Autor: daniel lebrato

autor de libros y redactor de la revista eLTeNDeDeRo

análisis del Estado del Bienestar.

estado-bienestar en lamentable.org

El Bienestar fue el invento del Estado en la segunda mitad del siglo 20, a la salida de la Segunda Guerra Mundial, y no lejos del Crac del 29, vendido por la izquierda como conquista, pero, en realidad, respuesta de la derecha política más espabilada a dos debilidades del capitalismo: su recurso al conflicto armado como regulador del mercado, y sus crisis periódicas.

El capitalismo activaría algún control de producción y competencia y, a cambio de la paz social, sus clases trabajadoras recibirían ciertas satisfacciones a sus reivindicaciones primarias: seguridad social, vivienda, sanidad. Partidos socialistas de la 2ª Internacional (el Psoe), junto a laboristas y sindicatos, firmaron un pacto con su patronal a cambio de cero soldados muertos y a costa de plusvalías extraídas a sus antiguas colonias. Socialdemócratas y democristianos trasmutaron el Estado máquina o pesadilla que aplasta al individuo (ese Estado que reflejan Larra, Galdós o Kafka en El castillo, 1926). ¡Con ustedes…, el Estado del Bienestar!, película para todos los públicos:

Vivíamos en el mejor de los mundos y, en caso de duda, ahí estaban Soviética, China o Cuba, para ver, no más por televisión, lo que el socialismo real era capaz de hacer con la pobre clase trabajadora, pauperada, huérfana de oportunidades y, encima, presa del comunismo frente al mundo libre. Tras libertad y democracia, ese fue el tercer peldaño del Bienestar en su subida al podio: ganar la Guerra Fría: guerra sin tiros que vino a suplir las que (tras Hiroshima y Nagasaki) no debían repetirse sino como especulación, dependencia, negocio o carrera espacial. Con que cayera el Muro de Berlín (1989), el partido habría terminado.

Pasó que el colorín colorado de un mundo plano bajo la tutela Usa estalló por la parte islámica sensible a la gendarmería de Israel en Oriente Medio. Contra el islamismo, toda estrategia se demostró incapaz: Torres Gemelas, Metro de Londres, Atocha. No obstante esas derrotas, el Bienestar de arte mayor aún sabría componer un poema: el Todos somos Democracia y Todos somos Occidente (lemas desde el 11-S a Charlie Hebdo) junto a la leyenda del islamista honrado bajo la alianza de culturas y civilizaciones (2007). Esa película vendría de perlas para, por miedo al miedo, reforzar la publicidad del Bienestar en Estados cada vez más absolutistas: más policía, más ejército, más Otan, con el pretexto de misiones de paz, y más bases de los Estados Unidos. A libertad, democracia y bienestar se había unido la seguridad bajo demanda de sociedades muy atemorizadas y acostumbradas al papá Estado, compatibles con oenegés aduaneras de fronteras y vicarias de los servicios de migración y empleo. Se descartaron conferencias mundiales por la descolonización y el desarme, que el siglo 20 había conocido. Para darle cancha a la izquierda, qué mejor fórmula que la igualdad hombre mujer y elegetebeís, modelo orgullo o 15-M, y qué mejor aglutinante que el Salvar el planeta como único Dios verdadero.

La acción votante pasó a corralito entre comunidades que pagan sus porteros, sus perros y vigilantes, frente al duro arrabal. Lo más de izquierdas era contribuir a una oenegé y sensibilizarse ante el telediario con adónde vamos a parar con tanta infancia que sufre y tanta patera en el Mediterráneo. El bienestar: conservante, colorante y edulcorante de un universo conocido.


 

El primer Bienestar acudió a cubrir necesidades de formación, mantenimiento, reparación y reproducción de la mano de obra cualificada como exigía la revolución científico técnica, con acciones en áreas de educación, vivienda, sanidad, con la seguridad social de fondo como mutua laboral pagadora de pensiones y asistencias. Aquel milagro, sueco o nórdico, lo pagó la importación de materias primas y la exportación de tecnologías más plusvalías de mano de obra en colonias o ex colonias, o inmigrantes en los trabajos más duros y peor pagados. Las clases trabajadoras nacionales, encantadas: suyo era lo mejor de la cadena productiva, suyo el nivel de vida propio de mandos intermedios y casi suya la empresa a nada que la empresa repartiera alguna acción por nómina o por resultados. A nadie importaba que al Bienestar se le fueran agregando, como efectos secundarios, más ejército, más policía, más juzgados, más centros de acogida, más servicios para paliar la creciente masa sin techo y con la mano mendiga por el centro comercial o peligrosos barrios periféricos a las grandes ciudades.

Paralelo a ese fenómeno de marginación o exclusión, se fue extendiendo una mentalidad de café para todos. La asunción del Bienestar por partidos reaccionarios pero obligados, por ganar votos, a prometer lo que no iban a cumplir, cuajó en la impresión, común a electores y a elegidos, de que no había más Estado que el Estado del Bienestar, y de que, quien venía, venía con los derechos bien puestos (algo visible en inmigrantes ilegales recién desembarcados). Así, se da el caso de la chavala sin formación ni recursos que se queda involuntarimante preñada y que, alentada por el ambiente pro familia y sé tú misma y sí se puede que se respira, pretende que la criatura en barriga se la subvencione el Estado, es decir, usted o yo a través de impuestos, sin que usted o yo podamos replantear otro estado (de cosas) y sin que salgamos en la foto fachas insolidarios o maltusianos contrarios a la pirámide de población y al futuro de la población mundial, total: unos monstruos.

Monstruos o buena gente, la tercera guerra mundial será la guerra de los impuestos que responda a la pregunta: el Bienestar, ¿quién lo paga? Solo planteárselo, sin caer en prejuicios de voto útil, será ir abandonando la pomada de la democracia, es ir dejando el corralito.


Daniel Lebrato


autopistas y pin parental (breve ejercicio de coherencia)

Daniel Lebrato en Ford antiguo

En economía (y en contabilidad del debe y haber) no hay apunte sin contrapunte. He vuelto a la AP-4 (Sevilla Cádiz), hasta ayer autopista de peaje. Dos novedades: 1º mucho más tráfico que antes, ¡normal!, y 2º obras de desmontaje de los puestos de peaje: ¡normal! también, pero el crítico dirá: ¡discutible!, pues una cosa es el fin de la concesión privada y, otra, la gratuidad de un servicio que alguien tiene que pagar. ¿El Estado? ¿Quien no usa jamás esa vía? Uno de los espejismos que trae el Estado del Bienestar es crear una mentalidad pedigüeña de derechos sin que se sepa muy bien quién pagará cada derecho adquirido. Los puestos de peaje y el peaje debieran conservarse, ahora a beneficio del Estado, con tasas más bajas y ya sin ánimo de lucro, sino de conservación y mantenimiento. El día que, por saturación de tráfico, el firme reviente, asomen los baches o la vegetación se coma la autopista, ¿quién lo pagará? El grupo Albertis, ya no. ¿El cabrero de Albacete? ¿Las sardineras de Santurce?

Mismo razonamiento vale para el polémico pin parental en la enseñanza. Désele el pin, como derecho, a quien lo pida o lo ejerza, y désele, a cambio, la factura de la enseñanza reglada que a día de hoy recibe su hijo o su hija y paga el Estado mediante la enseñanza concertada. No es tan difícil ser coherente.

Prueben a razonar con igual coherencia políticas de apoyo a las familias numerosas (que nunca son las nuestras), a confesiones religiosas (en las que no creemos), a la Casa Real (yo, que soy republicano) o a unas fuerzas armadas con su correspondiente industria de la guerra (que no queremos en absoluto).  Se acerca la Declaración de Hacienda. Piénselo.


arte y artistas, éxito y fama.

Diego Vaya entre Daniel Lebrato y Lidia Muñoz Márquez
Diego Vaya, entre Daniel Lebrato y Lidia Muñoz

[1] Sincronía y diacronía, espacio y tiempo, el artista o escritor, hombre o mujer, se sabe en rivalidad y competición con sus coetáneos (alguien dirá ‘contemporáneos’) y en rivalidad y competición consigo mismo y con el libro de texto, a donde pasará o no. Hablamos de dos ejes. Un eje horizontal, que corresponde al éxito en vida, y un eje vertical, que es la posteridad. Para el arte son tradición y originalidad (Pedro Salinas, Borges) y, para el artista, ir o no de artista por la vida.

¿Qué calla el artista Siglo 21? Que igual que no hay reyes por la gracia de Dios, desde que Dios ha muerto, mucho antes de Nietzsche, tampoco hay artistas. Al presente, Dios y artista merecen la misma reverencia o caricatura que señorías o jueces con toga o con peluca. Sin embargo, Dios existe, calla el artista, para que unos vayan a la mina o al andamio y yo, el poeta, a mis musas. El ‘genio’ es una impostura de siglos, que nos ha convencido de que Dante, Miguel Ángel o Velázquez eran artistas, para convencernos, de paso, de poderes políticos constituidos. Caído el Muro de Berlín, pendiente quedan verdaderos muros que no han caído y, el primero, el muro que significa la división social del trabajo, eso que –se active o no por presiones sociales– se llama lucha de clases. El bienestar económico, ecológico, sostenible, compatible o elegetebeí, con todo eso que se tiene por cultura y civilización, no son más que arcaísmo o tentempié de un sistema feudo capitalista superado no superado. Disuelta la conciencia proletaria, la partida se juega, no entre izquierdas y derechas, no entre apocalípticos e integrados: entre quienes viven mal y entre quienes viven bien: suyo es el reino, artistas o literatos con ánimo de lucro y éxito para vivir del cuento que se cuentan y quieren contarnos.

[eLTeNDeDeRo] les ofrece dos interesantes extremos de relaciones arte artista. Uno les propone un viaje a la palabra ‘capotina’: Entrevista capotina, a favor del artista. (Parte de la altura del intelectual consiste en la bajura, la ignorancia ajena.) Y otro extremo, a favor del arte, les invita a un duelo del Oeste hecho poema cincuenta y tantos años después de su inventor protagonista, y en relación a los concursos literarios que se convocan. Quédense con Diego Vaya, prólogo‑epílogo, y verán un éxito –al margen de la antigua imprenta, de la obsoleta librería o del decaído circuito– de quien quizá alcance luces post tenebras en el paseo de la fama. Diego Vaya.

Enlace a Diego Vaya, prólogo‑epílogo en la revista libro [eLSoBReHiLaDo]

[1] fama, como ‘posteridad’ y en el sentido de la ‘vida de la fama’ de Manrique: «Aquí yace el hombre, que vivo sigue el nombre.» Sinónimos de éxito son triunfo, auge, aplauso, celebridad. Y sinónimos de fama, no los concursos de salto a la fama y en busca del éxito, sino continuidad, memoria, constancia, o permanencia; diríamos también historia o libro de texto.

Así es la vida, de Daniel Lebrato.

7. Tinta de calamar

Así es la vida (2020), última etapa de Tinta de calamar (2014), currículo novelado de Daniel Lebrato, ahora en digital y para todos los públicos.


Doy a ustedes lo mejor de mi prosa y también lo peor. Tinta de calamar 2014, que fue Vidas fastidiadas 2018 y es en 2020 Así es la vida. Todo en uno. El tiempo de lectura estimado por Kindle es dos horas treinta y cinco minutos (2:35). Gracias por su atención y su delicadeza porque ¿qué otra cosa podría yo hacer?

Así es la vida Tinta de calamar 2020


Sin descarga y como web a la vista:

Así es la vida en [eLSoBReHiLaDo]
(no hace falta aplicación ni descarga)

Con descarga de archivos para abrir o guardar en su dispositivo o teléfono móvil o libro electrónico:

Así es la vida ARCHIVO DE TEXTO

Así es la vida archivo EPUB

Así es la vida por Dropbox Transfer
(caduca el 18 de enero)


dudas, consultas o sugerencias:

daniellebrato@gmail.com


 

antídotos contra la guerra.

trilogia-de-la-guerra_agustin-fernandez-mallo

«La vida misma es nuestro ejército durmiente, la que nos urge a pagar los recibos del banco y a reclamar unas gafas al seguro.» (Artículo a propósito de las llamadas al patriotismo contra la proclamación del Psoe de Sánchez con UP.)

De antiguo viene echar la culpa de males del mundo a defectos o pecados individuales, tipo el odio, la envidia o la avaricia. Por partes. El odio, como abstracto moral que es, nos obligaría a concienciar o a educar (en el amor, la tolerancia o la benevolencia) a más de 8 millones de personas, cada una con sus circunstancias.

En cambio, industria armamentística (como auténtico calentamiento climático que es) hay una en el mundo (mientras no haya desarme, mi Defensa explica tu Defensa) y, ejércitos regulares, 194, uno por Estado.

El único antídoto contra la guerra es el desarme mundial (algo que ya conferenció el siglo 20) y, para España, la salida de España de la Otan, la denuncia del Tratado con EEUU (1953); España, país neutral, con renuncia a la guerra como método para resolver conflictos entre naciones (algo que ya hizo la Segunda República) y la reconversión del Ejército Español en cuerpo de policía, bomberos, emergencias y protección civil (algo que no se atrevió a hacer la Segunda República y, por eso, el Golpe de Estado o Levantamiento de Franco y sus generales).

Decir que de las asonadas militares del pasado nos salvan la Otan y la Unión Europea y que la vida misma es nuestro ejército durmiente; mezclar odios con recibos y bancos, y gafas con seguros es, cuando menos, de un escapismo alarmante.

Enlace a Juan José Téllez en Antídotos contra la guerra civil


 

La fiesta según Sevilla.

Fiestas de Primavera

un ensayo sobre la crueldad o una temporada de confort

Temo al infierno porque es la temporada del confort.
Arthur Rimbaud, Une saison en enfer (1873)

1.
«La prueba está en abril, cruel, que hace florecer a las lilas.» La letra es de Juan Cobos Wilkins, en su prólogo a De quien mata a un gigante (1987), y la idea, de T. S. Eliot en su obertura a La tierra baldía (The Waste Land, 1922), poema titulado El entierro de los muertos (dedicado por Eliot a Ezra Pound, il miglior fabbro): «Abril es el mes más cruel: engendra/ lilas de la tierra muerta, mezcla/ recuerdos y anhelos, despierta/ inertes raíces con lluvias primaverales./ El invierno nos mantuvo cálidos, cubriendo/ la tierra con nieve olvidadiza, nutriendo/ una pequeña vida con tubérculos secos». [lila, flor de la lila y coloquialismo por tonto, fatuo. abril, raíz aphr, aphro, acortamiento de Afrodita, diosa de la belleza y del amor, o de aprire, abrir, por el abrir de las flores, primera juventud como la de quien cuenta sus años por abriles.] Sea como sea, desde el 21 de diciembre, solsticio de invierno, los días han ido durando más, primavera antes de las doce uvas del año viejo y antes del Ya es primavera en El Corte Inglés. Únicamente el calendario cristiano, con su paso atrás (o flashback) de la Pasión, disturba una cronología recta, simple y natural (como dictada por naturaleza).

La antropología de la conservación ha hecho infinidad de cabriolas por demostrar que la pasión y muerte de un particular es alegría. Y ahí están los carteles de Fiestas de Primavera que unen Semana Santa y Feria de Abril (desde 1912, cartel de García Ramos), con toques de Toros en la Maestranza. Por algo, Isidoro Moreno[1], Jiménez Barrientos y Gómez Lara[2] se empeñaron en armonizar un mundo cofrade con una visión más progresista y social. Y la Semana Santa la han resuelto en ¡fiesta de los sentidos!: cómo se ve, cómo se toca, cómo se huele, cómo se oye, cómo se bebe, se come y nos seduce la Semana Santa de Sevilla. El problema es que la misma antropología se registra en otras latitudes y estaciones más frías.

2.
Sevilla se la inventó el capataz que bajó de Itálica o del Aljarafe hasta la Alfalfa, lo más alto y lo menos malo de Híspalis, la infelice en cuanto se desmadraba el río. Este señor dio en señorito. [señorito, nombre epiceno que abarca señorito macho y señorito hembra, nada que ver con señorita.] Precapitalista y reacio a la revolución industrial, la antítesis del señorito no es el obrero sino el criado, la servidumbre. Lo señorito se asienta en la tenencia de la tierra, viene de una injusticia de siglos: el latifundio; saca sus cuartos de olivos y naranjales y de la ganadería y se los gasta en la ciudad, cifra y compendio del ocio como negocio. Lara el editor lo expresó desde la cama: Si un negocio no da para levantarse a las once de la mañana, ni es negocio ni es nada. El criado ama y odia al señorito, todo, menos el término medio; del señorito aprende y a señorito aspira.

–No tenemos una gorda, pero vamos al Rocío.

Igual que se dice del habla andaluza, que ninguno de sus rasgos lingüísticos es exclusivo andaluz, diríamos del señorito, que nada en él es exclusivo. Los santos inocentes están aquí como en Valladolid o en Extremadura; y La escopeta nacional, lo mismo en Madrid que en Valencia. Lo pertinente, o impertinente, de Sevilla es la concentración de rasgos; su mirada de César o de Carmen la cigarrera viendo morir gladiadores; idéntica mirada, la de las santas y venerables cofradías, antiguas de nobles:

–Que carguen en silencio costaleros bajo faldones, que no quiero verlos, que no quiero oírlos ni olerlos.

Y, por eso, el incienso y las flores.

Desde 1972, los hermanos costaleros no corrigen sino culturizan esta mirada frente a otros modos, menos violentos para el cuerpo, de llevar los pasos, por Málaga o Cádiz. Para el señorito costalero, hecho al gimnasio y a la ostentación, los cargadores del puerto, sindicales, no hacían más que quejarse por vicio:

–¡La fe no pesa!

Y en tauromaquias los caballeros de Sevilla, cortos de rienda y de hacienda, reservaron sus jacas árabes y jerezanas para el rejoneo de salón dando la venia a sus gañanes, otra vez gladiadores a pie sobre la arena:

–¡Que corneen a Pepe-Hillo y nosotros, maestrantes, a ver los toros desde la barrera!

Como, desde la barrera, se asoma el señorito a la Feria de Abril, ese baile macho por sevillanas, que reducen a faena de aliño con su bajonazo final a la cintura. Cuando del tablao de Feria se pasa al tablao flamenco, el señorito abdica en el bailaor de turno, que es quien expone su cuerpo serrano, con lo que es el miedo al ridículo en un español de Sevilla. En el flamenco se gasta el señorito la estética de convidar y de ir marcando el compás con los nudillos sobre la mesa. Antes, marcaba también a la gitana (tal vez gitano) que se exhibía para él, que es quien pagaba las copas y quien peritaba la mercancía antes del reservado donde el señorito a la gitana, como a la criada, se la tiraba, ¡vaya si se la tiraba!, equivalente hombría a la que, por el Rocío, denunció Alfonso Grosso en Con flores a María (1981). Vázquez García y Moreno Mengíbar, en Poder y prostitución en Sevilla (1995), han puesto en orden, ya que no en limpio, ese mundo de cafés cantantes por la Alameda y ventas Antequera, donde no han faltado ni el pecado nefando ni la pederastia, con clientela de cortijo, quepis, tricornio y sacristía.

Y es que, de los cinco sentidos, de ninguno se goza el señorito como de la vista y ser visto (luciendo la cartera: Sevilla en sus bares). Y no será porque Viena, Venecia o Praga se contemplen menos. Es que tienen otras clases dirigentes y otras hegemonías.

3.
Una vez sometidos por la Corona los incómodos tercios moro, judío y protestante, la ciudad barroca fue pura Contrarreforma, más romana que Roma. Y ahí está la aportación de Sevilla (su I+D) a la cultura universal: el dogma de la Inmaculada. En esa mujer virgen y madre el señorito se retrata a sí mismo en su auto de fe en lo inmutable mutable, Don Juan en los altares. No hay una Sevilla frívola frente a otra a la altura de la historia. No hay más Sevilla que la que arde en cirios de nazarenos, habanos de la Maestranza y candelas del Rocío. De Sevilla, se puede decir lo que del dinero y la buena vida: la hay más barata, pero ya no es vida. Hay más Sevilla, pero ya no es.

–Ese tío no es rociero.

Esa otra Sevilla tendrá que preguntar a su intelectualidad y artisteo de copyright qué hacen por ella. La mayoría, cultivarse a sí misma, como hicieron los Caro, Arguijo, Laffón o Romero Murube. Biblia del Oso, Abate Marchena o Blanco White vienen al pelo para sostener la historia de los heterodoxos sevillanos. Esa propensión al mito y algún arquero fino de Sevilla cautivaron a Jaime Gil de Biedma. Pero del mito al misterio hay mucho trecho y, más aún, hasta la ciudad profunda y esquiva. Como en la máscara de Esopo o en la canción del roquero Silvio, no busquen más, que no hay. Sevilla, belleza hueca como la cabeza del señorito.

La cara popular, y no libresca, del mito se resume en Cernuda: el Sur es una tierra que llora mientras canta (aunque Cernuda se refería a un blues) y en Manuel Machado: cantando la pena, la pena se olvida. Para penar y cantar, el pueblo está doblemente motivado. Por solidaridad con los suyos y por contraste con la vida que se pega el señorito en la ciudad de la gracia.

No menos gracia tienen en Cádiz y ya vieron cómo acabaron con la Pepa de 1812, con ¡Vivan las cadenas! ¡Vivan las cadenas! que hoy expresan clases cautivas del Psoez Estado del Bienestar: pedid y se os dará: más servidumbre y más criados. La Andalucía libre por sí y por la humanidad asoma la patita por la novena provincia andaluza, Cataluña, ¡Vivan las cadenas!

4.
Recuerdo a mis amigos Jiménez Barrientos y Gómez Lara, Jorge y Manolo, empeñados en conciliar las esencias de Sevilla en un proyecto vital y (miedo da decirlo) de izquierdas. Cofradías. Rafael de León. Concha Piquer. Acaso aquel esfuerzo fue comparable al que hicieran ilustres del siglo 18 por aunar patria y progreso sin salir afrancesados en la foto. Bajo el poderoso influjo de Umberto Eco, Apocalípticos e integrados (1964); de la Crónica sentimental de España, de Vázquez Montalbán (1971) y de Isidoro Moreno (1982), con su lectura laica y republicana de la Semana Santa, Jorge y Manolo lo intentaron. Que si la fiesta de la pasión y de los cinco sentidos. Que si la copla como transgresión o escape. A la vista del Giraldillo, que sigue veleteando la herejía, solo nos queda lo que al penúltimo heterodoxo de Ramírez Lozano: caminar por la sombra.

La ludopatía de Sevilla empieza en la Cabalgata y dura de tres a seis meses, Cuaresma y Pentecostés. En ese espacio la Sevilla que puede permitírselo sale de una fiesta y se mete en otra, anda de víspera en víspera, de resaca en resaca, encabalgamiento que ejemplifica el Domingo de Resurrección, ya en la Maestranza. Es ciclo que pasa por el Rocío y se hace verano en Matalascañas con dos citas de cierre y vuelta a la Catedral: Corpus y Virgen de los Reyes (15 de agosto). En ese paquete falta el Carnaval, que huyendo de la ciudad de la gracia se fue hasta Cádiz. Un tiempo hubo carnaval en la Alameda de Ocaña (1947‑83), Nazario y del Teatro Real, pero, tras el sida, derivó en Orgullo Gay agradecido. Y hubo además carnaval no declarado la víspera de la Inmaculada (8 de diciembre), pero en esto llegó Palacio (Arzobispal) y mandó parar. Tampoco ha cuajado la feria de otoño o de San Miguel, cuando Sevilla tira al campo o a la sierra, candelas, setas y castañas. Nota. El señorito sevillano despacha todo el ceremonial casi sin quitarse el traje oscuro de capillita que se puso el Miércoles de Ceniza.

En el tardofranquismo, integrarnos en ese calendario parecía compatible con el cambio que esperábamos. La militancia de la Transición (con tanto cristiano por el socialismo) identificó Reconciliación Nacional con reconciliación con las hermandades y, enseguida, con Felipe González, toda España a bailar por sevillanas, y a la Expo en Ave. En Feria abrieron caseta la Pecera y El Garbanzo Negro, luego vendrían las de distrito. El Cerro del Águila sacó dos hermandades, de penitencia y de gloria al Rocío; también al Rocío, el Polígono Sur. Chavales de barrio, canis vestidos de capillita, cruzaron el Tamarguillo buscando el Centro, engominado y pijo. Parecía que por fin se abría el tarro de las esencias tan celosamente guardadas por la Sevilla de negro y del ABC. Que si quieres. La Sevilla de negro iba a mostrarle a la de colorines quién manda en la Carrera Oficial. Primero, porque la democratización empezaba a ser preocupante y, después, porque la Sevilla católica y mariana iba a acudir con renovado ímpetu de segunda Roma al rescate de Occidente, a contra imagen del Islam, según se entra a mano izquierda con feminismo del 8‑M por sus mujeres tapadas. Con ustedes: ¡Cultura y Civilización!

Nuestro intento (yo me incluyo) se rompió por tres ejes. El eje de las clases sociales, el eje de las creencias (al final, Dios distingue a sus fieles, de entre curiosos, laicos, guiris y diletantes) y el eje de la antigüedad, que en Sevilla es más que un grado. Faltando el eje de las ideas, no pudo ser, no pudo ser.

Abril sigue haciendo florecer a las lilas y, sobre todo, a los lilas. Temo a la fiesta según Sevilla porque es la temporada del confort.

Daniel Lebrato, para TeVeo ©

[1] Isidoro Moreno Navarro: La Semana Santa de Sevilla. Conformación, Mixtificación y Significaciones. 1982.

[2] Jorge Jiménez Barrientos y Manuel José Gómez Lara: Semana Santa en Sevilla. 1992.


tema del año.

elTendedero

En lo social, termina el 19 como empezó: con Cataluña, el gran tema, hasta en la sopa. Desde 2010 esto es así, incluso por omisión. De hecho, los esfuerzos en medios y redes sociales por hablar de otra cosa, no hacen sino esconder o distraer “la cosa”: España está en cuestión y el mapa de España se mueve, y podría moverse más. Lo dicen no solo Cataluña sino “León solo” o la vindicación del aragonés como lengua.

Desde la división de España en provincias, cuando las Cortes de Cádiz, el mapa de España (con su sísmica latente) se mueve, y ahí están los federalismos aflorados en tiempos de libertad (Primera y Segunda República), aunque la España unida oficial siga poniendo filtros legales y académicos que, al final, no solucionan nada a las necesidades de pueblos y gentes, dentro de nuestros límites y fuera de nuestras fronteras.

Así, antes y al margen de la cuestión catalana, se da por sentada la amistad –que es alianza y dependencia de bloque– de España con Estados Unidos y con la Otan. ¿No habría que someter ese Occidente a referéndum? Se da por bueno que Gibraltar sea provincia inglesa; que Ceuta y Melilla, Morón y Rota son España, y no reductos de un pasado colonial y de un presente imperialista y armado. Y casi nadie se acuerda de Portugal para una República Ibérica. ¿No se merecen esas cuestiones salir a plebiscito? Entre la política, la diplomacia y la consulta en referéndum, hablemos de:

–La forma del Estado, unicéfala o bicéfala, sin Jefatura o con Jefatura [1], y si ésta sería monarquía, presidencial o república parlamentaria, de una o dos cámaras [2].

–Con Portugal: un único Estado o República Ibérica

–Con Marruecos: Ceuta y Melilla

–Con Canarias: su especial definición autóctona

–Con Reino Unido, con la UE y con la Otan: Gibraltar

–Con USA: bases aéreas de Morón, Zaragoza y Torrejón, y base naval de Rota

–Con Cataluña y autonomías: la forma del Estado: federal o estados unidos independientes

La declaración de España país neutral y no alineado.

La renuncia de España a la guerra y desmilitarización del Estado.

La declaración del Hombre especie protegida por encima de cualquier ser vivo o ente material o inmaterial.

Ojalá en 2020 bromeemos o gritemos menos, y votemos más.


[1] [1] Hay estados bicéfalos (con Jefatura del Estado) y estados unicéfalos (sin Jefatura), que suman 56 en todo el mundo: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos, México, Uruguay, Perú o Suiza.

[2] [2] Entre los cien parlamentos unicamerales figuran Bulgaria, China, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Estonia, Finlandia, Grecia, Hungría, Islandia, Lituania, Macedonia, Montenegro, Noruega, Nueva Zelanda, Perú, Portugal, Suecia o Ucrania.