Etiqueta: literatura

coplas de Juan Tanamera.

guantanamera

Mientras fui profe en activo, me apunté a redes sociales por didáctica. Si mi alumnado, de secundaria de adultos, estaba en redes, yo también estaría, y mis publicaciones podrían ser un comunicado de apuntes (podcast, odiosa palabra) para la recuperación de mis clases por estudiantes que, entre el trabajo y el instituto, muchas veces me faltaban a clase por causa justificada. Desde que dejé el horario lectivo, mis varios tendederos siguieron de utilidad para yo ejercer como emérito en una especie de consultorio de lengua que siempre es más que lengua: Álvaro Martín y Zafarrancho Vilima.

Paralela a mi vena docente (que un profesor nunca pierde del todo) corrían por mis venas libros publicados y nuevos que publicaría, ya no en imprenta: en internet, la gran nube para quien ya no estaba en las nubes del cotarro literario, del publico y presento, del convoco a mis coros y danzas. Mi conclusión era que por mucho ruido que yo hiciera en red, por mis vanidades y exhibicionismos personales, más ruido seguía haciendo la moribunda república del libro de farsa y licencia de la imprenta castiza.

En ese lapso de veinte años no es nada (cuarenta, desde mi primer mural) he ido sumando tropa de varios colores, principalmente gente de la enseñanza, alumnos o profesores, y de la política, de la cultura, la literatura o el libro. También, claro está, antiguos o viejos conocidos que, a través de Facebook, y cuando ya la juventud descuidaba sus muros (otra odiosa palabra), iba topando conmigo o yo con ellos.

Hoy, lo crean o no, lo que me lleva a esta página que escribo es la empedernida batalla contra el tiempo que pasa y que me llevará por delante en un descuido. Soy como Juan Tanamera (guajira, guantanamera), que antes de morirme quiero echar mis versos del alma. O como aquel Quevedo de, pues amarga la verdad, quiero echarla de la boca. Soy (somos) como León Felipe y me sé (sabemos) todos los cuentos. Quizá mi obstinación y lo que puede diferenciarme de otros es que siento la obligación, ahora por Joaquín Sabina, de negarlo todo. Me quedan cuatro días para desdecir lo que he dicho, para desmontar el tinglado del que, Pablo Neruda, confieso que he vivido.

El personaje que yo era se ha ido desprendiendo, Pedro Salinas, de todo lo que encima me echaron desde antes de nacer y más: desde antes de ejercer, desde antes del primer concurso de poesía. Hoy, de aquel afán en que milité un día, no queda casi nada, casi nadie. Mis antiguos amigos de letras, remeros todavía en la nave del libro en librerías, se me han ido perdiendo por uno u otro lado, principalmente uno: la fe en el Estado del Bienestar, triangulada entre la cultura y la izquierda.

Parte de ese triángulo enseñó su patita cuando el referundismo en Cataluña y ahora se empeña, todavía, entre monarquía o república. Nada tengo que ver con eso. Mi obligación es decir a quien quiera oírme que todo es república (república ‘por defecto’). ¿Jefatura de estado? No, gracias. Ninguna. Si hay democracia, que sea parlamentaria y no presidencialista.

las completas son para el verano.

la odisea en mi teléfono

La iniciativa privada, más que la planificada, lanza al mercado productos que son como estrellas en el espacio infinito: su luz nos llega pero, en realidad, ya no existen, o lo que es igual: inventos que se saben superados por ciencia y tecnología, hay que venderlos o se siguen vendiendo por esconder la ruina que sería retirar el producto del mercado.

En correspondencia con el despilfarro de salida (de vender obsoletos “a los que hay que dar salida”) está el despilfarro de inicio: carrera que estamos viendo entre potencias por cuál llega primera a la vacuna anticovid19. La Oms hará que prevalezca la libre competencia. De esta salimos entre todos: unos, vacuna y, otros, vacunados.

Igual disparate, de entrada y salida y circulación de mercancías obsoletas, escenifica el objeto libro. La disputa entre el libro de papel y el digital será barrida por una imposición: nuestros nietos no tendrán librería en su casa; sí artilugios digitales como el teléfono ordenador que llevan en el bolsillo. De emisor a receptor, el problema está resuelto, pero dígaselo usted a la guardia pretoriana del que llaman libro, con desprecio a esos aparatos que tienen a la juventud cautiva y alienada. (Ver comparación con el mundo del toro: [1] )

la odisea en mi teléfono detalle

De todos los lenguajes por tipo de archivos, extensiones o programas, el que funciona para teléfonos inteligentes es el lenguaje html. Y quienes hemos publicado en libro imprenta, deberíamos pasar nuestras obras completas o escogidas a html, y mientras estemos vivos.

Todavía libros analógicos lanzan al mercado estrellas cuya luz ya no existe más que como museo, no como formas de vida y esperanza. También ahí lo que prevalece es el venda yo caliente y ríase la gente, que es otra forma, además, de hacer el ridículo o de reírse de la gente: autores noveles, librerías pequeñas tiendas de proximidad, etc, etc, etceterá.

Queden ustedes con una muestra de libros del canon que, libres del hierro © de copyright, pueden leer en su teléfono y librería de bolsillo. Son del fondo Proyecto Gutenberg (desde 1971), publicados o traducidos al español castellano. Pruébenlos y disfrútenlos a la sombra del chiringuito o de un buen vino. Ni el libro Kindle ofrece mejor lectura.


Proyecto  Gutenberg
algunos títulos en castellano para leer en pantalla

CÁNDIDO (Voltaire)

COMPLETAS de Rubén Darío

DON QUIJOTE

EL ÁRBOL DE LA CIENCIA

EL BUSCÓN (Quevedo)

ESCOGIDAS de Antonio Machado

LA BUSCA

LA CELESTINA

LA COMMEDIA de Dante

LA ILÍADA

LA LOZANA ANDALUZA (Francisco Delicado)

LA ODISEA

LA REGENTA

LAS MIL Y UNA NOCHES edición Vicente Blasco Ibáñez

LAZARILLO DE TORMES

NOVELAS EJEMPLARES

[1] La resistencia del mundo Gutenberg ante lo que es evidente, figura al mundo del toro. Tauromaquia de sangre no podrá haber, porque, sobre los discursos de la tradición o la fiesta o la españolidad, llegará el comandante mundial No al maltrato animal, y mandará parar.


la odisea en mi teléfono

cómo no ser un Daniel Lebrato.

daniel lebrato íntimo vilima

 

Los libros se parecen a las personas: la amistad o el amor se encienden por un arte especial que algo tiene de magia. Como la amistad o el amor, los libros también se apagan, pero, donde hubo, cenizas quedan. Un buen libro es una oportunidad que nos da la vida. Tienen que coincidir constelaciones de estrellas para que el libro actúe y te modifique. Si no te cambia algo, el libro será uno más; nunca, parte de tu biografía.

Esos son los títulos que yo he incluido en Daniel Lebrato, un lector. Ahí no está Bécquer, en cuya proximidad al Instituto San Isidoro yo me inicié a la poesía. Ahí no están Manrique ni Garcilaso ni San Juan de la Cruz. No está Quevedo, que devoré intensamente y tanto me dio con Padilla Libros. No está el Pirata de Espronceda, ni Figuras sin paisaje (contra título de Paisaje con figuras, serie que fue de televisión), breve pieza teatral de Jorge Márquez que me sirvió de guion para casar con Pilar, treinta años que llevo queriendo casar con ella, la que siempre (antes y después de la boda) será mi novia. He puesto títulos que a mí me han modificado como escritor y como ser humano, si es que lo soy. De 37 títulos, 17 son de poesía; 13 de narrativa, novela o cuento; tres de teatro y seis de ensayo, arte, economía o historia. 19 títulos corresponden a los años 80 (década 1980), cuando a mis 30 y pico me inicié en la labor de escribir. En este sentido, mi bibliografía particular es todo menos académica o impostura. Si alguien se aplicase al cuento de esas 37 lecturas, lo más probable, y peligroso, es que acabe siendo un doble de Daniel Lebrato, algo que no recomiendo a nadie.

Mi digestión de lecturas pueden verla en Historias de la literatura, segunda parte y continuación de Mi amor no sabe decirme que me quiere, donde la literatura propone un ars amandi, una escuela para quien sepa aprender. Mi amor por el Romancero y mi adición a las coplas han ido a dar, por otra vía, a La corte del rey bobo.

El otro criterio que he seguido es dar nombres y obras al alcance en internet, aunque otra cosa es la lectura en pantalla. A la sociedad literaria aun le queda mucho por andar como nuevo libro de bolsillo, hoy teléfono móvil o celular.

Hablando de nuevas tecnologías, para mí ya lo fue el cine, cuya poderosa imaginería –novela o cine negro: Dashiell Hammett, Raymond Chandler– tanto me influyó en mi época como galán del blanco y negro y tanto me sigue influyendo cada mañana cuando al salir de la ducha decido qué me pongo. Mi repertorio de películas limita al norte con alguien parecido a Humprhey Bogart y, al sur, con alguien parecida a la Flaca.


         
01 poesía Alberti, Rafael
1902‑1999
Marinero en tierra, Sobre los ángeles 1924
1929
02 poesía Aleixandre, Vicente
1898‑1984
Espadas como labios, La destrucción o el amor 1931
1933
03 poesía Ana Rossetti
1950‑
Los devaneos de Erato, Devocionario, Indicios vehementes 1982
1985
04 poesía Bertolt Brecht
1898‑1956
Poemas y canciones 1956
05   Biblia
‑750
Pentateuco ‑750
06 poesía Blanca Andreu
1959‑
De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall 1980
07 narrativa
poesía
Borges, Jorge Luis
1899‑1986
Historia universal de la infamia, Ficciones, El Aleph,
Los conjurados
(poesía)
1935
1985
08 narrativa Camilo José Cela
1916‑2002
La familia de Pascual Duarte 1942
09 narrativa Cervantes, Miguel de
1547‑1616
El licenciado Vidriera, Rinconete y Cortadillo,
El retablo de las maravillas
1613
1615
10 poesía Cortázar, Julio
1914‑1984
Rayuela, Cuentos, Historias de cronopios y de famas,
Queremos tanto a Glenda, Salvo el crepúsculo
(poesía)
1963
1984
11 narrativa Edgard Allan Poe
1809‑1849
La narración de Arthur Gordon Pym,
Narraciones extraordinarias
1838
1859
12 poesía Federico García Lorca
1898‑1936
Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, Poeta en Nueva York 1929
1935
13 teatro Francisco Nieva
1924‑2016
Pelo de tormenta (1961), La paz (1977) 1961
1977
14 narrativa Gerald Durrell
1925‑1995
Mi familia y otros animales 1956
15 ensayo Gómez Lara, Manuel José
1958‑
El discurso del héroe anglosajón en literatura inglesa 1986
16 ensayo Hauser, Arnold
1892‑1978
Historia social de la literatura y del arte 1951
17 narrativa Herman Melville
1819‑1891
Moby Dick (1851), Bartleby, el escribiente (1853) 1851
1853
18 narrativa Hipólito G. Navarro
1961
El cielo está López, Manías y melomanías mismamente 1990
1992
19 ensayo Huizinga, Johan
1872‑1945
El otoño de la Edad Media 1919
20 poesía J.J. Díaz Trillo
1958‑
Mal te perdonarán a ti las horas (con Buly), Héroe de su herida 1985
1988
21 poesía Jaime Gil de Biedma
1929‑1990
Las personas del verbo 1975
22 poesía Juan Cobos Wilkins
1957
Sol, Espejo de príncipes rebeldes 1985

1989

23   Juan Ruiz
1283‑1353
Libro de buen amor 1343
24 poesía Luis Alberto de Cuenca
1950‑
La caja de plata 1985
25 poesía Manuel Machado
1874‑1947
Alma, El mal poema 1902
1909
26 narrativa Martín‑Santos, Luis
1924‑1964
Tiempo de silencio 1962
27 ensayo Marx
1818‑1883
El capital (tomo 1) 1867
28 poesía Moreno Jurado, José Antonio 1946‑ Para un dios de invierno, Bajar a la memoria 1981
1985
29 teatro Muñoz Seca, Pedro
1879‑1936
La venganza de Don Mendo 1918
30 narrativa Oscar Wilde
1854‑1900
Retrato de Dorian Gray 1890
31 poesía Pedro Salinas
1891‑1951
La voz a ti debida 1933
32 ensayo Radovan Richta
1924‑1983
La civilización en la encrucijada 1972
33 narrativa Schiller, Friedrich
1759‑1805
Guillermo Tell 1804
34 narrativa Umberto Eco
1932‑2016
Apocalípticos e integrados, El nombre de la rosa con sus, Apostillas a El nombre de la rosa 1965
1985
35 teatro
narrativa
Valle‑Inclán, Ramón María del 1866‑1936 Martes de Carnaval, Ruedo ibérico 1920
1936
36 ensayo Vázquez Montalbán, Manuel
1939‑2003
Crónica sentimental de España 1969
37 narrativa Yourcenar, Margarite
1903‑1987
Memorias de Adriano, Opus Nigrum 1951
1968
         
17 poesía 19 títulos años 1980    
13 narrativa      
06 ensayo      
03 teatro      

 

 

contra la vanidad: html.

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CÁLCULO DEL NIÑO DIOS
(arte y artistas)

¿A quién pertenece el arte, la creación? Porque mientras la obra no artística solo aspira a un valor de uso y un valor de cambio, la obra artística aspira a un valor inmaterial universal. Desde el “ande de mano en mano a quienquier lo pidiere”, del Arcipreste a su auditorio, al Manuel Machado de “las coplas que no son coplas hasta que las canta el pueblo y ya nadie sabe el autor”, todo arte aspira (como azucarillo) a su disolución.

Y desde que concebimos el Patrimonio del Estado con sus museos y bibliotecas nacionales, conjuntos históricos, parques nacionales, bienes inmateriales, etc., y desde que las naciones disputan qué patrimonio o cultura es mayor (si la francesa con la Chanson de Roland o la española con el Cantar de Mío Cid; si España, con Cervantes, o Inglaterra, con Shakespeare), el copyright de obras gigantes en manos de descendientes o editoriales particulares debería preocuparnos. Por hacer una autopista, se expropia y se indemniza y ¿no se va a expropiar el Corominas, el Casares o el María Moliner? ¿Para qué el Estado, entonces?

Otra forma de verlo. El poeta escribe gracias a los oficios que fabricaron su casa, su cuarto de estudio, su lámpara o su ordenador. ¿No será su poema, cuando lo termine (y si es que acertó a escribir algo de mérito, que se publica mucho churrete) también un poco propiedad de esos oficios? ¿Hubiera escrito el poeta sin albañiles, sin fontaneros, sin electricistas? O, más aún: ¿devolvería el autor el dinero ingresado si su cliente lector no queda satisfecho?

Queden ustedes con una interpretación del niño dios Juan Ramón Jiménez, con algo de Bécquer.

CÁLCULO DEL NIÑO DIOS

Yo tengo escondida en mi casa,
por su gusto y el mío, a la Poesía.

Se empieza en mientras haya algún misterio
para el hombre, no para la mujer
que posa por hermosa o fastuosa
de tesoros. No es un misterio a voces
el campo, la vendimia y los jornales,
el largo ajuar que bordan las muchachas.
Se sigue con que siempre habrá poesía
–incluso sin poetas dios existe–,
su altar será la sociedad de autores.
Y acaba uno encerrándose en la casa
que fueron levantando por su gusto
y el suyo antepasados y albañiles,
con muy pocas visitas, las precisas,
y viendo, apasionado, cosas raras.

Daniel Lebrato, Historias de la literatura

Mañana [eLTeNDeDeRo] les pasa más originales a disposición en lenguaje html (no pdf) en la revista libro [eLSoBReHiLaDo]. Antonio Delgado Cabeza y José Luis Macías Rico aportarán luz en tiempos oscuros.

escribir en los tiempos del cólera (2).

escribir es compartir por Kindle o dispositivo.

Kindle 1
Así es la vida, en Kindle.

Para compartir una obra escrita en Word, el escritor (como emisor) guarda su original como Texto sin formato, archivo.txt. Ese archivo.txt lo lanza o lo comparte vía correo electrónico o mensajería o whatsapp; también puede alojarlo en plataformas tipo Dropbox o Google Drive desde donde luego compartirá el enlace.

1
Kindle, a vista de Explorador de Archivos.

El receptor copia y pega ese archivo (mediante Kindle al PC por puerto USB y Explorador de archivos). Ya tiene el libro en su poder listo para leer en pantalla. Kindle nos dará a elegir: tipo de letra (normal, condensada, sans serif), interlineado (pequeño, mediano, grande); además podrá optar a leer en vertical u horizontal.

2
Contenido de mi Kindle.

Todo el mundo contento: el viejo autor, que ve ampliarse su público, y el nuevo lector, que ya no será de librería en la calle ni de biblioteca en casa, pero lo que quiere es leer.

Si el viejo autor cuelga su obra original en la Nube [sitio web, página blog (castellano bloc, como bloc de notas) o portales Blogger o WordPress, lenguaje Html], su obra viaja con nosotros en bolsos o bolsillos.


publicar en tiempos del cólera.

Kindle 1

Un autor amigo mío llevaba años con una doble vida literaria. Escribía en Word© al teclado de su ordenador y publicaba en libro de papel: presentación y firma, ferias y librerías. Hábil usuario de las modernas tecnologías, mi amigo nos convocaba a sus actos sociales mediante avisos en redes o por correo electrónico. O sea, con un pie en la imprenta y otro en internet (entre Gutenberg y Google), aquel escritor era un buen publicista.

Pasado un tiempo que algún título de los suyos se descatalogaba (por agotar existencias o por quedar libre de obligaciones de copyright), nuestro hombre daba esa obra ya descatalogada a quien la pidiera por privado. Su oferta, generosa y gratuita, era el pdf correspondiente.

Pero el pdf (antes facsímil) obliga a quien lo recibe a una buena impresora y a sacar folios por un tubo (de tinta) y no se deja leer cómodamente por pantalla o dispositivo.


Quien ofrezca su libro a quien lo pida, tenga en mente al santo patrón de todo esto: Juan Ruiz Arcipreste de Hita (1283-1350) con la salvedad que si cualquiera “añade o enmienda” lo que uno ha escrito estaríamos apañados. [1]

Kindle 2

Hay formas de hacer indeleble nuestro pie de la letra. Con crear nosotros y compartir con nuestra gente una copia de nuestro original como texto sin formato (que se abre con el bloc de notas y es compatible con Kindle) es suficiente. Nadie de nuestra confianza nos va a alterar nada. Contra el albur de algún desaprensivo, lo mejor es exponer nuestra obra en Blogspot, WordPress o similares. Nuestros escritos estarían para leer por pantalla en lenguaje html adaptable a tamaño de letra al alcance de vistas cansadas, presbicias o hipermetropías. [2]

Cada día crece el número de lectores en portátil, ebook, Kindle o libro electrónico. Pasa que, por viejos reparos y antiguas alabanzas al libro libro, esa digitalización de la lectura rara vez se dice a boca llena.

La gran ventaja. Ya podríamos quejarnos de manera distinta de esa juventud que está “siempre enganchada” a la maquinita. Tal vez, tal vez, esa niña o ese joven que anda enganchado lo está leyendo a usted.

Kindle con Explorador de archivos
Archivos Kindle vistos en el Explorador de Archivos.

[1] Libro de Buen Amor: «Qualquier omne que loya, si bien trobar sopiere,/ más á í a añedir e emendar, si quisiere;/ ande de mano en mano a quienquier que.l pidiere,/ como pella a las dueñas, tómelo quien podiere.»

[2] Desde que existe la edición digital, los derechos de copyright no pasan necesariamente –como era antes– por registro en ISBN o sociedad de autores. Un texto es mío desde que lo publico. En caso de pleito, no fallará otra cosa un tribunal.

antes y después y durante y al margen del libro.

Algo se muere en el alma cuando un amigo se va
(famosa sevillana de Manuel Garrido)
pero no es para tanto.

De todas las editoriales, la mejor y más durable es Internet.

antes del libro:

Uno, a Editorial Equis: Leyendo el contrato observo que su compromiso de edición está supeditado a un estudio de mercado que harán a través de la confección de un libro electrónico. La edición en papel, afirman, estará garantizada bajo demanda de autor, librería o lo que sea. Como yo sé que lo del libro electrónico dará muy modestos resultados, en la práctica lo que ustedes vienen a ofrecerme es una impresión bajo demanda. Y como yo sé ‑eso ustedes no tienen por qué saberlo‑ que la demanda será poca o ninguna, al final la historia se resumirá en que yo, el autor, me haré cargo de la compra de treinta o cuarenta ejemplares para montar una presentación porque, ya que está el libro, hagámosle la fiesta. Añaden el abono de unas cantidades por parte del autor por la corrección del manuscrito, en caso necesario. No sé por qué me da que esa corrección será casi siempre necesaria. Resumiendo. Me parece muy bien que hayan ustedes elaborado esa fórmula para “autores con un alto nivel de competencias literarias y que hayan publicado en editoriales de tipo medio o alto” pero me temo que yo no estoy en ese grupo. Declino su amable oferta haciendo mía la frase del jornalero al cacique que iba de puerta en puerta ofreciendo dos duros a quien le votase: –En mi hambre mando yo.

después del libro:

Oficié de crítico en distintos suplementos periodísticos. Un día escribí un artículo sobre la relación de los suplementos con ciertas editoriales de postín, pero que pertenecían al mismo grupo editorial. El artículo, que me había sido encargado por el director de un suplemento, tardó en ver la luz y lo hizo porque me planté ante el director, que no consideraba mi artículo equilibrado y veraz, y que incluso ‑no me había ocurrido jamás‑ escribió una especie de réplica en la página de al lado. Al cabo de cinco o seis meses, Juan Goytisolo publicó un sonadísimo artículo en El País donde venía a decir pico más o menos lo que yo, y el mundo literario tiritó unas semanas. La anécdota dejaba clara la absoluta desnudez de la crítica frente a los medios, las limitaciones de escribir en un periódico provincial y la absurda lucha del crítico que no cuenta con el apoyo mediático. Lo más penoso de mi quehacer, fue que, de unos trescientos artículos, sólo cuando realicé alguna crítica crítica, el autor me escribía con una misiva, que solía ser bastante más larga que la reseña, poniendo en cuestión mi visión de la obra, mi falta de audacia o de visión y tratando de desmontar cada una de mis pérfidas afirmaciones. Cuando la crítica era positiva el autor la recepcionaba y hacía mutis. De algunos autores me ocurrió que escribí varias reseñas y sólo cuando en alguna aparecía una llamada de atención, el menda me escribía poniéndome de perejil.

durante el libro:

En los últimos días, la prensa se ha hecho eco de que ha nacido la librería del futuro. La Expresso Book Machine viene a tener algo más de dos décadas y es básicamente autoedición. En 2011 cada una costaba cerca de 100 mil dólares. En la librería sevillana donde la Dragona está no dan detalles sobre el precio de la máquina pero dicen que se rentabiliza vendiendo 14 ejemplares al día, 364 al mes. Catorce libros al día de un catálogo de autoedición (incluyendo descatalogados) es demasiado. No hay librero que lo resista. Aproximadamente un 65 por ciento de los libros que se compran son novedades. La Dragona, ante esos números, tiene pocas probabilidades de sobrevivir a su coste. Amazon es el mejor cliente de los grandes grupos editoriales. Enseñemos al consumidor, comprador de libros, para que tome conciencia de lo que consume, de lo que vale lo que consume y de que el consumo también es un acto político. Lo cierto es que la facturación de todos los libreros independientes compite muy dignamente y por eso seguimos siendo necesarios. [Maite Aragón, El humo de la dragona, RevistaMercurio.es. 12/02/2020]

al margen del libro:

Consejo a jóvenes escribientes o a consagrados. Obra nueva o vieja obra, publíquenla cuanto antes en soporte digital. Al presente, les servirá para librarse de la pesadilla de la literatura con ánimo de lucro. Y, hacia el futuro, gestionarán ustedes, por su mano autorizada y corregida, su propia obra. Otro día hablamos del sospechoso titular: Se publica ahora tal o cual inédito de Juan Ramón o de Miguel Hernández. Háganse caso. De todas las editoriales, la mejor y más durable es Internet, Galaxia Google o lo que esté al venir cuando nosotros no estemos.


Rubén Darío. Dos imágenes de la muerte.

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COLOQUIO DE LOS CENTAUROS
–(1896)–

ARNEO
La Muerte es de la Vida la inseparable hermana.

QUIRÓN
La Muerte es la victoria de la progenie humana.

MEDÓN
¡La Muerte! Yo la he visto. No es demacrada y mustia
ni ase corva guadaña, ni tiene faz de angustia.
Es semejante a Diana, casta y virgen como ella;
en su rostro hay la gracia de la núbil doncella
y lleva una guirnalda de rosas siderales.
En su siniestra tiene verdes palmas triunfales,
y en su diestra una copa con agua del olvido.
A sus pies, como un perro, yace un amor dormido.

AMICO
Los mismos dioses buscan la dulce paz que vierte.

QUIRÓN
La pena de los dioses es no alcanzar la Muerte.



LO FATAL

–(1905)–

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber a dónde vamos,
ni de dónde venimos!…

Rubén Darío (1867-1916)

COLOQUIO DE LOS CENTAUROS
Prosas profanas (1896-1901)

LO FATAL
Cantos de vida y esperanza (1905)

[eLTeNDeDeRo]

/ a, para o por Carlos Wamba, Benito Moreno, Fernando Mansilla, Padilla Libros, Juan Carlos Aragón, George Steiner, José Luis Cuerda. No hay tinta para tanta negrita. /

Honor a quien en su vida
defiende y custodia sus termópilas.

(C. Cavafis)


escribir por obligación.

DE LA LITERATURA DE COMPROMISO
al placer de la escritura

Presentación oral de una exposición colectiva pensada en clave Lope de Vega, escribir por obligación (un soneto me manda hacer Violante), primero en coche y autostop Sanlúcar Sevilla, luego Quijotes sobre Rocinante y en bicicleta Sevilla Triana, pasando por el Ulysses de Joyce, hasta el Jesús atado a la columna (vecino a la Sala) o Blancanieves y los Siete Enanitos.

Hay una literatura comprometida (con causas o contextos sociales) y una literatura de compromiso con quien nos pide algo y no podemos negarnos. Tal es el caso. El pintor Fernando Murillo solicitó a su amigo Daniel Lebrato que le escribiera las palabras para una exposición que iba a hacer. Al final, donde cabe uno caben siete: la muestra pasó a ser colectiva con seis pintores y un escultor.[1] Al Encuentro[2] acudió Daniel Lebrato, autor del catálogo, armado del siguiente y extraño soneto con doble culminación o, si se quiere, con estrambote a la contra. Una voz espontánea replica al obligado cierre está hecho con este endecasílabo lapidario [cuando te piden] hacer de dios cuando estás hecho un cristo, manera de significar la que le queda al artista cuando los invitados se hayan ido, o, también, esa condena a ser el mejor cuando el cuerpo, la vida y quizá la obra no están para nada y hay que salir a escena, en cuerpo, vida y obra. A cada uno lo suyo.

De la literatura de compromiso, al placer de la escritura, debo a estos siete un encuentro gozoso y una tregua feliz. Y debo, además, un precioso recuerdo al óleo firmado y enmarcado por los siete con la palabra post, buzón, para que me lluevan dentro las buenas entradas. Sirva ese cuadro como regalo de mis amigos a los diez años de [eLTeNDeDeRo].

Este fue el soneto:

ENCUENTRO A7
Presentación por Félix Lope de Vega y Carpio,
con José Fernando Murillo Pedrote como Violante
[3]

UN FOLLETO me manda hacer Violante
que en la vida me he visto en tal aprieto:
que un dedo haga autostop y que un septeto
se te instale en concierto, y tú al volante:

«Estos siete se adoran desde antes
de mí y nuestra amistad, y no me meto
si vienen por mi prosa o mis sonetos,
mi tinta calamar o mis gigantes
y molinos.»

El caso es ¡Caballeros: Adelante!
Con tanto don Quijote, Rocinante
me imagino.

POR EL PUENTE Triana voy bajando
a prueba de daltónico en barbecho
un pie en la bici y otro en San Fernando
(cementerio).

–La Farmacia Murillo ¿es de Pedrote?
(monólogo interior como desecho
de un Joyce del Altozano o de rebote).
Y ahora, en serio:

ALMAGRO, Jesús Conde y Arrebola,
De la Torre con Márquez y Murillo
con Espiri –sus obras hablan solas–

ya están en Las Columnas y aun sospecho
que atados y azotados, tanto en cuanto
te piden haz un paso y ¡ya está hecho!

–O hacer de dios cuando estás hecho un cristo.
Si quieren una pista,
les pasa a casi todos los artistas.
Seguro que lo han visto un Jueves Santo.

FIRMA Daniel Lebrato, que antes era
el mismo Cristo de las Cigarreras
–figura, penitente o quien lo lleve–
que, con los Enanitos, Blancanieves.

Francamente, no me veo
sacando yo a estos siete de paseo.

Sevilla, 15 del 10 del 19


cropped-post-de-josc3a9-luis-almagro.jpgPORTADA color PARA CORREO..jpg

[1] Pintores: José Luis Almagro, Pepe Arrebola, Jesús Conde, Juan José Gómez de la Torre, Manuel Márquez y Fernando Murillo; escultor: Espiridión Rodríguez, Espiri.

[2] Del 15 al 30 de octubre de 2019, en la Casa de las Columnas, Centro Cívico de Triana, Pureza, 79, Sevilla.

[3] «Un soneto me manda hacer Violante/ que en mi vida me he visto en tanto aprieto;/ catorce versos dicen que es soneto;/ burla burlando van los tres delante./ Yo pensé que no hallara consonante,/ y estoy a la mitad de otro cuarteto;/ mas si me veo en el primer terceto,/ no hay cosa en los cuartetos que me espante./ Por el primer terceto voy entrando,/ y parece que entré con pie derecho,/ pues fin con este verso le voy dando./ Ya estoy en el segundo, y aun sospecho/ que voy los trece versos acabando;/ contad si son catorce, y está hecho.» Lope de Vega, La niña de plata, comedia, 1617.


La misma entrada en [eLSoBReHiLaDo]

haikus en el corredor de la muerte.

Haikus en el corredor de la muerte [1] desvela las últimas palabras de 36 japoneses que iban a ser ejecutados. Camino de la horca, pintaron en tres líneas y 17 sílabas la asfixia de la soledad, la culpa, la agonía o el miedo. [2]

Cuando a la humanidad le sobran razones hacia la abolición de la pena de cárcel, causa espanto la insistencia en la pena de muerte, atrocidad en la que la filología no hace más que indagar y obligarnos a pensar. El ubi sunt nos acostumbró a su predicación escatológica. Lo que no es normal es que un Estado mate. No a la pena de muerte.

[1] Aparte requisitos temáticos, el haiku es, silábicamente, lo más parecido a la seguidilla (5‑7‑5 sílabas).

[2] Diario El Mundo: Haikus en el corredor de la muerte (que el periódico retitula haikus del patíbulo). La filóloga española que los tradujo es Elena Gallego, de 30 años, con plaza en alguna universidad japonesa. Junto a su colega de doctorado Seiko Ota, burgalesa de origen, pasó muchos meses adaptando al español un libro abrumador.

el destino.

«Ahora sé que el destino es la suma de todas las decisiones que tomamos en nuestra vida.» María Dueñas, El tiempo entre costuras, glosada por Andrea Turchi en A partir de una frase.

Vamos a ver. Si hay destino es porque alguien cree en una vida previamente escrita, antes de ser vivida, ese es el sentido que recoge la definición de la Academia: hado, fuerza desconocida, encadenamiento de sucesos necesarios y fatales. El Diccionario añade otras acepciones. En unas manda el azar (circunstancia de serle favorable o adverso a alguien o a algo el destino), en otras la finalidad (consignación, señalamiento o aplicación de una cosa o de un lugar para determinado fin), en otras el desempeño laboral (empleo, ocupación, lugar o establecimiento en que alguien ejerce su empleo) y en otras el acabamiento de algo (meta, punto de llegada). O sea, que el destino destino (sinónimos hado, sino, fatalidad, providencia, predestinación; todo lo contrario al azar, la suerte o la casualidad) es el que alguien desvela (es el factor adivino) y que se cumple o no se cumple. Y la tragedia consiste en que el personaje luche contra él y que esa lucha resulte inútil: es el inútil combate de Alexis o el tratado del inútil combate, de Marguerite Yourcenar.

Decir que el destino es la suma de todas las decisiones que tomamos en nuestra vida es confundir destino y biografía, carrera o currículo, y bien está: no hay destino. No hay que olvidar que el destino era privilegio de aristocracias bien nacidas y para un alto fin determinado mientras la plebe no tenía más que buscarse la vida. Es el antihéroe del Lazarillo y de quienes, como él, remando salieron a buen puerto. Y no hay que olvidar que el Destino es como Dios: se cree o no se cree.

En mi casa, la clase media que me trajo al mundo no tenía para mí más destino que estudiar o trabajar, ese era el dilema que nuestro padre nos planteaba continuamente. Dejo a ustedes con dos pinceladas más o menos poéticas alrededor del destino:

AMOR POR DESTINO

El cielo aún hasta hoy no ha querido
que yo ame por destino…

En el principio fue el destino. Fueron
herencia y descendencia o patrimonio.
Y amores de diván: Edipo, Electra.
Vinieron enseguida los amores
platónicos, humanos o divinos,
siervos de amor o del amor cortés,
hasta el morir de amor del héroe o santo.
El sexo era el cantar de los cantares.
Vinieron las novelas, vino el sí
de las niñas, de la tragedia al drama
y del destino al sino, aquel don Álvaro.
Luego vendrán las bromas, don Friolera.
La vida era otra cosa. Eso lo supo
el buen amor, que siempre fue a lo suyo.

AMOR POR ELECCIÓN

...y el pensar que tengo de amar por elección es excusado.
Marcela la pastora (Quijote, 14)

El destino es un club, se pertenece,
y hay muchos corazones, corazón,
a navaja en la historia de los parques.
Romántica, oficialmente nacidos
el uno para el otro, hasta ese orden
caprichoso, la lista de la clase
o de la compra que nos trajo aquí:
tú por aquí, mi amor tuvo que ser.
Con suerte, ves que vuelven las oscuras
golondrinas. San Blas, San Valentín
o Amores punto com, dan con mass medias
naranjas. Hagan juego o naranjada,
manda el crupier y gana el subconsciente.
La audiencia indulta a Edipo el inocente.
 


Daniel Lebrato, Historias de la literatura


teoría del diosmonio.

¿QUIÉN COMO YO?

Hermosa es la condena, libre,
ser el rebelde primero de la Historia.
(Juan Cobos Wilkins)
Espejo de príncipes rebeldes

Terrible la caída si es
nostalgia de otros tiempos
mejores: Tú.
(Daniel Lebrato)
¿Quién como yo?

ABSTRACT (TESIS)

No solo el opio del pueblo. Desde la Europa que habitamos, y a partir de las Cruzadas, la religión ha sido una curiosidad de turista occidental que alucina con la alianza de las tres pamplinas: hoy, con la pamplina hebrea o turismo base; mañana –tras Alejandro y Marco Polo– con la pamplina oriente y, al otro, con las barbaridades afroamericanas o precolombinas. Cuando termine el mito hasta alcanzar el logos, ese día seremos más infelices pero con el entendimiento libre. Ocurre que el milagro griego se quedó en algo ingeniosillo para que vivan del cuento la clerecía, la filosofía, la imprenta y la democracia; la universidad, el arte o la literatura.

ANTÍTESIS

El estructuralismo no lo inventó Saussure. Como en lingüística, podríamos discutir cuál es el término marcado, el no marcado y el neutro, pero que dios y su contrario se entienden de maravilla, no hay quien lo dude; en trío con la diosa madre. Lucifer es antónimo de Dios, no su antídoto, y el delito de ambos fue la soberbia, primero de los siete pecados capitales. En el desafío por el trono, el ángel del Señor preguntó a Luzbel, el Portador de la luz: ¿Quién como yo? o ¿Quién como Dios?, pregunta retórica pues el ángel sabía la respuesta. Si el de la Luz daba un paso al frente y respondía “yo”, se auto inculpaba por altanería. Y si respondía “yo no [he sido]”, quedaba como un cobarde o un desertor ante los suyos. El caso es –desde la Vulgata de San Jerónimo (siglo 4) hasta el Espejo de príncipes rebeldes (1989), de Juan Cobos Wilkins– que a Lucifer se atribuye el “non serviam” (no serviré) que lo convertiría en el primer rebelde de la historia. La fábula poética es hermosa y tiene antecedentes desde El Paraíso perdido (1667), de Milton (mejor reinar en el infierno que servir en el cielo), hasta el Retrato del artista adolescente (1916), de Joyce, pasando por El cuervo (The Raven), de Poe (1845), y toda literatura donde manda, de una forma u otra, el pacto con el mal, tipo Dorian Gray, de Oscar Wilde (1890). Como principio activo, lo demoníaco contrapesa los Milagros de Berceo, la didáctica de El conde Lucanor, el Buen Amor del Arcipreste, las buenas intenciones de Chaucer y Boccaccio y Pasolini, quien los llevó al cine a los tres; está en los ultramundos de Shakespeare y Don Juan; de Frankestein (1818) a Nosferatu (Murnau, 1922); del capitán Ahab a Moby-Dick (1851); de Jekyll a Hyde (1886); de Aguirre, el de la cólera de Dios (1972), al Coronel Kurtz, de Apocalipse Now (1979).

SÍNTESIS
DOS MANERAS DE HABLAR DE LUCIFER

Fausto de Goethe (1832). El diablo Mefistófeles tiene unas caídas dignas del caído que fue, y el alma del doctor Fausto se le fue de las manos por haber cedido a “un placer vulgar, un deseo absurdo”. Conectamos con Fausto. Mefistófeles a los ángeles:

«Vosotros sois los auténticos brujos, pues seducís al hombre y la mujer. Bajad, moved vuestros nobles miembros de un modo más mundano. Sin duda, la seriedad os sienta muy bien, pero me gustaría veros sonreír, sería para mí un placer eterno. Me gustaría una sonrisa como la de un enamorado, con un ligero pliegue en la boca. Tú, el más crecido, eres el que más me gusta, esas maneras clericales no te van nada bien, mírame de un modo algo más lascivo. También podríais ir distinguidamente desnudos. Ese largo manto es excesivamente casto. (aparte) Ahora se vuelven para dejarse ver por detrás. Esos pícaros son muy apetitosos.»

□ Daniel Lebrato. De ¿Quién como yo? a De quien mata a un gigante. Era el tiempo del amor como disparos y yo escogí un sitio y un personaje para mi mal de amores. «No elige el desterrado otro destino / que aguije o anestesie su rebeldía / como la luz espejo que le ofrece / esta tarde desde el puente 25 / de Abril, Luzbel, Lisboa.» Era, como se lee, aplicación laica y gozosa de la sabiduría hermética que sostiene que “lo de arriba es igual que lo de abajo”, máxima que las religiones monoteístas deberían aplicarse (el politeísmo no ha sembrado guerras, salvo las de Troya). Quien vende Dios o salvación, nos está vendiendo la burra, está haciendo una proyección de un imposible afán para luego convencernos de que el afán viene de arriba y le ha sido revelado, mira qué bien: ya teníamos al sacerdote de los sacrificios y ahora tenemos al profeta de los libros sagrados. El último en desfilar fue Satán, antes Luzbel o Lucifer cuando era el más bello. La irrupción de un demonio no sujeto a viejos ni a nuevos testamentos, tuvo que darse en el paso del racionalismo al romanticismo y a la teoría del genio –y ahí está Goethe– cuando el demonio encarnó ese mal que nos cae bien, esa maldad que al malo hace víctima y no verdugo, casi inocente más que culpable y, en todo caso, del mismo rango que el bondadoso Dios que andaba en horas bajas. Pasa que la engreída literatura sublimó también a Satanás: fue el malditismo de élite de los dandis y, más tarde, con ayuda del cine y del psicoanálisis, el expresionismo popular de las películas de vampiros y Frankestein. La penúltima manifestación del satanismo es, quizá, Lucifer como símbolo de la revolución (antagonista de la Iglesia, que bendice a la banca y a la patronal) o como tópico orgullo de emancipación de minorías, contraculturas o sexualidades. Al final, lo que sobrevive del demonio como fuerza actuante es una oposición: belleza / fealdad (tema de la bella y la bestia y de la bella durmiente), y una secuencia: combate y derrota; a la derrota hay que llegar. Acudid, héroes, a la derrota, de Carmelo Guillén Acosta, Descrédito del héroe, de José Manuel Caballero Bonald, Héroe de su herida, de J.J. Díaz Trillo, Daimon de la niebla o Para un dios de invierno, de José Antonio Moreno Jurado, fueron libros de poesía por los años 80. Dejo a ustedes mi aportación personal a la estética de la caída que, como esplendor en la hierba, ojalá permanezca en el recuerdo. Son once episodios dedicados al dios demonio (diosmonio) que llevamos dentro. El último, ahora lo sé, podría leerse como una estampa del descreído doctor Fausto antes del pacto con el diablo.

Acierta edad y a ciertas horas uno sabe
cuando la paz
después de un beso es ya imposible
Su nombre no es Luzbel ni Vladimir Ílich
Desconoce a ese tal Borges  Puede
pensar diluvios, y está solo

            * * *

Si fuéramos el verbo, qué tontería
hacernos carne, separar
las tierras de las aguas y éstas
a su vez en ríos y en océanos
los días de las noches, las cosas
en tres reinos, quitarle a nadie
una costilla, en fin
Nos bastaría con la luz

            * * *

Nos bastaría con la luz, pero si el verbo
a pesar de todo insiste y se hace carne
ojalá distinga los distritos, las tarjetas
de visita en los buzones, toque el timbre
y habite entre nosotros

            * * *

Alguien es tu proporción del mal
guarda la parte
de Infierno que te ha sido otorgada
y espada o labios habrán de ser entonces
fatal resignación ceremonial entrega

            * * *

Yo recibí las manos de las gaviotas ariscas
pasión por el cristal de criaturas muy tiernas
frágiles y enamoradas, y ningún vaso
ninguna tierra firme o continente
Ariscas y gaviotas las sílabas que faltan
de seda o de cristal corona fragilísima
para mi frente es tarde para la paz
esa media palabra que pudiera salvarme

            * * *

Imagínate ahora, para olvidar tu oficio
que te diviertes dándole la patria más lejana
las naves más audaces y el rostro más hermoso
a tu enemigo
Imagina la luz más cegadora
de un segundo de arena
de una bala de plata
de un descuido

            * * *

Condenado por los dioses y los juglares
desconozco las proporciones, la fatiga, el desengaño
Inmune a la mordedura
de los días, de la noche y sus inviernos
te ofrezco un horizonte sin límites
Bésame de una vez  No seas
matándome un rutinario

            * * *

Hextermi, hextermi
nado termina
terminad min adoro
doro hextermín
Minado doró
ohexter minador
Oh Hexterminador

            * * *

Dirás metales agudos vértices
mi espada geminada
                                    afiladísima
en la piedra dulce de los sacrificios
            y en el lúpulo
ritual del sacrilegio
Dirás dobles aceros o dobles labios, nunca
el milímetro y preciso filo con que he llegado a herirte
nunca la exactitud del óxido
que tu herida en mi espada provoca

            * * *

Crueldad mayor la de la carne seca
la lengua torpe y la mirada blanca
como el sexo de nieve  Oh seductor
morir morir tan lejos de tus nietos
y de los hospitales

            * * *

He hurgado, ya se sabe, como un ladrón los viejos libros
y las páginas que faltan buscado codicioso
pues piensa el descreído que todo libro es sagrado
y toda obra, incompleta
Si no me interesó la conversación de los hombres
sí en cambio su escritura
                                               Perdí mi luz
por entre líneas de polvo de luminosa fábrica
Memoria confusa guardo de larga arqueología
a veces sólo un versículo, cuatro palabras, ruido
Nunca descifré los renglones del que Todo lo escribe
y hace tiempo aprendí
la dulcísima piedad de la mentira

/ al doctor Fausto, tanto después /

            * * *

Origen: Daniel Lebrato, De quien mata a un gigante (1988) y ¿Quién como yo? (1996)


Enlaces relacionados:

–[eLSoBReHiLaDo] Antología de Mefistófeles

Francisco Izquierdo, De los nombres del bicho o enemigo malo


 

literatura y pequeños comercios.

Un huevo con dos yemas.

Una yema me sale en defensa de la literatura, que no está en crisis. Le respondo: la literatura en red es el gran reto. También echo en falta una autocrítica a o de la literatura. Literatura incluye biblias y coranes, por citar obras que ojalá no se hubieran escrito nunca. Somos lo que leemos, y así estamos, parte de la cultura que sostiene este mundo infame. Casi todo lo contemporáneo que leo me disgusta. Tampoco me convence el canon occidental. Le veo muchos defectos al Quijote. No soporto la Eneida, se me cae de las manos, y me tragué la Divina Comedia y otras obligaciones por mi culpa de profe. Me acuso de haber propagado desde mi aula mentiras y horrores y no pocas cursilerías.

Otra yema me sale en defensa del pequeño comercio. Le respondo: El comercio pequeño seguiría siendo pequeño llevado en régimen de cooperación (no de competencia como es ahora): cada local en su sitio y la ciudad toda con sus locales abiertos pero con criterio macroeconómico, convenio colectivo y rotaciones de personal funcionariado. Lo demás es nostalgia. Dejé de leer a Saramago cuando me vino con la milonga del alfarero frente a Porcelanosa. Es más fácil socializar Porcelanosa que convencer de los tiempos modernos a un alfarero, a un tendero, a un taxista, a un agricultor o a un ganadero (por no citar oficios ¿femeninos?). Mucha reacción es lo que hay, disfrazada, eso sí, de cualquier tiempo pasado fue mejor.

 

Sófocles y el jinete pálido.

El jinete pálido

lo intenso, lo extenso y lo transversal en cine y literatura

intenso es, o son, el teatro y la poesía; extenso, el argumento, en novelas y películas de ficción; transversal es el aquí y ahora (el realismo) que la actualidad proyecta (y la literatura refleja) en una obra.

Un argumento en cine es el siguiente: Una pareja de hombre y mujer, madurita interesante, tiene una hija de 23 años, quien se define a sí misma como lesbiana. Sobre ese cuadro familiar se cruza un visitante inesperado, un joven seductor del que se cuelgan o enredan madre e hija. La nota que añaden los dos varones protagonistas es de antecedentes por violentos sexistas, nota que viene a sumarse al drama masculino que nos da a los varones la vida, seamos o no violentos, seamos o no sexistas. Pues cualquier varón honrado, buena persona y bueno en la cama sabe que la vida le puede enviar un rival que no podrá vencer. Pura depredación sexual. Y en el maltrato hay tema, como quien dice: telediario, actualidad.

Viendo aquella película, me acordé de Querelle (de Genet y de Fassbinder, 1947 y 1982), para la lucha entre los machos alfa, y de Teorema (de Pasolini, 1968), para el extraño que llega y con su llegada todo lo modifica. Es también el esquema del jinete clásico en películas del Oeste, películas que, resuelto el conflicto por el misterioso solitario, inevitablemente terminan en silueta a caballo perdiéndose hacia el horizonte. Que Querelle fuese un mafioso, que el de Pasolini fuese un mesías o que el jinete pálido fuese un proscrito, tanto da: son actuantes de una casilla que funciona por el lugar que ocupan, no por las circunstancias que los atraviesan.

El marido y padre de nuestra película no solo ve en peligro su matrimonio y las bases de su relación de pareja sino que con su hija de 23 años tendrá que despejar el viejo abismo del incesto (tema tabú y del que poco se habla) y, por su parte, el joven intruso tendrá que averiguar si no es más que un buen semental hasta que otro semental a él también se lo folle. Esos son los malos tratos que nos da la vida a los machos, temazo con perfiles de tragedia que la tragedia griega no supo tratar, perdida en jerarquías de guerreros, en lucubraciones del destino y en supersticiones por los dioses del Olimpo, todo muy extenso y muy transversal. Es el caso de Edipo, cuyo dramón hubiera sido mucho más dramón y más humano si Edipo hubiera sido consciente de que a quien mataba era su padre y que su madre era la hembra con quien se estaba acostando. Mal guionista ese Sófocles.


 

La estafa de las revistas científicas se acerca a su fin.

Moustaki nous sommes deux

(o la cultura de pago se acerca a su fin)

Será por el podrido contexto de la Rey Juan Carlos y por la vacuidad universitaria de currículos como Cifuentes, Montón o Casado. Será por la interesantísima tesis de Pedro Sánchez, doctor en Economía y Política, de cuyo doctorado, más allá del cum laude y del grado de honestidad en el manejo de sus fuentes, quién va a creerse algo investigado, algo que arroje una proposición que merezca la pena en lo que Sánchez titula Innovaciones de la diplomacia económica española aplicadas al espeluznante análisis del sector público 2000·2012. Será por ese contexto vulgar y podrido y será porque la “estafa científica” puede referirse a muchas estafas (de método o de intención, de conocimiento o aplicación), el caso es que el título puede no decir nada: La estafa de las revistas científicas se acerca a su fin. Sin embargo, nada más empezar a leer, una auténtica tesis nos engancha:

«Los contribuyentes desembolsan dos veces: primero para financiar la investigación y luego para leer el trabajo que han patrocinado.»

Caramba. La idea de [eLTeNDeDeRo] es que ese [doble] pago no multiplica por dos, sino por tres o por cuatro, si incluimos las cantidades indirectas que a través de impuestos llevan a unas personas por la senda del trabajo intelectual y a otras por la efepé o directamente a los trabajos más duros y peor pagados. Y la idea es que, como se privilegia la financiación de la investigación, se privilegia el amplio y risueño campo de la cultura, del artisteo y de la creación, donde, igualmente a través de impuestos, becas o ayudas, hay quien vive de hacer cuadros o poemas igualmente subvencionados que el público tendrá que comprar y pagar. Al final del artículo, la conclusión de su autor, George Monbiot, es esta que podría extenderse:

«Mientras tanto, y como una cuestión de principios, no pagué ni un céntimo por leer un artículo académico. La elección ética es leer el material robado que publica Sci-Hub

Lo cual nos llevó a la Wikipedia, siempre dispuesta a enseñar al que no sabe: Sci-Hub ofrece artículos a los lectores sin requerir una suscripción o pago alguno. Cada día visitan Sci-Hub un promedio de 30.000 usuarios, generalmente investigadores. Diariamente se suben nuevos artículos, mediante un servidor proxy del dominio .edu. Antes de que se bloqueara el dominio original del proyecto, el sitio .org tenía un promedio de 80.000 visitantes por día.

Queden ustedes con La estafa de las revistas científicas se acerca a su fin en la muy recomendable revista SinPermiso y léanlo con fondo de Moustaki, célebre porque empezó por dos, Nous sommes deux, y acabó por mille vingt et trois. Gracias: Profesor Miguel A. Garrido