El comunismo utópico

Utopía

DEL COMUNISMO CIENTÍFICO AL COMUNISMO UTÓPICO
Manifiesto comunista 2015

DILE (o DRAE): utopía o utopia. (Del gr. οὐ, no, y τόπος, lugar: lugar que no existe). Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación. VOX: Plan o sistema ideal de gobierno en el que se concibe una sociedad perfecta y justa, donde todo discurre sin conflictos y en armonía. Proyecto, deseo o plan ideal, atrayente y beneficioso. Tomás Moro acuñó en 1516 utopía en una obra del mismo título en la que imaginó una isla desconocida en la que se llevaría a cabo la organización ideal de la sociedad. Bajo forma de aspiración íntima, ensueño o utopía, el hombre, simplemente por ser hombre, aspira a su plena felicidad.

En 1848, fecha del Manifiesto comunista, la inteligencia europea estaba marcada por un gran cientificismo. Con ese espíritu, Federico Engels acuñó el término socialismo científico (Del socialismo utópico al socialismo científico, 1880) para referirse al socialismo marxista, basado en el materialismo dialéctico, frente al socialismo anterior, desde entonces conocido como socialismo utópico: utópico en el sentido de irrealizable. Pero hay otros sentidos en utopía donde lo utópico, realizable o no, se asocia con el optimismo y la armonía, lo ideal, lo perfecto, lo justo, lo atractivo, lo proyectado, lo deseado, lo beneficioso. A la política que concita o reúne esas cualidades, bien podemos llamarla utópica, donde el adjetivo irrealizable será cierto si perdemos, si no ganan nuestras ideas, pero sería realizable si nos salimos con la nuestra, si conseguimos vencer (y eso es política: unir un proyecto a una acción). Lo que es seguro: para que se cumpla un sueño, primero hay que soñarlo. Si la izquierda o los de abajo o las fuerzas de progreso no van un punto por delante de la Historia, nunca serán protagonistas, y nuestra historia es la batalla por la igualdad, lema, de los tres que tuvo la Revolución Francesa, el más hermoso y el que no ha conocido el mundo, más allá de declaraciones sobre el papel. El reto del siglo 21 es hacer efectiva la igualdad y esa es la utopía comunista. El comunismo del siglo 20 fue el nombre de un producto final, nada que ver con Soviética, con Stalin, China o Cuba, ni con barbaridades totalitarias que el anticomunismo (este sí real, muy real) quiera echarnos encima. En cierta forma, la culpa ha sido nuestra por creer que el comunismo era la ciencia de la revolución, heredera infalible de Marx y Engels y de un lenguaje y unos métodos, los de la Tercera Internacional, totalmente desfasados en la era digital y de revolución científico técnica, cuando la revolución puede ser cuestión de darle a un me_gusta, a un sí o a un no, en nuestros teléfonos móviles. Pongamos el orgullo comunista al frente y por delante de las siglas que lo confunden o enmascaran. Sea por la utopía, por la igualdad, por la comunidad y por el comunismo.

Daniel Lebrato, Ni tontos ni marxistas, 3 de agosto de 2015

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