Etiqueta: pensamiento

La vida no vale nada.

cable tirolina

La espeluznante noticia es: Muere en su luna de miel tras chocar con su esposa en una tirolina. Cables de vértigo, escaladas, inmersiones, selfies, balconismos, retos ginness o deportes de riesgo se llevan un montón de gente por delante. Añadamos negligencias como la del responsable del grupo de niños en la reciente cueva de Tailandia. Ahora un joven de 24 años muere y casi mata a su novia, víctima la pareja del turismo de aventura. Pablo Milanés cantó que la vida no vale nada si no es para perecer porque otros puedan tener lo que uno disfruta y ama: eran tiempos ideológicos. En estos tiempos sin ideología o siervos de la ideología dominante, los pocos años, la poca cabeza y la testosterona, junto al guapismo exhibicionista y al aburrimiento general, siguen haciendo que la vida no valga nada, salvo para matarse o morir por sobredosis de gilipolleces. Como no podemos poner un filósofo de cabecera a cada criatura dislocada, y como la juventud es hija de nuestra propia generación, lo mejor será no criticar a la juventud sino actuar cuanto antes sobre el ambiente heredado que facilita la pamplina. Seguro que no nos faltarán ejemplos, desde las heridas por cuerno de toro a los aplaudidos universos máster chefs. Pensar la vida, en fin, ya que la muerte no deja de pensar en nosotros.


 

Anuncios

memoria del 68. (dos estampas retrospectivas).

El abrazo de Genovés

En la primera estampa, Ignacio Garmendia, Carlos Mármol y Alfredo Valenzuela, con Jesús Vigorra, han reflexionado en Canal Sur sobre lo que fue el Mayo del 68 en Francia. (Este es el enlace, vídeo de 30 minutos). En los análisis de Garmendia y Valenzuela me llamó la atención su anticomunismo feroz cuando de lo que se hablaba en Europa en los años 60 era de eurocomunismo y, aquí en España, de antifranquismo por la libertad. (Pueden leerlo en Antirrepresivos y antidepresivos.) Supongo que la explicación es que estos jóvenes (que no vivieron el Mayo del 68) se creen que viven en un mundo bueno o en el mejor de los mundos; de ahí su rechazo retrospectivo a un ismo del que Occidente no conoció su bondad, porque no lo dejaron expresarse.

En la segunda estampa, ayer día 10, asistí a la mesa redonda Expedientados y expedientables en el 68 sevillano, convocada por Alberto Carrillo Linares, con Carmen Romero, Bartolomé Clavero, Rafael Senra, Pilar Aguilar y Antonio Bocanegra, ante un público que no llegaba a las 50 personas, entre actuales estudiantes y antiguo alumnado con pinta de vieja guardia. Más gente hubiera yo esperado, siendo como fueron aquellos años de gran movilidad, agitación y riqueza. Aparte de Bartolomé (Pipo) Clavero, la mesa fue personalista y botafumeira: yo, yo, a mí, me. Poco análisis objetivo. La vez que alguien del público planteó el paralelismo entre el 68 y el 15‑M, relación más que interesante y que unía en perspectiva a las distintas generaciones allí presentes, la mesa estuvo (incluso Pipo Clavero) decepcionante, parece que no se hubieran enterado de nada. (Este mal aqueja a ciertas mesas redondas, que se olvidan que la máxima redondez se alcanza cuando ponentes y público se igualan.) También fue de interés la influencia de la reforma del calendario juliano (por su impulsor el ministro de educación Julio Rodríguez, quien impuso comenzar las clases en enero y terminarlas en diciembre, lo que al final dio una promoción excepcional: estudiantes que cursaron un primero de carrera en solo seis meses, porque en pleno experimento el ministro fue cesado y se volvió al calendario de siempre) y la contribución de aquel engendro para el desánimo y desinfle del movimiento estudiantil, pues los estudiantes se pusieron como locos a empollar en seis meses programas previstos para nueve, lo cual fue como el sálvese quien pueda que desbarató la solidaridad y abrió paso a una individualidad y a una lucha por el examen y por la nota que anticipó la excelencia docente (de hecho, en las oposiciones de 1979, aquella promoción se llevó de calle los primeros y mejores puestos, frente a la promoción del 68 que, entre tanta asamblea y tanto cierre de facultades, poco habíamos estudiado). Una tercera intervención puso en relación la rebeldía de entonces, que incluía a perseguidos comunes, quinquis como el Lute, con la permisividad de ahora con lo que se está actuando contra el referundismo en Cataluña (podría ser otro pueblo u otra la causa que chocara con el aparato del Estado) y cómo el bloque antirrepresivo se había roto y de aquella solidaridad, la que hubo contra Franco, no queda al día de hoy absolutamente nada, lo cual es lástima, se lamentó el interviniente que abandonó la sala cuando un vieja guardia se enzarzó otra vez en la lectura personal de sus heridas de entonces.

Dicho lo cual, el presente ilumina el pasado, y no al revés: el movimiento estudiantil no luchó por esta democracia (esto lo dijo muy bien dicho Pipo Clavero) sino por la libertad. Que unos fuéramos marxistas, otros leninistas, trotskistas, maoístas, anarquistas o anarcosindicalistas no modifica lo esencial. Ni vale argumentar, desde las elecciones democráticas que se hicieron en 1977, que partidos y siglas como Pce‑i, Acción Comunista, Bandera Roja o Liga Comunista no dieron la talla ante las urnas (esto lo dijo Pilar Aguilar como quien dice una gran cosa). No se trataba de urnas. Y hay que recordar que la gran iniciativa fue el Pacto por la Libertad (1969), alentado por el Pce y cristalizado en la Junta Democrática (1974), donde partidos muy pequeños, como el de Tierno Galván o aquí en Andalucía el de Rojas Marcos, pudieron tener cabida (por tanto, también hubieran cabido partidos de la llamada extrema izquierda muy minoritaria). ¿Qué pasó? ¿Por qué el Pacto por la Libertad no cuajó ni la Junta Democrática juntó lo que podía haber juntado? La clave está en el Psoe, partido reacio a integrar movimientos (o lo que hoy diríamos mareas sociales) que alzó, frente a la Junta y para vaciarla de contenido, su Convergencia Democrática (1975), convergencia que no fue tal sino obstrucción o boicot al Pce y a su área de influencia: movimiento obrero, movimiento estudiantil, vecinal, etcétera. El Psoe fue el gran tapado del final de una época. Un Psoe entonces apadrinado por Olof Palme y Willy Brandt, socialdemocracia europea que en 1982 auparía al poder a Felipe González y Alfonso Guerra, cuya ruptura con el franquismo fue reforma y no ruptura. Sépanlo al menos generaciones jóvenes. El Psoe se adueñó de la patente izquierda pero de izquierda tenía lo que tiene ahora: juzguen ustedes. No sé, la verdad, qué pintaba Carmen Romero en aquella mesa. De las cabezas pensantes que desde el 68 no han caducado o claudicado, dos me parecen: Isidoro Moreno y Javier Pérez Royo. Honor a quienes en su vida defienden y custodian sus Termópilas (Kavafis).

Daniel Lebrato, 11 de mayo 2018

/ a Benito Moreno, en memoria, y a Alberto Carrillo Linares /


 

de antirrepresivos, a antidepresivos.

policía


Con su mentalidad de Estado del Bienestar las mareas no cuajan en tsunami por la libertad, mientras policías y tribunales y periodistas al servicio siguen haciendo de la suyas por España: una, grande y libre.


La vieja izquierda, forjada en el rechazo a la dictadura de Franco, fue fundamentalmente democrática, donde democracia significaba más un modelo que un régimen político concreto. De hecho, aunque la izquierda era mayoritariamente anticapitalista, no luchaba contra el capitalismo sino por la legalización de partidos y elecciones libres, fuera cual fuera el resultado. Estábamos en 1968, año del Mayo francés y de la Primavera de Praga y en vísperas del Proceso de Burgos (Melitón Manzanas, comisario de la Brigada Político Social, muerto por Eta el 2 de agosto de aquel año). Desde 1963 pleiteaban con la censura los Cuadernos para el Diálogo, de Joaquín Ruiz‑Giménez, de inspiración democristiana, y dentro de la consigna Amnistía y Libertad se pedía la excarcelación de presos y el regreso de exiliados también conservadores como Josep Tarradellas, presidente de la Generalitat. No éramos terroristas ni compartíamos los métodos de Eta, no éramos democristianos, ni liberales, no éramos independentistas, no éramos cristianos por el socialismo, no éramos El Lute ni Pascual Duarte (personaje publicado por Cela el mismo año que nació Eleuterio Sánchez, 1942), pero a todos y al Vaquilla, el quinqui metido en la heroína, los indultábamos porque a todos nos había criado la misma larga noche del franquismo. Cincuenta años después, hagamos hemeroteca o cronología:

1981 (23 de febrero). Golpe ¿fallido? de Tejero. Primera reafirmación de la Constitución y de la monarquía como garantes de la democracia española. 1988 (12 de enero). Pacto de Ajuria Enea. Confirmación del bipartidismo PP Psoe contra el terrorismo y en defensa del Estado de Derecho. 2011 (20 de noviembre). El PP gana (por mayoría absoluta) las elecciones generales que renovó (por mayoría simple) en octubre de 2016: la derecha hegemoniza su lenguaje del imperio de la ley. 2014 (16 de enero). Fundación del partido Podemos. Enfriada la gran esperanza que supuso ¡Indignaos!, ¡Democracia real, Ya!, 15‑M (15 de mayo de 2011) y el primer Podemos, el partido de Pablo Iglesias renuncia a abrir el candado de la Constitución de 1978. 2017 (3 de octubre). El discurso del rey abre la intervención del Estado contra el referundismo en Cataluña. Confirmación de una España nacional frente a cualquier proyecto no unionista.

A estas fechas se fueron añadiendo otras de política exterior que han ido reforzando el protagonismo de las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad del Estado. 1986 (12 de marzo). Bajo el Psoe de Felipe González, un 56,85 del voto ratificó en referéndum la continuidad de España en la Otan. 1992 (noviembre). Misión militar de España en Bosnia-Herzegovina como cascos azules de las Onu. 2003 (15 de marzo). Trío de las Azores. Aznar legitima la Invasión de Irak y abre el pretexto al terrorismo yihadista en nuestro país: 11 de marzo de 2004, Atentado de Atocha.

Hoy, días después de haber escenificado Eta su disolución definitiva, la sociedad española está fuertemente religada a sus fuerzas armadas y de orden público, incluyendo simpatías por bomberos, socorristas y protección civil: todo lo que transmite seguridad en un mundo inseguro. Y, así, pesan más los titulares que generan las noticias de sucesos, las víctimas y Víctimas del terrorismo. En lo tocante al referundismo, aunque la izquierda de boquilla discrepe del 155, se desdeña el derecho a decidir de Cataluña alegando que ese es derecho de todos, y no solo de Cataluña, y porque lo que ha sido el procés es de derechas cuando lo que al pueblo interesa son el paro, las condiciones de vida y trabajo y esas reivindicaciones que van a dar a las mareas (verde, blanca, pensionista, feminista, morada o amarilla). Mareas que, con su mentalidad de Estado del Bienestar (que consiste en pedir y no en imponer) no cuajan en tsunami por la libertad (goce la libertad la izquierda, la derecha o Puigdemont), mientras policías y tribunales y periodistas al servicio siguen haciendo de la suyas por España: una, grande y libre. De antirrepresivos a antidepresivos, lo que va.


 

incitación al mundicidio.

20180403_200817.jpg

El marxismo tenía una razón de ser en una clase, el viejo proletariado, cuya emancipación traería la emancipación de toda la humanidad. Hoy, acaso por mis pocas luces, no veo clase ni grupo social sujeto protagonista de la revolución. La acción política y su hija guapa, la izquierda, son un cadáver. El feminismo, la solidaridad, la economía compartida, la ecología, el animalismo, la infancia, el tercer mundo, la lucha por la igualdad, por la educación, la enseñanza o la cultura, todos esos valores que conforman lo que llamamos occidente y progreso, pasado y presente, se han desplomado. Sigo las conversaciones, conecto la prensa o los telediarios, estoy en redes sociales, respondo cuando me preguntan, pero cada vez opino menos. Como entrar en detalles, sería aburrirles (y los detalles están en eLTeNDeDeRo), me acojo al Manuel Machado que decía: con dejarme, lo que hago por vosotros, podéis hacer por mí. La noticia que espero de los telediarios, no es presentable y nadie estaría de acuerdo: que explote el primer mundo, que el ciudadano medio vea en peligro su modo de vida, que a mi vecina la que saca la banderita de España a su balcón, contra Cataluña, se le seque la hierbabuena, que partidos y sindicatos vean deshojarse su voto y su militancia, que estallen metros y torres gemelas en todas la ciudades del turista occidental, que se quemen la ferias del libro y las librerías, que haya un artefacto en la butaca de la ópera, del concierto, del teatro, de la película o de la conferencia. Que no esté el colegio, el trabajo, la lavadora, el lavavajillas; ni el fin de mes ni el fin de semana ni a dónde vamos de vacaciones; ni tatuajes ni orgullo nada, ni elegetebés, ni parejas guais por la alameda con perro y con bebé. Que se muera el mundo guapo. No me hablen de Estado del Bienestar ni nada que termine en palabras como solidaria, de acogida, compartida o sostenible. Basura para mantener estatus y privilegios, empezando por los míos. Llámenme, eso sí, para las viejas luchas contra el capitalismo, contra el trabajo, contra las religiones y contra los amos del mundo. Pero eso, me temo, no va a pasar. Porque los amos del mundo nos creemos nosotros y nadie está dispuesto a suicidarse.


silencio amigo.

el-principito

Mi carácter polémico me viene (además de por soberbia y vanidad) de mi militancia en el Pce cuando desde el marxismo leninismo creíamos que el verbo era convencer, convencer a las masas, y viene de una vocación docente inclinada por las misiones pedagógicas. Creo que de la discusión sale la luz y que sin teoría no hay acción que merezca el nombre de revolucionaria. Un día dije “la muerte, a cargo de la seguridad social”. Ah sí, claro que sí, yo también estoy de acuerdo. Pero nadie hizo nada ni se sumó a la práctica (solo pedí una petición por Change Org). Otro día dije “un Estado sin Jefatura del Estado”. Claro, claro, me dijeron todos. Y nadie hizo nada y siguen con la idolatría de la Segunda República. Silencio amigo.

Ese silencio ni es cómplice ni deja de serlo, ni es abierto ni está cerrado y es más frecuente cuando el emisor (es decir, usted) tiene previa fama de intolerante, de cabezón, de pronto al enfado o al exabrupto. El silencio amigo se resuelve de dos maneras sociales: por unanimidad o por extrañeza: o todo el mundo ya pensaba lo mismo de antemano y estaba de acuerdo o de vuelta del tema y, por tanto, vamos a hablar de otra cosa (efecto unanimidad), o bien está tan raramente planteado, con tan enrevesadas formas o palabras que, bueno, sí, de acuerdo, la idea es interesante pero qué se hace con ella o cómo llevarla a cabo (efecto extrañeza).

El artículo Crítica de la Segunda República se publicó hace un año en [eLTeNDeDeRo]. No está mal para seguir ahuyentando el silencio amigo en torno a algo tan rechazable como es la Jefatura del Estado, institución bonapartista que tendría que no existir. Ni en democracia ni en república. Ni en la Segunda, que fracasó en sí misma (Franco y Ejército eran parte de la República), ni en la Tercera que viniera. ¿Monarquía presidencial? ¡No, gracias!

Crítica de la Segunda República


el lado oscuro de la psicología positiva, en Nido de Águilas.

filosofos1La concepción de la felicidad de la psicología positiva ni siquiera está emparentada con la concepción del primer liberalismo, como a veces se pretende. Para los liberales clásicos la felicidad estaba asociada al deber social, no a la satisfacción individual, que se consideraba despreciable por su autocomplacencia y su egoísmo. Así que en realidad el modelo de felicidad que presenta esta psicología está directamente relacionado con el capitalismo postmoderno, el darwinismo social y el pensamiento neoliberal contemporáneo, que es mucho más que una teoría política de las prácticas económicas.

Origen y artículo completo: El lado oscuro de la psicología positiva | Nido de Águilas


 

¿amnesia o memoria histórica?

 

Bar Taberna Juan Sanlúcar banderas de España (4)

Admiré el progreso de la civilización romana pero no participé en el apuñalamiento de Viriato. Odié a Napoleón pero no grité ¡vivan las cadenas! al paso del rey absolutista. No lamenté el Desastre de 1898 ni el 18 de julio de 1936 celebré, como un mal menor y necesario, el levantamiento de Franco. Fui gente de orden contra el Tribunal de Orden Público. Nunca creí en la libertad del ser humano pero pedí libertad y amnistía para toda clase de presos políticos. De izquierda y de derecha. Aunque amé la democracia, algo me hizo no votar la Constitución de 1978. Es verdad que no hice nada por la protección del lince ibérico ni por preservar su espacio natural y tampoco me arrepiento: primero, las personas. De izquierdas o de derechas. Y no comprendo la actual inacción de la nación española ante la represión en Cataluña. Me parece mentira que no se den cuenta de que una nación no será libre mientras una parte de la nación no sea libre también.