Autor: daniel lebrato

profesor, autor de libros y redactor de eLTeNDeDeRo

eLTeNDeDeRo en negro.

negro fundido a negro

españa en negro.
mucha democracia.
mucha constitución.
muchos demócratas.
y poca cataluña.
vergüenza ajena.


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dOMiNiCaL 17 09

«¿Sabéis quién toma las riendas cuando no podéis hacer nada? Él es tú. Un duplicado. Un Judas.» No se pierdan la presentación de Alfonso Garrido Bueno, su breve relato en El Sobre Hilado: Nunca se brilla sin oscuridad.

«Hizo brillantemente su labor de zapa en nombre de la izquierda y redujo a cenizas la ilusión de cambio de millones de creyentes.» Con The Leader, vuelve Antonio Cabeza Delgado.

Y el viernes 29 cita con Rafa Iglesias, quien ofrece su curso de dibujante para gente que se parta de risa.

FINAL: FUNDIDO A NEGRO.

Cito a Rafael Sánchez Ferlosio: “abomino de la fiesta de los toros no por compasión de los animales sino por vergüenza de los hombres”. Del mismo modo, abomino del actual debate soberanista no por amor a la independencia de Cataluña sino por rechazo de la unidad de España tal cual Mariano Rajoy y la Constitución del 78 o lo que dice la gente que sabe de leyes lo que ignora de historia. Nadie tiene derecho a hablar cuando alguien no puede, aunque sean tonterías y, del soberanismo, yo también me río. Pero no hago el juego a los demócratas. eLTeNDeDeRo hablará cuando Cataluña pueda hablar.

Que tinguem sort, Daniel, 17/09

 

fundido a negro.

Rafael Sánchez Ferlosio dijo aquello de “abomino de la fiesta de los toros no por compasión de los animales sino por vergüenza de los hombres”. Del mismo modo, abomino del soberanismo no por amor a la independencia de Cataluña sino por rechazo de la unidad de España tal cual Mariano Rajoy y la Constitución del 78 o lo que dice la intelectualidad que dice que sabe de leyes lo que no sabe de historia.

Nadie tiene derecho a hablar cuando alguien no puede, aunque sean tonterías y, del soberanismo, yo también me río. Pero no hago el juego a los demócratas. Mi TeNDeDeRo, fundido a negro hasta el día 2 de octubre y a ver qué pasa.


1917‑2017, cien años de soledad.

Imaginemos la equis, el diábolo, el nudo de la pajarita, la cruz de las tijeras, los palitos de comer arroz o el trajinar de las agujas de hacer punto. Como en la cámara oscura, todas las rectas, ópticas o geométricas, convergen hasta un punto y a partir del punto se alejan, son como mucho una representación.

Todos los movimientos especulativos o cognoscitivos (cultura: ciencia, técnica, arte o literatura) han servido para dar a la humanidad un enfoque al microscopio o al telescopio, un punto de apoyo para mover el mundo. Ahí anduvo Arquímedes, Newton, Leibniz, Kant, Hegel, Darwin, Marx, Nietzsche, Freud, Einstein, Duchamp o las Vanguardias, pero también la Internacional o el feminismo, más la máquina de vapor, el motor de explosión, la bombilla o la aviación civil que hicieron la vida más buena como antes ‑de la idea de progreso‑ la rueda, el fuego, la forja, la doma o la agricultura.

Antiguos y modernos, clásicos y contemporáneos, los rayos del conocimiento fueron a dar al antropocentrismo: se hizo la luz para quien quiso verla. Y hoy quien entra en una iglesia o en una mezquita será por otras exigencias, no porque el guion del universo conocido se lo exija. Y, así, en arte, en filosofía, en política: ese demócrata a la ateniense o esa admiradora de Estados Unidos, segundo Imperio Romano, no pueden ‑sin rubor‑ emocionarnos.

Porque a partir de un año cero, cifrable como muy tarde en 1917 (que concibió la muerte del arte, las naciones unidas, la paz y la revolución), la cultura occidental, lastrada por el sionismo, el anticomunismo y el envilecimiento de la ciencia (su fosa, la bomba atómica de 1945), la cultura ‑digo‑ no ha hecho más que ponernos a rezar. Y en la cámara oscura las luces aisladas son verdades a medias, megustan en redes para un público que ha vuelto a creer en Dios.

Lo que en arte es posmodernidad, en ciencias sociales es complicidad, negocio, ingenuidad o cara dura. Vean esa feminista que dio por bueno el tapado de las mujeres (como cultura y no maltrato) y sigue aporreando nuestros oídos como abanderada de la igualdad y contra los malos tratos o ese escritor atrincherado a este lado de la Constitución que presume de destapar con sus tesis o sus novelas de memoria histórica los crímenes del franquismo.

Hay algo en esos héroes y heroínas de la cultura que inevitablemente nos huele a falso como a falsa suena la musulmana empeñada en mostrarnos su religión. No hay más dios que la cultura y su profeta es la intelectualidad, nuevo opio del pueblo, posverdad. Hace un siglo pudimos ser creíbles y felices. Llevamos cien años de soledad como estirpe condenada que no tendrá una segunda oportunidad sobre la tierra.