Etiqueta: Cataluña

España ‑ Estados Unidos.

Solo una España que ejerza su derecho a decidir podrá dejar que Cataluña, que Andalucía, que usted o yo, decidamos. ¡Otan no, bases fuera!

Detengan a Trump. Rompan con Estados Unidos, guardián y gendarme. No teman qué será de España. La España que merece no es la España que se vende por las bases de Rota o de Morón; a la Otan, por Gibraltar.

Hagan patria, señorías, y prueben a que los Estados Unidos incluyan a España en el Eje del Mal junto a Cuba, Venezuela, Irán o Corea. Y no personalicen en un loco llamado Trump. Fue así con Kennedy y con Obama, presidentes demócratas. Desde que se independizó de Inglaterra, Estados Unidos es siempre lo mismo: Imperio y, el resto: gobiernos títeres o Astérix y Obélix en su aldea gala, más global sin portaviones de la Sexta Flota.

Manden parar a Trump y detener el armamentismo usa con la colaboración del glorioso Ejército español, con Navantia y con Airbus.

Manden parar las costosísimas misiones de paz en las que España está involucrada sin que nos vaya nada en ello.

Hagan que se regule el tráfico de drogas y personas no al dictado de la voz de su amo desde Washigton y el Pentágono.

Hagan que España se declare neutral en el concierto de unas auténticas Naciones Unidas con renuncia a la guerra como forma de resolver conflictos. Por la paz y el desarme, ¡Otan no, bases fuera!

Y, si llueve, que llueva.


lo que le faltaba a Podemos.

Aplicando la teoría o método de los quince años que van de generación en generación, para 2020 sería el turno de la Generación de la Crisis. De 1975 (muerte de Franco) hasta 2020 (45 años) caben tres generaciones. Cada una ha tenido su acontecimiento generacional, un sueño y una oportunidad.

El sueño de la Generación por el cambio (1975-89, Caída del Muro de Berlín) (“por el cambio” fue el lema del Psoe de Felipe González en 1982, también Generación Pce), generación ya cumplida en sus 60 años, fue una España federal y republicana sobre una democracia avanzada. Después vino la Generación Berlín (1989-2005), que va a cumplir 50 y cuyo sueño fue un mundo plano y sin bloques, de oenegés sin fronteras en el marco de un Estado del Bienestar creíble a condición de que se lo dieran a estudiantes que no querían saber del suburbio más que como causa humanitaria. El sueño de aquel mundo plano duró bien poco: hasta el 11 de septiembre de 2001 (Torres Gemelas), imagen de un mundo que se venía abajo, en picado tras la crisis del 2007. Ante semejante sacudida de conciencia, cuajó el tercer y último sueño de tres culturas o civilizaciones donde íbamos a caber todos, residentes, migrantes y refugiados. Fue la Generación Podemos (2005-20) que hoy calza 35 años y lleva 17 con derecho a voto.

El movimiento Podemos nació bajo el Yes, we can, Sí se puede, de Barack Obama (2008). La generación del Sí se puede había ido calentando motores agitando el mileurismo (2005), saludó el ¡Indignaos! de Hessel y Sampedro (2010) y la ¡Democracia real, ya! que querían recuperar los valores de Occidente (algo parecido al Pablo Iglesias que hemos visto con la Constitución como libro de campaña electoral). En apenas tres años, Podemos pasó de acampar en la Puerta del Sol el 15 de mayo de 2011 (el 15-M) a constituirse en partido en enero de 2014. El sueño de Podemos no fue sueño sino espejismo de mileuristas que despreciaban a seiscientistas y quinientistas al amparo de los valores de la vieja Europa y con lo fácil que es pedir y pedir al Estado del Bienestar sin cuestionar ni quién paga la factura ni el capitalismo ni la Otan.

Ayer Ada Colau, en nombre del 71 por ciento de sus votantes, escenificó el último grano que le ha salido en el culo a Podemos, la última china en el zapato, que era el derecho a decidir, no de Cataluña, de toda España. Hijo pródigo que ha vuelto a la casa del padre: Podemos, partido constitucionalista y por la unidad de España.

Se ve que la “solución federal” y lo que “de verdad importa a la gente” no eran más que tapadera para poner el cojín a escaños y alcaldías. Y no nos vengan con Kichi y con que siempre nos quedará Cádiz. Un señor que gana votos a base de la Virgen del Carmen o del Rosario y de Navantia, fábrica de guerra, no tiene nada, no ya de izquierdas, de dignidad ni de nobleza, le cante lo que le cante Joaquín Sabina en su soneto. Idéntica canción podrán hacerle a la alcaldesa de Barcelona. ¡Adiós, Podemos! Vendrá otra generación y te hará más buena.


 

Golpe de Estado en Cataluña.

No hace falta leer la Rebelión catalana, de Plácido Fernández-Viagas [1], para saber que en la España de 1981 del coronel Tejero “era necesario ocupar el Congreso” y que actualmente puede bastar un golpe de Estado “sin armas, con poseer TV3”. Sostiene PFV: “En la posmodernidad los delincuentes no son tontos. Por supuesto que hubo violencia. Lo que ocurre es que la fuerza desplegada por los ciudadanos tuvo lugar en forma de resistencia activa, con lo que quisieron apropiarse también del lenguaje. Para ellos, los violentos fueron los defensores de la Constitución, con olvido de que era su obligación protegerla. Guardia Civil y Policía Nacional hicieron lo que debían: reprimir una sublevación. Y los que se opusieron incidían en una actividad claramente delictiva pues nadie está legitimado para desobedecer a las fuerzas de orden público, y mucho menos para obstaculizar su acción. El simple hecho de entrelazar los cuerpos de los manifestantes constituyó un acto violento”.

Y uno –que siempre ha sido internacionalista– piensa que la misma “posmodernidad” que se aplica al referundismo podía y debía aplicarse al Estado español. Pues los Estados se empoderan “mediante astutas técnicas de propaganda y adoctrinamiento”, lo que en España Unida Podemos se ha manifestado (1) sacando banderitas de España a los balcones, (2) con la criminalización del separatismo (cuando se trataba de referundismo) [2], (3) con el desprestigio hasta la quema de nombres y personas (cuando el referéndum se sustancia en voto secreto y en tantos por ciento), y (4) con la bajeza moral que se deduce de participar el resto de España en convocatorias electorales mientras a una parte de España (¿no habíamos quedado que Cataluña es España?) se le negaban las urnas y a doce de los suyos se les sentaba en el banquillo.

La conclusión se da entre nacionalismos. Del nacionalismo español, igual podría decirse que, entre la Corona, la Fiscalía, la TVE-1 y el 155, España no necesita ni ejército ni fuerzas de orden público, como necesitó en el 81 el coronel Tejero.

España, señor Fernández-Viagas, debiera a agradecer que Cataluña se haya levantado pacíficamente en urnas, y no en armas (como en el 98 se levantaron Cuba o Filipinas), y dejar a esas doce personas libres y en paz. Pero, claro, eso significaría ir a lo que ustedes, nacionalistas españoles, no quieren ni oír hablar: ir otra vez al referéndum. Pues irán, no le quepa duda. Cataluña será lo que Cataluña quiera ser. Cuestión de tiempo y números. Le guste a usted, a ustedes, o no. Lo dice alguien que sigue siendo internacionalista.

[1] Plácido Fernández-Viagas (Tánger, 1952), doctor en ciencias políticas, preside la Asociación Derecho y Democracia.

[2] ‘separatismo’, ‘soberanismo’, ‘independentismo’ son palabras que, con el visto bueno del propio bloque referundista, no hacen más que anticipar un final (un deseo) que no se ha producido: maniobra de la contra española semejante a lo que fue llamar ‘comunistas’ a países que, como mucho, intentaban el socialismo, o como si al cristianismo se pidieran cuentas de un reino de los cielos que el mundo no ha conocido.


la izquierda, fin de época.

En [eLTeNDeDeRo] Daniel Lebrato ha defendido su opción de abstención crítica o boicot general ante las elecciones del 26‑M, en nombre de un argumento muy simple: sin izquierda anticapitalista (o contracapitalista), ¿a qué partido votar? DL publicó en red: «La izquierda auténtica sabe que el trabajo productivo de bienes materiales (no el esfuerzo ni el artisteo en horas de ocio) es el motor (la base) de la riqueza y de la economía, mientras la derecha difunde la especie de que el capital crea la riqueza.» Era evidente que el artículo buscaba el cuerpo a cuerpo con quien se tiene por emprendedor (empresario) y creador de empleo como fuente de la riqueza, cuyo corolario sería la España actual: millones de personas en demanda de trabajo (tortura, en etimología) con la canonización de la Epa (encuesta de población activa) como motor del Pib (producto interior bruto) y de la marcha del país en general, algo palpable en los programas de partidos tenidos como de izquierda que últimamente juegan a favor de la explotación del hombre por el hombre y como solución personal y regional en el marco de la democracia y del Estado del Bienestar, dos construcciones insultantemente fáciles de rebatir. Pues ¿qué bien preciado es el que se ejerce una vez cada cuatro años? ¿Se imaginan ser padre o madre o profesor o fumador solo una vez cada cuatro años? Quieren hacernos creer que, entre municipales, autonómicas, generales y europeas, estamos todo el día votando, pero la cuenta sigue siendo cada cuatro. Más aún. Qué valor tiene la democracia cuando no contempla la democracia social y participativa (por barrios y cadenas productivas) y, sobre todo, cuando la democracia solo iguala ante la ley lo que el resto del enorme tiempo sin urnas es absolutamente desigual. Comparen la jornada electoral con la Selectividad, única prueba que pone a nivel las tres vías educativas insolentemente insolidarias con la igualdad ciudadana: la pública (de clases bajas), la concertada (de clases medias) y la privada (de clases altas). Y no vengan con que ustedes han estudiado en la pública. Yo también. ¿Para cuándo, señorías de IU Podemos, la enseñanza única? La democracia, encima, al estar influenciada (no digo manipulada) por quienes más tienen (también en medios de [des]información) es tan creíble, en sus resultados, como ustedes se lo quieran creer. Yo no creo que en España haya una democracia (social y de derecho, añade la Constitución) y menos aún creo en la falacia del Estado del Bienestar en que tanto IU como Podemos han basado su campaña y su estrategia. No con mi voto. A bajarle los humos al emprendimiento (y al artisteo y a la intelectualidad pagada de sí misma) iban Promesas, Coplas por la muerte de la democracia y mi Carta a un votante de Unidas Podemos. Una apostilla final. Además de anti capitalista, la opción política que yo votaría tendría que ser decididamente anti imperialista (¡Bases no, yanquis fuera!, Kichi mío de mi alma). Y un reparo ético. Mientras se persigue y juzga a quienes han querido votar (en referéndum, el Procés), ¿voy a ir yo por la cara a votar? O votamos todos o votamos ninguno. Claro que la izquierda con decir que lo de Cataluña es de derechas, se queda tan fresca. Pregunta para demócratas de izquierda: ¿es ilegal ser de derechas?


 

a propósito.

«Un discurso electoral tiene la naturaleza de un rito religioso. Se escucha para oír lo que ya se pensaba, para exaltarse en la común fe y confesión.»

La cita pertenece a Cesare Pavese (n. 1908), de las últimas palabras que escribió en su diario nueve días antes de su suicidio en Turín el domingo 27 de agosto de 1950. (Leído en el campo de lavanda, de Carme Garcia i Parra.)

[eLTeNDeDeRo] dedicó a otro turinés, Primo Levi (n. 1919) –quien se mató en Turín el sábado 11 de abril de 1987–, el artículo Si esto es España titulado así a honor del Si esto es un hombre de Levi.

Ahora que me piden mi voto en nombre de la democracia o, lo que es peor, de la izquierda democrática, algo me une a Pavese y Levi y Garcia Parra y su proximidad reconforta mi alma de rabia y de espinas. Un discurso electoral tiene la naturaleza de un rito religioso en el que no creo.

Y a propósito. En 2008 visité el Campo de Terezín y escribí un corto Viaje a Praga del que entresaco dos episodios:

PRIMO LEVI, EL PRISIONERO 174517

Primo Levi, el prisionero 174517,
sobrevivió como pudo a Auschwitz, otro Terezín,
pero no pudo sobrevivir a la tristeza y
cuarenta años después el hombre, si lo era,
se defenestró al vacío desde el tercer piso
de su casa de Turín.
Veinte años más, y otro abril, de 2008,
su libro Si esto es un hombre
y unos versos del poeta inglés Ben Jonson
han vuelto a Praga, hotel Quálity,
habitación 425 (four two five),
donde otro hombre leía una Antología de poetas suicidas.

*

CAMPO DE TEREZÍN
si esto es un hombre

Imaginarme ahora en una piel distinta.
Imaginar que el frío lo tiene el carcelero,
la mierda, el orinal y los piojos.
Que perdono. Que olvido. Que no soy lo que queda
en pie como una sombra hasta que otra
sombra me recuente, el 17
45 17.
Que estás. Que cumplirás los 26.

*

Daniel Lebrato, Viaje a Praga (2008)

/ a Carme Garcia i Parra /


 

incitación a la rebeldía.

Votar es aceptar

1º) la dinámica electores > elegidos (para luego hablar mal de la clase política) mientras

2º) cada vez más personas (el precariado) carecen de ciudadanía (a beneficio de cáritas y oenegés: la exclusión social nunca fue cuestión de Estado en España como sí lo han sido las pensiones o los malos tratos).

3º) Pedro Sánchez y Pablo Iglesias (y, a su través, Alberto Garzón; no toda la comunidad Izquierda Unida Podemos Psoe), transigen con el Juicio al Procés (antes, materia de movilización por las libertades).

Aunque usted no comparta el Juicio al Procés (a usted como demócrata de la libertad le aprieta por ahí algo el zapato) y aunque acepte (cínicamente) los puntos 1 y 2, quien vota izquierda vota por la funcionarización del voto amigo. A eso llamamos rehén, chantaje, extorsión, coacciones a clases medias y bajas. Cualquier voto, también a Izquierda Unida Podemos, acaba siendo un voto conservador (de lo que hay).

Buzón de [eLTeNDeDeRo]: «No puede haber más gobierno o administración que el de un partido de esos que llamamos de izquierda. Quien administra lo precario, la supervivencia de cada día, debe ser alguien que piensa y sienta desde la izquierda. Lo contrario es entrar en el desbordamiento, porque la ambición no tiene fin. Dejen a los capitalistas, tan salvados siempre de todo, que campen a sus anchas para dominar este y unos cuantos mundos más. Pero es de cajón que quien administra lo precario…»

En ese “dejar al capitalismo” está la clave diferencial entre la izquierda siglo 20, anticapitalista, y la izquierda siglo 21, mileurista, bienestarista, máster chef de todo y operación triunfo de sí misma.

Decir esto es también una forma de pasar de la noticia de aquí al domingo, a lo que ya es Historia. Si el germen de Podemos fue una llamada a la indignación (de Stéphane Hessel en 2010), está haciendo falta una incitación a la rebeldía que el voto en las urnas –y mientras Cataluña no vote su destino– aduerme y aliena, retrasa y confunde. Que la rebeldía empiece por no votar.

enlaces:

la edad y la rebeldía

teoría del diosmonio

por qué no iré a votar el día 28.

Me preguntan por qué no iré a votar el día 28. –Por Cataluña, mire usted. –Y ¿por qué vota usted? Y me salen por peteneras del Bienestar y contra Vox. –El Bienestar es cuento que nunca funciona si no se lo creen el FMI y el Banco Europeo, que ya sabemos para quienes trabajan. Y Vox es producto nacional de tanta banderita en los balcones, o sea, a favor del Juicio al Procés y contra el referundismo en Cataluña que yo desde Sevilla (Andalucía, España) quiero como quien quiere un divorcio bien avenido o que le vaya bien al hijo que se emancipa.

Aunque duela, así de fácil. No entiendo que quien le niega las urnas a Cataluña acuda a las mismas urnas que a Cataluña se niegan. O votamos todos o nadie, con dos dedos de dignidad, debería votar.

Salvo Cataluña, claro está.

enlace a ELECCIONES GENERALES TODO A CIEN