Etiqueta: lengua

yo hablo andaluz.

#yohabloandaluz

A estas altura de la película, la campaña #yohabloandaluz carece de sentido. ¿Os imagináis campañas #ispeakenglish, _scottish, _wells, _irish, _american, o #jeparlefrançais? ¿No os parecería nacionalismo lingüístico o, en todo caso, redundancia o arrogancia innecesaria, eso que se dice bajo el latinismo “excusatio non petita, acusatio manifiesta”? [1]

Otra cosa sería que, por falta de hablantes, mi andaluz estuviera en peligro y la campaña viniera a protegerla como se protegen espacios naturales o especies protegidas. [2]

Y otra tercera posibilidad, la que parece más cierta: el encaje de mi andaluz en el mapa de lenguas del Estado. Apuesto que por ahí van los tiros. Tiros no: tiritos: de un Pérez-Reverte (¿a qué hacerle caso?) a una María Jesús Montero (¿a qué votarla?).

Porque la mala conciencia del andaluz hablado no existe. [3] Dejó de existir desde que andaluces con relevancia en la escena nacional (Clavero Arévalo, Soledad Becerril, Felipe González, Alfonso Guerra, Ave Sevilla Madrid, Expo 92) pusieron el andaluz hablado en los atriles de la política, telediarios, tertulias, espectáculos; y, de ahí, a las aulas. Bilingüismo o diglosia: en una situación hablo castellano español estándar y, en otra, el andaluz que me sale del alma.

Esa normalización empezó con el ministro Clavero allá por 1976 y se pudo dar por culminada en 1992, cuando el andaluz hablado no solo no estuvo mal visto (mal oído, habría que decir) sino con prestigio o soberbia frente al castellano ¿fino? y ¿bien hablado? de Valladolid.


Quien, por edad y juventud, el año 76 o 92 le pille un poco lejos, piense en adelantamientos (o sorpasos) lingüísticos que sí han vivido:

En el dominio hispánico, el sobreaprecio del voseo del vos, traído a España por voseantes de alcance (Les Luthiers, Jorge Drexler, Héctor Alterio o Ricardo Darín) que no tardaron en verse imitados por peninsulares endeblillos culturalmente pero subidos al carro de la fama, pura imitación que, como toda, es ridícula y afectada.

En el ámbito de lenguas universales, todavía estamos (y lo que nos queda) en pleitesía con el inglés, sobre todo en ramas de comunicación o de servicios de no mucho fuste. Donde ya estábamos hechos a ir de camping, por acampada, o al parking, por aparcamiento, vinieron bullying, clearing, coaching, consulting, contouring, copyediting, coworking y la madre que las parió:

crowdfunding, ecomarketing, editing, factoring, fracking, leasing, mailing, merchandising, mobbing, planning, rafting, roaming, streaking, training, vending, windsurfing o zapping. Se acabó la España de la fiambrera: ¡todo el mundo al táper!

El mismo *podcast (de cast, ‘emitir’ + iPod: aparato que cuesta reconocer como de uso de masas) se ha quedado entre nosotros habiendo audio o vídeo o en diferido, frente a en directo; o, como mal menor, optar por post, postcast, con un cast ya familiar en el sentido de ‘reparto’ como en the cast de los créditos finales de las películas.


¿Qué se demuestra? Que hay gente que sigue haciendo de su lengua o su habla un factor de distinción o un rasgo de prestigio y eso conduce al desprestigio del otro o de su otra lengua. Déjenlo ya. Hablen sin reparo ni rubor la lengua que aprendieron, la lengua que les corre por las venas y que por la teta les fue de madres y abuelas, pero tampoco presuman de idioma. De mérito sería hablar andaluz un nacido en el Polo Norte, pero ¿en Andalucía?

En #yohabloandaluz mi diagnóstico es (frente a Jesús Jurado, flamante politólogo [4]) que Andalucía, otra vez, ni come ni deja comer. Donde hay regiones de bilingüismo en lucha a base de enfrentamientos con el centralismo lingüístico del franquismo y de la democracia de Madrid…, donde aún luchan #jo parlo català # Euskaraz hitz egiten dut, # yo falo galego…, ahora resulta que ¡yo hablo andaluz!

El andalucismo se demuestra militando y el andalucismo militante no se ve por ninguna parte. Dígalo, si no, el desaparecido Partido Andalucista (1976-2015). Ahí os quiero ver, yohablantes andaluces: dando impulso a vuestra identidad y apoyando identidades propias y ajenas, por sí y por la humanidad.

Otro día vemos ventajas e inconvenientes del andaluz como lengua hablada y escrita. Terminamos con Bécquer, rima 60:

Mi vida es un erial:
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.

Se aceptan versiones poniendo:

lengua donde mi vida

se descojona donde se deshoja

y andaluz tan fatal.

[1] Para el #yohabloandaluz, podría entenderse del revés: Quien se afirma y toma fuerza como andaluz parlante es porque su conciencia hablante necesita afirmarse o parecer fuerte cuando no lo es.

[2] Según InfoIdiomas, podrían apuntarse ustedes a las siguientes campañas (si no es demasiado tarde): #yohablo taushiro o pinche (al Norte de Perú), #yohablo kaixana (Brasil, río Japurá), #yohablo tanema (Islas Salomón), #yohablo lemerig (Isla Lava, Océano Pacífico) #yohablo chemehuevi (EEUU), #yohablo njerep (Nigeria), liki (Indonesia), el ongota, el dumi o el chamicuro.

[3] [eLTeNDeDeRo] 24/04

[4] ¿No hablábamos de oficios hinchados, artificiales? ¿No da que reír una tarjeta de presentación que diga Fulano de Tal, politólogo? ¡Lo que no inventen! Veremos cuánto politólogo sale con vida del coronavirus.

cáncer de estilo 2020.

Daniel Lebrato en La Corte del Rey Bobo
Casa Rafita, en homenaje (23/04/20)

CÁNCER DE ESTILO 2020 | resaca para el día después del Día del Libro

cáncer de estilo

Parece que Hipócrates fue primero en utilizar el término carcinos (relativo al cangrejo), del griego karkinoma. El cáncer de estilo es el resultado de dos procesos sucesivos: por un lado, el aumento de una obra mala (por proliferación de vicios tumorales, o neoplasia) y, por otro, la incapacidad de instituciones docentes y literarias frente a una obra defectuosa que coloniza y prolifera en otras, público y crítica, proceso conocido como metástasis.

estilemas y estilomas

Partiendo de un mismo sufijo griego, –ema y –oma desarrollan sentidos opuestos, son antónimos: el orden y el desorden, el cosmos y el caos. En lingüística, –ema se ha generalizado en sustantivos como lexema, fonema o tonema, por cercanía con tema, sistema o poema, que ya existían. Fernando Lázaro Carreter, en su Diccionario de términos filológicos (1980), incluye el estilema [15 mil resultados en Google] para definir los rasgos constantes característicos de un autor, lo que nosotros preferimos definir como la “unidad mínima reconocible del estilo de un autor o de una obra, de un género, de una época o de un movimiento literario”. En los pleitos por plagio, el estilema alcanza un valor pericial y probatorio para el cotejo entre textos.

Por su parte, la medicina patológica ha tomado la terminación ‑oma como nuevo sufijo con el significado de tumor: fibroma, papiloma, sifiloma. Finalmente, esa patología, aplicada a la estilística, nos daría el neo/tecnicismo estiloma. El estiloma puede comenzar de manera localizada en un mal hábito, por ejemplo, el galicismo es que de es que no quiero, en lugar de no quiero, y construcciones circundantes: es por eso que, fue entonces cuando, fue allí donde, es así como. O el polisíndeton antes *de que, en vez del antes que de la canción y película Antes que amanezca; como fue en Góngora (1582) “antes que lo que fue en tu edad dorada”. Al final (lo bueno, si breve) se trata del habla mejor por el camino (la lengua) más corto. Se ha criticado el dequeísmo como último caso de polisíndeton, pero el fenómeno remonta al castellano del Siglo de Oro hasta aquí sin que parezca que tenga remedio, más bien la Academia autoriza y da vía libre, acaso porque la primera mala compañía que se echó el castellano fue el francés que vino de la mano de la Casa de Borbón y, con los Borbones, la propia Academia. Hoy, que el conteo de palabras y la ley del mínimo esfuerzo, frente al inglés y taquigrafías digitales, de pronto adquieren un valor económico (de economía de lenguaje), acaso el castellano rectifique y espabile y se deje de tanta pamplina como le han ido echando encima. Con *asterisco las formas desaconsejadas:

enclititis, seísmo o hiperatonía. Grado extremo de rechazo a los pronombres átonos independientes. Dícese de quien usa dícese en vez de se dice, grado agudo de la enclisis (del griego, ‘inclinación’): unión de una o más palabras átonas, a otra tónica que las precede. La enclisis puede ser norma (obligatoria): dímelo, tráeselo, o voluntad de estilo: *dígote, *hablásteme, *usábanse. Es oír hablar enclítico, y darnos la risa tonta. Trastorno inverso, pero también arcaicista, sería *nos dar en lugar de darnos. Son trucos que empleamos para imitar el castellano antiguo. La mejor parodia de estos usos la vimos en La venganza de don Mendo (1918), de Pedro Muñoz Seca. Lo curioso de la enclititis moderna es que conjuga solo por la tercera persona, pronombre se, lo que se llama seísmo: *comprometiose, *riose, *santiguose. El caso más gracioso y extendido de seísmo es *díseselo, donde el segundo se no cumple función.

Quienes hoy por adorno practican el seísmo, parecen ignorar que hasta el 98 (y particularmente hasta Pío Baroja) la enclisis recorría los tres campos personales (mal llamados personas verbales)[1] y se daba también en primera y en segunda persona: *dígasme, *dígote, *dígolo (con sus plurales), *escucholo, *asomose, *llenábase. O sea, que el seísta ni siquiera es coherente con el artificio que maneja y creerá que así es como hay que escribir, porque le parezca más fino o porque lo leyó en Luis Cernuda (cernufilia), cáncer de estilo asociado al marfiloma propio de autores que, sobre ignorantes, se tienen por guardianes de la lengua culta o del alto oficio del lenguaje poético.

talcualcuantitis. Uso de tal por como : *tal lengua de fuego (como lengua de fuego); cual por como : *cual alocado obispo; y cuán por qué : *cuán extraño. No se incluye tal cual equivalente a así. Tal cual estaban : estaban así : los encontraron tal cual. La talcualcuantitis es una afectación cuando el estilo no produce los como y los que para el fluir del idioma. Este estiloma afecta a escritores tenidos por clásicos del siglo 20 y, en métrica, puede ser un truco por abreviar las sílabas de un verso.[2]

tal suele alojarse en el corazón: *tal querido (tan querido); cual, en el aparato digestivo: *cual pedazo de pan (como pedazo de pan); y cuán busca su alojo en el recto: *cuán huele. La cirugía es delicada porque las más de las veces el paciente piensa que tal y cual y cuan son muestras de un estilo superior. La metástasis empieza por el sistema versicular y se extiende al tejido prosaico. En estos casos, los originales hay que tratarlos con letroterapia y pasarlos por Ctrl+R, reemplazar, y si aún quedaran restos habría que extirpar el manuscrito, seleccionar todo y tirar, sin miedo a que el ordenador nos pregunte ¿Seguro que desea eliminar este bodrio? Responda Sí y asegúrese de vaciar también la papelera de reciclaje. Últimamente se están logrando avances con injertos de como artificiales y con un régimen que obligue al paciente a preguntarse ¿Qué hay de comer? o ¿Qué comemos hoy? Quien se resista a esta terapia, repita en voz alta Espadas como labios, a ver si puede decir *Espadas cual labios. Pruebe también a chapurrear Como una ola, de Rocío Jurado, cantándolo *Cual una ola, sin que le suene a coreano o coleano. Para la extracción del cuán por qué, es conveniente hablar al paciente muy bajito para forzar la pregunta ¿Qué dices? Si todavía preguntara *¿Cuán dices?, habría que llevarlo de inmediato a urgencias. Contraindicaciones. Durante el tratamiento, no leer a escritores antiguos. Con receta médica.

perofobia. Aversión obsesiva o temor irracional compulsivo a usar la conjunción adversativa pero, habitualmente sustituida por mas, de ahí los nombres que también recibe de hipermasia, masitis o masorrea. No confundir la perofobia adquirida con el mas por pero natural en el habla de zonas rurales, donde es uso dialectal, grato al oído de quien lo escucha en las personas mayores. La logopedia literaria aconseja al paciente, para empezar, sustituir poco a poco mas por empero, aunque cursi, en el camino fonético correcto. La vez que un verso le salga largo de sílabas, ya verá como en vez de empero pone usted pero. Se llama aféresis y está en el vademécum de la retórica desde Aristóteles. Para consolidar el tratamiento, tres veces al día (desayuno, almuerzo y cena) escriba pero. Hágalo cuantas veces pueda y sin forzar la dosis hasta que pero fluya de su pluma o de su teclado con naturalidad. Combine el tratamiento con un refuerzo léxico a base de apero, avispero, campero, chapero, chispero, copero, lepero, pompero, rapero, ropero, sopero, trapero, tripero. Verá que nota mejoría. También le ayudarán sus buenos peros de Galaroza. Delante del pero diga, a la manera de Epi y Blas: Esto es un pero, Me voy a comer este pero, ¡Qué bueno (no cuán bueno) estaba este pero! Inversamente, evite masa, masía, masón.

marfiloma o torremarfiloma. La torre de marfil viene del Cantar de los Cantares, del coro de las criaturas, a la Esposa: “Tu cuello es como una torre de marfil”. Como símbolo del aislamiento del artista y del arte puro, la torre de marfil se usa desde 1837, por el crítico y escritor Sainte-Beuve (1804/69).

Glosario

atónito, a. Como se queda quien lee a víctimas de cáncer de estilo.

clásicofobia. Rechazo a leer a tus clásicos.

cualitis. Cual alocado obispo. Cual meritorio. Cual pequeñas colas.

cuantitis. Cuán pobre impresión. Cuán extraño.

emperitis. Empero, no es esto lo más sorprendente.

errimismo. Era una pulquérrima mujer de pueblo.

escuandismo. Al despedirse es cuando la mujer pronuncia el nombre. Es entonces cuando el hombre se estremece. Fue al atardecer cuando conoció a su amigo.

esdrujulemia. Alto nivel de esdrújulas, que aumentan con la enclititis.

esquienismo. Es finalmente a Equis a quien siempre se asocia.

harripoterfilia. Pasión por bestséleres juveniles de otras lenguas.

literogénesis. presentación, firma de ejemplares y pase por caja.

seísmo. Comprometiose el sacerdote. Púsose a cavilar.

yayaísmo. Ya atónitos, ya confusos, ya indignados.

[1] Mal llamados *personas verbales por cuanto son los campos sustantivos personales (yo, tú, él / este, ese, aquel / aquí, ahí, allí) los que imponen su persona al verbo, y no al revés.

[2] En el heptasílabo “no sepa a camina”, de Bécquer, ese por dónde ya nadie lo usaba en la lengua hablada. No confundir con “Cuán presto se va el placer”, de Manrique, acorde con la lengua de su siglo.

acudid, héroes, a la derrota (sobre el lenguaje de géneros).

platero y yo

No está bien hacer leña de quien viene detrás, por edad o formación. El castellano español de la equis (X) o de la arroba @habiendo el de la -e y otras manerases, quince años después, parque jurásico donde han quedado como fósiles, alumnado o aprendices a quienes un día inculcamos –yo, el primero– el lenguaje de la coeducación (también llamado de géneros, inclusivo o elegetebeí). Ahora es hora de aconsejarles:

 –Quilla: déjalo ya.

Y, sobre todo, a los varones:

–Quillos: dejadlo ya, que ya sabemos que sois feministas declarados.

(Pues toda ideología esconde su soberbia.)

Piénsenlo y repórtense al idioma que aprendieron en el cole leyendo Platero y yo. Porque también Juan Ramón Jiménez, como el venezolano Andrés Bello, como el argentino Domingo Faustino Sarmiento o el peruano Manuel González Prada, lo intentó, lo intentaron, levantando sus estilográficas contra la Academia. Y tampoco pudo ser.

No pasa nada porque fracasaran en el esperimento (como escribiría Juan Ramón). El Yo de Platero y Yo nos sigue encandilando vestido de luto, “con su barba nazarena y su breve sombrero negro que debía cobrar un estraño aspecto cabalgando en la blandura gris de Platero”.

Acudid héroes a la derrota es un precioso título de Carmelo Guillén Acosta (Sevilla, 1955). Y aunque alguien nos aburra a todos y todas con su todos y todas, sus tod@s y todxs, sabemos que algo ha cambiado, y, al menos, lo intentamos, y eso suena a victoria.

/ honor a quienes en su vida
aceptaron sus equis
y murieron por sus arrobas /

Otro día hablamos del castellano de la K, donde parece que okupa ocupa más kontra la sociedad de konsumo.


–enlace a LA NACIÓN.com

5 aportaciones al español de la ‑e


vamos con elles.

el coyote

La España de la @ y de la X, de sobra sabe que la igualdad consiste en enormes cambios, y no meramente lingüísticos. Por el español de la @ y de la X pasó una generación guerrera bien intencionada que por demás alcanzaba a ver lo que estaba detrás de puta o lista, inteligente o guapa.

Igualdad y Coeducación fue flor de un día. El mismo Psoe que incorporó a la ministra Aído, primera que fue de Igualdad entre 2008/2010 (como Ana Bolena, no llegó a los mil días), lo espachurró ante el mundo con la Alianza de Culturas y Civilizaciones (Onu, 2007), que dio aprobado con nota al tapadismo islámico. Piensen un poco. ¿Cómo se come eso?

El segundo torpedo contra el feminismo pata negra, fue el feminismo 15-M de la Generación Podemos, de carrito y galgo y bici por la Alameda; ese feminismo que igualó lo malo con lo peor sin sacar a discusión ni hacer limpieza ni en el mundo macho ni en el mundo hembra: ya tuvimos mujeres militaras, mujeres boxeadoras, mujeres toreras. Los varones, por su parte: sus tacones y sus uñas pintadas. Todo fue orgullo. Orgullo gay. Orgullo elegetebeí y hasta reventar las letras. Orgullo, orgullo, orgullo. Gilipollas y gilivaginas.

Mientras, el idioma quedó a los pies de reales academias y chistes fáciles en contra: Antonio Burgos, Pérez-Reverte, Sánchez Dragó. Demasiado enemigo para quienes apenas tenían formación sindical y a quienes Universidad y clase culta –con mucho miedo al ridículo– dijeron ¡Ahí te quedas! Y ahí quedó. Como antigualla o resto fósil de un tiempo que nació muerto porque no lo dejaron crecer.

Los hombres y mujeres de aquel lenguaje, con la arroba o con la equis, al menos, lo intentaron. Si no llegaron más lejos fue porque, como el Coyote contra el Correcaminos, se habían quedado en la inercia sin suelo y debajo solo les quedaba el abismo. Riamos, pues. Es gracioso. Pero un respeto. Elles, al menos, lo intentaron.

/ a mi hijo Juan /

debate en: la @ y la X, hasta los huevarios

la @ o la X, hasta los huevarios.

El tercer género por David Uzquiza

El lenguaje coeducado, que después se ha llamado de género o inclusivo, consiste en reconocer cuanto antes en el discurso que el emisor, hombre o mujer, tiene en cuenta (o abarca) a masculinos y femeninos. Algo así como el señoras y señores o el damas y caballeros de la vieja oratoria. El lenguaje coeducado es, por así decir, una marca de complicidad entre el emisor[1] y su audiencia (función apelativa) y/o entre el emisor y su relato (función referencial). Lo mejor es reducir al mínimo los desdobles (el *todos y todas[2] tan cansino), para lo que hay fórmulas que no dejan huella en su factura lingüística.[3]

El lenguaje coeducado arrancó oficialmente el curso 2005/06 con la creación del Área de Igualdad y Coeducación en colegios e institutos del territorio Junta de Andalucía. A quince años vista, sobra trayecto y perspectiva para evaluar sus resultados y reconocer que la Academia y su entorno se han salido con la suya: “masculino incluye a femenino”, no hay más que hablar. Y a día de hoy el lenguaje coeducado (de género o inclusivo) ha quedado en temprano y curioso arcaísmo, palabra clave o testigo [4] del hablante como de un edad y de un país, en este caso: una mentalidad algo pureta o carroza dentro del espectro ideológico Psoe, IU, Podemos.

En un interesante artículo de opinión sobre lo que estaba pasando en España en el sector agroalimentario hasta que llegó el estado de alarma y mandó parar, leemos: «La protesta de *lxs agricultorxs», «la gran mayoría de *lxs agricultorxs», «Más de 3.000 *agricultorxs», «Cuando *lxs agricultorxs», lo que es pasarle la pelota al lector y que el lector reponga lo que hace falta: [agricultores y agricultoras o, menos malo, agricultoras y agricultores, dejando en último lugar el masculino] o bien [las y los agricultores]. Pero el esfuerzo resulta agotador. La prueba es que a pocas líneas asaltan al texto pruebas que el hablante inclusivo no puede superar. Más citas literales:

« apropiación de valor para los inversores (¿por qué no añadir y las inversoras?). por la avaricia de unos pocos (¿íd. y unas pocas?). permitiendo que los olivareros (¿íd. y las olivareras?). Los Mora-Figueroa, los Domecq (¿no hay mujeres en las familias Mora-Figueroa o Domecq?). reconciliarnos con nosotros mismos (¿?). apropiación de valor que reclaman sus inversores (¿?). posibles presiones de su comprador (¿?). se está pidiendo al agricultor o ganadero (¿?) »

La solución es que con que usted demuestre una sola vez y cuanto antes que su discurso tiene en cuenta la pluralidad o diversidad de sus distintos públicos, usted ya ha cumplido. Y con hablar y escribir cuanto más rodado y fluido, mejor. Válido para el alivio de conciencia en todo tipo de escritos, artículos, mensajes, tuits o comunicados de uso culto o coloquial, y por redes sociales. Y dejen ya de refregarnos su no sexismo, entre arrobas o equis, hasta los huevarios.

[1] emisor: agente del discurso. *emisor o emisora sería una barbaridad.

[2] *asterisco significa desaconsejable.

[3] Como El español de la ‑e, a prueba de Academia.

[4] Georges Matoré, La Méthode en lexicologie, París, Didier, 1953.


juanlebrato@gmail.com, comentario este artículo:

 

En relación a hasta los huevarios de @ y X : Muy de acuerdo con lo expresado aquí arriba. Creo que la absoluta igualdad de género puede y debe plasmarse en otros muchos registros y/o formatos antes que quedarse en ese gesto propagandístico de doblar cada palabra o poner la bendita X. También creo que esa estrategia muestra claramente un afán por convencer al interlocutor de lo que eres o pretendes ser, mostrándole tu supuesta ideología de una manera superficial y sin duda pedante que muestra a las claras tus propias inseguridades al respecto. Hemos de esperar que nuestro interlocutor no necesite ni siquiera ese primer guiño o mención para entender nuestro punto de partida y nuestra meta. Lo demás sería pura redundancia y falta de confianza en nuestro discurso. Creo que el esfuerzo lingüístico debe ir orientado en otro sentido; por ejemplo, es muy importante ir eliminando palabras, frases y usos de origen claramente machista. Esto me parece importante ya que son elementos que representan el pensar de una sociedad arcaica. Quizás empezando desde la raíz del propio lenguaje podamos, piano piano, ir cambiando ese contexto patriarcal que nos rodea. ¿Por qué ‘puta’ como insulto? ¿Por qué hija de puta y no de médico? ¿Por qué mujer fácil, negativo, y hombre fácil, positivo? ¿Por qué, mira qué niña tan guapa y mira qué niño tan listo? En esos convencionalismos se encuentra el verdadero machismo. Y eso no se soluciona poniendo una @. Hace falta mucho más trabajo, me temo.

divagando por el español de la red.

Éramos chicos y sabíamos lo que era un elepé, escrito L.P. o LP, por long play, disco de larga duración, a 33 revoluciones por minuto y nadie usaba la palabra vinilo. Claro que tampoco sabíamos que nuestra estampa iba a acabar un día de escaparate vintage.

Quienes hoy cumplimos más allá de los 60 y nos hemos incorporado a la web o red, a los blocs o blogs (cursivas, las opciones que se prefieren), hemos conocido, después del elepé, el casé o casete, el cedé o cederrón, el lápiz de memoria o [pendrái], el emepé 3, el emepé 4, y lo que venga.

Para saber de qué estábamos hablando, las viejas palabras como correo se buscaron la vida: email, mail o correo electrónico, para al final bastar correo, frente a mensaje (o wasa), o  como basta disco, y disco más como abstracto de duración y presentación que como objeto físico; de hecho, nos apuntamos a yutube o Spotify y nuestros dispositivos han dejado de fabricarse con lector de cedé; todo lo más, con enchufes uesebé. Nuestra lengua de país de no tanta tecnología, ha sabido adaptarse al neologismo que venía de fuera. Y ya es cuestión de esnobismo aparatoso decir podcast en vez de vídeo o audio.

Ayer en las noticias oí a algún partido de los atrapados por que el Gobierno deje de estar en funciones (¡con lo fácil que sería cambiar el reglamento, dicha sea la Constitución!) atribuirle la redacción de algún tuit a responsabilidad de su community manager [comiúniti mánayer]. Y pensé: ¿por qué no ceeme, C.M. o CM (mayúsculas al gusto)? Estaríamos haciendo lo que hicimos con elepé, con cedé, con uesebé o con emecé (maestro de ceremonias), palabras agudas en ‑é como tantas que nos vinieron del inglés (set, jet, led), del francés (carné, chalé, bufé, bidé), del gitano (calé, parné, churumbel, paripé) o en pronunciaciones propias (bisté, interné, olé, magué). En red o redes, tuit está bien (onomatopeya expresiva, nos suena a tuist o twist) y a lo que sale en Google con llamarlo gugle tenemos bastante: mil gugles: mil apariciones de una búsqueda en Google Chrome. Facebook [féisbuc] es palabra incómoda que podríamos generalizar por sus siglas fb pronunciadas febé o efebé o simplemente fe: te respondo a este fe (la fe está ocupada por Dios y repropio decir post). En cuanto a la concordancia de género gramatical, mejor que mande la lengua hablada y concordar con la primera palabra representada por sigla o acrónimo: la oenegé, las oenegés, la ampa, por mucho que la Academia legisle para ampa lo que para el águila, el agua o el hacha. También palabas iniciadas en ‘o’ o en ‘i’ nos obliga la Academia al artículo ‘u’ (u otro) o ‘i’ (Rodrigo e Íngrid). Pero igual que se reconoce en métrica el derecho a hiato o a sinalefa, en prosa oral tenemos derecho de pronunciación o de lectura y a decir que alguien tuvo dos nietes: Rodrigo y Íngrid. Por cierto, quien extrañe nietes (el español de la e) más extrañará nietxs o niet@s, que resultan ilegibles. Se admiten ideas. Seguiremos concordando.


 

adjetivos descalificativos.

El recurso no es nuevo. Para hacerme valer, lo más fácil es desacreditar a mi contrario. En política, gran reclamo de la izquierda ha sido el miedo a la derecha, miedo que la derecha abandera aún mucho más. Y es increíble la cantidad de estigmas o anatemas con que partidos intentan ganarse el voto mediante adjetivos descalificativos.

El gran descalificativo de la serie democrática fue terrorista. En terrorismo de Eta (hubo Grapo, Frap y Gal) se mezclaron violencias que no tenían nada que ver: el ajuste de cuentas (Melitón Manzanas, torturador asesinado por Eta en 1968), el magnicidio (Carrero Blanco, 1973), el chantaje al Estado (secuestro de Miguel Ángel Blanco a cambio del acercamiento de presos al País Vasco, 1997), la extorsión a personas por rescate en dinero (Julio Iglesias Puga, Papuchi, secuestrado a final de 1981), hasta la muerte por grupos de riesgo (víctimas del atentado contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza, 1987) o la muerte a discreción (atentado contra Hipercor, Barcelona, 1987). Tanto se generalizó, que, cuando los atentados del Metro de Atocha (11 de marzo 2004) y por ocultar la responsabilidad del presidente Aznar en las 193 muertes y casi dos mil heridas, todo el empeño del Estado, y del Gobierno que lo manejaba, consistió en culpar a Eta, es decir, al viejo antiterrorismo tantos años cuidado y acariciado como vivero de votos para la derecha.

Menos mal que la campaña No a la guerra fue suficiente para echar al PP, y el Psoe –sin acusar a Aznar por su intromisión en la Guerra del Golfo– reconoció que en terrorismo había que incluir el yihadismo, que es el que, desactivada Eta, continúa siendo amenaza. Sin embargo, no conviene indisponer a la comunidad musulmana. El terrorismo islámico es excepción dentro de una plácida alianza de culturas y civilizaciones, mientras el terrorismo de Eta se extiende y abarca a pacíficas generaciones vascas limpias de sangre que nunca logran redimirse por una España que cree que bildu o geroa bai son tacos que nos ofenden (como me cago en tus muertos) propios de un tipo al que nos está permitido linchar, quemar o apedrear: ese Puigdemont en el Carnaval de Cádiz o en los Judas de Coripe. A terroristas e independentistas han venido a sumarse descalificativos como golpistas, soberanistas, que quieren romper España, populistas, extrema izquierda (dicho sea de IU Podemos), incluso podemitas: una España más excluyente y más sucia que nunca a base de “líneas rojas” o “cordones sanitarios”.

–Mira que os tengo dicho -avisaba el otro- el boicot a las elecciones y que no votéis a ningún partido de la actual política (sin clase ni clases sociales). Pues nada. Id otra vez a votar en nombre de ¡Que viene la derecha!

Hay que joderse.