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cómo hacer un Gandhi.

01 Mahatma Gandhi

En esta vida me han llamado de todo: diseñador, modisto, rociero, flamenco o ese tío de qué va; sucesivamente he sido o se me ha comparado con Dani el Rojo (en mi época de barba y melena), Míster Proper (Don Limpio), Daniel Nosferato (por ir con capa) y hasta el profesor Franz de Copenhague del TBO. Pero nunca me confundieron con ser budista. Y como un día hice un corto sobre cómo hacer un Gandhi (0:58) con sus gafitas redondas, su sabanita blanca y su paraguas, comparto con ustedes tan dudosa payasada. Debo advertir que está rodado en un sótano de ubicación desconocida, una especie de búnker o refugio, en fechas cuando te caía encima el 155 o la Ley Mordaza a las primeras de cambio. Todavía no hemos salido de semejante pesadilla.

04 Mahatma Gandhi sábana paraguas gafas

cómo hacer un Gandhi (0:58)

canotier.

Daniel Lebrato en Plaza de Armas años 60viajero con canotier, bastón de paseo y maletín

Daniel Lebrato en Plaza de Armas años 60 (2).jpg

canotier o canotié, plural canotiés [1.270.000 o 17 mil gugles]. Del francés canotier, antes canoa. Sombrero de paja con el ala estrecha y plana, y la copa baja, cilíndrica y normalmente rodeada por una cinta. Según el Etimológico de Chile, canoa aparece en el Diario de Colón el 4 de diciembre de 1492 y es voz taína, lengua hablada en las islas caribeñas, canot en francés, primero los remeros y luego el sombrero, por el empleo de esta prenda en el deporte náutico. Para Corominas es voz araucana, al sur de Chile. Canotier obligado, el de los gondoleros de Venecia.

El canotier fue el sombrero de moda en la pintura impresionista plenairista (de plein air: al aire libre) durante la Belle Époque (1871-1914). Caído en desuso entre nosotros bajo el imperio del sombrero mascota (de pellizco) tipo italiano o inglés, el canotier sobrevive, en femenino, en las bodas y, en masculino, en los sombreros de ala ancha y rígida que se ve en las ferias y en el Rocío. Famosos con canotier: Fred Astair, Maurice Chevalier, Audrey Hepburn o Coco Chanel.

Daniel Lebrato en Plaza de Armas años 60 (3).jpg

En las fotografías de portada, tomadas, calculo, por los años 60, se ve a un viajero subiendo al tren en la que fue estación Plaza de Armas de Sevilla, hoy centro comercial y de ocio. Juro a ustedes que al ver esas fotos me di cuenta de que yo, Daniel Lebrato (1954) que casi no había nacido, ya estuve allí de mayor con mi canotier y mi bastón y mi maleta. Y me acordé de las fotitos y del juego del tiempo en El resplandor, de Stanley Kubrick y Stephen King (1980 y 1977). ¡Qué horror! o ¡Genio y figura!

2015.08.13. Daniel Lebrato por Ricardo López
Foto: Ricardo López

canotier en el Etimológico de Chile

en la página Malonsilla

campeones.

campeones

Discapacidades, sobra decirlo, las hay de dos clases: la congénita que en medicina preventiva se ve venir (y es asumida por la madre que acepta traer al mundo una criatura deficiente) y la sobrevenida en vida por causa de accidente.

Sea como sea, la maternidad debiera correr cien por cien a cargo de la madre o la pareja que decide seguir para adelante con un embarazo a sabiendas de que traerá al mundo, más que una persona, un problema de largo recorrido, problema que con las desviaciones fiscales y presupuestarias acabaremos pagando usted y yo, que no tenemos descendencia o somos partidarios del aborto terapéutico y de la maternidad consciente, cuando no de la adopción de menores y del control de natalidad.

Por supuesto, nada que objetar a campeones que ya están en nuestro entorno, salgan o no en la película y en los Goya. El problema es la ideología provida que le hace el juego a la Iglesia y a las ideologías más ultra conservadoras.

Si se nos pide el carné de conducir para manejar un vehículo, ¿cómo no pedir por cada preñez y parto garantías sanitarias y económicas que avalen el permiso de natalidad, crianza, educación y mantenimiento de un nuevo ser?

Desde la perspectiva del Estado, que somos todos, francamente, no lo entiendo.

–enlace a La gala de los Goya


 

La gala de los Goya

(un lenguaje, una puesta en escena y una teoría general).

1º.
Un lenguaje pseudofeminista, de ‘todos y todas’, con renuncia a otras posibilidades: español de la e (no necesariamente neologismos), uso de genéricos, neutros y epicenos, quien/quienes por ‘el que’ o ‘los que’, etcétera. Parecía que el cansino desdoble hubiera ganado la guerra a la económica inclusión. El femenino es, de pronto, una ostentación o demostración, una especie de carné lingüístico de pertenencia a lo política y feministamente correcto.

2º.
Una puesta en escena sexista por pasarelas bien diferenciadas: pajarita y chaqué para los varones; desfile de modelos para las hembras. ¿Por qué ellas (y ellos) no acordaron un vestuario unisex común (no forzosamente un uniforme) a base de chaqueta y pantalones, no faldas, y con renuncia al escote, a tacones altos y a uñas y boquitas pintadas? Y sin crucifijos disimulados de pendientes. Está claro que la rivalidad de la pasarela, o alfombra roja, es contraria a toda conciliación entre artistas entre sí y también contraria a todo acercamiento del grupo artista a la gente, así se consigue que, a ojos del pueblo, las estrellas sigan siendo de otro planeta.

y 3º.
Una teoría general que no cuestiona ni el culto a la personalidad ni la defensa de privilegios adquiridos y, encima, propaganda de un sueño que la juventud, ingenua, quiera poder alcanzar.


En resumen, un sector del arte y la cultura, que debiera estar en vanguardia, se muestra ensimismado y ombliguista. La gala le gustaría a quien le guste ese universo de rivalidades encubiertas, de falsos compañerismos y odiosas comparaciones, un conjunto muerto para las ideas que deberían, si prosperaran, mejorar este mundo. Como auspiciado por ideologías psoecialistas o de izquierdas, resultó un espectáculo altamente reaccionario y conservador (de lo que hay). Nos pasa, dirán ustedes, por haber visto el programa.


para pensar el sida.

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© Foto revista Fotogramas

 

Rami Malek, actor que encarna a Freddie Mercury en Rapsodia bohemia, defiende que la película no muestre la historia entera del rey de Queen, contra quienes han opinado que el film es demasiado buenista por cuanto omite o pasa de puntillas por los aspectos más íntimos de la vida del cantante, como su homosexualidad o el sida que acabó con su vida.

Leído lo cual, ¿por qué cuando hay homosexualidad (no hablamos del sida) se pide a la persona, hombre o mujer, que lo declare, que se haga explícito o que salga del armario, horrorosa expresión de la que se libran por lo visto las sexualidades héteros? ¿No es acaso un morbo y una discriminación?


Honor a la Generación Sida.

La gente homo no es más descuidada que la gente hétero; tal vez, más promiscua. Y hablar del sida no es lo mismo ahora que hace 40 años. Recordad que se decía si sería una enfermedad promovida por el Vaticano, sidá o no da.

Aquella generación luchó en un triple frente:
contra sí mismos (había que aceptarse o no),
contra la operación pareja (todavía estamos en ella)
y contra la enfermedad.

Entre inocentes y atrevidos, fueron juzgados
por un crimen que no habían cometido: sexualidad anal.

Yo guardo para ellos la antorcha de las Termópilas.
Jamás, la curiosidad de los armarios roperos.

¡Honor! ¡Honor!


–enlace a la revista Fotogramas