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coplas de Juan Tanamera.

guantanamera

Mientras fui profe en activo, me apunté a redes sociales por didáctica. Si mi alumnado, de secundaria de adultos, estaba en redes, yo también estaría, y mis publicaciones podrían ser un comunicado de apuntes (podcast, odiosa palabra) para la recuperación de mis clases por estudiantes que, entre el trabajo y el instituto, muchas veces me faltaban a clase por causa justificada. Desde que dejé el horario lectivo, mis varios tendederos siguieron de utilidad para yo ejercer como emérito en una especie de consultorio de lengua que siempre es más que lengua: Álvaro Martín y Zafarrancho Vilima.

Paralela a mi vena docente (que un profesor nunca pierde del todo) corrían por mis venas libros publicados y nuevos que publicaría, ya no en imprenta: en internet, la gran nube para quien ya no estaba en las nubes del cotarro literario, del publico y presento, del convoco a mis coros y danzas. Mi conclusión era que por mucho ruido que yo hiciera en red, por mis vanidades y exhibicionismos personales, más ruido seguía haciendo la moribunda república del libro de farsa y licencia de la imprenta castiza.

En ese lapso de veinte años no es nada (cuarenta, desde mi primer mural) he ido sumando tropa de varios colores, principalmente gente de la enseñanza, alumnos o profesores, y de la política, de la cultura, la literatura o el libro. También, claro está, antiguos o viejos conocidos que, a través de Facebook, y cuando ya la juventud descuidaba sus muros (otra odiosa palabra), iba topando conmigo o yo con ellos.

Hoy, lo crean o no, lo que me lleva a esta página que escribo es la empedernida batalla contra el tiempo que pasa y que me llevará por delante en un descuido. Soy como Juan Tanamera (guajira, guantanamera), que antes de morirme quiero echar mis versos del alma. O como aquel Quevedo de, pues amarga la verdad, quiero echarla de la boca. Soy (somos) como León Felipe y me sé (sabemos) todos los cuentos. Quizá mi obstinación y lo que puede diferenciarme de otros es que siento la obligación, ahora por Joaquín Sabina, de negarlo todo. Me quedan cuatro días para desdecir lo que he dicho, para desmontar el tinglado del que, Pablo Neruda, confieso que he vivido.

El personaje que yo era se ha ido desprendiendo, Pedro Salinas, de todo lo que encima me echaron desde antes de nacer y más: desde antes de ejercer, desde antes del primer concurso de poesía. Hoy, de aquel afán en que milité un día, no queda casi nada, casi nadie. Mis antiguos amigos de letras, remeros todavía en la nave del libro en librerías, se me han ido perdiendo por uno u otro lado, principalmente uno: la fe en el Estado del Bienestar, triangulada entre la cultura y la izquierda.

Parte de ese triángulo enseñó su patita cuando el referundismo en Cataluña y ahora se empeña, todavía, entre monarquía o república. Nada tengo que ver con eso. Mi obligación es decir a quien quiera oírme que todo es república (república ‘por defecto’). ¿Jefatura de estado? No, gracias. Ninguna. Si hay democracia, que sea parlamentaria y no presidencialista.

la universidad, instituto de tercera enseñanza.

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Un instituto de tercera enseñanza, como ha acabado siendo la antigua Universidad, no necesita ni reproduce más que profesorado de tercera enseñanza. Pueden verlo en el siguiente artículo copiapegado de alguna tesis o publicación académica; su autor se emplea para la UAB, Universidad Autónoma de Barcelona. El raro título del artículo, su didáctico tono, las citas de autoridad que Diario 16 no se ha disimulado, merecen su comentario de texto. Luego querrán que te suscribas y contribuyas a una prensa de periodismo profesional, independiente y libre.

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Pasen y lean o, mejor, no pierdan tiempo:

Lingüística para Nacionalistas – X: De la evolución lingüística de la Península Ibérica (1), por Manuel I. Cabezas González, Diario 16, 02/08/2020

En relación con la cuestión lingüística catalana, los nacionalistas independentistas verbalizan continuamente el mantra siguiente: el español ha sido impuesto a los habitantes de Cataluña por la legislación de los sucesivos poderes políticos del Gobierno de España; y su implantación coercitiva ha provocado no sólo la marginación de la lengua catalana sino también su sustitución por la lengua de Cervantes.

Es cierto que los poderes públicos han producido una legislación que prohibía o limitaba, sobre el papel, el uso o la enseñanza del catalán. Ahora bien, una cosa son las leyes y otra muy distinta la aplicación de las mismas. Para analizar esta dicotomía, no quiero hacer uso del refrán, que reza así: quien hizo la ley hizo la trampa; ni tampoco quiero traer a colación ese rasgo de la cultura política española tradicional y actual, según el cual las leyes han sido hechas para no ser cumplidas.

Sin embargo, quiero poner el acento en otro aspecto de la aplicación de las leyes. Para que éstas, en general, sean aplicadas y rijan nuestros destinos son necesarias dos cosas: voluntad política de aplicarlas y disponer de los medios para que sean aplicadas. Diacrónicamente, estos dos medios han estado ausentes en la aplicación de la precitada legislación lingüística. Esta constatación permite explicar y comprender de una manera más objetiva la marginación del catalán y el ascenso y la utilización del español en cada vez más territorios, en cada vez más funciones y en cada vez más situaciones de comunicación y de más prestigio. Para abordar esta cuestión y desfacer muchos entuertos, hoy iniciamos una somera descripción diacrónica de la evolución lingüística de la Península Ibérica.

El Reino de España actual es una realidad plurilingüe, que hunde sus raíces en la larga y procelosa historia de la Península Ibérica. Antes de la llegada de los romanos, Iberia era un mosaico de pueblos y lenguas diferentes. Su conquista por Roma (ss. III y II a. de J. C.) provocó la desaparición de estas peculiaridades lingüísticas (con la excepción del vascuence), propiciando al mismo tiempo una cierta unidad lingüística, más o menos sólida, según la fecha, la intensidad y la efectividad de la romanización de los distintos territorios. Sigue en Lingüística para Nacionalistas. Coda: «Je ne demande pas à être approuvé, mais à être examiné et, si l’on me condamne, qu’on m’éclaire.» (No estoy pidiendo que me aprueben, sino que me examinen y, si me condenan, me iluminen, Charles Nodier.)

aprendiendo a pensar.

Rodin,_El_Pensador-foto rincón del pasado

Es axioma que los pilares del saber son cultura (para conocer) e historia (para opinar) [1]: lema: «Quien desconoce la historia, está condenado a repetirla» (frase que se atribuye desde Confucio a Cicerón, Napoleón o Ruiz de Santallana). Y se añade que, más que transmitir saberes (conjunto cerrado), hay que enseñar a pensar: conjunto abierto a las ideas que puedan venir.

Descartando ideologías –ideas en caliente, como buenismo, bienestarismo, yoga o religión– maneras de razonar, con la cabeza fría, hay dos: la dialéctica y el estructuralismo.

La dialéctica actúa por superación de contradicciones: Tesis ±Antítesis =Síntesis. Y el estructuralismo se rige por oposición (marcado/nomarcado) de términos sobre un sintagma.

El estructuralismo lingüístico (Saussure, Suiza, 1916) resultó progresista contra la morfosintaxis de verbo, oración y predicado, y fue extendiendo sus alas a la etnología, al psicoanálisis, al marxismo. Pero se mostró inoperante ante los cambios sociales que se avecinaban: Revolución Rusa del 17. Cuando todo se movía, fue un modo de razonar absolutamente inmovilista. Hoy, dialéctica contra estructuralismo miden sus armas ante el referundismo, último reto al pensamiento universal visto desde España. [2]

De las otras premisas de la buena ciencia, que eran cultura e historia, la experiencia nos dice que rara vez cultura e historia se han decantado por la emancipación; más bien, al contrario. No es la historia la que explica el presente. Es el presente quien explica la historia. Del actual periodismo o de la actual universidad, ¿qué cultura y qué historia quieren ustedes que salgan? Son gremios que no van a bajar de su pedestal, pues que de eso viven. No hay borracho que se coma su propia mierda, dicho en García Márquez; y al pueblo, Piensos Sánders: ideología para la cabaña, por ejemplo, hay que “aprender a pensar”, casi 30 millones de resultados en Google. Sócrates, el de yo solo sé que no sé nada, no pasaría de contertulio en La Sexta.

[1] El arte sería para disfrutar y, de momento, no pinta nada aquí, pero qué duda cabe que el triángulo de la sabiduría aúna arte y cultura y ciencia (historia).

[2] independentismo sería aplicable (como producto final) a la culminación de las expectativas catalanistas, pero la fase donde estamos es el encaje de un referéndum legal dentro de la legislación española. Para empezar, el rechazo a un nacionalismo no puede ser otro nacionalismo ni tiene sentido salir por los cerros de lo internacionalista o globalista que es uno frente a lo pueblerino de Cataluña sola independiente. Sin entrar en quién mejor que Cataluña para saber lo que a Cataluña interesa o beneficia, la antítesis a nacionalismo es el apatridismo más absoluto: algo difícil de demostrar en quien en algún lugar fiscal residencia rentas y paga impuestos. –Bueno, sí. Pero ¿y lo que Cataluña debe a España? «Las deudas se pasan al cobro y se pagan.» –Bueno, vale. Pero en España no existe el derecho de autodeterminación. «Se inventa.» –Pero Cataluña es España y tendríamos que votarlo toda España. «Lenguas y dialectos, hijos que se emancipan, ninguna nación se hizo pidiendo permiso a otra y, mucho menos, a la que considera su metrópolis.»

maneras de pensar (el tema catalán).

Rodin,_El_Pensador-foto rincón del pasado

Se nos repite como un conjuro que los pilares del saber son cultura (para conocer) e historia (para decidir).[1] Y se nos insiste en que, más que transmitir saberes –conjunto cerrado–, hay que enseñar a pensar: conjunto abierto a las ideas que puedan venir. Lo más curioso: nadie dice cómo se enseña a pensar. Pensar no sabremos, sí los sistemas de razonamiento. Descartada la auto ayuda, el yoga o la religión, maneras de razonar hay solo dos: la dialéctica y la estructural. La dialéctica actúa por superación de oposiciones: Tesis ± Antítesis = Síntesis. Ejemplo, Carlos Marx para la sociedad sin clases: capitalismo ± socialismo = comunismo. El estructuralismo es un sistema binario que actúa por oposición (marcado, nomarcado) dentro de un conjunto de signos (paradigma, sus reglas son la sintaxis). El último estructuralista fue Ferdinad de Saussure, Suiza, 1916. Lo progresista del estructuralismo lingüístico hay que verlo en relación a la momia morfosintaxis de inspiración eclesiástica: verbo, oración, predicado. Pero el estructuralismo vino al mundo de las ideas para vaciar la dialéctica.[2] Como palestra, el referundismo:[3]

Para empezar, el rechazo a un nacionalismo no puede ser otro nacionalismo ni tiene sentido salir por los cerros de lo internacionalista o globalista que es uno frente a lo pueblerino de Cataluña sola independiente. Sin entrar en quién mejor que Cataluña para saber lo que a Cataluña interesa o beneficia, la antítesis a nacionalismo es el apatridismo más absoluto: algo difícil de demostrar en quien en algún lugar fiscal residencia rentas y paga impuestos.

–Bueno, sí. Pero ¿y lo que Cataluña debe a España?

–Las deudas se pasan al cobro y se pagan.

–Bueno, vale. Pero en España no existe el derecho de autodeterminación.

–Se inventa. La pregunta sigue siendo ¿cuál es el problema?

–¡Que Cataluña es España y tendríamos que votarlo toda España!

Pero en esto sale la Historia:

–Lenguas y dialectos, hijos que se emancipan, ninguna nación se hizo a sí misma pidiendo permiso.

Gente condenada a remo de democracia y sé tú mismo, no soporta que Cataluña sea ella misma. O sea, derecho a decidir: ¡Cierra la muralla! Conjunto cerrado. Maneras de pensar que por algo dicen izquierda, aunque curiosamente lo de Cataluña se rechaza porque “es muy de derechas”. Por coherencia y teoría de conjuntos, donde hay derecha, tendría que haber izquierda. Ojalá.

[1] «Quien desconoce la historia, se condena a repetirla». Lema que se atribuye desde Confucio a Cicerón, Napoleón o Ruiz de Santallana.

[2] Dialéctica social que estalló en la Revolución Rusa, octubre 1917.

[3] independentismo será aplicable (como producto final) a la culminación de las expectativas catalanistas, pero la fase donde estamos es el encaje de un referéndum legal dentro de la legislación española: referundismo.


foto portada: El Rincón de Pensar

andalucismo airado contra andalufobia histórica: conformación y ejemplos.

Portal Andalucía.org

El Salto.com

Estamos hablando de un fenómeno muy vivo en redes sociales y con base en currículos universitarios y con escaso o nulo reflejo en urnas electorales. Es un movimiento de cultos para cultos donde alguien como Isidoro Moreno Navarro (n. 1944) se tiene como intelectual de referencia. Son hombres y mujeres, andaluces airados, criados y alimentados por un Estado del Bienestar –cuya invención no critican, sino invocan como paraíso perdido– y con la @ (arroba) y la (X) equis o el español de la -E como usos añadidos al andaluz escrito. De muestra, dos botones:

Uno se llama Portal de Andalucía [.org][1] y, dentro, Carmela Borrego [2], su artículo Por mis muertas, de 11 de junio 2020 (que pueden leer tal cual pinchando aquí o en nota [i] con algún recorte). El otro es José Carlos Mancha Castro [3], autor de Rocío: el ritual de una madre sagrada, publicado en El Salto Diario [.com] de 5 de junio 2020 (pinchando aquí o en nota [ii]). Los dos me llegaron vivamente recomendados por Isidoro Moreno y los dos me han costado mi amistad en red con tan ilustre emérito en medio de aprobaciones y megustas de su legión de seguidores.

Lo que he descubierto es esto (quienes ya lo sabían, pueden decirme ¡a buenas horas!): hay un vinvictimismo andaluz (mezcla de vindicación y victimismo) con tres ejes: 1º) la aceptación de una andalu[zo]fobia como estereotipo enemigo contra el que hay que luchar;[4] 2º) una cuestión andaluza equiparable a la cuestión catalana y 3º) el cultivo de una lengua andaluza escrita.

En la práctica, se trata de un andalucismo en la onda de Podemos más que en el viejo Partido Andalucista. Todo, con esa vaga pedantería de estirpe universitaria que, al final, pagamos todos: la pública, a través de impuestos.

Pasen y lean i y ii (tiempo estimado 20 minutos).


[1] Medios afines: Argia, Café en Andalú, Directa, El Paseo, El Salto, El Topo, Feminópolis, La Marea, La Voz del Sur, Secretolivo. Webs personales: Antonio Aguilera, Antonio Manuel Rodríguez, Antonio Orihuela, David Florido, Gruñido RRR, Ibán Díaz, Isidoro Moreno, Jacinto Gutiérrez, José Luis Tirado, Miguel Santiago, Óscar García Jurado, Susana Moreno.

[2] Ella se presenta así: Licenciada en Farmacia. Dedicada a salud comunitaria. Activista andaluza estepeña.

[3] Antropólogo, Profesor en la Universidad Pablo de Olavide y miembro de la Plataforma Andalucía Viva.

[4] Muestra de andalufobia pudo verse en la campaña #yohabloandaluz.


Portal Andalucía.org

[i] Por mis muertas, por Carmela Borrego

Hace unos tres años comencé un Máster sobre feminismos donde participan la Autónoma de Barcelona (UAB) o la Universidad de Barcelona (UB), entre otras. Poco a poco, fui sintiendo una incomodidad, o más bien una sensación de lejanía, con muchas teóricas feministas que leíamos. No era que no hablaran cosas interesantes, sino que sentía que ni mi historia de vida ni la de mujeres de mi entorno quedaban reflejadas en esos textos. ¿Qué tenía que ver La mística de la feminidad que hablaba de mujeres aburridas en sus casas de cristal, con mi madre que no para quieta y lleva bregao lo que no hay en los escritos? El mayor detonante de esta sensación fue cuando en una asignatura llamada Historia de las Mujeres me pidieron un trabajo sobre mi madre y mis abuelas. Cuando comencé a dialogar con ellas me di cuenta que para mí era necesario nombrar el territorio andaluz y su idiosincrasia. Pues, sin él, las historias de vida de estas mujeres de mi familia se quedaban como desarbolás, como sin raíces y sin memoria. Y fue así como tirando y tirando del hilo de las narrativas de mi madre y mi abuela, descubrí el proyecto de Mar Gallego Como vaya yo y lo encuentre, que me impulsó a confiar en mis sentires. A este trabajo lo titulé Las Mujeres de Lorca y fue el principio de un camino hacia mis entrañas. Después de investigar sobre las mujeres de mi familia y sentir que Andalucía vertebra unas experiencias concretas que eran urgentes nombrar, decidí hacer mi TFM sobre feminismo(s) andaluz(es). Para ello, el proyecto fue planteado como una Investigación Activista Feminista. Esto básicamente quiere decir que mi mirada hace que la investigación sea realizada y relatada desde un lugar concreto. Vamos, que no es lo mismo que mire yo a mi madre o a mis vecinas a que venga un tío de Inglaterra a nombrar lo que sentimos. Y esta investigación pretendía hablar desde un lugar y de una posición parcial que ansía entrar en diálogo con otras subjetividades para generar red desde el pensamiento crítico. Mi pregunta era ¿por qué cada vez somos más las que necesitamos nombrar Andalucía para articular nuestras reivindicaciones? Por eso mi TFM nace de mi cuerpo propio, de mi sentir situado, de miS fluidoS, de mi vulnerabilidad y mis miedos. De mi necesidad de encontrarme con otras posiciones, de encontrar esa parcialidad que hace la vida más rica y cuestionar ese feminismo que se cree objetivo pero que niega las experiencias de LXS OTRXS. Todo esto, sin caer en la creencia de que el feminismo andaluz es un feminismo decolonial; como mucho, intentando ser aliada, casi ná. Para ello invité a una serie de subjetividades para que participaran con sus voces. Como producto final, salió un texto de investigación (mi TFM) y una femzine donde se recogen los aportes de las personas que con sus sentires me ayudaron a sacar adelante este trabajo titulado Salmorejho Majhao. feminimo(s) andaluz(es) colectivo(s). Pero nombrar el mundo desde la crítica y señalar los sesgos que el propio feminismo posee genera incomodidad y recelo. Y así pasó al llegar a la defensa de mi TFM, hace ya más de cinco meses. Una de las tribunales que iba a evaluar mi trabajo, la Dra. T.T.M. (hablaré de ella así, aconsejada por mi queride amigue mayorquine, pa no exponerme más de la cuenta) desde su posición de académica burguesa sintió que su trono se tambaleaba al poner sobre la mesa la invisibilización que el feminismo hegemónico blanco burgués genera hacia otras formas de hacer saber y la violencia que esto conlleva. Así, atacó de la forma más soez y rastrera no solo a mi trabajo, sino a mi ser, a les participantes y a mis ancestras. Se rió de mis muertas en mi cara. Porque mientras yo hablaba de la necesidad de nombrarnos desde Andalucía para poner en valor a nuestro linaje de mujeres, ella se reía. Literalmente, se reía burlonamente mientras la foto de mi abuela, ya muerta, era proyectada detrás de mí en una diapositiva. Se rió, literalmente, cuando hablé de las mujeres que las personas que participaban en mi TFM habían nombrado como referentes feministas: Lola Flores, La Paquera, Fernanda y Bernarda de Utrera, Lole Montoya, nuestras madres y nuestras abuelas. Se burló de ellas, o sea, se rió de mí y de mis muertas. Y eso pa una andaluza es tocarle mucho el coño. Me amenazó con suspenderme, porque esas mujeres carecían de rigor académico, y según ella en palabras literales: No podían ser referentes de nada. Negó y llegó a cuestionar a las mujeres gitanas andaluzas que con voz activa participaron en mi investigación, diciendo que no era necesario hablar de feminismo gitano ni de feminismo andaluz. Y llegó a infantilizarme de tal manera, que negó mi experiencia como investigadora, diciendo que yo no había leído mi marco teórico y que todo lo que yo había relatado en mi narrativa era fruto de mi desvarío de mujer joven. Me llegó a preguntar por qué quería yo hacer ciencia, con ese desdén que me es tan conocido que desprenden los señoritos aquí en Andalucía. Ese ¿Por qué quieres hacer ciencia? que en realidad quiere decir: Cállate que tú no sabes. En ese momento, la ansiedad me llegó desde las entrañas tambaleando lo más profundo de mis raíces. Una pena mu honda que me era conocida inundó mi cuerpo porque se repetía por los siglos de los siglos. Un sentir que me era cotidiano: la cacique señorial burguesa riéndose de una mujer de pueblo humilde, de barrio y empobrecida por este mundo capitalista. La andaluzofobia histórica impactando fuertemente contra mis carnes, como siempre. Porque ella tenía el poder y yo tenía que callarme. Como siempre, la andaluza solo sirve para el baile, pero no sirve para hablar de su baile ni de ella misma. El nudo en el estómago llegó con la foto de mi madre y de mi abuela (ya muerta) proyectada tras de mí, recordando de dónde vengo, de una Andalucía que ha tenío que callarse por miedo a las represalias. Vengo de unas antepasás que han tenío que servir al cacique con la cabeza agachá. Provengo de una historia arrancada de su memoria y que cuesta que se haga recuerdo. En ese instante, me vino el dolor al sentir ese linaje y ver cómo en otro entorno el caciquismo burgués usaba las estrategias históricas de doblegación hacia las andaluzas. Y allí morí por un momento, por saberme humillada bajo las mismas dinámicas y los mismos discursos que los que humillaron a mis muertas. Sin embargo, aquí estoy creando. Las raíces del olivo son demasiado profundas para ser arrancadas. Querida Dra. T.T.M. (y todo tu séquito): el silencio se ha roto. Quizá en ese momento creíste que tu odio hacia las mujeres que alzan la voz contra el despotismo del feminismo académico burgués iba a poder conmigo, que iba a poder con nosotras. Pero la medalla de la Virgen del Carmen que llevaba mi abuela el día de su muerte, y que ahora cuelga de mi cuello, me recuerda que, a pesar de todo, pese a tus intentos de callarme, ese día comenzó en cierta forma mi venganza. Una venganza que nace desde el amor más profundo a las mujeres que mecieron mi cuna. Y quién sabe, si ese día que tú intentaste humillarme con las mismas estrategias con las que los señoritos humillaban a mis muertas, mi abuela vino a susurrarme al oído todo lo que luego pude contestarte. Aunque luego llorase lo que un río no puede contener, ese día pude contestarte: Tú nos estudias como objetos, nosotras venimos a nombrarnos como personas. A pesar de tu intento de callarme sustentado por el silencio de la academia, aquí estoy con esta femzine sobre Feminismo(s) Andaluz(es). Porque existimos y porque otros lugares de hacer saber son posibles fuera de las dinámicas violentas que ejerce cierto sector de la academia. A pesar de tu intento de silenciar nuestras voces que hacen tambalear tu trono (creado con las miserias de les otres), aquí estamos y estaremos nombrándonos desde nuestro sentir. A pesar de que toda la burocracia académica haya intentado protegerte, aquí estamos nosotras con los brazos bien abiertos y con el pecho pleno para nombrarnos. Aquí estamos después de tanto llanto para decirte que el feminismo andaluz desde su diversidad, sus saberes y sus contradicciones ha venido para quedarse. Por mis muertas.

El Salto.com

[ii] Rocío: El ritual de una madre sagrada, por José Carlos Mancha

“La Birhen del Roçío/ no êh obra umana;/ que bahó de lô çielô/ una mañana./ Eço çería/ pa çêh Reina y Madre/ de Andaluçía” (Popular sevillana de Muñoz y Pabón de 1919. Propuesta de andaluz escrito EPA.)

Estas semanas atrás habríamos experimentando cómo desde algunos medios de comunicación centrípetos se hubiera narrado la romería del Rocío. El relato nos mostraría el reflejo de una sociedad catalogada de ‘fanática’, ‘fundamentalista’ y ‘primitiva’, coadyuvando al incremento de los estereotipos producidos por la andaluzofobia para mantener el statu quo de subordinación y dependencia económico política de nuestro país en el seno del Estado español. Se tomaría el Rocío como la síntesis de lo que, para muchos españoles (tanto conservadores como progresistas) supone Andalucía: una región de vagos, gentes rurales que hablan mal, fanáticos del catolicismo y que siempre están de fiesta y (ahora con la emergencia del animalismo) que maltratan a sus animales. Esa mirada sobre este hecho social que tiene lugar en Andalucía contiene una alta dosis de xenofobia, clasismo y paternalismo; pero, sobre todo, es una mirada reduccionista, simplista y unidimensional. La Andalucía de nuestros días es una sociedad con uno de los índices más bajos de práctica sacramental católica de todo el Estado. Sin embargo, la masiva participación en fiestas y rituales de religiosidad popular parece un paradójico contrapunto a esta realidad. Esto se debe a que esos rituales no sólo pueden ser explicados desde una óptica religiosa, sino, por encima de ella, desde una óptica identitaria. Quien se acerca al Rocío y a otras fiestas religiosas populares y sólo ve un acto religioso es como si estuviera ante un rico y diverso escenario con múltiples representaciones y, únicamente, focalizara su mirada en una de ellas. El Rocío es un ritual festivo popular reflejo de la(s) comunidad(es) que lo celebra(n); un lenguaje sobre la realidad, una construcción sociosimbólica de la misma, en la que se pueden observar procesos históricos, sociales, políticos, ideológicos y los conflictos acaecidos en una comunidad concreta, expresados en un nivel simbólico. El Rocío es un fenómeno exponente de lo que diversos científicos sociales han denominado glocalización. Se trata de un constructo conceptual en el que se sintetizan las dos dinámicas que gobiernan en la actualidad el sistema mundo: la globalización y la localización. La glocalización consiste en la activación de identificaciones colectivas de los pueblos-naciones, etnias, sectores sociales subalternos y todos aquellos grupos que se definen en torno a ideologías y valores de tipo cultural (localización) en contestación a los efectos de homogeneización cultural producidos por la globalización (Moreno Navarro y Agudo Torrico, 2012). Con este tipo de rituales, las comunidades mantienen un arraigo, una identidad colectiva, elementos que los significan ante el avance perverso de un movimiento que busca imponer una única cultura, unificadora del mundo occidental contemporáneo. Es, pues, un elemento de resistencia identitaria, donde se expresan diversos modelos representativos de la cultura donde el ritual tiene sentido: la andaluza. A pesar de que en la Andalucía contemporánea la práctica sacramental esté descendiendo, esto no quiere decir que la andaluza sea una sociedad secularizada o en proceso de secularización, sino en proceso de laicidad, como todas las sociedades ancladas en el paradigma de la modernidad. Estoy de acuerdo con el análisis que hizo Isidoro Moreno (2003) sobre la modernidad. Ésta se caracteriza no por ser un tiempo de secularización, esto es, de desacralización, sino un espacio tiempo de fragmentación del ámbito de lo sagrado. La misma se compone de diferentes sacralidades: los dioses o diosas religiosas, la diosa razón, el Estado Nación, la historia como teleología, etc., sobre las que reina el Mercado como absoluto social central, como sacro primus inter pares, subsumiendo, en ocasiones, en su lógica a las otras sacralidades. Además, para entender el complejo fenómeno del Rocío desde una perspectiva religiosa, considero que se debe analizar desde las lentes que nos proporciona el concepto de religiosidad popular. Se trata de un conjunto de creencias y prácticas de carácter mágico religioso colectivo y vivenciales situadas en los márgenes de la oficialidad institucional eclesiástica, donde tienen lugar una multitud de expresiones festivas, sensuales, orgiásticas, ideológicas, identitarias, emocionales, ecológicas, etc., donde las comunidades expresan la trascendencia y su memoria colectiva; prácticas que no son directamente sancionadas por la Iglesia católica ni totalmente controladas por ella. Sin embargo, la religión oficial y la popular se complementan bajo un delicado equilibrio de legitimidad, produciendo un complejo ritual híbrido constituido por una doble condición oficialista y popular. En este sentido, el Rocío sería lo que Marcel Mauss denominó un hecho social total. El Rocío es un lugar de peregrinaje originado por una hierofanía, es decir, por la aparición de un objeto sagrado: la virgen. Geográficamente, está situado en un cruce de caminos entre las costas de Huelva y Cádiz, el Aljarafe y el Condado de Niebla, comarcas que conforman su histórico territorio de gracia. La aldea supone un lugar central de un espacio biocultural singular donde históricamente se han producido tensiones y disputas entre las poblaciones limítrofes al coto de Doñana por el control de los recursos y la reproducción de rituales. Pero, a su vez, se trata de un lugar de frontera con la naturaleza percibida como virgen (Moreno Navarro, 1995); naturaleza virginal simbolizada en el icono cultural de la diosa madre que adquirió la advocación del lugar; primero, de las rocinas y, con posterioridad, rocío. En torno a este icono religioso identitario ecológico se han desarrollado diferentes conflictos históricos, siempre de forma latente y expresados en el plano simbólico. En estos conflictos se deben destacar la secular tensión entre los pueblos de Villamanrique y Almonte por el control simbólico del icono; los seculares conflictos de las clases populares con las instancias eclesiásticas; el nombramiento de la virgen como patrona almonteña en contestación a la imposición del ducado de Medina Sidonia de que en las poblaciones de su dominio lo fuera la virgen de la Caridad; las distintas instrumentalizaciones que, desde el siglo 19, sobre el icono han fraguado las ideologías políticas nacionalcatólicas y su utilización para la legitimación de todo tipo de sucesos o, incluso, regímenes políticos, así como la criminalización de otros. Sin embargo, por encima de todo, pienso que la virgen del Rocío es el icono símbolo del territorio de la marisma y el coto de Doñana. La disputa por ese ecosistema se ha reproducido histórica y simbólicamente a través del icono de la virgen. La defensa que de ella hace Almonte es una defensa de su primacía sobre esos terrenos, simbolizada en la legitimidad y el privilegio que sólo ellos tienen sobre la imagen mariana. De ahí esa actitud de posesión que tanto fascina al mundo moderno y tan criticada es por todo tipo de corrientes de pensamiento, tanto (ultra)conservadoras como progresistas. Esto debe entenderse desde una perspectiva simbólica y, la antropología, puede servir para la comprensión de esos hechos.

Para quien no la conozca, la romería del Rocío es un ritual que se estructura en cinco actos. El primero de ellos es lo que se denomina hacer el camino, un tránsito de peregrinos desde la localidad donde radica cada hermandad hasta la aldea del Rocío, que se realiza a pie, a caballo o sobre un carro tradicional, acompañando a un simpecado colocado en una carreta que es tirada por los animales tradicionalmente utilizados para las labores ganaderas y agrarias principales de la localidad de origen, normalmente, bueyes o mulos de carga. El segundo acto es la recepción y presentación de cada una de las hermandades ante la virgen, donde, por orden de antigüedad, las carretas con los simpecados son recibidas por la hermandad matriz de Almonte, la jerarquía eclesiástica y algunas autoridades civiles, representantes de los poderes que controlan la organización del ritual. El tercer acto es la misa de romeros, a la que asisten los representantes oficiales de las hermandades con los simpecados, siendo el único rito en el que detenta cierto protagonismo la jerarquía eclesiástica. El cuarto acto es el rosario cantado, realizado por el conjunto de las hermandades, que parten desde un punto concreto de la aldea hasta la ermita. Tras éste, tiene lugar el quinto, último y trascendental acto de la romería, lo que Fernando Ruiz Vergara denominó frenético acto de posesión del icono privilegio de los almonteños, con el que da comienzo la anárquica procesión de la virgen del Rocío por las calles de la aldea visitando a cada una de las hermandades. El final de la procesión supone la conclusión de la romería, partiendo cada hermandad en un camino de vuelta a sus localidades de origen.

En la procesión se vivencian emociones intensas: se gritan vivas, se canta, se tocan las palmas, se abraza, se reza, se pelea por coger el paso de la virgen. Entre varias personas suben a los sujetos impedidos físicamente para enfrentarlos a la deidad femenina que todo lo puede; vuelan los niños entre las miles de cabezas arremolinadas en torno al paso para que toquen el manto protector de la fértil diosa. Se llora, se bebe, se suda, se disputa, se disfruta y se siente hondamente en una especie de catarsis colectiva en la que todos los participantes se funden y se confunden. Todo ello, siguiendo la lógica de los estudios sobre la magia contaminante realizados por Frazer, según la cual, las cosas que se ponen en contacto con el objeto sagrado mantienen su influencia una vez separadas. De ahí las prácticas de tocar a la imagen, su paso, sus flores, su ajuar o todo tipo de elemento que haya estado en contacto permanente con ella. Durante los días que dura la romería, se (re)produce todo un imaginario colectivo que sintetiza la imagen de una Andalucía tradicional, en un claro ejemplo de lo que el historiador británico Eric Hobsbawm denominó invención de la tradición. Se pasea a pie, montando a caballo o en carros tirados por mulos; se conquista una aldea con viviendas de tipo rural y cuyas vías son arena; se visten los trajes de flamenco típicos que identifican a Andalucía: el traje corto con sombrero para los hombres y el traje de gitana, de flamenca o de faralaes para las mujeres. Este elemento de arreglo se denomina así por ser el traje de gala de las ocasiones festivas de múltiples ferias y romerías andaluzas y que, como bien ha definido etimológicamente Antonio Manuel Rodríguez, procede de los conceptos árabes farah (alegría) y libss (vestido o traje): farah libss, traje de la alegría que, en Andalucía, es el vestido de irse de farra, de irse de feria (ambos conceptos también ligados a la alegría, al término farah). Es el traje de flamenca (falâh mankûb): falâh significa campesino‑a y mankûb significa marginado‑a, desahuciado‑a o desposeído‑a. En definitiva, el traje de la alegría de la campesina marginada. Todo esto supone, pues, la inmersión en lo que Bajtin denominó carnavalización: la producción de una (contra)cultura apartada de la reproducción de los valores ideológicos dominantes, rompiendo efímeramente con ellos y con sus rígidas estructuras y jerarquías sociales. Se trata de un mundo al revés, de una subversión del orden social a través de una fiesta de vida, de abundancia compartida, báquica, orgiástica y liberalizadora que debe ser interpretada como una exaltación gozosa del existir y de la búsqueda de la felicidad. El salto a la reja, acto de apropiación del icono, supone un discurso simbólico en el que, ante tantos participantes foráneos, los almonteños manifiestan que sólo a ellos corresponde el derecho de poseer y portar a la imagen sagrada. Isidoro Moreno lo ha interpretado como un robo y una inversión simbólica de roles en la que, múltiples jóvenes de Almonte, en su mayoría representantes de clases populares, reivindican rebelde y violentamente que a ellos corresponde la protección y el control sobre el objeto sagrado que simboliza a la marisma (la reina de esas marismas) y a la madre diosa de la fecundidad dadora de vida (la madre de dios, la blanca paloma); objeto sobre el que se sustenta el poder simbólico y comunitario del pueblo de Almonte. Pero esta acción simbólica se trata de un manifiesto evanescente, una socialización del poder que sólo dura unas horas ya que, durante el resto del año, el control del símbolo es detentado por las autoridades de la hermandad, el clero y las distintas élites políticas. El Rocío es toda una dramatización ritual, reflejo de un proceso histórico que debe ser leído en clave simbólica; un híbrido, una superposición de múltiples visiones, funciones y significados que dan lugar a un todo contracultural, inconexo, anárquico, difícil de analizar y percibir. Pero todas esas visiones se concentran en un único icono, enigmático y polisémico. La fiesta que se le tributa (la romería) es un complejo ritual vinculado con la primavera y la reproducción de la naturaleza, que se simboliza en el icono de la mujer exaltada como reproductora de la vida. Esta adoración hacia la figura femenina materna puede hincar sus raíces en la especial atención y culto que recibieron diversas deidades precristianas (Astarté, Tanit, Artemisa, Afrodita, Diana o Venus) en lo que hoy es Andalucía. Lo que se refleja en el icono de la virgen del Rocío y su romería es una suerte de matrifocalidad simbólica que ha sido traspasada al terreno de lo religioso. Esa virgen es paradigma de nuestra rica religiosidad popular, de nuestra etnicidad, de nuestra manera de comprender y simbolizar los procesos ecológicos. Porque esa virgen simboliza todo eso a la vez, todas esas significaciones, que son expresadas al modo de la cultura vernácula de Andalucía. Es el símbolo de la madre en sus diversas significaciones. La madre de un dios, del dios hombre en el sentido cristiano católico. La madre del pueblo, de los hijos del pueblo, es decir, la madre de la patria (la matria). La madre naturaleza, diosa ecológica de la fertilidad y la fecundidad, que simboliza esas marismas virginales donde habita. La madre que es reproducida, en todos estos sentidos, por muchos andaluces que emigraron, vinculándolos a nuestro país, aunque estén ausentes. Ella simboliza la mater Andalucía.

¿Nuevos Pactos de la Moncloa?

Un pacto es un guiso. Los avíos para el puchero son hoy distintos que en 1977. A la gente que entonces no había ni nacido, no creo que valga la pena removerle una memoria que no tiene ni, por lo mismo, entrar en comparaciones. Los mayores jugaríamos con ventaja y aburriríamos a las ovejas. Lo que sí sería útil es sacar balance y conclusiones del espíritu de entonces en la que entonces fue o quiso ser izquierda bajo Felipe González y Santiago Carrillo. Hoy sabemos lo que estos dos no sabían: que ni Europa ni Otan (año de enlace: 1986, mismo año que el PCE disolvió sus siglas en IU) fueron indiscutibles valores a la causa España ni a la causa democracia, izquierda o progreso. Más bien al contrario.

La generación que hoy pasa de los cuarenta años (madres y padres de la tercera generación, la de nuestros nietos) ha podido ver por el Brexit una Europa sin UE y darse cuenta de que esa Europa (Reino Unido) ni está loca ni está sola. La lógica del Brexit ha sido que, a menos UE, más EEUU, más Israel y más Commonwealth. España no cuenta con Commonwealth, pero sí con Portugal y con un vínculo con América que la España patriótica ha cedido a Estados Unidos (ver España Cuba o España Venezuela), algo incomprensible, mientras aguantamos la mordida inglesa en el Peñón de Gibraltar. En clave España exit, España podría seguir estando en zona euro[1] sin ceder soberanía, como está cediendo, a EEUU, FMI, BCE, ni a la Europa del Norte que tiene pillada a la del Sur por los euros de la deuda.

En 1986, y con Europa como anzuelo, la segunda trampa fue la entrada de España en la Otan, operación que Felipe González vendió al pueblo español como la creación de un ejército europeo (?) al que España, como miembro ingresado de pleno derecho, tenía que contribuir sí o sí, de pleno deber. Ante la opinión, se ocultaron los costes reales de la operación militar que la Otan suponía y se camufló que, en diplomacia y política económica, los bloques se contrapesan y la independencia respecto a un bloque se compensa con creces con nuevos acuerdos respecto al otro, o sea: a menos partido España Europa, más partido España América, España Rusia, España China o España Venezuela. En 1977, cuando los Pactos de la Moncloa, la izquierda (harta de oírse llamar estalinista y no democrática) se dejó colar el gol de la democracia y de la libertad que venía del bando aliado (EEUU, Inglaterra, Francia) y el golazo de que, sin ese Occidente, no había vida, España no valía nada. Ahora, ese argumento, con vistas a una España 2021, sería muy fácil de desmontar. Margarita Robles: el Día del Desfile es muy bonito, pero sería más rentable una España como país neutral y no alineado (y por la paz y el desarme), y no al dictado de potencias que al final pasan su factura (ver requerimientos de Donald Trump por los gastos de la Otan). La neutralidad de España facilitaría la reconversión de unas fuerzas armadas, muy engreídas, hacia un Cuerpo Único de Seguridad Nacional que incluiría todos los cuerpos uniformados: bomberos, protección civil, las distintas policías, Guardia Civil. Entre unas cosas y otras (nóminas, escalas de mando, operaciones de mando único), nos ahorraríamos una pasta gansa que, a día de hoy, se está derrochando para nada: para el Doce de Octubre, en la Castellana. Es inconcebible. Y, por supuesto, una España sin Otan se plantearía el desmantelamiento de las bases militares extranjeras en Morón y Rota y Gibraltar, por la parte andaluza que nos toca. Y otro día abriríamos para Ceuta y Melilla la posibilidad del mismo estatus que tiene Gibraltar, y si Ceuta y Melilla quisieran ser parte de Marruecos, plazas autónomas africanas, o provincias españolas de ultramar (como, a la inglesa, es Gibraltar): que Ceuta y Melilla decidan; no, como ahora, que ejercen de forzosa y costosísima gendarmería (en personal funcionario y en vidas humanas) al servicio de la UE y de la política de inmigración que a Merkel le salga de los collares.

Otro día también, hablamos de igual independencia de España respecto a la Iglesia (acuerdos de 1979) y de España respecto a los Borbones (1969), vestigios de un franquismo que no se extingue.[2] Con ese guion sobre la mesa, bien se podría pactar. ¿Iglesias y Garzón (los González y Carrillo de ahora mismo) lo tendrían claro?

Esa es la cuestión.

La otra, la denuncia del Estado del Bienestar como falacia y montaje. Pero eso afecta, más que a los partidos, a mentalidades individuales tipo Generación Podemos que habría que cambiar.

No será fácil.


Daniel Lebrato, 6 de abril 2020

[1] UK nunca adoptó el euro. Y Andorra, Mónaco, San Marino, el Vaticano, Kosovo y Montenegro, sin pertenecer a la UE, sí.

[2] Una España no Reino de España lo tendría más fácil para entenderse con Portugal y con Cataluña: es un argumento imbatible para prejubilar al rey y agradecerle a la Casa Real los servicios prestados.


Los oficios del ¡Sí!

Policías en Túnez

Por mayo de 2015, y en la caseta de Ediciones En Huida, Plaza Nueva 1, me tocó presentar, actuando yo como Daniel Lebrato, Los oficios del no, epílogo a lo que había sido Tinta de Calamar, publicado en octubre por Ediciones En Huida, y que aquel mayo se alojaría en el programa de la Feria del Libro de Sevilla.

Los oficios del no era la reflexión que el escritor se hacía sintiéndose parte de la mendicidad, la venta callejera o la bohemia que en el centro de Sevilla pide su aquiescencia al paseante. Reflexión premonitoria, pues si firmé algún libro –Martín Lucía se acordará– no lo recuerdo.

Si rememoro los oficios del no es porque en este país de ¡Mucha, mucha, Policía [pulisía]! y Guardia Civil, mucha Jupol (Justicia Policial) y mucho sindicato profesional de fuerzas y cuerpos de seguridad (Cataluña muy presente, por la unidad de España, y Eta, ni con lejía, por las víctimas del terrorismo) el personal de tropa (no de academia ni de guardiamarinas) olvida que esos cuerpos se nutren de estudiantes de los de ¡fuera estudiao! que se creen que su orden público es fundamento de nuestra democracia y, encima, se quejan.

Cuando yo despachaba en tutoría con algún alumno, hombre o mujer, interesado en los cuerpos uniformados como salida profesional, siempre les dije:

–Si la ciudad es como un colegio, la labor de policía es de vigilante del recreo, a favor de la gente, hacedlo bien. Pero el ejército consiste en matar o en no hacer nada y, en todo caso, en obedecer órdenes que las más de las veces se vuelven contra la propia gente.

No podemos amar los cuerpos uniformados porque no podemos aislarlos del Estado o del Gobierno, del Rey o de la Constitución que dicen tener por encima. Demasiadas órdenes para estar siempre ¡A sus órdenes! Demasiada patria para quienes dicen darlo ¡Todo por la patria!

Son los oficios del sí. Peor aún: del ¡Sí, Señor!


 

¿Nacionalismo andaluz? ¡No ni ná!

bandera andalucía
(a los 40 años del 28F)

He leído un muy recomendable artículo de mi viejo amigo Pepe Fernández: Así viví el 28F de 1980. Quien fue Jefe de los Informativos de la SER en Andalucía cuenta en primera persona cómo vivió aquel proceso. Esta lectura me ha llevado a dos reflexiones: una, sobre el concepto mismo de nacionalismo y, otra, sobre el papel de la historia, penúltima etapa de la prensa.

Sobre el nacionalismo.

La nación (de nacer) es una costumbre que se tiene aunque no se crea uno que la tiene. Da igual un paisaje, un equipo de fútbol, una santa cofradía, unas fechas o unas fiestas. Casi no existe el apátrida perfecto, el nacionalismo cero cero. El nacionalismo es un depósito del que la criatura puede no ser consciente, pero en algún sitio está y desde ese sitio nos guiña o hace señas.

Sobre la historia.

Recordar lo que fuimos para entender lo que somos (lema de La historia de cada día, programa de Radio Nacional que dirige y presenta Carlos Guerrero Martínez) era también mi lema por los años 1969·75 (finales del franquismo) y 1975·82 (franquismo constitucional y primer Psoe). Hoy pienso lo contrario: la historia es un género literario que escriben los vencedores (frase de Orwell, el de 1984) pero no solo eso: a la manera y gusto de los vencidos.

Pasado y presente del nacionalismo andaluz, nada ilumina la actualidad como el horror del andalucismo contra el referundismo en Cataluña, proceso que ha puesto siempre por delante “lo que fuimos” (España) para no dejar de ser “lo que somos” (¡España! ¡España! ¡España!) y, de paso, que Cataluña no sea lo que quiera ser. Y por mucho que al presente se quieran reverdecer viejos tiempos, el nacionalismo andaluz se identifica con el nacionalismo más españolista, sin duda porque la marca España incluye mucho de la marca Andalucía. Andalucía hacia España ejerce un nacionalismo de adhesión semejante al de Puerto Rico que anda pidiendo la estrella 51 de la Unión en los Estados Unidos.

¿Nacionalismo andaluz? ¡No ni ná!

Cataluña y la España vaciada.

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Cataluña como León Solo.

Al mes del Gobierno de Coalición está muy claro por dónde van los ejes de la política nacional: evitar euforias de Frente Popular y dar prioridad a “lo que de verdad importa a la gente”, donde, al margen las secuelas del Procés, no figura Cataluña (pero ver cuadro).

El frentepopulismo está salvado a precio del populismo de lo que de verdad importa a la gente. Sin embargo, ese populismo tiene un recorrido muy corto. Subido el salario mínimo, actualizadas las pensiones más alguna otra medida cara a la galería, el Gobierno de Coalición no va a acudir al manual de la vieja izquierda. No va a luchar, en Europa y en la Onu, por la paz y el desarme. No va a sacar a España de la Otan, como país no alineado. No va a impulsar una fiscalidad una y mundial proporcional a ingresos y beneficios. No va a mover en España el apoyo a la familia numerosa y a la enseñanza concertada. El Gobierno no va a nacionalizar las bases Usa ni va a llamar al ¡Gibraltar, español! cuando sería más factible, después del Brexit. No va a reconvertir para la paz la industria de armamento (Santa Bárbara, Navantia, Airbus). Ni va a consultar la Jefatura del Estado ni a reformar la Constitución hacia una España federal que pudiera entenderse con Portugal, con Cataluña y con lo que venga; sin ir más lejos, las funcionarias y ruinosas plazas de Ceuta y Melilla que tanta alambrada y tanta patera y tanta víctima traen hasta nuestros telediarios. Este Gobierno, con Iglesias y Garzón, no va a hacer nada de eso, no.

En cambio, y mientras, en Cataluña no va a parar de crecer una opción que se alimenta por pirámide de población en edad de votar, generaciones criadas bajo la marca Cataluña. Si se aplica a Cataluña la misma ley de referéndum que a León para constituirse en autonomía como León solo (el 143 de la Constitución)[1], la independencia de Cataluña prosperará en cuanto reúna dos tercios de Diputaciones y Parlamento autónomo con la mayoría simple del electorado. No hará falta cumplir cien años para ver Cataluña independiente.[2]

Votantes y simpatizantes de IUP tienen los datos, si los quieren ver. Hablar y hablar de “lo que de verdad importa” es otra forma de vaciar España y mandar Cataluña a esa otra España vacía.

□ Enlace al Cuadro de lo que de verdad importa en España.

[1] León solo: otra noticia silenciada, para evitar comparaciones.

[2] Buscando en Google, Catalunya: 170.000.000 resultados. Cataluña: 107.000.000. lo que importa a la gente: 249.000. lo que más importa a la gente: 36.100. Otras búsquedas como paro, desempleo, sanidad, vivienda, española o en España ponen a prueba lo que de verdad importa. Lo que de verdad importa a la gente (para estar a favor o en contra, sean de izquierdas o derechas) se llama Cataluña.

Cuadro de “lo que de verdad importa” a la gente en España.

# cuadro de tiempos
según Google en buscas entrecomilladas, febrero 2020

 

 


resultados

 


entrecomillados

277.000.000

CATALUÑA, en sus dos escrituras:
“Catalunya” (con ny) 170.000.000
  “Cataluña” (con ñ)    107.000.000

    9.290.000

“educación en España”

    6.150.000

“vivienda en España”

    2.280.000

“paro en España”

    1.700.000

“desempleo en España”

       685.000

“sanidad en España”

       249.000

“lo que importa a la gente”

       152.000

“sanidad española”

         36.100

“lo que más importa a la gente”

[eLTeNDeDeRo], Mozilla FireFox, 13/02/20


 

Memorias de España enero 2020.

daniel-lebrato-pop-50

En enero de 2020, años antes de que Cataluña proclamara su independencia, no había más tema en España que el referundismo en Cataluña. Sin embargo, ni el nuevo Gobierno ni prensa ni redes sociales reflejaban con justicia esa importancia del tema, ni tan siquiera para rebatirlo. Lo que estaba claro era que el anti referundismo lo sostenía la izquierda oficial (Psoe, IU, Podemos, tripartito que la caverna calificaba como social comunista) y, esto, con tres apariciones ante la galería: la izquierda era federalista (¡faltaba más!) y, lo de Cataluña, ¡de derechas! y para disimular corrupciones de Convergencia (con Pujol o el 3 por ciento), además de no ser asunto prioritario frente a la recuperación del Bienestar perdido durante el mandato de Rajoy. Ciertos contra argumentos habían perdido fuerza a la altura de enero del 20: lo que Cataluña adeudaba al resto de España, y el a dónde iba a parar una chica región que quedaría fuera de Europa.

Sentencias de tribunales españoles se veían distintas con ojos europeos, y eso lo sabía hasta el más cerril aficionado al imperio de la ley del Estado de Derecho, cuando notables soberanistas habían obtenido escaño en el Parlamento de la UE. Los medios de la derecha dejaban hablar a la izquierda –y callar escandalosamente a los nuevos ministerios de IUP– y, la gente, pendiente del salario mínimo, de las pensiones, de las listas de espera en sanidad pública, del pin parental levantado por Vox, y del miedo al coronavirus, mientras los Grammy y los Goya daban la cara rosa de la España más negra que se había visto desde el asesinato de Puig Antich en 1974. El frente antifascista estaba missing, desaparecido. He de agregar que desde mi butaca en Sevilla o Sanlúcar, Andalucía añadía, en su línea de costumbre, chistes, muchos chistes antifaces de Carnaval. Aparentemente, entre gracias y gracietas, a mi alrededor la vida seguía igual.

Pero Cataluña seguía y seguía como la aldea gala frente al César. Y aunque otra salida por burlerías era “lo cansino del tema” (Cataluña, como la ‘pesada’ y como si la Historia con mayúsculas avanzara al gusto de uno), hubo quien siguió esperando un gesto, una convocatoria, una llamada que moviera a españoles de España a salir a la calle y a decir a jueces y clase política: ¡dejadlo ya!; dejad a Cataluña (País Vasco o Andalucía) ser lo que quiera ser.

Hablo de mentalidades del sé tú mismo del liberalismo más absoluto y del tragar lo que hubiera que tragar cuando alguien de familia nos llevara la contraria porque quería ser lo que quería ser, pongamos la elección de carrera, la moda, el tatuaje o el velo islámico. O sea, entre personas con mando en el silesgusta y reacias a las prohibiciones, solo una voluntad estaba prohibida sin que lo pareciera, como hoja de un bosque disimulado bajo el guapeo y el salto a la fama de talentos, influyentes y máster chefs, y era el derecho de Cataluña a decidir. La deserción de la izquierda estaba siendo tan evidente, que la izquierda como etiqueta, al hacerse funcionaria, dejó de funcionar, dejó de significar. Fuerza sería pensar otra cosa.

(continuará)


llanto por la izquierda antifascista española el día que machaban a Cataluña.

policía

A principios de 2020, la izquierda española llegó a alcanzar cotas nunca vistas ni oídas desde el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936. De las tres siglas concurrentes al Gobierno de coalición, al menos una, Izquierda Unida, llevaba en sus venas la larga tradición PCE de lucha antifascista acumulada dentro y fuera de España, en el exilio y en el maquis, en la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, durante las cárceles y comisarías, en los comités de empresa, en las asambleas de facultad, en la larga noche de censura, represión y doble vida bajo el franquismo.

Esa larga noche antifascista consistió en movilizarnos todos contra todo: la dictadura que nos tenía, a unos, por terroristas; a otros, por comunes o anarquistas; a este, por cristiano por el socialismo, a aquel por Comisiones Obreras, al otro por propaganda ilegal. No importaba quién fuera el represaliado ni cuál la pena que le había caído. ¡Amnistía y Libertad!, gritábamos por todo lo que se moviera en contra del general que se hacía llamar generalísimo. ¡Amnistía y Libertad!, fuera cual fuera la causa que se movía: nos movíamos todos.

Hoy, que Izquierda Unida ocupa plaza en el Consejo de Ministros (del Psoe, para qué hablar; de Podemos, qué, si expresamente vino al mundo como “de la gente” y nada de izquierdas); hoy, que algo de mí y de mi historia se sienta y no se siente en el Gobierno de España; hoy, que machacan a Cataluña con la complicidad de esta izquierda preocupada, eso sí, por lo que de verdad preocupa a la gente, siento, en el fondo del corazón y del hígado, una rabia que es tristeza hasta la náusea.

Enlace al Mal Poemo


EL MAL POEMO.

Pura izquierda, inmaculada izquierda de España
que veis cómo machacan a una parte de España
y ni a la calle salís ni perdéis el sueño,
antes al contrario, formáis parte del Consejo de Ministros
que manda ¡España!, ¡España!, ¡España!,
y os escondéis detrás del viejo lema
de “lo que verdad a la gente importa”.
¿Importaba a la gente el Proceso de Burgos?
–¡Y, eso, sin ser de Eta!–
¿Importaba a la gente Carrero Blanco?
¿No salisteis a la calle por las madres de Mayo
sin ser madres ni argentinas?
¿No os manifestasteis cuando el Proceso Mil Uno?
¿No os movilizó el Crimen de Atocha,
ni el atentado de Atocha, treinta años después,
sin ser ni enero ni marzo ni de la gente común
que coge el metro un día?
¿No os dio espanto la noche del 23 de febrero del 81?
¿No estuvisteis por Xirinachs o por Puig Antich?
¿No aprendisteis a cantar entre Raimon y Lluís Llach?
Si tanto Cataluña decís que es España,
¿no acudiréis siquiera a averiguar qué pasa
en esa parte de España?
Unida izquierda, Sí se puede izquierda,
¿se puede?, hoy en el Consejo de Ministros:
Dios os perdone y a mí esta mala prosa
con pinta de poema o de poeme o de poemo
pero yo os maldigo.


Daniel Lebrato


 

Ley Mordaza contra el derecho a decidir.

Diada de Cataluña

Una de las argumentaciones contra el referundismo presenta una España unánime frente a una Cataluña dividida en dos a la que se le recuerda una y otra vez que toda Cataluña no es soberanista.

Soluciones:

Primero, y en Cataluña, convocar un referéndum para salir de dudas o cuantificar los bandos; referéndum que, sin embargo, no se convoca o no se permite legalmente convocar.

Segundo, verificar la España unánime. Ni toda España es constitucionalista del 78, ni a toda España le va la monarquía, sino la república, ni toda España simpatiza con los tratados de amistad (vamos a llamarlos así) de España con la Santa Sede (de 1979) ni con los Estados Unidos (desde 1953) y ni con el Ejército estamos de acuerdo quienes querríamos, cuando menos y a nivel fiscal, ver reconocida nuestra pacifista objeción de conciencia. De España unánime, nada de nada.

Quienes, desde la progresía, se adhieren al derecho a decidir a condición de que votemos todos, o sea, las distintas ciudadanías españolas, no se sabe qué esperan a someter a referendo en todo el territorio nacional esas y otras cuestiones que nos dividen y que nos van a seguir dividiendo.

Explicación:

Nadie pregunta lo que no quiere oír y desde España no se quiere preguntar por miedo al resultado: ¿El rey a referendo? ¿España federal? ¿Las relaciones Iglesia Estado o con los Estados Unidos? ¿El grado de aceptación de Ejército y Ministerio de Defensa? ¿La política internacional? Ni siquiera el CIS se atreve a esas preguntas.

El referundismo tiene ganada la batalla democrática y moral y algún día, le guste a España o no, Cataluña será lo que (por mayoría, no por unanimidad) Cataluña quiera ser (también País Vasco o Andalucía). Si gana por mayoría la independencia, la Cataluña españolista se tendrá que aguantar igual que la Cataluña independentista lleva años aguatando ser la España que no quiere ser. Habiendo urnas, cuál es el problema.

El problema es España y la actual izquierda española que, de lo que fue izquierda, ya no tiene nada.


tema del año.

elTendedero

En lo social, termina el 19 como empezó: con Cataluña, el gran tema, hasta en la sopa. Desde 2010 esto es así, incluso por omisión. De hecho, los esfuerzos en medios y redes sociales por hablar de otra cosa, no hacen sino esconder o distraer “la cosa”: España está en cuestión y el mapa de España se mueve, y podría moverse más. Lo dicen no solo Cataluña sino “León solo” o la vindicación del aragonés como lengua.

Desde la división de España en provincias, cuando las Cortes de Cádiz, el mapa de España (con su sísmica latente) se mueve, y ahí están los federalismos aflorados en tiempos de libertad (Primera y Segunda República), aunque la España unida oficial siga poniendo filtros legales y académicos que, al final, no solucionan nada a las necesidades de pueblos y gentes, dentro de nuestros límites y fuera de nuestras fronteras.

Así, antes y al margen de la cuestión catalana, se da por sentada la amistad –que es alianza y dependencia de bloque– de España con Estados Unidos y con la Otan. ¿No habría que someter ese Occidente a referéndum? Se da por bueno que Gibraltar sea provincia inglesa; que Ceuta y Melilla, Morón y Rota son España, y no reductos de un pasado colonial y de un presente imperialista y armado. Y casi nadie se acuerda de Portugal para una República Ibérica. ¿No se merecen esas cuestiones salir a plebiscito? Entre la política, la diplomacia y la consulta en referéndum, hablemos de:

–La forma del Estado, unicéfala o bicéfala, sin Jefatura o con Jefatura [1], y si ésta sería monarquía, presidencial o república parlamentaria, de una o dos cámaras [2].

–Con Portugal: un único Estado o República Ibérica

–Con Marruecos: Ceuta y Melilla

–Con Canarias: su especial definición autóctona

–Con Reino Unido, con la UE y con la Otan: Gibraltar

–Con USA: bases aéreas de Morón, Zaragoza y Torrejón, y base naval de Rota

–Con Cataluña y autonomías: la forma del Estado: federal o estados unidos independientes

La declaración de España país neutral y no alineado.

La renuncia de España a la guerra y desmilitarización del Estado.

La declaración del Hombre especie protegida por encima de cualquier ser vivo o ente material o inmaterial.

Ojalá en 2020 bromeemos o gritemos menos, y votemos más.


[1] [1] Hay estados bicéfalos (con Jefatura del Estado) y estados unicéfalos (sin Jefatura), que suman 56 en todo el mundo: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos, México, Uruguay, Perú o Suiza.

[2] [2] Entre los cien parlamentos unicamerales figuran Bulgaria, China, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Estonia, Finlandia, Grecia, Hungría, Islandia, Lituania, Macedonia, Montenegro, Noruega, Nueva Zelanda, Perú, Portugal, Suecia o Ucrania.