Etiqueta: literatura

campos de plumas.

Por exigencias de guion (consonantes: espuma pluma), Góngora puso campo de pluma, en singular,[1] pero nosotros podemos leerlo en plural: a batallas de amor, campos de plumas, o sea colchones, y así, además, a las recuestas literarias, batallas de plumas por un quítame allá esa palabra.

La penúltima sucede un lunes cualquiera en un periódico cualquiera. Rara vez una columna de un diario como el de Cádiz se dedica a una traducción literaria. Lean la que monta Ana Sofía Pérez-Bustamante, profesora, poeta y articulista, en su sección Efecto Moleskine, artículo que ella titula Los cinco o seis sentidos.[2] Se trata de un poema de Mallarmé,[3] Les fenêtres (Las ventanas, 1893), y si el original hâler, broncear, lo tradujo bien Xavier de Salas,[4] quien en vez de broncear tradujo empañar, empañar el cristal de la fenêtre. Campos de plumas y plumas campantes, estas que felizmente campan por los diarios entre los crucigramas, la cartelera, las esquelas, la televisión y el fútbol y el biparti. Queden ustedes con Ana Sofía Pérez-Bustamante y el cierre que da a su poema de amor.

Qué lástima de amor. Con que solo tuvieras
dos dedos de frente, todavía podríamos
ser la más ejemplar y ultramoderna
pareja esporádica de hecho.
*

poema Psique, de Mercuriales (2003)

[1] Soledad Primera, consonantes: espuma pluma.

[2] Diario de Cádiz, lunes 10/07/17.

[3] Stéphane Mallarmé (Paris, 1842‑98).

[4] Muerto en 1982 y de los primeros traductores de Mallarmé al castellano.

engrúmate en Grumo.

 

GRUMO, revista guarra multitendencias mantiene abierto, hasta el 31 de julio, el plazo de recepción de donaciones (ilustraciones o textos propios o ajenos). Mande su guarrería erótico festiva a Rafa Iglesias, Resolución y Diseño. Sostiene Rafa que será un tórrido verano y por eso nos adelanta las portadas del inminente GRUMO, revista guarra multitendencias, que vendrá gratis con el TeVeo Nº 12 (septiembre de 2017). Y adviete: No, no tenemos portada y contraportada. Como estamos abiertos a todo y a todas la tendencias y disciplinas erótico lúdicas (nos cabe todo), no tenemos delante y detrás. Somos redondos. Hacemos una especie de 69 editorial. Puedes empezar por donde quieras, que acabarás de nuevo en el principio.

ζζζ Porno aquí y porno allá,
¡¡engrúmate!!, ¡¡engrúmate!! ξξξ
*
(Se canta con música de Mecano.)
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contra-GRUMO-cerete Rafa Iglesias

Jack Gilbert (1925-2012) en Oculta Lit.

CONTRA LA POESÍA

Cuando al Rey de Siam le desagradaba uno de sus cortesanos,
le regalaba un hermoso elefante blanco.
La milagrosa bestia requería tal ritual
que cuidarlo adecuadamente significaba la ruina.
Mas descuidarlo era aún peor.
Parece que el don era irrechazable.

 

artículo de Pablo Matilla: Jack Gilbert: La poesía como don y condena

Juan Goytisolo o el bipartidismo cultural.

/ palabras para Álvaro /[1]

Juan Goytisolo no odiaba España. Al revés. Como intelectual (pomposo título), necesitaba España para el “me duele España” a lo Unamuno. Y se lo disputaban Seix‑Barral, Destino, Alfaguara, Mondadori, Planeta, Aguilar, Galaxia Gutemberg, El País o Televisión Española, por no hablar de la poderosa Gallimard ‑editorial para la que trabajó algún tiempo‑, Ruedo Ibérico o Fondo de Cultura Económica. Ocurre que ciertos intelectuales necesitan que la derecha los odie, a mayor malditismo, heterodoxia o gauche divine, que también venden. Y ya tenemos el cuadro del exiliado interior, tan magnificado por la izquierda como el exilio republicano.

De Juan Goytisolo, me quedo con algunos poemas y con La Chanca (1962) y con Señas de identidad (1966), muy por debajo de Tiempo de silencio (1962), de ese Luis Martín‑Santos nada enfant terrible y nada gauche divine. Con Tiempo de silencio, Martín‑Santos, militante Psoe, dio lección y puso cima. Sin embargo, durante años, Goytisolo le hizo sombra dentro del programa de lecturas en COU Literatura, al darse a elegir, a cada instituto o colegio, entre Señas de identidad y Tiempo de silencio, novela que en la privada odiaban por su supuesta exaltación del aborto. Nunca oí a Goytisolo pronunciarse al respecto. Claro, que estar en COU le aseguraba unos jugosos ingresos, casi tantos como un libro de texto.

Otra vertiente tuvo Juan Goytisolo que yo seguí hasta que dejé de leer sus artículos en El País. De esa vena pontificante, allá quien crea en las Tres Culturas en que él creyó. A mí me parece evidente (a atentado yihadista por día) que tres culturas, tres civilizaciones o tres orillas ‑como lo quieran llamar‑, todo es operación de la Cía y del Grupo Prisa, de las oenegés, o veneración por costumbres muy machas, algo que suele atraer a exquisitos mariquitas occidentales. La vida de Juan Goytisolo Gay en Marrakech fue coherente pero, con ojos de mujer, se ve otro Marruecos, y ahí está La vida perra de Juanita Narboni. [2]

Conozco pocas biografías capaces de conjugar con dignidad, o cinismo crítico, nuestras contradicciones, que van desde lo que nos gusta (en la cama, en la mesa o en nuestra cuenta corriente), a lo que nos gustaría para la humanidad, y por ello se lucha. Con su exaltación de un oriente idílico ‑ese sufismo‑, Juan Goytisolo quiso hacer un discurso ético en una España a la que supo jugar, más que juzgar. La cultura del bipartidismo ha perdido a uno de los suyos. Dicho lo cual, descanso en paz, Alvarito.

Daniel Lebrato, 4 de junio 2017.

PD. De los tres Goytisolos (José Agustín, Juan y Luis), las Palabras para Julia, de José Agustín.

[1] Álvaro Martín, de Sevilla Web Radio y Zafarrancho Vilima, quien, una vez que eLTeNDeDeRo calificó a Goytisolo de “santón de izquierdas”, nos hizo llegar este comentario: «Pues he leído críticas furibundas de seguidores de derechas que tengo en mi Facebook. Por lo visto, le reprochan que odiara a España.» Se pueden tener seguidores de derechas, pero no cerriles ignorantes.

[2] Junto a Goytisolo desfilan por la pasarela marroquí escritores como Jean Genet, Paul Bowles y el lado gay de la Generación Beat: Tennessee Williams, Truman Capote, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, William Burroughs, Gore Vidal, Gregory Corso, Djuna Barnes o Cecil Beaton. Luego vendría el Tánger de Ángel Vázquez y de La vida perra de Juanita Narboni (1976).


El cadáver de la marioneta.

El cadáver de la marioneta (2012), de Lars Iyer, traducción de Susana Lago. La literatura era un recurso finito, como el petróleo, como el agua. Cada nueva manifestación literaria ha sido una prospección que ha ido mermando las reservas hasta acabar con ellas. Antes, cada gran afirmación contenía un manifiesto y cada vida literaria era una invitación a la heterodoxia. Hoy ni la originalidad misma es ya capaz de sorprendernos. Hemos presenciado tantos ejercicios de estilo y forma, que incluso algo original nos resulta reconocible. El prestigio literario solo existe como liturgia. ¿Quién se toma a sí mismo en serio como autor? ¿Quién se atrevería a soñar con archivar sus emails y tuits para que los lea agradecida la posteridad? La idea de autor se ha evaporado, sustituida por un ejército de obreros de la tecla, codo con codo con publicistas y programadores. El crecimiento de internet indica el aumento de una cultura profundamente alfabetizada. Como dice Gabriel Zaid en Demasiados libros (1982), la proliferación de autores apunta a que el número de libros publicados pronto eclipsará al de la población humana. Pronto habrá más libros que personas han existido desde el principio de los tiempos, pero por eso mismo no eres nada si no vendes, si tu nombre no es conocido, si no acuden decenas de admiradores cuando firmas ejemplares.


cuando los escritores se hayan extinguido.

Leo en Babelia a Gonzalo Pontón Gijón que responde a Leonardo Padura que se preguntaba ¿Si se extinguen los escritores, quiénes escribirán sobre el dolor, la belleza, el miedo a la vida y a la muerte? Olvida Padura que los escritores dedicaban a la creación una parte de su actividad, acaso la mejor, pero sin proyectar en ella afanes económicos demasiado importantes. No eran escritores sino militares, eclesiásticos, políticos, editores, periodistas, profesores, médicos, ingenieros, trabajadores en empresas de seguros o en tabacaleras, o simples mantenidos. La práctica de la literatura se percibió como una actividad relevante pero no exclusiva, como parte del ocio y no del negocio. La crisis del libro y la victoria del paradigma digital podrían aportar algunos beneficios. Los escritores en ciernes, a sabiendas de que nunca más se ganarán la vida con su obra, es posible que lo piensen dos veces antes de ponerse a escribir. Y el escritor consagrado, desligado para siempre de los grandes contratos y de los acuerdos editoriales por varias obras, dirá lo que tenga que decir, y ni una palabra de más. ¿Que quién escribirá sobre el dolor, la belleza o el miedo? Pues usted mismo, si cree que tiene algo que decir. Si la edición digital y la competencia de otras formas de entretenimiento acaban arrasando con la hipertrofiada industria del libro, es posible que florezca una escritura más desasida y necesaria, irónica victoria póstuma de la (buena) literatura. Cuando los escritores se hayan extinguido.