todos y todas y ustedes.

Ley de la lengua: “lo bueno, si breve, dos veces bueno”, Baltasar Gracián (1601-58). Esa ley nos hace odiar el pienso de que por amor al pienso que. También nos deja un respeto por el andaluz hablado y hablas que se comen las sílabas: na, mejor que nada, y kilo papas, por kilo de patatas. Esta ley del mínimo esfuerzo tiende al monosílabo o al gesto (ese gruñido con que se saludan hombres del campo) y se ha autocorregido con tal de asegurar el mensaje. Lo que ha llevado al andaluz a irse de cacería, y no de caza o casa.

Si atienden ustedes a la dicción de Y sin embargo te quiero, de León, Quiroga y Quintero, oirán unas voces Te quiero más que a mi vía, en andaluz extremo, y otras que a mi vida, en andaluz consciente de que vía es además la del tren, la del medio de comunicación o uso, o el vial o vía intravenosa. [Te vi a cantá Te quiero más que a mi vida], pues.

En castellano, el latín hóminis hubiera acabado en hom (cerca del español uno de uno dice, uno se cree; francés on de on parle; numeral inglés one). Así que a hómine hubo que intercalarle una erre para que perdurase en hombre y que supiésemos con claridad de qué estábamos hablando, si de hombre, frente a mujer, o de uno, 2 y 3.

Otras veces, el idioma se defiende de la reducción mediante redundancias. Lo dice la etimología de conmigo, cum me cum, con ese -go que no aporta nada. Tampoco el nada que acabo de usar. Mínimo esfuerzo y redundancias conviven con un único objetivo, como en el mercado: entendernos lo más, gastando lo menos.

Nos dice un anuncio: “Os esperamos a todos y a todas esta nueva temporada”. ¿Qué significa ese “y a todas”? Que el hablante es sensible a los tiempos que corren, lo que debe parecernos extraordinariamente bien. El lenguaje que ahora se llama inclusivo, y antes se llamó coeducado o de género, puede y debe buscarle las vueltas al vocabulario y a la gramática para evitar la extrañeza. Tenemos, por un lado, una Academia que insiste en “masculino incluye femenino” y tenemos, por otro, a quien no se lo cree, y por eso añade el y todas, retando el conteo de caracteres y mejor que el tod@s, que no sabríamos cómo leer.

Otra cosa es que el hablante aproveche en términos de colenguaje las posibilidades del español de la -e, donde luce con luz propia el ustedes estáis de la norma andaluza, 3ª y 2ª persona unisex. Y “Os esperamos a todos y a todas” hubiera quedado “Os esperamos a ustedes” o, más elegante, “Os esperamos”.

Informó el profesor Lebrato, para Zafarrancho Vilima.

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