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flamenco fusión Bécquer.

Bienal 2020

En España covirus está haciendo falta una ley para la recuperación de espectáculos y eventos culturales. Demasiado hemos visto con tal de salvar taquilla y turismo: entidades convocantes, con ánimo de lucro, juegan a que lo suyo va a tener lugar sin duda alguna (desde Semana Santa en marzo, hasta las Carreras de Caballos en Sanlúcar en agosto), para desconvocar a última hora, así el daño engaño al sector, parece que no lo fuera.


flamenco fusión Bécquer.

Antes de la Bienal, lo que sabemos de los Bécquer, juntos o separados, Gustavo Adolfo y Valeriano, pone en evidencia la sociedad cultural que se esfuerza en levantar pretextos o conceptos interesados. Por bienal se entiende “cada dos años”, con lo fácil que sería pasar al tres, a la espera del año que viene, sin pandemia. En Bécquer -uno a uno o dos a dos- luchan Andalucía y Castilla, el gusto por lo popular, más la confusión de lo tradicional con el tradicionalismo de la España más conservadora. Y en la universidad, cuele o no cuele, te harán pasar por flamenco lo que es, métrica y temáticamente, género del viejo arte menor o, dicho en simple, poesía popular española en castellano, lo que se dice pronto pero, amigo, defina usted ahora lo que es, forma y expresión, poesía popular.

El flamenco es eso que, cuando suena auténtico, no puedo verlo y, cuando puedo verlo, deja de ser auténtico. Y es que payo y gitano son mundos en gran medida irreconciliables, siendo lo gitano el término marcado (discriminación positiva) y el resto, payos por contraste o por defecto; oposición que, primero, se pone al servicio del purismo y, después, se vende en bandeja de interculturalidad o de fusión más allá de la madre original, que fue siempre el flamenco como fusión de lo gitano y morisco con lo andaluz.

Para que se hagan una idea, el flamenco fusión, en uso desde los años 60, arroja 8.140.000 resultados en Google, frente al flamenco puro, que solo aparece 118.000 veces (aunque es verdad, pensarán ustedes, que la pureza empieza por no volcarse tanto en Internet). En Google Libros, el flamenco fusión alcanza 7.220 resultados, con muchos títulos en inglés.

El flamenco fusión rock (o rock andaluz) aparece 13,3 millones de veces. El flamenco pop: 8,75. El fusión jazz: 6,11. El flamenco punk: 3,35. El fusión rap: 2,57. El flamenco soul: 1,79. El fusión salsa: 1,16. El flamenco chill out: 387 mil. El fusión árabe: 363 mil. El flamenco samba: 211 mil. El flamenco sinfónico: 305 mil. Y con música clásica: 197 mil. Ahora nos vienen con la fusión flamenco Bécquer.

flamenco Bécquer arroja 688.000 resultados en Google, incluidas entradas donde flamenco hace alusión al Flandes del apellido Bécquer, y descontando las veces que flamenco y Bécquer anuncian algún acto relacionado con Fitur, con la Bienal, con Cicus o periferias o anuncios similares en la cartelería y oferta de ocio que dan por hecho el evento:

En 2020 se cumplen 150 años de la muerte de Gustavo Adolfo Bécquer, del “fin de los días del padre de la poesía española contemporánea”, escribe una pluma cursi, “por lo que la Bienal estará dedicada a tan insigne poeta”.

Anunciado lo cual, les puedo asegurar que la fusión está traída por los pelos, y eso en dos maneras: por un lado, se hace flamenco o gitano lo que en los dos Bécquer hubo de gusto o curiosidad -también encargos, que cobraban- por estampas de lo castizo o popular (folclore o costumbrismo, a fin de cuentas) y, por otro, se populariza o se hace castizo lo hondo, o jondo, que caracteriza y define el flamenco. Así sí. Así cualquiera.

Desde García Lorca y el primer Concurso de Cante Jondo (Granada, 1922), lo hondo casi está desaparecido (hondo, en cante: 373 mil gugles; en baile: 156 mil; en toque: 1.800). El flamenco no muere, es cierto, pero da la impresión de que, como el cristianismo de ¡Cristo vive!, el truco consiste en servir a muchos amos a conveniencia de un mercado. Dicho en Antonio Machado: No puedo cantar ni quiero a ese flamenco chusquero sino al que anduvo en el bar.

Cuando intentamos pasar desapercibidos en sitios populares que no son nuestros (por aquello de que el flamenco, cuando lo veo y me ven, deja de ser auténtico), se nos viene a la cabeza La venta de los gatos (1862), de Gustavo Adolfo Bécquer.

Bécquer se extrañaba de sí mismo -el poeta y dibujante, el residente entonces en Madrid- en aquella venta entre Sevilla y San Jerónimo, antes y después del cementerio de San Fernando (1853):

«Imaginaos este paisaje animado por una multitud de figuras que canta entornando los ojos y acompañándose con una guitarrilla, mientras otros llevan el compás con las palmas o golpeando las mesas con los vasos, que tocan la pandereta y chillan y ríen, y los mozos que van y vienen con bateas de manzanilla y platos de aceitunas, y el aceite que hierve y salta en la sartén donde fríen el pescado; ruido de cantares, de castañuelas, de risas, de voces, de silbidos y de guitarras, que forman una alegre algarabía imposible de describir. Figuraos todo esto una tarde templada y serena que fui a visitar aquel célebre ventorrillo. Yo estaba allí como fuera de mi centro natural: todo en mi persona disonaba en aquel cuadro. Pareciome que las gentes volvían la cara a mirarme con el desagrado que se mira a un importuno.»

Cerrando cada uno de los dos tiempos de La Venta, engarza Bécquer dos coplas o cantares que él, como narrador, dice haber recogido en boca y guitarra del hijo del ventero enamorado de Amparo: quien “más bonita era que la Virgen de Consolación de Utrera”; amores que acabaron, en la segunda parte, a juego con el cementerio: «En el carro de los muertos, ha pasado por aquí. Llevaba una mano fuera. Por ella, la conocí.»

Admiración y extrañeza, la de Bécquer en la venta, que debió ser igual a la del folclorista Demófilo, nacido en Santiago de Compostela, pateando tabernas y cafés cantantes de la Alameda detrás de su colección de Cantes flamencos, publicada en 1881. Ahí brilla con luz propia esta seguidilla gitana, llamada así por el madrileño y amigo de Bécquer, Augusto Ferrán, quien, como a una huerfanita, la recogió en La soledad, de 1861: «Yo no sé por dónde, al espejito donde me miraba se le fue el azogue.» (Yo no sé por dónde, lo flamenco donde me miraba se le fue el cante y el baile y el toque.)

Benito Moreno (muerto en Sevilla el 8 de mayo de 2018) en su disco Me han quitado lo bailado, que el pintor y cantautor grabó en 1999, incluye una canción, Flamenco confusión, que en tres minutos nos despacha su punto de vista contra la fusión. Diferente piensan concejalías de fiestas mayores y cultura que, a los pies de la ciudad turística, necesitan del flamenco como necesitan de los Toros, de la Feria o de la Semana Santa; eventos y más eventos pomposamente llamados tradicionales. Y diferente piensa el artisteo flamenco, necesitado de tratos y contratos. Por lo demás, no se preocupen. Sanidad y fuerzas del orden velarán que máscaras y normas de distanciamiento social no perjudiquen el evento, y porque camino de la Bienal no le arranque “un tironero un brazo a un extranjero”… comillas de Benito Moreno para otro espacio mítico, adonde iremos mejor que al cementerio, mejor que a la Venta de los Gatos y mejor que a la Bienal con mascarilla: al Rinconcillo.

Daniel Lebrato

Nota del día. 22 de julio. Entrando en la página [a-la-venta-las-entradas-de-la-bienal]

http://www.labienal.com/noticias/a-la-venta-las-entradas-de-la-bienal

la respuesta es como la San Miguel: cero cero.

Letra de Flamenco fusión, de Benito Moreno[1]

[1] «Flamenco fusión. Flamenco confusión. Flamenco infusión, desilusión. Flamenco oración de Montesión. Flamenco saetero de barrio de salero que vive y que se mueve en medio el Jueves. Luego la primavera la sangre hortera, flamenco clavellina de carne de gallina. Flamenco caduco, de repeluco. Flamenco calentito de señorito de cuernos y ojana hasta la mañana. Carmen de Mérimée, flamenco en francés, de élite, muy caro, chunguísimo, claro, y, del cuplé, no sé, no sé. Hay mucha faraona y mucha tetona y, de tanto jipío, yo paso, tío. Guitarra de alegría, Paco de Lucía, de guerra y de paz y mucho compás. De una mina de La Unión, el Camarón, garganta de fragua de acero y agua; me gusta lo largo que canta, y lo amargo. ¿Filarmónica de Londres? ¡Venga ya, hombre! En la Universidad lo matan de verdad. El jazz flamenco es el más penco. Con saxo y violín se llama a un flamenquín, flamenco que se pasa, colega, y hay guasa. Cuántas voces gitanas echaron de Triana, que dejaron el río que temblaba de frío, a las Tres Mil: flamenco de candil. El flamenco es arte y vive aparte: flamenco oscuro sin tabaco y sin un duro.»



icononoclasias.

DL estatua

Se llama icononoclastia o icononoclasia a la actitud o doctrina contraria a las representaciones de iconos, de imágenes (en principio, de Dios, pero extensible a todo tipo de prácticas figurativas).[1] En sentido amplio, icono es un ídolo, un símbolo, un modelo que admite ser imitado (los Rolling, del rock; Michael Jackson, del pop) e iconoclasta, lo contrario: algo o alguien que rompe esquemas. El último movimiento iconoclasta está dándose contra las estatuas de personajes reconocidos como esclavistas; anti racismo alimentado por el asesinato de George Floyd, antes o después, descendiente de esclavos.

A esta furia iconoclasta habría que recordarle que arremeter contra las estatuas puede estar muy bien pero, a la corta, responde a fanatismos culturales y, a la larga, desvía el foco de atención de la cuestión palpitante: si se puede releer la Historia con ojos y perspectiva de siglo 21… algo que lleva años haciendo el feminismo revisionista (que opera por presencia/ausencia de mujeres a lo largo de los siglos), y que, en cualquier campo, configura lo políticamente correcto y expande esa corrección a tiempos pasados que ya no se pueden modificar. Derribar una estatua de Colón o estigmatizar Lo que el viento se llevó, puede dar cuenta de un totalitarismo demócrata y buenista que ya podría mostrarse más rebelde con causa contra cuerpos de policía que, en Usa como en España, abusan de nuestra vida.

Otra variante de idolatría nos lleva al calendario de fiestas de primavera de Sevilla, fuertemente icónicas: Semana Santa, Feria, Toros, Rocío y hasta el mismo Corpus (fiesta en principio abstracta hasta que en la Catedral se hizo custodia). El estado de alarma ha demostrado a idófilos y a idófobos que se puede vivir, y se vive y se muere, sin fiesta ninguna. Hermandades, sociedades de casetas, rocieras, o aficiones taurinas y futboleras deberían aprovechar la ocasión para bajar sus humos y sus orgullos: su devoción o alegría no pueden, el año que viene, presumir ya tanto ni pasar por imprescindibles.

[1] El diccionario que distingue Dios, dios, dioses, icono, ídolo, fetiche, etcétera, lo hace desde una teología nacional católica que se empeña en distinguir lo auténtico (la religión verdadera) de lo falso. Lógicamente, el pensamiento laico no debe entrar en teológicas disquisiciones. Hablamos de símbolos o alegorías sin distinguir la sagrada imagen de un Señor del Gran Poder, del fetiche de psiquiatra o de vudú.


foto portada: idiota haciendo la estatua, colección propia.

Sevilla en bici, cuestión de imbíciles (2).

ANIMATION Carril Caballo

Carril bici por Sanlúcar de Barrameda
esquina Carretera de la Vía con Quinto Centenario


En la primera parte de Sevilla en bici vimos el trato que el Plan Bici de Sevilla dio al centro de la ciudad histórica: ninguno. Sevilla, como cualquier ciudad, necesitaba un plan a largo plazo que habría que haber sometido a consulta de toda la ciudadanía, la de intramuros y la de fuera, la acostumbrada a usar la bici (de paseo, bici urbana, de montaña, de carretera o deportiva) y la que pudiera incorporarse. No se hizo esa reflexión y pronto sufrimos un despropósito de obras públicas que cambiaron la ciudad como no se había visto cambiar desde la Expo 92 o desde que Sevilla prescindió de sus murallas.

Hablamos de hábitos circulatorios y de modalidades de tráfico que unas con otras dialogan o tienen que dialogar entre sí: el coche particular, el transporte público, carga y descarga, limpieza, servicios, urgencias, bomberos, coches de caballos, bicicletas, motos, patines, patinetes, personas, perros; más cofradías por Semana Santa o manifestaciones cívicas, coches de inválido, carros de bebé, de la compra, todo ese etcétera. Había que pensar, en futuro inmediato, la Sevilla que se quería y, en lo tocante a la bicicleta, si se quería un ciclismo de agregación o un ciclismo de segregación, esto es: la bici dentro del tráfico general, o al revés: la bici reconducida a itinerarios propios, y si esos itinerarios se harían a costa de los coches o de los peatones, como finalmente se hizo. Demasiada carga para aquel grupo de Izquierda Unida A Contramano que, con más voluntad que cabeza y con ninguna autocrítica, transformó la ciudad como jamás se había visto.

Bicicletas matriculadas (La Enramadilla 1964)

Por calles unidireccionales como por anchas avenidas, el municipio tenía la posibilidad (más visible ahora en tiempos de crisis y sin fondos europeos) de haber hecho de la bici lo que era: un vehículo lento entre vehículos más rápidos, y actuar con dos instrumentos bien baratos: educación cívica y un plan de actuación sobre bordes, bordillos o arcenes de calzadas mayormente perjudicadas por baches, husillos, registros o alcantarillas. Todo eso, con alquitranado y brocha gorda hubiera despejado el carril derecho para el transcurso de las bicis sin invadir aceras ni molestar a nadie. La educación vial hubiera mentalizado a conductores ególatras y mal acostumbrados al “circule por la derecha, adelante por la izquierda”, que decía el viejo código. Esa aplicación junto a otras iniciativas como algún derecho a contramano (según los coches) o como el uso compartido de carriles buses (bus y taxi y bici como transportes públicos) hubiera ahorrado a la ciudad una pasta gansa y redundado en beneficio general.

Bicicletas matriculadas años 60

Donde tanto se miman patrimonio y tradición y cuando lo sostenible es casi moda y tanto se protege lo en peligro de extinción, la bicicleta de nuestros mayores, aquella con su estatus reconocido, con su matrícula y su aparcamiento en las comunidades (no en balcones ni desvanes), ha desaparecido de la ciudad. Imbíciles. [1]

Daniel Lebrato en bicicleta

[1]a. Desconfiad de toda asociación ciclista urbana. La perspectiva se pierde cuando se pasa de la reivindicación al orgullo bici, ese que toca el timbre a las personas por aceras o zonas peatonales.

[1]b. Urbanismo Psoe: tranvía (o metro), rotondas y carril bici: todo por el coche.


Daniel Lebrato en bicicleta por la Avenida de Sevilla 2017 05 22


Sevilla bici, cuestión de imbíciles.

icono-biciculturaicono-biciculturaicono-biciculturaicono-bicicultura


Lo llamábamos BiciCultura, por decir bici educación o bici laboral de casa al sitio y del sitio a casa. Imagínese usted un casco histórico como Sevilla, donde o «ciclistas por la calzada» o nada de nada, monada (porque no hay aceras ni anchas avenidas). De la Sevilla del ensanche hablaremos otro día.

Casco histórico. Aunque no recibiera ese nombre, ese casco histórico ya tenía su carril: el carril automóvil. Carril por donde circulaba el señorito en calesa o coche de punto mientras la plebe se apañaba como podía entre charcos del suelo y ¡agua va! desde el cielo.

A ese carril-coche conviene la calzada de duro adoquinado sin refilar (machaca manillares y sillines) que no se derrite y resiste las altas temperaturas del verano de Sevilla (cuando el señorito andará por la Sierra de Aracena, por Matalascañas o Sanlúcar) y previene el destrozo asfáltico que provocan las procesiones de cera de Semana Santa:

–¡El adoquín en bruto es lo suyo! -dijo el perito en calzadas romanas.

En esas calles hechas a la medida de los coches, acera es lo que sobra o es plaza o alameda. Murallas adentro, no hay mucho más: privilegios de iglesia y nobleza que nadie cuestiona, y una panda de eurocomunistas que también viven en el centro y que ahora, en vez de comunistas, se hacen llamar de izquierdaunida y que han viajado en familia a Ámsterdam o a Berlín, donde han flipado con sus carriles bici:

De ahí, vendrán la Bicicleta del Alamillo o las jornadas bici, con poli municipal cortando el tráfico y siempre en domingo. En esos Días Metropolitanos por la Bicicleta, ¿qué se aprende de la bici diaria? ¡Absolutamente nada! Bicicultura: cero cero. Y será así en cualquier ciudad que se precie de casco antiguo y casco el que lleven ciclistas en la cabeza.

Esa escuálida Izquierda Unida logró un día entrar al Ayuntamiento como ha entrado IU Podemos en el actual Gobierno de Coalición: a rebufo del Psoe y sin hacer mucho ruido:

–Daremos a IU Participación Ciudadana -se dijo el Psoe, sumiso a la Sevilla del ABC mientras se reservaba para sí las poderosas áreas de Urbanismo o Tráfico.

A todo esto, Izquierda Unida, bienintencionada, había logrado ediles gracias al voto de barrios como San Jerónimo o Bellavista. A aquella buena gente, preguntó la concejala que repartía los euros para Presupuestos Participativos:

–Todos y todas (pues ya se empezaba a hablar en lenguaje de géneros): ¿En qué queréis que invirtamos los euritos que tenemos para el barrio? ¿En parques infantiles?, ¿en un polideportivo?, ¿en peatonalizar la calle principal?, ¿en el mercado de abastos?, ¿en carril bici de aquí al centro?

Y votaron todas y todos, como en Villatripas de Javier Krahe:

–¡Carril bici, mucho más!

Y así salió el carril (acera-bici, en realidad) Bellavista-San Jerónimo : 15,9 km de asfalto rojo que algún ingrato comparó con línea de metro y llamó “bicicleta obrera”. El primer tramo, entre Plaza de Armas y Barqueta, lo inauguró en septiembre 2008 el reverendo teniente alcalde de Sevilla Rodrigo Torrijos, con Ricardo Marqués, de A Contramano, de acólito ilustrado. Había llegado Ámsterdam a Sevilla y, de Sevilla, a Andalucía, a España y la humanidad. Lo curioso era que entre Ricardo y yo, los dos viviendo en el centro, no había forma de ir en bici sin que un coche nos pisara los talones. La línea Bellavista San Jerónimo nos pillaba a los dos un poco lejos.


(Próxima parada: en bici por la Sevilla ancha.)

icono-biciculturaSEVILLA EN BICI, CUESTIÓN DE IMBÍCILIS (2ª PARTE)

 icono-biciculturaicono-biciculturaicono-biciculturaicono-biciculturaicono-biciculturaicono-bicicultura


nombre y logo bicicultura compartido con Universidad de Chile
Centro Bicicultura, Amarilis Horta
*
reproducción y montaje
(y pedidos como pegatina)
El Taller de la Copia, Feria 50, 41003 Sevilla


Óptica Sevilla: Semana Santa.

Estadio_Olímpico_de la Cartuja
Estadio Olímpico de la Cartuja, propuesto Carrera Oficial para la Semana Santa de Sevilla.

No lo digo yo. Lo ha dicho el año sabático. Las fiestas de Sevilla son todas prescindibles. Marque usted, feriante o cofrade, la casilla que corresponda: hermandades, Iglesia, Maestranza, ganaderías, socios y titulares de casetas; todo lo que ha vivido a la sombra del Ayuntamiento bajo pomposo título de Fiestas Mayores de alto interés turístico, por su contribución a la economía de la ciudad y todo ese etcétera que el coronavirus se ha llevado por delante y que el año que viene podría volver a volver.

La Semana Santa cambió su ser tras la madrugá del 2000 y, a partir de ahí, tal cual predijo Juan Bonilla, “nadie conoce a nadie”.[1] Nadie conoce a nadie porque, por encima del Consejo de Hermandades y del propio Ayuntamiento, llegó Orden Público (CECOP: Centro de Coordinación Operativa) y mandó parar: vallas de separación por todas partes (más, a la salida y entrada de la procesión), rigurosas filas de espera para verlas venir (propio de Cabalgata de Reyes, en atención al público infantil), sillitas de mano dónde sí y cuándo no, fin del cangrejeo, rigidez de horarios (por retransmisiones tv) y mucha, mucha, policía para una masa que hasta el 2000 se preciaba de una autogestión que daba gusto: esa era la bulla; bulla tan sabia para acertar a dónde ir, como indulgente ante leves libertades que se disculpaban con tal de no molestar y que ningún infractor dejara sin vistas al chico o a la persona más bajita. Verdad que siempre había alguien en la fila que cuando usted, por libre o en caravana de libres, pedía paso franco educado, saltaba el malaje:

–Por aquí, ¡ni uno más!

Pero eran los menos y si sabías navegar entre el gentío evitando la Carrera Oficial, podías ver todas las cofradías y todos los pasos del día y hasta te sobraba para hacer escala en algún bar, Cruzcampo o manzanilla, con su buen urinario sin excesiva cola y medianamente limpio.

Todo lo cambió la ciudad del orden y no es extraño el actual rechazo por parte de capillitas laicos que hemos sido.

Pensando en laico, lo normal sería la Ciudad proponerle a Iglesia y Consejo de cofradías una de dos:

–Un circuito interno o Carrera Oficial por Catedral o gradas adentro de la Catedral

o hacer la Carrera en el Estadio Olímpico de la Cartuja y allí las procesiones dar vueltas las que quieran. El público paga su entrada. El espectáculo empieza y acaba. Estadio cubierto, a prueba de lluvia. Fácil acceso. Amplio aparcamiento. Servicio de orden privado o concertado con el CECOP. La ciudad, limpia de cera y paja. Y al turismo le daría igual. ¿Cuál sería el problema?

¡Como si la Macarena lleva publicidad de Coca-Cola o al Gran Poder lo patrocina una inmobiliaria!

Está muy mal acostumbrada esta ciudad de la gracia a la que no le vemos tanto la gracia.

Mañana en la Óptica: la Feria de Abril de Sevilla, que ya en parte hemos visto pasar por [eLTeNDeDeRo].

[1] Juan Bonilla: Nadie conoce a nadie (1996), novela ambientada en Sevilla, con la Semana Santa y los juegos de rol de fondo. Se hizo película del mismo nombre dirigida por Mateo Gil (1999).


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Si ayer cerrábamos con un poema de Manuel Machado, ahora es su hermano Antonio Machado quien nos da esta estampa de un niño siempre buscando a Dios entre la niebla, niebla que bien podría ser entre dos plazas: la plaza de San Juan de la Palma, de la Amargura, y la de Los Carros, hoy de Montesión, en lo que va del Palacio de las Dueñas, donde fue criado, hasta el Domingo de Ramos y hasta el Jueves Santo, si no un poco más arriba San Pedro, La Mortaja o Los Gitanos. He aquí el niño:

   ES UNA TARDE CENICIENTA Y MUSTIA,
destartalada, como el alma mía;
y es esta vieja angustia
que habita mi usual hipocondría.
    La causa de esta angustia no consigo
ni vagamente comprender siquiera;
pero recuerdo y, recordando, digo:
—Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.

    Y NO ES VERDAD, DOLOR, YO TE CONOZCO,
tú eres nostalgia de la vida buena
y soledad de corazón sombrío,
de barco sin naufragio y sin estrella.
    Como perro olvidado que no tiene
huella ni olfato y yerra
por los caminos, sin camino, como
el niño que en la noche de una fiesta
    se pierde entre el gentío
y el aire polvoriento y las candelas
chispeantes, atónito, y asombra
su corazón de música y de pena,
    así voy yo, borracho melancólico,
guitarrista lunático, poeta,
y pobre hombre en sueños,
siempre buscando a Dios entre la niebla.

Antonio Machado, Soledades (1903)

Sevilla sin Feria de Abril.

Daniel Lebrato y Pilar Feria de Abril 2014 foto de Pablo Aristoy (6)

Esta Feria de Abril 2020 ha divido a Sevilla en dos: la Sevilla continuista (y hasta jartible) de quienes se han montado la feria en su propia casa; y la Sevilla reflexiva de quienes se han tomado el año como un año sabático, para pensar: [1]

–Si en vez de en mi piso, el simulacro de Feria me lo encuentro en mi plaza de barrio o en mi patio de comunidad, tendría una feria mucho más cómoda que la de un Real cada vez más lejos y contaminante, para mis pies cada año más cansados. [2]

Mis amigos van a decirme:

–Danielito, hijo: para eso, las Cruces de Mayo, lo que en Córdoba son Los Patios [3].

–Será. Pero en abril y sin cruces ni motivos religiosos. Si acaso, con estímulo a los espacios y montajes más conseguidos: barra de bar, restauración, tablao de baile, música, veladores; de manera que nos vemos en mi caseta; caseta de la que podría hacerse cargo el bar más próximo o la asociación civil más interesada o mejor dispuesta. [4]

¿Que el Real de la Feria con Paseo de Caballos y Calle del Infierno seguiría donde diga el Ayuntamiento? Nada que objetar. Se trata de yo elegir entre meterme la paliza en el cuerpo, ir y venir de mi casa al Real, o montármela en mi Sevilla Este o en mi Pino Montano; o en mi plaza San Antonio en torno al Bar Rodríguez, por ejemplo.

La Feria Feria se acomodaría a una portada fija [5] y, en gran medida, podría estar abierta a visitantes y turistas todos los días del año, como un parque temático. ¿Cuál es el problema? ¡Ya quisieran las Fallas de Valencia o los Sanfermines de Pamplona sustitución tan fácil!

Mañana hablamos del baile por sevillanas como fenómeno, negocio o decepción.

[1] sabático, ca < latín tardío sabbaticus < griego σαββατικός, sabbatikós. descanso sabático: El séptimo año, después de seis, que los hebreos daban descanso a sus tierras, viñas y olivares. año sabático: el de licencia con sueldo que instituciones docentes e investigadoras dan a su personal cada cierto tiempo.

[2] Hasta 1973, la Feria estuvo en el Prado; ahora en Los Remedios, y la próxima ya veremos si en el Charco la Pava o más allá.

[3] Nombre oficial: Festival de los Patios Cordobeses.

[4] También podría encargarse la institución o cofradía religiosa más arraigada y más próxima. Lo importante es que el carácter civil y profano de la caseta pública no se desvirtúe ni derive en Cruz de Mayo.

[5] El presupuesto de montaje y desmontaje, con novedad de Portada año tras año, iría dedicado a obras de interés social en una Sevilla con tanto riesgo de exclusión social y con tanta gente sin techo. Ni la belleza ni la alegría de la actual Feria peligrarían por eso.


foto portada: Pablo Aristoy, Feria 2014.


Sevilla, sin fiestas de primavera.

Sevilla_Fiesta_de_Primavera_2020

–Entre la fiesta y la alegría se esconde el aburrimiento, querido Watson.

El Coliseo de Roma está siempre concurrido. Roma no necesita gladiadores. Sevilla, en cambio, sin Toros, sin Feria y sin Semana Santa parece una tragedia de ópera o de opereta. Eso tiene la ciudad de la gracia turística y exportable.

Que no es tan agraciada ni tan graciosa sin sus adornos de fiesta. Y un jamón.

Ahora que se iba a celebrar el homenaje a Benito Moreno, ese sevillano aburrío, y ahora que ya se sabe que las procesiones irán por dentro –como debe ser– no está de más vindicar una ciudad que valga por sí y por la humanidad, sin necesidad de palcos ni portadas, sin necesidad de estructuras tubulares de quita y pon.

Qué bonita Sevilla sin alcalde que diga ¡A esta es!

Sin sevillanos ni sevillanas.

Sin Paseo de Caballos.

Sin Corpus.

Sin cohetes al Rocío.

Sevilla en voz bajita.

Sevilla en paz.

Cuando no pasa nada.

El agua por el río y la calor por la sombra.

Sevilla.


 

Daniel Lebrato para Juan Caracol + Rafa Iglesias ©

dos hermanas, una prima y una sobrina pasean por Sevilla.

Sevilla y Triana desde el puente.
(del 21 al 24 de febrero 2020)

La ciudad estaba para marcharse a Cádiz, más que para quedarse un fin de semana sobrecargado de turistas que aquí en Sevilla deben pensar que ya es Cuaresma, tanto como se anticipan ensayos, estrenos o representaciones previas en una ciudad que, incapaz de alzar un Carnaval potente como el de Cádiz, parece escudarse en la súper Semana Santa como pretexto o justificación.

La ciudad estaba para marcharse a Cádiz, pero quién añade más viaje para encontrarse Cádiz tan masificada o peor. La ciudad estaba para marcharse pero en Sevilla había que morir, se dijo el cuarteto de viajeras de Madrid.

Anfitrión o Cicerone de Sevilla (hombre o mujer), tienes dos posibilidades: o enseñar la ciudad de tu diario vivir: su barrio y sus bares o sitios señalaítos o asomar por los sitios claves y tópicos (Catedral, Santa Cruz, Parque de María Luisa), que estarían, previsiblemente, a tope. Como hay que cumplir elementales normas de agrado y cortesía, lo que pida el grupo visitante es lo que se impone y, junto a ello, ir metiendo rutas y sugerencias que aliviar puedan la bulla. Fue lo que hicimos.

Cuando, quien viene, viene tras años desde la última vez, revisitar la ciudad es revisar el pasado, como revival o remake de la última película que hicimos juntos. El tiempo, ya se sabe, no pasa igual para todos, no es moneda única y constante. En saber conjugar lo viejo y lo nuevo, el tal como estamos y el tal como éramos, consiste, supongo, el éxito de unos días que serán memoria hasta la próxima.

¡Buen viaje, hadas madrinas! Quedaos con esta inercia escrita entre Sevilla y Triana cuando apetece no tener que elegir ninguna:

FEBRERO EN LOS PUENTES DE EUROPA

Desde Triana hasta Praga,
por febrero tienen un aire los puentes de Europa.

Y cuando la breve tarde alarga las sombras,
la tuya y la mía,
que esperen los días y las otras orillas.
El Elba, el Rhin, el Mar del Norte.

Quedarse aquí. No tener que elegir
–un vino sí–
entre el Atlántico o el Malandar.

 

/ a Araceli, Azucena, Yolanda y Ruth, con Pilar del brazo /

 

El diablo está en todas partes.

diablillo del acueducto de segovia
revista de prensa para una quincena endiablada

El diablo está en Cantillana es una historia del siglo 14 llevada al teatro por Luis Vélez de Guevara en 1620. El protagonista fue un poderoso de tan cruel y legendaria fama, que el propio diablo no se atrevía a entrar en la ciudad de Sevilla –fueran a gastarle un ajuste de cuentas– y había que ir hasta Cantillana, donde despachaba asuntos de gobierno o de palacio que serían de su incumbencia.

Muy recientemente se ha multiplicado el diablo por todas partes. Asociaciones de víctimas del ateísmo han visto o creído ver al diablo en los carnavales de Cádiz: chirigota Aquí estamos de paso, donde el paso eran pasos de Semana Santa; en la aldea del Rocío, donde un grupo en fin de año se atrevió a imitar el paso de la Virgen del Rocío; y, entre una y otra burla, en Segovia, donde el diablo que habita el acueducto se ha visto a punto de desahucio por ofender el sentimiento religioso.

Quédense con estas páginas que ilustrarán la seria posibilidad de que Diego Vaya, profesor y poeta sevillano, haya tenido algo que ver con estas idas y venidas del diablo a la noticia o a tribunales (que viene de tribu),

biedma-k8-U901358280861RD-624x385@El Norte

seguidas de otras no menos sustanciosas de leer este febrero endiablado:

El poeta sevillano Diego Vaya recibe el Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma de Nava (El Norte de Castilla)

Diego Vaya, prólogo‑epílogo (con un cameo de Daniel Lebrato)

El diablillo seguirá junto al Acueducto de Segovia por concluir el juez que no ataca la libertad religiosa. Un juzgado rechaza el recurso de una asociación de vecinos de la ciudad al determinar que no hiere el sentimiento religioso y prevalece la libertad de creación artística.

La parodia de la procesión de la Virgen del Rocío puede salir cara a sus autores. Independientes por Almonte anuncia que denunciará por profanación de lugar sagrado y ofensa a los sentimientos religiosos al grupo que protagoniza la escena grabada en Nochevieja (ABC)

De una pared sevillana a meme internacional: “emosido engañado” (Verne El País) + El meme viral “Emosido engañado” se fraguó en Alcalá de Guadaíra (Diario de Sevilla)

Acció Cultural pide en el Congreso que al valenciano se le llame catalán (Las Provincias)

La increíble historia detrás de El Cristo de Kennedy | Diostuitero ha visitado Granada y nos cuenta la historia de uno de los cuadros más fascinantes que hay en la Alhambra. @diostuitero

Goodreads: la red social que mató al crítico literario (El Mundo)

La cara B de la movida madrileña: pijerío, machismo y postureo (Esquire)

Fariña Poética: mafias, corrupción e indiscreciones de la vida poética en España (Antonio Orihuela en Portal de Andalucía)

diablillo del acueducto de segovia

La fiesta según Sevilla.

Fiestas de Primavera

un ensayo sobre la crueldad o una temporada de confort

Temo al infierno porque es la temporada del confort.
Arthur Rimbaud, Une saison en enfer (1873)

1.
«La prueba está en abril, cruel, que hace florecer a las lilas.» La letra es de Juan Cobos Wilkins, en su prólogo a De quien mata a un gigante (1987), y la idea, de T. S. Eliot en su obertura a La tierra baldía (The Waste Land, 1922), poema titulado El entierro de los muertos (dedicado por Eliot a Ezra Pound, il miglior fabbro): «Abril es el mes más cruel: engendra/ lilas de la tierra muerta, mezcla/ recuerdos y anhelos, despierta/ inertes raíces con lluvias primaverales./ El invierno nos mantuvo cálidos, cubriendo/ la tierra con nieve olvidadiza, nutriendo/ una pequeña vida con tubérculos secos». [lila, flor de la lila y coloquialismo por tonto, fatuo. abril, raíz aphr, aphro, acortamiento de Afrodita, diosa de la belleza y del amor, o de aprire, abrir, por el abrir de las flores, primera juventud como la de quien cuenta sus años por abriles.] Sea como sea, desde el 21 de diciembre, solsticio de invierno, los días han ido durando más, primavera antes de las doce uvas del año viejo y antes del Ya es primavera en El Corte Inglés. Únicamente el calendario cristiano, con su paso atrás (o flashback) de la Pasión, disturba una cronología recta, simple y natural (como dictada por naturaleza).

La antropología de la conservación ha hecho infinidad de cabriolas por demostrar que la pasión y muerte de un particular es alegría. Y ahí están los carteles de Fiestas de Primavera que unen Semana Santa y Feria de Abril (desde 1912, cartel de García Ramos), con toques de Toros en la Maestranza. Por algo, Isidoro Moreno[1], Jiménez Barrientos y Gómez Lara[2] se empeñaron en armonizar un mundo cofrade con una visión más progresista y social. Y la Semana Santa la han resuelto en ¡fiesta de los sentidos!: cómo se ve, cómo se toca, cómo se huele, cómo se oye, cómo se bebe, se come y nos seduce la Semana Santa de Sevilla. El problema es que la misma antropología se registra en otras latitudes y estaciones más frías.

2.
Sevilla se la inventó el capataz que bajó de Itálica o del Aljarafe hasta la Alfalfa, lo más alto y lo menos malo de Híspalis, la infelice en cuanto se desmadraba el río. Este señor dio en señorito. [señorito, nombre epiceno que abarca señorito macho y señorito hembra, nada que ver con señorita.] Precapitalista y reacio a la revolución industrial, la antítesis del señorito no es el obrero sino el criado, la servidumbre. Lo señorito se asienta en la tenencia de la tierra, viene de una injusticia de siglos: el latifundio; saca sus cuartos de olivos y naranjales y de la ganadería y se los gasta en la ciudad, cifra y compendio del ocio como negocio. Lara el editor lo expresó desde la cama: Si un negocio no da para levantarse a las once de la mañana, ni es negocio ni es nada. El criado ama y odia al señorito, todo, menos el término medio; del señorito aprende y a señorito aspira.

–No tenemos una gorda, pero vamos al Rocío.

Igual que se dice del habla andaluza, que ninguno de sus rasgos lingüísticos es exclusivo andaluz, diríamos del señorito, que nada en él es exclusivo. Los santos inocentes están aquí como en Valladolid o en Extremadura; y La escopeta nacional, lo mismo en Madrid que en Valencia. Lo pertinente, o impertinente, de Sevilla es la concentración de rasgos; su mirada de César o de Carmen la cigarrera viendo morir gladiadores; idéntica mirada, la de las santas y venerables cofradías, antiguas de nobles:

–Que carguen en silencio costaleros bajo faldones, que no quiero verlos, que no quiero oírlos ni olerlos.

Y, por eso, el incienso y las flores.

Desde 1972, los hermanos costaleros no corrigen sino culturizan esta mirada frente a otros modos, menos violentos para el cuerpo, de llevar los pasos, por Málaga o Cádiz. Para el señorito costalero, hecho al gimnasio y a la ostentación, los cargadores del puerto, sindicales, no hacían más que quejarse por vicio:

–¡La fe no pesa!

Y en tauromaquias los caballeros de Sevilla, cortos de rienda y de hacienda, reservaron sus jacas árabes y jerezanas para el rejoneo de salón dando la venia a sus gañanes, otra vez gladiadores a pie sobre la arena:

–¡Que corneen a Pepe-Hillo y nosotros, maestrantes, a ver los toros desde la barrera!

Como, desde la barrera, se asoma el señorito a la Feria de Abril, ese baile macho por sevillanas, que reducen a faena de aliño con su bajonazo final a la cintura. Cuando del tablao de Feria se pasa al tablao flamenco, el señorito abdica en el bailaor de turno, que es quien expone su cuerpo serrano, con lo que es el miedo al ridículo en un español de Sevilla. En el flamenco se gasta el señorito la estética de convidar y de ir marcando el compás con los nudillos sobre la mesa. Antes, marcaba también a la gitana (tal vez gitano) que se exhibía para él, que es quien pagaba las copas y quien peritaba la mercancía antes del reservado donde el señorito a la gitana, como a la criada, se la tiraba, ¡vaya si se la tiraba!, equivalente hombría a la que, por el Rocío, denunció Alfonso Grosso en Con flores a María (1981). Vázquez García y Moreno Mengíbar, en Poder y prostitución en Sevilla (1995), han puesto en orden, ya que no en limpio, ese mundo de cafés cantantes por la Alameda y ventas Antequera, donde no han faltado ni el pecado nefando ni la pederastia, con clientela de cortijo, quepis, tricornio y sacristía.

Y es que, de los cinco sentidos, de ninguno se goza el señorito como de la vista y ser visto (luciendo la cartera: Sevilla en sus bares). Y no será porque Viena, Venecia o Praga se contemplen menos. Es que tienen otras clases dirigentes y otras hegemonías.

3.
Una vez sometidos por la Corona los incómodos tercios moro, judío y protestante, la ciudad barroca fue pura Contrarreforma, más romana que Roma. Y ahí está la aportación de Sevilla (su I+D) a la cultura universal: el dogma de la Inmaculada. En esa mujer virgen y madre el señorito se retrata a sí mismo en su auto de fe en lo inmutable mutable, Don Juan en los altares. No hay una Sevilla frívola frente a otra a la altura de la historia. No hay más Sevilla que la que arde en cirios de nazarenos, habanos de la Maestranza y candelas del Rocío. De Sevilla, se puede decir lo que del dinero y la buena vida: la hay más barata, pero ya no es vida. Hay más Sevilla, pero ya no es.

–Ese tío no es rociero.

Esa otra Sevilla tendrá que preguntar a su intelectualidad y artisteo de copyright qué hacen por ella. La mayoría, cultivarse a sí misma, como hicieron los Caro, Arguijo, Laffón o Romero Murube. Biblia del Oso, Abate Marchena o Blanco White vienen al pelo para sostener la historia de los heterodoxos sevillanos. Esa propensión al mito y algún arquero fino de Sevilla cautivaron a Jaime Gil de Biedma. Pero del mito al misterio hay mucho trecho y, más aún, hasta la ciudad profunda y esquiva. Como en la máscara de Esopo o en la canción del roquero Silvio, no busquen más, que no hay. Sevilla, belleza hueca como la cabeza del señorito.

La cara popular, y no libresca, del mito se resume en Cernuda: el Sur es una tierra que llora mientras canta (aunque Cernuda se refería a un blues) y en Manuel Machado: cantando la pena, la pena se olvida. Para penar y cantar, el pueblo está doblemente motivado. Por solidaridad con los suyos y por contraste con la vida que se pega el señorito en la ciudad de la gracia.

No menos gracia tienen en Cádiz y ya vieron cómo acabaron con la Pepa de 1812, con ¡Vivan las cadenas! ¡Vivan las cadenas! que hoy expresan clases cautivas del Psoez Estado del Bienestar: pedid y se os dará: más servidumbre y más criados. La Andalucía libre por sí y por la humanidad asoma la patita por la novena provincia andaluza, Cataluña, ¡Vivan las cadenas!

4.
Recuerdo a mis amigos Jiménez Barrientos y Gómez Lara, Jorge y Manolo, empeñados en conciliar las esencias de Sevilla en un proyecto vital y (miedo da decirlo) de izquierdas. Cofradías. Rafael de León. Concha Piquer. Acaso aquel esfuerzo fue comparable al que hicieran ilustres del siglo 18 por aunar patria y progreso sin salir afrancesados en la foto. Bajo el poderoso influjo de Umberto Eco, Apocalípticos e integrados (1964); de la Crónica sentimental de España, de Vázquez Montalbán (1971) y de Isidoro Moreno (1982), con su lectura laica y republicana de la Semana Santa, Jorge y Manolo lo intentaron. Que si la fiesta de la pasión y de los cinco sentidos. Que si la copla como transgresión o escape. A la vista del Giraldillo, que sigue veleteando la herejía, solo nos queda lo que al penúltimo heterodoxo de Ramírez Lozano: caminar por la sombra.

La ludopatía de Sevilla empieza en la Cabalgata y dura de tres a seis meses, Cuaresma y Pentecostés. En ese espacio la Sevilla que puede permitírselo sale de una fiesta y se mete en otra, anda de víspera en víspera, de resaca en resaca, encabalgamiento que ejemplifica el Domingo de Resurrección, ya en la Maestranza. Es ciclo que pasa por el Rocío y se hace verano en Matalascañas con dos citas de cierre y vuelta a la Catedral: Corpus y Virgen de los Reyes (15 de agosto). En ese paquete falta el Carnaval, que huyendo de la ciudad de la gracia se fue hasta Cádiz. Un tiempo hubo carnaval en la Alameda de Ocaña (1947‑83), Nazario y del Teatro Real, pero, tras el sida, derivó en Orgullo Gay agradecido. Y hubo además carnaval no declarado la víspera de la Inmaculada (8 de diciembre), pero en esto llegó Palacio (Arzobispal) y mandó parar. Tampoco ha cuajado la feria de otoño o de San Miguel, cuando Sevilla tira al campo o a la sierra, candelas, setas y castañas. Nota. El señorito sevillano despacha todo el ceremonial casi sin quitarse el traje oscuro de capillita que se puso el Miércoles de Ceniza.

En el tardofranquismo, integrarnos en ese calendario parecía compatible con el cambio que esperábamos. La militancia de la Transición (con tanto cristiano por el socialismo) identificó Reconciliación Nacional con reconciliación con las hermandades y, enseguida, con Felipe González, toda España a bailar por sevillanas, y a la Expo en Ave. En Feria abrieron caseta la Pecera y El Garbanzo Negro, luego vendrían las de distrito. El Cerro del Águila sacó dos hermandades, de penitencia y de gloria al Rocío; también al Rocío, el Polígono Sur. Chavales de barrio, canis vestidos de capillita, cruzaron el Tamarguillo buscando el Centro, engominado y pijo. Parecía que por fin se abría el tarro de las esencias tan celosamente guardadas por la Sevilla de negro y del ABC. Que si quieres. La Sevilla de negro iba a mostrarle a la de colorines quién manda en la Carrera Oficial. Primero, porque la democratización empezaba a ser preocupante y, después, porque la Sevilla católica y mariana iba a acudir con renovado ímpetu de segunda Roma al rescate de Occidente, a contra imagen del Islam, según se entra a mano izquierda con feminismo del 8‑M por sus mujeres tapadas. Con ustedes: ¡Cultura y Civilización!

Nuestro intento (yo me incluyo) se rompió por tres ejes. El eje de las clases sociales, el eje de las creencias (al final, Dios distingue a sus fieles, de entre curiosos, laicos, guiris y diletantes) y el eje de la antigüedad, que en Sevilla es más que un grado. Faltando el eje de las ideas, no pudo ser, no pudo ser.

Abril sigue haciendo florecer a las lilas y, sobre todo, a los lilas. Temo a la fiesta según Sevilla porque es la temporada del confort.

Daniel Lebrato, para TeVeo ©

[1] Isidoro Moreno Navarro: La Semana Santa de Sevilla. Conformación, Mixtificación y Significaciones. 1982.

[2] Jorge Jiménez Barrientos y Manuel José Gómez Lara: Semana Santa en Sevilla. 1992.


de chuminos, nonainos y miarmas, en vacaciones.

miarma


Corre por ahí: miarma, por fin palabra académica.[1] Sin verificar la exactitud de la transcripción hecha de unas palabras atribuidas a Antonio Rodríguez Almodóvar, dueño probado de mejor prosa,1 miarma no nace en Sevilla, ni sería nunca un honor de la sevillanía (equivaldría a un guiri llevando a honor ser guiri), sino en provincias donde parodian el falso ‘mi alma’ dirigido incluso a quien el prototipo de Sevilla dejó algún gasto, algún marrón. También son de comentar los afiches que circulan sobre el origen de la palabra chumino, de “show me now” (enséñamelo), que se disputan los espanglis de Cádiz y de Málaga. Se ve que alguien se aburre en vacaciones y se distrae en redes. Si tanto sopla, dará positivo en la prueba de estulticemia. Y, por cierto, a ver cuándo desde Andalucía dejamos de mendigar a las puertas de la Academia. ¡Le vayan dando a la Academia!

Queden ustedes con lo que dice Tinta de calamar sobre la invención y tratos de nonainos y miarmas:

«Un nonaino es un miarma que canta y un miarma es el nombre que en ciertas partes de Andalucía se da a la gente de Sevilla. Parece que mi arma, mi alma, ha llegado a muletilla. En Tombuctú los arma, unas diez mil familias, son en su mayoría de origen marroquí pero existen descendientes de los andalusíes de Yuder Pachá que siguen usando palabras castellanas y defienden su origen andaluz. Portan espadas rectas, adornan su pan con cortes en forma de cruz y blasonan sus casas con escudus espagnioles.» (§172) En Para hacer un verano andaluz[2] se lee: «Un nonaino hemos dicho que es un prototipo de Sevilla que, esté en la fiesta que esté, siempre se arranca por las arenas y entre los pinos cantándole a su virgen del Rocío ¡No ni ná! El nonaino, de hábitos gregarios junto al arsa y al ole, se caza de madrugada en urbanizaciones de temporada alta de julio a septiembre incluso con las ventanas de cristalit bien cerradas.» (§393)

[1] Este es el mensaje: «El muy sevillaníssimo (así) término, miarma, ya forma parte oficial de la lengua española, del dialecto andaluz, por supuesto. La buena noticia de la incorporación de nuestra querida palabra aborigen a los diccionarios del mundo, la daba ayer el académico sevillano de la RAE, Antonio Rodríguez Almodóvar, en rueda de prensa en el Ateneo hispalense, con las siguientes palabras: “Ni mi alma ni mi arma. La inmensa palabra, el santo y seña de nuestra ciudad que da la vuelta al mundo cual Macarena ¡ajay! es miarma. Es por ello que tengo el inmenso honor de anunciar a la sevillanía y a los cientos de millones de andalusí-parlantes de todo el Nuevo Mundo, que miarma pasa a ser un término oficial de la lengua española. ¡Qué alegría, miarma!” Asimismo, el académico y cuentista anunciaba que otros términos indígenas como empercochao, enguachisnao, calufa, bacalá, pirriaque, noniná o contrimá también serían en breve asumidos por la RAE. Han sido siglos de uso popular o coloquial de la palabra miarma como muletilla para todo en las conversaciones de la Mariana Villa, hasta el punto de que los sevillanos son denominados como miarmas más allá de las fronteras de la provincia.»

[2] «Para hacer un verano andaluz se le quitan a la temporada sus golondrinas, lo que debe hacerse inocua pero exhaustivamente, y en jaula aparte se tiene dispuesto un ejemplar de cigarra adulta, macho de tres a cuatro centímetros con sus tímbalos enteros. Según mercado, se procura una casa de campo o similar, una maceta. Deje ahí la cigarra mirando al sur sobre un lecho de tallos verdes. Abra entonces las ventanas, póngase cómodo y escuche el campo los mediodías, hora solar. La vez que la cigarra se arranque por chicharreras, el mes de agosto estará en su punto. Puede, si quiere, regarlo en agua y echar las ventanas por la sombra con búcaros de guarnición. De noche, añada un grillo.»

remanso de pescadores.

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No digan ora pro nobis, que no es ora, que es orilla, orilla de pescadores. Del Río Remanso Valerio, Alta Argentina, tenemos La oración del remanso, canción del año 85 del cantautor santafesino Jorge Fandermole (n 1965), oración que han cantado, además, un sinfín de Mercedes Sosa, Liliana Navarro, Diego Amador, Silvia Pérez Cruz o Rita Payés (n 1999, no se la pierdan). Informa la Wiki que el Cristo de los Pescadores existe como devoción y cofradía en Cabo de Palos, Murcia, España, y es lógico que la devoción del gremio se inventara ese Cristo –no Señor– pareja masculina de la Virgen del Carmen.

El Cristo de los pescadores me hace pensar en la Virgen de la Viga que hay en mi plaza de San Antonio, San Lorenzo, Sevilla, barrio que un tiempo fue sede de talleres de carpintería y se ve que alguien se inventó ese culto a la Virgen de la Viga como protectora frente a la termita y a las inundaciones, próximo el río Guadalquivir.

Por mucho que uno esté lejos de la experiencia religiosa, por mucho reparo a clerecías que prevarican en nombre de Dios, siempre me ha emocionado la religión natural de la pobre gente que mira al cielo –al techo para que no se le caiga la casa encima o al agua para que el agua, como dice la oración, le dé sus dones–, religiosidad que nos redime con el duro corazón de los hombres varones que, no pudiendo ser libres, se conforman con ser felices. Yo voy con ellos.

Enlace al sitio río remanso.

Foto portada: página ElBaqueano



montando el Rocío.

En Desmontando el Rocío se pone de relieve que, igual que hablábamos de nacionalcatolicismo en tiempos de Franco, se puede hablar de democatolicismo o socialcatolicismo en tiempos de democracia y clases medias en onda Psoe (psoecatolicismo). El artículo terminaba con esta lápida: no es que Canal Sur y medios informativos se hagan eco de un fenómeno religioso único en el mundo: es que inducen a él. Desde Albacete, Benidorm, Cartagena, Hospitalet, Madrid, Medina del Campo, Melilla, Menorca, Navarra, Sabadell, Salamanca, Santander, Segovia, Terrassa, Torrevieja o Vitoria-Gazteiz, una amplia geografía humana –no toda de andaluces por España, aunque también– se interesa por la romería y quiere venir más en condiciones.

Esta carrera por ser y estar es paralela y la hemos visto en la Semana Santa de Sevilla, Málaga y grandes poblaciones andaluzas: también ahí, con el reclamo de alguna obra de verdadero arte y de algún origen medieval, lo que abunda es mucha artesanía de mérito ninguno. Pura idolatría. Todo ello, al alcance de las dichosas clases medias que, no contentas con contemplar un espectáculo anacrónico que debiera estar en retroceso (vamos, se quiera o no, hacia un laicismo irreversible o, en todo caso, a una religión privada frente a las otras), alimentan al monstruo por dentro y quieren protagonizar con el visto bueno, buenísimo, de concejalías de fiestas y cultura que, con tal de atraer recursos y visitantes, se inventan lo que haga falta por elevar a tradición o bellas artes esos churretes que sacan en procesión.

La emulación mueve montañas y masas. Esa emulación, en Semana Santa, corre de barrios al centro y, en el Rocío, de clases medias al señorito, que era quien se permitía el caballo, la carreta y la casa en la Aldea que aderezaban un abundante cuerpo de criadas y gañanes mal pagados y peor tratados, que iban haciendo “el camino sucio”: las camas, la comida, los bueyes, la cuadra, servir el vino al gusto del señorito, bien fresquito; ese Rocío que pintó Alfonso Grosso en su novela Con flores a María (1981).

Ahora, con un 4 x 4 te crees alguien y, yendo en sociedad, la hermandad funciona como la caseta de Feria: que, compartiendo gastos comunes de montaje y de servicio, de pronto un sueldo medio presume de ir al Rocío a base de endeudarse en algo todos los días del año.

Lo que sí tiene el Rocío frente a otras romerías, las más de ellas en alturas o en rutas de poco aforo o de difícil acceso, es un escenario único, una explanada interminable, un caserío propio y en plena marisma del Coto de Doñana, a dos pasos, por cierto, de la playa de Matalascañas y en un triángulo Sanlúcar · Sevilla · Huelva donde la gente entiende la buena vida, y hace bien. Se citan el turismo de invierno y de verano, el ecológico, la monta, la observación de pájaros y ganaderías, espacios naturales que –manda la Onu– no se pueden estropear. No es poca cosa. La Iglesia no es tonta. El Psoe y clases medias, tampoco. Falta que la Unesco, comandante, mande parar.

–enlace a Desmontando el Rocío


fin de semana en Sevilla.

¿Es usted del fútbol o de las cofradías?
¿Cree usted en España, una, grande y libre?
¡Enhorabuena!

España le ofrece la cobertura policial para sus desfiles y eventos,
religiosos, militares o deportivos,
con cargo a laicismo, pacifismo y objeción de conciencia:
policías, guardias civiles, todo tipo de cuerpos de seguridad
de uniforme o de paisano
ahora a su alcance.

Es una oferta del Ministerio de Interior.
Gobierno de España.

Y mañana el Día de las Fuerzas Armadas.
No deje de llevar sus pequeñines al desfile.


¡caracoles!

Un pañuelo de lágrimas para Morante, foto El País

/ ¡caracoles! interjección igual a ¡caramba! /

La ventaja del pensamiento público (o político) consiste en criticar a un Estado (de cosas) y en disculpar al individuo. Dos casos vienen a propósito. El primero ha salido en los periódicos: «Polémico gesto de Morante de la Puebla en la Maestranza de Sevilla. El matador secó las lágrimas del toro picado y banderilleado que iba a matar.» El otro es una anécdota particular no tan rara en plazas próximas a bares con veladores donde menores juegan a la pelota mientras sus mayores se echan su cerveza con caracoles. El suceso lo habrán adivinado: de pronto, un balonazo descompone su mesa, rompe el vaso o directamente le echa a usted en su luciente traje su tapa de caracoles. Como el futbolista es menor de edad, y además educado, la víctima, mientras recompone la estampa como puede, se ve incapaz de reñir al chaval. Y a lo que vamos. ¿No debería lo público (gobierno, alcaldía, plaza o bar) haber previsto el incidente? Pues nada. Por toda exculpación solemos oír, del padre o la madre: ¡Perdone! ¡Ha sido sin querer!, mi hijo es un magnífico muchacho y los chiquillos en algún sitio tienen que jugar; que le pagan a usted otra de caracoles o una cerveza nueva como la que se estaba tomando, la lavandería también se la pagan y, si usted sigue con el enfado, todavía le increpan que si usted no ha sido nunca un niño o si nunca cometió alguna travesura cuando era chico.

La moraleja es clara. Cuando la lógica del piense en los demás o el sentido común (único comunismo que nos queda) no funciona o no existe, el individuo sale a juicio y las personas pelean o dirimen sus cuestiones a base de voluntarismo y de moral. Tampoco debemos juzgar en primer lugar al torero que saca su pañuelo y enjuga las lágrimas del toro que va a matar. Debemos criticar al Estado que permite los toros y, de paso (igual que al padre o madre del futbolista urbano), juzgar al público que está detrás. Rafael Sánchez Ferlosio abominaba de la fiesta de los toros “no por compasión de los animales sino por vergüenza de los hombres”. Pues eso. ¡Marchando una de caracoles y dos de vergüenza ajena!

Foto de portada: El País


la Sevilla del ABC.

Identificación entre una ciudad y un modo de ver, llamamos “la Sevilla del ABC” (desde el 12 de octubre de 1929; ABC de Madrid, desde 1903) al paquete ideológico que ha ido conformándose entre ciudad y periódico. Este ideario, más masculino que femenino (eran los varones quienes leían la prensa desde primera hora del desayuno: hemeroteca de bar), no hay que tomarlo en el sentido político conservador (y, ante la República, golpista) sino en el sentido de configuraciones mentales que alcanzan a quienes se las dan de progresistas o han sido de la competencia (como su rival histórico, El Correo de Andalucía, fundado por el cardenal Spínola en 1899, o su actual competidor en los quioscos, el Diario de Sevilla, pasando por las ediciones regionales de El País, El Mundo o prensa gratuita). El ABC es guardián de las esencias de Sevilla y el Ayuntamiento lo escucha y le teme: desde la Cabalgata hasta el chiringuito en la playa, desde la Feria a la Feria del Libro, desde la Maestranza hasta el Rocío, desde el Corpus a San Miguel y a Navidad, desde las comuniones por mayo hasta las esquelas y los anuncios por palabras. La ciudad se mira en el ABC, ¡qué buen nombre!, ABCdario de lo que hay que hacer.

Ante la Feria “de sábado a sábado”, la Sevilla del ABC reacciona corta de reflejos y como con miedo a pensar posibles soluciones a lo que evidentemente parece un absurdo: ese último fin de semana ni chicha ni limoná, ni enteramente feriado ni enteramente libre de fiesta, con Toros y Calle del Infierno pero sin casetas, algo incoherente como oferta de ocio para el turismo y para los planes de fin de semana. Y todo porque la Sevilla del ABC es incapaz de no hacer “lo que siempre se ha hecho” y porque frente al “de sábado a sábado” parece no haber más opción que volver al Lunes del Alumbrao. Como si los fuegos artificiales (pirotecnia raquítica para que el espectáculo alcance los quince minutos) tuvieran que ser por fuerza de clausura. Y como si las 24 o las cero horas fueran el único corte autorizado entre un día y otro día y como si el segundo domingo no se pudiera pasar en paz y buena compañía con las casetas abiertas, plan dominguero. Esa falta de imaginación es característica de la Sevilla del ABC. También, no concebir la privatización de la Feria con cargo al bolsillo de la comunidad de feriantes. O hacerse la Feria parque temático que cobrara la entrada a un recinto cerrado y que podría auto subvencionarse por publicidad o patrocinios. Nada de eso le cabe en la cabeza a la Sevilla del ABC, vote al PP o vote izquierda. Como tampoco le cabe que haya un evento en la ciudad sin que yo, sevillita, esté presente:

–¿Diez días de Feria? ¡Si yo con cuatro tengo bastante!

–¡Que la Feria esté abierta no significa que tú tengas que ir!

Narcisismo gregario y autoritario con lo que la ciudad considera sus fiestas, costumbres y tradiciones. Léalo en ABC.


la sombra de la torre es alargada.

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Lo avisaba la Unesco allá por 2012. La Unesco no quiere que se eclipse a la Giralda. Sevilla dejará de ser Patrimonio de la Humanidad si no modifica la altura de la Torre Pelli, de 178 metros. Según la Plataforma Ciudadana Túmbala, había sobradas razones para oponerse al complejo de oficinas, comercial y de ocio llamado Puerto Triana, con su rascacielos estandarte de casi 180 m de altura. Una labor en la que se ha esforzado la Plataforma Ciudadana contra la Torre Cajasol ¡Túmbala!, nacida en 2009, que aglutina una veintena de entidades sociales patrimonialistas, ecologistas, universitarias y vecinales. Como puede verse en la fotografía (tomada por Alicia Domínguez Albarrán al atardecer del sábado 11, segundo sábado de Feria de Abril en mayo 2019), la Torre eclipsa, ¡vaya si eclipsa!, a la Giralda en una época del año próxima al solsticio de verano y, por geometría astronómica, seguirá eclipsándola.

Dejando aparte lo que decida la Unesco y las reclamaciones que pudieran hacerse, las dos torres están, y no queda otra que buscarles la armonía con las lecturas que vengan al caso:

1.
Desde la participación ciudadana. El impacto de la Torre Pelli sobre la geografía urbana (como el impacto de Las Setas o del Plan Bici) debió haberse sometido a referéndum, consulta municipal igual a la que se realizó para alargar la Feria “de sábado a sábado”.

2.
Desde la política social. Hace siglos que Sevilla como otras ciudades históricas tiene un problema con la propiedad del suelo y de la tierra y con la calificación y recalificación de lo construible y lo protegido, lo público y lo privado con las expropiaciones que pongan límites a la especulación.

3.
Desde la ciudad eterna. No es menos bella la Luna el día que el Sol la eclipsa. Ya puestos, una Giralda eclipsada podría servir de atracción turística y promoción fotográfica.

4.
Desde la ética de la estética. La Giralda es soberbia hija de muchas soberbias. Romana en sus cimientos, árabe en su fundamento, cristiana en su cuerpo de campanas. Si la Giraldilla representa una invicta Fe, la sombra que le hace la torre Pelli (Caja Sol o Sevilla) es lección de humildad adecuada a los tiempos. ¿O es que los rascacielos (todos los rascacielos de este mundo, también la Torre Eiffel) no vinieron a las ciudades para hacer sombra a lo que había? Cuando se levantó el remate cristiano sobre el morisco, alguien –a favor del alarife– dejó escrito:

El árabe no pudo equivocarse tanto.
No haber previsto su derrota
.

Ahora la ensombrecida es la victoriosa Fe contra la herejía. La próxima, cuando otra la ensombrezca, será la Torre Esa.

–enlace a Daniel Lebrato, Hacia (1999)

/ a Alicia Domínguez Albarrán y Rafael Gálvez /


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maneras de pensar la feria.

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La trampa es doble: primera, si uno participa o no de la fiesta y, segunda, los puestos de trabajo, negocio o beneficios que la fiesta genera.

A lo primero, el gusto de uno, se responde diciendo que eso qué importa. Dejo ahí la foto, testigo de Daniel Lebrato ayer noche en la trastienda de su caseta a todo plato la Noche del Pescaíto, luego del Alumbrado, con más cerveza y manzanilla. Me encanta la Feria porque es laica, sin motivo religioso o militar, y con una concentración de grifos de Cruzcampo como vendrá en el Guinness.

Respecto a que la Feria da de comer a mucha gente, claro que sí, nada que objetar, aparte la dinámica del trabajo como beneficio / explotación, cuando ya es hora de que una sociedad más humana (o al menos su humanismo) plante cara al envenenado dilema que hoy se lleva, que es trabajo / desempleo, y aparte de que el trabajo, todo trabajo, ha de ser digno y para el bien común y ya me dirán qué bien produce poner 24 mil bombillas para una portada que podría ser la misma un año y otro como fue la Pasarela en las primeras ferias en El Prado; trabajo de montaje y bombilleo que nos hace preguntarnos ¿a quién beneficia?

Voy a favor del capitalismo. Si Sevilla fuese Miami, un suponer, el real sería un recinto cerrado, un parque temático al que habría que pagar para entrar; la portada podría estar patrocinada por McDonald’s o Coca‑Cola (con publicidad incluida como podrían llevar anuncios los pasos de Semana Santa) y con seguridad privada de manera que ni un solo policía local o nacional estuviese cubriendo fastos privados (política válida para partidos de fútbol de alto riesgo). En fin, así iría todo. Placeres privados, dineros privados. Y si empresas hosteleras ingresan tanto o cuanto por la celebración de una fiesta, que apoquinen lo suyo como patrocinadores. No veo, la verdad, cuál sería el problema.

Lo que quise decir es que lo que se invierte por ocho días de una ciudad efímera daría para urbanizar El Vacie o Las Tres Mil, lo que es una crítica severa al pensamiento señorito de quienes se precian de buena hermandad entre feriantes (fraternidad igual, en las cofradías o en el Rocío) que no es más que hipocresía. ¡Ande yo en mi caseta y déjenme de puñetas! Es muy señorita y muy insolidaria la que presume de ser la ciudad de la gracia.

Dicho lo cual, me harté de pescaíto, de rebujito y de bailar hasta las tantas de la madrugada, faltaría más. Quédense con el mensaje, si les interesa, y no maten al mensajero.

(Respuestas a La Feria de Sevilla no tiene corazón)