Etiqueta: navidad

pascua.

Daniel en el viejo coche

pascua, pascuas o Pascua. Del latín y el griego desde el hebreo pasca, paso, tránsito, por influencia del latín pascuum, lugar de pastos, por alusión a la terminación del ayuno que celebraba el pueblo hebreo en mitad de la luna de marzo en memoria del fin del cautiverio de Egipto. Pascuas hay dos, de invierno y de primavera, solsticio y equinoccio, de Na[ti]vidad y de Resurrección, solemnidades del nacimiento de Cristo a la Epifanía (reconocimiento y adoración de los Reyes Magos) y de la venida del Espíritu Santo, también llamada Pascua Florida o Pentecostés (domingo siguiente al plenilunio posterior al 20 de marzo). Locuciones: de Pascuas a Ramos, de tarde en tarde. estar como unas pascuas, estar alegre y regocijado. hacer la pascua, fastidiar, molestar, perjudicar. y santas pascuas, para dar a entender que es forzoso conformarse.

En la palabra pascua lucha el deseo de un tránsito a algo mejor, contra la realidad de que, pasadas las pascuas y por mucho que nos felicitemos, la vida sigue haciendo de las suyas, a unos felices y a otros desgraciados. O sea, como en la canción de Julio Iglesias, la vida sigue igual.

En lenguaje urbano, felices pascuas (1.970.000 googles) ha cedido terreno ante feliz navidad (75,4 millones) o felices fiestas (17,2). En todo caso, la felicidad es eso que, por intentarla, no perdemos nada. El cruce con dad y se os dará ha dado navidad y se os dará o felicidad y se os dará. Que así sea, que es como cierra la clerecía sus jubilosas oraciones.

DISCURSO DEL AÑO VIEJO
 
No he sido un año bueno.
He sido año de guerras
malas, todas lo son.
En mis meses ganaron
los de costumbre. He visto
vivir en una cárcel,
morir en el Estrecho.
He soportado reyes
y he soportado ricos
que no han sabido ser,
estúpidos, felices
y aún juegan con la crisis.
Os dejo un año más
las uvas y una boca
con más o menos dientes.
Contadlos. Suficientes.
Y adiós.



a vueltas con “el hashtag y la lotería”.

A propósito del artículo El hashtag y la lotería, donde [eLTeNDeDeRo] anima a usar las redes sociales como arma de insumisión contra petardeos, modas o tendencias que aplastan al individuo (poniendo por caso jugar al gordo de navidad quien habitualmente detesta la lotería), sostiene Alan Gat Peguero (Omkara) esta interesante opinión que anima a no hacer nada:

«Yo no compro lotería porque no quiero que me toque, le dije a alguien que me quería vender la ilusión. Desde entonces, me mira con extrañeza creyendo que le engañé.

»Las personas al no pensar por sí mismas no pueden comprender que sus actos están motivados por circunstancias externas y exponen sus pensamientos y acciones al albur de lo que hagan los demás, por tanto, necesitan un ejemplo para justificar su propia acción de deseo.

»Crear una petición o plataforma del tipo que sea, forma parte de lo que los demás hacen. No crear nada es lo más original que puede un ser crear, porque no se basa la acción en ningún estado de inquietud.»

Lo cual que, como en la sobremesa de aquel sábado hubiera estado nuestro amigo Alan, la conversación hubiera derivado a lo que es “pensar por sí mismo”. Yo no creo en la construcción pensar por uno mismo: yo nunca he pensado por mí mismo; siempre he pensado con y por, con álguienes y por algún motivo y hacia algún fin: evitar la estulticia, la injusticia y mi propia soledad mortal y rosa.

Donde Alan dice que una acción en red contra la lotería “forma[ría] parte de lo que los demás hacen”, sugiero que me mande el enlace (web, hashtag, etiqueta o almohadilla) para yo añadirme a lo que ya estará hecho, y yo sin enterarme.

Pero lo que ya me despista (con agrado y entre copas de sobremesa, eso sí) es qué tiene que ver la creación (si es la creación artística o literaria) con lo que estamos hablando. La frase “no crear nada es lo más original que puede un ser crear” es propia, desde Hegel y Duchamp hasta aquí, de artistas que lo saben (el arte ha muerto) pero los muy pillines no paran de reivindicarse, hoy un disco, mañana un libro, al otro una exposición, y siempre que les bajen el iva, mientras la masa no cultural o no artística pase por taquilla y se dedique a otra cosa: fabricar ordenadores como este en el que escribo, poner ladrillos en casas como la mía, limpiar retretes como el mío, dirigir bancos como al que pedí la hipoteca o presidir gobiernos como el que nos gobierna y desde el que nos bombardean con la lotería del gordo de navidad, que era el “estado de inquietud” en que nos basábamos. Gracias: Alan Gat Peguero.

el hashtag y la lotería.

loteria_forges

En taquigrafía en red, se llama hashtag (del inglés hash, almohadilla #, y de tag, etiqueta) a una cadena de palabras que dan título a un acontecimiento o tema candente que el sistema y usuarios identifican de forma rápida de modo que se suman o dialogan o interactúan o intercambian sus datos u opiniones, o sea, donde hashtag, podríamos decir almohadilla (en la almohadilla #hashtagylotería) o simplemente etiqueta (en la etiqueta #hashtagylotería), que es lo que recomienda La Fundéu. Una vez lanzada la etiqueta, corren mensajes bien hacia el usuario central lanzador o bien entre la cadena de usuarios, lo que da lugar a una cadena o hilo de conversación (por una vez, la palabra hilo nos entra en el idioma sin pasar por el inglés).

La anécdota que me trajo aquí fue una charla de sobremesa de sábado con tres amigos, donde salió el tema del Gordo de Navidad. Partiendo de que los cuatro jugamos y guardamos, quien más quien menos, nuestro numerito en casa (por si nos toca), de los cuatro, uno reconoció que compraba lotería por coacción, “por coacción nacional”, dijo, porque todo el mundo juega: en el trabajo, en el bar, en el taller, en la ampa del cole o en el bloque de vecinos. Entre la coacción (que es presión por la fuerza), la incitación (que es provocación a la que cuesta negarse), la imitación o la emulación (que es copiar o actuar por rivalidad), infinitos son los actos, las posturas o decisiones que adoptamos, no por nuestro gusto, sino por presión social: la lotería, las comuniones, los tatuajes, hasta tener hijos, cosas muy serias en nuestra vida las hacemos porque las hace la gente. Siguiendo con la conversación, uno de los cuatro planteó su extrañeza porque, en tiempos de tanto Change.Org, de tanta almohadilla o de tanto hashtag, habiendo tanta cadena, cómo es que nadie creaba una petición o una plataforma del tipo #yonojuego o #yonojuegoalalotería, a ver si cundía. ¡La de maravillas que podríamos hacer y no las hacemos!

El siglo 20 nos dejó dos hermosas convocatorias mundiales por el bien de la humanidad toda y fueron la Conferencia de la Onu por la Paz y el Desarme y la Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático. A día de hoy, la del cambio climático sigue pero a la paz y el desarme le dieron el cambiazo por la paz y no violencia para meternos la bacalá al pacifismo y a mayor gloria de quienes cocinan el negocio de las patrias y naciones armadas, naturalmente todo en nombre de la no violencia y de misiones de paz del glorioso ejército y de ministerios sistemáticamente llamados de Defensa. #por_aquí_que_te_vi.

–enlace a QUE TE DEN LA BACALÁ

–vídeo LA BACALÁ (3:30)


A propósito del artículo El hashtag y la lotería, donde [eLTeNDeDeRo] anima a usar las redes sociales como arma de insumisión contra petardeos, modas o tendencias que aplastan al individuo (poniendo por caso jugar al gordo de navidad quien habitualmente detesta la lotería), sostiene Alan Gat Peguero (Omkara) esta interesante opinión que anima a no hacer nada:

«Yo no compro lotería porque no quiero que me toque, le dije a alguien que me quería vender la ilusión. Desde entonces, me mira con extrañeza creyendo que le engañé.

»Las personas al no pensar por sí mismas no pueden comprender que sus actos están motivados por circunstancias externas y exponen sus pensamientos y acciones al albur de lo que hagan los demás, por tanto, necesitan un ejemplo para justificar su propia acción de deseo.

»Crear una petición o plataforma del tipo que sea, forma parte de lo que los demás hacen. No crear nada es lo más original que puede un ser crear, porque no se basa la acción en ningún estado de inquietud.»

Lo cual que, como en la sobremesa de aquel sábado hubiera estado nuestro amigo Alan, la conversación hubiera derivado a lo que es “pensar por sí mismo”. Yo no creo en la construcción pensar por uno mismo: yo nunca he pensado por mí mismo; siempre he pensado con y por, con álguienes y por algún motivo y hacia algún fin: evitar la estulticia, la injusticia y mi propia soledad mortal y rosa.

Donde Alan dice que una acción en red contra la lotería “forma[ría] parte de lo que los demás hacen”, sugiero que me mande el enlace (web, hashtag, etiqueta o almohadilla) para yo añadirme a lo que ya estará hecho, y yo sin enterarme.

Pero lo que ya me despista (con agrado y entre copas de sobremesa, eso sí) es qué tiene que ver la creación (si es la creación artística o literaria) con lo que estamos hablando. La frase “no crear nada es lo más original que puede un ser crear” es propia, desde Hegel y Duchamp hasta aquí, de artistas que lo saben (el arte ha muerto) pero los muy pillines no paran de reivindicarse, hoy un disco, mañana un libro, al otro una exposición, y siempre que les bajen el iva, mientras la masa no cultural o no artística pase por taquilla y se dedique a otra cosa: fabricar ordenadores como este en el que escribo, poner ladrillos en casas como la mía, limpiar retretes como el mío, dirigir bancos como al que pedí la hipoteca o presidir gobiernos como el que nos gobierna y desde el que nos bombardean con la lotería del gordo de navidad, que era el “estado de inquietud” en que nos basábamos. Gracias: Alan Gat Peguero.

La razón de la sinrazón.

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Mierdas iluminadas por Navidad.

La razón de ser de lo que es poderoso provoca la sinrazón de que se hable de ello. Es parte del juego y del poder.  Vean, si no, la cantidad de gente que fustiga el nacionalismo sin darse cuenta (o dándose, qué más da) de que (aunque se disfracen de izquierda contra derecha) todo ese argumentario en contra es en el fondo básica y radicalmente nacionalista, es decir, de la misma índole que aquello que critican. Pasa también con la monarquía, con la religión o, últimamente, con el feminismo de velito islámico o a lo occidental de tacón y de uñas pintadas para un máster chef. Cuando nos damos cuenta, estamos hablando de semejantes disparates, absurdos o tonterías. Es lo que pasa además con las con las fiestas que nos vienen impuestas, particularmente la omnipotente y omnipresente, hasta el hartazgo, Navidad.

Rellene la encuesta ¿Cómo acabar con la Navidad? para el extra de Navidad de la revista satírica TeVeo de Rafa Iglesias. Tenemos de plazo hasta el 20 de noviembre o 20‑N que será el día de otra sinrazón a propósito del enterramiento que no entierre lo que debería estar enterrado de toda la vida.

la revolución del ocio y tiempo libre como una de las bellas artes.

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Mierdas iluminadas por Navidad.

Desde la revolución industrial, mitad del siglo 18, hasta antes de ayer, y todavía en alguna vieja guardia que no se entera de nada, la teoría de la emancipación se ha basado en el reparto del trabajo y la riqueza. Así lo expresó el Manifiesto comunista de Marx y Engels, en 1848, que contaba con un objeto y un sujeto y un método; un qué y un quién y un cómo. Qué: el modo de producción capitalista. Quién: el proletariado. Cómo: mediante la conquista del Estado. La revolución traería nacionalizaciones y socializaciones que regirían por el principio “a cada cual según su aportación”, hasta el “a cada cual según sus necesidades”, que regiría la fase superior o comunismo.

Marx ni Engels ni Lenin ni Trotsky, tampoco Bakunin ni el anarcosindicalismo, pudieron prever las resistencias del capitalismo; unas, por las armas, el bloqueo y la confrontación contra todo lo que se movía en colonias y zonas preindustriales (confrontación, desde Rusia en el 17) y, otras, por hegemonías inyectadas al proletariado del primer mundo que actuarían como un virus o como un troyano: ese fue el Estado del Bienestar, que hizo, del proletariado, clase obrera; después, trabajadora y, por último, clase media involucrada en Estados sistemáticamente tenidos por democráticos donde mediante las urnas sería posible no solo la resolución de conflictos (se acabó la lucha de clases) sino la máxima expresión de la libertad del individuo (el comunismo, como totalitarismo; la democracia y el capitalismo, con sus inconvenientes, como lo menos malo que se conoce), de manera que si la explotación del hombre por el hombre y el capitalismo seguían dándose, se daban por mayorías nacidas de las propias clases dominadas, porque de todo se puede hablar en las urnas de los países libres. Se acabó la revolución gracias al voto a partidos socialdemócratas o democristianos y a la dormición de los viejos sindicatos y de las viejas consignas (aunque perduren en el lenguaje de una vergonzosa izquierda).

Dos revoluciones vinieron tras la industrial: la revolución científico técnica y digital (formulada a finales de los años 70) y la revolución de la información que está empujando ahora. La clase obrera no volverá ni será sustituida por olas migratorias ni por minorías en lucha; tampoco por colectivos o por grupos de sexo (ese feminismo que saca pecho). Todos esos movimientos, con oenegés y solidaridades, no moverán los cimientos de este mundo; tampoco, el islamismo como alternativa a la decrepitud de Occidente. La revolución basada en el reparto del trabajo se quedó sin vehículo y sin piloto. Lo que nos queda es el reparto del individualismo y del tiempo libre y del ocio como revolución pendiente. Otro día hablamos de Internet como Palacio de Invierno o Bastilla que habrá que conquistar.

En esa revolución ocupa un primer lugar la conquista del calendario laboral, vinculado al trabajo, y, cómo no, ahora que se aproximan las navidades, las fiestas y celebraciones que nos vienen impuestas en nombre de tradiciones y artes y costumbres populares.


aguinaldo.

Aguinaldo.png
aguinaldo en Etimologías de Chile, mejor página etimológica del español mundial

http://etimologias.dechile.net/

Discutidísima cuestión, la etimología de aguinaldo. El DAE ve la palabra así: aguinaldo. de aguilando, regalo navideño, quizá del latín hoc in anno, en este año. El Diccionario Etimológico de Chile (que no se deja copiapegar, ahí ven la captura de pantalla), comparte esa procedencia (relacionada con hogaño, este año, hoy, hoc die, pero, per hoc) y añade -y esto es lo interesante- el voto particular del académico Víctor Daniel Fraile, quien plantea que aguilando podría venir del francés a gui l’an neuf [aguilán], que quiere decir “al muérdago, el año nuevo”, fórmula de los druidas celtas en petición de una buena cosecha para el año nuevo todos los solsticios el 21 de diciembre, con vistas a primavera, de donde, aguinaldo: petición-regalo de uno, que coincide con una petición de todos, o sea, los Reyes Magos de ahora.

En literatura, el aguinaldo más famoso del que tengamos noticia es el que pidió Jimena Gómez, la del Cid, cuando todavía eran novios, al reinante Alfonso VI, dentro de los romances épicos emparentados con los cantares de gesta. Como es sabido, el Cantar de Mío Cid (siglo 12) presenta al Cid ya casado con Jimena, pero la curiosidad popular haría con el héroe lo que los Evangelios apócrifos hicieron con Jesús y se hace en todas partes: vestirlo hasta los pies, inventarle una infancia y juventud, lo que en Castilla originó el posterior ciclo de Las mocedades del Cid. Según esa leyenda, el joven Rodrigo se habría visto obligado a batirse en duelo con el altivo y poderoso conde Lozano, padre de Jimena, su prometida, por haber ofendido a su viejo padre, Diego Laínez de Vivar, de un mal bofetón. Total, que en el duelo el joven Rodrigo mató a su suegro, con lo que echaba a perder su enlace con Jimena. (Hasta aquí la parte trágica, ahora empieza la cómica.) Jimena, astuta ella, encontró manera de salirse con la suya, con la honra y con la boda, y fue pedirse a Rodrigo como regalo de Reyes, como aguinaldo que el rey estaba obligado a dar por vínculo de vasallaje. Conectamos con el Romancero Viejo[1]. Las moralejas a favor y en contra, se sacan solas. Felices Reyes y que todos los reyes sean como los Reyes Magos.


ROMANCE DE JIMENA GÓMEZ

Día era de los Reyes,
día era señalado,
cuando dueñas y doncellas
al rey piden aguinaldo,
sino es Jimena Gómez,
hija del conde Lozano,
que puesta delante el rey
de esta manera ha hablado:
-Con mancilla vivo, rey,
con ella vive mi madre;
cada día que amanece
veo quien mató a mi padre,
caballero en un caballo
y en su mano un gaviláne:
otras veces con un halcón
que trae para cazar:
por hacerme más enojo,
cébalo en mi palomar,
con sangre de mis palomas
ensangrentó mi brial.
Enviéselo a decir,
envióme a amenazar
que me cortará mis haldas
por vergonzoso lugar,
me forzará mis doncellas,
casadas y por casar,
matarame un pajecico
so haldas de mi brial.
Rey que no hace justicia
no debía de reinar,
ni cabalgar en caballo,
ni espuela de oro calzar,
ni comer pan en manteles,
ni con la reina holgar,
ni oír misa en sagrado,
porque no merece más.
El rey, de que esto oyera,
comenzara de hablar:
-¡Oh, válame Dios del cielo!
¡Quiérame Dios consejar!
Si yo prendo o mato al Cid
mis cortes se volverán,
y si no hago justicia
mi alma lo pagará.
-Ten tú las tus cortes, rey,
no te las revuelva nadie;
al Cid que mató a mi padre
dámelo tú por igual,
que quien tanto mal me hizo
sé que algún bien me hará.
Entonces dijera el rey,
bien oiréis lo que dirá:
-Siempre lo oí decir,
y agora veo que es verdad,
que el seso de las mujeres
que no era natural:
hasta aquí pidió justicia,
ya quiere con él casar.
Yo lo haré de buen grado,
de muy buena voluntad.

*

–enlace a Lenguarelio.com Canta Joaquín Díaz y letra para seguir la canción.

–enlace a aguinaldo en Etimologías de Chile

[1] Romances anónimos previos a la imprenta, siglos 14 y 15.


 

¡Ya hemos pasao!

¡Ya hemos pasao! fue la canción de Celia Gámez cuando el ejército de Franco entró en Madrid.[1] ¡Ya hemos pasao 2016! El espectáculo ha sido un reto financiado, artificial y bochornoso. Financiado, porque a toda costa de policías y gastos de seguridad (que alguien paga o pagamos con nuestros impuestos) Occidente tenía que demostrar que el yihadismo no iba a amargarnos las fiestas. Artificial, porque nuestros belenes y nuestras uvas no podían interpretarse como espontáneas manifestaciones de fe y de alegría (con el niño Jesús secuestrado en varios belenes públicos y con las plazas de la toma de uvas en estado de máxima alerta). Bochornoso, porque la escenificación de la navidad y del año nuevo (con sus villancicos, uvas, confetis y fuegos artificiales) no podía ser, sin pecado, un adorno: estábamos y estamos tocando fondo.

Ni el 16 fue para dar gracias ni para tirar cohetes ni el 17 será feliz más que para quien pueda costearse y blindarse la felicidad (único egoísmo bien visto). ¡Ya hemos pasao! Los ministerios de defensa y de interior se frotan las manos y dan el parte a la nación: –¡Sin novedad en nochevieja! A base de vallas y bolardos, restricción de camiones, escáneres, cámaras ocultas y cacheos, así cualquiera.

Pasado mañana quien trabaje volverá a su trabajo. En el desayuno -y a la vuelta de Reyes- volverán las oscuras concertinas de empresa y de colegios: ¿cómo lo pasasteis?, ¿dónde estuvisteis? Y a esperar que llegue primavera, que matarán al Dios que les acaba de nacer. Paternidad responsable, se llama eso. Pero antes, a devolver los regalos fracasados y a ver qué cae este año por las rebajas. Y cada día diremos ¡Ya hemos pasao! con tal de que nunca pase nada. Lucidez y buena suerte y que no nos pase nada.

*

[1] Martes 28 de marzo de 1939. ¡Ya hemos pasao! (música Hans Eisler, letra José Herrera Petere) fue respuesta provocación al ¡No pasarán! de Pasionaria y del bando republicano. El 1 de abril Franco dio por terminada la guerra.