datos para una paternidad consciente.

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TRES LEBRATOS

Mis alumnos de educación de adultos, hoy con cuarenta años y casi todos, padres, se enfrentaban conmigo, o yo con ellos, cuando me largaban su opinión o su teoría sobre “las tías”. A las tías lo que les atrae de los tíos es el mejor donante de semen, el macho alfa que las fecunde, que en realidad es lo que quieren, no ligar ni follar por follar: lo que buscan es familia y maternidad. Pasado el tiempo, visto en qué han quedado los machos donantes (que históricamente podían desentenderse y decirle a la hembra que habían dejado preñada ahí te quedas) o los padres padrazos (a los que solo falta dar teta, porque en lo demás se ven iguales a las madres), al día de hoy, digo, cuando tanta infancia en el mundo hay con problemas y con mala vida, y cuando tanta Unicef y Save the children llaman a la conciencia de la vieja Europa, y cuando la política de adopción es ninguna comparada con la política de ayuda a la natalidad, que en España se sigue fomentando más que en tiempos de Franco, ahora con el pretexto del envejecimiento de la población, creo que tengo, tenemos, que preguntar a los jóvenes en edad de preñar ¿qué significa hoy ser padre? No hablamos de varones con su paternidad cumplida: las criaturas son sagradas y merecen otra conversación. Hablamos de muchachos con las hormonas a tope que se cruzan con muchachas igual o más hormonadas y que pueden confundir polvos hechos amores que luego acaban en amores hechos polvo, según se ve en la estadística de corazones destrozados, separaciones, rupturas y episodios atroces que también salpican nuestros telediarios. Es decir, mi generación, de 60 años, y la generación de mis hijos, de 40, ¿qué podemos aportar a la generación que hoy ronda los 20? Mi aportación sería solo una pregunta, que ya está hecha: ¿para qué quieres ser padre? No digamos para satisfacer a la pareja (femenina ha de ser). No digamos porque sí, porque es natural, porque los hombres son padres. No acudamos a porque es padre mi amigo o mi vecino. Vamos a hablar en serio de lo que no se suele hablar.

Para la mujer, que jugó con muñecas, el varón no, la maternidad incluye un recorrido biológico que va desde la primera regla hasta si será muy mayor para parir y ser madre, todo esa biología y psicología unidas a una maternidad inducida desde los Reyes Magos. Todo eso hace que la mujer imagine que va a tener un bebé, una cosita muy chica. El varón, en cambio, si no lo piensa, tendría que pensar que la paternidad consiste en traer una persona adulta, adulta como él, con los mismos problemas y con las mismas incertidumbres que se han hecho carne en él. Yo esa diferencia la metí en 14 versos en 2007, año cuando empecé a ser tito abuelo:

ECOGRAFÍA
Trece milímetros para empezar.
El hombre y la mujer, lo que se sabe.
No es poco. La ecografía proyecta
una verdad científica sobre otra
de valor añadido: dieciséis
de agosto, dos mil qué, primera foto.
La imagen es confusa pero mira
de frente un porvenir de porvenires.
No están la edad del pavo ni las caries,
los bráckets, las dioptrías, la carrera.
El padre piensa ahora en una hombría
distinta. En la oficina y con las bromas.
La madre cuenta el cántaro y la fuente
y todo, hasta el amor, se le hace trece.

La edad del pavo, el dentista, la carrera, la persona independiente y que se irá de casa o se tendrá que ir, todo eso es lo que configura el conjunto de datos para una paternidad consciente. Malas lenguas, malas porque son falsas, acuden a pretextos sociales pro maternidad: que si la renovación de la especie o la nación, argumentos así. La pega es que esas frases suenan a huecas en quien no milita en otros campos solidarios o altruistas del compromiso o de la política o de la ciencia. La familia es, por mucho que el Estado se postule como responsable civil subsidiario, un hecho eminentemente individual y egoísta y ni siquiera sirve pretextar el amor en pareja o que se hace por amor a la otra persona. Visto está que la pareja se rompe y la descendencia es para siempre. Se admiten respuestas.


 

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