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andalucismo airado contra andalufobia histórica: conformación y ejemplos.

Portal Andalucía.org

El Salto.com

Estamos hablando de un fenómeno muy vivo en redes sociales y con base en currículos universitarios y con escaso o nulo reflejo en urnas electorales. Es un movimiento de cultos para cultos donde alguien como Isidoro Moreno Navarro (n. 1944) se tiene como intelectual de referencia. Son hombres y mujeres, andaluces airados, criados y alimentados por un Estado del Bienestar –cuya invención no critican, sino invocan como paraíso perdido– y con la @ (arroba) y la (X) equis o el español de la -E como usos añadidos al andaluz escrito. De muestra, dos botones:

Uno se llama Portal de Andalucía [.org][1] y, dentro, Carmela Borrego [2], su artículo Por mis muertas, de 11 de junio 2020 (que pueden leer tal cual pinchando aquí o en nota [i] con algún recorte). El otro es José Carlos Mancha Castro [3], autor de Rocío: el ritual de una madre sagrada, publicado en El Salto Diario [.com] de 5 de junio 2020 (pinchando aquí o en nota [ii]). Los dos me llegaron vivamente recomendados por Isidoro Moreno y los dos me han costado mi amistad en red con tan ilustre emérito en medio de aprobaciones y megustas de su legión de seguidores.

Lo que he descubierto es esto (quienes ya lo sabían, pueden decirme ¡a buenas horas!): hay un vinvictimismo andaluz (mezcla de vindicación y victimismo) con tres ejes: 1º) la aceptación de una andalu[zo]fobia como estereotipo enemigo contra el que hay que luchar;[4] 2º) una cuestión andaluza equiparable a la cuestión catalana y 3º) el cultivo de una lengua andaluza escrita.

En la práctica, se trata de un andalucismo en la onda de Podemos más que en el viejo Partido Andalucista. Todo, con esa vaga pedantería de estirpe universitaria que, al final, pagamos todos: la pública, a través de impuestos.

Pasen y lean i y ii (tiempo estimado 20 minutos).


[1] Medios afines: Argia, Café en Andalú, Directa, El Paseo, El Salto, El Topo, Feminópolis, La Marea, La Voz del Sur, Secretolivo. Webs personales: Antonio Aguilera, Antonio Manuel Rodríguez, Antonio Orihuela, David Florido, Gruñido RRR, Ibán Díaz, Isidoro Moreno, Jacinto Gutiérrez, José Luis Tirado, Miguel Santiago, Óscar García Jurado, Susana Moreno.

[2] Ella se presenta así: Licenciada en Farmacia. Dedicada a salud comunitaria. Activista andaluza estepeña.

[3] Antropólogo, Profesor en la Universidad Pablo de Olavide y miembro de la Plataforma Andalucía Viva.

[4] Muestra de andalufobia pudo verse en la campaña #yohabloandaluz.


Portal Andalucía.org

[i] Por mis muertas, por Carmela Borrego

Hace unos tres años comencé un Máster sobre feminismos donde participan la Autónoma de Barcelona (UAB) o la Universidad de Barcelona (UB), entre otras. Poco a poco, fui sintiendo una incomodidad, o más bien una sensación de lejanía, con muchas teóricas feministas que leíamos. No era que no hablaran cosas interesantes, sino que sentía que ni mi historia de vida ni la de mujeres de mi entorno quedaban reflejadas en esos textos. ¿Qué tenía que ver La mística de la feminidad que hablaba de mujeres aburridas en sus casas de cristal, con mi madre que no para quieta y lleva bregao lo que no hay en los escritos? El mayor detonante de esta sensación fue cuando en una asignatura llamada Historia de las Mujeres me pidieron un trabajo sobre mi madre y mis abuelas. Cuando comencé a dialogar con ellas me di cuenta que para mí era necesario nombrar el territorio andaluz y su idiosincrasia. Pues, sin él, las historias de vida de estas mujeres de mi familia se quedaban como desarbolás, como sin raíces y sin memoria. Y fue así como tirando y tirando del hilo de las narrativas de mi madre y mi abuela, descubrí el proyecto de Mar Gallego Como vaya yo y lo encuentre, que me impulsó a confiar en mis sentires. A este trabajo lo titulé Las Mujeres de Lorca y fue el principio de un camino hacia mis entrañas. Después de investigar sobre las mujeres de mi familia y sentir que Andalucía vertebra unas experiencias concretas que eran urgentes nombrar, decidí hacer mi TFM sobre feminismo(s) andaluz(es). Para ello, el proyecto fue planteado como una Investigación Activista Feminista. Esto básicamente quiere decir que mi mirada hace que la investigación sea realizada y relatada desde un lugar concreto. Vamos, que no es lo mismo que mire yo a mi madre o a mis vecinas a que venga un tío de Inglaterra a nombrar lo que sentimos. Y esta investigación pretendía hablar desde un lugar y de una posición parcial que ansía entrar en diálogo con otras subjetividades para generar red desde el pensamiento crítico. Mi pregunta era ¿por qué cada vez somos más las que necesitamos nombrar Andalucía para articular nuestras reivindicaciones? Por eso mi TFM nace de mi cuerpo propio, de mi sentir situado, de miS fluidoS, de mi vulnerabilidad y mis miedos. De mi necesidad de encontrarme con otras posiciones, de encontrar esa parcialidad que hace la vida más rica y cuestionar ese feminismo que se cree objetivo pero que niega las experiencias de LXS OTRXS. Todo esto, sin caer en la creencia de que el feminismo andaluz es un feminismo decolonial; como mucho, intentando ser aliada, casi ná. Para ello invité a una serie de subjetividades para que participaran con sus voces. Como producto final, salió un texto de investigación (mi TFM) y una femzine donde se recogen los aportes de las personas que con sus sentires me ayudaron a sacar adelante este trabajo titulado Salmorejho Majhao. feminimo(s) andaluz(es) colectivo(s). Pero nombrar el mundo desde la crítica y señalar los sesgos que el propio feminismo posee genera incomodidad y recelo. Y así pasó al llegar a la defensa de mi TFM, hace ya más de cinco meses. Una de las tribunales que iba a evaluar mi trabajo, la Dra. T.T.M. (hablaré de ella así, aconsejada por mi queride amigue mayorquine, pa no exponerme más de la cuenta) desde su posición de académica burguesa sintió que su trono se tambaleaba al poner sobre la mesa la invisibilización que el feminismo hegemónico blanco burgués genera hacia otras formas de hacer saber y la violencia que esto conlleva. Así, atacó de la forma más soez y rastrera no solo a mi trabajo, sino a mi ser, a les participantes y a mis ancestras. Se rió de mis muertas en mi cara. Porque mientras yo hablaba de la necesidad de nombrarnos desde Andalucía para poner en valor a nuestro linaje de mujeres, ella se reía. Literalmente, se reía burlonamente mientras la foto de mi abuela, ya muerta, era proyectada detrás de mí en una diapositiva. Se rió, literalmente, cuando hablé de las mujeres que las personas que participaban en mi TFM habían nombrado como referentes feministas: Lola Flores, La Paquera, Fernanda y Bernarda de Utrera, Lole Montoya, nuestras madres y nuestras abuelas. Se burló de ellas, o sea, se rió de mí y de mis muertas. Y eso pa una andaluza es tocarle mucho el coño. Me amenazó con suspenderme, porque esas mujeres carecían de rigor académico, y según ella en palabras literales: No podían ser referentes de nada. Negó y llegó a cuestionar a las mujeres gitanas andaluzas que con voz activa participaron en mi investigación, diciendo que no era necesario hablar de feminismo gitano ni de feminismo andaluz. Y llegó a infantilizarme de tal manera, que negó mi experiencia como investigadora, diciendo que yo no había leído mi marco teórico y que todo lo que yo había relatado en mi narrativa era fruto de mi desvarío de mujer joven. Me llegó a preguntar por qué quería yo hacer ciencia, con ese desdén que me es tan conocido que desprenden los señoritos aquí en Andalucía. Ese ¿Por qué quieres hacer ciencia? que en realidad quiere decir: Cállate que tú no sabes. En ese momento, la ansiedad me llegó desde las entrañas tambaleando lo más profundo de mis raíces. Una pena mu honda que me era conocida inundó mi cuerpo porque se repetía por los siglos de los siglos. Un sentir que me era cotidiano: la cacique señorial burguesa riéndose de una mujer de pueblo humilde, de barrio y empobrecida por este mundo capitalista. La andaluzofobia histórica impactando fuertemente contra mis carnes, como siempre. Porque ella tenía el poder y yo tenía que callarme. Como siempre, la andaluza solo sirve para el baile, pero no sirve para hablar de su baile ni de ella misma. El nudo en el estómago llegó con la foto de mi madre y de mi abuela (ya muerta) proyectada tras de mí, recordando de dónde vengo, de una Andalucía que ha tenío que callarse por miedo a las represalias. Vengo de unas antepasás que han tenío que servir al cacique con la cabeza agachá. Provengo de una historia arrancada de su memoria y que cuesta que se haga recuerdo. En ese instante, me vino el dolor al sentir ese linaje y ver cómo en otro entorno el caciquismo burgués usaba las estrategias históricas de doblegación hacia las andaluzas. Y allí morí por un momento, por saberme humillada bajo las mismas dinámicas y los mismos discursos que los que humillaron a mis muertas. Sin embargo, aquí estoy creando. Las raíces del olivo son demasiado profundas para ser arrancadas. Querida Dra. T.T.M. (y todo tu séquito): el silencio se ha roto. Quizá en ese momento creíste que tu odio hacia las mujeres que alzan la voz contra el despotismo del feminismo académico burgués iba a poder conmigo, que iba a poder con nosotras. Pero la medalla de la Virgen del Carmen que llevaba mi abuela el día de su muerte, y que ahora cuelga de mi cuello, me recuerda que, a pesar de todo, pese a tus intentos de callarme, ese día comenzó en cierta forma mi venganza. Una venganza que nace desde el amor más profundo a las mujeres que mecieron mi cuna. Y quién sabe, si ese día que tú intentaste humillarme con las mismas estrategias con las que los señoritos humillaban a mis muertas, mi abuela vino a susurrarme al oído todo lo que luego pude contestarte. Aunque luego llorase lo que un río no puede contener, ese día pude contestarte: Tú nos estudias como objetos, nosotras venimos a nombrarnos como personas. A pesar de tu intento de callarme sustentado por el silencio de la academia, aquí estoy con esta femzine sobre Feminismo(s) Andaluz(es). Porque existimos y porque otros lugares de hacer saber son posibles fuera de las dinámicas violentas que ejerce cierto sector de la academia. A pesar de tu intento de silenciar nuestras voces que hacen tambalear tu trono (creado con las miserias de les otres), aquí estamos y estaremos nombrándonos desde nuestro sentir. A pesar de que toda la burocracia académica haya intentado protegerte, aquí estamos nosotras con los brazos bien abiertos y con el pecho pleno para nombrarnos. Aquí estamos después de tanto llanto para decirte que el feminismo andaluz desde su diversidad, sus saberes y sus contradicciones ha venido para quedarse. Por mis muertas.

El Salto.com

[ii] Rocío: El ritual de una madre sagrada, por José Carlos Mancha

“La Birhen del Roçío/ no êh obra umana;/ que bahó de lô çielô/ una mañana./ Eço çería/ pa çêh Reina y Madre/ de Andaluçía” (Popular sevillana de Muñoz y Pabón de 1919. Propuesta de andaluz escrito EPA.)

Estas semanas atrás habríamos experimentando cómo desde algunos medios de comunicación centrípetos se hubiera narrado la romería del Rocío. El relato nos mostraría el reflejo de una sociedad catalogada de ‘fanática’, ‘fundamentalista’ y ‘primitiva’, coadyuvando al incremento de los estereotipos producidos por la andaluzofobia para mantener el statu quo de subordinación y dependencia económico política de nuestro país en el seno del Estado español. Se tomaría el Rocío como la síntesis de lo que, para muchos españoles (tanto conservadores como progresistas) supone Andalucía: una región de vagos, gentes rurales que hablan mal, fanáticos del catolicismo y que siempre están de fiesta y (ahora con la emergencia del animalismo) que maltratan a sus animales. Esa mirada sobre este hecho social que tiene lugar en Andalucía contiene una alta dosis de xenofobia, clasismo y paternalismo; pero, sobre todo, es una mirada reduccionista, simplista y unidimensional. La Andalucía de nuestros días es una sociedad con uno de los índices más bajos de práctica sacramental católica de todo el Estado. Sin embargo, la masiva participación en fiestas y rituales de religiosidad popular parece un paradójico contrapunto a esta realidad. Esto se debe a que esos rituales no sólo pueden ser explicados desde una óptica religiosa, sino, por encima de ella, desde una óptica identitaria. Quien se acerca al Rocío y a otras fiestas religiosas populares y sólo ve un acto religioso es como si estuviera ante un rico y diverso escenario con múltiples representaciones y, únicamente, focalizara su mirada en una de ellas. El Rocío es un ritual festivo popular reflejo de la(s) comunidad(es) que lo celebra(n); un lenguaje sobre la realidad, una construcción sociosimbólica de la misma, en la que se pueden observar procesos históricos, sociales, políticos, ideológicos y los conflictos acaecidos en una comunidad concreta, expresados en un nivel simbólico. El Rocío es un fenómeno exponente de lo que diversos científicos sociales han denominado glocalización. Se trata de un constructo conceptual en el que se sintetizan las dos dinámicas que gobiernan en la actualidad el sistema mundo: la globalización y la localización. La glocalización consiste en la activación de identificaciones colectivas de los pueblos-naciones, etnias, sectores sociales subalternos y todos aquellos grupos que se definen en torno a ideologías y valores de tipo cultural (localización) en contestación a los efectos de homogeneización cultural producidos por la globalización (Moreno Navarro y Agudo Torrico, 2012). Con este tipo de rituales, las comunidades mantienen un arraigo, una identidad colectiva, elementos que los significan ante el avance perverso de un movimiento que busca imponer una única cultura, unificadora del mundo occidental contemporáneo. Es, pues, un elemento de resistencia identitaria, donde se expresan diversos modelos representativos de la cultura donde el ritual tiene sentido: la andaluza. A pesar de que en la Andalucía contemporánea la práctica sacramental esté descendiendo, esto no quiere decir que la andaluza sea una sociedad secularizada o en proceso de secularización, sino en proceso de laicidad, como todas las sociedades ancladas en el paradigma de la modernidad. Estoy de acuerdo con el análisis que hizo Isidoro Moreno (2003) sobre la modernidad. Ésta se caracteriza no por ser un tiempo de secularización, esto es, de desacralización, sino un espacio tiempo de fragmentación del ámbito de lo sagrado. La misma se compone de diferentes sacralidades: los dioses o diosas religiosas, la diosa razón, el Estado Nación, la historia como teleología, etc., sobre las que reina el Mercado como absoluto social central, como sacro primus inter pares, subsumiendo, en ocasiones, en su lógica a las otras sacralidades. Además, para entender el complejo fenómeno del Rocío desde una perspectiva religiosa, considero que se debe analizar desde las lentes que nos proporciona el concepto de religiosidad popular. Se trata de un conjunto de creencias y prácticas de carácter mágico religioso colectivo y vivenciales situadas en los márgenes de la oficialidad institucional eclesiástica, donde tienen lugar una multitud de expresiones festivas, sensuales, orgiásticas, ideológicas, identitarias, emocionales, ecológicas, etc., donde las comunidades expresan la trascendencia y su memoria colectiva; prácticas que no son directamente sancionadas por la Iglesia católica ni totalmente controladas por ella. Sin embargo, la religión oficial y la popular se complementan bajo un delicado equilibrio de legitimidad, produciendo un complejo ritual híbrido constituido por una doble condición oficialista y popular. En este sentido, el Rocío sería lo que Marcel Mauss denominó un hecho social total. El Rocío es un lugar de peregrinaje originado por una hierofanía, es decir, por la aparición de un objeto sagrado: la virgen. Geográficamente, está situado en un cruce de caminos entre las costas de Huelva y Cádiz, el Aljarafe y el Condado de Niebla, comarcas que conforman su histórico territorio de gracia. La aldea supone un lugar central de un espacio biocultural singular donde históricamente se han producido tensiones y disputas entre las poblaciones limítrofes al coto de Doñana por el control de los recursos y la reproducción de rituales. Pero, a su vez, se trata de un lugar de frontera con la naturaleza percibida como virgen (Moreno Navarro, 1995); naturaleza virginal simbolizada en el icono cultural de la diosa madre que adquirió la advocación del lugar; primero, de las rocinas y, con posterioridad, rocío. En torno a este icono religioso identitario ecológico se han desarrollado diferentes conflictos históricos, siempre de forma latente y expresados en el plano simbólico. En estos conflictos se deben destacar la secular tensión entre los pueblos de Villamanrique y Almonte por el control simbólico del icono; los seculares conflictos de las clases populares con las instancias eclesiásticas; el nombramiento de la virgen como patrona almonteña en contestación a la imposición del ducado de Medina Sidonia de que en las poblaciones de su dominio lo fuera la virgen de la Caridad; las distintas instrumentalizaciones que, desde el siglo 19, sobre el icono han fraguado las ideologías políticas nacionalcatólicas y su utilización para la legitimación de todo tipo de sucesos o, incluso, regímenes políticos, así como la criminalización de otros. Sin embargo, por encima de todo, pienso que la virgen del Rocío es el icono símbolo del territorio de la marisma y el coto de Doñana. La disputa por ese ecosistema se ha reproducido histórica y simbólicamente a través del icono de la virgen. La defensa que de ella hace Almonte es una defensa de su primacía sobre esos terrenos, simbolizada en la legitimidad y el privilegio que sólo ellos tienen sobre la imagen mariana. De ahí esa actitud de posesión que tanto fascina al mundo moderno y tan criticada es por todo tipo de corrientes de pensamiento, tanto (ultra)conservadoras como progresistas. Esto debe entenderse desde una perspectiva simbólica y, la antropología, puede servir para la comprensión de esos hechos.

Para quien no la conozca, la romería del Rocío es un ritual que se estructura en cinco actos. El primero de ellos es lo que se denomina hacer el camino, un tránsito de peregrinos desde la localidad donde radica cada hermandad hasta la aldea del Rocío, que se realiza a pie, a caballo o sobre un carro tradicional, acompañando a un simpecado colocado en una carreta que es tirada por los animales tradicionalmente utilizados para las labores ganaderas y agrarias principales de la localidad de origen, normalmente, bueyes o mulos de carga. El segundo acto es la recepción y presentación de cada una de las hermandades ante la virgen, donde, por orden de antigüedad, las carretas con los simpecados son recibidas por la hermandad matriz de Almonte, la jerarquía eclesiástica y algunas autoridades civiles, representantes de los poderes que controlan la organización del ritual. El tercer acto es la misa de romeros, a la que asisten los representantes oficiales de las hermandades con los simpecados, siendo el único rito en el que detenta cierto protagonismo la jerarquía eclesiástica. El cuarto acto es el rosario cantado, realizado por el conjunto de las hermandades, que parten desde un punto concreto de la aldea hasta la ermita. Tras éste, tiene lugar el quinto, último y trascendental acto de la romería, lo que Fernando Ruiz Vergara denominó frenético acto de posesión del icono privilegio de los almonteños, con el que da comienzo la anárquica procesión de la virgen del Rocío por las calles de la aldea visitando a cada una de las hermandades. El final de la procesión supone la conclusión de la romería, partiendo cada hermandad en un camino de vuelta a sus localidades de origen.

En la procesión se vivencian emociones intensas: se gritan vivas, se canta, se tocan las palmas, se abraza, se reza, se pelea por coger el paso de la virgen. Entre varias personas suben a los sujetos impedidos físicamente para enfrentarlos a la deidad femenina que todo lo puede; vuelan los niños entre las miles de cabezas arremolinadas en torno al paso para que toquen el manto protector de la fértil diosa. Se llora, se bebe, se suda, se disputa, se disfruta y se siente hondamente en una especie de catarsis colectiva en la que todos los participantes se funden y se confunden. Todo ello, siguiendo la lógica de los estudios sobre la magia contaminante realizados por Frazer, según la cual, las cosas que se ponen en contacto con el objeto sagrado mantienen su influencia una vez separadas. De ahí las prácticas de tocar a la imagen, su paso, sus flores, su ajuar o todo tipo de elemento que haya estado en contacto permanente con ella. Durante los días que dura la romería, se (re)produce todo un imaginario colectivo que sintetiza la imagen de una Andalucía tradicional, en un claro ejemplo de lo que el historiador británico Eric Hobsbawm denominó invención de la tradición. Se pasea a pie, montando a caballo o en carros tirados por mulos; se conquista una aldea con viviendas de tipo rural y cuyas vías son arena; se visten los trajes de flamenco típicos que identifican a Andalucía: el traje corto con sombrero para los hombres y el traje de gitana, de flamenca o de faralaes para las mujeres. Este elemento de arreglo se denomina así por ser el traje de gala de las ocasiones festivas de múltiples ferias y romerías andaluzas y que, como bien ha definido etimológicamente Antonio Manuel Rodríguez, procede de los conceptos árabes farah (alegría) y libss (vestido o traje): farah libss, traje de la alegría que, en Andalucía, es el vestido de irse de farra, de irse de feria (ambos conceptos también ligados a la alegría, al término farah). Es el traje de flamenca (falâh mankûb): falâh significa campesino‑a y mankûb significa marginado‑a, desahuciado‑a o desposeído‑a. En definitiva, el traje de la alegría de la campesina marginada. Todo esto supone, pues, la inmersión en lo que Bajtin denominó carnavalización: la producción de una (contra)cultura apartada de la reproducción de los valores ideológicos dominantes, rompiendo efímeramente con ellos y con sus rígidas estructuras y jerarquías sociales. Se trata de un mundo al revés, de una subversión del orden social a través de una fiesta de vida, de abundancia compartida, báquica, orgiástica y liberalizadora que debe ser interpretada como una exaltación gozosa del existir y de la búsqueda de la felicidad. El salto a la reja, acto de apropiación del icono, supone un discurso simbólico en el que, ante tantos participantes foráneos, los almonteños manifiestan que sólo a ellos corresponde el derecho de poseer y portar a la imagen sagrada. Isidoro Moreno lo ha interpretado como un robo y una inversión simbólica de roles en la que, múltiples jóvenes de Almonte, en su mayoría representantes de clases populares, reivindican rebelde y violentamente que a ellos corresponde la protección y el control sobre el objeto sagrado que simboliza a la marisma (la reina de esas marismas) y a la madre diosa de la fecundidad dadora de vida (la madre de dios, la blanca paloma); objeto sobre el que se sustenta el poder simbólico y comunitario del pueblo de Almonte. Pero esta acción simbólica se trata de un manifiesto evanescente, una socialización del poder que sólo dura unas horas ya que, durante el resto del año, el control del símbolo es detentado por las autoridades de la hermandad, el clero y las distintas élites políticas. El Rocío es toda una dramatización ritual, reflejo de un proceso histórico que debe ser leído en clave simbólica; un híbrido, una superposición de múltiples visiones, funciones y significados que dan lugar a un todo contracultural, inconexo, anárquico, difícil de analizar y percibir. Pero todas esas visiones se concentran en un único icono, enigmático y polisémico. La fiesta que se le tributa (la romería) es un complejo ritual vinculado con la primavera y la reproducción de la naturaleza, que se simboliza en el icono de la mujer exaltada como reproductora de la vida. Esta adoración hacia la figura femenina materna puede hincar sus raíces en la especial atención y culto que recibieron diversas deidades precristianas (Astarté, Tanit, Artemisa, Afrodita, Diana o Venus) en lo que hoy es Andalucía. Lo que se refleja en el icono de la virgen del Rocío y su romería es una suerte de matrifocalidad simbólica que ha sido traspasada al terreno de lo religioso. Esa virgen es paradigma de nuestra rica religiosidad popular, de nuestra etnicidad, de nuestra manera de comprender y simbolizar los procesos ecológicos. Porque esa virgen simboliza todo eso a la vez, todas esas significaciones, que son expresadas al modo de la cultura vernácula de Andalucía. Es el símbolo de la madre en sus diversas significaciones. La madre de un dios, del dios hombre en el sentido cristiano católico. La madre del pueblo, de los hijos del pueblo, es decir, la madre de la patria (la matria). La madre naturaleza, diosa ecológica de la fertilidad y la fecundidad, que simboliza esas marismas virginales donde habita. La madre que es reproducida, en todos estos sentidos, por muchos andaluces que emigraron, vinculándolos a nuestro país, aunque estén ausentes. Ella simboliza la mater Andalucía.

antropopamplias.

Salto la reja Rocío 2018
CANAL SUR, saltando siempre la reja de lo público a lo privado.

La antropología es eso que le cambias una letra y lo mismo da para la conversación que para la conservación de lo que hay. El artículo se llama Rocío: El ritual de una madre sagrada y lo firma José Carlos Mancha Castro, antropólogo de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla, y miembro de la Plataforma Andalucía Viva (El Salto Diario.com, 5 de junio 2020). En cabecera destaca: «Estas semanas atrás habríamos experimentando cómo desde algunos medios de comunicación centrípetos se hubiera narrado la romería del Rocío. Se tomaría el Rocío como la síntesis de lo que para muchos españoles supone Andalucía: una región de vagos, gentes rurales que hablan mal, fanáticos del catolicismo y que siempre están de fiesta, una mirada que contiene una alta dosis de xenofobia, clasismo y paternalismo».

Leído lo cual, mi pamplina (las pamplinas que yo pienso) nada tendría que objetar a las pamplinas que escribe en su artículo el profesor Mancha Castro, si no fuera que al profesor Mancha lo pago yo a través de impuestos, mientras a mí ¿quién me paga?

La otra objeción va para la materia el Rocío en todo su redondeo. ¿Cuánto dinero público debe el Rocío a las arcas de España y Andalucía? ¿Qué dineros debe el Rocío a municipios y concejalías por pagos o subvenciones directos o indirectos: policía, limpieza, protección civil? Y si se habla de lo que el Rocío aporta al pib, ¿cuándo hablamos del cúmulo de horas productivas desviadas de la producción por gente que puede permitirse la semana o más por dejarlo todo e irse de romería? ¿Estamos tontos o qué? ¡Vaya a parecer que la fe o la no fe, en esta tierra, se alimente sola y solo a cargo de bolsillos feligreses!

Hablar, desde la laicidad, de un fenómeno religioso conduce siempre a la conversación de la conservación. Algunos lo hicieron en tiempo y forma (Pedro Cantero, Isidoro Moreno) pero a otros se les pasó la ocasión de conformaciones, mixtificaciones o significaciones de lo que son las fiestas andaluzas: un universo donde la superstición (Semana Santa, romerías, santos patronos) y la alegría (ferias) reproducen el mundo del señorito, por un lado, y el mundo del gañán, por otro: el Rocío a caballo y con casa en la Aldea, frente al Rocío del personal de servicio haciendo comidas y camas, moviendo los bueyes.

Claro que para decir eso no hace falta ni José Carlos Mancha Castro, ni antropólogos, ni Universidad como la Pablo de Olavide, ni plataforma como Andalucía Viva, ni Pensar Jondo (como espacio de enunciación colectiva, encrucijada de ideas y reflexiones en torno a la descolonización de Andalucía, de sus prácticas y de su teoría social crítica), ni El Salto Diario, ni un emérito Isidoro Moreno Navarro que ría las ocurrencias de la antropopamplina.


la importancia de llamarse inclusive.

6. Las uvas en grande

Mi cuñada Rocío no estaba segura si el día de su santo era hoy domingo o mañana, Lunes de Pentecostés y de la procesión de la Virgen del Rocío. La duda le venía por recibir ella felicitaciones de otras partes de Europa donde Espíritu Santo cae en domingo. El conflicto viene rebotado del domingo o lunes de Resurrección, día que la católica y romana España coloca en domingo pero la Europa protestante en lunes, Lunes de Pascua.

Todo nos lleva –a partir de un primer plenilunio de primavera, dato astronómico que no deberíamos discutir– a lo de “al tercer día resucitó”, y todo porque al cronista no se ocurrió aclarar lo elemental:

–Jefe, al tercer día ¿inclusive o exclusive?

Porque si a usted le dice el albañil que tiene de obra en casa o el zapatero a quien ha encomendado sus zapatos ¡Señora, esto está en tres días!, es lo primero que pregunta, ¿incluido o no incluido?

Todo parece que, en la Judea de aquel tiempo, rabinos y entendidos, profetas y mesías, ahí que andarían a la greña por un quítame allá ese milagro –que no, que no es milagro; que si es agua, que si es vino– en reto permanente por demostrar habilidades que entusiasmaran al pueblo, y uno de ellos:

–A este (el vivo o muerto) te lo resucitó yo en tres días.

Cualquiera puesto en lenguaje de calle sabe que ¡A que te doy tres ostias!, es amenaza aproximada. Y los tres mosqueteros tampoco fueron exactamente tres. O sea, salvemos al evangelista, que estaría el hombre refiriéndose al plazo medio estimado para las resurrecciones (ver La vida de Brian), y culpemos, si acaso, al choque de iglesias; entre la auténtica, que es la de Roma, y la quisquillosa y por algo llamada protestante.

Yo acabé por llamar a mi cuñada Mary Rose [meriróush], reminiscencia de Las chicas de oro, serie de televisión. Y hoy, a nuestros 66, es la primera vez que el Rocío y mi cumpleaños coinciden. Los próximos 66, ella, quizá –que da gusto verla–, pero yo les aseguro que ya no estaré. Dejo, por eso, para que ustedes lo lean (en edición de bolsillo para pantalla de sus teléfonos móviles) el último libro de poesía que publicó en vida y en imprenta Daniel Lebrato: Predisposición de las uvas, Padilla Libros, 2011. Aunque de lectura no siempre poética –hay mucho hígado–, les puedo asegurar que empieza y acaba en brindis. Que lo disfruten.

Y, Mary Rose, da gracias que te pusieron Rocío, y no Pentecostés, Pente, Espíritu Santo, Espiri, Salto la Reja o Inclusive.


Enlace a Predisposición de las uvas (libre de tasas y virus)

predisposicion-de-las-uvas


La fiesta según Sevilla.

Fiestas de Primavera

un ensayo sobre la crueldad o una temporada de confort

Temo al infierno porque es la temporada del confort.
Arthur Rimbaud, Une saison en enfer (1873)

1.
«La prueba está en abril, cruel, que hace florecer a las lilas.» La letra es de Juan Cobos Wilkins, en su prólogo a De quien mata a un gigante (1987), y la idea, de T. S. Eliot en su obertura a La tierra baldía (The Waste Land, 1922), poema titulado El entierro de los muertos (dedicado por Eliot a Ezra Pound, il miglior fabbro): «Abril es el mes más cruel: engendra/ lilas de la tierra muerta, mezcla/ recuerdos y anhelos, despierta/ inertes raíces con lluvias primaverales./ El invierno nos mantuvo cálidos, cubriendo/ la tierra con nieve olvidadiza, nutriendo/ una pequeña vida con tubérculos secos». [lila, flor de la lila y coloquialismo por tonto, fatuo. abril, raíz aphr, aphro, acortamiento de Afrodita, diosa de la belleza y del amor, o de aprire, abrir, por el abrir de las flores, primera juventud como la de quien cuenta sus años por abriles.] Sea como sea, desde el 21 de diciembre, solsticio de invierno, los días han ido durando más, primavera antes de las doce uvas del año viejo y antes del Ya es primavera en El Corte Inglés. Únicamente el calendario cristiano, con su paso atrás (o flashback) de la Pasión, disturba una cronología recta, simple y natural (como dictada por naturaleza).

La antropología de la conservación ha hecho infinidad de cabriolas por demostrar que la pasión y muerte de un particular es alegría. Y ahí están los carteles de Fiestas de Primavera que unen Semana Santa y Feria de Abril (desde 1912, cartel de García Ramos), con toques de Toros en la Maestranza. Por algo, Isidoro Moreno[1], Jiménez Barrientos y Gómez Lara[2] se empeñaron en armonizar un mundo cofrade con una visión más progresista y social. Y la Semana Santa la han resuelto en ¡fiesta de los sentidos!: cómo se ve, cómo se toca, cómo se huele, cómo se oye, cómo se bebe, se come y nos seduce la Semana Santa de Sevilla. El problema es que la misma antropología se registra en otras latitudes y estaciones más frías.

2.
Sevilla se la inventó el capataz que bajó de Itálica o del Aljarafe hasta la Alfalfa, lo más alto y lo menos malo de Híspalis, la infelice en cuanto se desmadraba el río. Este señor dio en señorito. [señorito, nombre epiceno que abarca señorito macho y señorito hembra, nada que ver con señorita.] Precapitalista y reacio a la revolución industrial, la antítesis del señorito no es el obrero sino el criado, la servidumbre. Lo señorito se asienta en la tenencia de la tierra, viene de una injusticia de siglos: el latifundio; saca sus cuartos de olivos y naranjales y de la ganadería y se los gasta en la ciudad, cifra y compendio del ocio como negocio. Lara el editor lo expresó desde la cama: Si un negocio no da para levantarse a las once de la mañana, ni es negocio ni es nada. El criado ama y odia al señorito, todo, menos el término medio; del señorito aprende y a señorito aspira.

–No tenemos una gorda, pero vamos al Rocío.

Igual que se dice del habla andaluza, que ninguno de sus rasgos lingüísticos es exclusivo andaluz, diríamos del señorito, que nada en él es exclusivo. Los santos inocentes están aquí como en Valladolid o en Extremadura; y La escopeta nacional, lo mismo en Madrid que en Valencia. Lo pertinente, o impertinente, de Sevilla es la concentración de rasgos; su mirada de César o de Carmen la cigarrera viendo morir gladiadores; idéntica mirada, la de las santas y venerables cofradías, antiguas de nobles:

–Que carguen en silencio costaleros bajo faldones, que no quiero verlos, que no quiero oírlos ni olerlos.

Y, por eso, el incienso y las flores.

Desde 1972, los hermanos costaleros no corrigen sino culturizan esta mirada frente a otros modos, menos violentos para el cuerpo, de llevar los pasos, por Málaga o Cádiz. Para el señorito costalero, hecho al gimnasio y a la ostentación, los cargadores del puerto, sindicales, no hacían más que quejarse por vicio:

–¡La fe no pesa!

Y en tauromaquias los caballeros de Sevilla, cortos de rienda y de hacienda, reservaron sus jacas árabes y jerezanas para el rejoneo de salón dando la venia a sus gañanes, otra vez gladiadores a pie sobre la arena:

–¡Que corneen a Pepe-Hillo y nosotros, maestrantes, a ver los toros desde la barrera!

Como, desde la barrera, se asoma el señorito a la Feria de Abril, ese baile macho por sevillanas, que reducen a faena de aliño con su bajonazo final a la cintura. Cuando del tablao de Feria se pasa al tablao flamenco, el señorito abdica en el bailaor de turno, que es quien expone su cuerpo serrano, con lo que es el miedo al ridículo en un español de Sevilla. En el flamenco se gasta el señorito la estética de convidar y de ir marcando el compás con los nudillos sobre la mesa. Antes, marcaba también a la gitana (tal vez gitano) que se exhibía para él, que es quien pagaba las copas y quien peritaba la mercancía antes del reservado donde el señorito a la gitana, como a la criada, se la tiraba, ¡vaya si se la tiraba!, equivalente hombría a la que, por el Rocío, denunció Alfonso Grosso en Con flores a María (1981). Vázquez García y Moreno Mengíbar, en Poder y prostitución en Sevilla (1995), han puesto en orden, ya que no en limpio, ese mundo de cafés cantantes por la Alameda y ventas Antequera, donde no han faltado ni el pecado nefando ni la pederastia, con clientela de cortijo, quepis, tricornio y sacristía.

Y es que, de los cinco sentidos, de ninguno se goza el señorito como de la vista y ser visto (luciendo la cartera: Sevilla en sus bares). Y no será porque Viena, Venecia o Praga se contemplen menos. Es que tienen otras clases dirigentes y otras hegemonías.

3.
Una vez sometidos por la Corona los incómodos tercios moro, judío y protestante, la ciudad barroca fue pura Contrarreforma, más romana que Roma. Y ahí está la aportación de Sevilla (su I+D) a la cultura universal: el dogma de la Inmaculada. En esa mujer virgen y madre el señorito se retrata a sí mismo en su auto de fe en lo inmutable mutable, Don Juan en los altares. No hay una Sevilla frívola frente a otra a la altura de la historia. No hay más Sevilla que la que arde en cirios de nazarenos, habanos de la Maestranza y candelas del Rocío. De Sevilla, se puede decir lo que del dinero y la buena vida: la hay más barata, pero ya no es vida. Hay más Sevilla, pero ya no es.

–Ese tío no es rociero.

Esa otra Sevilla tendrá que preguntar a su intelectualidad y artisteo de copyright qué hacen por ella. La mayoría, cultivarse a sí misma, como hicieron los Caro, Arguijo, Laffón o Romero Murube. Biblia del Oso, Abate Marchena o Blanco White vienen al pelo para sostener la historia de los heterodoxos sevillanos. Esa propensión al mito y algún arquero fino de Sevilla cautivaron a Jaime Gil de Biedma. Pero del mito al misterio hay mucho trecho y, más aún, hasta la ciudad profunda y esquiva. Como en la máscara de Esopo o en la canción del roquero Silvio, no busquen más, que no hay. Sevilla, belleza hueca como la cabeza del señorito.

La cara popular, y no libresca, del mito se resume en Cernuda: el Sur es una tierra que llora mientras canta (aunque Cernuda se refería a un blues) y en Manuel Machado: cantando la pena, la pena se olvida. Para penar y cantar, el pueblo está doblemente motivado. Por solidaridad con los suyos y por contraste con la vida que se pega el señorito en la ciudad de la gracia.

No menos gracia tienen en Cádiz y ya vieron cómo acabaron con la Pepa de 1812, con ¡Vivan las cadenas! ¡Vivan las cadenas! que hoy expresan clases cautivas del Psoez Estado del Bienestar: pedid y se os dará: más servidumbre y más criados. La Andalucía libre por sí y por la humanidad asoma la patita por la novena provincia andaluza, Cataluña, ¡Vivan las cadenas!

4.
Recuerdo a mis amigos Jiménez Barrientos y Gómez Lara, Jorge y Manolo, empeñados en conciliar las esencias de Sevilla en un proyecto vital y (miedo da decirlo) de izquierdas. Cofradías. Rafael de León. Concha Piquer. Acaso aquel esfuerzo fue comparable al que hicieran ilustres del siglo 18 por aunar patria y progreso sin salir afrancesados en la foto. Bajo el poderoso influjo de Umberto Eco, Apocalípticos e integrados (1964); de la Crónica sentimental de España, de Vázquez Montalbán (1971) y de Isidoro Moreno (1982), con su lectura laica y republicana de la Semana Santa, Jorge y Manolo lo intentaron. Que si la fiesta de la pasión y de los cinco sentidos. Que si la copla como transgresión o escape. A la vista del Giraldillo, que sigue veleteando la herejía, solo nos queda lo que al penúltimo heterodoxo de Ramírez Lozano: caminar por la sombra.

La ludopatía de Sevilla empieza en la Cabalgata y dura de tres a seis meses, Cuaresma y Pentecostés. En ese espacio la Sevilla que puede permitírselo sale de una fiesta y se mete en otra, anda de víspera en víspera, de resaca en resaca, encabalgamiento que ejemplifica el Domingo de Resurrección, ya en la Maestranza. Es ciclo que pasa por el Rocío y se hace verano en Matalascañas con dos citas de cierre y vuelta a la Catedral: Corpus y Virgen de los Reyes (15 de agosto). En ese paquete falta el Carnaval, que huyendo de la ciudad de la gracia se fue hasta Cádiz. Un tiempo hubo carnaval en la Alameda de Ocaña (1947‑83), Nazario y del Teatro Real, pero, tras el sida, derivó en Orgullo Gay agradecido. Y hubo además carnaval no declarado la víspera de la Inmaculada (8 de diciembre), pero en esto llegó Palacio (Arzobispal) y mandó parar. Tampoco ha cuajado la feria de otoño o de San Miguel, cuando Sevilla tira al campo o a la sierra, candelas, setas y castañas. Nota. El señorito sevillano despacha todo el ceremonial casi sin quitarse el traje oscuro de capillita que se puso el Miércoles de Ceniza.

En el tardofranquismo, integrarnos en ese calendario parecía compatible con el cambio que esperábamos. La militancia de la Transición (con tanto cristiano por el socialismo) identificó Reconciliación Nacional con reconciliación con las hermandades y, enseguida, con Felipe González, toda España a bailar por sevillanas, y a la Expo en Ave. En Feria abrieron caseta la Pecera y El Garbanzo Negro, luego vendrían las de distrito. El Cerro del Águila sacó dos hermandades, de penitencia y de gloria al Rocío; también al Rocío, el Polígono Sur. Chavales de barrio, canis vestidos de capillita, cruzaron el Tamarguillo buscando el Centro, engominado y pijo. Parecía que por fin se abría el tarro de las esencias tan celosamente guardadas por la Sevilla de negro y del ABC. Que si quieres. La Sevilla de negro iba a mostrarle a la de colorines quién manda en la Carrera Oficial. Primero, porque la democratización empezaba a ser preocupante y, después, porque la Sevilla católica y mariana iba a acudir con renovado ímpetu de segunda Roma al rescate de Occidente, a contra imagen del Islam, según se entra a mano izquierda con feminismo del 8‑M por sus mujeres tapadas. Con ustedes: ¡Cultura y Civilización!

Nuestro intento (yo me incluyo) se rompió por tres ejes. El eje de las clases sociales, el eje de las creencias (al final, Dios distingue a sus fieles, de entre curiosos, laicos, guiris y diletantes) y el eje de la antigüedad, que en Sevilla es más que un grado. Faltando el eje de las ideas, no pudo ser, no pudo ser.

Abril sigue haciendo florecer a las lilas y, sobre todo, a los lilas. Temo a la fiesta según Sevilla porque es la temporada del confort.

Daniel Lebrato, para TeVeo ©

[1] Isidoro Moreno Navarro: La Semana Santa de Sevilla. Conformación, Mixtificación y Significaciones. 1982.

[2] Jorge Jiménez Barrientos y Manuel José Gómez Lara: Semana Santa en Sevilla. 1992.


montando el Rocío.

En Desmontando el Rocío se pone de relieve que, igual que hablábamos de nacionalcatolicismo en tiempos de Franco, se puede hablar de democatolicismo o socialcatolicismo en tiempos de democracia y clases medias en onda Psoe (psoecatolicismo). El artículo terminaba con esta lápida: no es que Canal Sur y medios informativos se hagan eco de un fenómeno religioso único en el mundo: es que inducen a él. Desde Albacete, Benidorm, Cartagena, Hospitalet, Madrid, Medina del Campo, Melilla, Menorca, Navarra, Sabadell, Salamanca, Santander, Segovia, Terrassa, Torrevieja o Vitoria-Gazteiz, una amplia geografía humana –no toda de andaluces por España, aunque también– se interesa por la romería y quiere venir más en condiciones.

Esta carrera por ser y estar es paralela y la hemos visto en la Semana Santa de Sevilla, Málaga y grandes poblaciones andaluzas: también ahí, con el reclamo de alguna obra de verdadero arte y de algún origen medieval, lo que abunda es mucha artesanía de mérito ninguno. Pura idolatría. Todo ello, al alcance de las dichosas clases medias que, no contentas con contemplar un espectáculo anacrónico que debiera estar en retroceso (vamos, se quiera o no, hacia un laicismo irreversible o, en todo caso, a una religión privada frente a las otras), alimentan al monstruo por dentro y quieren protagonizar con el visto bueno, buenísimo, de concejalías de fiestas y cultura que, con tal de atraer recursos y visitantes, se inventan lo que haga falta por elevar a tradición o bellas artes esos churretes que sacan en procesión.

La emulación mueve montañas y masas. Esa emulación, en Semana Santa, corre de barrios al centro y, en el Rocío, de clases medias al señorito, que era quien se permitía el caballo, la carreta y la casa en la Aldea que aderezaban un abundante cuerpo de criadas y gañanes mal pagados y peor tratados, que iban haciendo “el camino sucio”: las camas, la comida, los bueyes, la cuadra, servir el vino al gusto del señorito, bien fresquito; ese Rocío que pintó Alfonso Grosso en su novela Con flores a María (1981).

Ahora, con un 4 x 4 te crees alguien y, yendo en sociedad, la hermandad funciona como la caseta de Feria: que, compartiendo gastos comunes de montaje y de servicio, de pronto un sueldo medio presume de ir al Rocío a base de endeudarse en algo todos los días del año.

Lo que sí tiene el Rocío frente a otras romerías, las más de ellas en alturas o en rutas de poco aforo o de difícil acceso, es un escenario único, una explanada interminable, un caserío propio y en plena marisma del Coto de Doñana, a dos pasos, por cierto, de la playa de Matalascañas y en un triángulo Sanlúcar · Sevilla · Huelva donde la gente entiende la buena vida, y hace bien. Se citan el turismo de invierno y de verano, el ecológico, la monta, la observación de pájaros y ganaderías, espacios naturales que –manda la Onu– no se pueden estropear. No es poca cosa. La Iglesia no es tonta. El Psoe y clases medias, tampoco. Falta que la Unesco, comandante, mande parar.

–enlace a Desmontando el Rocío


desmontando el Rocío.

No es nuestro entrar en qué hay de auténtico y de falso, de fiesta o devoción, de jolgorio o penitencia, de arte o artesanía, de civil o religioso en el Rocío. Basta saber que el Rocío, tal y como lo conocemos hoy, es creación reciente de clases medias animadas por Junta, concejalías, Gobierno y ayuntamientos que han visto en la romería y en todo lo que esta mueve un filón económico comparable a otros caminos, como el de Santiago.

Vean, si no, las fechas. Una imagen que data de entre el siglo 13 y finales del 15, como tantas, con múltiples restauraciones. Una devoción de 1653, plena Contrarreforma, cuando la Virgen de las Rocinas fue proclamada patrona de Almonte con fiesta el 17 de septiembre (Natividad y dulce nombre de María); en Pentecostés desde 1758, por darle más papel a la abstracción del Espíritu Santo precisamente el siglo de las luces, tantas que en todo el siglo 18 no se fundó ninguna nueva hermandad. Una romería desde 1653 y un salto la reja desde 1969 (antes la procesión salía a las 11 del lunes). Pero fíjense, sobre todo, en las hermandades, por orden de antigüedad de fundación:

Hermandades nuevas y porcentaje:

Siglo 17→       5          4,16 % del total de fundaciones

Siglo 18→       0

Siglo 19→       4          3,33 %

Siglo 20→       86        71,66 %          

1913-1935→    15        12,5 %→7,5 % bajo la República

1939-1975→    23        19,16 % bajo el franquismo
a 0,57 fundaciones año

1977-2019→    74        61,66 % bajo la democracia
a 1,76 fundaciones año

Siglo 21→       26        21,66 %, a 1,36 fundaciones año

Lo que se llama devoción, tradición, la fe de mis mayores transmitida de padres a hijos desde siempre, no es como lo pintan. Que el mayor índice de rociación coincida con la España del Seiscientos, años 60, de la semana inglesa, del finde y de la segunda vivienda (mucha, en Matalascañas) cuando la recalificación residencial del Aljarafe, el auge del turismo y del Coto de Doñana, ya en democracia (a 1,76 hermandades nuevas por año), desmonta la exclusividad de la Fe y de la Iglesia en todo esto.[1] La relación entre Estado del Bienestar y Rocío es más fuerte que entre Iglesia y Rocío. Nada más que en los 80, años de la Movida y del primer Psoe en la Moncloa, se fundaron hermandades a 2 por año, una velocidad insólita. Ese ritmo aumentó en los 90, hasta 2,3. A 1,8 se fundó entre 2000-2009, y ahí están en lista de espera 48 hermandades no filiales, cuatro de ellas americanas, con Albacete, Benidorm, Cartagena, Hospitalet de Llobregat, Madrid (4 distritos), Medina del Campo, Melilla, Menorca, Navarra, Sabadell, Salamanca, Santander, Segovia, Terrassa, Torrevieja o Vitoria-Gazteiz. ¡Hay banquillo!

Y no es que Canal Sur y medios informativos se hagan eco de un fenómeno religioso único en el mundo: es que inducen a él con incluso programas del tipo ¿Cuánto cuesta ir al Rocío?, en plan servicio público y consumidores. Juzguen ustedes.

Enlaces:

Jesús Abades, La autoría de la Virgen del Rocío

El origen del salto de la reja

La fiesta según Sevilla

De la fiesta según Sevilla, a la fiesta según el Vaticano

[1] En seis años de República se fundaron 9 hermandades, a 1,5 por año.


¿Quién dijo manada?

Salto la reja Rocío 2018

(O el machismo según el Psoe.) Entre los calificativos que esgrime Margarita Robles (Psoe) contra el nombrado y no constituido Gobierno de Cataluña, está el de que sería un gabinete ‘machista’, con solo tres mujeres previstas. A la misma hora, Canal Sur de Susana Díaz transmite en directo y en plan ejemplar el salto de la reja Rocío 2018 (en la imagen). Prueben a buscar, a ver si la encuentran, una sola mujer entre la tropa saltante. Se me olvidaba que el referundismo es, además de machista, “desafío separatista” o incluso “golpe de estado” y que el Rocío es, por demás, “cultura y tradición”. ¿Quién dijo manada?


Origae-6 en el Rocío.

Rafa Iglesias y Origae-6.jpg

La furibundez rociera no tiene límites pero no es lo peor, mientras las hermandades lo paguen todo y dejen los caminos y el Coto como estaban. Peor es la cobertura mediática a semejante espectáculo estrictamente privado. Rafa Iglesias ve así la llegada al Rocío de una hermandad no tan alienígena.


Enlace a CABALLOS MUERTOS EN EL ROCÍO


 

Curiosa historia de los nombres de la Virgen del Rocío

Rocío por Tropezones

HISTORIA DE LA O ESA BLANCA PALOMA
Curiosa historia de los nombres de la Virgen del Rocío–

El primer nombre y devoción fue Santa María de las Rocinas, así proclamada patrona de Almonte en 29 de junio de 1653, con fecha en el santoral el 17 de septiembre (hoy, 8 de septiembre), festividad de la natividad de María. A partir de 1653, la virgen pasó a llamarse Rocío, según Isaías, 45, 8: ¡Derramad, Cielos, como una rociada, y lluevan las nubes la victoria! Desde 1248, que se reconquistó el reino de Sevilla, hasta bien entrado el siglo 15 en una España sin moros, pastores o cazadores, gente de campo desentierra o saca de su escondite imágenes que hubieran guardado sus antepasados en tiempos de amenaza. Fueran conscientes o casuales, esas recuperaciones se hicieron pasar por milagros, dando principio a cultos y romerías. La hermandad matriz de Almonte es de 1640 aunque Villamanrique puntualiza: Fueron los monteros y cazadores manriqueños, que acompañaban al rey Alfonso XI en sus cacerías, los que trajeron esta devoción hasta la villa y fundaron el 20 de octubre de 1388 una primitiva Cofradía de Monteros de Santa María de la Rocinas. De 1677 data la primera hermandad de Sanlúcar de Barrameda, sede de la poderosa Casa de Medina Sidonia, dueña feudal del territorio, que declaró libre de impuestos (alcabalas) las transacciones en días de romería. En sus reglas de 1758 la Hermandad de Almonte movió a Villamanrique, Pilas, La Palma, Rota, Moguer y El Puerto de Santa María para instituir igualmente hermandades. En 1813 se fundó la de Triana, fundamental para la hispalización o sevillanización de la romería.

Rocío el grabado más antiguo de la virgen 1720-22

Los simpecados. En un mundo sin televisión, lo que el creyente veía no era la virgen en su altar o en su paso sino un estandarte, un simpecado (sine labe concepta) que una vez al año presidiría la peregrinación hasta la Aldea. El simpecado de Almonte es de 1724 y el de Villamanrique, de 1766.

La paloma, el fuego y el Espíritu Santo. Una paloma figura en el interior del techo del paso de la Virgen del Rocío. Como espíritu, tiene un significado abstracto. De las Escrituras, saldrían dos significantes: la paloma, del bautismo de Jesús, y las lenguas de fuego, que posaron la sabiduría sobre los apóstoles en Pentecostés. En San Mateo, dentro de la narración del bautismo de Jesús, leemos: Jesús salió del agua y se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre Él. San Juan lo pone en boca del Bautista: He visto al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y permanecía sobre Él. La paloma se impuso por más cercana que las lenguas de fuego y con antecedente en la paloma que soltó Noé del arca por tres veces, volviendo la segunda con una rama de olivo y la tercera ya no volvió, lo que significaba paz y normalidad en el mundo. En el Cantar de los cantares dice el amado: ¡Ábreme, hermana mía, amada mía, mi paloma, mi preciosa! En el Talmud la paloma es signo de castidad y en San Mateo: sed sagaces como las serpientes y sencillos como las palomas, lo cual encaja con el Espíritu Santo, que se quiere procedente del amor del padre y del hijo. En algunos templos la eucaristía se conserva en un columbarium suspendido por encima del altar.

Rocío Proclamación del patronazgo de Almonte 29 de junio 1653

En resumen, la del Rocío debió ser una devoción confusa entre agua y fuego y tres personas (virgen, niño y paloma), con iconografía variable y falta de un único patrón canónico. En un primer momento, se funde el agua real de la rociada en la Marisma con el fuego simbólico de Pentecostés y, en un segundo momento, se funden la paloma y la virgen, también sus fechas. Del antiguo 14 u 8 de septiembre y de su traslado a Almonte, la virgen adoptó el nombre de Pastora, devoción a la Divina Pastora que testimonia Gonzalo de Berceo en el siglo 13: ésta es buena tienda, esta buena pastora, que vale a tot omne que de buen cor la ora. La madre pastora hizo al niño pastorcito, el Pastorcito Divino, y la paloma se hizo virgen, la Blanca Paloma. Digamos, de paso, que las connotaciones de la paloma en Andalucía se prestan a bromas poco elegantes. Por último, tuvo que venir el papa Juan Pablo II hasta la Aldea. Y a partir del 14 de junio de 1993, el mando y tropa del Rocío cambió el ¡Viva la Blanca Paloma! por ¡Viva esa Blanca Paloma!


páginas consultadas:
Rocío.com, Aleteia.org, Aciprensa.com, HermandadDeVillamanrique.com
y Manuel Romero Triviño, Los nombres de la Virgen del Rocío.


DE EL ROCÍO, ME FÍO

Rocío llueve



DE EL ROCÍO, ME FÍO

“De El Caserío, me fío”
(anuncio)
*

Si llueve, la culpa es
del Dios del cielo, que planta
tan pronto Semana Santa
que arrastra Pentecostés
y el Corpus Christi después,
y pues la lluvia y el frío
de abril por mayo cabrío
vienen de arriba, así sea,
que yo me voy a mi Aldea
de mi Rocío. ¡Me fío!

*




Curiosa historia del nombre de la Virgen del Rocío

Del Caserío me fío

la o esa blanca paloma

paloma-de-la-paz-picasso

Durante años, Blanca Paloma fue el tratamiento para la Virgen del Rocío, y tuvo que venir el Papa de Roma hasta la Aldea para poner orden: –La Blanca Paloma es la iconografía del Espíritu Santo, so borrikos ‑dijo Juan Pablo II en su español germanizado‑. Y a partir de ahí, 14 de junio de 1993, el mando y tropa del Rocío cambió el ¡Viva la Blanca Paloma! por ¡Viva esa Blanca Paloma! Quién duda que estos saben latín.


 Curiosa historia del nombre de la Virgen del Rocío


HOY ES EL DÍA DE LOS ENAMORADOS

HOY ES EL DÍA DE LOS ENAMORADOS

Quienes abominan de San Valentín tienen hoy su día perfecto para vindicarse o reivindicarse, que de las dos maneras se puede decir para decir lo mismo: hoy es el día de los enamorados. Pasando olímpicamente de lo que diga la Iglesia y su leyenda en torno a un obispo Valentín del siglo 3, ejecutado un 14 de febrero, famoso y venerado por casamentero, y pasando de El Corte Inglés, que adaptó la fiesta en los 80 con objetivos obvios (el grande de los grandes llegó a proponer un Día del Niño, del Estudiante, de los Abuelos, e intentará colarnos el Día del Perro) y pasando de la importación ‑otra más‑ de una fecha anglosajona; pasando de todo eso, el refranero y el santoral nos avisan que hoy, 3 de febrero, es San Blas y, por San Blas, las cigüeñas verás. O sea: que los días se notan más largos y el tiempo, mejorcito, como para que regresen del África, a donde fueron a pasar lo peor del frío y del invierno, esas aves migratorias reinas de las torres y de los campanarios y portadoras a los nueve meses de los frutos del amor, que también los traen las cigüeñas. Porque, antes de ser amor, el amor es sexo y la sexualidad se apunta a la primavera que la sangre altera. Y perdonen ustedes esta antropología de andar por casa. Decía Friedrich Dürrenmatt (1921‑90) que es triste tener que luchar por lo que es evidente. Pues eso, a arreglarse, a ponerse guapos y a buscar sus amores, quien no los tenga, y, sobre todo, a cuidar sus amores, quien los tenga. Feliz día de los enamorados.


Otro día hablamos de cómo las fiestas que van con el Sol esperan tres días, les dan tres días de plazo al Sol, para que el Sol confirme sus monerías y sus resultados. Los solsticios, días 21, se señalan en el santoral tres días más tarde: 24 de diciembre, Navidad, y 24 de junio, San Juan. Quizá por eso, también, lo de al tercer día resucitó, como en el un, dos, tres de los cuentos populares, donde, a la tercera, va la vencida, lo que divide a la cristiandad entre quienes, desde el viernes santo, cuentan tercer día inclusive, y lo hacen resucitar en domingo, y quienes cuentan exclusive, y se van al lunes de pascua. Rocío conozco que todavía duda si los cincuenta días del Pentecostés de su nombre vencen en domingo o en lunes, día que manda en la Aldea. Para lo que hablábamos, que eran las primeras señales de la primavera, lo que importa es “a principios de febrero”. Un fraile debió mirar el santoral y, de entre las fechas disponibles, le debió parecer la de san Blas la más adecuada. El 2 estaba ocupado por la fiesta de la Candelaria en recuerdo de haber salido María de la cuarentena y acudido al templo donde ofrecer su hijo y cumplir con el rito de su purificación. San Blas, pues. Y a la primera señal de la primavera, que era la vuelta de las cigüeñas, que estarían de vuelta mucho antes, le pusieron San Blas. Y el cronista local, puesto en poeta, lo expresó en refrán. Hoy, como todo el mundo sabe, esto no es más que un relato mitológico porque, desde el cambio climático, las cigüeñas no es que no vuelvan: es que las joías ni se van.

De la fiesta según Sevilla, a la fiesta según el Vaticano y la Conferencia Episcopal

Semana Santa 2015 Plaza Virgen de los Reyes Jueves de Pasión (5)

DE LA FIESTA SEGÚN SEVILLA,
A LA FIESTA SEGÚN EL VATICANO Y LA CONFERENCIA EPISCOPAL

Una de las conversaciones más difíciles en Sevilla es hablar sobre Sevilla. Desde el momento en que hay una Sevilla (conservadora) que se arroga ser la que administra las esencias y desde el momento en que hay una Sevilla (supuestamente progresista) que imita y cultiva esa esencias, al final acaban justificando lo mismo: una ciudad eterna en lo superficial que guarda bajo su piel un alma profunda que estaría por descubrir, tesis, entre otras, de Eva Díaz Pérez en Sevilla, un retrato literario (2011). Conservadores y progresistas, capillitas y antropólogos de la cultura, coinciden en ensalzar la ciudad (orgullo patrio que se despacha en todas partes del mundo, por feas o inhóspitas que nos resulten), sin plantear la cuestión crítica vital, que es la hegemonía: qué grupo o clase social impone a la ciudad su sello de identidad y sale ganando. La hegemonía en Sevilla tiene dos caras: un componente laico ejemplificado en el señorito vividor y calavera (tipo Don Juan o el primer Miguel Mañara) y un componente religioso basado en la personificación y en la externalización, barrocas: nazarenos, costaleros, romeros, pero también los Judas, los belenes vivientes, el culto a las estatuas, a los exvotos, a los muertos, a las estampitas y a los símbolos externos, todo muy rentable para el Pib y para el turismo religioso. Es esa religión, superficial como ella sola, la que el Vaticano y Conferencia Episcopal han querido reconducir por la senda de la ortodoxia en confluencia con la Iglesia del Norte y protestante, mucho más interior y cerebral, y la que igualmente han querido combatir partidarios del cristianismo de base (o franciscanos como el arzobispo Amigo). Ocurrió que en España, el rearme de la ortodoxia personificada en Juan Pablo II, papa tan popular como autoritario y dogmático, se vio contrarrestado por la explosión laica de la Transición y porque las fechas de Juan Pablo y del primer Psoe, el de Felipe González y Alfonso Guerra, eran las mismas: 1982. De manera que, al tiempo que Occidente financiaba el integrismo (Lech Walesa, en Polonia; el Ayatola Jomeini, en Teherán), la sociedad española, después de tanto franquismo y de tanta Ucedé, se daba a la movida irreverente con el primer Almodóvar, con Alaska, con Siniestro Total, con Toreros Muertos, con el roquero Silvio o con el flamenco fusión. La asunción de la religión católica por parte del Psoe se tradujo en Andalucía y en Sevilla, en particular, en los mejores años de la fiesta. Presidente y vicepresidente del Gobierno, de Sevilla, habían puesto de moda las sevillanas, la Feria, la Semana Santa y el Rocío, y el Ave Madrid Sevilla fue el puente de plata para folclóricas, toreros fashion y flamenquitos, artistas todos, con aristócratas, eventos y bodas de la prensa rosa, Casa Real y grandes de España, que tuvieron en Sevilla el colmo de la vida social. Pasado aquel esplendor al rebufo de la Expo 92, cumbre y valle, las aguas volvieron a su cauce: ni el Rocío reunía el millón de personas que se decía que reunía, ni las hermandades crecían al ritmo, más bien perdían nazarenos. Hoy, y con la crisis encima, la religión que le puede quedar a Sevilla es más propia del tópico de Zamora o de Valladolid que de la Sevilla de los 90. Claro que, cuanto más integristas se muestren, más fácil será que el Estado les diga a capillitas y beatas, curas y monjas, lo que Julio Anguita, al obispo de Córdoba: yo soy su Estado pero usted no es mi religión. Y la ciudad (desde la Cabalgata hasta el Corpus), óiganlo bien, tampoco es suya.

La fiesta según Sevilla y Sevilla, geografía e historia.

Sevillanas rocieras o rocieses

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CON TANTO SEÑORITO,
y yo en la calle,
la aldea del Rocío
tiene un escrache.

Tiene un escrache,
unos viendo el desahucio
y otros, la salve.

A LA MADRE DE DIOS,
quién le habrá dicho
que tiene que haber siempre
pobres y ricos.

Pobres y ricos,
los refranes los cargan
los señoritos.

MEJOR VIVEN LOS BUEYES
y los caballos,
que la gente corriente
que va debajo,

debajo el paso,
y otra gente que pide
salud y trabajo.

RELINCHA O PONTE CUERNOS
y a cuatro patas,
y a ver si este Rocío
ya te contratan.

Ya te contratan
y, entre el polvo y la arena,
el oro y plata.

SERÁS MADRE DE DIOS,
no cabe duda.
Lo que dudo es que yo
sea la hija tuya.

Y en masculino:

SERÁS MADRE DE DIOS,
yo no lo dudo.
Lo que dudo es que sea
yo el hijo tuyo.

El hijo tuyo,
pastorcito divino;
y yo, el capullo.

LA VIRGEN DEL ROCÍO,
como es tan alta
y entre tanto gentío,
ya no oye nada.

Cuando le reces,
grítale, que está sorda
de los cohetes.

POR SALIR DE LA CRISIS,
yo te rezaba
un año y otro año
no rezo nada.

No rezo nada,
que te lleven en peso
grandes de España.

SI ALGUNAS TESIS HABLAN
del culto a Isis,
ya tengo que me rimen
Rocío y crisis.

Rocío y crisis,
que en bilingüe se dice:
Rocío, this is.

VE QUITANDO LAS PLUMAS;
yo, las espuelas:
gallo, pollo o gallina,
y a la cazuela.

Blanca paloma,
todo tiene su guiso
si hay quien lo coma.

AY, PAREJA OBREGÓN,
porque un día un pobre
rompiera su alcancía
para irse a Almonte…,

…qué diferentes:
a caballo y carriola,
y a pie y relente.

SALTÓ LA REJA
y, al ver lo que pasaba,
se dio la vuelta.



Curiosa historia del nombre de la Virgen del Rocío