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el castellano como lengua muerta.

Hemos sido aprobados

A Irene Menas, que entre te comparto o comparto contigo se preguntaba ¿Por qué habríamos de elegir el castellano del siglo 18 como el correcto? Según ese criterio, podríamos reivindicar el castellano medieval o, ya puestos, el latín.

Nos guste o no, las lenguas en la aldea global van a ser dos. Por la parte aldea, la nativa materna o vernácula, y, por la parte global, la franca de intercambio (coiné). Lenguas hoy tenidas por oficiales responden a un concepto nacional político que se irá perdiendo ante repartimientos mayores (Europa, Onu) o menores (regiones, comarcas, tribus). Un andaluz hablante y un catalán habrán de ser ¡siempre! de su idioma de origen, pero podrán prescindir del castellano que pasaría a tercera lengua si por segunda posicionan el inglés, mientras guardan su román paladino para hablar con su vecino.[1]

Hoy, además, sobre todas las lenguas y dialectos pesan dos economías impuestas por el lenguaje de máquinas que es Internet: taquigrafía (abreviaturas, atajos, pre escritura, iconos) y conteo de caracteres.

En ese panorama, el castellano quedará como poderosa lengua muerta literaria y como lengua viva de las diversas castillas, solo que a la misma altura poblacional que el gallego, el andaluz o el guaraní. A ese nivel, fenómenos como el dequeísmo o los diversos polisíndetos no hacen más que ir contra la lengua muerta y contra la lengua viva; también decir lo flipo donde bastaba flipo.

El castellano del siglo 18, el castellano medieval o el latín seguirán como lenguas de cultura. Y, a los hablantes vivos, seguiríamos aconsejando: lo bueno, si breve, dos veces bueno, sin anglicismos innecesarios ni partículas ni giros que no hacen más que ruido, señales penosas de pedantería o esnobismo. ¡Cuánta nueva profesión, sin sus gerúndings y sus ofíciers y sus podcast, se queda en absolutamente nada!

¡Y cuanto pleito por los nacionalismos lingüísticos!

Os lo comparto, por si hace avío y os apetece megustearlo.


[1] La revista de traducción El Trujamán (Centro Virtual Cervantes, 9 de mayo de 2002) publicaba el siguiente artículo utilizando la célebre pregunta de Rubén Darío ¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés? (poema Los cisnes, de Cantos de vida y esperanza, 1905). Responde Julia Escobar: «Ya conocemos la respuesta. Nadie puede zafarse a su evidencia, ni siquiera los franceses. (Lionel Jospin, primer ministro francés, 1997-2002, dijo en la Unesco que ya estaba resignado a admitir la necesidad de saber inglés.) Me gustaría hacer algunas sugerencias para que el inglés sea útil pero no fatal: Que se recurra a él cuando no haya más remedio o como hipótesis de trabajo en las comunicaciones múltiples, rápidas e incontrastables. Esto es casi obligatorio en los mensajes enviados por correo electrónico a grupos de personas de distintas nacionalidades, con independencia de sus otros conocimientos lingüísticos. Ejemplo A. Un interlocutor checo que no sabe español se dirige a mí que no sé checo; de mejor o peor manera, utilizaremos el inglés. Ejemplo B. Me dirijo en francés a un interlocutor francés y él me contesta en inglés. No volveré a escribirle.»

redundancias, repugnancias y rebuznancias.

2004.11.17.IcoEstiloUrbano.ElGrupo&ElProfe (1)

Redundancias hay dos, de norma y de estilo. Las de norma, hay que aguantarse con ellas (contigo < cum te cum) pero las de estilo están en nuestra opción. “Comparto contigo” es redundancia ajustada a norma. “Te comparto”, opción perfecta de estilo, y más breve. El hablante elige. Compartí mis galletas con mi prima puede decirse en transitivo Compartí mis galletas a mi prima (Academia dice). En redes, compartir es tecnicismo como retuitear o megustear : te comparto, pues.

Y no olviden que la lengua ha ido añadiendo y añadiendo redundancias con tal de salvar la comunicación entre (o ante) hablantes poco alfabetizados. El caso de contigo es similar a persona humana, subir arriba o eso que vi con mis propios ojos. También la palabra hómine iba a dar (o a confundirse con) on (uno) y hubo que recomponerla para que no se perdiera: hombre, con un -bre nada etimológico que se contagió hasta hembra, latín fémina.

Quédense con antes que antes de que hablantes muy pericultos prefirieran antes de que ¡sin dequeísmo! ¡Qué fácil disculpan Academia y Fundéu los errores de los suyos! Con ustedes, Juan Ruiz, Garcilaso y Góngora:

antes que muerte acuda (LBA, 1532, d)

coged de vuestra alegre primavera/ el dulce fruto, antes que el tiempo airado/ cubra de nieve la hermosa cumbre. (Garcilaso de la Vega, En tanto que de rosa y azucena)

antes que lo que fue en tu edad dorada (Góngora, Mientras por competir con tu cabello)

De ahí, al consagrado autor, de estilo ponderado por la crítica: Y *es al levantarse *que encabrita el sieso, antes que el más llano y exacto: Y al levantarse encabrita el sieso.

sieso es culo, y sieso a, la persona desagradable, antipática o desabrida. Muestren su simpatía con quien no sabe y parece que rebuzna, y practiquen la empatía con quien se lo merezca.

 

andalucismo airado contra andalufobia histórica: conformación y ejemplos.

Portal Andalucía.org

El Salto.com

Estamos hablando de un fenómeno muy vivo en redes sociales y con base en currículos universitarios y con escaso o nulo reflejo en urnas electorales. Es un movimiento de cultos para cultos donde alguien como Isidoro Moreno Navarro (n. 1944) se tiene como intelectual de referencia. Son hombres y mujeres, andaluces airados, criados y alimentados por un Estado del Bienestar –cuya invención no critican, sino invocan como paraíso perdido– y con la @ (arroba) y la (X) equis o el español de la -E como usos añadidos al andaluz escrito. De muestra, dos botones:

Uno se llama Portal de Andalucía [.org][1] y, dentro, Carmela Borrego [2], su artículo Por mis muertas, de 11 de junio 2020 (que pueden leer tal cual pinchando aquí o en nota [i] con algún recorte). El otro es José Carlos Mancha Castro [3], autor de Rocío: el ritual de una madre sagrada, publicado en El Salto Diario [.com] de 5 de junio 2020 (pinchando aquí o en nota [ii]). Los dos me llegaron vivamente recomendados por Isidoro Moreno y los dos me han costado mi amistad en red con tan ilustre emérito en medio de aprobaciones y megustas de su legión de seguidores.

Lo que he descubierto es esto (quienes ya lo sabían, pueden decirme ¡a buenas horas!): hay un vinvictimismo andaluz (mezcla de vindicación y victimismo) con tres ejes: 1º) la aceptación de una andalu[zo]fobia como estereotipo enemigo contra el que hay que luchar;[4] 2º) una cuestión andaluza equiparable a la cuestión catalana y 3º) el cultivo de una lengua andaluza escrita.

En la práctica, se trata de un andalucismo en la onda de Podemos más que en el viejo Partido Andalucista. Todo, con esa vaga pedantería de estirpe universitaria que, al final, pagamos todos: la pública, a través de impuestos.

Pasen y lean i y ii (tiempo estimado 20 minutos).


[1] Medios afines: Argia, Café en Andalú, Directa, El Paseo, El Salto, El Topo, Feminópolis, La Marea, La Voz del Sur, Secretolivo. Webs personales: Antonio Aguilera, Antonio Manuel Rodríguez, Antonio Orihuela, David Florido, Gruñido RRR, Ibán Díaz, Isidoro Moreno, Jacinto Gutiérrez, José Luis Tirado, Miguel Santiago, Óscar García Jurado, Susana Moreno.

[2] Ella se presenta así: Licenciada en Farmacia. Dedicada a salud comunitaria. Activista andaluza estepeña.

[3] Antropólogo, Profesor en la Universidad Pablo de Olavide y miembro de la Plataforma Andalucía Viva.

[4] Muestra de andalufobia pudo verse en la campaña #yohabloandaluz.


Portal Andalucía.org

[i] Por mis muertas, por Carmela Borrego

Hace unos tres años comencé un Máster sobre feminismos donde participan la Autónoma de Barcelona (UAB) o la Universidad de Barcelona (UB), entre otras. Poco a poco, fui sintiendo una incomodidad, o más bien una sensación de lejanía, con muchas teóricas feministas que leíamos. No era que no hablaran cosas interesantes, sino que sentía que ni mi historia de vida ni la de mujeres de mi entorno quedaban reflejadas en esos textos. ¿Qué tenía que ver La mística de la feminidad que hablaba de mujeres aburridas en sus casas de cristal, con mi madre que no para quieta y lleva bregao lo que no hay en los escritos? El mayor detonante de esta sensación fue cuando en una asignatura llamada Historia de las Mujeres me pidieron un trabajo sobre mi madre y mis abuelas. Cuando comencé a dialogar con ellas me di cuenta que para mí era necesario nombrar el territorio andaluz y su idiosincrasia. Pues, sin él, las historias de vida de estas mujeres de mi familia se quedaban como desarbolás, como sin raíces y sin memoria. Y fue así como tirando y tirando del hilo de las narrativas de mi madre y mi abuela, descubrí el proyecto de Mar Gallego Como vaya yo y lo encuentre, que me impulsó a confiar en mis sentires. A este trabajo lo titulé Las Mujeres de Lorca y fue el principio de un camino hacia mis entrañas. Después de investigar sobre las mujeres de mi familia y sentir que Andalucía vertebra unas experiencias concretas que eran urgentes nombrar, decidí hacer mi TFM sobre feminismo(s) andaluz(es). Para ello, el proyecto fue planteado como una Investigación Activista Feminista. Esto básicamente quiere decir que mi mirada hace que la investigación sea realizada y relatada desde un lugar concreto. Vamos, que no es lo mismo que mire yo a mi madre o a mis vecinas a que venga un tío de Inglaterra a nombrar lo que sentimos. Y esta investigación pretendía hablar desde un lugar y de una posición parcial que ansía entrar en diálogo con otras subjetividades para generar red desde el pensamiento crítico. Mi pregunta era ¿por qué cada vez somos más las que necesitamos nombrar Andalucía para articular nuestras reivindicaciones? Por eso mi TFM nace de mi cuerpo propio, de mi sentir situado, de miS fluidoS, de mi vulnerabilidad y mis miedos. De mi necesidad de encontrarme con otras posiciones, de encontrar esa parcialidad que hace la vida más rica y cuestionar ese feminismo que se cree objetivo pero que niega las experiencias de LXS OTRXS. Todo esto, sin caer en la creencia de que el feminismo andaluz es un feminismo decolonial; como mucho, intentando ser aliada, casi ná. Para ello invité a una serie de subjetividades para que participaran con sus voces. Como producto final, salió un texto de investigación (mi TFM) y una femzine donde se recogen los aportes de las personas que con sus sentires me ayudaron a sacar adelante este trabajo titulado Salmorejho Majhao. feminimo(s) andaluz(es) colectivo(s). Pero nombrar el mundo desde la crítica y señalar los sesgos que el propio feminismo posee genera incomodidad y recelo. Y así pasó al llegar a la defensa de mi TFM, hace ya más de cinco meses. Una de las tribunales que iba a evaluar mi trabajo, la Dra. T.T.M. (hablaré de ella así, aconsejada por mi queride amigue mayorquine, pa no exponerme más de la cuenta) desde su posición de académica burguesa sintió que su trono se tambaleaba al poner sobre la mesa la invisibilización que el feminismo hegemónico blanco burgués genera hacia otras formas de hacer saber y la violencia que esto conlleva. Así, atacó de la forma más soez y rastrera no solo a mi trabajo, sino a mi ser, a les participantes y a mis ancestras. Se rió de mis muertas en mi cara. Porque mientras yo hablaba de la necesidad de nombrarnos desde Andalucía para poner en valor a nuestro linaje de mujeres, ella se reía. Literalmente, se reía burlonamente mientras la foto de mi abuela, ya muerta, era proyectada detrás de mí en una diapositiva. Se rió, literalmente, cuando hablé de las mujeres que las personas que participaban en mi TFM habían nombrado como referentes feministas: Lola Flores, La Paquera, Fernanda y Bernarda de Utrera, Lole Montoya, nuestras madres y nuestras abuelas. Se burló de ellas, o sea, se rió de mí y de mis muertas. Y eso pa una andaluza es tocarle mucho el coño. Me amenazó con suspenderme, porque esas mujeres carecían de rigor académico, y según ella en palabras literales: No podían ser referentes de nada. Negó y llegó a cuestionar a las mujeres gitanas andaluzas que con voz activa participaron en mi investigación, diciendo que no era necesario hablar de feminismo gitano ni de feminismo andaluz. Y llegó a infantilizarme de tal manera, que negó mi experiencia como investigadora, diciendo que yo no había leído mi marco teórico y que todo lo que yo había relatado en mi narrativa era fruto de mi desvarío de mujer joven. Me llegó a preguntar por qué quería yo hacer ciencia, con ese desdén que me es tan conocido que desprenden los señoritos aquí en Andalucía. Ese ¿Por qué quieres hacer ciencia? que en realidad quiere decir: Cállate que tú no sabes. En ese momento, la ansiedad me llegó desde las entrañas tambaleando lo más profundo de mis raíces. Una pena mu honda que me era conocida inundó mi cuerpo porque se repetía por los siglos de los siglos. Un sentir que me era cotidiano: la cacique señorial burguesa riéndose de una mujer de pueblo humilde, de barrio y empobrecida por este mundo capitalista. La andaluzofobia histórica impactando fuertemente contra mis carnes, como siempre. Porque ella tenía el poder y yo tenía que callarme. Como siempre, la andaluza solo sirve para el baile, pero no sirve para hablar de su baile ni de ella misma. El nudo en el estómago llegó con la foto de mi madre y de mi abuela (ya muerta) proyectada tras de mí, recordando de dónde vengo, de una Andalucía que ha tenío que callarse por miedo a las represalias. Vengo de unas antepasás que han tenío que servir al cacique con la cabeza agachá. Provengo de una historia arrancada de su memoria y que cuesta que se haga recuerdo. En ese instante, me vino el dolor al sentir ese linaje y ver cómo en otro entorno el caciquismo burgués usaba las estrategias históricas de doblegación hacia las andaluzas. Y allí morí por un momento, por saberme humillada bajo las mismas dinámicas y los mismos discursos que los que humillaron a mis muertas. Sin embargo, aquí estoy creando. Las raíces del olivo son demasiado profundas para ser arrancadas. Querida Dra. T.T.M. (y todo tu séquito): el silencio se ha roto. Quizá en ese momento creíste que tu odio hacia las mujeres que alzan la voz contra el despotismo del feminismo académico burgués iba a poder conmigo, que iba a poder con nosotras. Pero la medalla de la Virgen del Carmen que llevaba mi abuela el día de su muerte, y que ahora cuelga de mi cuello, me recuerda que, a pesar de todo, pese a tus intentos de callarme, ese día comenzó en cierta forma mi venganza. Una venganza que nace desde el amor más profundo a las mujeres que mecieron mi cuna. Y quién sabe, si ese día que tú intentaste humillarme con las mismas estrategias con las que los señoritos humillaban a mis muertas, mi abuela vino a susurrarme al oído todo lo que luego pude contestarte. Aunque luego llorase lo que un río no puede contener, ese día pude contestarte: Tú nos estudias como objetos, nosotras venimos a nombrarnos como personas. A pesar de tu intento de callarme sustentado por el silencio de la academia, aquí estoy con esta femzine sobre Feminismo(s) Andaluz(es). Porque existimos y porque otros lugares de hacer saber son posibles fuera de las dinámicas violentas que ejerce cierto sector de la academia. A pesar de tu intento de silenciar nuestras voces que hacen tambalear tu trono (creado con las miserias de les otres), aquí estamos y estaremos nombrándonos desde nuestro sentir. A pesar de que toda la burocracia académica haya intentado protegerte, aquí estamos nosotras con los brazos bien abiertos y con el pecho pleno para nombrarnos. Aquí estamos después de tanto llanto para decirte que el feminismo andaluz desde su diversidad, sus saberes y sus contradicciones ha venido para quedarse. Por mis muertas.

El Salto.com

[ii] Rocío: El ritual de una madre sagrada, por José Carlos Mancha

“La Birhen del Roçío/ no êh obra umana;/ que bahó de lô çielô/ una mañana./ Eço çería/ pa çêh Reina y Madre/ de Andaluçía” (Popular sevillana de Muñoz y Pabón de 1919. Propuesta de andaluz escrito EPA.)

Estas semanas atrás habríamos experimentando cómo desde algunos medios de comunicación centrípetos se hubiera narrado la romería del Rocío. El relato nos mostraría el reflejo de una sociedad catalogada de ‘fanática’, ‘fundamentalista’ y ‘primitiva’, coadyuvando al incremento de los estereotipos producidos por la andaluzofobia para mantener el statu quo de subordinación y dependencia económico política de nuestro país en el seno del Estado español. Se tomaría el Rocío como la síntesis de lo que, para muchos españoles (tanto conservadores como progresistas) supone Andalucía: una región de vagos, gentes rurales que hablan mal, fanáticos del catolicismo y que siempre están de fiesta y (ahora con la emergencia del animalismo) que maltratan a sus animales. Esa mirada sobre este hecho social que tiene lugar en Andalucía contiene una alta dosis de xenofobia, clasismo y paternalismo; pero, sobre todo, es una mirada reduccionista, simplista y unidimensional. La Andalucía de nuestros días es una sociedad con uno de los índices más bajos de práctica sacramental católica de todo el Estado. Sin embargo, la masiva participación en fiestas y rituales de religiosidad popular parece un paradójico contrapunto a esta realidad. Esto se debe a que esos rituales no sólo pueden ser explicados desde una óptica religiosa, sino, por encima de ella, desde una óptica identitaria. Quien se acerca al Rocío y a otras fiestas religiosas populares y sólo ve un acto religioso es como si estuviera ante un rico y diverso escenario con múltiples representaciones y, únicamente, focalizara su mirada en una de ellas. El Rocío es un ritual festivo popular reflejo de la(s) comunidad(es) que lo celebra(n); un lenguaje sobre la realidad, una construcción sociosimbólica de la misma, en la que se pueden observar procesos históricos, sociales, políticos, ideológicos y los conflictos acaecidos en una comunidad concreta, expresados en un nivel simbólico. El Rocío es un fenómeno exponente de lo que diversos científicos sociales han denominado glocalización. Se trata de un constructo conceptual en el que se sintetizan las dos dinámicas que gobiernan en la actualidad el sistema mundo: la globalización y la localización. La glocalización consiste en la activación de identificaciones colectivas de los pueblos-naciones, etnias, sectores sociales subalternos y todos aquellos grupos que se definen en torno a ideologías y valores de tipo cultural (localización) en contestación a los efectos de homogeneización cultural producidos por la globalización (Moreno Navarro y Agudo Torrico, 2012). Con este tipo de rituales, las comunidades mantienen un arraigo, una identidad colectiva, elementos que los significan ante el avance perverso de un movimiento que busca imponer una única cultura, unificadora del mundo occidental contemporáneo. Es, pues, un elemento de resistencia identitaria, donde se expresan diversos modelos representativos de la cultura donde el ritual tiene sentido: la andaluza. A pesar de que en la Andalucía contemporánea la práctica sacramental esté descendiendo, esto no quiere decir que la andaluza sea una sociedad secularizada o en proceso de secularización, sino en proceso de laicidad, como todas las sociedades ancladas en el paradigma de la modernidad. Estoy de acuerdo con el análisis que hizo Isidoro Moreno (2003) sobre la modernidad. Ésta se caracteriza no por ser un tiempo de secularización, esto es, de desacralización, sino un espacio tiempo de fragmentación del ámbito de lo sagrado. La misma se compone de diferentes sacralidades: los dioses o diosas religiosas, la diosa razón, el Estado Nación, la historia como teleología, etc., sobre las que reina el Mercado como absoluto social central, como sacro primus inter pares, subsumiendo, en ocasiones, en su lógica a las otras sacralidades. Además, para entender el complejo fenómeno del Rocío desde una perspectiva religiosa, considero que se debe analizar desde las lentes que nos proporciona el concepto de religiosidad popular. Se trata de un conjunto de creencias y prácticas de carácter mágico religioso colectivo y vivenciales situadas en los márgenes de la oficialidad institucional eclesiástica, donde tienen lugar una multitud de expresiones festivas, sensuales, orgiásticas, ideológicas, identitarias, emocionales, ecológicas, etc., donde las comunidades expresan la trascendencia y su memoria colectiva; prácticas que no son directamente sancionadas por la Iglesia católica ni totalmente controladas por ella. Sin embargo, la religión oficial y la popular se complementan bajo un delicado equilibrio de legitimidad, produciendo un complejo ritual híbrido constituido por una doble condición oficialista y popular. En este sentido, el Rocío sería lo que Marcel Mauss denominó un hecho social total. El Rocío es un lugar de peregrinaje originado por una hierofanía, es decir, por la aparición de un objeto sagrado: la virgen. Geográficamente, está situado en un cruce de caminos entre las costas de Huelva y Cádiz, el Aljarafe y el Condado de Niebla, comarcas que conforman su histórico territorio de gracia. La aldea supone un lugar central de un espacio biocultural singular donde históricamente se han producido tensiones y disputas entre las poblaciones limítrofes al coto de Doñana por el control de los recursos y la reproducción de rituales. Pero, a su vez, se trata de un lugar de frontera con la naturaleza percibida como virgen (Moreno Navarro, 1995); naturaleza virginal simbolizada en el icono cultural de la diosa madre que adquirió la advocación del lugar; primero, de las rocinas y, con posterioridad, rocío. En torno a este icono religioso identitario ecológico se han desarrollado diferentes conflictos históricos, siempre de forma latente y expresados en el plano simbólico. En estos conflictos se deben destacar la secular tensión entre los pueblos de Villamanrique y Almonte por el control simbólico del icono; los seculares conflictos de las clases populares con las instancias eclesiásticas; el nombramiento de la virgen como patrona almonteña en contestación a la imposición del ducado de Medina Sidonia de que en las poblaciones de su dominio lo fuera la virgen de la Caridad; las distintas instrumentalizaciones que, desde el siglo 19, sobre el icono han fraguado las ideologías políticas nacionalcatólicas y su utilización para la legitimación de todo tipo de sucesos o, incluso, regímenes políticos, así como la criminalización de otros. Sin embargo, por encima de todo, pienso que la virgen del Rocío es el icono símbolo del territorio de la marisma y el coto de Doñana. La disputa por ese ecosistema se ha reproducido histórica y simbólicamente a través del icono de la virgen. La defensa que de ella hace Almonte es una defensa de su primacía sobre esos terrenos, simbolizada en la legitimidad y el privilegio que sólo ellos tienen sobre la imagen mariana. De ahí esa actitud de posesión que tanto fascina al mundo moderno y tan criticada es por todo tipo de corrientes de pensamiento, tanto (ultra)conservadoras como progresistas. Esto debe entenderse desde una perspectiva simbólica y, la antropología, puede servir para la comprensión de esos hechos.

Para quien no la conozca, la romería del Rocío es un ritual que se estructura en cinco actos. El primero de ellos es lo que se denomina hacer el camino, un tránsito de peregrinos desde la localidad donde radica cada hermandad hasta la aldea del Rocío, que se realiza a pie, a caballo o sobre un carro tradicional, acompañando a un simpecado colocado en una carreta que es tirada por los animales tradicionalmente utilizados para las labores ganaderas y agrarias principales de la localidad de origen, normalmente, bueyes o mulos de carga. El segundo acto es la recepción y presentación de cada una de las hermandades ante la virgen, donde, por orden de antigüedad, las carretas con los simpecados son recibidas por la hermandad matriz de Almonte, la jerarquía eclesiástica y algunas autoridades civiles, representantes de los poderes que controlan la organización del ritual. El tercer acto es la misa de romeros, a la que asisten los representantes oficiales de las hermandades con los simpecados, siendo el único rito en el que detenta cierto protagonismo la jerarquía eclesiástica. El cuarto acto es el rosario cantado, realizado por el conjunto de las hermandades, que parten desde un punto concreto de la aldea hasta la ermita. Tras éste, tiene lugar el quinto, último y trascendental acto de la romería, lo que Fernando Ruiz Vergara denominó frenético acto de posesión del icono privilegio de los almonteños, con el que da comienzo la anárquica procesión de la virgen del Rocío por las calles de la aldea visitando a cada una de las hermandades. El final de la procesión supone la conclusión de la romería, partiendo cada hermandad en un camino de vuelta a sus localidades de origen.

En la procesión se vivencian emociones intensas: se gritan vivas, se canta, se tocan las palmas, se abraza, se reza, se pelea por coger el paso de la virgen. Entre varias personas suben a los sujetos impedidos físicamente para enfrentarlos a la deidad femenina que todo lo puede; vuelan los niños entre las miles de cabezas arremolinadas en torno al paso para que toquen el manto protector de la fértil diosa. Se llora, se bebe, se suda, se disputa, se disfruta y se siente hondamente en una especie de catarsis colectiva en la que todos los participantes se funden y se confunden. Todo ello, siguiendo la lógica de los estudios sobre la magia contaminante realizados por Frazer, según la cual, las cosas que se ponen en contacto con el objeto sagrado mantienen su influencia una vez separadas. De ahí las prácticas de tocar a la imagen, su paso, sus flores, su ajuar o todo tipo de elemento que haya estado en contacto permanente con ella. Durante los días que dura la romería, se (re)produce todo un imaginario colectivo que sintetiza la imagen de una Andalucía tradicional, en un claro ejemplo de lo que el historiador británico Eric Hobsbawm denominó invención de la tradición. Se pasea a pie, montando a caballo o en carros tirados por mulos; se conquista una aldea con viviendas de tipo rural y cuyas vías son arena; se visten los trajes de flamenco típicos que identifican a Andalucía: el traje corto con sombrero para los hombres y el traje de gitana, de flamenca o de faralaes para las mujeres. Este elemento de arreglo se denomina así por ser el traje de gala de las ocasiones festivas de múltiples ferias y romerías andaluzas y que, como bien ha definido etimológicamente Antonio Manuel Rodríguez, procede de los conceptos árabes farah (alegría) y libss (vestido o traje): farah libss, traje de la alegría que, en Andalucía, es el vestido de irse de farra, de irse de feria (ambos conceptos también ligados a la alegría, al término farah). Es el traje de flamenca (falâh mankûb): falâh significa campesino‑a y mankûb significa marginado‑a, desahuciado‑a o desposeído‑a. En definitiva, el traje de la alegría de la campesina marginada. Todo esto supone, pues, la inmersión en lo que Bajtin denominó carnavalización: la producción de una (contra)cultura apartada de la reproducción de los valores ideológicos dominantes, rompiendo efímeramente con ellos y con sus rígidas estructuras y jerarquías sociales. Se trata de un mundo al revés, de una subversión del orden social a través de una fiesta de vida, de abundancia compartida, báquica, orgiástica y liberalizadora que debe ser interpretada como una exaltación gozosa del existir y de la búsqueda de la felicidad. El salto a la reja, acto de apropiación del icono, supone un discurso simbólico en el que, ante tantos participantes foráneos, los almonteños manifiestan que sólo a ellos corresponde el derecho de poseer y portar a la imagen sagrada. Isidoro Moreno lo ha interpretado como un robo y una inversión simbólica de roles en la que, múltiples jóvenes de Almonte, en su mayoría representantes de clases populares, reivindican rebelde y violentamente que a ellos corresponde la protección y el control sobre el objeto sagrado que simboliza a la marisma (la reina de esas marismas) y a la madre diosa de la fecundidad dadora de vida (la madre de dios, la blanca paloma); objeto sobre el que se sustenta el poder simbólico y comunitario del pueblo de Almonte. Pero esta acción simbólica se trata de un manifiesto evanescente, una socialización del poder que sólo dura unas horas ya que, durante el resto del año, el control del símbolo es detentado por las autoridades de la hermandad, el clero y las distintas élites políticas. El Rocío es toda una dramatización ritual, reflejo de un proceso histórico que debe ser leído en clave simbólica; un híbrido, una superposición de múltiples visiones, funciones y significados que dan lugar a un todo contracultural, inconexo, anárquico, difícil de analizar y percibir. Pero todas esas visiones se concentran en un único icono, enigmático y polisémico. La fiesta que se le tributa (la romería) es un complejo ritual vinculado con la primavera y la reproducción de la naturaleza, que se simboliza en el icono de la mujer exaltada como reproductora de la vida. Esta adoración hacia la figura femenina materna puede hincar sus raíces en la especial atención y culto que recibieron diversas deidades precristianas (Astarté, Tanit, Artemisa, Afrodita, Diana o Venus) en lo que hoy es Andalucía. Lo que se refleja en el icono de la virgen del Rocío y su romería es una suerte de matrifocalidad simbólica que ha sido traspasada al terreno de lo religioso. Esa virgen es paradigma de nuestra rica religiosidad popular, de nuestra etnicidad, de nuestra manera de comprender y simbolizar los procesos ecológicos. Porque esa virgen simboliza todo eso a la vez, todas esas significaciones, que son expresadas al modo de la cultura vernácula de Andalucía. Es el símbolo de la madre en sus diversas significaciones. La madre de un dios, del dios hombre en el sentido cristiano católico. La madre del pueblo, de los hijos del pueblo, es decir, la madre de la patria (la matria). La madre naturaleza, diosa ecológica de la fertilidad y la fecundidad, que simboliza esas marismas virginales donde habita. La madre que es reproducida, en todos estos sentidos, por muchos andaluces que emigraron, vinculándolos a nuestro país, aunque estén ausentes. Ella simboliza la mater Andalucía.

flaca.

Si me necesitas silba foto Belfast Boy

Yo llamaba flaca a mi novia pero cedí el epíteto a un hijo mío que se religó (de religare, religión) a otra flaca más flaca que la mía. Para mi generación la flaca por derecho fue Lauren Bacall («Si me necesitas, silba», en la foto), a ojos de Hollywood y de Humphrey Bogart desde Tener y no tener (To have and have not, 1944), de Howard Hawks, Faulkner y Hemingway.

Lauren Bacall &amp; Humphey Bogart

Después del cine, vinieron las canciones. [Por un beso de] La Flaca, de Jarabe de Palo, 1996, 2 millones de copias vendidas, y poco después Flaca [no me claves tus puñales], de Andrés Calamaro, 140 millones de ventas.

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Igual que ocurre con otros adjetivos, como zorro/zorra, no es lo mismo ser o estar flaco que flaca. En andaluz, se prefiere canijo/canija, resueltos en el más breve y multiuso cani (de barrio), antónimo de pijos de Nervión, Los Remedios y Centro de Sevilla.

Desde el siglo 13 en nuestro idioma, flaco viene del latín flaccus, ‘flojo’, ‘flácido’, y se ha incrustado en frases hechas o casi como “a perro flaco, todo son pulgas”, flaco favor, flaco servicio, vacas flacas, flaca naturaleza humana. Un refrán ya en desuso decía La flaca baila en la boda, que no la gorda [por la delgadez asociada a la agilidad de movimientos]. En los repartos del español, donde más se usa flaco,a es en España (33,78%), México (12,78) y Argentina (12,55); y más en ficción (71,46) y sociedad (23,27) que en salud (2,28) o ciencia (1,14), lo cual es buena señal.

En varón, el flaco más famoso fue el poeta romano Horacio, Quinto Horacio Flaco (años -65 / +8). Ya es curiosidad que un verso del Horacio español, Fray Luis de León (1527-91), en su Oda a la vida retirada, estrofa 13, el verso que dice “los que de un falso leño se confían”, aparece en WordReference: “los que de un flaco leño se confían”.

En literatura, tenemos flaca desde Garcilaso (h.1500-36), flaca parte, flaca tristeza, Teresa de Jesús (quien se veía a sí misma “flaca y pobre de obras”), Quevedo (Canción a una mujer flaca), Góngora o Baltasar de Alcázar. En Lope de Vega (1562-1635): “Cuatro efes que tendrás: fría, fea y flaca serás”. Y el mismo en La Dorotea: “Ante el sepulcro de una dama muy alta y muy flaca dixo el maestro Burguillos: Doña Madame Roanza tan alta y flaca vivía, que mandó su señoría enterrarse en una lanza”. Un endecasílabo de autor menor dice: “Dama y ansiosa, fea, flaca y fría”. Y en el 19 hubo una revista satírica que se llamó La Flaca (entre 1869 y 76).

Ahora que ha muerto Pau Donés y hay quien enflaquece su obra y su figura por no haber cantado en catalán, no está de más recordar que un idioma es más grande cuanto más grandes son sus rivales o alternativas. El mérito de Pau Donés es haber sonado andaluz de Jerez de la Frontera y dado a la flaca un valor añadido.

Otro día hablamos de la expresión jarabe de palo, que para nosotros es una didáctica del tipo quien bien te quiere te hará llorar o la letra con sangre entra, es decir, algo que nos avisa o corrige por nuestro bien, y no una simple amenaza.

enlaces:

La flaca, por Natalia Souto

–por Astrid Meseguer

créditos fotos: 1. Belfast Boy, 2. Colección Bacall & Bogart. 3. Lagartija por Benito Moreno

academias, galicismos y malos poemas.

lebrato en el diccionario

«Hay voces críticas que censuran el hecho de que haya una institución encargada de recomendar usos, registrar palabras o prescribir normas ortográficas. El ejemplo más evidente lo vemos en la lengua inglesa: no hay una institución oficial que regule el idioma, pero sí obras descriptivas como el Oxford English Dictionary (OED) o el The Merriam-Webster Dictionary, este último para el inglés americano. No hay academias ni académicos, sino diferentes instituciones –editoriales, universidades– que publican obras de carácter descriptivo. Un caso semejante, aunque con academia, es el alemán; diversas instituciones, como la Academia Alemana para la Lengua y Poesía (Deutsche Akademie für Sprache und Dichtung) o el Consejo para la ortografía del alemán (Rat für deutsche Rechtschreibung), se encargan de regular el estándar lingüístico de la lengua alemana: su diccionario de referencia es el Duden, publicado por primera vez por Konrad Duden el año 1880.» (Rubén Conde Rubio, 14/08/17)

En el caso de la RAE habría que plantearse 1º) la necesidad de una autoridad lingüística que mande en nuestra lengua, visto (y 2º) el trato desigual que la Academia da a unos usos y a otros. Casos evidentes: el vulgarismo como etiqueta de clase alta contra la baja y la masculina reacción académica contra el lenguaje coeducado (dicho también de géneros o inclusivo).

La Academia flojea desde el principio (año 1713) por parcial ante los dialectos del sur (o modalidades meridionales) y por galicista en general como obediente a la lengua francesa que trajeron y pusieron de moda las casas reales de origen francés: Borbón, Borbón-Dos Sicilias, Montpensier.

Es por eso que la Academia no censura el Es por eso que que acabo de utilizar, calco del C’est pour ça que, en lugar de Por eso, que tan bien nos vendría para ganar la batalla de la economía del lenguaje, ahora que el conteo de caracteres tiene que ver con lo bueno, si breve, tres veces bueno en competición digital entre lenguas sintéticas y cuanto más efectivas. Y cuando oigan o lean a ti te quiero no duden que a ti está sobrando. Por mucho que la Academia calle y otorgue.

Otro gremio que hizo mucho daño al idioma fue el de los malos poetas o el de la mala poesía. Pueden leerlo (son 10 minutos) en el suplemento Cáncer de estilo donde se demuestra con citas reales lo que una literatura francamente mejorable hizo y deshizo con tal de cuadrar las sílabas métricas que se le pusieran cuesta arriba.


yo hablo andaluz.

#yohabloandaluz

A estas altura de la película, la campaña #yohabloandaluz carece de sentido. ¿Os imagináis campañas #ispeakenglish, _scottish, _wells, _irish, _american, o #jeparlefrançais? ¿No os parecería nacionalismo lingüístico o, en todo caso, redundancia o arrogancia innecesaria, eso que se dice bajo el latinismo “excusatio non petita, acusatio manifiesta”? [1]

Otra cosa sería que, por falta de hablantes, mi andaluz estuviera en peligro y la campaña viniera a protegerla como se protegen espacios naturales o especies protegidas. [2]

Y otra tercera posibilidad, la que parece más cierta: el encaje de mi andaluz en el mapa de lenguas del Estado. Apuesto que por ahí van los tiros. Tiros no: tiritos: de un Pérez-Reverte (¿a qué hacerle caso?) a una María Jesús Montero (¿a qué votarla?).

Porque la mala conciencia del andaluz hablado no existe. [3] Dejó de existir desde que andaluces con relevancia en la escena nacional (Clavero Arévalo, Soledad Becerril, Felipe González, Alfonso Guerra, Ave Sevilla Madrid, Expo 92) pusieron el andaluz hablado en los atriles de la política, telediarios, tertulias, espectáculos; y, de ahí, a las aulas. Bilingüismo o diglosia: en una situación hablo castellano español estándar y, en otra, el andaluz que me sale del alma.

Esa normalización empezó con el ministro Clavero allá por 1976 y se pudo dar por culminada en 1992, cuando el andaluz hablado no solo no estuvo mal visto (mal oído, habría que decir) sino con prestigio o soberbia frente al castellano ¿fino? y ¿bien hablado? de Valladolid.


Quien, por edad y juventud, el año 76 o 92 le pille un poco lejos, piense en adelantamientos (o sorpasos) lingüísticos que sí han vivido:

En el dominio hispánico, el sobreaprecio del voseo del vos, traído a España por voseantes de alcance (Les Luthiers, Jorge Drexler, Héctor Alterio o Ricardo Darín) que no tardaron en verse imitados por peninsulares endeblillos culturalmente pero subidos al carro de la fama, pura imitación que, como toda, es ridícula y afectada.

En el ámbito de lenguas universales, todavía estamos (y lo que nos queda) en pleitesía con el inglés, sobre todo en ramas de comunicación o de servicios de no mucho fuste. Donde ya estábamos hechos a ir de camping, por acampada, o al parking, por aparcamiento, vinieron bullying, clearing, coaching, consulting, contouring, copyediting, coworking y la madre que las parió:

crowdfunding, ecomarketing, editing, factoring, fracking, leasing, mailing, merchandising, mobbing, planning, rafting, roaming, streaking, training, vending, windsurfing o zapping. Se acabó la España de la fiambrera: ¡todo el mundo al táper!

El mismo *podcast (de cast, ‘emitir’ + iPod: aparato que cuesta reconocer como de uso de masas) se ha quedado entre nosotros habiendo audio o vídeo o en diferido, frente a en directo; o, como mal menor, optar por post, postcast, con un cast ya familiar en el sentido de ‘reparto’ como en the cast de los créditos finales de las películas.


¿Qué se demuestra? Que hay gente que sigue haciendo de su lengua o su habla un factor de distinción o un rasgo de prestigio y eso conduce al desprestigio del otro o de su otra lengua. Déjenlo ya. Hablen sin reparo ni rubor la lengua que aprendieron, la lengua que les corre por las venas y que por la teta les fue de madres y abuelas, pero tampoco presuman de idioma. De mérito sería hablar andaluz un nacido en el Polo Norte, pero ¿en Andalucía?

En #yohabloandaluz mi diagnóstico es (frente a Jesús Jurado, flamante politólogo [4]) que Andalucía, otra vez, ni come ni deja comer. Donde hay regiones de bilingüismo en lucha a base de enfrentamientos con el centralismo lingüístico del franquismo y de la democracia de Madrid…, donde aún luchan #jo parlo català # Euskaraz hitz egiten dut, # yo falo galego…, ahora resulta que ¡yo hablo andaluz!

El andalucismo se demuestra militando y el andalucismo militante no se ve por ninguna parte. Dígalo, si no, el desaparecido Partido Andalucista (1976-2015). Ahí os quiero ver, yohablantes andaluces: dando impulso a vuestra identidad y apoyando identidades propias y ajenas, por sí y por la humanidad.

Otro día vemos ventajas e inconvenientes del andaluz como lengua hablada y escrita. Terminamos con Bécquer, rima 60:

Mi vida es un erial:
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.

Se aceptan versiones poniendo:

lengua donde mi vida

se descojona donde se deshoja

y andaluz tan fatal.

[1] Para el #yohabloandaluz, podría entenderse del revés: Quien se afirma y toma fuerza como andaluz parlante es porque su conciencia hablante necesita afirmarse o parecer fuerte cuando no lo es.

[2] Según InfoIdiomas, podrían apuntarse ustedes a las siguientes campañas (si no es demasiado tarde): #yohablo taushiro o pinche (al Norte de Perú), #yohablo kaixana (Brasil, río Japurá), #yohablo tanema (Islas Salomón), #yohablo lemerig (Isla Lava, Océano Pacífico) #yohablo chemehuevi (EEUU), #yohablo njerep (Nigeria), liki (Indonesia), el ongota, el dumi o el chamicuro.

[3] [eLTeNDeDeRo] 24/04

[4] ¿No hablábamos de oficios hinchados, artificiales? ¿No da que reír una tarjeta de presentación que diga Fulano de Tal, politólogo? ¡Lo que no inventen! Veremos cuánto politólogo sale con vida del coronavirus.

cáncer de estilo 2020.

Daniel Lebrato en La Corte del Rey Bobo
Casa Rafita, en homenaje (23/04/20)

CÁNCER DE ESTILO 2020 | resaca para el día después del Día del Libro

cáncer de estilo

Parece que Hipócrates fue primero en utilizar el término carcinos (relativo al cangrejo), del griego karkinoma. El cáncer de estilo es el resultado de dos procesos sucesivos: por un lado, el aumento de una obra mala (por proliferación de vicios tumorales, o neoplasia) y, por otro, la incapacidad de instituciones docentes y literarias frente a una obra defectuosa que coloniza y prolifera en otras, público y crítica, proceso conocido como metástasis.

estilemas y estilomas

Partiendo de un mismo sufijo griego, –ema y –oma desarrollan sentidos opuestos, son antónimos: el orden y el desorden, el cosmos y el caos. En lingüística, –ema se ha generalizado en sustantivos como lexema, fonema o tonema, por cercanía con tema, sistema o poema, que ya existían. Fernando Lázaro Carreter, en su Diccionario de términos filológicos (1980), incluye el estilema [15 mil resultados en Google] para definir los rasgos constantes característicos de un autor, lo que nosotros preferimos definir como la “unidad mínima reconocible del estilo de un autor o de una obra, de un género, de una época o de un movimiento literario”. En los pleitos por plagio, el estilema alcanza un valor pericial y probatorio para el cotejo entre textos.

Por su parte, la medicina patológica ha tomado la terminación ‑oma como nuevo sufijo con el significado de tumor: fibroma, papiloma, sifiloma. Finalmente, esa patología, aplicada a la estilística, nos daría el neo/tecnicismo estiloma. El estiloma puede comenzar de manera localizada en un mal hábito, por ejemplo, el galicismo es que de es que no quiero, en lugar de no quiero, y construcciones circundantes: es por eso que, fue entonces cuando, fue allí donde, es así como. O el polisíndeton antes *de que, en vez del antes que de la canción y película Antes que amanezca; como fue en Góngora (1582) “antes que lo que fue en tu edad dorada”. Al final (lo bueno, si breve) se trata del habla mejor por el camino (la lengua) más corto. Se ha criticado el dequeísmo como último caso de polisíndeton, pero el fenómeno remonta al castellano del Siglo de Oro hasta aquí sin que parezca que tenga remedio, más bien la Academia autoriza y da vía libre, acaso porque la primera mala compañía que se echó el castellano fue el francés que vino de la mano de la Casa de Borbón y, con los Borbones, la propia Academia. Hoy, que el conteo de palabras y la ley del mínimo esfuerzo, frente al inglés y taquigrafías digitales, de pronto adquieren un valor económico (de economía de lenguaje), acaso el castellano rectifique y espabile y se deje de tanta pamplina como le han ido echando encima. Con *asterisco las formas desaconsejadas:

enclititis, seísmo o hiperatonía. Grado extremo de rechazo a los pronombres átonos independientes. Dícese de quien usa dícese en vez de se dice, grado agudo de la enclisis (del griego, ‘inclinación’): unión de una o más palabras átonas, a otra tónica que las precede. La enclisis puede ser norma (obligatoria): dímelo, tráeselo, o voluntad de estilo: *dígote, *hablásteme, *usábanse. Es oír hablar enclítico, y darnos la risa tonta. Trastorno inverso, pero también arcaicista, sería *nos dar en lugar de darnos. Son trucos que empleamos para imitar el castellano antiguo. La mejor parodia de estos usos la vimos en La venganza de don Mendo (1918), de Pedro Muñoz Seca. Lo curioso de la enclititis moderna es que conjuga solo por la tercera persona, pronombre se, lo que se llama seísmo: *comprometiose, *riose, *santiguose. El caso más gracioso y extendido de seísmo es *díseselo, donde el segundo se no cumple función.

Quienes hoy por adorno practican el seísmo, parecen ignorar que hasta el 98 (y particularmente hasta Pío Baroja) la enclisis recorría los tres campos personales (mal llamados personas verbales)[1] y se daba también en primera y en segunda persona: *dígasme, *dígote, *dígolo (con sus plurales), *escucholo, *asomose, *llenábase. O sea, que el seísta ni siquiera es coherente con el artificio que maneja y creerá que así es como hay que escribir, porque le parezca más fino o porque lo leyó en Luis Cernuda (cernufilia), cáncer de estilo asociado al marfiloma propio de autores que, sobre ignorantes, se tienen por guardianes de la lengua culta o del alto oficio del lenguaje poético.

talcualcuantitis. Uso de tal por como : *tal lengua de fuego (como lengua de fuego); cual por como : *cual alocado obispo; y cuán por qué : *cuán extraño. No se incluye tal cual equivalente a así. Tal cual estaban : estaban así : los encontraron tal cual. La talcualcuantitis es una afectación cuando el estilo no produce los como y los que para el fluir del idioma. Este estiloma afecta a escritores tenidos por clásicos del siglo 20 y, en métrica, puede ser un truco por abreviar las sílabas de un verso.[2]

tal suele alojarse en el corazón: *tal querido (tan querido); cual, en el aparato digestivo: *cual pedazo de pan (como pedazo de pan); y cuán busca su alojo en el recto: *cuán huele. La cirugía es delicada porque las más de las veces el paciente piensa que tal y cual y cuan son muestras de un estilo superior. La metástasis empieza por el sistema versicular y se extiende al tejido prosaico. En estos casos, los originales hay que tratarlos con letroterapia y pasarlos por Ctrl+R, reemplazar, y si aún quedaran restos habría que extirpar el manuscrito, seleccionar todo y tirar, sin miedo a que el ordenador nos pregunte ¿Seguro que desea eliminar este bodrio? Responda Sí y asegúrese de vaciar también la papelera de reciclaje. Últimamente se están logrando avances con injertos de como artificiales y con un régimen que obligue al paciente a preguntarse ¿Qué hay de comer? o ¿Qué comemos hoy? Quien se resista a esta terapia, repita en voz alta Espadas como labios, a ver si puede decir *Espadas cual labios. Pruebe también a chapurrear Como una ola, de Rocío Jurado, cantándolo *Cual una ola, sin que le suene a coreano o coleano. Para la extracción del cuán por qué, es conveniente hablar al paciente muy bajito para forzar la pregunta ¿Qué dices? Si todavía preguntara *¿Cuán dices?, habría que llevarlo de inmediato a urgencias. Contraindicaciones. Durante el tratamiento, no leer a escritores antiguos. Con receta médica.

perofobia. Aversión obsesiva o temor irracional compulsivo a usar la conjunción adversativa pero, habitualmente sustituida por mas, de ahí los nombres que también recibe de hipermasia, masitis o masorrea. No confundir la perofobia adquirida con el mas por pero natural en el habla de zonas rurales, donde es uso dialectal, grato al oído de quien lo escucha en las personas mayores. La logopedia literaria aconseja al paciente, para empezar, sustituir poco a poco mas por empero, aunque cursi, en el camino fonético correcto. La vez que un verso le salga largo de sílabas, ya verá como en vez de empero pone usted pero. Se llama aféresis y está en el vademécum de la retórica desde Aristóteles. Para consolidar el tratamiento, tres veces al día (desayuno, almuerzo y cena) escriba pero. Hágalo cuantas veces pueda y sin forzar la dosis hasta que pero fluya de su pluma o de su teclado con naturalidad. Combine el tratamiento con un refuerzo léxico a base de apero, avispero, campero, chapero, chispero, copero, lepero, pompero, rapero, ropero, sopero, trapero, tripero. Verá que nota mejoría. También le ayudarán sus buenos peros de Galaroza. Delante del pero diga, a la manera de Epi y Blas: Esto es un pero, Me voy a comer este pero, ¡Qué bueno (no cuán bueno) estaba este pero! Inversamente, evite masa, masía, masón.

marfiloma o torremarfiloma. La torre de marfil viene del Cantar de los Cantares, del coro de las criaturas, a la Esposa: “Tu cuello es como una torre de marfil”. Como símbolo del aislamiento del artista y del arte puro, la torre de marfil se usa desde 1837, por el crítico y escritor Sainte-Beuve (1804/69).

Glosario

atónito, a. Como se queda quien lee a víctimas de cáncer de estilo.

clásicofobia. Rechazo a leer a tus clásicos.

cualitis. Cual alocado obispo. Cual meritorio. Cual pequeñas colas.

cuantitis. Cuán pobre impresión. Cuán extraño.

emperitis. Empero, no es esto lo más sorprendente.

errimismo. Era una pulquérrima mujer de pueblo.

escuandismo. Al despedirse es cuando la mujer pronuncia el nombre. Es entonces cuando el hombre se estremece. Fue al atardecer cuando conoció a su amigo.

esdrujulemia. Alto nivel de esdrújulas, que aumentan con la enclititis.

esquienismo. Es finalmente a Equis a quien siempre se asocia.

harripoterfilia. Pasión por bestséleres juveniles de otras lenguas.

literogénesis. presentación, firma de ejemplares y pase por caja.

seísmo. Comprometiose el sacerdote. Púsose a cavilar.

yayaísmo. Ya atónitos, ya confusos, ya indignados.

[1] Mal llamados *personas verbales por cuanto son los campos sustantivos personales (yo, tú, él / este, ese, aquel / aquí, ahí, allí) los que imponen su persona al verbo, y no al revés.

[2] En el heptasílabo “no sepa a camina”, de Bécquer, ese por dónde ya nadie lo usaba en la lengua hablada. No confundir con “Cuán presto se va el placer”, de Manrique, acorde con la lengua de su siglo.

acudid, héroes, a la derrota (sobre el lenguaje de géneros).

platero y yo

No está bien hacer leña de quien viene detrás, por edad o formación. El castellano español de la equis (X) o de la arroba @habiendo el de la -e y otras manerases, quince años después, parque jurásico donde han quedado como fósiles, alumnado o aprendices a quienes un día inculcamos –yo, el primero– el lenguaje de la coeducación (también llamado de géneros, inclusivo o elegetebeí). Ahora es hora de aconsejarles:

 –Quilla: déjalo ya.

Y, sobre todo, a los varones:

–Quillos: dejadlo ya, que ya sabemos que sois feministas declarados.

(Pues toda ideología esconde su soberbia.)

Piénsenlo y repórtense al idioma que aprendieron en el cole leyendo Platero y yo. Porque también Juan Ramón Jiménez, como el venezolano Andrés Bello, como el argentino Domingo Faustino Sarmiento o el peruano Manuel González Prada, lo intentó, lo intentaron, levantando sus estilográficas contra la Academia. Y tampoco pudo ser.

No pasa nada porque fracasaran en el esperimento (como escribiría Juan Ramón). El Yo de Platero y Yo nos sigue encandilando vestido de luto, “con su barba nazarena y su breve sombrero negro que debía cobrar un estraño aspecto cabalgando en la blandura gris de Platero”.

Acudid héroes a la derrota es un precioso título de Carmelo Guillén Acosta (Sevilla, 1955). Y aunque alguien nos aburra a todos y todas con su todos y todas, sus tod@s y todxs, sabemos que algo ha cambiado, y, al menos, lo intentamos, y eso suena a victoria.

/ honor a quienes en su vida
aceptaron sus equis
y murieron por sus arrobas /

Otro día hablamos del castellano de la K, donde parece que okupa ocupa más kontra la sociedad de konsumo.


–enlace a LA NACIÓN.com

5 aportaciones al español de la ‑e


vamos con elles.

el coyote

La España de la @ y de la X, de sobra sabe que la igualdad consiste en enormes cambios, y no meramente lingüísticos. Por el español de la @ y de la X pasó una generación guerrera bien intencionada que por demás alcanzaba a ver lo que estaba detrás de puta o lista, inteligente o guapa.

Igualdad y Coeducación fue flor de un día. El mismo Psoe que incorporó a la ministra Aído, primera que fue de Igualdad entre 2008/2010 (como Ana Bolena, no llegó a los mil días), lo espachurró ante el mundo con la Alianza de Culturas y Civilizaciones (Onu, 2007), que dio aprobado con nota al tapadismo islámico. Piensen un poco. ¿Cómo se come eso?

El segundo torpedo contra el feminismo pata negra, fue el feminismo 15-M de la Generación Podemos, de carrito y galgo y bici por la Alameda; ese feminismo que igualó lo malo con lo peor sin sacar a discusión ni hacer limpieza ni en el mundo macho ni en el mundo hembra: ya tuvimos mujeres militaras, mujeres boxeadoras, mujeres toreras. Los varones, por su parte: sus tacones y sus uñas pintadas. Todo fue orgullo. Orgullo gay. Orgullo elegetebeí y hasta reventar las letras. Orgullo, orgullo, orgullo. Gilipollas y gilivaginas.

Mientras, el idioma quedó a los pies de reales academias y chistes fáciles en contra: Antonio Burgos, Pérez-Reverte, Sánchez Dragó. Demasiado enemigo para quienes apenas tenían formación sindical y a quienes Universidad y clase culta –con mucho miedo al ridículo– dijeron ¡Ahí te quedas! Y ahí quedó. Como antigualla o resto fósil de un tiempo que nació muerto porque no lo dejaron crecer.

Los hombres y mujeres de aquel lenguaje, con la arroba o con la equis, al menos, lo intentaron. Si no llegaron más lejos fue porque, como el Coyote contra el Correcaminos, se habían quedado en la inercia sin suelo y debajo solo les quedaba el abismo. Riamos, pues. Es gracioso. Pero un respeto. Elles, al menos, lo intentaron.

/ a mi hijo Juan /

debate en: la @ y la X, hasta los huevarios

la @ o la X, hasta los huevarios.

El tercer género por David Uzquiza

El lenguaje coeducado, que después se ha llamado de género o inclusivo, consiste en reconocer cuanto antes en el discurso que el emisor, hombre o mujer, tiene en cuenta (o abarca) a masculinos y femeninos. Algo así como el señoras y señores o el damas y caballeros de la vieja oratoria. El lenguaje coeducado es, por así decir, una marca de complicidad entre el emisor[1] y su audiencia (función apelativa) y/o entre el emisor y su relato (función referencial). Lo mejor es reducir al mínimo los desdobles (el *todos y todas[2] tan cansino), para lo que hay fórmulas que no dejan huella en su factura lingüística.[3]

El lenguaje coeducado arrancó oficialmente el curso 2005/06 con la creación del Área de Igualdad y Coeducación en colegios e institutos del territorio Junta de Andalucía. A quince años vista, sobra trayecto y perspectiva para evaluar sus resultados y reconocer que la Academia y su entorno se han salido con la suya: “masculino incluye a femenino”, no hay más que hablar. Y a día de hoy el lenguaje coeducado (de género o inclusivo) ha quedado en temprano y curioso arcaísmo, palabra clave o testigo [4] del hablante como de un edad y de un país, en este caso: una mentalidad algo pureta o carroza dentro del espectro ideológico Psoe, IU, Podemos.

En un interesante artículo de opinión sobre lo que estaba pasando en España en el sector agroalimentario hasta que llegó el estado de alarma y mandó parar, leemos: «La protesta de *lxs agricultorxs», «la gran mayoría de *lxs agricultorxs», «Más de 3.000 *agricultorxs», «Cuando *lxs agricultorxs», lo que es pasarle la pelota al lector y que el lector reponga lo que hace falta: [agricultores y agricultoras o, menos malo, agricultoras y agricultores, dejando en último lugar el masculino] o bien [las y los agricultores]. Pero el esfuerzo resulta agotador. La prueba es que a pocas líneas asaltan al texto pruebas que el hablante inclusivo no puede superar. Más citas literales:

« apropiación de valor para los inversores (¿por qué no añadir y las inversoras?). por la avaricia de unos pocos (¿íd. y unas pocas?). permitiendo que los olivareros (¿íd. y las olivareras?). Los Mora-Figueroa, los Domecq (¿no hay mujeres en las familias Mora-Figueroa o Domecq?). reconciliarnos con nosotros mismos (¿?). apropiación de valor que reclaman sus inversores (¿?). posibles presiones de su comprador (¿?). se está pidiendo al agricultor o ganadero (¿?) »

La solución es que con que usted demuestre una sola vez y cuanto antes que su discurso tiene en cuenta la pluralidad o diversidad de sus distintos públicos, usted ya ha cumplido. Y con hablar y escribir cuanto más rodado y fluido, mejor. Válido para el alivio de conciencia en todo tipo de escritos, artículos, mensajes, tuits o comunicados de uso culto o coloquial, y por redes sociales. Y dejen ya de refregarnos su no sexismo, entre arrobas o equis, hasta los huevarios.

[1] emisor: agente del discurso. *emisor o emisora sería una barbaridad.

[2] *asterisco significa desaconsejable.

[3] Como El español de la ‑e, a prueba de Academia.

[4] Georges Matoré, La Méthode en lexicologie, París, Didier, 1953.


juanlebrato@gmail.com, comentario este artículo:

 

En relación a hasta los huevarios de @ y X : Muy de acuerdo con lo expresado aquí arriba. Creo que la absoluta igualdad de género puede y debe plasmarse en otros muchos registros y/o formatos antes que quedarse en ese gesto propagandístico de doblar cada palabra o poner la bendita X. También creo que esa estrategia muestra claramente un afán por convencer al interlocutor de lo que eres o pretendes ser, mostrándole tu supuesta ideología de una manera superficial y sin duda pedante que muestra a las claras tus propias inseguridades al respecto. Hemos de esperar que nuestro interlocutor no necesite ni siquiera ese primer guiño o mención para entender nuestro punto de partida y nuestra meta. Lo demás sería pura redundancia y falta de confianza en nuestro discurso. Creo que el esfuerzo lingüístico debe ir orientado en otro sentido; por ejemplo, es muy importante ir eliminando palabras, frases y usos de origen claramente machista. Esto me parece importante ya que son elementos que representan el pensar de una sociedad arcaica. Quizás empezando desde la raíz del propio lenguaje podamos, piano piano, ir cambiando ese contexto patriarcal que nos rodea. ¿Por qué ‘puta’ como insulto? ¿Por qué hija de puta y no de médico? ¿Por qué mujer fácil, negativo, y hombre fácil, positivo? ¿Por qué, mira qué niña tan guapa y mira qué niño tan listo? En esos convencionalismos se encuentra el verdadero machismo. Y eso no se soluciona poniendo una @. Hace falta mucho más trabajo, me temo.

divagando por el español de la red.

Éramos chicos y sabíamos lo que era un elepé, escrito L.P. o LP, por long play, disco de larga duración, a 33 revoluciones por minuto y nadie usaba la palabra vinilo. Claro que tampoco sabíamos que nuestra estampa iba a acabar un día de escaparate vintage.

Quienes hoy cumplimos más allá de los 60 y nos hemos incorporado a la web o red, a los blocs o blogs (cursivas, las opciones que se prefieren), hemos conocido, después del elepé, el casé o casete, el cedé o cederrón, el lápiz de memoria o [pendrái], el emepé 3, el emepé 4, y lo que venga.

Para saber de qué estábamos hablando, las viejas palabras como correo se buscaron la vida: email, mail o correo electrónico, para al final bastar correo, frente a mensaje (o wasa), o  como basta disco, y disco más como abstracto de duración y presentación que como objeto físico; de hecho, nos apuntamos a yutube o Spotify y nuestros dispositivos han dejado de fabricarse con lector de cedé; todo lo más, con enchufes uesebé. Nuestra lengua de país de no tanta tecnología, ha sabido adaptarse al neologismo que venía de fuera. Y ya es cuestión de esnobismo aparatoso decir podcast en vez de vídeo o audio.

Ayer en las noticias oí a algún partido de los atrapados por que el Gobierno deje de estar en funciones (¡con lo fácil que sería cambiar el reglamento, dicha sea la Constitución!) atribuirle la redacción de algún tuit a responsabilidad de su community manager [comiúniti mánayer]. Y pensé: ¿por qué no ceeme, C.M. o CM (mayúsculas al gusto)? Estaríamos haciendo lo que hicimos con elepé, con cedé, con uesebé o con emecé (maestro de ceremonias), palabras agudas en ‑é como tantas que nos vinieron del inglés (set, jet, led), del francés (carné, chalé, bufé, bidé), del gitano (calé, parné, churumbel, paripé) o en pronunciaciones propias (bisté, interné, olé, magué). En red o redes, tuit está bien (onomatopeya expresiva, nos suena a tuist o twist) y a lo que sale en Google con llamarlo gugle tenemos bastante: mil gugles: mil apariciones de una búsqueda en Google Chrome. Facebook [féisbuc] es palabra incómoda que podríamos generalizar por sus siglas fb pronunciadas febé o efebé o simplemente fe: te respondo a este fe (la fe está ocupada por Dios y repropio decir post). En cuanto a la concordancia de género gramatical, mejor que mande la lengua hablada y concordar con la primera palabra representada por sigla o acrónimo: la oenegé, las oenegés, la ampa, por mucho que la Academia legisle para ampa lo que para el águila, el agua o el hacha. También palabas iniciadas en ‘o’ o en ‘i’ nos obliga la Academia al artículo ‘u’ (u otro) o ‘i’ (Rodrigo e Íngrid). Pero igual que se reconoce en métrica el derecho a hiato o a sinalefa, en prosa oral tenemos derecho de pronunciación o de lectura y a decir que alguien tuvo dos nietes: Rodrigo y Íngrid. Por cierto, quien extrañe nietes (el español de la e) más extrañará nietxs o niet@s, que resultan ilegibles. Se admiten ideas. Seguiremos concordando.


 

adjetivos descalificativos.

El recurso no es nuevo. Para hacerme valer, lo más fácil es desacreditar a mi contrario. En política, gran reclamo de la izquierda ha sido el miedo a la derecha, miedo que la derecha abandera aún mucho más. Y es increíble la cantidad de estigmas o anatemas con que partidos intentan ganarse el voto mediante adjetivos descalificativos.

El gran descalificativo de la serie democrática fue terrorista. En terrorismo de Eta (hubo Grapo, Frap y Gal) se mezclaron violencias que no tenían nada que ver: el ajuste de cuentas (Melitón Manzanas, torturador asesinado por Eta en 1968), el magnicidio (Carrero Blanco, 1973), el chantaje al Estado (secuestro de Miguel Ángel Blanco a cambio del acercamiento de presos al País Vasco, 1997), la extorsión a personas por rescate en dinero (Julio Iglesias Puga, Papuchi, secuestrado a final de 1981), hasta la muerte por grupos de riesgo (víctimas del atentado contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza, 1987) o la muerte a discreción (atentado contra Hipercor, Barcelona, 1987). Tanto se generalizó, que, cuando los atentados del Metro de Atocha (11 de marzo 2004) y por ocultar la responsabilidad del presidente Aznar en las 193 muertes y casi dos mil heridas, todo el empeño del Estado, y del Gobierno que lo manejaba, consistió en culpar a Eta, es decir, al viejo antiterrorismo tantos años cuidado y acariciado como vivero de votos para la derecha.

Menos mal que la campaña No a la guerra fue suficiente para echar al PP, y el Psoe –sin acusar a Aznar por su intromisión en la Guerra del Golfo– reconoció que en terrorismo había que incluir el yihadismo, que es el que, desactivada Eta, continúa siendo amenaza. Sin embargo, no conviene indisponer a la comunidad musulmana. El terrorismo islámico es excepción dentro de una plácida alianza de culturas y civilizaciones, mientras el terrorismo de Eta se extiende y abarca a pacíficas generaciones vascas limpias de sangre que nunca logran redimirse por una España que cree que bildu o geroa bai son tacos que nos ofenden (como me cago en tus muertos) propios de un tipo al que nos está permitido linchar, quemar o apedrear: ese Puigdemont en el Carnaval de Cádiz o en los Judas de Coripe. A terroristas e independentistas han venido a sumarse descalificativos como golpistas, soberanistas, que quieren romper España, populistas, extrema izquierda (dicho sea de IU Podemos), incluso podemitas: una España más excluyente y más sucia que nunca a base de “líneas rojas” o “cordones sanitarios”.

–Mira que os tengo dicho -avisaba el otro- el boicot a las elecciones y que no votéis a ningún partido de la actual política (sin clase ni clases sociales). Pues nada. Id otra vez a votar en nombre de ¡Que viene la derecha!

Hay que joderse.


 

palabras polizón y tonterías, las precisas.

Cuando se impone el cálculo de palabras (y ahí está Túiter) por economía respecto al inglés, dos fenómenos, de adición o resta, luchan en español: palabras polizón, dequeísmo y polisíndeton.

A/
La expresión “tonterías, las precisas” es de esos giros (oración, frase o sintagma) sin ánimo didáctico ni categoría de refrán que triunfan sin que se sepa su procedencia. A Chiquito de la Calzada, lo vimos creando su ¡Hasta luego, Lucas!, pero ignoramos quién fue Rita la Cantaora o la Calentera, o Pero (o Pedro) Grullo, el simplón de las perogrulladas; o Bigote, el de llueve más que el día que enterraron a Bigote[1]. Estas palabras polizón, que viajan gratis y sin billete en la nave del idioma, se han colado (1) por ripio: guay paraguáy, remate de los tomates; valdrían también los dialoguillos con ‘premio’ como cinco, te la jinco. (2) por infantilismo: chachi piruli. (3) por eficacia expresiva: por un tubo. (4) por desambiguación: en andaluz sesececeante, casa y caza, igual a casa y cacería, y ma, donde confluyen más, mar y mal, dio origen a malamente y, de rebote, a buenamente. Alguna vez la ambigüedad permanece y el chiringuito Las Moreras, señalado por dos enormes árboles moreras, se quedó en La Morera para una clientela que no pronuncia las eses del plural. Otras veces el añadido de sonidos procede (5) por vía culta: caso de ómine, que hubo que alargar hasta hombre para que no acabara en om, on (<omne) confundiéndose con el numeral: uno oye, francés on écoute.

B/
Academia, Fundéu y profesorado de lengua (no sabemos si talleres de escritura) dan por buenos los galicismos antieconómicos del tipo fue entonces cuando (por cuando), es aquí donde (por aquí) o será de este modo (en lugar de así) y las dos negaciones, calco del pas, que recargan el español absurdamente. ¿Ha venido alguien? es más lógico, más breve y más fácil de responder que ¿No ha venido nadie? Pues nada, no hemos dicho nada. Otro día recordábamos que latinismos como grosso modo o motu proprio son así, sin preposición, no *a grosso modo ni *de motu proprio, errores tanto más graves cuanto nada impide en bruto, a bulto, redondeando o aproximadamente, por grosso modo, o por sí (mismo), por motu proprio. De hecho, el primer castellano (más próximo al latín de origen) usaba menos enlaces, conjunciones y preposiciones, que el español actual. Allá en su siglo, Góngora escribió “antes que lo que fue en tu edad dorada” y Antes que anochezca (1992) fue la autobiografía de Reinaldo Arenas (1943-90). Hoy antes de que gana al antes que por 10 a 1. Antes nadie pensaba de que, tenido por dequeísmo, y ahora todo el mundo piensa de que.

C/
Esta verborrea o palabrerío debe tener que ver con los medios, principalmente la tele, que nos ponen un micrófono por delante para los democráticos telediarios que se usan. La criatura que es nadie, y que se ve de pronto elevada a los plasmas de máxima audiencia y a lo que mande el mando a distancia, engola el gesto, se pone fina y piensa de que (por opino) de cara a (por cara a o frente a) y es como yo digo, cuando suelta, no una opinión, sino un refrán. Claro que también el medio que nos pregunta, pregunta: ¿cree usted que esto va a durar mucho en el tiempo?, como si algo pudiera durar fuera del tiempo, gente preparada que se apunta al primer barbarismo o anglicismo que nos llega: múbin, por acoso; íbuc, por libro; imail, por correo; tréndin tópic, por tendencia; influencer, por influyente; o comúniti mánayer, pamplinas que nos elevan por encima de la tribu, antes vulgo. Sean vulgares y pamplinas, las precisas.

[1] Ver artículo de José María Otero en Diario de Cádiz.


contra la Academia: ¡república!

Un buen amigo me obsequia con una canción que él titula su “treceava uva”; uva que añadir a las doce canónicas del reloj y a las doce de mi Predisposición de las uvas. Y yo pensé: treceava. Las criaturas no saben, no sabemos, si treceava es numeral partitivo, resultado de dividir, o si es numeral ordinal, de la serie 12, 13, 14 o 15.

Incongruencias así, dictadas por la Academia, hasta el hartazgo. El objetivo: dividir la sociedad en clases cultas y no tan cultas, con lo que gusta a la democracia otra clasidivisión que añadir a las que nos separan o nos aburren. La dichosa clerecía, alojada, después de Berceo, en Enseñanza, Universidad y Academia, sigue mandando en nosotros, que no sé qué esperamos a mandarla a tomar por libro y a rebelarnos contra semejante monarquía, más dolorosa en la Real Academia (real por cuanto condiciona).

En mi guía de estilo, desterraría las faltas de ortografía. No hay faltas de ortografía, sino escrituras recomendadas. Se acabó el vulgarismo escrito o quedar uno en ridículo por cómo maneja letras y tildes y puntuaciones. Desterraría los números romanos, que se basan en un cuentapalotes impropio solo porque lo romano le entra a la Academia por la teta del Vaticano. Y unificaría el partitivo -ava, fácil de confundir donde circula el ordinal octava. El mismo sufijo -ena, igual funciona para un conjunto (docena de huevos), que para una posición (llegó a la meta la novena) y -ésimo, de pésimo, igual significa lo peor de lo peor, que el enésimo número. Cuando tanto se lleva el conteo o recuento de palabras –y ahí está Túiter–, la economía de la lengua y la capacidad de síntesis del inglés sobre el español, otro día hablamos de cómo, en este país de los borbones, se dan por buenos los galicismos fue entonces cuando (por cuando), es aquí donde (por aquí) o será de este modo (en lugar de así) y las dos negaciones que afirman, traídas del pas francés, que en español son la leche. ¿No ha venido nadie? Prueben a responder o no, a ver qué se impone.

De momento, con que ustedes y mi amigo compartan que la uva trece o la uva número trece suenan mejor que la treceava uva, tenemos algo andado. Se hace lenguaje al hablar.

Desde Unamuno a García Márquez, desde Andrés Bello a Valle-Inclán, voces no faltan contra la autoridad de la Academia y la dictadura de la gramática. Anímense a proclamar aquí también la república. No vean lo que se van a alegrar el español de la e, la lengua de géneros o el español inclusivo.


cosas de hablar.

algo de qué hablar según la fundéu

El día 30 escribe James Rhodes al Profesor Lebrato. Este es el hilo (del 30 al 1 de abril):

James Rhodes al Profesor Lebrato. Estoy en directo en Cadena SER a las 10:30. Tocando alguna música increíble (Chopin y Satie) y algo de hablar. Cuénteme algunas palabras inapropiadas/raras e intentaré insertar algunas de ellas en la conversación…, veamos cuántas puedo hacer.

@AlguienQueTercia.‏ “algo de hablar” está mal dicho, “algo de qué hablar” (y aquí no hay dequeísmo)”. [premiado con 5 megusta]

@daniellebrato 31 mar. “algo de hablar”, como “algo de comer” o “algo de conversación” está muy bien dicho. Dequeísmo habría en *intentaré de insertar. intentaré insertar es suficiente. La lengua camina hacia el mínimo esfuerzo, no al revés. [1 megusta]

@AlguienQueTercia. Pero no me convence mucho… No me suena bien “algo de hablar”. Me da que no está bien dicho…

@daniellebrato. Peor suena corregir a los demás sin demasiado conocimiento.

@AlguienQueTercia. Hombre, tanto como sin demasiado conocimiento está un poco de más cuando las dos formas son correctas así que no es desconocimiento. Es muchísimo peor juzgar sin conocer, créame…

@daniellebrato 1 abr. Basta conocer la frase o la gramática (no a quien las usa) y usted corrigió primero. Y vamos a dejarlo ya ¿de acuerdo?

@AlguienQueTercia 10 horas De acuerdo (y adjunta consulta a la Fundéu)

En su contexto, “algo de hablar” se entiende con “alguna música” (todo es complemento directo de estaré tocando, verbo tocar), o sea, tocaré “algo de música y algo de palabras?, lengua?, lenguaje?, idioma?, de hablar?

Además, no es lo mismo algo de hablar que algo de qué hablar. algo de qué hablar es prospectivo (futuro) y admite el valor algo que dará que hablar (por lo llamativo o sensacional).

La Fundéu es menos rocosa que la Academia, pero ninguna debería estar por encima del habla de la calle. La prueba es cómo la Fundéu le baila el agua a la Academia en materia de lenguaje inclusivo. Si alguien dice algo de hablar o cosas de hablar como si fuera de cocinar, de leer o de deporte (no de qué cocinar, de qué leer o de qué deporte) está perfectamente dicho.

Sean libres. Piensen bien y hablen lo mejor que puedan y en libertad. Son las cosas del hablar como las cosas del querer.


 

DICT (rastreador: internet de las ideas).

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Andaba yo buscando, para el Profesor Lebrato, ¿cascarria o cazcarria?, ¿sinfonier o chifonier?, cuando se me ofreció un buscador que me simplifica citas donde la palabra que busco aparece y con los enlaces a Wikipedia. Este es el portal. Pinchen o copien y peguen el parche: https://www11.dict.cc/wp_examples.php?s=&lp_id=8&lang=es.

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Si entran ustedes en www11.dict.cc, es tanto lo que se ofrece, que probablemente no entenderán nada. Se trata de un Diccionario para inglés-alemán y otros idiomas (Wörterbuch für Englisch-Deutsch und andere Sprachen) y ustedes no estaban buscando precisamente un diccionario. Repetimos las claves: https://www11.dict.cc/wp_examples.php?s=&lp_id=8&lang=es. Y que ustedes lo encuentren bien. Con la garantía Wikipedia; en adelante, podría ir a más.

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La extensión o dominio .cc corresponde a las islas Coco, Australia; 5la página está en alemán y el hombre, en español, preguntando por macuto (si es más o menos mochila). Una maravilla.

La web www11 debe ser de orden superior o distinto a la web normal; si alguien lo sabe, que nos lo diga. De momento, generosa, universal y sin anuncios, Dict.cc. Pregúntenle como al espejito mágico lo que quieran saber. Un  portal de belén de las palabras.

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Un Cid Campeador de las palabras:

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