misiones pedagógicas contra excelencia docente.

retrato de familia (Valverde, peligro para caminantes)

Al publicar yo ayer mi placa al mérito cultural recibida del Ayuntamiento de Valverde del Camino, he querido exclusivamente insertarme dentro de lo que fueron años y personas excepcionales. Mi único mérito, si alguno tuve, fue estar con la gente adecuada en la hora adecuada. Eran los años de la movida (1982‑86, primera legislatura del Psoe) y, aunque de Roma y de Varsovia llegaban aires recalcitrantes (Juan Pablo II, papa; Lech Walesa, nóbel de la Paz), en España fueron malos tiempos para la derecha y quien no lo supo ver se quedó al margen. Poner yo en portada la placa que me entregó Américo Santos, alcalde de Valverde, no es vanidad: es cifrar en una sola imagen, que vale más que mil palabras, la sintonía que hubo entre instituto y pueblo de Valverde (que daría para hacer un senatus de procesión) un cuatrienio que, conmigo o sin mí, no se iba a poder repetir. (No escapa al mármol de su día. Es ya difunto irrepetible, en divinas palabras de J.J. Díaz Trillo.) De todas formas, gracias a quienes habéis dedicado a mi persona alguna palabra cariñosa: si no llegué a ser el García Lorca de Valverde ‑como quería Manolo Becerro‑, puede que sí el Almodóvar o la Alaska local: personaje pop (de popular) más que personaje de culto (por mi cultura entre las culturas). Con deciros que la continuidad de Teatro La Paz fue Jesucristo Superestar (algo en mis días impensable) y con deciros que, a instituto donde llegué después, instituto donde ‑siendo yo el mismo‑ choqué con expedientes disciplinarios, podéis haceros una idea de cómo los tiempos habían cambiado. También encontré mucho Gandhi y mucha paloma de la paz, mucha Teresa de Calcuta y, mira por dónde, mucho alumno engreído como Jesucristo Superestar pues me tocó asistir al parto de la Escuela, espacio de paz y no violencia, cosa más casposa non vi en la enseñanza. Mi resumen explicación es que el cambio que prometió el Psoe para llegar arriba hizo al Psoe olvidarse de lo que había abajo y la excelencia docente triunfó en toda la enseñanza pública disfrazada de bilingüismo, de bachillerato internacional o de otros bachilleratos de tablón de honor por disputarle a la privada y concertada, colegios en manos de la Iglesia, onerosos privilegios y tráfico de influencias que tampoco esa vez iban a cambiar. Por mucha asignatura de Ciudadanía alternativa. Por mucha Igualdad y coeducación mientras entraban en las aulas las primeras niñas tapadas. Honor a quienes creyeron en colegios e institutos como misiones pedagógicas para que otro mundo, con otra educación, fuera posible. Mañana les cuento dos incidentes sonoros que tuve en mi etapa Valverde. Uno con el cura del instituto y otro con la Guardia Civil.

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