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la bicicleta y el lince ibérico.

Bicicletas matriculadas (La Enramadilla 1964)

Es evidente que la ciudad de Sevilla no es más feliz, gracias a la bici, ahora en 2018 que en 2005, cuando empezó el Plan Bici. Para qué entrar en detalles: se llama segregación, por decir saque usted la bicicleta de donde estaba (vehículo dgt con derecho a matrícula como el resto de los vehículos) y hágale itinerarios propios por donde la nueva bici discurra.

Hablábamos del «Carril‑bici, ¡ya!» que pedían las pegatinas, donde carril ni siquiera tenía que ser una alfombra roja cuando el ancho de las calles no daba para tanto: nos podía bastar el lado derecho de las calzadas (reservado al tráfico más lento y más templado) y, en calles de sentido único (para los coches), la libre circulación de las bicicletas a contramano (siempre según los coches) con tal de respetar los sentidos o direcciones preferentes y sin olvidar el ceda el paso a vehículos más rápidos que, cediéndoles el paso, la bicicleta se quitaba de encima, quiere decir de detrás y bufándonos con sus motores.

En vez de esa coexistencia educada y pacífica, el plan de IU y de Acontramano fue como el célebre anuncio de gaseosa La Casera: «Si no hay carril‑bici, ¡nos vamos!» Nos vamos, sí, mucho orgullo bici por esa parte pero ninguno para reconocer que aquel plan (discutible pero reconocible) se fue viniendo abajo por mengua de presupuestos para la obra pública (crisis de 2007 y cierre de las subvenciones europeas) y por falta de voluntad política por la parte Psoe que al plan tocaba (áreas de urbanismo, tráfico y transporte, siempre en poder del Psoe, desde donde se petardeaba el plan bici, y ahí siguió el feroz adoquinado de las calles del casco antiguo, brutal pavés para las bicis).

Sea como sea, Acontramano Izquierda Unida jamás hizo una lectura política de su pérdida de influencia y de cómo, lo que empezó en carril‑bici, pasó a acera‑bici y, de ahí, a itinerarios bici para acabar en brochazo por el suelo: itinerario de uso compartido por zonas peatonales, o sea, a costa de las personas que ya eran felices porque iban andando (patrimonio mejor no tienen las ciudades).

Resultó que la supuesta mejora de calidad de vida de las bicis se hizo a costa del grupo que ya vivía feliz con que lo dejaran en paz (porque lo peatonal es no tener que mirar ni por donde pasas ni por donde pisas). De pronto, viandantes tuvieron que atender al paso de bicicletas (y, de regalo, el del metro: la cifra de ese urbanismo se junta y se expresa muy bien por la Avenida de la Constitución, barbaridad contra la libre expresión de las personas y de las bicis y, si apuramos, hasta del cuerpo de conductores de tranvías).

Desde que se conoce (aunque sea el Borrador) la ordenanza de Madrid de Unidos Podemos para la bici, Sevilla la modélica debería dejar de ser un referente para municipios que se miran en Sevilla y que en hora electoral se limitan a pedir red de carril como si la red fuese una gran cosa y, lo que es peor, como si fuese barata y como si fuese exhaustiva (es decir, tan completa como ya es la suma de la red general de calles y avenidas).

Final. Gente de bien que cuida el lince ibérico, ¿por qué no ha cuidado la bicicleta de los abuelos y su entorno como ha cuidado de Doñana? Se admiten ideas.


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a Ecologistas, sobre el Plan Bici.

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Diálogo de besugos, carril bici Sanlúcar de Barrameda.

A veces, cuando pides algo, lo peor que te puede pasar, es que te lo den.

El carril bici exige obra pública que hay que aprobar por Presupuestos y luego hay que mantener: es un plan caro y menos sostenible que arreglar el borde de las calzadas y que por ese borde circulen las bicicletas como vehículos lentos que son. Miopía es pedir carril bici sin darse cuenta de que el carril está hecho y ningún otro plan daría a la ciudad más kilómetros de carril que los que ya tiene: la derecha de las calzadas. ¿O es que algo o alguien prohíbe a la bicicleta circular por las calzadas?

Yo voy por Sanlúcar en bici a todas partes (con mi casco si salgo a carretera, eso sí) y ni polis locales ni civiles de tráfico me molestan lo más mínimo. Y por calles y avenidas de Sevilla he hecho biciculturas con alumnado de secundaria, y nunca en domingo ni con Policía Local abriéndonos paso, sino en Viernes de Dolores de muchísimo tráfico, y para que jóvenes ciclistas de instituto de barrio disfrutaran las habilidades de la bicicleta en medio de los atascos y plantaran sus bicis a los pies de la Giralda.

Es la bicicleta según Acontramano la que ha cambiado la visión porque ha acobardado a la bicicleta, que ha preferido lidiar con las personas que van andando, a seguir plantándole cara a los coches (que no habían ganado ninguna batalla), teniendo como tiene la bici, detrás de la bici y a favor de la bici, ni más ni menos que la DGT y la ecología y la salud y la economía en tiempo de crisis. No olvidéis tampoco que el carril construido en Sevilla y Sanlúcar se hizo antes de la crisis, y con fondos europeos con los que hoy no se puede contar. ¿Vais a embarcar al pueblo de Sanlúcar, un Ayuntamiento que está endeudado, en la morterá de millones de euros? ¿Cuando con reparaciones ordinarias (y a beneficio de toda la ciudad) y con unos cuantos kilos de riego asfáltico y con unos brochazos de pintura se pueden alisar y corregir los puntos negros por la derecha de las calzadas y por ahí circular las bicis, ya sí, tan a gusto?

El Plan Bici en Sevilla se inauguró en 2005. Antes, y desde el 2003, Paula Garvín, única concejalía de Izquierda Unida, desde Participación Ciudadana metió el Plan Bici en los Presupuestos Participativos (que, que yo sepa, IU había experimentado antes en el municipio de Las Cabezas de San Juan). De aquel arranque, heroico por parte de Paula, viene un defecto que arrastra la bici en Sevilla: que ni Tráfico ni Urbanismo (áreas perennes del Psoe) han querido saber nada de la bici, de donde: la bici dejó de dialogar con coches y transportes a motor y quedó en su alfombra roja exquisita y un poco de lujo para los tiempos de ruina que vinieron después.

Antes del Plan Bici, había en Sevilla tres referencias ciclistas: Acontramano, Masa Crítica (se hacía un día laboral en semana y participaban bicis, patines, patinetes, todo lo que rodara a pie o a mano) y Bicicultura, que la llevaba Daniel Lebrato. Por entresijos de la política, se impuso Acontramano, cuyo modelo de ciclismo urbano bebía en Holanda y Alemania y se llama segregación. Masa Crítica y Bicicultura planteábamos la integración (o sea lo que había antes, la bicicleta de los abuelos) y entre Torrijos y Ricardo Marqués (de Acontramano) en 2005 inauguraron el tramo 1 entre Plaza de Armas y La Barqueta ¡por las aceras, señor, por las aceras! Y el ciclismo antepasado se echó a perder. Hoy, trece años después, el modelo sevillano es discutido, reído y burlado como de nuevo rico desde Granada a Madrid, ¿y van Ecologistas de Sanlúcar a pedirlo como si pidieran una gran cosa?

Si «El Plan director de carriles bici está inacabado y es fallido», aprovechad para exigir la anulación del Plan y tachar de vuestro programa Completar la red de carriles bici…conectar a corto plazo los carriles existentes para crear una verdadera red. Mirad que lo que se pide, a veces, se consigue. Y no sabéis dónde os metéis ni vais a saber dónde meteros.

¿Recuperar el tren, como decís muy bien en otra parte de vuestro programa, y no la bici?
No se entiende.

Daniel Lebrato, 28/09/18


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de partir el bacalao a que te den la bacalá.

El Bacalao 1922 1976 foto Julio Domínguez Arjona
El Bacalao (1922·76) Foto: Julio Domínguez Arjona

 

De mejor a peor, lo suyo es partir el bacalao, que es ser el jefe, después conocer al bacalao, aunque venga disfrazao, que es ser espabilado o astuto y, lo último, que te den o que te metan la bacalá, que es que te han engañado. Para poner el bacalao en tanta frase hecha, hay que imaginar el bacalao rey de las salazones de pescado (como el jamón, de la carne) en un mundo sin frigoríficos donde la sal (por algo, el salario) y la salazón o la salmuera eran conservantes más que vitales para dar de comer a mucha gente sin que se estropease el rancho. El bacalao debió alcanzar tanto valor de uso, que hasta serviría como valor de cambio, como cuando decimos ¡y un jamón! podríamos decir ¡y un bacalao!, aunque no consta. bacalao está en español desde 1519, dice el Corominas. Una teoría asegura que cortar el bacalao viene de las plantaciones de las colonias españolas del Caribe y América del Sur, África o Filipinas, donde el bacalao servía como alimento a los esclavos y quien corta[ba] el bacalao era el capataz o encargado de la plantación. Otra hipótesis pone su origen en los tiempos del hambre en España, donde el bacalao era alimento básico y de los más baratos y cuando tiendas de ultramarinos o colmados colgaban un bacalao entero y hacia abajo (igual que un jamón) como anuncio o reclamo del establecimiento. En Sevilla, la Cuesta del Bacalao era, y es para los mayores, Argote de Molina, en cuya esquina con Placentines estaba la tienda El Bacalao. Antonio Burgos relaciona el bacalao de los soldaditos de Pavía, de las tortillitas de bacalao y del bacalati con tomati; el bacalao de los estandartes de las cofradías y el bacalao cuaresmal. El bacalao debía ser cortado con un cuchillo largo y afilado, tarea reservada al propietario o encargado del comercio, no al aprendiz que pudiera haber. Entre el artisteo, también se oye decir ¡Cómo está el bacalao!, por significar que el espectáculo está todo él saliendo genial. En te conozco, bacalao, aunque vengas disfrazao, la palabra bacalao puede estar ahí meramente por su rima pero, por lo que sea, entra en una relación de mérito entre lo que vale y lo que no vale y, de ahí, a meterle a alguien la bacalá no hay más que un paso.

El Diccionario del Argot de McGraw-Hill recoge la bacalá como aparato genital femenino. A la Francisca le güele la bacalá un montón. comer el bacalao es hacer cunnilingus. Juan José Antequera Luengo, en sus Modismos comparativos de Andalucía (Sevilla, 2007), recoge el dicho más mierda que el coño de la Bacalá, oído por Juan de la Plata, quien a su vez lo recogió en su Vocabulario jerezano (Jerez, 1991), donde también figura el dicho más mierda que el coño de la Bernarda, siendo la Bacalá una pobre mujeruca de la calle, con fama de sucia, que debió morir alrededor de 1980. bacalada llama el diccionario (desde el de Autoridades) a un bacalao curado, definición que, observa la Academia, no es aplicable entre los pescadores del Sur, donde la bacalada o bacalá es una especie de brótola o pijota, de menor calidad, que secada al sol y puesta en salmuera es muy apreciada por los pescadores. De ese aprecio vendrá el soltar la bacalá, que es soltar dinero. En Jérica, Castellón, la bacalá consiste en el reparto a todos los asistentes, sentados en círculo, de pan, vino, nueces y bacalao. Y forma parte de las fiestas de la Divina Pastora (tercer domingo de septiembre) y patronales de Santa Águeda (5 de febrero), con vaquillas, toro embolao, misa, procesión, ofrenda y bacalá. Que ustedes partan el bacalao y no les den nunca la bacalá.

Páginas consultadas:

Expresiones y refranes . com

Blog 20 minutos . es

Página de Antonio Burgos


 

nostalgia del autoservicio.

observatorio del defensor de los bares (2)

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En Sevilla y pueblos grandes de Andalucía, el autoservicio en los bares vino unido a las grandes cervecerías de la ciudad, terrazas y cines de verano donde reinaban la Cruzcampo de grifo y los puestos de pescaíto frito y de patatas, el cocedero de marisco, la venta a granel de aceitunas y encurtidos, frutos secos, picos y regañás. En una barra o mostrador inmenso había que ir retirando la jarra y vasos de cerveza, refrescos y tintos de verano; en otra parte, el tomate, las papas aliñás, la ensaladilla, el montaíto y, más allá, las gambas o el papelón de pescao o el cartucho de patatas; había altramuces, pipas y chucherías, helados, pasteles y golosinas y, como el Humphrey Bogart de la película, se podía fumar y tabaco (junto o por cigarrillos sueltos) se vendía. A ese puesto de mando y suministro se llamaba ambigú o selecta nevería y era normal que mujeres y hombres, chicos y mayores, se distribuyeran o hicieran su tarea de acopio o de reserva, su turno en la cola. Eran grandes patios o grandes solares de albero con muy poca sombra durante el día que se regaban al caer la tarde y se organizaban en sillas y veladores y donde las familias o las parejas se disponían a disfrutar la velada a la fresquita. El autoservicio en los cines de verano estaba más que justificado, apagadas las luces, cuando era más fácil volver al ambigú (escasamente iluminado, allá al fondo) y reponer la jarra o lo que hiciera falta. Otro factor de autoservicio que tenía que ver con la vida al aire libre en calles y plazas (sobre todo, las plazas) de la ciudad, fue el entendimiento entre bares, bodegas, tascas o tabernas, con freidurías, asadores, cocederos o tiendas de ultramarinos de noche abiertas, que compartían la plaza como espacio común. Estamos hablando de un menú que podía incluir el pollo asao, conservas selectas o chacinas o embutidos al corte, más lo que cayera de postre. El orden de intendencia era: coger mesa, comprar comida, pedir o traer bebida y sentarse hasta acabar la película o hasta las tantas, y a casa. Este entendimiento tienda bar (casa bar, porque todo pasaba por la academia de las madres) podía verse, mañana y tarde, desayuno y merienda, entre la churrería de calentitos y el bar que ponía el café. Todavía hoy podríamos discutir ese bar que nos prohíbe consumir alimentos traídos de fuera que el local no nos puede ofrecer: torpeza empresarial porque esos cafeses o bebidas, eso que el bar deja de vender. Lo que está claro: la gente de bar de Sevilla (esa que dicen la parroquia) ha practicado, sabe practicar y sabría seguir practicando el autoservicio, teniendo además el aprendizaje que trajo el invento europeo y yanqui del self service, desde el supermercado, frente al mercado y la tienda, y hasta el bufet libre en el hotel.

Lo que lamenta el defensor de los bares es el autoservicio con pérdida de calidad y como ahorro que le hace el juego a la patronal. A lo apuntado en el informe, añadamos tres observaciones más. 1º) El bebedor de Cruzcampo ha cambiado y rara vez se pide jarra de litro, que se calienta, sino caña a caña glacial hasta juntar el litro y, por eso, el bebedor de cerveza soporta peor que el bebedor de manzanilla o de cubata el régimen de autoservicio. 2º) La proliferación de bares escasamente profesionales y concebidos como solución a familias que quedaron en paro. ¿Qué podemos hacer con los ahorros o la indemnización?, ha preguntado el padre. Montar un bar: tú sirviendo y yo en cocina, ha respondido la mujer con aplauso del hijo o hija de Bolonia, Erasmus o Máster Qué, que echarán una mano como economía sumergida. Esta incorporación de recursos humanos de clase media, mujeres, gente joven y estudiante o de conservatorio ha ayudado además a 3º) La pérdida definitiva del servilismo de los camareros antiguos y la dignificación del trabajo de barra contra el señorito que, desde el tuteo inicial a quien le hablaba de usted, trataba al camarero como si fuese su criado.

Dicho lo cual, y mientras no cambie la división social del trabajo, y por muy jodido que resulte trabajar a la misma hora que los demás comen y beben, no quita que el camarero está ahí, y por eso cobra, por despachar y ser amable y servicial. Si no, que luche o vote partidos y opciones sindicales o políticas, empresariales podrían ser, para acabar con un reparto del mundo que le parece injusto y, a nosotros, también. Lo que no puede el gremio camarero es vengarse de la empresa o de su propia precariedad dándole al cliente una bayeta para que se limpie su propia mesa y, encima, ser de derechas.


Enlace a observatorio del defensor de los bares


 

observatorio del defensor de los bares.

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(desde Sevilla a Sanlúcar de Barrameda)

Siendo camarero y cliente términos inclusivos de camareras y de mujeres clientes, la conexión camarero cliente se ha polarizado. Por un lado, la informatización de los bares, donde mandan las maquinitas o ipads [aipads] conectadas a un ordenador central, tiende al máximo control y, por otro, la expansión del autoservicio perpetúa la improvisación. Cuatro son los enemigos del viejo bar: la empresa, la clientela, la crisis y la pamplina.

la empresa
Por grados de atención al cliente, estos son los tipos de bares:

□Bares informatizados de servicio asistido por camareros profesionales donde la libertad de circulación se ha perdido. El cliente es un número y su acceso a la barra, como lugar de encuentro y apalanque, está imposible. La barra queda como mostrador o vitrina de productos reclamo para consumo en mesas (bajas o altas, de taburetes) o veladores. El franco tirador de cerveza no tiene nada que hacer aquí.

□Bares todo servicio con autoservicio voluntario o de primera postura. El cliente, ávido de una cerveza inmediata, puede servirse en barra el vaso deseado, más una tapa fría o picoteo de aceitunas o similares. A partir de ahí, todo se le servirá sentado. La camarería ronda mesas y para eso está. Estos son los mejores bares, los más cómodos para el bebedor de cerveza y su compañía.

□Bares de autoservicio grado 1. Los camareros recogen y limpian las mesas pero no admiten comandas, solo las sirven. A cada pedido, el cliente se tiene que dirigir a la barra. En algunos bares, si el camarero emisor no localiza la mesa receptora de la comanda, puede que pregone a voces el nombre del cliente o la mercancía de su tapa. No son bares para ir dos sedientos y en conversación porque uno de los dos se estará ausentando continuamente.

□Bares de autoservicio grado 2. El cliente se encuentra la mesa sucia de un cliente anterior y al ir a la barra pide que preparen su mesa. Si el bar no lo hace agradecido y con presteza, pasaría al grado 3. La buena educación de la clientela (mal entendida) está dando lugar al cliente caracol que reintegra en barra el menaje que él mismo ha utilizado, doble autoservicio; triple, si retiró del cliente anterior. Son bares rompe parejas que, a la larga, no vuelven.

□Bares de autoservicio grado 3. El bar, saturado de gente, facilita al cliente un paño húmedo para que adecente él mismo su mesa. La triple A de autoservicio. El cliente limpia, fija y da esplendor porque, encima, dirá, si le preguntan, lo bien que se come allí, te voy a llevar a un sitio que no veas. El cliente que se arrancó por Ikea, montándosela él mismo, y por Media Markt, yo no soy tonto, termina máster en estrellas Michelín.

La degradación del autoservicio plantea perfiles que no son de desdeñar. Para empezar, el cliente se ve obligado a practicar el intrusismo y acaba siendo, en términos de contratación de mano de obra, un esquirol. Para seguir, habría una cuestión legal de responsabilidad civil si el cliente metido a camarero comete alguna torpeza (la máxima: un accidente ¿laboral?), pasando por un plato volante con salsa que mancha a otra persona, eventualidades que se contemplan en el convenio de un sector servicios donde los haya. Y ¿por qué tengo yo que saber los consumos de Juan Ruiz o Dani Peláez y ellos saber lo que yo consumo? En el futuro, vamos hacia un bar radial de barra panóptica (como cárceles o el castillo de Kafka) y, alrededor, las mesas en círculos concéntricos por orden de llegada o de reserva. Opcional: la megafonía.

la clientela

Desde la incorporación de la mujer a los bares, ya no hay madres ni abuelas que tengan a mesa y mantel la restauración en las casas, cuya varonía iba al bar a socializar y a beber y, si acaso, la tapita de las 13:30 por hacer estómago. El extravío de la palabra almuerzo en español no es casual, pues, entre el desayuno y la comida, se cuela esta parada que tampoco era el almuerzo. La mujer en los bares ha despejado un panorama de bebedores solos pero ha traído dos desconfiguraciones: una función guardería de infancia en los bares (pueden ser perros) y una función restaurante. El bar ya no es espacio de paz o zona de confort, como se dice ahora.

la crisis y la pamplina

Ya no se apunta uno tantas rondas masculinas de, chaval, llena aquí y ponlo a mi cuenta. Y comer fuera cuesta un escándalo con tantos días señalaítos: viernes de colegas, sábados de matrimonios, días de cine y búrguer en el multicentro, segundas viviendas de fin de semana donde en la nevera no hay nada. Esos grupos se tiran a la calle a comer sin comer, porque lo suyo es picar cualquier cosa al centro y para compartir. La Andalucía de las tapas no es precisamente el País Vasco; en verano, por vacaciones y, en invierno, por salir del diario escolar.

El bebedor de cerveza sospecha que el bar saturado y gritón, histérico y sin encanto, es un pacto no escrito entre oferta y demanda, y por eso funciona: yo le sigo dando a usted y a su gente de comer por el mismo o parecido precio y usted sigue campeón del convidar. A cambio, si usted tiene que limpiarse su propia mesa, ni a usted se le nota la crisis de cartera ni a nosotros la crisis de empresa y la miopía del cuantos menos, más: más sueldo o más propinas; más productividad o más beneficio. La patronal está machacando a los tíos de la tiza, hoy también muchachas con ipad.

observatorio en Sanlúcar

Entre el Chiringuito de Las Piletas y el bar restaurante de la Real Sociedad de Caballos, la Sociedad, bajo el pretexto, mujer, de su cocina tradicional, se retrata en el Chiringuito, donde sube el IPG, índice de jinetes (hay quien dice de pijos) por minuto y metro cuadrado. Y están al cerrar o al traspasar dos restaurantes de camarería fina, uno en el Cabildo y otro en Bajo de Guía (otros cerraron antes), sitios abiertos con ojos capitalinos o con vistas a TripAdvisor.

La Sanlúcar del quiero y no puedo y la Sanlúcar de piñón fijo de papas aliñás y tortillitas de camarones no dejan mucho espacio ni para restaurantes ni para gastrobares (quiero y no puedo desde su origen) ni para sobremesas de café, copa y puro. De cenas de amor para dos, ya es que ni hablamos.

Daniel Lebrato, septiembre 2018

historia de una conjura.

José Antonio Moreno Jurado
SEXTINA LIBELADA
(1979)

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Lisboa
Casa Havaneza
, tabacaria, y café A Brasileira

JAMJ con Pessoa

José Antonio Moreno Jurado en rúa Garrett, Chiado, Lisboa, con Fernando Pessoa, bronce de Mestre Lagoa Henriques inaugurado en 1988. Detrás, Casa Havaneza, tabacaria, y a la derecha y fuera de foto, café A Brasileira.

 

JAMJ

sextina. Por sextina se entiende dos tipos de estrofa: la de seis versos y la de seis palabras. Ésta es: 39 versos endecasílabos 6 x 6 + 3 : seis estrofas de seis versos cada una con terceto final, donde las últimas seis palabras de la primera estrofa tienen que aparecer en un orden diferente en final de verso de las otras cinco y componer con ellas cuerpo y final del terceto de cierre.

libelada. Por una de estas cosas raras que hay en la lengua, libelar, de libelo, es escribir refiriendo algo, pero libelo, de libellus, librillo, escrito breve, es un escrito que denigra o infama a alguien o algo, y los hay en versión normal infamatorio o en versión matrimonial o de repudio (del marido a la mujer; al revés, no consta).

Lo que sigue es la historia de una sextina libelada, la que escribió y publicó sin firmar José Antonio Moreno Jurado en Sevilla en 1979. De libelada a liberada, poco va.

Pueden leer la HISTORIA DE UNA SEXTINA LIBELADA
publicada por
[eLSoBReHiLaDo]

 

JAMJ sentado en silla de director

José Antonio Moreno Jurado hacia 1979
año de FEDRO y de la SEXTINA LIBELADA


 

Chiringuito de Las Piletas (☞) literatura de bar.

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Mi vecindad con el Chiringuito de Las Piletas (o de Los Caballos, o de Joselete, o de La Morera), y lo bien que el personal del chiringuito me sirve mis cañas y me aguanta mis neuras y mis lecturas en alto, me ha llevado a juntar todo el material gráfico y audiovisual y, del literario, solamente una parte, a mayor gloria de La Morera, de los cuatro nombres del sitio, el que más me gusta y me conviene: moreras son dos y a la sombra de las dos me cobijo y me cobijan. De paso, repaso la literatura de bar donde camaradería (palabra que viene de cámara, por lo privado o cerrado) se escribe «camarería». Va por ella.

No es lo mismo el bar o bodega, a donde se va en horas de aperitivo (rara vez, a comer o a cenar), que la cafetería, donde se va a desayunar o a merendar; un tercer tipo serían los casinos, los bares de copas y de horario nocturno, y un caso aparte, por su estacionalidad multiuso, el chiringuito. Otra clasificación nos distingue entre el escritor solitario y el que busca conversación o tertulia (célebres, las del Café del Pombo o el Café Gijón, en Madrid, o escenas de Valle-Inclán en la Taberna de Picalagartos, en Luces de bohemia; de Cela, en La colmena, o de Martín-Santos en Tiempo de silencio). Como no pretendo una tesis doctoral de un mundo tan universal que sucede en todas las literaturas y en todo tipo de artistas (donde hay vida bohemia, está el poeta, el pintor o el músico con un vaso en la mano; en Andalucía habría que incluir el mundo de ventas o peñas flamencas), ni es plan hacer un refrito de lo que ya estará dicho (yo ese tiempo ya lo gané y perdí en La fiesta según Sevilla, donde el apartado bares ocupa un lugar de primera, y en El bebedor de cerveza para la Fundación Cruzcampo y la Universidad Pablo de Olavide), ofrezco a ustedes tres estampas elocuentes de mi persona, o sea, que hablan bien o mal de mí en los bares. En la primera estampa, un hombre ya mayor acaba huyendo de su casa el día de su cumpleaños y buscando refugio en el bar de costumbre:


CUMPLEAÑOS

Las cuentas son que en el armario tienes
más camisas que cuerpo en que ponértelas,
mil rayas que te huelen a pijama.
Si la obra es mala, fíjense el teatro.
La calva, radical y venerable.
Las gafas, de curioso impertinente.
Bastón de caña, lazo y panamá.
Qué tal, señor. Ya ves. Galán de barra,
y otra cerveza mientras, no nos saquen
el hígado a concurso de acreedores.
Mis libros, ese hueco, son la herencia.
Me dicen papi y más, que cumplas muchos.
Velas, las que me echen. Sopla. Soplo.
Vendrán más días y traerán pañales.
*

En la segunda estampa y en el mismo bar, el hombre ve llegar a una muchacha con la que intenta ligar aprovechándose de que los veladores están todos ocupados, y él, galán y galante, le ofrece compartir el suyo. El sonetillo está basado en la sensación que experimenta uno en bares en horas solicitadas por tapas y comidas en familias o grupos que hacen más consumos y dejan más dinero en caja que un bebedor solitario.


SUCEDIÓ EN CASABLANCA

Volví a ver a Ingrid Bergman.
Fue una noche de abril.
No había sitio en el bar.
Yo le dije: –Aquí, sí.
Caí tarde en la cuenta
de que no estaba sola.
(Te repites, chaval.)
Dijo: –¡Ponte a la cola!
La amistad que nos queda
me consuela, Claude Rains.
Pilló el vuelo con Laszlo.
Yo, pensando en París
y ella, en Play it again!
–Venga, llena otro vaso.
*

La tercera estampa se explica por sí sola: LITERATURA DE SERVILLETA.

☞ Se llama literatura de servilleta (también poemas de servilleta o literatura de bar) a la que se cría en bares o cafeterías en sociedades alcohólicas. El escritor (rara vez escritora) tiende al hábito y a la superstición y busca en la barra o en el velador su sitio de costumbre. Tanto, que algunos bares llegan a ponerle placa o azulejo reservado a su nombre: El rincón de Tal. Todo será que el inspirado saque de su bolsillo con qué escribir o, del servilletero, uno o dos servicios que le sirvan de cuartillas. Déjenlo solo. Entre el marchando la media de calamares y el chac chac de las cazoletas de la máquina de café; entre el bufido del vaporizador de la leche; entre su tabaco, gracias, y el pinball y las monedas de la maquinita tragaperras; entre el cupón para hoy y la lotería para mañana y con repetición por la tele de las mejores jugadas, Dios está trabajando.

□ ENLACES

para ver:


TRILOGÍA DE LA VIDA

☞ PISPÍS en Las Piletas (vídeo 0:49)

☞ L’ART DE PÉTER (PISPÍS 2) (vídeo 1:18)

☞ EL OJO DEL CULO (PISPÍS 3) (vídeo 2:03)


☞ Daniel Lebrato bajo la morera en La corte del rey bobo (vídeo 1:23)

El chiringuito en fotos de Daniel Lebrato

□ enlaces relacionados:

para ver:

☞ El Profesor Lebrato en bar Casa Perico (vídeo 2:38)

para leer, de menos a más:

Coplas al bar Casa Perico

Coplas a la Taberna Juan y a la Fuente del Cabildo

Daniel Lebrato en Bar Rodríguez, Sevilla, inspiración de Literatura de servilleta

–Daniel Lebrato y autores varios: El bebedor de cerveza

–Daniel Lebrato: La fiesta según Sevilla

Daniel Lebrato, lectura de verano