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lo que queda de Franco.

La llamada Guerra de España[1] es eso que no acaba nunca y que da una posguerra que continúa y continúa más allá de la muerte de Franco y más acá de la Constitución de 1978 y de la autoproclamada ejemplar Transición Española.[2] Y, para ningunear la moción de censura anunciada por Podemos y ganar la campaña de imagen, no es casualidad que el actual Psoe reabra el tema de dónde están o dejan de estar los restos de Franco. Tema posguerra donde los haya. Como si el antifranquismo socialista fuese superior al antipepeísmo de Podemos, frente anti PP donde, verdaderamente, se juega algo la nación española, no en un quítame allá esos huesos, que bastaría reinterpretar. Un país libre de su pasado puede mantener en pie o incluso levantar monumentos al horror con tal de que las generaciones recuerden lo que se dejó atrás y para que la historia no se repita. Cualquier holocausto se recuerda así: en monumentos negativos. Lo que queda de Franco no está en el Valle de los Caídos. Lo que queda de Franco está en PP y Psoe. Juntos custodian esta posguerra infinita y estos muertos en busca de ataúdes.

[1] A honor de la resistencia republicana y contra la idea envenenada de las dos Españas ‑Machado nos perdone‑, lo suyo es llamarla, en vez de Guerra de España o Guerra Civil, frustrado Golpe de Estado contra la República derivado en guerra.

[2] Véanse el Senado tapón, la ley de amnistía, electoral y de memoria histórica, o la cuestión catalana.

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la castaña de Cotarelo contra ABC.

ABC Susana Díaz

el medio y el mensaje

Portada de ABC de 1 de mayo 2017, Día del Trabajo. El paradigma Psoe/Ugt no pasa desapercibido: mucho votante anda suelto en las calles ese día. Texto: “Díaz espera derrotar a Sánchez por 20.000 votos”. Foto: Díaz vestida modosita y andando decidida hacia el espectador, perspectiva ascendente. La luz de un coche que podría ser de escolta finge un dorado objeto o bolsito en su mano izquierda: Susana Díaz, portadora de algo mágico (como los Reyes Magos).

comentario de texto

El sensacionalismo de ABC empieza por la portada monográfica, a foto por número, a veces foto información (noticia), a veces foto opinión (editorial) y a veces foto promoción, como es el caso. Se podría hacer un estudio del “efecto portada de ABC” en nuestras vidas, muy notorio en Madrid y en Sevilla. Lectores y no lectores saben, nada más pasar por un quiosco (aunque sea a comprar El País o tabaco o simplemente de paso), lo que ABC piensa y quiere que pensemos. [Otro estudio sería el del “efecto grapa”, primer diario del mundo, el ABC, que no permite deshojar y compartir lectura simultánea entre más de un lector (páginas centrales para uno, páginas exteriores para otro). Añadan la adecuación de grapa y menor formato a emisor / receptor en busca del arquetipo usuario: varones trabajadores de cuello blanco y voto conservador que leen el ABC apretujados en la barra de un bar en lo que dura el café con tostada de media mañana.]

segundo texto, crítico con el ABC

Ramón Cotarelo. Artículo La caudilla, 2 de mayo, en su página web. En un texto de 775 palabras, diez veces (nueve, más el título) usa Cotarelo la palabra caudilla (epíteto). Está claro que le interesa que cunda la palabra y que se identifique a Susana Díaz con segunda Franco. Son recurrentes derecha (11 veces) e izquierda (4). Abundan subjetivismos: señoritingos, casposo, pepera, el caballero (por Jordi Pujol), esta señora (por Susana Díaz), etc. Perlas escogidas: –Neocomunistas de Podemos ladran lo que no muerden.[1]La castaña que le ha arreado Podemos (a Susana Díaz) con la moción de censura. Cotarelo se muestra tan sensacionalista como el ABC que critica: califica y descalifica. Opinar en exceso es desinformar.

para eLTeNDeDeRo

una España sin PP ya sería algo. Hay que apoyar la moción de censura como en política de frente o unidad popular: para empezar un tiempo nuevo. El efecto moción es superior al efecto Susana Díaz, que pasaría a un segundo plano si la moción prosperase. No lo ve así Cotarelo, quien tacha la moción de castaña. O sea, la castaña es él. Dicho lo cual, eLTeNDeDeRo había dejado la política de nombres propios y pequeño formato. Malo es creer en la clase política y, peor aún, en profesores de ciencias políticas. No nos hagan reír.

[1] Comunismo no ha conocido la humanidad; sí, partidos de ese nombre, que es contra lo que se está. Ni Izquierda Unida es comunista; mucho menos, Podemos.


¡vivan las cadenas!

El mismo día que Unidos Podemos presentó su moción censura, fue un lunes, empezaron a echarle mierda encima. Según el Psoe, Pablo Iglesias era culpable de otro ‘numerito’ a favor de Rajoy. Esa noche, esperamos al Gran Wyoming en El Intermedio. Cuando vimos que él también se reía, se confirmó que ‑sin Mediaset y Atresmedia, ese duopolio‑ la moción de censura estaba muerta, muerta de risa y muerta en serio. Lo cual abre un fleco interesante un mes que tanto se ha hablado del humor. El humor de Eduardo Mendoza y el de humoristas encausados, y los límites del humor cuando se meten con la religión. eLTeNDeDeRo lo ve así:

reírse de (burlarse de) es de derechas y meterse con (satirizar a) es de izquierdas.[1] Para reírse de hay que estar a bien con la vida, estómago lleno y necesidades cubiertas, y entonces el [buen] humor [etimológicamente: el líquido que lo domina a uno, lo contrario sería la mala sangre o leche] es un estado de ánimo positivo y satisfecho. A reír, pues, con ese humor que puede parecer bobalicón o estúpido: la risa tonta. En cambio, para meterse con ‑cuando con es con las instituciones, con la Iglesia, con la monarquía, con la Policía, con el poder, en fin‑ hay que tener coraje y valentía; huevos también se dice, ovarios: hay que tenerlos bien puestos.

eLTeNDeDeRo no le ve ninguna gracia a que desbancar al PP sea peor que ir causa a causa de corrupción a base de exclusivas. El plan es desgastar al PP y que su socio en el Biparty entre en el gobierno por la puerta grande. Susana Díaz, o sea. ¡Viva el PP! y ¡Vivan las cadenas! Mediaset y Atresmedia.

[1] Los términos izquierda / derecha o derecha / izquierda merecen ser discutidos y hay quien ‑como en Podemos‑ rechaza la vigencia de esa terminología. No obstante, es cómoda: acción / reacción; progresistas / conservadores; los de abajo / los de arriba presentan mayores inconvenientes y no se trata de complicarse la lengua: izquierda es “cambio o ganas de cambiar lo que hay” y derecha es “conservación o ganas de conservar lo que hay”.

todo más claro (Pedro Salinas y la política)

Desde que el movimiento Podemos se hizo partido y el partido Podemos, asunto de pareja, eLTeNDeDeRo ‑vista la general indigencia del pensamiento político nacional e internacional‑ abandonó la política. Dicho lo cual, conviene a los ánimos preocupados por los siguientes temas sus correspondiente soluciones:

–por Trump y sus murallas: abominar de las murallas propias en Ceuta y Melilla y de Estados Unidos como país amigo o aliado natural de España, sea quien sea su presidente.

–por los refugiados: ir a la causa primera, que son las desigualdades y las guerras, y abominar de las naciones que fabrican armamento y sostienen, con nuestros impuestos y consentimiento, ejércitos que matan. A nivel personal, bien puede ‑nada se lo impide‑ refugiar o adoptar niña o niño que le conmueva con su familia entera, para que la criatura no se desnaturalice ni pierda su identidad.

–por la sentencia del caso Nóos: piense en la monarquía y que no paguen uno (Urdangarín) ni dos (con la Infanta): la monarquía entera váyase de la Constitución al museo de la historia.

–por el independentismo catalanista: recuerde que lo nuevo, la noticia, no es el soberanismo, de profundas raíces históricas y económicas, sino la incapacidad de la reciente democracia española para resolver tan viejo asunto.

Todo lo cual se resume en ¡bájese de la democracia!, no sea usted demócrata y lo verá todo más claro. Todo más claro es un precioso libro de poesías de Pedro Salinas que nada tiene que ver con esto, pero por eso mismo, para quitarse usted también de la política:

Pedro Salinas
EL POEMA
(1951)

Y ahora, aquí está frente a mí.
Tantas luchas que ha costado,
tantos afanes en vela,
tantos bordes de fracaso
junto a este esplendor sereno
ya son nada, se olvidaron.
Él queda, y en él, el mundo,
la rosa, la piedra, el pájaro,
aquéllos , los del principio,
de este final asombrados.
¡Tan claros que se veían,
y aún se podía aclararlos!
Están mejor; una luz
que el sol no sabe, unos rayos
los iluminan, sin noche,
para siempre revelados.
Las claridades de ahora
lucen más que las de mayo.
Si allí estaban, ahora aquí;
a más transparencia alzados.
¡Qué naturales parecen,
qué sencillo el gran milagro!
En esta luz del poema,
todo,
desde el más nocturno beso
al cenital esplendor,
todo está mucho más claro.

*


populismos.

Antonio Narbona sobre la palabra populismo:

«Joaquín Leguina (Podemos: el síndrome de Sansón, 2014) acuña su propia definición de populismo, que poco o nada tiene que ver con la del Diccionario (sinónimo de popularismo, tendencia política que pretende atraerse a las clases populares).

Leguina empieza calificando al populista de suplantador: el pueblo, es decir, la ciudadanía, es plural y variada, y cuando el pueblo actúa de forma unánime, la mayor parte de las veces se convierte en populacho, en masa, en chusma.

Le asigna como segunda característica la que mejor define al demagogo, esto es, la de ofrecer soluciones sencillas a problemas complejos.

Y termina hablando de su recurso permanente a actitudes religiosas: al hablar se muestra, sucesivamente, como la Virgen María, pura y casta, y como el Dios que ataca sin medida ni clemencia a Satanás, el enemigo, el culpable de todos nuestros males. En su discurso aparece también un infierno (al que los populistas van a enviar a los malvados) y un paraíso (al que sólo llegaremos de su mano). Sobran los comentarios.» [Antonio Narbona Jiménez, El diccionario y sus usuarios, Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, 2015]

Apostilla eLTeNDeDeRo:

1º. Todo partido, en tanto pretende atraerse a las clases populares, es populista (demagógico, vale decir), por tanto, no tendría sentido usar populismo como etiqueta para degradar un partido a otro. 2º. Según el uso y quien la usa, la palabra populismo es comodín o palabra‑baúl desde los partidos de centro contra los extremos (abusivamente calificados de extremistas) que pudieran disputarle su espacio electoral. De esta manera, extrema izquierda y extrema derecha se igualan y en populistas caben partidos neonazis (xenófobos o eurófobos) con partidos de nueva planta como Podemos. 3º. Decaído el comunismo (la gente joven ni sabe si existe un partido comunista), populistas ocupa el lugar de comunista (palabra‑estigma junto a terrorista, que continúa). 4º. A todo, ayuda que en inglés populismo se dice igual (populism) y tanto Obama Hillary Trump como Merkel como Rajoy y Susana Díaz están encantados con la palabra populismo.

Así que muévanse: ¡sean populistas!

–enlace a Populismos.

crítica de la crítica de los derechos humanos.

El Estado del Bienestar nos ha dejado encantadoras igualaciones. La base fue la Declaración universal de derechos humanos de la Onu en 1948,[1] que respondió al modelo de los países aliados que querían con la Declaración prevaler sobre los totalitarismos fascista y nazi, ya derrotados, y sobre el estalinismo, no derrotado y con enorme auge en Europa al final de la SGM a través de los partidos de la Segunda Internacional, que inmediatamente fueron descalificados como dictatoriales a partir de una interesada interpretación de la futurible dictadura del proletariado, hecha por Karl Marx un siglo antes, donde la dictadura, al ser ejercida por la mayoría (la clase obrera), dejaba de serlo y pasaba a ser más democracia que la democracia. La Declaración fue instrumento propagandístico para un estado de opinión favorable a la libertad de los países libres (frente a los comunistas) como grado superior de organización social, democracia política que impedía en la práctica la democracia económica y laboral, sin las cuales, ¿qué democracia era esa? Papel votado: un voto cada cuatro años y ahora pidan ustedes derechos humanos, que, por pedir, que no quede. Por eso, la primera crítica que tienen los derechos humanos es su palabrería, su frivolidad, su insoportable levedad del no pasar, de las buenas intenciones, a leyes vinculantes y perseguibles por tribunales internacionales en el seno de unas Naciones Unidas que no tenían otra cosa que hacer, más que pasar del dicho al hecho, y no lo hicieron. En respuesta, un anciano que había participado en la primera redacción de la Declaración quiso antes de morir dejar testamento testimonio de su indignación y ese fue Stéphane Hessel (1917-2013), quien animó a la juventud a indignarse. Su ¡Indignaos! (2010) tuvo la altura intelectual de un mosquito. Su enorme éxito entre gente bien preparada y de universidad, que ya calzaba los treinta años (Pablo Iglesias, 32; Monedero, 47), fue el infantilismo más lamentable que ha padecido la reciente izquierda y, a siete años vista, ya sabemos en qué acabó tanta indignación: en tierra, en polvo, en sombra, en humo, en nada.

La segunda crítica de la Declaración no es histórica sino lógica y conceptual. La fórmula nos la dio el viejo Marx en su Crítica del programa de Gotha (1875): Todo derecho es derecho de la desigualdad. El derecho sólo puede consistir, por su naturaleza, en la aplicación de una medida igual; pero individuos desiguales sólo pueden medirse por la misma medida siempre y cuando se les mire solamente en un aspecto determinado y no se vea en ellos ninguna otra cosa, es decir, se prescinda de todo lo demás (“a igual trabajo, igual salario”, unos obreros están casados y otros no; unos tienen más hijos que otros, etc; a igual salario, unos obtienen más que otros). El derecho no tendría que ser igual, sino desigual.

Jóvenes: pedir derechos es fácil. ¿Quién en su sano juicio se va a oponer? Lo difícil es pedir deberes a uno mismo y a quienes por sus niveles de vida y renta llevan siglos explotando a los demás. Pedir es fácil. Lo jodido es quitar a quienes les sobra. De ahí, el buenismo. Mejor, ¡nos vemos en la revolución!

de la serie Ni tontos ni marxistas, 16 de enero 2016

[1] De 30 artículos que son, la palabra todos aparece 44 veces. Como adjetivo: todos los miembros de la familia humana, todos los pueblos y naciones, todo[s los] ser[es] humano[s], toda persona, todo individuo, todos los niños, en todas partes. Como pronombre: todos son iguales, para todos.