a una amiga de antigua alumna que quería cursar lectoescritura literaria.


Yo distinguiría y separaría la parte formativa (“yo aprendo”) de la parte lúdica (“yo me divierto”), o sea, la lengua por un lado y la literatura por otro. Para aprender, lo más fácil es asistir como alumna libre oyente a cualquiera de las clases de lengua española de secundaria o bachillerato que se impartan en centro público de proximidad. Es gratis, cercano y a comodidad y discreción de la solicitante.


En cuanto a la literatura, lo mismo para leer que para escribir, yo sería autodidacta, ¿por qué?, porque la misma abundancia de cursos y de ofertas de cursos prueba que se trata de una moda y de un timo, como tatuarse. El mundo del papel está muerto, la imprenta ha muerto; lo que queda es digital. Que ella se abra un bloc o blog en Blogspot o en WordPress (el registro es gratis con una cuenta en @gmail) y que empiece a comunicar lo más fácil y por lo más cercano a su mundo. Y que lo haga llegar a personas que le interesen. Se hace escritura al teclear, que ella lo haga y haciéndolo aprenderá más que en ninguna academia o curso.


Y para leer, que lea a los clásicos, nunca a contemporáneos aprendices igual que ella. Solo de los demás se aprende y el problema es que hay muchos aprendices y aprendizas que se creen artistas cuando, aunque lo fueran, serían artistas fuera de tiempo y de época, algo así como don Quijote, caballero cuando ya no había órdenes de caballería.


¿De qué escribir y a quién? Ella tiene una vida y se tiene a sí misma, ya tiene a quién contar una experiencia que valdrá escuchar. Que pruebe a expresarlo como escribiendo un diario o libro de memorias, que escriba su historia. La fábula más cercana, el personaje que cada uno somos, puede resultar lo más literario que llevamos dentro: sea ese su argumento.


Las fotos llevan fecha 22 de abril 2019, día que fue lunes y víspera del Libro. Antonio Orta, con paraguas, indica que fue día de paraguas. Daniel Lebrato, con su bastón de caña, demuestra otra cabeza en otra parte. La foto la hizo la chica y fue contra algún grafito cierre por la calle Feria de Sevilla. No había empezado aún la pandemia.


—enlace con Antonio Orta, Kárate Educativo http://dojokaisho.com/blog/

Yo distinguiría y separaría la parte formativa (“yo aprendo”) de la parte lúdica (“yo me divierto”), o sea, la lengua por un lado y la literatura por otro. Para aprender, lo más fácil es asistir como alumna libre oyente a cualquiera de las clases de lengua española de secundaria o bachillerato que se impartan en centro público de proximidad. Es gratis, cercano y a comodidad y discreción de la solicitante.


En cuanto a la literatura, lo mismo para leer que para escribir, yo sería autodidacta, ¿por qué?, porque la misma abundancia de cursos y de ofertas de cursos prueba que se trata de una moda y de un timo, como tatuarse. El mundo del papel está muerto, la imprenta ha muerto; lo que queda es digital. Que ella se abra un bloc o blog en Blogspot o en WordPress (el registro es gratis con una cuenta en @gmail) y que empiece a comunicar lo más fácil y por lo más cercano a su mundo. Y que lo haga llegar a personas que le interesen. Se hace escritura al teclear, que ella lo haga y haciéndolo aprenderá más que en ninguna academia o curso.


Y para leer, que lea a los clásicos, nunca a contemporáneos aprendices igual que ella. Solo de los demás se aprende y el problema es que hay muchos aprendices y aprendizas que se creen artistas cuando, aunque lo fueran, serían artistas fuera de tiempo y de época, algo así como don Quijote, caballero cuando ya no había órdenes de caballería.


¿De qué escribir y a quién? Ella tiene una vida y se tiene a sí misma, ya tiene a quién contar una experiencia que valdrá escuchar. Que pruebe a expresarlo como escribiendo un diario o libro de memorias, que escriba su historia. La fábula más cercana, el personaje que cada uno somos, puede resultar lo más literario que llevamos dentro: sea ese su argumento.


Las fotos llevan fecha 22 de abril 2019, día que fue lunes y víspera del Libro. Antonio Orta, con paraguas, indica que fue día de paraguas. Daniel Lebrato, con su bastón de caña, demuestra otra cabeza en otra parte. La foto la hizo la chica y fue contra algún grafito cierre por la calle Feria de Sevilla. No había empezado aún la pandemia.


—enlace con Antonio Orta, Kárate Educativo http://dojokaisho.com/blog/

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