Etiqueta: familia

familia y malos tratos.

Quienes defienden la familia deberían defender antes la individualidad responsable y suficiente de todos sus miembros. Tener familia responsablemente es mantenerla y hacerse cargo, no que la pague o subvencione el Estado. Quien se case, se case con obligada separación de bienes. Que se acabe el cobro de pensiones vitalicias de origen familiar (prueba, esas pensiones, de la familia como negocio). Que las capitulaciones se firmen al contraerse el matrimonio, no a la separación. Veríais cómo el divorcio deja de ser causa de injusticias, abusos y malos tratos.


 

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lógica de la familia.

Hombre con sombrero y niña chicaLa gente está obligada a preguntarse para qué ser madre o padre. Porque las viejas bases de la familia han cambiado. La mayoría no siente necesidad de prolongar el apellido por motivos de herencia ni tampoco razones de asistencia cuando llegue la vejez. Y hay mucha criatura en adopción por el mundo. ¿Para qué parir, entonces? Mientras cada persona despliega su abanico de respuestas, todas ellas comprensibles, la prolongación de un ser en otro ser a través del parto -su educación y mantenimiento- no debería contar, ni un euro así, con el presupuesto del Estado.


 

Rey de bodas.

soneto multiusos del tipo Your name here,
a disposición de parejas que se quieran casar.


 

◊ REY DE BODAS ◊

El uno juega al dos y el dos, al uno.
La banca siempre gana y tiene un tres.
La clave es ir de mano o ‑al revés‑
plantarse y que haya suerte y que ninguno
después se marque un as inoportuno
que rompa la baraja. Esa es la ley.
Sobre los cuatro reyes, iba el rey
de bodas por las bodas, viejo y tuno:
–[Nombres, pareja, aquí]: Que os hagáis sabios
en iros de farol y que el tapete
sea leve, como está de tantos sietes
que han ido echando los mayores.
Bastos en flor. Espadas como labios.
Las copas, copas. Y que el oro os dore.

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a disposición de parejas que se quieran casar.

 

relaciones personales.

Las relaciones serias se rompen por motivos serios pero los motivos serios adoptan a veces la forma de episodios sin importancia. En ese caso conviene volver atrás, salir de la frivolidad, hacer repaso, examen de conciencia, y ver hasta qué punto el episodio es gota que colma un vaso.

Grandes e importantes relaciones como las de familia merecen terminar con claridad y las causas tienen que ser causas tremendas, bíblicas, de honor, debe haber un gran engaño, un gran fraude, una gran infidelidad o traición. Factores que casi nunca faltan en familia: enemistades por celos o por dinero.

stop comuniones.

Es difícil sustituir dios (o Dios) en la palabra adiós pero si Dios quiere no es una muletilla, frase hecha ni locución, y ‑en laico‑ se puede reemplazar por si hay suerte, si todo sale bien, etc. El colmo de estas aparentes inercias o imposiciones ya no es lingüístico, sino ceremonial, y lo encontramos en hacer la primera comunión, que se toma como un acto social poco menos que obligatorio (véase Canal Sur y sus ‘consejos prácticos’: la tele y el medio ambiente en los colegios pueden mucho) con olvido de que detrás de la primera vendrán otras y donde los mayores adoptan una decisión que no les corresponde, abuso en línea con el obsceno bautismo de recién nacidos que no pueden defenderse ni expresarse. Quienes tanto se escandalizan de la imposición del islam por la fuerza (estados confesionales, tapado de las mujeres, no digamos el secuestro de niñas por Boko Haram) y quienes tanto claman por los derechos de la infancia deberían escandalizarse por estas prácticas de las familias cristianas. No están las criaturas en edad de votar, ¿y ya saben cuál es el dios verdadero? Vamos allá con el “uso de razón” según la Iglesia. La Fiscalía de menores tendría que intervenir. Después no nos quejemos de jóvenes parejas sin mucho fondo ni mucha cabeza que, en cuanto llega mayo, montan la que montan para comunionar al niño o niña solo porque ha cumplido siete años. Vergüenza nos debieran dar la legislación y la sociedad que les estamos dejando. Y todo en nombre de la tradición, de la costumbre y de la madre que parió a la cultura occidental.


la buena muerte.

Tanto rezarle al Cristo de la Buena Muerte,
¿para cuándo la buena muerte
como derecho humano, y no divino?

Sostiene Álex Meléndez: <<La gente se echa las manos a la cabeza con las palabras de Samanta Villar, «Los hijos restan calidad de vida»: el que tenga un poco de sentido común, honestidad y haya sido padre no lo puede negar, sobre todo lo suscribirá cuando el cuñado de turno le compre al niño una corneta o un tambor de juguete en un puesto de la Alameda. Bromas aparte, el intento continuo de aparentar felicidad, que todo está controlado y la homogeneización del pensamiento para no destacar para bien o para mal… Cuidado, la vida es otra cosa y pocos tienen la suerte de que les regale algo sin un mínimo de empeño. Ser consecuente ofende, así que demos gracias a que nuestro amigo Carsten, que ya estará en algún lugar, no tuvo que irse escuchando «soy el novio de la muerte» y sí lo hizo como le dio la gana: una calada y un trago largo. «Hay que ser disciplinado en todo, hasta en la frivolidad» (Francis Bacon).>>

–artículo completo de Álex Meléndez, en La opinión de Málaga.