Etiqueta: pensamiento

eLTeNDeDeRo prevé su propia muerte.

Que el mundo está mal hecho, se sabe desde siempre. Que el mundo va a peor, lo saben menos. Esta es la fábula a la manera de la disputa de don Carnal con doña Cuaresma, aquí Estulticia contra Lucidez.

Llegó primero don Capitalismo y puso precio a todo. También, a lo que se salvó del viejo régimen: Iglesia, nobleza y monarquía, con sus princesas de toisón de oro. Vino después don Bienestar y abarató la estulticia hasta hacerla accesible a las clases medias, bajas y proletarias. Mucho ayudó doña Alianza de civilizaciones con su séquito de Misiones de paz y Guerras justas, que prolongaron la vida de los ejércitos y trajeron inmigración para los trabajos peor pagados y ya, de paso, nos meterían a las mujeres tapadas a la fuerza, por religión, como si fuese por moda. Perlas de esta corona fueron los coros de los Orgullos y el Silesgusta, que hicieron de las viejas reivindicaciones (contra lo que estaba mal) una actitud a favor. Ya tenemos al macho imitador de la hembra en sus dibujos ancestrales. Ya tenemos al feminismo duplicado en papel varón, triplicado en legetebeí, cuadruplicado en la prostitución. Tras la legalización y sindicación de la trata, el Gobierno nombrará un Ministerio de asuntos feministas junto al de Máximas penas revisables, que ya existe. Quien dice orgullo sexo, dice orgullo bici, orgullo másterchef o estrella Michelín, operación triunfo, arte o cultura. Y hasta el orgullo nación cuando ha saltado la alarma en Cataluña.

Y hoy no se puede hablar de nada con nadie sin aburrimiento o sin peligro. Cada grupo se apiña para reforzar sus consabidos puntos de vista, que los unen como a un club. La náusea alcanza niveles irrespirables pero, si alguien pregunta, vivimos en el mejor de los mundos, mundo que costó librar de las garras del comunismo (todavía no derrotado del todo y ahí está el populismo), que es el malo de la película. ¿Igualdad entre seres humanos? ¡Habrase visto!

No solo la prostitución, esa vieja vergüenza, sigue (de pronto, como trabajo digno), sino la mendicidad (hija sin duda del libre comercio y de la libre circulación de las personas). Y sigue esa clase política únicamente superada por la más numerosa, que es la clase demócrata, a la que pertenecen mi cuñado y mi vecina. Se morirá por náusea [eLTeNDeDeRo].

Un aviador prevé su propia muerte es un título de Justo Navarro (poesía, 1986).

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para ser feliz en esta hora de España.

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Yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas.
Antonio Machado

Para entender la actual moral de dominio público en España, hay que remitirse no solo a la larga noche del franquismo sino a lo que aportó la izquierda (Psoe, Pce, IU, Podemos). Dando por sabido que un partido es la suma de voluntades de militantes, simpatizantes y votantes y que esa suma actúa por impregnación, u osmosis, de arriba abajo y de abajo arriba, izquierda y derecha han amoldado el pensamiento de tal manera que en España ha desaparecido la moral, tanto la pública como la privada, y la ética dominante es que todo vale: el teniente piloto en su avioncito y el ingeniero trabajando para el Airbus (más bajito, lo de Military): todo eso es paz, progreso o nuestro modo de vida al que no estamos dispuestos a renunciar. (Muletilla válida en caso de ataque yihadista.) Y España le gustará a quien acepte la política profesional, un grado de corrupción política razonable; a quien acepte el ejército, sus misiones de paz; las tres religiones y su alianza a título de culturas o civilizaciones; las oenegés, las campañas de acogida. Y en lo personal le gustará España si le gusta el varón feminizado, el bebé en el carrito, la niña en el conservatorio, su bici o su perro por Chueca, la Barceloneta o la Alameda, generación post movida y del orgullo con su tatuaje en la piel. Esa es la España que heredó el sueño de un mundo distinto y lo cambió por el sálvese quien pueda, que no estamos tan mal y la democracia es lo menos malo que se conoce. Hemos pasado de un mundo de etiqueces a un mundo de esteticienes.

Quien ‑como yo‑ ve así la realidad, ha podido recibir o recibe todavía etiquetas de marxista, comunista o últimamente bolivarista. Todas esas cosas, acumulativa o sucesivamente, las ha podido uno ser. Lo que no somos es de la letra chica de la política, de tal o cual carnet o sigla partidista. Porque todo es mentira programada por tipo de creencias o por masas más o menos conversas o creyentes, lo que incluye creer en partidos que no son partidos pero funcionan por admiración: el partido del arte, el partido de la cultura. Quien así piensa puede ser una persona feliz que le diera la vuelta a aquel Machado: yo vivo en guerra con los hombres y en paz con mis entrañas. También me hace feliz el disfrute de mis bienes materiales ante los reproches de alguien que quisiera verme dando lo mío al banco de alimentos o a inmigrantes sirios. Ninguno de esos terrenos, ni discutir nuestro modo de vida (a la fuerza, burgués) ni echarnos al monte o a la guerrilla son nuestro territorio, que es ninguno. Como mucho, tenemos el peso de haber visto las trampas del sistema, trampas que antes se llamaban el Capital, la Iglesia y el Estado y, hoy, se llaman acogida, solidaridad o multiculturalismo. Para el paseante: más de buenismo y tiro porque me toca. Yo no tiro. Yo no juego. Y soy más feliz que mi vecina, quien, por la bandera que veo en su balcón, está, la pobre, muy preocupada por lo que está pasando en España y Cataluña.

para hablar de política.

Daniel Lebrato como eLTeNDeDeRo (7)
el tendedero

Si alguna virtud alcanza el pensamiento es ser libre, libre de las ideas trilladas que nutren las conversaciones más frecuentes y, por tanto, más sociables y más integradas. El mundo al uso (o lo que es igual: los conceptos del mundo) es obra de inteligencias superiores que, cada una tras sus intereses más o menos ciegos o inconfesables, manejan los itinerarios por donde quieren que transcurra el pensamiento ingenuo: es lo que nos hace tener que ser demócratas (de izquierdas o derechas, ya se puede discutir; la democracia, nunca); es lo que nos hace tener que ser creyentes (¿de qué religión?, tema libre, pero esta muchacha con su velo y la otra muchacha con su cruz); es lo que nos hace tener que ser españoles, europeos, solidarios, pacíficos o educados en la tolerancia absoluta a lo que no se debía consentir: la fealdad de un mundo injusto resultado de la explotación del hombre por el hombre, que sigue y sigue y sigue después de griegos y romanos aunque, si te preguntan, qué grande fue la Grecia de Pericles y que gran civilización la del imperio romano para que el Occidente nuestro, heredero de aquella antigüedad, nos parezca unánimemente criticable y mejorable pero, eso sí, el mejor de los mundos posibles, como queríamos demostrar.

Los trajes que el pensamiento debe saber llevar están tejidos de pomposas prendas personales que al hombre y a la mujer nos vistan para diario y las fiestas, para la casa y la calle. Conceptos que (como a Dios) nadie ha visto (libertad, igualdad) se juntan con conceptos que sí hemos visto (democracia, arte, cultura o religión) y nos producen dos clases de consuelo: quien vive bien de otros, y de la explotación de otros, ya coge el sueño por la noche, tan roncante, y quien vive mal o de que lo exploten igual dormirá lo justo para no escandalizar ni alterar el orden de las cosas.

Daniel Lebrato como eLTeNDeDeRo (7)

principio de la obviedad.

La democracia consiste en aceptar un resultado electoral, aunque sea adverso; la izquierda, en voluntad de cambio para imponer un resultado. Mientras la democracia es una regla de juego, la izquierda ‑antes o después‑ quiere cambiar de juego.

Solución personal: sean, de verdad, demócratas y dejen de ser, de mentira (parlamentaria), de izquierdas. O sean, de verdad (revolucionaria), de izquierdas y dejen de ser, de mentira, demócratas. O, mejor aún, no sean ni demócratas ni de izquierdas. En la actual jungla de las ideas, les irá de maravilla.

Cuando se regenere o regeneremos el concepto de “el gobierno de la mayoría” (junto al “respeto a las minorías” : base y origen de la democracia), cambiará la izquierda. O puede que la izquierda ni siquiera haga falta.

[eLTeNDeDeRo]

señas de identidad.

A propósito de las señas de identidad (locución que hizo título Juan Goytisolo en 1966, pero en español desde 1927, y de la que Goytisolo llegó a distanciarse)[1], lo mejor será acudir a la Constitución y constituciones o leyes fundamentales de nuestro entorno para ver qué se entiende por identidad.

La Constitución Española establece que no puede prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento1, raza2, sexo3, religión4, opinión5 o circunstancia6 personal o social.

En Francia: origen1, raza2 y religión4.

En Italia: sexo3, raza2, lengua1, religión4, opiniones5 políticas u otras circunstancias6 personales y sociales.

En Alemania: sexo3, parentesco1, raza2, idioma1, patria y origen1, creencias religiosas4, ideas políticas5 y discapacidad7.

En Reino Unido: sexo1, orientación sexual1, discapacidad7, credo religioso4 y edad1.

Las leyes federales USA (actualizadas a enero de 2001 por el Departamento de Justicia) prohíben la discriminación basada en el origen nacional1, la raza2, el color2, la religión4, la discapacidad7, el sexo3 y la situación6 familiar de una persona. El origen nacional incluye lugar de nacimiento1, ancestro1, cultura1 e idioma1.


nacimiento, raza y sexo son factores predeterminados. religión y opinión son adquiridos. sexo no es exactamente sexualidad, distinción que se hace en UK. nacimiento y religión aparecen en las seis constituciones comparadas, algo que no ocurre con sexo, que en Francia estará incluido en origen. La [libertad de] opinión está recogida en España, Italia y Alemania, pero no en Francia, Reino Unido o EEUU.


Otro día hablamos de cómo la omnipresencia de la religión (entendida como religiosidad de signos externos) merece ser políticamente discutida y replanteada para que las religiones no se nos lleven por delante el día menos (pero más, más) pensado.


Enlaces:

Filosofía en español

–página de Bombillar, sobre El sistema constitucional del Reino Unido.

[1] Por interpretada en lo que nos diferencia, contra lo diferente que podría unirnos, Abandonemos de una vez el amoroso cultivo de nuestras señas de identidad, El País, 10/04/1984.

las manzanas y el cesto.

Rafa Iglesias Cóctel Molotov

Un periodista preguntó al Vicepresidente Alfonso Guerra ‑político muy de izquierdas y muy querido por sus votantes‑ por la corrupción en que había caído: nombrar para un carguete a su hermano Juan Guerra con gran sueldo y despacho. El señor Guerra, Vicepresidente del Gobierno de España, respondió: –¿Es que usted no lo haría? ¿Quién no hace lo que puede por un hermano? (Para el pueblo, que lo adoraba, el caso Alfonso Guerra no fue más que una manzana podrida.)

En el reciente PP es norma argumentar que el presunto corrupto o la presunta corrupta ya fueron indultados por los votos que han vuelto a recibir en las últimas elecciones, o sea: ganaron por soberanía popular lo que presuntamente perderían ante jueces que siempre podrán ponerse en entredicho. (De donde, el aforamiento.)

Aplicando la teoría del Cuerpo místico de Cristo (que abarca y une desde Cristo y la cabeza de la Iglesia hasta el último y más insignificante de los creyentes), tan corrupto es un partido como quien lo vota. Ahora no es Alfonso Guerra ni Juan Guerra quien nos interesa: es el periodista o el oyente o receptor de aquella entrevista, hombres y mujeres cuerpo místico del partido corrupto que ya llevaban dentro la corrupción o la han aprendido de sus mayores. (Las manzanas del cesto, todas, estaban o están podridas.)