Autor: daniel lebrato

autor de libros y redactor de la revista eLTeNDeDeRo

desmontando las mareas por lo público.

trajes de sevillanas fotos antiguas de Sevilla

Los tres soberbios lemas de la Edad Contemporánea fueron libertad, igualdad y fraternidad (1789). Por libertad se colaba libertad de comercio; por igualdad, igual derecho a voto de la burguesía; y, por fraternidad, la vieja caridad. Lo endeble de esas tres divisas cuajó en Napoleón, un hijo de la Revolución pronto convertido en emperador (1804), quien dio leyes a un Estado policial que lleva su nombre: estado napoleónico. Contra el estado napoleónico se alzó la Internacional de anarquismo y socialismo; ambos fiados en el final de las clases sociales: el anarquismo, por la abolición del Estado, y el socialismo, por la toma del Estado por el proletariado hacia el comunismo.

La Revolución Rusa y dos guerras mundiales configuraron un cuadro inesperado. Las clases obreras, al aceptar servir como tropas nacionales (negarse a la guerra hubiera sido la única opción), renunciaron, de hecho, a la Internacional. Y Rusia se convirtió, como socialismo en un solo país, en un bloque frente al bloque capitalista, que administró a su antojo libertad, igualdad y fraternidad contra una experiencia sistemáticamente presentada como dictadura.

Las clases obreras aliadas empezaron a llamar a la puerta de la patronal reclamando el mejor nivel de vida que podrían permitirse: ser mano de obra cualificada, a costa de mano de obra bruta emigrada y materias primas de países que habían sido (y de esta forma seguían siendo) antiguas colonias, únicamente emancipadas bajo gobiernos títeres. La trampa iba a ser la deuda; deuda de países pobres forzados a comprar tecnología a las metrópolis ricas.

La mano de obra occidental se prestó encantada; su recompensa sería pasar de clase obrera a clase media, a cambio del Estado suministrar servicios que hasta entonces no daba: seguridad social, pensiones, formación profesional, salud, vivienda, transporte, etc. Había nacido el Estado del Bienestar. Soviética y el socialismo por los partidos comunistas no tenían nada que hacer. Vuelvan a 1989 y recuperen las imágenes de la Caída del Muro de Berlín: nunca tanto esclavo aplaudió la consagración de su propia esclavitud.

Lo que falta, ya lo han vivido ustedes. El mapamundi de libertad y democracia para todos, que prometió la Generación Berlín, se vio, en seguida, que resultaba una falacia. Y un anciano Stéphane Hessel dio a los jóvenes su llamamiento al ¡Indignaos! (2010), o sea: haced que se cumplan las promesas que a la humanidad se hicieron al término de la Segunda Guerra Mundial, más Occidente, en fin. Entre nosotros, José Luis Sampedro y el movimiento ¡Democracia real, ya!, que daría en Podemos, picaron el anzuelo. Y ahí los tenemos, a Pablo Iglesias y a Alberto Garzón de ministros de un Gobierno que ya me dirán qué tiene de izquierdas. La misma palabra izquierda está desactivada.

Hoy, una sociedad como la española se divide entre gente pobre y media que pide derechos y aspira a vivir a costa del Estado del Bienestar, y gente rica que no quiere contribuir al Estado (esa es la guerra de los impuestos), entre otras cosas, porque su bienestar ya lo disfruta. De ahí, que la palabra público (sector público, sanidad pública, enseñanza pública) haya quedado, como la palabra izquierda en boba petición de lo que ya se tiene. No es la pública progreso de nada, sino garantía de una privada y concertada con sus respectivas excelencias.

De otro modo. Donde el estado capitalista se hace llamar Estado del Bienestar (no en Estados Unidos), el anticapitalismo obliga a denunciar el Estado del Bienestar. A nivel personal, no fiando que el Estado nos resuelva la vida (ser parasitario ha cundido en la juventud media) y, a nivel ciudadano, activando todo tipo de objeciones de conciencia aceptadas como derechos: derecho a la objeción a las armas y a las fuerzas armadas, a religiones en público, a la natalidad subvencionada; objeción a solidaridades públicas que, en forma de acogida, no hacen más que prolongar la desigualdad, caso del tapadismo islámico en estos tiempos supuestamente feministas. Hay que ser insolidario y coherente con nuestro lugar en el mundo, ya que no lo elegimos. Yo apenas si me hablo con creyentes del bienestar y, a sus partidos políticos (ni a ninguno), ya ni les voto. La España de las Mareas me aburre o me da vergüenza.


Cada época tiene su Santa Inquisición.

Guerra contra las estatuas

En el derribo de estatuas como símbolos racistas (a raíz del asesinato del estadounidense negro George Floyd, víctima de malos tratos policiales, el reciente 25 de mayo) se dan, al menos, tres arrogancias.

La arrogancia de las ciudades que levantan sus estatuas: doble culto a la personalidad que ya podría haberse superado.

La arrogancia –ya muy dicha– de las criaturas que pretenden reescribir el pasado.

Es lo mismo que hace el feminismo empeñado en señalar la invisibilidad de las mujeres en tiempos no tan remotos.

Miren ustedes:

–Ni había mujeres en puestos masculinos ni ciudadanos libres; había machismo y esclavitud y servidumbre de la gleba. O ¿de dónde creen que han salidos ustedes, privilegiados demócratas ocupantes del primer mundo? Y, más que emprender guerras contra símbolos muertos, ¿por qué no plantear una reparación viva, mediante Conferencia Mundial por la Descolonización, de lo que Occidente hurtó a sus antiguas colonias, incluyendo la trata con personas? Eso no borraría de la memoria la esclavitud pero ayudaría a devolver justicia y honra a de donde fue robada.

Por último, pero en primer plano, la arrogancia de unos Estados policiales y armados y autoritarios en sociedades muy creídas de sí mismas que, a grandes males, van a aplicar remedios pequeños: castigo al poli culpable, denuncia genérica contra el racismo o los excesos policiales, velitas y oraciones, mucho góspel y mucho nuncamás para lo mismo repetir mañana, Lope de Vega.

Tanto que se aconseja el conocimiento de la Historia (para no volver a repetirla), no estaría mal reconocer la esclavitud como un hecho económico desde los orígenes de la democracia, siglo quinto griego.

Vista así, la transigencia con el negrero o el terrateniente sudista, con Cervantes o con Cristóbal Colón, sería igual a la de cualquier demócrata que hoy tolera, sin cargo de conciencia, el trabajo asalariado, modalidad de esclavitud que alguna vez será abolida. Que cada época tiene su Santa Inquisición lo dijo Elytis, Odysseas.

En portada: El Monumento a Henry Wyatt, el primer ciudadano de Carolina del Norte muerto en la Guerra Civil, fue retirado del Capitolio en Raleigh. La estatua estuvo por más de un siglo en ese edificio público. (Página Made for minds)

marear con las mareas.

bola de cristal en amazon

Las mareas sociales son llamadas al Estado del Bienestar, fondo común que habrá que discutir: cuánto es y quién lo paga.

La marea Stop Desahucios plantea un acceso a la vivienda sin antes plantearse el concepto mismo de vivienda unifamiliar asociado a noviazgos y bodas de las de “a nueva pareja, nueva casa propia” y “a hijo tenido, niño con derechos”.

La marea Enseñanza Pública es parte de un trío, con la privada y la concertada; cuando lo suyo sería una enseñanza única, igual y la misma para todos, que no viniera a ampliar la diferencia inherente a nacimiento y clase social.

La marea blanca por la Sanidad Pública cojea como trío con privada y concertada: caso Muface para personal funcionario. Y el gasto público en salud ¿no debería ser inversamente proporcional al nivel de renta? ¿Tienen las clases pobres y medias (que también pagan sus impuestos) que financiar la salud de las clases más que pudientes, sobradas para pagarse lo suyo? Mismo diríamos de la marea de Pensionistas. ¿Qué quiere decir ser pensionista?

Y pienso, con el egoísta que siempre va conmigo, que yo a través de impuestos estoy pagando vidas ajenas.

Y pienso, con el comunista que a veces me acompaña, que el Estado del Bienestar es el gran invento propagandístico para que el capitalismo se perpetúe entre nosotros; al fondo: oenegés, Iglesia, Ejército y Estado, cuya esencia profundamente antisocial, camuflada bajo solidaridad y bienvenida acogida a lo desigual, habría que discutir.


defensa de unisex.

Marlene_Dietrich vestida de garçonne

Me pregunta un hijo en edad de emparejar por el asunto niños y niñas, hombres y mujeres, varones y hembras, ante la educación. Y le digo que la única salida sería un plan nacional por la coeducación (campaña semejante a las que se hicieron por el uso del casco o del cinturón de seguridad o contra el tabaquismo); y que esa coeducación habría de ser por fuerza unisex, es decir, basada en la macro uniformidad socialmente acordada [1] entre roles y apariencias masculina y femenina, y a favor de lo mejor, para el caso: ¿falda o pantalón?, ¿pelo largo o corto por el lavado de cabeza diario?, ¿tacón alto o anatómico?, ¿tatuajes?, ¿pírsins o perforaciones corporales?, ¿uñas o boquitas pintadas?

Para ese objetivo, una persona sola o una familia sola no bastan. Hablamos de algo ambiental que está en los juguetes, en los escaparates, en los colegios, en las pandillas, en las fiestas, en los medios, en los modelos, en las redes sociales, en las salidas profesionales.

A nadie escapan las dificultades de un plan semejante pero, tampoco, su inmenso interés para la coeducación –o educación en igualdad niñas y niños– y para la prevención y erradicación del sexismo.

Y son ustedes, por sí solos o en pareja o por grupos, quienes tendrán que decidir. No es fácil ir contra la diversidad, que tanto se ha pregonado como rasgo distintivo de libertad y democracia. Ni fácil ni difícil, es cuestión de emprender juntos.

Y, hasta que llegue la hora del Estado, no hay más remedio que pringarse. A fin de cuentas, ser padre o madre implica un compromiso que, mientras la criatura dependa de nosotros, nos obliga a tomar partido. Ojalá acierten.

[1] Por macro uniformidad se entiende, no vestir por igual el mismo uniforme de colegio, sino como un marco general y orientativo, dentro de unos márgenes que subsistirán mientras haya diferencias por usos y clases sociales o religiosas (caso del tapado islámico).


en portada: Marlene Dietrich vestida de garçonne en 1933. El prefecto de policía de París, Chiappe, había amenazado con detenerla si se mostraba de forma pública vestida de hombre. (foto y pie de foto: Wikipedia)

/ a Juan Lebrato /

cómo no ser un Daniel Lebrato.

daniel lebrato íntimo vilima

 

Los libros se parecen a las personas: la amistad o el amor se encienden por un arte especial que algo tiene de magia. Como la amistad o el amor, los libros también se apagan, pero, donde hubo, cenizas quedan. Un buen libro es una oportunidad que nos da la vida. Tienen que coincidir constelaciones de estrellas para que el libro actúe y te modifique. Si no te cambia algo, el libro será uno más; nunca, parte de tu biografía.

Esos son los títulos que yo he incluido en Daniel Lebrato, un lector. Ahí no está Bécquer, en cuya proximidad al Instituto San Isidoro yo me inicié a la poesía. Ahí no están Manrique ni Garcilaso ni San Juan de la Cruz. No está Quevedo, que devoré intensamente y tanto me dio con Padilla Libros. No está el Pirata de Espronceda, ni Figuras sin paisaje (contra título de Paisaje con figuras, serie que fue de televisión), breve pieza teatral de Jorge Márquez que me sirvió de guion para casar con Pilar, treinta años que llevo queriendo casar con ella, la que siempre (antes y después de la boda) será mi novia. He puesto títulos que a mí me han modificado como escritor y como ser humano, si es que lo soy. De 37 títulos, 17 son de poesía; 13 de narrativa, novela o cuento; tres de teatro y seis de ensayo, arte, economía o historia. 19 títulos corresponden a los años 80 (década 1980), cuando a mis 30 y pico me inicié en la labor de escribir. En este sentido, mi bibliografía particular es todo menos académica o impostura. Si alguien se aplicase al cuento de esas 37 lecturas, lo más probable, y peligroso, es que acabe siendo un doble de Daniel Lebrato, algo que no recomiendo a nadie.

Mi digestión de lecturas pueden verla en Historias de la literatura, segunda parte y continuación de Mi amor no sabe decirme que me quiere, donde la literatura propone un ars amandi, una escuela para quien sepa aprender. Mi amor por el Romancero y mi adición a las coplas han ido a dar, por otra vía, a La corte del rey bobo.

El otro criterio que he seguido es dar nombres y obras al alcance en internet, aunque otra cosa es la lectura en pantalla. A la sociedad literaria aun le queda mucho por andar como nuevo libro de bolsillo, hoy teléfono móvil o celular.

Hablando de nuevas tecnologías, para mí ya lo fue el cine, cuya poderosa imaginería –novela o cine negro: Dashiell Hammett, Raymond Chandler– tanto me influyó en mi época como galán del blanco y negro y tanto me sigue influyendo cada mañana cuando al salir de la ducha decido qué me pongo. Mi repertorio de películas limita al norte con alguien parecido a Humprhey Bogart y, al sur, con alguien parecida a la Flaca.


         
01 poesía Alberti, Rafael
1902‑1999
Marinero en tierra, Sobre los ángeles 1924
1929
02 poesía Aleixandre, Vicente
1898‑1984
Espadas como labios, La destrucción o el amor 1931
1933
03 poesía Ana Rossetti
1950‑
Los devaneos de Erato, Devocionario, Indicios vehementes 1982
1985
04 poesía Bertolt Brecht
1898‑1956
Poemas y canciones 1956
05   Biblia
‑750
Pentateuco ‑750
06 poesía Blanca Andreu
1959‑
De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall 1980
07 narrativa
poesía
Borges, Jorge Luis
1899‑1986
Historia universal de la infamia, Ficciones, El Aleph,
Los conjurados
(poesía)
1935
1985
08 narrativa Camilo José Cela
1916‑2002
La familia de Pascual Duarte 1942
09 narrativa Cervantes, Miguel de
1547‑1616
El licenciado Vidriera, Rinconete y Cortadillo,
El retablo de las maravillas
1613
1615
10 poesía Cortázar, Julio
1914‑1984
Rayuela, Cuentos, Historias de cronopios y de famas,
Queremos tanto a Glenda, Salvo el crepúsculo
(poesía)
1963
1984
11 narrativa Edgard Allan Poe
1809‑1849
La narración de Arthur Gordon Pym,
Narraciones extraordinarias
1838
1859
12 poesía Federico García Lorca
1898‑1936
Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, Poeta en Nueva York 1929
1935
13 teatro Francisco Nieva
1924‑2016
Pelo de tormenta (1961), La paz (1977) 1961
1977
14 narrativa Gerald Durrell
1925‑1995
Mi familia y otros animales 1956
15 ensayo Gómez Lara, Manuel José
1958‑
El discurso del héroe anglosajón en literatura inglesa 1986
16 ensayo Hauser, Arnold
1892‑1978
Historia social de la literatura y del arte 1951
17 narrativa Herman Melville
1819‑1891
Moby Dick (1851), Bartleby, el escribiente (1853) 1851
1853
18 narrativa Hipólito G. Navarro
1961
El cielo está López, Manías y melomanías mismamente 1990
1992
19 ensayo Huizinga, Johan
1872‑1945
El otoño de la Edad Media 1919
20 poesía J.J. Díaz Trillo
1958‑
Mal te perdonarán a ti las horas (con Buly), Héroe de su herida 1985
1988
21 poesía Jaime Gil de Biedma
1929‑1990
Las personas del verbo 1975
22 poesía Juan Cobos Wilkins
1957
Sol, Espejo de príncipes rebeldes 1985

1989

23   Juan Ruiz
1283‑1353
Libro de buen amor 1343
24 poesía Luis Alberto de Cuenca
1950‑
La caja de plata 1985
25 poesía Manuel Machado
1874‑1947
Alma, El mal poema 1902
1909
26 narrativa Martín‑Santos, Luis
1924‑1964
Tiempo de silencio 1962
27 ensayo Marx
1818‑1883
El capital (tomo 1) 1867
28 poesía Moreno Jurado, José Antonio 1946‑ Para un dios de invierno, Bajar a la memoria 1981
1985
29 teatro Muñoz Seca, Pedro
1879‑1936
La venganza de Don Mendo 1918
30 narrativa Oscar Wilde
1854‑1900
Retrato de Dorian Gray 1890
31 poesía Pedro Salinas
1891‑1951
La voz a ti debida 1933
32 ensayo Radovan Richta
1924‑1983
La civilización en la encrucijada 1972
33 narrativa Schiller, Friedrich
1759‑1805
Guillermo Tell 1804
34 narrativa Umberto Eco
1932‑2016
Apocalípticos e integrados, El nombre de la rosa con sus, Apostillas a El nombre de la rosa 1965
1985
35 teatro
narrativa
Valle‑Inclán, Ramón María del 1866‑1936 Martes de Carnaval, Ruedo ibérico 1920
1936
36 ensayo Vázquez Montalbán, Manuel
1939‑2003
Crónica sentimental de España 1969
37 narrativa Yourcenar, Margarite
1903‑1987
Memorias de Adriano, Opus Nigrum 1951
1968
         
17 poesía 19 títulos años 1980    
13 narrativa      
06 ensayo      
03 teatro      

 

 

Daniel Lebrato, un lector.

Borges el jardín de los senderos que se bifurcan

 

Recogiendo el guante que me ofreció mi amigo Juan Andivia Gómez, mi querido Dupont, realizo mi lista de libros y lecturas; entrega que dedico a mi amplio alumnado bajo esta cita de Borges: «Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído. La tarea que emprendo es ilimitada y ha de acompañarme hasta el fin, no menos misteriosa que el universo y que yo, el aprendiz.» (Jorge Luis Borges, Un lector, 1969)

Los libros se parecen a las personas: la amistad o el amor se encienden por un arte especial que algo tiene de magia. Como la amistad o el amor, los libros también se apagan, pero, donde hubo, cenizas quedan. Un buen libro es una oportunidad que nos da la vida. Tienen que coincidir constelaciones de estrellas para que el libro actúe y te modifique. Si no te cambia algo, el libro será uno más; nunca, parte de tu biografía.

Esos son los títulos que yo he incluido en Daniel Lebrato, un lector. Ahí no está Bécquer, en cuya proximidad al Instituto San Isidoro yo me inicié a la poesía. Ahí no están Manrique ni Garcilaso ni San Juan de la Cruz. No está Quevedo, que devoré intensamente y tanto me dio con Padilla Libros. No está el Pirata de Espronceda, ni Figuras sin paisaje (contra título de Paisaje con figuras, serie que fue de televisión), breve pieza teatral de Jorge Márquez que me sirvió de guion para casar con Pilar, treinta años que llevo queriendo casar con ella, la que siempre (antes y después de la boda) será mi novia. He puesto títulos que a mí me han modificado como escritor y como ser humano, si es que lo soy. De 37 títulos, 17 son de poesía; 13 de narrativa, novela o cuento; tres de teatro y seis de ensayo, arte, economía o historia. 19 títulos corresponden a los años 80 (década 1980), cuando a mis 30 y pico me inicié en la labor de escribir. En este sentido, mi bibliografía particular es todo menos académica o impostura. Si alguien se aplicase al cuento de esas 37 lecturas, lo más probable, y peligroso, es que acabe siendo un doble de Daniel Lebrato, algo que no recomiendo a nadie.

Mi digestión de lecturas pueden verla en Historias de la literatura, segunda parte y continuación de Mi amor no sabe decirme que me quiere, donde la literatura propone un ars amandi, una escuela para quien sepa aprender. Mi amor por el Romancero y mi adición a las coplas han ido a dar, por otra vía, a La corte del rey bobo.

El otro criterio que he seguido es dar nombres y obras al alcance en internet, aunque otra cosa es la lectura en pantalla. A la sociedad literaria aun le queda mucho que andar como libro de bolsillo, hoy teléfono móvil o celular.

Hablando de nuevas tecnologías, para mí ya lo fue el cine, cuya poderosa imaginería –novela o cine negro: Dashiell Hammett, Raymond Chandler– tanto me influyó en mi época como galán del blanco y negro y tanto me sigue influyendo cada mañana cuando al salir de la ducha decido qué me pongo. Mi repertorio de películas limita al norte con alguien parecido a Humprhey Bogart y, al sur, con alguien parecida a la Flaca.


 

         
01 poesía Alberti, Rafael
1902‑1999
Marinero en tierra, Sobre los ángeles 1924
1929
02 poesía Aleixandre, Vicente
1898‑1984
Espadas como labios, La destrucción o el amor 1931
1933
03 poesía Ana Rossetti
1950‑
Los devaneos de Erato, Devocionario, Indicios vehementes 1982
1985
04 poesía Bertolt Brecht
1898‑1956
Poemas y canciones 1956
05   Biblia
‑750
Pentateuco ‑750
06 poesía Blanca Andreu
1959‑
De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall 1980
07 narrativa
poesía
Borges, Jorge Luis
1899‑1986
Historia universal de la infamia, Ficciones, El Aleph,
Los conjurados
(poesía)
1935
1985
08 narrativa Camilo José Cela
1916‑2002
La familia de Pascual Duarte 1942
09 narrativa Cervantes, Miguel de
1547‑1616
El licenciado Vidriera, Rinconete y Cortadillo,
El retablo de las maravillas
1613
1615
10 poesía Cortázar, Julio
1914‑1984
Rayuela, Cuentos, Historias de cronopios y de famas,
Queremos tanto a Glenda, Salvo el crepúsculo
(poesía)
1963
1984
11 narrativa Edgard Allan Poe
1809‑1849
La narración de Arthur Gordon Pym,
Narraciones extraordinarias
1838
1859
12 poesía Federico García Lorca
1898‑1936
Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, Poeta en Nueva York 1929
1935
13 teatro Francisco Nieva
1924‑2016
Pelo de tormenta (1961), La paz (1977) 1961
1977
14 narrativa Gerald Durrell
1925‑1995
Mi familia y otros animales 1956
15 ensayo Gómez Lara, Manuel José
1958‑
El discurso del héroe anglosajón en literatura inglesa 1986
16 ensayo Hauser, Arnold
1892‑1978
Historia social de la literatura y del arte 1951
17 narrativa Herman Melville
1819‑1891
Moby Dick (1851), Bartleby, el escribiente (1853) 1851
1853
18 narrativa Hipólito G. Navarro
1961
El cielo está López, Manías y melomanías mismamente 1990
1992
19 ensayo Huizinga, Johan
1872‑1945
El otoño de la Edad Media 1919
20 poesía J.J. Díaz Trillo
1958‑
Mal te perdonarán a ti las horas (con Buly), Héroe de su herida 1985
1988
21 poesía Jaime Gil de Biedma
1929‑1990
Las personas del verbo 1975
22 poesía Juan Cobos Wilkins
1957
Sol, Espejo de príncipes rebeldes 1985

1989

23   Juan Ruiz
1283‑1353
Libro de buen amor 1343
24 poesía Luis Alberto de Cuenca
1950‑
La caja de plata 1985
25 poesía Manuel Machado
1874‑1947
Alma, El mal poema 1902
1909
26 narrativa Martín‑Santos, Luis
1924‑1964
Tiempo de silencio 1962
27 ensayo Marx
1818‑1883
El capital (tomo 1) 1867
28 poesía Moreno Jurado, José Antonio 1946‑ Para un dios de invierno, Bajar a la memoria 1981
1985
29 teatro Muñoz Seca, Pedro
1879‑1936
La venganza de Don Mendo 1918
30 narrativa Oscar Wilde
1854‑1900
Retrato de Dorian Gray 1890
31 poesía Pedro Salinas
1891‑1951
La voz a ti debida 1933
32 ensayo Radovan Richta
1924‑1983
La civilización en la encrucijada 1972
33 narrativa Schiller, Friedrich
1759‑1805
Guillermo Tell 1804
34 narrativa Umberto Eco
1932‑2016
Apocalípticos e integrados, El nombre de la rosa con sus, Apostillas a El nombre de la rosa 1965
1985
35 teatro
narrativa
Valle‑Inclán, Ramón María del 1866‑1936 Martes de Carnaval, Ruedo ibérico 1920
1936
36 ensayo Vázquez Montalbán, Manuel
1939‑2003
Crónica sentimental de España 1969
37 narrativa Yourcenar, Margarite
1903‑1987
Memorias de Adriano, Opus Nigrum 1951
1968
         
17 poesía      
13 narrativa      
06 ensayo      
03 teatro      

 

 

Ana Rossetti, Los devaneos de Erato, Devocionario, Indicios vehementes

Bertolt Brecht, Poemas y canciones

Biblia, Pentateuco

Blanca Andreu, De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall

Camilo José Cela, La familia de Pascual Duarte

Edgard Allan Poe, Narraciones extraordinarias, Arthur Gordon Pym

Federico García Lorca, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, Poeta en Nueva York

Francisco Nieva, La paz, Pelo de tormenta

Gerald Durrell, Mi familia y otros animales

Guillermo Tell

Herman Melville, Moby Dick

Hipólito G. Navarro, El cielo está López, Manías y melomanías mismamente

J.J. Díaz Trillo, Mal te perdonarán a ti las horas (ilustraciones Aurelio Díaz Trillo Buly), Héroe de su herida

Jaime Gil de Biedma, Las personas del verbo

Johan Huizinga, El otoño de la Edad Media

Jorge Luis Borges, Historia universal de la infamia, Ficciones, El Aleph, Los conjurados

José Antonio Moreno Jurado, Bajar a la memoria, Para un dios de invierno

Juan Cobos Wilkins, Sol, Espejo de príncipes rebeldes

Juan Ruiz, Libro de buen amor

Julio Cortázar, Rayuela, Cuentos, Historias de cronopios y de famas, Queremos tanto a Glenda, Salvo el crepúsculo

Karl Marx, El capital (tomo 1)

Luis Alberto de Cuenca, La caja de plata

Luis Martín-Santos, Tiempo de silencio

Manuel José Gómez Lara, El discurso del héroe anglosajón en literatura inglesa

Manuel Machado, Alma, El mal poema

Manuel Vázquez Montalbán, Crónica sentimental de España

Margarite Yourcenar, Memorias de Adriano, Opus Nigrum

Miguel de Cervantes, El retablo de las maravillas, El licenciado Vidriera, Rinconete y Cortadillo

Oscar Wilde, Retrato de Dorian Gray

Pedro Muñoz Seca, La venganza de Don Mendo

Radovan Richta, La revolución científico técnica

Rafael Alberti, Sobre los ángeles

Ramón María del Valle-Inclán, Martes de Carnaval, Ruedo ibérico

Umberto Eco, Apocalípticos e integrados, El nombre de la rosa con sus, Apostillas a El nombre de la rosa

Vicente Aleixandre, Espadas como labios


Daniel Lebrato, un lector

aprendiendo a pensar.

Rodin,_El_Pensador-foto rincón del pasado

Es axioma que los pilares del saber son cultura (para conocer) e historia (para opinar) [1]: lema: «Quien desconoce la historia, está condenado a repetirla» (frase que se atribuye desde Confucio a Cicerón, Napoleón o Ruiz de Santallana). Y se añade que, más que transmitir saberes (conjunto cerrado), hay que enseñar a pensar: conjunto abierto a las ideas que puedan venir.

Descartando ideologías –ideas en caliente, como buenismo, bienestarismo, yoga o religión– maneras de razonar, con la cabeza fría, hay dos: la dialéctica y el estructuralismo.

La dialéctica actúa por superación de contradicciones: Tesis ±Antítesis =Síntesis. Y el estructuralismo se rige por oposición (marcado/nomarcado) de términos sobre un sintagma.

El estructuralismo lingüístico (Saussure, Suiza, 1916) resultó progresista contra la morfosintaxis de verbo, oración y predicado, y fue extendiendo sus alas a la etnología, al psicoanálisis, al marxismo. Pero se mostró inoperante ante los cambios sociales que se avecinaban: Revolución Rusa del 17. Cuando todo se movía, fue un modo de razonar absolutamente inmovilista. Hoy, dialéctica contra estructuralismo miden sus armas ante el referundismo, último reto al pensamiento universal visto desde España. [2]

De las otras premisas de la buena ciencia, que eran cultura e historia, la experiencia nos dice que rara vez cultura e historia se han decantado por la emancipación; más bien, al contrario. No es la historia la que explica el presente. Es el presente quien explica la historia. Del actual periodismo o de la actual universidad, ¿qué cultura y qué historia quieren ustedes que salgan? Son gremios que no van a bajar de su pedestal, pues que de eso viven. No hay borracho que se coma su propia mierda, dicho en García Márquez; y al pueblo, Piensos Sánders: ideología para la cabaña, por ejemplo, hay que “aprender a pensar”, casi 30 millones de resultados en Google. Sócrates, el de yo solo sé que no sé nada, no pasaría de contertulio en La Sexta.

[1] El arte sería para disfrutar y, de momento, no pinta nada aquí, pero qué duda cabe que el triángulo de la sabiduría aúna arte y cultura y ciencia (historia).

[2] independentismo sería aplicable (como producto final) a la culminación de las expectativas catalanistas, pero la fase donde estamos es el encaje de un referéndum legal dentro de la legislación española. Para empezar, el rechazo a un nacionalismo no puede ser otro nacionalismo ni tiene sentido salir por los cerros de lo internacionalista o globalista que es uno frente a lo pueblerino de Cataluña sola independiente. Sin entrar en quién mejor que Cataluña para saber lo que a Cataluña interesa o beneficia, la antítesis a nacionalismo es el apatridismo más absoluto: algo difícil de demostrar en quien en algún lugar fiscal residencia rentas y paga impuestos. –Bueno, sí. Pero ¿y lo que Cataluña debe a España? «Las deudas se pasan al cobro y se pagan.» –Bueno, vale. Pero en España no existe el derecho de autodeterminación. «Se inventa.» –Pero Cataluña es España y tendríamos que votarlo toda España. «Lenguas y dialectos, hijos que se emancipan, ninguna nación se hizo pidiendo permiso a otra y, mucho menos, a la que considera su metrópolis.»

maneras de pensar (el tema catalán).

Rodin,_El_Pensador-foto rincón del pasado

Se nos repite como un conjuro que los pilares del saber son cultura (para conocer) e historia (para decidir).[1] Y se nos insiste en que, más que transmitir saberes –conjunto cerrado–, hay que enseñar a pensar: conjunto abierto a las ideas que puedan venir. Lo más curioso: nadie dice cómo se enseña a pensar. Pensar no sabremos, sí los sistemas de razonamiento. Descartada la auto ayuda, el yoga o la religión, maneras de razonar hay solo dos: la dialéctica y la estructural. La dialéctica actúa por superación de oposiciones: Tesis ± Antítesis = Síntesis. Ejemplo, Carlos Marx para la sociedad sin clases: capitalismo ± socialismo = comunismo. El estructuralismo es un sistema binario que actúa por oposición (marcado, nomarcado) dentro de un conjunto de signos (paradigma, sus reglas son la sintaxis). El último estructuralista fue Ferdinad de Saussure, Suiza, 1916. Lo progresista del estructuralismo lingüístico hay que verlo en relación a la momia morfosintaxis de inspiración eclesiástica: verbo, oración, predicado. Pero el estructuralismo vino al mundo de las ideas para vaciar la dialéctica.[2] Como palestra, el referundismo:[3]

Para empezar, el rechazo a un nacionalismo no puede ser otro nacionalismo ni tiene sentido salir por los cerros de lo internacionalista o globalista que es uno frente a lo pueblerino de Cataluña sola independiente. Sin entrar en quién mejor que Cataluña para saber lo que a Cataluña interesa o beneficia, la antítesis a nacionalismo es el apatridismo más absoluto: algo difícil de demostrar en quien en algún lugar fiscal residencia rentas y paga impuestos.

–Bueno, sí. Pero ¿y lo que Cataluña debe a España?

–Las deudas se pasan al cobro y se pagan.

–Bueno, vale. Pero en España no existe el derecho de autodeterminación.

–Se inventa. La pregunta sigue siendo ¿cuál es el problema?

–¡Que Cataluña es España y tendríamos que votarlo toda España!

Pero en esto sale la Historia:

–Lenguas y dialectos, hijos que se emancipan, ninguna nación se hizo a sí misma pidiendo permiso.

Gente condenada a remo de democracia y sé tú mismo, no soporta que Cataluña sea ella misma. O sea, derecho a decidir: ¡Cierra la muralla! Conjunto cerrado. Maneras de pensar que por algo dicen izquierda, aunque curiosamente lo de Cataluña se rechaza porque “es muy de derechas”. Por coherencia y teoría de conjuntos, donde hay derecha, tendría que haber izquierda. Ojalá.

[1] «Quien desconoce la historia, se condena a repetirla». Lema que se atribuye desde Confucio a Cicerón, Napoleón o Ruiz de Santallana.

[2] Dialéctica social que estalló en la Revolución Rusa, octubre 1917.

[3] independentismo será aplicable (como producto final) a la culminación de las expectativas catalanistas, pero la fase donde estamos es el encaje de un referéndum legal dentro de la legislación española: referundismo.


foto portada: El Rincón de Pensar

La revolución descremada

Dijo Antonio Machado: «Por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre»; a lo que agrega Facundo Cabral: «Cuando conozco a un hombre, no me importa si es negro o blanco; cristiano, judío o musulmán, de izquierda o de derecha. Me basta y me sobra con […]

La revolución descremada

andalucismo airado contra andalufobia histórica: conformación y ejemplos.

Portal Andalucía.org

El Salto.com

Estamos hablando de un fenómeno muy vivo en redes sociales y con base en currículos universitarios y con escaso o nulo reflejo en urnas electorales. Es un movimiento de cultos para cultos donde alguien como Isidoro Moreno Navarro (n. 1944) se tiene como intelectual de referencia. Son hombres y mujeres, andaluces airados, criados y alimentados por un Estado del Bienestar –cuya invención no critican, sino invocan como paraíso perdido– y con la @ (arroba) y la (X) equis o el español de la -E como usos añadidos al andaluz escrito. De muestra, dos botones:

Uno se llama Portal de Andalucía [.org][1] y, dentro, Carmela Borrego [2], su artículo Por mis muertas, de 11 de junio 2020 (que pueden leer tal cual pinchando aquí o en nota [i] con algún recorte). El otro es José Carlos Mancha Castro [3], autor de Rocío: el ritual de una madre sagrada, publicado en El Salto Diario [.com] de 5 de junio 2020 (pinchando aquí o en nota [ii]). Los dos me llegaron vivamente recomendados por Isidoro Moreno y los dos me han costado mi amistad en red con tan ilustre emérito en medio de aprobaciones y megustas de su legión de seguidores.

Lo que he descubierto es esto (quienes ya lo sabían, pueden decirme ¡a buenas horas!): hay un vinvictimismo andaluz (mezcla de vindicación y victimismo) con tres ejes: 1º) la aceptación de una andalu[zo]fobia como estereotipo enemigo contra el que hay que luchar;[4] 2º) una cuestión andaluza equiparable a la cuestión catalana y 3º) el cultivo de una lengua andaluza escrita.

En la práctica, se trata de un andalucismo en la onda de Podemos más que en el viejo Partido Andalucista. Todo, con esa vaga pedantería de estirpe universitaria que, al final, pagamos todos: la pública, a través de impuestos.

Pasen y lean i y ii (tiempo estimado 20 minutos).


[1] Medios afines: Argia, Café en Andalú, Directa, El Paseo, El Salto, El Topo, Feminópolis, La Marea, La Voz del Sur, Secretolivo. Webs personales: Antonio Aguilera, Antonio Manuel Rodríguez, Antonio Orihuela, David Florido, Gruñido RRR, Ibán Díaz, Isidoro Moreno, Jacinto Gutiérrez, José Luis Tirado, Miguel Santiago, Óscar García Jurado, Susana Moreno.

[2] Ella se presenta así: Licenciada en Farmacia. Dedicada a salud comunitaria. Activista andaluza estepeña.

[3] Antropólogo, Profesor en la Universidad Pablo de Olavide y miembro de la Plataforma Andalucía Viva.

[4] Muestra de andalufobia pudo verse en la campaña #yohabloandaluz.


Portal Andalucía.org

[i] Por mis muertas, por Carmela Borrego

Hace unos tres años comencé un Máster sobre feminismos donde participan la Autónoma de Barcelona (UAB) o la Universidad de Barcelona (UB), entre otras. Poco a poco, fui sintiendo una incomodidad, o más bien una sensación de lejanía, con muchas teóricas feministas que leíamos. No era que no hablaran cosas interesantes, sino que sentía que ni mi historia de vida ni la de mujeres de mi entorno quedaban reflejadas en esos textos. ¿Qué tenía que ver La mística de la feminidad que hablaba de mujeres aburridas en sus casas de cristal, con mi madre que no para quieta y lleva bregao lo que no hay en los escritos? El mayor detonante de esta sensación fue cuando en una asignatura llamada Historia de las Mujeres me pidieron un trabajo sobre mi madre y mis abuelas. Cuando comencé a dialogar con ellas me di cuenta que para mí era necesario nombrar el territorio andaluz y su idiosincrasia. Pues, sin él, las historias de vida de estas mujeres de mi familia se quedaban como desarbolás, como sin raíces y sin memoria. Y fue así como tirando y tirando del hilo de las narrativas de mi madre y mi abuela, descubrí el proyecto de Mar Gallego Como vaya yo y lo encuentre, que me impulsó a confiar en mis sentires. A este trabajo lo titulé Las Mujeres de Lorca y fue el principio de un camino hacia mis entrañas. Después de investigar sobre las mujeres de mi familia y sentir que Andalucía vertebra unas experiencias concretas que eran urgentes nombrar, decidí hacer mi TFM sobre feminismo(s) andaluz(es). Para ello, el proyecto fue planteado como una Investigación Activista Feminista. Esto básicamente quiere decir que mi mirada hace que la investigación sea realizada y relatada desde un lugar concreto. Vamos, que no es lo mismo que mire yo a mi madre o a mis vecinas a que venga un tío de Inglaterra a nombrar lo que sentimos. Y esta investigación pretendía hablar desde un lugar y de una posición parcial que ansía entrar en diálogo con otras subjetividades para generar red desde el pensamiento crítico. Mi pregunta era ¿por qué cada vez somos más las que necesitamos nombrar Andalucía para articular nuestras reivindicaciones? Por eso mi TFM nace de mi cuerpo propio, de mi sentir situado, de miS fluidoS, de mi vulnerabilidad y mis miedos. De mi necesidad de encontrarme con otras posiciones, de encontrar esa parcialidad que hace la vida más rica y cuestionar ese feminismo que se cree objetivo pero que niega las experiencias de LXS OTRXS. Todo esto, sin caer en la creencia de que el feminismo andaluz es un feminismo decolonial; como mucho, intentando ser aliada, casi ná. Para ello invité a una serie de subjetividades para que participaran con sus voces. Como producto final, salió un texto de investigación (mi TFM) y una femzine donde se recogen los aportes de las personas que con sus sentires me ayudaron a sacar adelante este trabajo titulado Salmorejho Majhao. feminimo(s) andaluz(es) colectivo(s). Pero nombrar el mundo desde la crítica y señalar los sesgos que el propio feminismo posee genera incomodidad y recelo. Y así pasó al llegar a la defensa de mi TFM, hace ya más de cinco meses. Una de las tribunales que iba a evaluar mi trabajo, la Dra. T.T.M. (hablaré de ella así, aconsejada por mi queride amigue mayorquine, pa no exponerme más de la cuenta) desde su posición de académica burguesa sintió que su trono se tambaleaba al poner sobre la mesa la invisibilización que el feminismo hegemónico blanco burgués genera hacia otras formas de hacer saber y la violencia que esto conlleva. Así, atacó de la forma más soez y rastrera no solo a mi trabajo, sino a mi ser, a les participantes y a mis ancestras. Se rió de mis muertas en mi cara. Porque mientras yo hablaba de la necesidad de nombrarnos desde Andalucía para poner en valor a nuestro linaje de mujeres, ella se reía. Literalmente, se reía burlonamente mientras la foto de mi abuela, ya muerta, era proyectada detrás de mí en una diapositiva. Se rió, literalmente, cuando hablé de las mujeres que las personas que participaban en mi TFM habían nombrado como referentes feministas: Lola Flores, La Paquera, Fernanda y Bernarda de Utrera, Lole Montoya, nuestras madres y nuestras abuelas. Se burló de ellas, o sea, se rió de mí y de mis muertas. Y eso pa una andaluza es tocarle mucho el coño. Me amenazó con suspenderme, porque esas mujeres carecían de rigor académico, y según ella en palabras literales: No podían ser referentes de nada. Negó y llegó a cuestionar a las mujeres gitanas andaluzas que con voz activa participaron en mi investigación, diciendo que no era necesario hablar de feminismo gitano ni de feminismo andaluz. Y llegó a infantilizarme de tal manera, que negó mi experiencia como investigadora, diciendo que yo no había leído mi marco teórico y que todo lo que yo había relatado en mi narrativa era fruto de mi desvarío de mujer joven. Me llegó a preguntar por qué quería yo hacer ciencia, con ese desdén que me es tan conocido que desprenden los señoritos aquí en Andalucía. Ese ¿Por qué quieres hacer ciencia? que en realidad quiere decir: Cállate que tú no sabes. En ese momento, la ansiedad me llegó desde las entrañas tambaleando lo más profundo de mis raíces. Una pena mu honda que me era conocida inundó mi cuerpo porque se repetía por los siglos de los siglos. Un sentir que me era cotidiano: la cacique señorial burguesa riéndose de una mujer de pueblo humilde, de barrio y empobrecida por este mundo capitalista. La andaluzofobia histórica impactando fuertemente contra mis carnes, como siempre. Porque ella tenía el poder y yo tenía que callarme. Como siempre, la andaluza solo sirve para el baile, pero no sirve para hablar de su baile ni de ella misma. El nudo en el estómago llegó con la foto de mi madre y de mi abuela (ya muerta) proyectada tras de mí, recordando de dónde vengo, de una Andalucía que ha tenío que callarse por miedo a las represalias. Vengo de unas antepasás que han tenío que servir al cacique con la cabeza agachá. Provengo de una historia arrancada de su memoria y que cuesta que se haga recuerdo. En ese instante, me vino el dolor al sentir ese linaje y ver cómo en otro entorno el caciquismo burgués usaba las estrategias históricas de doblegación hacia las andaluzas. Y allí morí por un momento, por saberme humillada bajo las mismas dinámicas y los mismos discursos que los que humillaron a mis muertas. Sin embargo, aquí estoy creando. Las raíces del olivo son demasiado profundas para ser arrancadas. Querida Dra. T.T.M. (y todo tu séquito): el silencio se ha roto. Quizá en ese momento creíste que tu odio hacia las mujeres que alzan la voz contra el despotismo del feminismo académico burgués iba a poder conmigo, que iba a poder con nosotras. Pero la medalla de la Virgen del Carmen que llevaba mi abuela el día de su muerte, y que ahora cuelga de mi cuello, me recuerda que, a pesar de todo, pese a tus intentos de callarme, ese día comenzó en cierta forma mi venganza. Una venganza que nace desde el amor más profundo a las mujeres que mecieron mi cuna. Y quién sabe, si ese día que tú intentaste humillarme con las mismas estrategias con las que los señoritos humillaban a mis muertas, mi abuela vino a susurrarme al oído todo lo que luego pude contestarte. Aunque luego llorase lo que un río no puede contener, ese día pude contestarte: Tú nos estudias como objetos, nosotras venimos a nombrarnos como personas. A pesar de tu intento de callarme sustentado por el silencio de la academia, aquí estoy con esta femzine sobre Feminismo(s) Andaluz(es). Porque existimos y porque otros lugares de hacer saber son posibles fuera de las dinámicas violentas que ejerce cierto sector de la academia. A pesar de tu intento de silenciar nuestras voces que hacen tambalear tu trono (creado con las miserias de les otres), aquí estamos y estaremos nombrándonos desde nuestro sentir. A pesar de que toda la burocracia académica haya intentado protegerte, aquí estamos nosotras con los brazos bien abiertos y con el pecho pleno para nombrarnos. Aquí estamos después de tanto llanto para decirte que el feminismo andaluz desde su diversidad, sus saberes y sus contradicciones ha venido para quedarse. Por mis muertas.

El Salto.com

[ii] Rocío: El ritual de una madre sagrada, por José Carlos Mancha

“La Birhen del Roçío/ no êh obra umana;/ que bahó de lô çielô/ una mañana./ Eço çería/ pa çêh Reina y Madre/ de Andaluçía” (Popular sevillana de Muñoz y Pabón de 1919. Propuesta de andaluz escrito EPA.)

Estas semanas atrás habríamos experimentando cómo desde algunos medios de comunicación centrípetos se hubiera narrado la romería del Rocío. El relato nos mostraría el reflejo de una sociedad catalogada de ‘fanática’, ‘fundamentalista’ y ‘primitiva’, coadyuvando al incremento de los estereotipos producidos por la andaluzofobia para mantener el statu quo de subordinación y dependencia económico política de nuestro país en el seno del Estado español. Se tomaría el Rocío como la síntesis de lo que, para muchos españoles (tanto conservadores como progresistas) supone Andalucía: una región de vagos, gentes rurales que hablan mal, fanáticos del catolicismo y que siempre están de fiesta y (ahora con la emergencia del animalismo) que maltratan a sus animales. Esa mirada sobre este hecho social que tiene lugar en Andalucía contiene una alta dosis de xenofobia, clasismo y paternalismo; pero, sobre todo, es una mirada reduccionista, simplista y unidimensional. La Andalucía de nuestros días es una sociedad con uno de los índices más bajos de práctica sacramental católica de todo el Estado. Sin embargo, la masiva participación en fiestas y rituales de religiosidad popular parece un paradójico contrapunto a esta realidad. Esto se debe a que esos rituales no sólo pueden ser explicados desde una óptica religiosa, sino, por encima de ella, desde una óptica identitaria. Quien se acerca al Rocío y a otras fiestas religiosas populares y sólo ve un acto religioso es como si estuviera ante un rico y diverso escenario con múltiples representaciones y, únicamente, focalizara su mirada en una de ellas. El Rocío es un ritual festivo popular reflejo de la(s) comunidad(es) que lo celebra(n); un lenguaje sobre la realidad, una construcción sociosimbólica de la misma, en la que se pueden observar procesos históricos, sociales, políticos, ideológicos y los conflictos acaecidos en una comunidad concreta, expresados en un nivel simbólico. El Rocío es un fenómeno exponente de lo que diversos científicos sociales han denominado glocalización. Se trata de un constructo conceptual en el que se sintetizan las dos dinámicas que gobiernan en la actualidad el sistema mundo: la globalización y la localización. La glocalización consiste en la activación de identificaciones colectivas de los pueblos-naciones, etnias, sectores sociales subalternos y todos aquellos grupos que se definen en torno a ideologías y valores de tipo cultural (localización) en contestación a los efectos de homogeneización cultural producidos por la globalización (Moreno Navarro y Agudo Torrico, 2012). Con este tipo de rituales, las comunidades mantienen un arraigo, una identidad colectiva, elementos que los significan ante el avance perverso de un movimiento que busca imponer una única cultura, unificadora del mundo occidental contemporáneo. Es, pues, un elemento de resistencia identitaria, donde se expresan diversos modelos representativos de la cultura donde el ritual tiene sentido: la andaluza. A pesar de que en la Andalucía contemporánea la práctica sacramental esté descendiendo, esto no quiere decir que la andaluza sea una sociedad secularizada o en proceso de secularización, sino en proceso de laicidad, como todas las sociedades ancladas en el paradigma de la modernidad. Estoy de acuerdo con el análisis que hizo Isidoro Moreno (2003) sobre la modernidad. Ésta se caracteriza no por ser un tiempo de secularización, esto es, de desacralización, sino un espacio tiempo de fragmentación del ámbito de lo sagrado. La misma se compone de diferentes sacralidades: los dioses o diosas religiosas, la diosa razón, el Estado Nación, la historia como teleología, etc., sobre las que reina el Mercado como absoluto social central, como sacro primus inter pares, subsumiendo, en ocasiones, en su lógica a las otras sacralidades. Además, para entender el complejo fenómeno del Rocío desde una perspectiva religiosa, considero que se debe analizar desde las lentes que nos proporciona el concepto de religiosidad popular. Se trata de un conjunto de creencias y prácticas de carácter mágico religioso colectivo y vivenciales situadas en los márgenes de la oficialidad institucional eclesiástica, donde tienen lugar una multitud de expresiones festivas, sensuales, orgiásticas, ideológicas, identitarias, emocionales, ecológicas, etc., donde las comunidades expresan la trascendencia y su memoria colectiva; prácticas que no son directamente sancionadas por la Iglesia católica ni totalmente controladas por ella. Sin embargo, la religión oficial y la popular se complementan bajo un delicado equilibrio de legitimidad, produciendo un complejo ritual híbrido constituido por una doble condición oficialista y popular. En este sentido, el Rocío sería lo que Marcel Mauss denominó un hecho social total. El Rocío es un lugar de peregrinaje originado por una hierofanía, es decir, por la aparición de un objeto sagrado: la virgen. Geográficamente, está situado en un cruce de caminos entre las costas de Huelva y Cádiz, el Aljarafe y el Condado de Niebla, comarcas que conforman su histórico territorio de gracia. La aldea supone un lugar central de un espacio biocultural singular donde históricamente se han producido tensiones y disputas entre las poblaciones limítrofes al coto de Doñana por el control de los recursos y la reproducción de rituales. Pero, a su vez, se trata de un lugar de frontera con la naturaleza percibida como virgen (Moreno Navarro, 1995); naturaleza virginal simbolizada en el icono cultural de la diosa madre que adquirió la advocación del lugar; primero, de las rocinas y, con posterioridad, rocío. En torno a este icono religioso identitario ecológico se han desarrollado diferentes conflictos históricos, siempre de forma latente y expresados en el plano simbólico. En estos conflictos se deben destacar la secular tensión entre los pueblos de Villamanrique y Almonte por el control simbólico del icono; los seculares conflictos de las clases populares con las instancias eclesiásticas; el nombramiento de la virgen como patrona almonteña en contestación a la imposición del ducado de Medina Sidonia de que en las poblaciones de su dominio lo fuera la virgen de la Caridad; las distintas instrumentalizaciones que, desde el siglo 19, sobre el icono han fraguado las ideologías políticas nacionalcatólicas y su utilización para la legitimación de todo tipo de sucesos o, incluso, regímenes políticos, así como la criminalización de otros. Sin embargo, por encima de todo, pienso que la virgen del Rocío es el icono símbolo del territorio de la marisma y el coto de Doñana. La disputa por ese ecosistema se ha reproducido histórica y simbólicamente a través del icono de la virgen. La defensa que de ella hace Almonte es una defensa de su primacía sobre esos terrenos, simbolizada en la legitimidad y el privilegio que sólo ellos tienen sobre la imagen mariana. De ahí esa actitud de posesión que tanto fascina al mundo moderno y tan criticada es por todo tipo de corrientes de pensamiento, tanto (ultra)conservadoras como progresistas. Esto debe entenderse desde una perspectiva simbólica y, la antropología, puede servir para la comprensión de esos hechos.

Para quien no la conozca, la romería del Rocío es un ritual que se estructura en cinco actos. El primero de ellos es lo que se denomina hacer el camino, un tránsito de peregrinos desde la localidad donde radica cada hermandad hasta la aldea del Rocío, que se realiza a pie, a caballo o sobre un carro tradicional, acompañando a un simpecado colocado en una carreta que es tirada por los animales tradicionalmente utilizados para las labores ganaderas y agrarias principales de la localidad de origen, normalmente, bueyes o mulos de carga. El segundo acto es la recepción y presentación de cada una de las hermandades ante la virgen, donde, por orden de antigüedad, las carretas con los simpecados son recibidas por la hermandad matriz de Almonte, la jerarquía eclesiástica y algunas autoridades civiles, representantes de los poderes que controlan la organización del ritual. El tercer acto es la misa de romeros, a la que asisten los representantes oficiales de las hermandades con los simpecados, siendo el único rito en el que detenta cierto protagonismo la jerarquía eclesiástica. El cuarto acto es el rosario cantado, realizado por el conjunto de las hermandades, que parten desde un punto concreto de la aldea hasta la ermita. Tras éste, tiene lugar el quinto, último y trascendental acto de la romería, lo que Fernando Ruiz Vergara denominó frenético acto de posesión del icono privilegio de los almonteños, con el que da comienzo la anárquica procesión de la virgen del Rocío por las calles de la aldea visitando a cada una de las hermandades. El final de la procesión supone la conclusión de la romería, partiendo cada hermandad en un camino de vuelta a sus localidades de origen.

En la procesión se vivencian emociones intensas: se gritan vivas, se canta, se tocan las palmas, se abraza, se reza, se pelea por coger el paso de la virgen. Entre varias personas suben a los sujetos impedidos físicamente para enfrentarlos a la deidad femenina que todo lo puede; vuelan los niños entre las miles de cabezas arremolinadas en torno al paso para que toquen el manto protector de la fértil diosa. Se llora, se bebe, se suda, se disputa, se disfruta y se siente hondamente en una especie de catarsis colectiva en la que todos los participantes se funden y se confunden. Todo ello, siguiendo la lógica de los estudios sobre la magia contaminante realizados por Frazer, según la cual, las cosas que se ponen en contacto con el objeto sagrado mantienen su influencia una vez separadas. De ahí las prácticas de tocar a la imagen, su paso, sus flores, su ajuar o todo tipo de elemento que haya estado en contacto permanente con ella. Durante los días que dura la romería, se (re)produce todo un imaginario colectivo que sintetiza la imagen de una Andalucía tradicional, en un claro ejemplo de lo que el historiador británico Eric Hobsbawm denominó invención de la tradición. Se pasea a pie, montando a caballo o en carros tirados por mulos; se conquista una aldea con viviendas de tipo rural y cuyas vías son arena; se visten los trajes de flamenco típicos que identifican a Andalucía: el traje corto con sombrero para los hombres y el traje de gitana, de flamenca o de faralaes para las mujeres. Este elemento de arreglo se denomina así por ser el traje de gala de las ocasiones festivas de múltiples ferias y romerías andaluzas y que, como bien ha definido etimológicamente Antonio Manuel Rodríguez, procede de los conceptos árabes farah (alegría) y libss (vestido o traje): farah libss, traje de la alegría que, en Andalucía, es el vestido de irse de farra, de irse de feria (ambos conceptos también ligados a la alegría, al término farah). Es el traje de flamenca (falâh mankûb): falâh significa campesino‑a y mankûb significa marginado‑a, desahuciado‑a o desposeído‑a. En definitiva, el traje de la alegría de la campesina marginada. Todo esto supone, pues, la inmersión en lo que Bajtin denominó carnavalización: la producción de una (contra)cultura apartada de la reproducción de los valores ideológicos dominantes, rompiendo efímeramente con ellos y con sus rígidas estructuras y jerarquías sociales. Se trata de un mundo al revés, de una subversión del orden social a través de una fiesta de vida, de abundancia compartida, báquica, orgiástica y liberalizadora que debe ser interpretada como una exaltación gozosa del existir y de la búsqueda de la felicidad. El salto a la reja, acto de apropiación del icono, supone un discurso simbólico en el que, ante tantos participantes foráneos, los almonteños manifiestan que sólo a ellos corresponde el derecho de poseer y portar a la imagen sagrada. Isidoro Moreno lo ha interpretado como un robo y una inversión simbólica de roles en la que, múltiples jóvenes de Almonte, en su mayoría representantes de clases populares, reivindican rebelde y violentamente que a ellos corresponde la protección y el control sobre el objeto sagrado que simboliza a la marisma (la reina de esas marismas) y a la madre diosa de la fecundidad dadora de vida (la madre de dios, la blanca paloma); objeto sobre el que se sustenta el poder simbólico y comunitario del pueblo de Almonte. Pero esta acción simbólica se trata de un manifiesto evanescente, una socialización del poder que sólo dura unas horas ya que, durante el resto del año, el control del símbolo es detentado por las autoridades de la hermandad, el clero y las distintas élites políticas. El Rocío es toda una dramatización ritual, reflejo de un proceso histórico que debe ser leído en clave simbólica; un híbrido, una superposición de múltiples visiones, funciones y significados que dan lugar a un todo contracultural, inconexo, anárquico, difícil de analizar y percibir. Pero todas esas visiones se concentran en un único icono, enigmático y polisémico. La fiesta que se le tributa (la romería) es un complejo ritual vinculado con la primavera y la reproducción de la naturaleza, que se simboliza en el icono de la mujer exaltada como reproductora de la vida. Esta adoración hacia la figura femenina materna puede hincar sus raíces en la especial atención y culto que recibieron diversas deidades precristianas (Astarté, Tanit, Artemisa, Afrodita, Diana o Venus) en lo que hoy es Andalucía. Lo que se refleja en el icono de la virgen del Rocío y su romería es una suerte de matrifocalidad simbólica que ha sido traspasada al terreno de lo religioso. Esa virgen es paradigma de nuestra rica religiosidad popular, de nuestra etnicidad, de nuestra manera de comprender y simbolizar los procesos ecológicos. Porque esa virgen simboliza todo eso a la vez, todas esas significaciones, que son expresadas al modo de la cultura vernácula de Andalucía. Es el símbolo de la madre en sus diversas significaciones. La madre de un dios, del dios hombre en el sentido cristiano católico. La madre del pueblo, de los hijos del pueblo, es decir, la madre de la patria (la matria). La madre naturaleza, diosa ecológica de la fertilidad y la fecundidad, que simboliza esas marismas virginales donde habita. La madre que es reproducida, en todos estos sentidos, por muchos andaluces que emigraron, vinculándolos a nuestro país, aunque estén ausentes. Ella simboliza la mater Andalucía.

icononoclasias.

DL estatua

Se llama icononoclastia o icononoclasia a la actitud o doctrina contraria a las representaciones de iconos, de imágenes (en principio, de Dios, pero extensible a todo tipo de prácticas figurativas).[1] En sentido amplio, icono es un ídolo, un símbolo, un modelo que admite ser imitado (los Rolling, del rock; Michael Jackson, del pop) e iconoclasta, lo contrario: algo o alguien que rompe esquemas. El último movimiento iconoclasta está dándose contra las estatuas de personajes reconocidos como esclavistas; anti racismo alimentado por el asesinato de George Floyd, antes o después, descendiente de esclavos.

A esta furia iconoclasta habría que recordarle que arremeter contra las estatuas puede estar muy bien pero, a la corta, responde a fanatismos culturales y, a la larga, desvía el foco de atención de la cuestión palpitante: si se puede releer la Historia con ojos y perspectiva de siglo 21… algo que lleva años haciendo el feminismo revisionista (que opera por presencia/ausencia de mujeres a lo largo de los siglos), y que, en cualquier campo, configura lo políticamente correcto y expande esa corrección a tiempos pasados que ya no se pueden modificar. Derribar una estatua de Colón o estigmatizar Lo que el viento se llevó, puede dar cuenta de un totalitarismo demócrata y buenista que ya podría mostrarse más rebelde con causa contra cuerpos de policía que, en Usa como en España, abusan de nuestra vida.

Otra variante de idolatría nos lleva al calendario de fiestas de primavera de Sevilla, fuertemente icónicas: Semana Santa, Feria, Toros, Rocío y hasta el mismo Corpus (fiesta en principio abstracta hasta que en la Catedral se hizo custodia). El estado de alarma ha demostrado a idófilos y a idófobos que se puede vivir, y se vive y se muere, sin fiesta ninguna. Hermandades, sociedades de casetas, rocieras, o aficiones taurinas y futboleras deberían aprovechar la ocasión para bajar sus humos y sus orgullos: su devoción o alegría no pueden, el año que viene, presumir ya tanto ni pasar por imprescindibles.

[1] El diccionario que distingue Dios, dios, dioses, icono, ídolo, fetiche, etcétera, lo hace desde una teología nacional católica que se empeña en distinguir lo auténtico (la religión verdadera) de lo falso. Lógicamente, el pensamiento laico no debe entrar en teológicas disquisiciones. Hablamos de símbolos o alegorías sin distinguir la sagrada imagen de un Señor del Gran Poder, del fetiche de psiquiatra o de vudú.


foto portada: idiota haciendo la estatua, colección propia.

flaca.

Si me necesitas silba foto Belfast Boy

Yo llamaba flaca a mi novia pero cedí el epíteto a un hijo mío que se religó (de religare, religión) a otra flaca más flaca que la mía. Para mi generación la flaca por derecho fue Lauren Bacall («Si me necesitas, silba», en la foto), a ojos de Hollywood y de Humphrey Bogart desde Tener y no tener (To have and have not, 1944), de Howard Hawks, Faulkner y Hemingway.

Lauren Bacall & Humphey Bogart

Después del cine, vinieron las canciones. [Por un beso de] La Flaca, de Jarabe de Palo, 1996, 2 millones de copias vendidas, y poco después Flaca [no me claves tus puñales], de Andrés Calamaro, 140 millones de ventas.

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Igual que ocurre con otros adjetivos, como zorro/zorra, no es lo mismo ser o estar flaco que flaca. En andaluz, se prefiere canijo/canija, resueltos en el más breve y multiuso cani (de barrio), antónimo de pijos de Nervión, Los Remedios y Centro de Sevilla.

Desde el siglo 13 en nuestro idioma, flaco viene del latín flaccus, ‘flojo’, ‘flácido’, y se ha incrustado en frases hechas o casi como “a perro flaco, todo son pulgas”, flaco favor, flaco servicio, vacas flacas, flaca naturaleza humana. Un refrán ya en desuso decía La flaca baila en la boda, que no la gorda [por la delgadez asociada a la agilidad de movimientos]. En los repartos del español, donde más se usa flaco,a es en España (33,78%), México (12,78) y Argentina (12,55); y más en ficción (71,46) y sociedad (23,27) que en salud (2,28) o ciencia (1,14), lo cual es buena señal.

En varón, el flaco más famoso fue el poeta romano Horacio, Quinto Horacio Flaco (años -65 / +8). Ya es curiosidad que un verso del Horacio español, Fray Luis de León (1527-91), en su Oda a la vida retirada, estrofa 13, el verso que dice “los que de un falso leño se confían”, aparece en WordReference: “los que de un flaco leño se confían”.

En literatura, tenemos flaca desde Garcilaso (h.1500-36), flaca parte, flaca tristeza, Teresa de Jesús (quien se veía a sí misma “flaca y pobre de obras”), Quevedo (Canción a una mujer flaca), Góngora o Baltasar de Alcázar. En Lope de Vega (1562-1635): “Cuatro efes que tendrás: fría, fea y flaca serás”. Y el mismo en La Dorotea: “Ante el sepulcro de una dama muy alta y muy flaca dixo el maestro Burguillos: Doña Madame Roanza tan alta y flaca vivía, que mandó su señoría enterrarse en una lanza”. Un endecasílabo de autor menor dice: “Dama y ansiosa, fea, flaca y fría”. Y en el 19 hubo una revista satírica que se llamó La Flaca (entre 1869 y 76).

Ahora que ha muerto Pau Donés y hay quien enflaquece su obra y su figura por no haber cantado en catalán, no está de más recordar que un idioma es más grande cuanto más grandes son sus rivales o alternativas. El mérito de Pau Donés es haber sonado andaluz de Jerez de la Frontera y dado a la flaca un valor añadido.

Otro día hablamos de la expresión jarabe de palo, que para nosotros es una didáctica del tipo quien bien te quiere te hará llorar o la letra con sangre entra, es decir, algo que nos avisa o corrige por nuestro bien, y no una simple amenaza.

enlaces:

La flaca, por Natalia Souto

–por Astrid Meseguer

créditos fotos: 1. Belfast Boy, 2. Colección Bacall & Bogart. 3. Lagartija por Benito Moreno

academias, galicismos y malos poemas.

lebrato en el diccionario

«Hay voces críticas que censuran el hecho de que haya una institución encargada de recomendar usos, registrar palabras o prescribir normas ortográficas. El ejemplo más evidente lo vemos en la lengua inglesa: no hay una institución oficial que regule el idioma, pero sí obras descriptivas como el Oxford English Dictionary (OED) o el The Merriam-Webster Dictionary, este último para el inglés americano. No hay academias ni académicos, sino diferentes instituciones –editoriales, universidades– que publican obras de carácter descriptivo. Un caso semejante, aunque con academia, es el alemán; diversas instituciones, como la Academia Alemana para la Lengua y Poesía (Deutsche Akademie für Sprache und Dichtung) o el Consejo para la ortografía del alemán (Rat für deutsche Rechtschreibung), se encargan de regular el estándar lingüístico de la lengua alemana: su diccionario de referencia es el Duden, publicado por primera vez por Konrad Duden el año 1880.» (Rubén Conde Rubio, 14/08/17)

En el caso de la RAE habría que plantearse 1º) la necesidad de una autoridad lingüística que mande en nuestra lengua, visto (y 2º) el trato desigual que la Academia da a unos usos y a otros. Casos evidentes: el vulgarismo como etiqueta de clase alta contra la baja y la masculina reacción académica contra el lenguaje coeducado (dicho también de géneros o inclusivo).

La Academia flojea desde el principio (año 1713) por parcial ante los dialectos del sur (o modalidades meridionales) y por galicista en general como obediente a la lengua francesa que trajeron y pusieron de moda las casas reales de origen francés: Borbón, Borbón-Dos Sicilias, Montpensier.

Es por eso que la Academia no censura el Es por eso que que acabo de utilizar, calco del C’est pour ça que, en lugar de Por eso, que tan bien nos vendría para ganar la batalla de la economía del lenguaje, ahora que el conteo de caracteres tiene que ver con lo bueno, si breve, tres veces bueno en competición digital entre lenguas sintéticas y cuanto más efectivas. Y cuando oigan o lean a ti te quiero no duden que a ti está sobrando. Por mucho que la Academia calle y otorgue.

Otro gremio que hizo mucho daño al idioma fue el de los malos poetas o el de la mala poesía. Pueden leerlo (son 10 minutos) en el suplemento Cáncer de estilo donde se demuestra con citas reales lo que una literatura francamente mejorable hizo y deshizo con tal de cuadrar las sílabas métricas que se le pusieran cuesta arriba.


Penelopea con Antonio Jiménez Casero.

No vuelvas, Odiseo

Del griego -rea, los finales diarrea, gonorrea o piorrea tienen en común ‘flujo’ o ‘abundancia’. No viene de ese fluir, sino de ‘peer’, la palabra pea, por ‘embriaguez’ o ‘borrachera’. Compuesto de Penélope y pea resulta el neologismo penelopea, algo así como “exceso o hartazgo de Penélope”.

A la muerte de Antonio Jiménez Casero (1952-2020) me suenan tambores de Penélope. No he leído aún No vuelvas, Odiseo, última novela que él publicó en vida, aunque doy por sabido qué voz es esa.

Yo, sin ser de clásicas, empecé en la escritura reescribiendo mis mitologías personales, y lo hice en dos tiempos. Al mito griego di De quien mata a un gigante (1987) y al mito bíblico, ¿Quién como yo? (1996). Pero antes, mucho antes, yo había escrito una estampa de Penélope con evidente guasa: Penelopea, prosa que publicó Buly en Costa Oriental, suplemento literario del diario Sur de Málaga, y que a día de hoy forma en A sus pies chapín de seda. Se explica sola:


PENELOPEA

Texto siglo ocho a.n.e., debe actualizarse con musiquilla de fondo tipo Señora Francis años cincuenta. La altura de esa melodía será mayor en las pausas y sostenida en el resto sin que ahogue la lectura.

Consulta 523 (pausa). Respuesta a Desquiciada, Itacante (gran pausa). Mi querida amiga (pausa). El caso de su esposo, aunque preocupante, no es insólito, créame. Ocurre con frecuencia en maridos que han pasado largas temporadas fuera del hogar. Comprendo que una señora de su clase se resista a cambiar camisones de seda por vellocinos de carnero, pero consuélese pensando que precios más altos se han pagado para conformar a los varones (pausa). Transija si él le impone monóculo o lentillas verdes como condición a su cariño. Y, si le pide que cante, hágalo lo mejor que pueda y no se ofenda si como me dice él se tapona entonces con cera los oídos o se hace acompañar de un mástil hasta el lecho. Seguro que usted, con sus habilidades femeninas (ya me entiende), sabrá disipar de la persona que ama esas manías adquiridas en una mili en exceso prolongada (pausa). ¡Ah! Y estoy convencida que lo de Vaca del Sol solo se lo dice por congraciarse. Esté tranquila y acuda a mí si ve que con el tiempo no hay mejora. (Pausa enorme y consulta 524).


La segunda estampa de Penélope ya formó parte en De quien mata a un gigante, y dice así:


EL BRILLO RECUPERA TU COPA DE PLATA
su pasado deleite tu ropa y tus pañuelos.

Bajo tu pie se ablanda un perro dócil,
un escabel inútil estos años. Tiendes
hacia atrás el puente de otros días
cartas y teléfonos, agendas de trabajo.

Puntual el servicio levantará la mesa
y seguiremos durmiendo en habitaciones separadas.


/ a Antonio Jiménez Casero /

antropopamplias.

Salto la reja Rocío 2018
CANAL SUR, saltando siempre la reja de lo público a lo privado.

La antropología es eso que le cambias una letra y lo mismo da para la conversación que para la conservación de lo que hay. El artículo se llama Rocío: El ritual de una madre sagrada y lo firma José Carlos Mancha Castro, antropólogo de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla, y miembro de la Plataforma Andalucía Viva (El Salto Diario.com, 5 de junio 2020). En cabecera destaca: «Estas semanas atrás habríamos experimentando cómo desde algunos medios de comunicación centrípetos se hubiera narrado la romería del Rocío. Se tomaría el Rocío como la síntesis de lo que para muchos españoles supone Andalucía: una región de vagos, gentes rurales que hablan mal, fanáticos del catolicismo y que siempre están de fiesta, una mirada que contiene una alta dosis de xenofobia, clasismo y paternalismo».

Leído lo cual, mi pamplina (las pamplinas que yo pienso) nada tendría que objetar a las pamplinas que escribe en su artículo el profesor Mancha Castro, si no fuera que al profesor Mancha lo pago yo a través de impuestos, mientras a mí ¿quién me paga?

La otra objeción va para la materia el Rocío en todo su redondeo. ¿Cuánto dinero público debe el Rocío a las arcas de España y Andalucía? ¿Qué dineros debe el Rocío a municipios y concejalías por pagos o subvenciones directos o indirectos: policía, limpieza, protección civil? Y si se habla de lo que el Rocío aporta al pib, ¿cuándo hablamos del cúmulo de horas productivas desviadas de la producción por gente que puede permitirse la semana o más por dejarlo todo e irse de romería? ¿Estamos tontos o qué? ¡Vaya a parecer que la fe o la no fe, en esta tierra, se alimente sola y solo a cargo de bolsillos feligreses!

Hablar, desde la laicidad, de un fenómeno religioso conduce siempre a la conversación de la conservación. Algunos lo hicieron en tiempo y forma (Pedro Cantero, Isidoro Moreno) pero a otros se les pasó la ocasión de conformaciones, mixtificaciones o significaciones de lo que son las fiestas andaluzas: un universo donde la superstición (Semana Santa, romerías, santos patronos) y la alegría (ferias) reproducen el mundo del señorito, por un lado, y el mundo del gañán, por otro: el Rocío a caballo y con casa en la Aldea, frente al Rocío del personal de servicio haciendo comidas y camas, moviendo los bueyes.

Claro que para decir eso no hace falta ni José Carlos Mancha Castro, ni antropólogos, ni Universidad como la Pablo de Olavide, ni plataforma como Andalucía Viva, ni Pensar Jondo (como espacio de enunciación colectiva, encrucijada de ideas y reflexiones en torno a la descolonización de Andalucía, de sus prácticas y de su teoría social crítica), ni El Salto Diario, ni un emérito Isidoro Moreno Navarro que ría las ocurrencias de la antropopamplina.


Antonio Jiménez Casero, cuando un amigo se va.

En Antonio Jiménez Casero, algo se muere en el alma abrí, sin querer, hilos de conversación que habrá que responder. Un hilo va sobre la edición y, el otro, sobre el mundo de AJC.

Sobre la edición, tendríamos que distinguir entre editado por y editado en. editado por (complemento agente) sería el libro publicado a iniciativa de la editorial y, editado en (circunstancial de lugar), el libro publicado a iniciativa del autor-a, quien en principio compra a la editorial todos los ejemplares y confía en recuperar parte mediante actos de venta directa por presentación o promoción.

En un mundo de libre comercio y diversificado –donde la pequeña librería no es más que una alternativa en medio de otras– la edición en, pagada por adelantado por el propio autor, adopta el valor de lo que con palabro horrible se llama crowdfunding, digamos micromecenazgo o financiación colectiva. Nada que objetar. Nada que objetarle a Antonio ni a quienes se hicieron la foto con él y con su No vuelvas, Odiseo, libro en mano: es el cierre lógico de un ciclo. Si la cosa funciona, quién soy yo.

Lo chocante es la burla que Extravertida Editorial se permite sobre un tercer tipo de publicación (que es el mío y de quien conmigo va) que el establecimiento del libro teme y denuesta: la edición digital en html que una juventud, ya sin libros en casa, sin pecés ni impresora, va a poder leer por pantalla del teléfono móvil. Ese es el libro de bolsillo del que el sector del libro, culto él, no quiere ni oír hablar. De ahí, la gracieta de Extravertida Editorial: «Si deseas el ebook o libro electrónico de este libro [que había costado en caja 23 euros], envía una foto con tu nombre escrito o con tu sello ex-libris en la página 5, donde se sitúa el título, y envíanos esa foto a editorial@extravertida.es. Recibirás el ebook en varios formatos gratuitamente por correo electrónico.» [1]

La otra rama que al tronco sale de Antonio Jiménez Casero se refiere al gran tema de su vida: Penélope, la mujer que espera y como punto de vista. A mí, como maquinista de eLSoBReHiLaDo, me cupo el honor, y la trabajera, de haber editado la primera Penélope que AJC sacó al público. Fue en un SH por narrativa dedicado a la prosa de tres maestros del género: Juan Antonio Rodríguez Tous, Eliacer Cansino y Antonio Jiménez Casero.

Mis afanes por eLSoBReHiLaDo lo hice cuento o novela corta en Vocaciones, vacaciones, mismamente (2003), título que pedí prestado al número uno, Hipólito G. Navarro.

Mañana, más hilo y más rollo al carrete.

[1] También afecta a quien, en días de confinamiento, nos ha ofrecido el pdf gratis de tal o cual libro suyo, por supuesto por privado. El pdf (antes facsímil) hoy queda para el lenguaje notarial pero en pantalla se lee fatal –si es que se lee– y en papel, vuelta a lo mismo, requiere impresora, tóner o cartuchos de tinta, además del papel, claro.


Antonio Jiménez Casero, algo se muere en el alma.

Antonio Jiménez Casero

Conocí a Antonio Jiménez Casero el curso 87-88 cuando él vino en comisión de servicio a mi instituto número 20 de Sevilla. AJC venía formando equipo con lo que dimos en llamar Cinco Magníficos: Antonio, como director, y cuatro con él: vice, secretario y vices respectivos. Total: 5 que llegaban con la misión explícita de poner un poco de orden en aquel instituto que por entonces daba guerra, guerra, guerra contra los consejos escolares y por la autonomía o soberanía de los claustros.

Frente a los Cinco Magníficos se posicionó como férrea oposición, y en señal de malavenida, la Banda de los Cinco, cuatro profesores y una profesora que nos sentábamos al otro extremo de la reunión de claustro (como gol sur o últimos de la clase), los cinco con unas gafas oscuras que daban pánico y que decían claramente que no queríamos saber nada de ellos. En los anales del ies 20, aquel grupo opositor se entrenaba semanalmente en la llamada Guardia de Cruzcampo, que hacíamos cada lunes tarde noche a la salida de clases (éramos desdoble vespertino del ies Luis Cernuda), y con Guardia de Cruzcampo llamábamos a ir de bares y de tapas por Sevilla, a ver dónde las tapas eran más buenas y la cerveza más Cruzcampo y más fría.

Pese a nuestras hostilidades, Antonio no tardó en hacerse querer. Primero, por su gestión y, después, porque él tenía venas al margen del cargo y de su condición de profesor de clásicas: una era la vena literaria –el hombre escribía, y ahí había materia para compartir. Se lee en el currículo de Daniel Lebrato, hoy reubicado en Tinta de calamar: «En marzo del 90, Daniel Lebrato presentó en La Carbonería El morador insomne, de Antonio Jiménez Casero, premio Felipe Trigo de Novela, devolución de la presentación que antes le había hecho Antonio en mayo del 88, con música y diapositivas al gigante protagonista de De quien mata a un gigante.» Y es verdad que un episodio de ¿Quién como yo? lo usó AJC para la obertura de su último libro, No vuelvas, Odiseo (vídeo de 55 minutos pinchando aquí). Lo que Antonio ignora es que Pilar y yo estuvimos a punto de hacer una adaptación al teatro de su recreación de Penélope (Editorial eLSoBReHiLaDo).

También me unió a él su amor por lo extraescolar, que él llamaba juegos paléstricos, por la pareja como constitución de uno (la suya trabajó un tiempo en el ambulatorio de las Palmeritas en Nervión), y por su lucha contra el cáncer: los dos fuimos de colon; a mí, me dio tiempo a salir con vida y a hacer cine y literatura con lo que me había pasado.

Si no asistí a su último libro fue porque los dos sabíamos que era un libro auto editado y a su costa bajo el sello Extravertida Editorial, que no me cae especialmente bien. Les cuento por qué. Contraportada de novela publicada bajo el sello Extravertida Editorial en 2019:

«Si deseas el ebook o libro electrónico de este libro, envía una foto con tu nombre escrito o con tu sello ex-libris en la página 5, donde se sitúa el título, y envíanos esa foto a editorial@extravertida.es. Recibirás el ebook en varios formatos gratuitamente por correo electrónico.» Sin palabras, ¿verdad?

De todas formas, si llego a saber que Antonio estaba tan malito, hubiera asistido, solo por darle un abrazo.

¡Adiós, morador!

«Si fueras tú el jardín donde los días/ ajenos a su nombre no cuentan/ ni son siete, donde nada/ ni la Creación pudiera distraerme,/ yo sería/ párpado leve o azúcar de cristal/ del agua de tu sueño morador/ insomne» Daniel Lebrato, ¿Quién como yo?


tres princesas.

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TRES PRINCESAS

 

SABIA, LA PLUMA QUE DISTINGUE EL HILO
de la fábula y no nos confunde con Juanas
las de Arco ni Isabeles las Católicas
que nos interrogan por nuestro siglo
desde su crónica o su hornacina,
desde el satinado horror de los libros de texto.


 

UNA SOLA PRINCESA EN PIEL SEVERA,
una sola impostura coronada,
y allá se irán idilios y colores.
¿Pues cómo mandar ejércitos,
presidir consejos, subir impuestos,
esquilmar reinos, condenar a muerte
o posar tan seria ante el pintor de cámara
y seguir siendo una princesa?


 

ESPECIE PROTEGIDA, DE LAS PRINCESAS,
las que más gustan son las que nunca
llegan a reinar. Se las educa, eso sí,
y se las cuida y venera igual
que a príncipes herederos.
Nunca envejecen y resultan,
cuando su mano es otorgada,
pesimísimas esposas.


 

Daniel Lebrato, Chapín de seda (1986)


 

esquela.

Juana de Sanlúcar

El género esquela es el género en que terminamos todo. Ahí van a dar las obras escogidas, completas y exquisistas. Hasta mis 66 no me había sentido nunca grupo de riesgo. Y esta vez sí. Parece que alguien hubiera hecho avioncitos de papel con esquelas de periódicos y me las hubiera tirado volando. El caso es que mis bajas personales ninguna ha sido por covid19, sino por edad o por otras enfermedades.

Recuperando mi antiguo espacio en Zafarrancho Vilima, doy a ustedes lo que he averiguado de la palabra esquela. Se lo dedico póstumamente a mis muertos y muertas familiares, la última Juana, hoy en su esquela, ayer tan guapa en su foto.

esquela (inglés obituary o death notice, francés part de décès o nécrologie). Desde 1732 [3.57M de gugles] El DLE (antes DRAE) da etimología discutida. 1. Aviso de la muerte de una persona que se publica en los periódicos con recuadro de luto o se fija en distintos lugares públicos indicando la fecha y el lugar del entierro, funeral, etc. esquela mortuoria 2. Carta breve que antes solía cerrarse en forma triangular. 3. Papel en que se dan citas, se hacen invitaciones o se comunican ciertas noticias a varias personas, y que por lo común va impreso o litografiado. esquela de convite. La palabra se usa en ficción (un 67,35%), ciencias sociales (15,02), política, economía, comercio y finanzas (14%), vida cotidiana (un 5,8 de casos). Por geografías, España se lleva un 65,44% de usos y Argentina un 8,9. Corominas data la palabra en 1732 y la da como “carta breve, papel impreso en que se hacen invitaciones o se comunican ciertas noticias” y propone un origen en una pronunciación vulgar del latín scheda [skeda], hoja de papel o papiro. El Etimológico de Chile remite scheda al griego skida, ‘astilla’, formado a partir del verbo skizein, rajar, separar, indoeuropeo skei, ‘cortar’, de donde el latín scire, ‘saber’, y las palabras ciencia, necio y plebiscito. Del diminutivo de scheda, schedula, viene cédula. Palabras relacionadas con esquela son billete (carta, breve por lo común), columbario, cementerio, crematorio, epitafio, libro de condolencias, nicho, obituario, pésame, pompas fúnebres, requiéscat in pace, RIP (descanse en paz, DEP), tanatorio, velatorio o velorio. Antes era normal hacer una fotografía post mortem del cadáver y modernamente se ve usar fórmulas de despedida como que la tierra te sea leve [92.900 gugles], procedente del sit tibi terra levis [77.300 gugles], inscripción funeraria normal en la antigua Roma. Por orden alfabético, detrás de esquela viene esqueleto, palabra que no comparte origen, pero ya me dirán. Preferible quedar con la rima escuela, la Escuela de calor, de Radio Futura (aquí en Spotify). Queden ustedes, además, con la penúltima despedida que hizo en vida Daniel Lebrato:

*
«Si en esquelas
terminan las tarjetas de visita,
qué menos que ser buenos,
rebeldes y algo cínicos.

*

elecciones generales
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Daniel Lebrato
ELECCIONES GENERALES TODO A CIEN
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Juana, genio y figura.

Juana

Si un tema hay gastado y derretido para hacer literatura, ese es la muerte; más que el amor. La muerte sigue siendo como en tiempos de Manrique. Lo más que hacemos es ponerle un nombre o una cara y aportar algún punto de vista, religioso o civil. Aquel Llanto de Lorca.

Cuando murió mi madre, que era una anciana balilla de mal asiento que no dejaba vivir a nadie, quise que mi familia mandase poner esta corona firmada por “tus hijos y tus nietos”:

«Descansamos, o descansemos, en paz.»

Mamá lo comprendió y salió por donde costumbre:

–¡Hay, Daniel, como se entere tu padre, el disgusto que le vas a dar!

O quizá por esta otra petenera:

–¡Hay, Daniel, qué pamplinas tienes!


Juana

Ahora ha decidido dejarnos –me avisó su yerno Salva, titular de la etiqueta “suegra”– nuestra amiga Juana de Sanlúcar, a quien yo llamaba Reina de la Ibense porque era donde me la encontraba sin falta al desayuno, lo mismo que yo no faltaba a mi cerveza, siempre en Plaza del Cabildo.

Juana era de esas señoras con todo viento a favor: su ser de Iglesia hasta en la iglesia tener su sitial, su ser de derechas, señora de, excombatiente de la Acción Católica, su hablarle de tú al señor cura párroco y, casi, casi, al mismo Dios (que estará San Pedro que no sepa el hombre dónde meterse); su distinguida elegancia, su mirar por encima a esta España de la que yo gustaba pincharla para que largase, como se suele decir, por esa boquita. ¡Y vaya si largaba!

Quizá el ver en mí a un poeta comunista de pinta aristocrática (vieja bici BH, bastón de caña, lazo y panamá) nos unió en un raro anacronismo, en una complicidad para reírnos del mundo:

–Juana, igual que en tu iglesia del Carmen hay nave de epístola y nave de evangelio, así yo, en mi chaleco traje, llevo dos bolsillos con monedita suelta: el de la derecha para propina y el de la izquierda para limosna. Todo menos decir: ¡No llevo suelto!

Últimamente estaba faltando a clases en la Ibense y yo la apremiaba con este canto de Esperanza de vida:

–Con tantos años cumplidos, ¿qué más te daba cumplir unos añitos de más? Siquiera por alargarnos el sueño de quienes vamos detrás.

No me ha hecho caso. Mis palabras a lo mejor mienten; mi egoísmo, no.

El genio sabe que el genio sin figura no va a ninguna parte.

Genio y figura, Juana.

/ a Juana Domínguez Hermosilla /
–1 de junio de 2020–

esquela JUANA