ética del espectador (à chacun, son enfer).

À chacun, son enfer es película de André Cayatte (Francia y RFA, 1977), con Annie Girardot en el papel de madre sufridora por el secuestro de su pequeña hija. El título, A cada uno, su infierno, procede de Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud en 1873. A cada uno su infierno, es una manera culta de decir que cada persona cargue lo suyo como en refrán castellano, que cada palo aguante su vela.

Dos películas hemos visto que ponen a prueba el infierno. Una, El insulto (1917), francesa por la Francia del Líbano, y otra La cena (The Dinner), Usa, 2017, con Steve Coogan y Richard Gere, dos hermanos como Caín y Abel o todo lo contrario. Ellos y sus mujeres, la noche de los matrimonios, se reúnen en restaurante de lujo por un trágico incidente: sus hijos adolescentes han quemado a una mendiga sintecho que, a la hora de ellos sacar dinero de un cajero automático, dormía ahí y les estorbaba el acceso.

La cena incumple la unidad de acción (que si la demencia, que si el cáncer) pero básicamente el cainismo se presenta así: Steve Coogan es el lado apocalíptico de los Estados Unidos (alguna vez, en el recuerdo: Woddy Allen) y, Richard Gere, el integrado con todos sus avíos: rico y poderoso y en carrera política hacia gobernador del Estado. Se diría que son izquierda y derecha. Y tal vez una de las intenciones del director haya sido (y por eso el flashback para desvelarnos el suceso) desmontar los prejuicios a favor de la izquierda, frente a la América profunda, en contra.

Como espectadores, nos interesa un problema de límites. ¿En qué medida la ficción la hemos fingido (o ‘ficcionado’) antes nosotros? ¿Qué hay de fábula o invención, y qué de reflejo o retrato realista naturalista, un día en Líbano (como artificio colonial), otro día como madres o padres?

Lo que no puedo: yo, desde Francia, contemplo el Líbano como si yo no fuese francés. Y cada uno tiene su Líbano particular. Tampoco puedo declararme prosistema o antisistema sin ser parte del sistema. À chacun, son enfer. Yo también soy Charlie Hebdo aunque diga que no lo soy. Y lo que ocurre en pantalla es igual a lo que ocurre en butaca. De ahí, los premios del público. No es a la película el premio, es a nosotros mismos.

foto y fuentes: (Filmaffinity)

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