Etiqueta: familia

el niño que está en la cuna

La parada de los monstruos

(datos para una maternidad consciente)

Lo que aquí se llama permiso de lactancia o de máter paternidad o conciliación de la vida laboral, familiar y personal; más lo que, de allí, nos viene y se hace llamar infancia que sufre, niñas o niños maltratados que se desglosan y especifican por su número en cada noticia de migración, de refugiados, de guerras o de sucesos, todo eso no deja de ser una construcción que es aquí la igualdad (?) y, allí y en todas partes, esa simplicidad elemental de yo te follo tú me follas y entre los dos tenemos una criatura, que ya vendrá Equis y proveerá. Todo, menos plantearnos (porque es más simpático hacerle agó agó a la criatura) de verdad, de verdad, cuánto hay, en la maternidad, de maternidad consciente y, si es consciente, por qué tengo que pagarla yo: el que, en vez de parir o de fecundar, ha decidido adoptar, maternidad sostenible, mejor que superpoblar con alguien que lleve mi sangre o mi apellido.

Eso, sin olvidar que, aquí como allí, a un lado y otro de la frontera del bienestar y del primer mundo, la gente se reproduce por mecanismos sociales y personales que nadie sabe por qué tenemos todos, todos, que financiar a través de impuestos. «Si el mundo no puede pagar la vida de todo el mundo (axioma que no tiene que ser demostrado), al menos que quien pueda se pague su propia vida», y quien no puede, cuide por sí y no se meta en paritorios. Al principio, suena un poco duro pero es más altruista (responsable y equitativo) que reírle la gracia al objeto que va en la cuna y a la mujer como alguna (caso verídico) que va por el séptimo hijo y siete veces, siete, quiere conciliar su provida o su opus dei a costa mía a través de impuestos.

Rompan la cadena “infancia y familia” y lo verán todo más claro. Quien lo dude, imagine una declaración de Hacienda donde, igual que hoy se puede elegir entre Iglesia Católica o Fines Sociales, pudiésemos elegir entre Fomento a la Natalidad o Fomento a la Adopción, con todo lo que ello implica.

Y una última pregunta. Quien no estaba segura (como se asegura la vivienda o se asegura un coche) de poder conciliar su vida laboral, familiar y personal ¿de qué se queja ahora?, ¿cómo se le ocurrió meterse en maternidades?

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datos para una paternidad consciente.

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TRES LEBRATOS

Mis alumnos de educación de adultos, hoy con cuarenta años y casi todos, padres, se enfrentaban conmigo, o yo con ellos, cuando me largaban su opinión o su teoría sobre “las tías”. A las tías lo que les atrae de los tíos es el mejor donante de semen, el macho alfa que las fecunde, que en realidad es lo que quieren, no ligar ni follar por follar: lo que buscan es familia y maternidad. Pasado el tiempo, visto en qué han quedado los machos donantes (que históricamente podían desentenderse y decirle a la hembra que habían dejado preñada ahí te quedas) o los padres padrazos (a los que solo falta dar teta, porque en lo demás se ven iguales a las madres), al día de hoy, digo, cuando tanta infancia en el mundo hay con problemas y con mala vida, y cuando tanta Unicef y Save the children llaman a la conciencia de la vieja Europa, y cuando la política de adopción es ninguna comparada con la política de ayuda a la natalidad, que en España se sigue fomentando más que en tiempos de Franco, ahora con el pretexto del envejecimiento de la población, creo que tengo, tenemos, que preguntar a los jóvenes en edad de preñar ¿qué significa hoy ser padre? No hablamos de varones con su paternidad cumplida: las criaturas son sagradas y merecen otra conversación. Hablamos de muchachos con las hormonas a tope que se cruzan con muchachas igual o más hormonadas y que pueden confundir polvos hechos amores que luego acaban en amores hechos polvo, según se ve en la estadística de corazones destrozados, separaciones, rupturas y episodios atroces que también salpican nuestros telediarios. Es decir, mi generación, de 60 años, y la generación de mis hijos, de 40, ¿qué podemos aportar a la generación que hoy ronda los 20? Mi aportación sería solo una pregunta, que ya está hecha: ¿para qué quieres ser padre? No digamos para satisfacer a la pareja (femenina ha de ser). No digamos porque sí, porque es natural, porque los hombres son padres. No acudamos a porque es padre mi amigo o mi vecino. Vamos a hablar en serio de lo que no se suele hablar.

Para la mujer, que jugó con muñecas, el varón no, la maternidad incluye un recorrido biológico que va desde la primera regla hasta si será muy mayor para parir y ser madre, todo esa biología y psicología unidas a una maternidad inducida desde los Reyes Magos. Todo eso hace que la mujer imagine que va a tener un bebé, una cosita muy chica. El varón, en cambio, si no lo piensa, tendría que pensar que la paternidad consiste en traer una persona adulta, adulta como él, con los mismos problemas y con las mismas incertidumbres que se han hecho carne en él. Yo esa diferencia la metí en 14 versos en 2007, año cuando empecé a ser tito abuelo:

ECOGRAFÍA
Trece milímetros para empezar.
El hombre y la mujer, lo que se sabe.
No es poco. La ecografía proyecta
una verdad científica sobre otra
de valor añadido: dieciséis
de agosto, dos mil qué, primera foto.
La imagen es confusa pero mira
de frente un porvenir de porvenires.
No están la edad del pavo ni las caries,
los bráckets, las dioptrías, la carrera.
El padre piensa ahora en una hombría
distinta. En la oficina y con las bromas.
La madre cuenta el cántaro y la fuente
y todo, hasta el amor, se le hace trece.

La edad del pavo, el dentista, la carrera, la persona independiente y que se irá de casa o se tendrá que ir, todo eso es lo que configura el conjunto de datos para una paternidad consciente. Malas lenguas, malas porque son falsas, acuden a pretextos sociales pro maternidad: que si la renovación de la especie o la nación, argumentos así. La pega es que esas frases suenan a huecas en quien no milita en otros campos solidarios o altruistas del compromiso o de la política o de la ciencia. La familia es, por mucho que el Estado se postule como responsable civil subsidiario, un hecho eminentemente individual y egoísta y ni siquiera sirve pretextar el amor en pareja o que se hace por amor a la otra persona. Visto está que la pareja se rompe y la descendencia es para siempre. Se admiten respuestas.


 

¿a dónde va el país?

El País

Un informe de la revista Verne El País sobre familias numerosas, me da a conocer a Verdeliss, una mujer de 33 años que se gana la vida como yutúber y concursante (a Gran Hermano Vip), madre de seis criaturas que va por el séptimo embarazo. Verdeliss es auxiliar de clínica sin ejercicio, y yutúber y concursante no dan para siete maternidades conscientes. Será que la unidad familiar con el marido, abogado en ejercicio, lo explique todo. Nada que decir, pues, allá la pareja y quien la siga. Pero ¿qué quiere decir El País?

Un punto de vista, ANÁLISIS DE LA FAMILIA, en [eLTeNDeDeRo]

la familia.

Enrico Perini: Construcción de la Sagrada Familia

Una sobrina me manda un informe Verne El País sobre familias numerosas. Y pico, claro. El tema es apasionante. Mi sobrina (dos veces madre) pertenece a la generación de mis hijos y un lema que me aplico es no criticar nunca a mis menores. A mis iguales, pues.

Me imagino que soy el Estado como el Estado tendría que ser, es decir, no contaminado ni por la Iglesia, de la democracia cristiana, ni por el Bienestar, de la socialdemocracia. Soy el Estado en tanto Administración (no en tanto clase política) y mi regla de oro es muy simple, dos en uno: «Vive y deja vivir y la vida que tengas págatela». Habrá quien salte ¡Menuda chorrada! pero, si lo piensan, bajo ese lema, Cataluña habría ejercido hace años su derecho a decidir y hoy estaríamos hablando de otra cosa. Bajo ese lema, se acabaron los oficios parasitarios, aquellos que no producen valores de uso, como los militares (cuyo uso es la guerra y nadie quiere la guerra, ¿verdad que no?). Bajo ese lema, las clases y personas parasitarias serían mantenidas, en todo caso, por esa fórmula tan a la última que es el crowdfunding [crodfondain], micromecenazgo voluntario o financiación colaborativa para sacar adelante creencias o proyectos en los que no todo el mundo tiene que proyectarse ni que creer. Algunos ejemplos. La monarquía, reinante o no, sería financiada marcando casilla Casa Real en la Declaración de Hacienda, no por quienes somos republicanos. Por el cura y el obispo, que coticen sus fieles; por el político, su partido, sin un euro del Estado. La procesión de Semana Santa, desde la cruz de guía hasta dejar la ciudad tal como estaba, todo, todo (limpieza, servicio de orden, protección civil), a cargo de la cofradía y sin dinero público. Y ese partido de fútbol de alto riesgo sería desarriesgado por policía privada, no como ahora, que aficionados o no al fútbol o a las procesiones o a la clase política o a los curas o a doña Letizia, allá que vamos todos con euros a María a través de impuestos y Presupuestos del Estado.

En materia de familia, el Estado, ¿subvención?, ninguna: intervención arbitral en defensa de quien ha de nacer, defensa que debe incluir el antes, el durante, el después y el postdespués. Respetando el deja vivir, el Estado tiene que vigilar que el niño o niña que venga al mundo (no solo al territorio del Estado) podrá vivir y dejar vivir y pagarse la vida digna que tenga, al principio por padre y madre, por mitad o en proporción o por uno de los dos, si así lo acuerdan. Estamos hablando de capitulaciones o acuerdos bilaterales que ordenen la constitución de la familia en régimen mono o biparental (matrimonial o conyugal) y con separación de bienes. Estamos hablando de la viabilidad económica de la maternidad, el régimen financiero que tendrá quien ha de nacer y convenios de asociación, emancipación o disolución (divorcio) y sucesorios. Como gusta lo práctico y concreto, si yo fuera el Estado, legislaría desde ya la implantación (exigencia y obtención) del permiso de maternidad (¿no hay carnet de conducir? y ¿no es más importante una vida que un coche?), permiso unido, compatible o ya incluido en las capitulaciones pactadas.

Una vez la criatura en el mundo, legislaría una Ley de protección del menor de máximos, en el sentido de otro lema, y será el último: No decidir por el menor, niño o niña, lo que le corresponde decidir en la edad adulta, es decir, no usurparle al menor su soberanía. Me refiero a cosas tan sin importancia como pintar las uñas, poner tacones; hasta otras de más hondura y calado, como iniciarles en religión: prohibido el bautizo de menores o prohibido ponerles el velo islámico. La excepción a esta regla sería siempre por la salud del menor, como hacerle la fimosis. Y si hubiera, como tendría que haber, una vía de educación única, ni siquiera padre y madre tendrían que decidir entre educar por la pública, la privada o la concertada.

No puedo exigir ni al Estado ni a la actual política que estén de acuerdo o apliquen esta legislación sobre familia, pero sí puedo exigir a hombres y mujeres en edad de procrear o de prolongarse que piensen en conciencia y de uno en uno. Para que el Estado (esa imponente máquina) deje de meterse en la vida del individuo, hace falta que el individuo, hembra o varón, se autogestione. No, que, ahora, entre subvenciones, prestaciones, pensiones o ayudas, toda la ciudadanía se ha hecho dependiente y a todos nos cabe la ley de dependencia con pérdida de libertad. La vida que tengas págatela, y eso incluye tu familia. Verás qué bien vives y dejas vivir.


 

ética de las sectas y de las familias y ética periodística.

sectaseducativas
Imagen Xarxa TIC

El caso de la joven española secuestrada por una secta en Perú nos llama la atención por cuanto nosotros vivimos, en los años 70, casos semejantes o directamente iguales. Al final, y entre veras y bromas, Daniel Lebrato lo escribió en Hermano Ezequiel, una historia de sectas, que empezó en verano de 1982 y dio origen a Tinta de calamar. Puntualizando:

1º) El secuestro por secta no es secuestro sino inducción voluntaria.

2º) Esa inducción sobre jóvenes y adolescentes se practica igual desde la Iglesia católica o las fuerzas armadas, instituciones bélico confesionales no aptas para menores que, sin embargo, no esperan la mayoría de edad para que la persona decida. Captar menores debería estar prohibido por leyes del Estado.

3º) No obstante, esa ley del menor, que todos saben cómo se haría y en qué consistiría, nunca se hará en un país dominado por bautismos y comuniones, por el carnet del Betis o de la Macarena al niño cuando nace, y por el desfile militar para todos los públicos el día de la patria.

4º) Cantidad y calidad, todas las religiones fueron sectas. Visto al revés: las sectas son sectas a su pesar. Secta fue el primer cristianismo hasta Roma y las Cruzadas y la Santa Inquisición y hasta el papa Francisco (por cuya influencia la sectaria española de 22 años, que ha vuelto madre del secuestro, no hubiera podido, si hubiera querido, abortar).

5º) Lo nuevo (y que no era así en los años 70 / 80) es lo fácil que resulta a la mentalidad bienestarista acudir al Estado, pues, hasta donde se conoce de la noticia, no ha habido fuerza ni violencia ni violación ninguna de personas ni de derechos, y el padre de la muchacha y abuelo de la criatura parece en todo encantado y conforme.

6º) ¿No será que alguien exageró la nota periodística de desaparecida o secuestrada donde todo fue voluntario, personal y buenamente asumido? Como diría Pascal: la prensa tiene razones que la razón no comprende.

□ enlaces:

Piden una ley contra las sectas

La historia de la joven secuestrada

–Daniel Lebrato, Hermano Ezequiel, una historia de sectas (1982-2016)

–Daniel Lebrato, Vidas fastidiadas (Tinta de calamar, 2018)

□ enlaces relacionados:

¿Boxeo, para educar a menores en el deporte?

permiso de paternidad.

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Se imponen últimamente los varones la misión de ser tan madres como las madres de sus hijos. Y el Estado, que lo fomenta, iguala los permisos de paternidad y maternidad, como si las dos fueran una misma cosa. Lo cierto es que la familia es un ente privado y que el Estado no debería inmiscuirse ni a favor ni en contra, ni para bien ni para mal. O en todo caso: darle la empresa y el Estado los mismos cinco meses de permiso a gente soltera, que a madres y padres, y allá cada hombre o mujer que disfrute esos cinco meses como les parezca, como si deciden, frente al natalicio, adoptar un ya nacido, la política de adopción. La relación sería: cinco meses por persona adulta; más, tampoco. Imaginemos una pareja que multiplica su descendencia por cinco o por seis. A cinco meses por nacimiento, ¿no nos parecerían esos meses de baja parental una forma de privilegiar unas vidas frente a otras? Y esas familias numerosas ¿no chuparían con ventaja de los presupuestos que pagamos todos, seamos contribuyentes solos o en pareja, con o sin descendencia? Pongamos las cosas en su sitio ya que no podemos dejarlas como están.


 

familia y malos tratos.

Quienes defienden la familia deberían defender antes la individualidad responsable y suficiente de todos sus miembros. Tener familia responsablemente es mantenerla y hacerse cargo, no que la pague o subvencione el Estado. Quien se case, se case con obligada separación de bienes. Que se acabe el cobro de pensiones vitalicias de origen familiar (prueba, esas pensiones, de la familia como negocio). Que las capitulaciones se firmen al contraerse el matrimonio, no a la separación. Veríais cómo el divorcio deja de ser causa de injusticias, abusos y malos tratos.