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ética de las sectas y de las familias y ética periodística.

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Imagen Xarxa TIC

El caso de la joven española secuestrada por una secta en Perú nos llama la atención por cuanto nosotros vivimos, en los años 70, casos semejantes o directamente iguales. Al final, y entre veras y bromas, Daniel Lebrato lo escribió en Hermano Ezequiel, una historia de sectas, que empezó en verano de 1982 y dio origen a Tinta de calamar. Puntualizando:

1º) El secuestro por secta no es secuestro sino inducción voluntaria.

2º) Esa inducción sobre jóvenes y adolescentes se practica igual desde la Iglesia católica o las fuerzas armadas, instituciones bélico confesionales no aptas para menores que, sin embargo, no esperan la mayoría de edad para que la persona decida. Captar menores debería estar prohibido por leyes del Estado.

3º) No obstante, esa ley del menor, que todos saben cómo se haría y en qué consistiría, nunca se hará en un país dominado por bautismos y comuniones, por el carnet del Betis o de la Macarena al niño cuando nace, y por el desfile militar para todos los públicos el día de la patria.

4º) Cantidad y calidad, todas las religiones fueron sectas. Visto al revés: las sectas son sectas a su pesar. Secta fue el primer cristianismo hasta Roma y las Cruzadas y la Santa Inquisición y hasta el papa Francisco (por cuya influencia la sectaria española de 22 años, que ha vuelto madre del secuestro, no hubiera podido, si hubiera querido, abortar).

5º) Lo nuevo (y que no era así en los años 70 / 80) es lo fácil que resulta a la mentalidad bienestarista acudir al Estado, pues, hasta donde se conoce de la noticia, no ha habido fuerza ni violencia ni violación ninguna de personas ni de derechos, y el padre de la muchacha y abuelo de la criatura parece en todo encantado y conforme.

6º) ¿No será que alguien exageró la nota periodística de desaparecida o secuestrada donde todo fue voluntario, personal y buenamente asumido? Como diría Pascal: la prensa tiene razones que la razón no comprende.

□ enlaces:

Piden una ley contra las sectas

La historia de la joven secuestrada

–Daniel Lebrato, Hermano Ezequiel, una historia de sectas (1982-2016)

–Daniel Lebrato, Vidas fastidiadas (Tinta de calamar, 2018)

□ enlaces relacionados:

¿Boxeo, para educar a menores en el deporte?

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permiso de paternidad.

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Se imponen últimamente los varones la misión de ser tan madres como las madres de sus hijos. Y el Estado, que lo fomenta, iguala los permisos de paternidad y maternidad, como si las dos fueran una misma cosa. Lo cierto es que la familia es un ente privado y que el Estado no debería inmiscuirse ni a favor ni en contra, ni para bien ni para mal. O en todo caso: darle la empresa y el Estado los mismos cinco meses de permiso a gente soltera, que a madres y padres, y allá cada hombre o mujer que disfrute esos cinco meses como les parezca, como si deciden, frente al natalicio, adoptar un ya nacido, la política de adopción. La relación sería: cinco meses por persona adulta; más, tampoco. Imaginemos una pareja que multiplica su descendencia por cinco o por seis. A cinco meses por nacimiento, ¿no nos parecerían esos meses de baja parental una forma de privilegiar unas vidas frente a otras? Y esas familias numerosas ¿no chuparían con ventaja de los presupuestos que pagamos todos, seamos contribuyentes solos o en pareja, con o sin descendencia? Pongamos las cosas en su sitio ya que no podemos dejarlas como están.


 

familia y malos tratos.

Quienes defienden la familia deberían defender antes la individualidad responsable y suficiente de todos sus miembros. Tener familia responsablemente es mantenerla y hacerse cargo, no que la pague o subvencione el Estado. Quien se case, se case con obligada separación de bienes. Que se acabe el cobro de pensiones vitalicias de origen familiar (prueba, esas pensiones, de la familia como negocio). Que las capitulaciones se firmen al contraerse el matrimonio, no a la separación. Veríais cómo el divorcio deja de ser causa de injusticias, abusos y malos tratos.


 

lógica de la familia.

Hombre con sombrero y niña chicaLa gente está obligada a preguntarse para qué ser madre o padre. Porque las viejas bases de la familia han cambiado. La mayoría no siente necesidad de prolongar el apellido por motivos de herencia ni tampoco razones de asistencia cuando llegue la vejez. Y hay mucha criatura en adopción por el mundo. ¿Para qué parir, entonces? Mientras cada persona despliega su abanico de respuestas, todas ellas comprensibles, la prolongación de un ser en otro ser a través del parto -su educación y mantenimiento- no debería contar, ni un euro así, con el presupuesto del Estado.


 

Rey de bodas.

soneto multiusos del tipo Your name here,
a disposición de parejas que se quieran casar.


 

◊ REY DE BODAS ◊

El uno juega al dos y el dos, al uno.
La banca siempre gana y tiene un tres.
La clave es ir de mano o ‑al revés‑
plantarse y que haya suerte y que ninguno
después se marque un as inoportuno
que rompa la baraja. Esa es la ley.
Sobre los cuatro reyes, iba el rey
de bodas por las bodas, viejo y tuno:
–[Nombres, pareja, aquí]: Que os hagáis sabios
en iros de farol y que el tapete
sea leve, como está de tantos sietes
que han ido echando los mayores.
Bastos en flor. Espadas como labios.
Las copas, copas. Y que el oro os dore.

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a disposición de parejas que se quieran casar.

 

relaciones personales.

Las relaciones serias se rompen por motivos serios pero los motivos serios adoptan a veces la forma de episodios sin importancia. En ese caso conviene volver atrás, salir de la frivolidad, hacer repaso, examen de conciencia, y ver hasta qué punto el episodio es gota que colma un vaso.

Grandes e importantes relaciones como las de familia merecen terminar con claridad y las causas tienen que ser causas tremendas, bíblicas, de honor, debe haber un gran engaño, un gran fraude, una gran infidelidad o traición. Factores que casi nunca faltan en familia: enemistades por celos o por dinero.