Etiqueta: familia

relaciones personales.

Las relaciones serias se rompen por motivos serios pero los motivos serios adoptan a veces la forma de episodios sin importancia. En ese caso conviene volver atrás, salir de la frivolidad, hacer repaso, examen de conciencia, y ver hasta qué punto el episodio es gota que colma un vaso.

Grandes e importantes relaciones como las de familia merecen terminar con claridad y las causas tienen que ser causas tremendas, bíblicas, de honor, debe haber un gran engaño, un gran fraude, una gran infidelidad o traición. Factores que casi nunca faltan en familia: enemistades por celos o por dinero.

stop comuniones.

Es difícil sustituir dios (o Dios) en la palabra adiós pero si Dios quiere no es una muletilla, frase hecha ni locución, y ‑en laico‑ se puede reemplazar por si hay suerte, si todo sale bien, etc. El colmo de estas aparentes inercias o imposiciones ya no es lingüístico, sino ceremonial, y lo encontramos en hacer la primera comunión, que se toma como un acto social poco menos que obligatorio (véase Canal Sur y sus ‘consejos prácticos’: la tele y el medio ambiente en los colegios pueden mucho) con olvido de que detrás de la primera vendrán otras y donde los mayores adoptan una decisión que no les corresponde, abuso en línea con el obsceno bautismo de recién nacidos que no pueden defenderse ni expresarse. Quienes tanto se escandalizan de la imposición del islam por la fuerza (estados confesionales, tapado de las mujeres, no digamos el secuestro de niñas por Boko Haram) y quienes tanto claman por los derechos de la infancia deberían escandalizarse por estas prácticas de las familias cristianas. No están las criaturas en edad de votar, ¿y ya saben cuál es el dios verdadero? Vamos allá con el “uso de razón” según la Iglesia. La Fiscalía de menores tendría que intervenir. Después no nos quejemos de jóvenes parejas sin mucho fondo ni mucha cabeza que, en cuanto llega mayo, montan la que montan para comunionar al niño o niña solo porque ha cumplido siete años. Vergüenza nos debieran dar la legislación y la sociedad que les estamos dejando. Y todo en nombre de la tradición, de la costumbre y de la madre que parió a la cultura occidental.


la buena muerte.

Tanto rezarle al Cristo de la Buena Muerte,
¿para cuándo la buena muerte
como derecho humano, y no divino?

Sostiene Álex Meléndez: <<La gente se echa las manos a la cabeza con las palabras de Samanta Villar, «Los hijos restan calidad de vida»: el que tenga un poco de sentido común, honestidad y haya sido padre no lo puede negar, sobre todo lo suscribirá cuando el cuñado de turno le compre al niño una corneta o un tambor de juguete en un puesto de la Alameda. Bromas aparte, el intento continuo de aparentar felicidad, que todo está controlado y la homogeneización del pensamiento para no destacar para bien o para mal… Cuidado, la vida es otra cosa y pocos tienen la suerte de que les regale algo sin un mínimo de empeño. Ser consecuente ofende, así que demos gracias a que nuestro amigo Carsten, que ya estará en algún lugar, no tuvo que irse escuchando «soy el novio de la muerte» y sí lo hizo como le dio la gana: una calada y un trago largo. «Hay que ser disciplinado en todo, hasta en la frivolidad» (Francis Bacon).>>

–artículo completo de Álex Meléndez, en La opinión de Málaga.

8 de marzo | discurso desagradable contra el feminismo residual.

El feminismo que convivió con la lucha de clases corrió el riesgo ‑o hizo el ridículo‑ de hacer de las mujeres una clase social (Partido Feminista, de Lidia Falcón, 1977). Desde el punto marxista, una mujer trabajadora tenía que abordar una doble emancipación: como feminista y como luchadora por la cuestión social. Un siglo después, no hay clase naturalmente beneficiaria de ninguna revolución que merezca el nombre de revolución social: la lucha de clases está desaparecida. Y el feminismo también está desaparecido desde el momento que asumió el tapadismo de mujeres que alegaban sus motivos culturales e identitarios para taparse con gusto. Sigue, eso sí, un feminismo sindical del tipo a igual trabajo, igual salario entre varones y hembras, y poco más. Y no es de extrañar que un frívolo presentador de TV felicitara el 8 de marzo a las mujeres de su programa como se felicita el día de la madre.

Queda pendiente la asunción de la maternidad como realización personal independiente del varón y del Estado. Queda la abolición de la familia ganancial y como unidad económica tal y como ahora se entiende. Y queda que el Estado empiece a hablar de población y no de fomento a la natalidad.

La pregunta en euros a las mujeres, a cada mujer una a una, es cuánto cuesta ser madre, quién lo paga y quién lo va a pagar cuando el Estado, entendido como sociedad de contribuyentes, no tenga por qué apoyar ni subvencionar una institución estrictamente privada.

No querrán reconocerlo, pero quienes desde el Bienestar abogan por el apoyo a la familia, por el reparto de tareas o por la conciliación de las vidas laboral y familiar están diciendo lo mismo que la santa madre Iglesia. Algún día tendrán que callar.

Hombre o mujer: la vida que tengas, págatela. Y eso incluye a las mujeres que acuden entusiasmadas y sin pasar por caja a recibir los frutos de su maternidad.

eLTeNDeDeRo deja a ustedes con un poema de nuestro Antonio Machado quien escribió Pascua de resurrección para Campos de Castilla en mayo de 1909. El poeta, de 34 años, estaba por casar con Leonor, de 15. Tal vez por eso, escribió así

PASCUA DE RESURRECCIÓN (fragmento)

Buscad vuestros amores, doncellitas,
donde brota la fuente de la piedra.
¿No han de mirar un día, en vuestros brazos,
atónitos, el sol de primavera,
ojos que vienen a la luz cerrados,
y que al partirse de la vida ciegan?
¿No beberán un día en vuestros senos
los que mañana labrarán la tierra?
¡Oh, celebrad este domingo claro,
madrecitas en flor, vuestras entrañas nuevas!

*


ventajas de tener un hermanito.

VENTAJAS DE TENER UN HERMANITO
tema de Géminis en tres movimientos

(tesis)

La primera ventaja es ver lo bien que
buscándolo lo pasan padre y madre
haciendo su pedido y sus posturas:
–Me han dicho que esta vez, y así, no falla.
Follan.
(Capítulo: aprender de los mayores.)

(antítesis)

La segunda ventaja, en diferido,
ver cómo fue nuestra llegada al mundo
y el mundo que cambiamos: tetas, bibes,
estrías o varices, cacas, mocos,
y el insomnio de a ver por qué este llora.
Llora.
(Capítulo de vidas fastidiadas.)

(síntesis)

La tercera ventaja es que tenemos
compañero de juego y nos tengamos
aunque la casa piense en otro hermano.

                      *           *           *

neologismo: economización

Economizar significa ahorrar[1]. No existe en español un verbo que signifique ‘convertir algo que no es economía en algo que lo sea’. De ahí, la invención de economización de la familia para significar que la familia, que circula como economía sumergida, debería aflorar más o menos en estos términos: familia: sociedad o empresa; cabeza de familia: parte patronal; ama de casa: parte sindical con derechos laborales; prole: bienes que habrá que presupuestar y costear dentro de una economía ‑esta sí‑ sostenible.

Se ha pedido tanto que la economía no mande en nuestras vidas y lo ha pedido gente con buenas intenciones, que la economía está desprestigiada. (También se dijo que el ama de casa debería cobrar un sueldo, aunque su trabajo no esté pagado con nada y, al comienzo de la crisis, hasta hubo quien propuso que en los hogares de dos trabajando uno de los dos renunciara a su trabajo para combatir el paro en otros hogares.) Percepción económica de la familia hay; lo que no está es tipificada como empresa pública o privada sujeta a derecho laboral o mercantil sino a juzgados de Familia que actúan ‑las más de las veces‑ en caso de desunión o disolución, cuando ya es tarde.

Nada de esto tiene que ver con el amor y, mucho, con la violencia sexista cuando (en el momento del abandono o de la ruptura), sobre la violencia base del violento emparejado o casado, actúan dos violencias sobrevenidas: unas son de macho contra macho y, otras, de pareja contra pareja. En macho contra macho actúa el horror del perdedor en la contienda, sea el macho el macho mismo y solo, sea el macho destronado con celos de un rival o sea el coro de los machos de pelea en la taberna o en el trabajo: hay quien la tiene más larga, hay quien folla mejor, hay quien se tira a tu mujer, argumentos donde manda el instituto, la tribu. En cambio, en pareja contra pareja actúa lo material, el reparto o la pérdida del patrimonio o del territorio ‑lo que ya es economía‑ que puede parodiarse así: con el rollo de los hijos, ésta se queda con la casa, con el coche y, encima, tengo que pasarle una pensión para que se la gaste en viajes con el otro mientras yo me quedo de canguro con los críos. La vez que el macho se enfrenta a sus dos rivales ‑él mismo y la expareja depredadora‑ el macho sufre un acceso de violencia que da para matar y matarse. Y es ahí, en el turbión de fuerza que se produce en su cabeza, donde habría que actuar y no conformarnos con declaraciones póstumas: ¡pues tenía que haberse matado antes!, ¡pues muy bien, por cabrón!, y otras simplezas que no devuelven la vida a la víctima y que no sirven más que como tonto desahogo.

Desde el Estado y la acción política, se podría actuar contra el machismo mediante la educación. Ocurre que las sociedades democráticas, de base individualista, no tienen por bien vistas restricciones, prohibiciones o intromisiones de lo público en el ámbito privado y quien es gilipollas, macho súper o cabeza hueca, va a seguir queriendo seguir siéndolo, lo mismo que las hembras que no se plantean salir del sistema de la moda o de las convenciones que tienen puestas como un zapato de tacón encima y querrán casar y parir, que su niño haga la primera comunión por emulación y que, su niña, las mismas uñas pintadas, pírsins y tatuajes que ellas, las partidarias del “si a ellas les gusta”.

El inútil combate en el terreno macho contra macho deja de ser inútil cuando se actúa sobre lo mensurable, tasable y traducible en bienes y dinero. Eso sería la economización de la familia. ¿Se puede? ¡Se puede! ¿Se quiere? ¡No se quiere! Por no molestar a la Iglesia que, de la improvisación y la chapuza, sacan materia para imponer su hegemonía, se llame amor, se llame la bendición que son los hijos, se llame uy qué mono o qué bonita, y ya veréis cómo, con la ayuda de Dios, salís adelante.

La conclusión es: ni cabeza de familia ni ama de casa son figuras violentas; violento es el sistema que los justifica, los consagra y los pone como modelo de convivencia y base del Estado.

[1] El sufijo -izar forma verbos que denotan una acción cuyo resultado implica el significado del sustantivo o del adjetivo básicos, bien por reducción del complemento directo a cierto estado como en los transitivos carbonizar, esclavizar o impermeabilizar, bien por la actitud del sujeto como en los intransitivos escrupulizar o simpatizar.