el virus y la bola de cristal.

la bola de cristal

Que el pensamiento es estar siempre de paso.
(Luis Eduardo Aute)

Una actividad que se está poniendo a prueba es nuestra facultad de pensar, de sacar conclusiones, de ir de las causas a las consecuencias. Para el caso: la política, la salud, o el trabajo o las fiestas.

Enseñando a pensar (el profesor es así de pedante) propongo a mi alumnado que vea las cosas a través de una bola de cristal, esa que maneja una adivina para leernos el futuro. La pregunta es: ¿qué quedará en pie de todo esto? Abandonar el presente no es fácil pero no queda otra si el pensamiento no quiere hacer lo que hace las más de las veces: el ridículo.

Empecemos por la política. Los partidos, hoy criaturas subvencionadas, pasarán a verse como asociaciones de delincuentes para el manejo y manipulación de voluntades. Seguirá habiendo asambleas o reuniones políticas pero la división elector / elegido estará tan desfasada como la división por sexo o raza. Pedir el voto será ilegal por leyes anti igualdad y anti prevaricación. No habrá ciudades empapeladas en campaña ni jornadas de reflexión, y la designación (no elección) saldrá por demoscopia (cargos no retribuidos y aleatorios, en proporción al censo real), y por procedimiento electrónico, sin colegios electorales y con gasto cero de papel, árboles y bosques definitivamente protegidos. La aceleración de la historia pedirá actualización del programa democrático en tiempo real (no a cada cuatro años) como respuesta a cambios humanos, ecológicos o científico técnicos que harán irreconocible el mundo que hoy tenemos.

Y olvídense del miedo a que Google nos controle. Tomado Google (como antes se tomó la Bastilla o el Palacio de Invierno, del pasado también se aprende), pediremos ser administrados (llámenle controlados) por una Administración, ya sin ventanillas ni oficinas, que será virtual. Administración y autogestión del individuo harán pasar al museo del olvido no solo a una burocracia: a la clase política, al ejército y a casi todos los cuerpos de policía que hoy sí que nos tienen bajo control. No habrá guerras ni cárceles, porque será cierto el no matarás y la libertad no será ni premio ni condena.

Y casos como el de un virus artificial o manipulado no se contemplan porque la ciencia tendría otra ética. La Onu será de auténticas naciones por la paz y el progreso y la OMS estará al servicio de la humanidad, no del negocio de corporaciones que hoy se lucran con nuestra salud.

Y aunque a usted le gusten los toros (tiene usted todo el derecho) la bola de cristal nos dice que en el futuro no habrá tauromaquias de sangre (cuando el maltrato animal esté absolutamente prohibido) y también puede que las procesiones por fin acepten las reglas de juego, las mismas que se aplican a cualquier otro tipo de desfiles o manifestaciones. Y las horas de trabajo que hoy se invierten por hacer una portada de feria distinta cada año, irían a obras de interés social donde hay tanto chabolismo, ocupas y sintechos. Verá cómo usted se lo pasa igual de bien. Como si su hermandad de su alma, ya sin subvenciones, llevara publicidad o cobrara por ser vista. Toros, procesiones, ferias…

¡Qué niña mimada es la cultura!


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