Etiqueta: pensamiento

silencio amigo.

el-principito

Mi carácter polémico me viene (además de por soberbia y vanidad) de mi militancia en el Pce cuando desde el marxismo leninismo creíamos que el verbo era convencer, convencer a las masas, y viene de una vocación docente inclinada por las misiones pedagógicas. Creo que de la discusión sale la luz y que sin teoría no hay acción que merezca el nombre de revolucionaria. Un día dije “la muerte, a cargo de la seguridad social”. Ah sí, claro que sí, yo también estoy de acuerdo. Pero nadie hizo nada ni se sumó a la práctica (solo pedí una petición por Change Org). Otro día dije “un Estado sin Jefatura del Estado”. Claro, claro, me dijeron todos. Y nadie hizo nada y siguen con la idolatría de la Segunda República. Silencio amigo.

Ese silencio ni es cómplice ni deja de serlo, ni es abierto ni está cerrado y es más frecuente cuando el emisor (es decir, usted) tiene previa fama de intolerante, de cabezón, de pronto al enfado o al exabrupto. El silencio amigo se resuelve de dos maneras sociales: por unanimidad o por extrañeza: o todo el mundo ya pensaba lo mismo de antemano y estaba de acuerdo o de vuelta del tema y, por tanto, vamos a hablar de otra cosa (efecto unanimidad), o bien está tan raramente planteado, con tan enrevesadas formas o palabras que, bueno, sí, de acuerdo, la idea es interesante pero qué se hace con ella o cómo llevarla a cabo (efecto extrañeza).

El artículo Crítica de la Segunda República se publicó hace un año en [eLTeNDeDeRo]. No está mal para seguir ahuyentando el silencio amigo en torno a algo tan rechazable como es la Jefatura del Estado, institución bonapartista que tendría que no existir. Ni en democracia ni en república. Ni en la Segunda, que fracasó en sí misma (Franco y Ejército eran parte de la República), ni en la Tercera que viniera. ¿Monarquía presidencial? ¡No, gracias!

Crítica de la Segunda República


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el lado oscuro de la psicología positiva, en Nido de Águilas.

filosofos1La concepción de la felicidad de la psicología positiva ni siquiera está emparentada con la concepción del primer liberalismo, como a veces se pretende. Para los liberales clásicos la felicidad estaba asociada al deber social, no a la satisfacción individual, que se consideraba despreciable por su autocomplacencia y su egoísmo. Así que en realidad el modelo de felicidad que presenta esta psicología está directamente relacionado con el capitalismo postmoderno, el darwinismo social y el pensamiento neoliberal contemporáneo, que es mucho más que una teoría política de las prácticas económicas.

Origen y artículo completo: El lado oscuro de la psicología positiva | Nido de Águilas


 

¿amnesia o memoria histórica?

 

Bar Taberna Juan Sanlúcar banderas de España (4)

Admiré el progreso de la civilización romana pero no participé en el apuñalamiento de Viriato. Odié a Napoleón pero no grité ¡vivan las cadenas! al paso del rey absolutista. No lamenté el Desastre de 1898 ni el 18 de julio de 1936 celebré, como un mal menor y necesario, el levantamiento de Franco. Fui gente de orden contra el Tribunal de Orden Público. Nunca creí en la libertad del ser humano pero pedí libertad y amnistía para toda clase de presos políticos. De izquierda y de derecha. Aunque amé la democracia, algo me hizo no votar la Constitución de 1978. Es verdad que no hice nada por la protección del lince ibérico ni por preservar su espacio natural y tampoco me arrepiento: primero, las personas. De izquierdas o de derechas. Y no comprendo la actual inacción de la nación española ante la represión en Cataluña. Me parece mentira que no se den cuenta de que una nación no será libre mientras una parte de la nación no sea libre también.



 

filosofía, amor a lo que ya se sabía.

Daniel Camaleón en grande (2)

Vivo rodeado de buenas cabezas que confían en la filosofía y defienden la vigencia de la filosofía como asignatura dentro de los planes de estudio. No hace falta dar nombres, pero filósofos son o por filósofos se tienen enormes mentecatos y falsificadores de la realidad para ajustarla, la realidad, a la medida de sus intenciones, de sus partidos y de sus nóminas, puesto que, encima, quieren cobrar por filosofar mientras otros bajan a la mina, reparten bombonas o suben al andamio. Digamos que lo que importa no es la persona sino el objeto. No el filósofo ni su filosofía sino lo que ha sido la historia del pensamiento: cómo han pensado quienes pensaban por la clase dominante, ayer Sócrates o Platón, antier Unamuno, Ortega o María Zambrano, hoy Sabater, Marina o Rodríguez Tous. Lo dijo Marx en su célebre tesis 11 sobre Feuerbach, publicada en 1845: Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.

Marx Tesis sobre Feuerbach en la Casa del Libro
Marx Tesis sobre Feuerbach en la Casa del Libro

eLTeNDeDeRo prevé su propia muerte.

Que el mundo está mal hecho, se sabe desde siempre. Que el mundo va a peor, lo saben menos. Esta es la fábula a la manera de la disputa de don Carnal con doña Cuaresma, aquí Estulticia contra Lucidez.

Llegó primero don Capitalismo y puso precio a todo. También, a lo que se salvó del viejo régimen: Iglesia, nobleza y monarquía, con sus princesas de toisón de oro. Vino después don Bienestar y abarató la estulticia hasta hacerla accesible a las clases medias, bajas y proletarias. Mucho ayudó doña Alianza de civilizaciones con su séquito de Misiones de paz y Guerras justas, que prolongaron la vida de los ejércitos y trajeron inmigración para los trabajos peor pagados y ya, de paso, nos meterían a las mujeres tapadas a la fuerza, por religión, como si fuese por moda. Perlas de esta corona fueron los coros de los Orgullos y el Silesgusta, que hicieron de las viejas reivindicaciones (contra lo que estaba mal) una actitud a favor. Ya tenemos al macho imitador de la hembra en sus dibujos ancestrales. Ya tenemos al feminismo duplicado en papel varón, triplicado en legetebeí, cuadruplicado en la prostitución. Tras la legalización y sindicación de la trata, el Gobierno nombrará un Ministerio de asuntos feministas junto al de Máximas penas revisables, que ya existe. Quien dice orgullo sexo, dice orgullo bici, orgullo másterchef o estrella Michelín, operación triunfo, arte o cultura. Y hasta el orgullo nación cuando ha saltado la alarma en Cataluña.

Y hoy no se puede hablar de nada con nadie sin aburrimiento o sin peligro. Cada grupo se apiña para reforzar sus consabidos puntos de vista, que los unen como a un club. La náusea alcanza niveles irrespirables pero, si alguien pregunta, vivimos en el mejor de los mundos, mundo que costó librar de las garras del comunismo (todavía no derrotado del todo y ahí está el populismo), que es el malo de la película. ¿Igualdad entre seres humanos? ¡Habrase visto!

No solo la prostitución, esa vieja vergüenza, sigue (de pronto, como trabajo digno), sino la mendicidad (hija sin duda del libre comercio y de la libre circulación de las personas). Y sigue esa clase política únicamente superada por la más numerosa, que es la clase demócrata, a la que pertenecen mi cuñado y mi vecina. Se morirá por náusea [eLTeNDeDeRo].

Un aviador prevé su propia muerte es un título de Justo Navarro (poesía, 1986).

para ser feliz en esta hora de España.

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Yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas.
Antonio Machado

Para entender la actual moral de dominio público en España, hay que remitirse no solo a la larga noche del franquismo sino a lo que aportó la izquierda (Psoe, Pce, IU, Podemos). Dando por sabido que un partido es la suma de voluntades de militantes, simpatizantes y votantes y que esa suma actúa por impregnación, u osmosis, de arriba abajo y de abajo arriba, izquierda y derecha han amoldado el pensamiento de tal manera que en España ha desaparecido la moral, tanto la pública como la privada, y la ética dominante es que todo vale: el teniente piloto en su avioncito y el ingeniero trabajando para el Airbus (más bajito, lo de Military): todo eso es paz, progreso o nuestro modo de vida al que no estamos dispuestos a renunciar. (Muletilla válida en caso de ataque yihadista.) Y España le gustará a quien acepte la política profesional, un grado de corrupción política razonable; a quien acepte el ejército, sus misiones de paz; las tres religiones y su alianza a título de culturas o civilizaciones; las oenegés, las campañas de acogida. Y en lo personal le gustará España si le gusta el varón feminizado, el bebé en el carrito, la niña en el conservatorio, su bici o su perro por Chueca, la Barceloneta o la Alameda, generación post movida y del orgullo con su tatuaje en la piel. Esa es la España que heredó el sueño de un mundo distinto y lo cambió por el sálvese quien pueda, que no estamos tan mal y la democracia es lo menos malo que se conoce. Hemos pasado de un mundo de etiqueces a un mundo de esteticienes.

Quien ‑como yo‑ ve así la realidad, ha podido recibir o recibe todavía etiquetas de marxista, comunista o últimamente bolivarista. Todas esas cosas, acumulativa o sucesivamente, las ha podido uno ser. Lo que no somos es de la letra chica de la política, de tal o cual carnet o sigla partidista. Porque todo es mentira programada por tipo de creencias o por masas más o menos conversas o creyentes, lo que incluye creer en partidos que no son partidos pero funcionan por admiración: el partido del arte, el partido de la cultura. Quien así piensa puede ser una persona feliz que le diera la vuelta a aquel Machado: yo vivo en guerra con los hombres y en paz con mis entrañas. También me hace feliz el disfrute de mis bienes materiales ante los reproches de alguien que quisiera verme dando lo mío al banco de alimentos o a inmigrantes sirios. Ninguno de esos terrenos, ni discutir nuestro modo de vida (a la fuerza, burgués) ni echarnos al monte o a la guerrilla son nuestro territorio, que es ninguno. Como mucho, tenemos el peso de haber visto las trampas del sistema, trampas que antes se llamaban el Capital, la Iglesia y el Estado y, hoy, se llaman acogida, solidaridad o multiculturalismo. Para el paseante: más de buenismo y tiro porque me toca. Yo no tiro. Yo no juego. Y soy más feliz que mi vecina, quien, por la bandera que veo en su balcón, está, la pobre, muy preocupada por lo que está pasando en España y Cataluña.

para hablar de política.

Daniel Lebrato como eLTeNDeDeRo (7)
el tendedero

Si alguna virtud alcanza el pensamiento es ser libre, libre de las ideas trilladas que nutren las conversaciones más frecuentes y, por tanto, más sociables y más integradas. El mundo al uso (o lo que es igual: los conceptos del mundo) es obra de inteligencias superiores que, cada una tras sus intereses más o menos ciegos o inconfesables, manejan los itinerarios por donde quieren que transcurra el pensamiento ingenuo: es lo que nos hace tener que ser demócratas (de izquierdas o derechas, ya se puede discutir; la democracia, nunca); es lo que nos hace tener que ser creyentes (¿de qué religión?, tema libre, pero esta muchacha con su velo y la otra muchacha con su cruz); es lo que nos hace tener que ser españoles, europeos, solidarios, pacíficos o educados en la tolerancia absoluta a lo que no se debía consentir: la fealdad de un mundo injusto resultado de la explotación del hombre por el hombre, que sigue y sigue y sigue después de griegos y romanos aunque, si te preguntan, qué grande fue la Grecia de Pericles y que gran civilización la del imperio romano para que el Occidente nuestro, heredero de aquella antigüedad, nos parezca unánimemente criticable y mejorable pero, eso sí, el mejor de los mundos posibles, como queríamos demostrar.

Los trajes que el pensamiento debe saber llevar están tejidos de pomposas prendas personales que al hombre y a la mujer nos vistan para diario y las fiestas, para la casa y la calle. Conceptos que (como a Dios) nadie ha visto (libertad, igualdad) se juntan con conceptos que sí hemos visto (democracia, arte, cultura o religión) y nos producen dos clases de consuelo: quien vive bien de otros, y de la explotación de otros, ya coge el sueño por la noche, tan roncante, y quien vive mal o de que lo exploten igual dormirá lo justo para no escandalizar ni alterar el orden de las cosas.

Daniel Lebrato como eLTeNDeDeRo (7)