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la canalla.

La Canalla

canalla (1517), de canis perro (963), a través del italiano canaglia, raíz de canallada, canallesco, encanallar y canícula (propiamente, ‘la perrita’, por la constelación de Sirio, la estrella que señala en el horizonte los primeros días de agosto), canalla es ‘jauría de perros’ con grado de adjetivo o nombre común peyorativo: gente baja, ruin, persona despreciable y de mal proceder o comportamiento vil. En femenino y en el teatro del Siglo de Oro la canalla se llamaba al público descontento o enfurecido con lo que se representaba y, en lo militar, era además la infantería mal pertrechada de un ejército enemigo (Lope de Vega: “Ya la canalla vil, bárbara, horrenda, de cansada y molida está sentada para volver de nuevo a la contienda.”). Por un proceso de asimilación que se ha dado en otras palabras despectivas (el vulgo, la plebe), la canalla pasó a adquirir un matiz cariñoso como sucede en Cataluña donde la canalla es una chiquillería ruidosa y juguetona cuyas molestias los mayores, al tiempo que las reconocen, las disculpan. De allí, de Barcelona, procede La Canalla (Barcelona los junta y ellos se crían), grupo canalla donde los haya, La Canalla.


 

Del tiesto al Monte Testaccio.

Anforas en la base del Monte Testaccio

tiesto. La palabra tiesto nos propone un viaje desde la humilde maceta hasta la octava colina de Roma o Monte Testaccio, pasando por el francés tête y el italiano testa. También podemos mear fuera del tiesto o salirnos del tiesto, ser testarudos, pegarnos un testarazo, poner un testero a nuestra cama o piltra (argot), nombrar un testaferro, rellenar un atestado (cruce con atestiguar), coleccionar tostones, que son monedas antiguas así llamadas por la cabeza del rey (no confundir con el tostón de rebanada o carne tostada), o atestar como embestir con la testuz. tiesto, plural de testum, vasija de barro y remotamente concha de un molusco, desde 1220 [15 millones de G], es pedazo de cualquier vasija de barro o recipiente de barro para criar plantas, en desuso ‘cráneo’. La alternativa maceta (1490) [28.5 millones G] es cruce del italiano mazzetto, ramo de flores, con el diminutivo de maza, palo largo con una bola de hierro en la punta. Todavía algunas corporaciones municipales desfilan o salen bajo mazas, por significar gala. En literatura reciente (1956-2015) hay títulos como Meando fuera’l tiesto, La ceiba en el tiesto, Un tiesto sin arepa o Tiesto de cuentos, todos en América Latina.

El Monte Testaccio o Monte dei Cocci es una colina artificial construida durante los siglos 1 y 3 en Roma, base: 20 000 m², altura: 35 m (debió ser más alta), situada dentro de la Muralla Aureliana y en la actualidad cubierta por vegetación. La colina, de forma triangular, está compuesta por restos de alrededor de 53 millones de ánforas; sobre todo de aceite de oliva procedentes de la Bética (80%) o la Tripolitania (17%), de la Galia, de otras regiones de Italia y de Oriente. Las ánforas llegaban al puerto de Roma, donde se vaciaba su contenido y se rompían en pedazos. Los restos eran depositados en el monte Testaccio, luego se esparcía cal para evitar malos olores. La colina fue un basurero bien ordenado elevado por terrazas con muros de retención también de trozos cerámicos. Se calcula que el aceite transportado permitió abastecer a un millón de personas durante 250 años.

Enlaces:

Mártires del Compás, Sevillanas de Billy. Por lo alto de la tapia va una maceta…

Película La modista (Australia, 2015), donde se ve qué es un testarazo o testazo dado con mala testuz.


 

correcciones a rotulador rojo.

El texto pertenece a un colaborador de la revista Mercurio que anima a un curso de escritura creativa donde él podría actuar de profesor: maestro ciruela, que no sabe leer y pone escuela. Texto: El método del rotulador rojo (618 palabras, y se ve que el artículo se lo pagan por palabras). Entre [corchetes], la mejora. En *asterisco y →flecha, envío a mejor sitio. En notas al pie, repeticiones evitables. Descargue el pdf

John Barth, que dio clases durante 22 años en los talleres de escritura de la Universidad Johns Hopkins, decía que la escritura se podía enseñar; lo que no se podía enseñar era cómo llegar a ser un genio de las letras. Que conste que también hay opiniones que lo ponen en duda. La novelista Kay Boyle decía que todos los programas de escritura creativa deberían ser prohibidos por la ley (bajo la acusación, suponemos, de fraude y de engaño al consumidor). Pero convendría decir que Kay Boyle dio clases de escritura creativa durante 16 años. Y el mismo David Foster Wallace, que se burló de los talleres de escritura, había asistido al de la Universidad de Arizona y fue hasta su muerte profesor de Escritura Creativa en Pomona College.

[A mí, por ejemplo, me] [Nos] convence oír que Flannery O’Connor estudió dos años en el famoso Taller de Escritura Creativa de la Universidad de Iowa y allí se licenció en 1947. O que John Cheever diera clases en ese mismo taller, en el otoño de 1973, y a pesar de que solía estar casi todo el tiempo borracho ‑su compañero de [claustro y] borracheras era Raymond Carver [, nada menos, que también daba clases[1] en el taller‑, sus alumnos] [su alumnado] lo recuerda[n] como un profesor entregado que corregía minuciosamente los textos [de los estudiantes] con un rotulador rojo. Uno de los ejercicios que [pedía a sus alumnos] [exigía] era describir un incendio en la última planta de un rascacielos.

Como [es evidente –lo] decía[2] Gonzalo Torné en un artículo publicado en Ctxt– [,] se puede enseñar la técnica narrativa, pero no la imaginación que debe guiar esa técnica, [y] [que es] lo que valoramos en [cualquier] [un] texto de creación [es la imaginación, no la técnica]. Una buena historia resiste incluso una pésima técnica [. En cambio], [aunque] una buena técnica ‑una aceptable pericia narrativa [, podríamos decir]‑ jamás podrá salvar una historia que carezca de interés. [En eso estamos todos de acuerdo. Se puede enseñar la técnica, pero nadie puede enseñar imaginación, ni mucho menos a ser un genio de las letras.]

Digo esto porque este curso iniciamos en] [de] la Universidad Internacional de Valencia [( un] programa [de escritura creativa] online[3] [)]. → * En España no abundan los programas universitarios de Escritura Creativa. [En este sentido,] vamos muy atrasados con respecto a Estados Unidos, donde la Escritura Creativa es una carrera universitaria [por sí misma]. Aquí, en cambio, estamos obligados a estudiar Filología o Historia de la Literatura o Periodismo [, que son cosas muy distintas. Por eso mismo,] [y] es frecuente que un filólogo o un historiador de la literatura salga de la Facultad sin haber aprendido a redactar un texto con un mínimo de elegancia narrativa, [o al menos con una cierta capacidad [capaz] de suscitar placer estético [en el lector]. Por desgracia, la plúmbea prosa académica sigue guiando muchas disciplinas. Y todo se debe a que nadie [no se] suele enseñar la técnica[4] que permite contar bien una historia.

[Y eso] es lo que vamos a hacer en el Curso [en línea] de [Experto en] Escritura, Estilo y Creatividad ←* [de la Universidad Internacional de Valencia].[:] [Repito que no podemos enseñar a nadie a tener imaginación[5] ni el don especial de ver las cosas como nadie más las ha visto nunca. Pero sí podemos] enseñar[6] [otras cosas mucho más humildes e igual de necesarias:] a construir bien una historia[7], a seleccionar bien los elementos que la componen o a desarrollar la creatividad que ni siquiera sabíamos que poseíamos. No vamos a pedirle a nadie[8] que describa un incendio en un rascacielos, pero vamos[9] a conseguir que cualquiera [se plantee que puede] [pueda] [llegar a] hacerlo. Nuestro método [es] [,] el [método][10] de John Cheever: un texto repleto de correcciones con rotulador rojo. Anímense a probarlo.

[1] clase[s] : 4 veces

[2] decía : 3 veces

[3] en línea, mejor que online

[4] técnica : 7 veces

[5] imaginación : 4 veces

[6] enseñar : 8 veces (podía enseñar : 2 veces)

[7] historia : 6 veces

[8] nadie : 5 veces

[9] vamos : 4 veces

[10] método : 3 veces


Procesador de texto (c) Microsoft Word

pascua.

Daniel en el viejo coche

pascua, pascuas o Pascua. Del latín y el griego desde el hebreo pasca, paso, tránsito, por influencia del latín pascuum, lugar de pastos, por alusión a la terminación del ayuno que celebraba el pueblo hebreo en mitad de la luna de marzo en memoria del fin del cautiverio de Egipto. Pascuas hay dos, de invierno y de primavera, solsticio y equinoccio, de Na[ti]vidad y de Resurrección, solemnidades del nacimiento de Cristo a la Epifanía (reconocimiento y adoración de los Reyes Magos) y de la venida del Espíritu Santo, también llamada Pascua Florida o Pentecostés (domingo siguiente al plenilunio posterior al 20 de marzo). Locuciones: de Pascuas a Ramos, de tarde en tarde. estar como unas pascuas, estar alegre y regocijado. hacer la pascua, fastidiar, molestar, perjudicar. y santas pascuas, para dar a entender que es forzoso conformarse.

En la palabra pascua lucha el deseo de un tránsito a algo mejor, contra la realidad de que, pasadas las pascuas y por mucho que nos felicitemos, la vida sigue haciendo de las suyas, a unos felices y a otros desgraciados. O sea, como en la canción de Julio Iglesias, la vida sigue igual.

En lenguaje urbano, felices pascuas (1.970.000 googles) ha cedido terreno ante feliz navidad (75,4 millones) o felices fiestas (17,2). En todo caso, la felicidad es eso que, por intentarla, no perdemos nada. El cruce con dad y se os dará ha dado navidad y se os dará o felicidad y se os dará. Que así sea, que es como cierra la clerecía sus jubilosas oraciones.

DISCURSO DEL AÑO VIEJO
 
No he sido un año bueno.
He sido año de guerras
malas, todas lo son.
En mis meses ganaron
los de costumbre. He visto
vivir en una cárcel,
morir en el Estrecho.
He soportado reyes
y he soportado ricos
que no han sabido ser,
estúpidos, felices
y aún juegan con la crisis.
Os dejo un año más
las uvas y una boca
con más o menos dientes.
Contadlos. Suficientes.
Y adiós.



gañafón.

gañafon cogida por asta de toro

gañafón, gañafá, gañafazo, gañafada, gañafetada, gañaflá, en tauromaquia, según el Drae, es derrote que tira un toro cuando embiste de forma descompuesta. En andaluz, gañafón es también arañazo. Relacionadas cornada, tarascada, hachazo, cuchillada, pitonazo. Los etimológicos de Corominas o de Chile no recogen esta palabra, que pudiera venir de gañán, pastor rústico y grosero, también mentiroso o de quien hay que desconfiar. Como casi todas las palabras terminadas en -azo, significa golpe o acción desmesurada. Es palabra de muy poco uso, así que anímense y denle vidilla, no se den gañafones, que duelen o son molestos.

También pueden ver y oír los gañafones que se dan cariñosamente Álvaro Martín y el profesor Lebrato a propósito del humor, del sentido del humor y de los medios en Conversaciones en la catedral del Bar Rodríguez, vídeo de 33:27 minutos.


flash back o bola de cristal. (elogio del optimismo)

zafarrancho-vilima-braslip-cartel-br-72

Una rara obstinación se ha instalado en las cabezas bien pensantes de esta era: reescribir el pasado, reescribir la historia; hay quien dirá: para lavarle la cara a un presente impresentable. Desde animalistas que pretenden desalojar del idioma expresiones como coger el toro por los cuernos, hasta feministas que, a la luz de la coeducación (luz muy recientemente encendida), aspiran a enmendar palabras como coñazo o hijo de la gran puta y, por supuesto, hasta visibilizar mujeres en roles o en papeles donde nunca estuvieron.

Frente a tanto revisionismo (se dice así), [eLTeNDeDeRo] recomienda mirar hacia atrás sin ira, más que nada porque el pasado no podemos modificarlo (subsanarlo, sí: eso le debe el primer mundo a países que fueron sus colonias) y, en vez de al pasado, mirar al futuro y ver qué nos dicen del porvenir nuestra intuición y nuestro humanismo, eso que llamamos, con lenguaje de pitonisa, la bola de cristal.

Quienes hoy se preocupan por las migraciones, verán un pasaporte único de ciudadanía universal. Quienes hoy se preocupan por la suerte de Cataluña, verán que por la bola de cristal no asoman pueblos que pleiteen mucho ni poco por su derecho a decidir. Taurinos y antitaurinos que hoy se pelean, verán que no habrá corridas de toros porque el maltrato animal estará prohibido. Y creyentes y laicos verán que no habrá navidades con portales de belén, si acaso con árboles y luminarias para todos los públicos, creyentes y no creyentes. Tampoco habrá [eLTeNDeDeRo] que dé a ustedes la paliza.

Como muestra sin valor comercial, valga la conversación en la catedral del Bar Rodríguez que mantuvieron Daniel Lebrato, el profesor Lebrato, y Álvaro Martín, de Zafarrancho Vilima, un mediodía de diciembre entre cervezas y opiniones sobre el humor, el periodismo y los grandes medios que o nos informan o nos aplastan. Sea optimista. Cuando el telediario le oprima el corazón, piense que otro mundo es posible. Otros nidos con otros pájaros.

–enlace a Conversaciones en la catedral del Bar Rodríguez


 

Profesor Haberkorn contra Profesor Lebrato (a cuenta de las nuevas tecnologías).

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El periodista y académico y profesor universitario uruguayo Leonardo Haberkorn, al preguntar en clase a su alumnado por Venezuela, por liberales, demócratas o republicanos, o por Almagro [nota: yo tampoco sé quién es Almagro], olvidó que los mismos dispositivos que él condena (en su lengua, celulares; en quien nos pasa la anécdota, teléfonos móviles) son los mismos instrumentos que pueden darle a su alumnado la información que no tiene, y doblemente aprenderían: a usar los dispositivos y cada concepto averiguado; también su ortografía. Internet es el diccionario, la enciclopedia y el libro de texto. Mal profesor ese Haberkorn y, encima, de comunicación.

Lo digo porque, quienes desde su cátedra o su tarima se desesperan con las no tan nuevas tecnologías, piensen que podría ser peor: lo más probable es que universidad e institutos los pongan directamente de patitas en la calle, por no estar a la última o por no haber cumplido requisitos de contratación o de oposición que sin duda alguna pondrán en programa los sistemas educativos que quieran ser competitivos.

Vayan tomando nota del giro que está dando la formación profesional: vuelve la figura del ¡aprendiz! con planes de inserción laboral en empresas y fábricas, tecnología más en punta que en la empresa, ¿dónde se podría encontrar? Los planes de estudio bien que han tardado en darse cuenta y bien que han querido (mal, muy mal) reproducir en los institutos costosísimos talleres, laboratorios o cadenas de montaje que al curso siguiente quedaban obsoletos.

A mí, el profesor Haberkorn me hubiera echado de clase. De todos los Almagros que se conocen, ¿quién demonios es ese Almagro por el que él pregunta? Si no me deja consultarlo en Google, ¿cómo podría yo saberlo?

–enlace al artículo Me cansé…me rindo…, de Leonardo Haberkorn.