Etiqueta: literatura

día mundial de la poesía.

Poeta en Bicicleta, de Jean-Frnçois Martin
Llevaba 60 años celebrando este día
y se quitaba edad haciéndose preguntas
de a dónde vamos o de dónde venimos,
eso sí: en limpios endecasílabos
como jóvenes de 18.
Definitivamente, por aquella poesía
no pasaban los años.


[LA CORTE DEL REY BOBO]


Anuncios

orgullo y prejuicio de escritores.

Daniel Lebrato en su rincón Alamin fotógrafo 2005 06 05Vamos de chicos a viejos y de uno hacia los demás. Las dos distancias las recorremos a ciegas, a base de hostias, de error y acierto, muy determinados por familia y herencia. El resto es biografía. Pero elegimos bien poco. Aunque algún cursi diga que las palabras alimentan, va contra la teoría de conjuntos comparar palabras con manzanas o patatas y es injusto confundir el oficio de escribir (si es que fuera un oficio) con el del panadero o del mecánico, cuyos productos dejan de ser suyos (son trabajos alienantes) mientras mi poema o mi novela van protegidos por derechos de autor. Yo me imagino un mundo donde todos escriban y todos lean: cuando la división social del trabajo (sin apenas movilidad laboral) haya desaparecido. Mientras tanto, nuestra grandeza como escritores es semejante a la del médico que, tras haber decidido vivir de la enfermedad, cerraría con gusto su consulta a cambio de un mundo sin enfermedades; o al profesor que dejaría de serlo si el aprendizaje en su alumnado fuese un proceso innato y espontáneo. Que en la vida juguemos un papel que nos gusta, no niega que somos actores de un mal teatro y la obra no puede ser más horrorosa.

–enlace a Escritores 3.0


reivindicación del Libro de Buen Amor.

Juan Ruiz

Por distintas razones (algunas de ellas, más políticas que literarias) la crítica literaria y la historia de la literatura española niegan al Libro de Buen Amor, de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, su condición y méritos como primera novela en lengua romance castellana. Si en el sentido actual de la palabra (no de entonces), novela es “voluntad de estilo (biográfica, autobiográfica o pseudobiográfica) por narrar una vida o fragmento de vida (verdadera o falsa) de alguien que no sea ni héroe ni santo” (a quienes la épica daba voz y narrador), el yo narrador de Juan Ruiz es el primero y, por su tamaño, el más grande de toda la literatura española en lengua romance. Mayor afán de novelar no se verá hasta La Celestina y El Lazarillo y hasta la segunda parte del Quijote.


poesía y canción (en las nubes o en la nube).

omega-cartel

Poesía y canción eran lo mismo (las coplas de Manrique fueron coplas) hasta que el verso libre o poema en prosa abrió un cisma entre una y otra, juglares y trovadores y pueblo llano, que los tres cantaban. El poeta (culto) del siglo 20 pudo tener un pésimo oído y ningún sentido del ritmo ni del compás. Su poema lo imaginaba en libro, impreso en páginas de imprenta: la poesía había dejado de cantar. Y el poeta, como un genio instalado en su torre de marfil, vivía en las nubes. Que todo como un aura se venga para mí, pidió Manuel Machado.

Llegaron los cantautores (de repertorio mixto) que rastrearon en la poesía clásica y contemporánea. Y los versos de Manrique, y hasta del Arcipreste de Hita, se volvieron a cantar (mayormente a la guitarra). La cumbre de ese reencuentro entre la poesía culta y la canción (pura fusión) yo la sitúo en la ópera Omega, de Morente y Lagartija Nick, el año 1996. El verso libre de Poeta en Nueva York, de García Lorca, por fin, a compás.

Sobre ese panorama nacional, y europeo, el rap que venía de América siempre fue entonación, aquí diríamos canción protesta. Su inconveniente: un tono entre la predicación y el mitin político que puede parecer pedante egolatría de barrio y redención personal, que también es algo religiosa.

Ahora que los libros de imprenta desaparecen o tienen que imaginarse en la nube, en digital, el universo pop (popular) de la canción todavía nos ayuda a enamorar, a socializar o a sobrevivir. Y el universo culto de la poesía nos hace seguir perteneciendo a (o llamar a las puertas de) un elenco formal, académico y restringido: eso que llaman (y habrá quien crea en ella) la cultura.

aparición de los negros en las letras españolas, por Santiago Auserón.

Durante los siglos XVI y XVII, coincidiendo con el incremento de la trata atlántica, la presencia de esclavos africanos se volvió costumbre en la literatura española. El tipo jocoso del negro músico y lenguaraz surgió en las coplas, se instaló en el escaparate de la vida social que fue el teatro ligero e hizo su aparición en la incipiente novela. Los poetas jugaron a imitar las alteraciones que el «habla de guineo» hacía sufrir al castellano y a reproducir con pies métricos su ritmo musical, contagiados por la viveza de las jergas de germanías en ambientes donde la rítmica sincopada de los africanos despertaba un viejo poso de sonoridades mestizas. En sus obras dejaron constancia de un sorprendente estado de proliferación de la lengua muy distinto del marmóreo ejercicio de erudición aprendido en los colegios jesuitas, relacionado con la movilidad social y con el hechizo expansivo de las modas musicales de la época. Coplas con estribillos marcadamente rítmicos, bailes con nombres propios que retumban con afán de mito efímero, revelan una erótica de la fonación complementaria de la expresión danzante de la libido denunciada por los censores. A lo largo de los dos siglos siguientes a la invención de la imprenta, una marea musical y poética llevó en España la tradición oral hasta su extremo desarrollo. Esa actividad febril amplió el radio de acción de las canciones tanto como era posible antes del advenimiento de la era electrónica. Este es un aspecto de la literatura del Siglo de Oro poco tenido en cuenta hasta la fecha.

Origen: Aparición de los negros en las letras españolas – Jot Down Cultural Magazine

campos de plumas.

Por exigencias de guion (consonantes: espuma pluma), Góngora puso campo de pluma, en singular,[1] pero nosotros podemos leerlo en plural: a batallas de amor, campos de plumas, o sea colchones, y así, además, a las recuestas literarias, batallas de plumas por un quítame allá esa palabra.

La penúltima sucede un lunes cualquiera en un periódico cualquiera. Rara vez una columna de un diario como el de Cádiz se dedica a una traducción literaria. Lean la que monta Ana Sofía Pérez-Bustamante, profesora, poeta y articulista, en su sección Efecto Moleskine, artículo que ella titula Los cinco o seis sentidos.[2] Se trata de un poema de Mallarmé,[3] Les fenêtres (Las ventanas, 1893), y si el original hâler, broncear, lo tradujo bien Xavier de Salas,[4] quien en vez de broncear tradujo empañar, empañar el cristal de la fenêtre. Campos de plumas y plumas campantes, estas que felizmente campan por los diarios entre los crucigramas, la cartelera, las esquelas, la televisión y el fútbol y el biparti. Queden ustedes con Ana Sofía Pérez-Bustamante y el cierre que da a su poema de amor.

Qué lástima de amor. Con que solo tuvieras
dos dedos de frente, todavía podríamos
ser la más ejemplar y ultramoderna
pareja esporádica de hecho.
*

poema Psique, de Mercuriales (2003)

[1] Soledad Primera, consonantes: espuma pluma.

[2] Diario de Cádiz, lunes 10/07/17.

[3] Stéphane Mallarmé (Paris, 1842‑98).

[4] Muerto en 1982 y de los primeros traductores de Mallarmé al castellano.