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singular / plural o elogio del andaluz.

El origen de los saludos ¡buenos días!, ¡buenas tardes!, ¡buenas noches!, es, como todo, de fe en Dios (eso que sobrevive en la fórmula ¡Si Dios quiere!). Realmente se decía ¡Buenos días nos dé Dios! a ti y a mí, a los dos, y ahí está el plural.


La lengua es generosa; lo que no siempre, ni el corazón ni la bolsa. Por eso somos propensos al plural. Parte del malaje que no soportamos es la gente que continuamente habla en yoyó. Caía mal Fernando Alonso hasta que alguien le recordó el equipo humano y de empresa que había detrás de su número 1. Y cae mal Cristiano Ronaldo cuando se le sube el símismo a la cabeza, Messi bastante más sencillito. Llevado a los saludos de a diario, decimos buenos días porque el día es muy poco: y mañana y mañana: que todos sean buenos. ¿Habrá algo más singular que el amor y sin embargo, desde la lírica tradicional, andan las muchachas buscando sus amores, en plural; ellos, zoquetes, detrás de feudalismo y tierra santa, singular mi mi mí. Hasta los dioses son mejores que un solo Dios, altivo y presumido, y tuvo que venir la Academia (antes, el mester de clerecía) a prohibir Dios en plural, aunque la ese etimológica le juega al monoteísmo una mala pasada. ¡Buenos días!, ¡Buenas tardes! y ¡Buenas noches! para Carol, a quien deseamos (eLTeNDeDeRo y yo y Daniel Lebrato, que somos tres en uno) que tengas un buen día, en singular, como cuando queremos especificar: –Que tenga usted un buen día ‑dicho al taxista que nos deja en el hotel‑, o sea, una buena jornada en euros, una merecida recompensa a su trabajo. Plural, singular: nada como el andaluz, que se come las eses.


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¡Ay, Macarena!

Se llama Macarena, nombre de mujer, a una canción de Los del Río y se llama la Macarena a la virgen que está en San Gil. También la Blanca Paloma fue la Virgen del Rocío, hasta que el Vaticano mandó parar: ¡Que la Blanca Paloma es el Espíritu Santo!, vamos a no confundir. Y desde entonces se vocea: ¡Viva esa Blanca Paloma!

Se llama artículo a una clase de palabras que especifica si el sustantivo o grupo nominal que presenta es consabido o no, y se llama determinante a la función sintáctica de artículos y ciertos adjetivos, por algo llamados determinativos. Por último, se llama ignorancia o sacrilegio a darle alegría al cuerpo de la Macarena que está en su paso en su misterio doloroso, canción que jamás estuvo en la intención ni en el repertorio de Los del Río, conocedores de la Semana Santa.

También podría tratarse de un caso más de mamoneo lingüístico Norte Sur. Norte ‑de Despeñaperros para arriba, donde se cuecen los telediarios‑ que presume de hablar muy buen castellano frente al Sur, que se expresa en español vulgar o fatal. ¡Ay, Macarena!


 

AGOSTO para leer.

agosto

Dado que ninguna editorial se interesa por lo que uno escribe, tengo que ser yo ‑como Lázaro de Tormes o como Juan Palomo‑ quien haga de editor, narrador, protagonista, autor y publicista. Para cuya vanidad, me dije: si uno recomienda los estrenos de sus amigos (los dos más recientes: Salvador Compán y José María Conget), ¿por qué no publicar tus propias novedades? Pues novedad es autoantologarse,[1] ir quitando de cada libro lo que menos pesa y lo que hacía los libros más pesados.

Ligerito, pues, de algún verso de más y de alguna torpeza suelta, os doy Agosto, el diario más o menos poético de un zángano en vacaciones, escrito entre Fuenteheridos‑Sierra y Sanlúcar‑Mar, Sevilla al fondo, cerrando el Triángulo Montpensier de la Buena Vida que me procuro siempre en vacaciones. Noli me tánguere, que me tango yo solo. Que ustedes lo pasen bien y a Dios.

[1] Advierto que el DLE no reconoce antologar, sino antologizar. Gracias al Corominas, me entero de que antología viene del griego ánthos, que significa flor y lego, yo cojo, yo recojo. Por tanto, no hay ninguna razón contra el verbo antologar, regresivo de antologizar, de la cual palabra podríamos decir lo que se dice de ofertar, que es una derivación del sustantivo oferta que usurpa la casilla del verbo ofrecer, que antes estaba. La duplicación antologizar es similar a la que se da en amplificar, que no es mejor que ampliar, o que gasificar, horrible verbo tan horrible como gasear. Antologuemos, pues, y que antologice la Academia lo que ella quiera.


la pared.

machete al machote 20170612.jpg

Entre el clavel y la espada (1939‑40), de Rafael Alberti, nos trae un eco de entre la espada y la pared. pared, en inglés the wall, el muro, de Pink Floid (1979) y de Wall Street.

Una pared une y separa a los amantes en la Fábula de Píramo y Tisbe, romance de Luis de Góngora (1618). La pared es canción de Bambino (Utrera 1940‑99); Entre la espada y la pared, de Fito & Fitipaldis.

entre la espada y la pared (446.000 resultados en Google) significa que, hagas lo que hagas, lo tienes crudo, y viene de cuando los espadachines se batían el sable, que algo tiene que ver con el machete y con a machetazos.

poner pies en pared (1.590G) o pie, en singular (5.650G), es tenacidad, insistir con empeño, de cuando los muchachos se retaban a trepar con soga por una pared, a ver quién llegaba más alto. Lo cuenta Ludaico Duver, quien nos trae esta cita de Quevedo en Cuento de cuentos (1626): Poner pies en pared no sirve de nada; yo lo he probado viéndome en trabajos, como oía decir: No hay sino poner pies en pared; y sólo sirve de trepar, o dar de cogote.

Figuradamente, las paredes hablan [lo que la gente calla]. Antes, tenemos las paredes han oídos y los montes ojos / las paredes tienen orejas y oídos / las paredes oyen (51.000G): frase proverbial que recomienda cautela cuando se trata algún secreto. las paredes oyen está en Gonzalo Correas, Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627). Y en La Celestina (1499): Callemos, que á la puerta estamos e, como dizen, las paredes han oydos. Y en el Quijote (1615) 2,48, en boca de doña Rodríguez, quien después de poner de vuelta y media a Altisidora y a la duquesa, suelta esta retención: Quiero callar, que se suelen decir que las paredes tienen oídos. Y en Las paredes oyen, comedia famosa de Juan Ruiz de Alarcón (1628).

Antítesis de las paredes oyen serían más sordo que / sordo como una tapia y las paredes hablan (234.000G); hablan, y de qué manera, desde los grafitis.

Este “machete al machote” (13.800G), escrito en versión vasco taquigráfica (76G), está en las paredes de Bajo de Guía, Sanlúcar, Cádiz, donde no es raro este tipo de feminismo pinturero.

machete al machote 20170612

enlaces:
Fábula de Píramo y Tisbe
La pared,
de Bambino

 

apuntes de métrica, 2017.

Nadie nos manda escribir poemas. Menos aún, usar el verso métrico.

Cayeron en mis manos tres libros de poesía, tres. Uno en haikus, otro en heptasílabos, otro en endecasílabos. El haiku es un género que en español no está claro. Sostiene la Academia que el haiku, de origen japonés, “consta de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas”. Pero esa estrofa, cuando riman primero y tercero, choca con la seguidilla de tres versos, que estaba antes, no hay que irse a Japón. Por ejemplo, este ¿haiku?: En el camino / amontona las piedras / el peregrino.

Los poetas hepta y endecasílabos plantean cuestiones de medida, no de rima. Una estrofa de siete donde manda el verso poema, adiós, poema, incluye este otro: de prosa incoherente, donde la lectura fluye por seis sílabas, y no siete. ¿Qué pasa? Nuestro amigo Hepta ‑lo llamaremos así‑ sigue en todo el manual de métrica según el cual [oe], vocales medias, nunca diptongan y hay que contarlas por separado [o‑e]. Pero la lengua en la calle no entiende de sinalefas, de diéresis ni de hiatos.

Por último, nuestro amigo Endeca nos da el verso ese libro que lees lo has leído, donde cabe la lectura [ese li bro que lés lo has leí do], con diez y no con once. En otra parte, Endeca escribe: reduce a la ruina cada idea [re du cea la rui na ca dai de a], que nos da diez si hacemos [rui‑na] en dos sílabas, y no tres, como quiere el poeta, poeta que habla de una casa de piedra se hace ruinas, donde [rui‑nas] suena en dos y no en tres. O sea, ¿en qué quedamos?

Lo cual, poetas que os iniciáis en esto, primad siempre la naturalidad del idioma que fluye o usad la puntuación que advierta: incöherente, rüina. La métrica no deja de ser cosa del mester de clerecía, algo casi tan antiguo como el Concordato de España con la Santa Sede, que ya es decir. Lo único que sigue en pie es la máxima de Juan de Valdés, hacia 1535: “escribo como hablo”. Escribid como habláis porque corréis el riesgo de que cada quien os lea como suele leer. La palabra es la letra y la estrofa es la música. Que encajen siempre con naturalidad y sin artificio. Porque al leer solo leemos la letra, no la música que pensasteis ponerle.


la lengua de las fiestas populares.

El titular dice: Incidentes en la madrugada de la Semana Santa de Sevilla (pueden leerlo aquí). La cuestión en todas partes es la misma: orden desorden que traen las fiestas, quién paga y quién se beneficia y el papel de instituciones estatales o municipales ante las entidades promotoras, en este caso, la Iglesia. Desde el Estado y Ayuntamientos, el póker que se maneja es patrimonio artístico, cultura popular, costumbre que hay que seguir y tradición que no se puede cambiar. Con esos mimbres justifican el apoyo o la subvención a eventos que podrían ser privados o privatizados. Vayamos, profesores, por partes populares [cultura y popular en el DLE].

Lola Flores o Rocío Jurado fueron [sentidas como] patrimonio de España. Ninguna recibió ayuda del Estado. Lola Flores tuvo problemas con Hacienda. [patrimonio en el DLE]

Costumbre en España es la siesta o los viernes por la noche juntarse matrimonios para cenar, fuera o en casa, y jóvenes, en botellón. Nada de eso está subvencionado. [costumbre en el DLE]

Tradición es embuchar la matanza, hacer conservas, celebrar las bodas, vendimiar y fermentar la uva y brindar con vino. Y cada uno se paga sus copas. [tradición en el DLE]

Y en cuanto al arte, ni el de la Semana Santa de Sevilla es tanto como se dice ni debería escapar a leyes de conservación del patrimonio ¿del Estado? Estamos hablando de imágenes y enseres que, cuando quieren, son de las hermandades (para sacar en procesión: ¿se imaginan el Guernica a la intemperie?) y, cuando les interesa, son del Estado: llegada la hora de la carísima restauración del crucificado aquel. [arte y artesanía en el DLE]

Pasión y lágrimas se dan ante un concierto de David Bisbal o Enrique Iglesias. Sus fans hacen largas colas para conseguir la entrada. Lloran con su ídolo, alta emoción e histeria. [afición, devoción y pasión en el DLE]

De la fiesta, mejor no habar. Vergüenza debería dar a la Iglesia hacer fiesta del dolor y muerte de su líder. Es aberración que el propio cristianismo, de base y protestante, discute. En todo caso, el Estado (tanto si quiere ser aconfesional o laico como si quiere equidistar de las tres culturas, de las tres religiones) ¿qué pinta ahí? [fiesta en el DLE]

Pueden contar su caso o el caso que conozcan a eLTeNDeDeRo. Haremos un mapamundi de las intromisiones de la Iglesia en nuestras vidas y en nuestra lengua con la complicidad de los poderes públicos y con nuestro dinero como contribuyentes.

–enlace a Semana Santa, el espectáculo de la civilización.


Cervantes y la novela moderna o posmoderna.

1º) Novela designa novelas griegas, romanas, bizantinas, del Decamerón, de caballerías y ejemplares; luego vendrán Jane Austen y las hermanas Brontë y la gran novela decimonónica romántica (o aristocrática) y realista (o burguesa).

2º) Si Cervantes es el creador de la novela, ¿cómo llamar a las novelas picarescas, anteriores al Quijote[1]?, ¿por qué no: “la picaresca, creadora de la novela moderna” pues le dio voz en primera persona a personajes nada épicos ni didácticos, en absoluto ejemplarizantes?

3º) Para que haya sociología de un género literario tiene que darse sincronía entre unas obras y un público consciente y no accidental. Don Quijote no creó un público; chupó del de los libros de caballerías.

4º) El tópico “Cervantes, creador de la novela moderna” está bien para aumentar el pib cultural de España y del español frente a otras literaturas pero una lectura no nacionalista del Quijote reconoce que la Primera Parte es una chapuza y la Segunda está más trabajada, no porque aumenten o mejoren las técnicas novelísticas, sino las dialogales o teatrales.

Tomando por canon de novela en español La Regenta, de Clarín (1885) ‑y haciendo abstracción de que La Regenta no es novela abierta, en camino, sino cerrada y de un sitio, Vetusta‑, el Quijote contiene evidentes rasgos novelísticos:

1) La muerte como derecho de autor sobre el personaje para cerrar una serie[2].

2) La interacción entre protagonistas[3].

3) La acción en camino, como hilo conductor[4].

4) La atribución de la historia a otro autor, con ánimo de verosimilitud o distanciamiento.

Más allá de esos recursos, la novela moderna abre nudos psicológicos y del relato que el Quijote no se plantea todavía. Las habilidades de Cervantes son teatrales (Retablo de Maese Pedro, Juicios de Sancho), poéticas (Romance de Altisidora[5]) y de muy buenos diálogos y de muy buenas cartas de género epistolar (las mejores, alrededor de Sancho el analfabeto); sin olvidar sus prólogos.

Visto así, Cervantes no resulta moderno sino posmoderno. Ha hecho literatura con la literatura, novela con la novela. Algo en lo que se salta a Clarín y a toda la producción de novelas realistas cuyos personajes fingen ser de carne y hueso, mientras Cervantes es consciente de un conflicto entre autorías, lo que hoy llamaríamos metaliteratura. O sea, “Cervantes creador de la novela posmoderna” gracias a Cide Hamete Benengueli y al desconocido autor del Quijote apócrifo (1614), que tanto lo perturbó. Impostura sobre impostura, ese juego sigue en vigor mientras que la novela del 19 sucumbió a la llegada del cine, esa última tentación del novelista.


–enlace a Andrés Ibáñez en El País, Cervantes fue el primer posmoderno.

–enlace a su contradictor, Miguel Ángel Garrido Gallardo, Cervantes no es posmoderno.

[1] Lazarillo, 1554; Guzmán de Alfarache, 1599; Quijote, 1605 y 1615.

[2] Más que de novela, la muerte es patrimonio de la tragedia clásica.

[3] Sanchificación de don Quijote y quijotización de Sancho.

[4] Este ir andando es el de Ulises y el de Amadís de Gaula, y el del Cristo que iba obrando milagros y proverbios según le iban saliendo.

[5] Altisidora está al servicio de los duques, en cuyo palacio transcurren los capítulos 2:30‑57 y 68‑70. Los duques ocupan el 41,89% de la Segunda Parte. Lo calcula Alfredo Baras Escolá.