931. Juega con la ventaja de ser la letra mimada del Departamento de Estado. Predeterminada por Word o similares, hay quien no sale de times así le maten. Cfr. times roman (Apple Macintosh), times new roman (Microsoft Office) y nimbus roman (Open Office). Háganse caso y pásense a garamond.


prólogo-epílogo.

Si el objetivo del prólogo es defender una obra de los reparos y objeciones que se le han puesto o se le pueden poner, se denomina galeato (cubierto con casco o celada). El prólogo resulta más literario que la introducción, que solo presenta el contenido, no al autor, y debe distinguirse del prefacio, que expresa la intención de una obra con anterioridad a que haya sido escrita. La más célebre parodia de prólogo es la que puso Cervantes al frente de su primera parte del Quijote, donde un amigo se presenta al autor y le va facilitando la receta para salir del paso. Prólogo-epílogo es un poema de Manuel Machado, ese que empieza El médico me manda no escribir más (1909). Entre 1902 y 1934 Unamuno había hecho tantos prólogos a su Amor y pedagogía, que, por ganas de acabar, terminó usando la fórmula prólogo-epílogo. De prólogo a epílogo, lo que transcurre es tiempo, carrera, currículum. En Roma el currículum o cursus honorum era el que seguía el ciudadano en la magistratura. En la Edad Media el currículum ya es académico y está integrado por trivium y cuadrivium. Desde la Antigüedad, vita o vida equivalían a libro. Vida del lazarillo de Tormes y [libro] de sus fortunas y adversidades. Sin contar cuadernos diarios y libros de memorias, los géneros biográficos se dividen y organizan según la persona o personaje tenga más a menos derecho a narrador: biografía, autobiografía, currículum y currículum vitae. El currículum vitae es señal de que tienes que buscarte la vida y mentir como dicen que mienten, vaya usted a saber por qué, las putas y los bellacos. Si en ello andas en estos tiempos infames, que Dios te dé suerte y a mí quien me lea Tinta de calamar.


 

Tal como éramos (cuatro años de Tinta de calamar).

1º Z
1º Zeta el Terrible

Tal día como hoy, 16 de octubre de 2014, hace ya cuatro años, se presentó en La Carbonería de Sevilla Tinta de calamar, experimento en prosa o novela en obras que cerró el ciclo papel o literatura encuadernada de su autor, el hasta entonces tenido por poeta Daniel Lebrato. Sostiene Lebrato: Desde aquel día rompí los lazos con la Galaxia Gutenberg, pueden creerme, por mi gusto y el suyo: ni necesito el libro de papel para lo que aún pueda seguir escribiendo ni el libro de papel me necesita a mí, con esa corte que lleva consigo de afanes, vanidades o desasosiegos; premios, librerías, ferias del libro. Tinta de calamar me sirvió para cerrar una etapa sin la cual podrían tomarme por un resentido: A este lo que le pasa es que no lo publica ni Dios y, por eso, ha emigrado a buscarse la vida en la Nube.

Debo a Diego Vaya y a Martín Lucía, de Ediciones en Huida, la salida a luz de Tinta de calamar, y debo a José María Conget y a Salvador Compán, a Juan Martínez, Ladislao Mendoza y Agustín Gallardo, a Pilar Villalobos y a Pisco Lira, pero también a Pedro Domínguez y a Rocío de la Torre, a LeMonge y Cenarte, a Pedro y Cristina Montero, a Ana Ávila Álvarez y a quienes aquella noche me seguisteis en La Carbonería, la culminación de un currículo.

De entre el alegre y bullicioso público, quiero destacar al último curso que me acompañó hasta el final (yo me había declarado en clases pasivas dos semanas antes). Fue Primero Zeta el Terrible, ya en esa fecha en Segundo de Bachillerato del San Isidoro nocturno. Este grupo formaba parte de Tinta de calamar, donde ocupaba la casilla 766 de las 780 que componían la partida. Dice la 766:

1º Z

«Ya cerca del final, nos haremos todos pastores como quiso Sancho Panza. El primero, mi señor, porque está al venir don Alonso Quijano el Bueno. Reparto. Don Quijote, Quijotiz; Sancho Panza, Pancino; Sansón Carrasco, Carrascón; el barbero y el cura, Curambros. De ese modo, y con su nombre y apellidos, el profe se hizo llamar Zatodán y a su último curso dio títulos de Sancadíz (Santiago Caballero Díaz), Sandrelor (Sandra Delgado Ortiz), Evaical (Eva Fraile Calero), Cargarán (Carmen García Angulo), Danicio (Daniel Aparicio), Alfongás (Alfonso Gautier Castro), Margiral (Marina Giráldez), Victorjiz (Víctor Jiménez), Altiztén (Ortiz Then), Dayamor (Dayamor), Arosú (Aroa Osuna), Manromán (Manuel Román), Marolún (Macarena Romero Luna), Pedrobrás (Pedro Serrano Bravo) y Nabilón (Nabil Lounzo). Firma los despachos Daniel Lebrato Martínez, Zatodán. Los contó y contó doce. Joder, tú.»

–enlace a Tinta de calamar, álbum de fotos en La Carbonería (fotos Cristina Montero)

/ gracias es nada /

Daniel Lebrato


 

de Tinta de calamar 2014, a Vidas fastidiadas 2017 (separata).

Tinta de calamar la foto

He releído, revisado, corregido y actualizado lo que fue Tinta de calamar (TdC 2014). Y me ha salido Vidas fastidiadas, subtítulo entonces. En estos tres años mi biografía es la que ha corrido, ya no el currículo, y he pensado en quien, sufrido lector, está en el ajo de TdC desde 2010 (1ª edición, digital) o 2014 (2ª, en papel) y en quien tropiece ahora por primera vez. Por eso, sobreviven o sobremueren las nueve vidas fastidiadas. La técnica de montaje ‑de escaques titulares que podrían ser otros y escaques suplentes, que quedan en el banquillo‑ me permite espumar ahora lo nuevo sin repetir nada viejo, sin más vida fastidiada que la mía. Soy el rey.

VIDAS FASTIDIADAS


 

Congé de Conget.

Conget Confesión generalconfesión general (acrónimo: congé) llama la Iglesia a la de todos los pecados a lo largo de toda una vida. En literatura española, confesiones generales, la de Ana Ozores, La Regenta, y la de Ángela Carballino, en San Manuel Bueno, mártir. La Regenta estaba mal, hizo confesión general y acabó fatal. Ángela Carballino, de Unamuno, a modo de confesión nos cuenta el secreto que le contó su hermano del secreto de don Manuel (muy sencillito todo), a quien no sabemos si la Iglesia acabó elevando a los altares (del Don al San). Confesar, se confiesa lo personal que avergüenza y nadie sabe. Contra eso, el Confieso que he vivido, de Neruda, que da la vuelta al pecado, raíz y fuente de la mala conciencia. De esa estirpe, vitalista y no renegrida, es Confesión general de José María Conget, libro recién publicado, con diez relatos como los diez mandamientos.[1]


Queden ustedes con tres cosechas propias que tienen que ver con la confesión y la comunión y que eLTeNDeDeRo dedica a la congé de Conget.


Confesión general. En La Regenta, Clarín presenta primero al halcón, Fermín de Pas, y luego a su presa, Ana Ozores, que afronta como paloma una confesión general. Si será sutil el hilo de su conciencia, que antes de la confesión Anita estaba limpia de pecado y después de la confesión ya ven, adúltera y medio muerta de asco, náusea y vergüenza. En cambio si te confiesas bien te irá fenómeno. Ya puedes ser el abominable hombre de los crímenes, estuprador de querubines, coleccionista de pecados nefandos y contra natura. Todo está en ir apuntando nombres y circunstancias, y en decírselos al cura sin callar ninguno. Que el primer crimen, la primera culpa, como el primer amor, nunca se olvida, pero luego le vas cogiendo el tranquillo (que viene de tranquilo, illo) y puede que vayas al páter y no te acuerdes de qué tenías que confesarte.[2]


ABADÍA DE CÓBRECES (2002)
leyenda infantil del confesor sordo

Un criminal cristiano,
arrepentido
de haber tirado al monte
mujer e hijos,
se confesaba
con el padre Patricio,
que era de Irlanda.
Por toda penitencia,
salió diciendo
un par de avemarías
y un padrenuestro.
(Más que irlandés,
era tapia aquel fraile
como un bedel.)
Pederastas, zoofílicos,
putas y chulos,
chorizos y banqueros
de todo el mundo
mirando al mapa:
–¿Dónde?, ¿Dónde está Có-
breces, Cantabria?
Al poco, en la abadía
creció el negocio,
con buena bolsa vienen
dejando el óbolo.
Y a tantos hombres
encienden las beatas
cirios de noche.
Abajo, en Satanasa,
Poncio Pilato,
que quiere nuevo juicio,
revuelve el patio:
–¿Veis, compañeros?
Las manos tengo limpias
y aquí me veo;
en cambio, si confiesas
tu horrible crimen
con ese fraile que
no puede oírte,
nada que reces,
y te limpias de sangre
sin detergente.
San Pedro, que lo supo,
echó sus cuentas:
–¿A tanto pecador
la puerta abierta?;
esto es un chollo,
mejor mandarle un flato
al fray don sordo.
El abad con el duelo
reunió a su trapa:
–Hermanos: ¡Al confeso-
nario sin guasa!,
que aquí al que peque
le caerá penitencia
con intereses.
Se quedan las beatas
sin criminales
doblando sus braguitas
nuevas de encaje.
Patricio, el pobre,
le pusieron los ángeles
un sonotone.
[3]


Por último, habla la criatura comulgante. Recuerden la que nos daban los curas con cómo había que hacer la sagrada ingesta.


PRIMERA COMUNIÓN

Con habilísima lengua,
recibir tu candoroso
centro, frágil pan de un alba en
mi saliva, hacerte mío en-
tonces, mío. Asegurarme
que ha conseguido no herir-
te mi torpe dentadura,
que mi paladar es leve
cielo al gusto tuyo, como
de algodón mi garganta hasta el
suspense del nunca visto y
más sublime trago. Cuerpo
de Cristo, escuela de amor
única.
[4]


[1] Charo Ramos entrevista al autor en La madurez de Conget.

[2] Tinta de calamar (2014)

[3] Abadía de Cóbreces (Blogspot, 2002)

[4] ¿Quién como yo? (1996)