Etiqueta: canción

La estafa de las revistas científicas se acerca a su fin.

Moustaki nous sommes deux

(o la cultura de pago se acerca a su fin)

Será por el podrido contexto de la Rey Juan Carlos y por la vacuidad universitaria de currículos como Cifuentes, Montón o Casado. Será por la interesantísima tesis de Pedro Sánchez, doctor en Economía y Política, de cuyo doctorado, más allá del cum laude y del grado de honestidad en el manejo de sus fuentes, quién va a creerse algo investigado, algo que arroje una proposición que merezca la pena en lo que Sánchez titula Innovaciones de la diplomacia económica española aplicadas al espeluznante análisis del sector público 2000·2012. Será por ese contexto vulgar y podrido y será porque la “estafa científica” puede referirse a muchas estafas (de método o de intención, de conocimiento o aplicación), el caso es que el título puede no decir nada: La estafa de las revistas científicas se acerca a su fin. Sin embargo, nada más empezar a leer, una auténtica tesis nos engancha:

«Los contribuyentes desembolsan dos veces: primero para financiar la investigación y luego para leer el trabajo que han patrocinado.»

Caramba. La idea de [eLTeNDeDeRo] es que ese [doble] pago no multiplica por dos, sino por tres o por cuatro, si incluimos las cantidades indirectas que a través de impuestos llevan a unas personas por la senda del trabajo intelectual y a otras por la efepé o directamente a los trabajos más duros y peor pagados. Y la idea es que, como se privilegia la financiación de la investigación, se privilegia el amplio y risueño campo de la cultura, del artisteo y de la creación, donde, igualmente a través de impuestos, becas o ayudas, hay quien vive de hacer cuadros o poemas igualmente subvencionados que el público tendrá que comprar y pagar. Al final del artículo, la conclusión de su autor, George Monbiot, es esta que podría extenderse:

«Mientras tanto, y como una cuestión de principios, no pagué ni un céntimo por leer un artículo académico. La elección ética es leer el material robado que publica Sci-Hub

Lo cual nos llevó a la Wikipedia, siempre dispuesta a enseñar al que no sabe: Sci-Hub ofrece artículos a los lectores sin requerir una suscripción o pago alguno. Cada día visitan Sci-Hub un promedio de 30.000 usuarios, generalmente investigadores. Diariamente se suben nuevos artículos, mediante un servidor proxy del dominio .edu. Antes de que se bloqueara el dominio original del proyecto, el sitio .org tenía un promedio de 80.000 visitantes por día.

Queden ustedes con La estafa de las revistas científicas se acerca a su fin en la muy recomendable revista SinPermiso y léanlo con fondo de Moustaki, célebre porque empezó por dos, Nous sommes deux, y acabó por mille vingt et trois. Gracias: Profesor Miguel A. Garrido


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poesía y canción (en las nubes o en la nube).

omega-cartel

Poesía y canción eran lo mismo (las coplas de Manrique fueron coplas) hasta que el verso libre o poema en prosa abrió un cisma entre una y otra, juglares y trovadores y pueblo llano, que los tres cantaban. El poeta (culto) del siglo 20 pudo tener un pésimo oído y ningún sentido del ritmo ni del compás. Su poema lo imaginaba en libro, impreso en páginas de imprenta: la poesía había dejado de cantar. Y el poeta, como un genio instalado en su torre de marfil, vivía en las nubes. Que todo como un aura se venga para mí, pidió Manuel Machado.

Llegaron los cantautores (de repertorio mixto) que rastrearon en la poesía clásica y contemporánea. Y los versos de Manrique, y hasta del Arcipreste de Hita, se volvieron a cantar (mayormente a la guitarra). La cumbre de ese reencuentro entre la poesía culta y la canción (pura fusión) yo la sitúo en la ópera Omega, de Morente y Lagartija Nick, el año 1996. El verso libre de Poeta en Nueva York, de García Lorca, por fin, a compás.

Sobre ese panorama nacional, y europeo, el rap que venía de América siempre fue entonación, aquí diríamos canción protesta. Su inconveniente: un tono entre la predicación y el mitin político que puede parecer pedante egolatría de barrio y redención personal, que también es algo religiosa.

Ahora que los libros de imprenta desaparecen o tienen que imaginarse en la nube, en digital, el universo pop (popular) de la canción todavía nos ayuda a enamorar, a socializar o a sobrevivir. Y el universo culto de la poesía nos hace seguir perteneciendo a (o llamar a las puertas de) un elenco formal, académico y restringido: eso que llaman (y habrá quien crea en ella) la cultura.

Bolero para Jaime Gil de Biedma.

A ti te ocurre algo,
yo entiendo de estas cosas,
hablas a cada rato
de gente ya olvidada,
de calles lejanísimas
con farolas a gas,
de amaneceres húmedos
de huelgas de tranvías.

léalo completo el Bolero para Jaime Gil de Biedma que le escribe su amigo José Agustín Goytisolo y recitan o cantan Silvia Comes y Lidia Pujol, Paco Ibáñez y el propio José Agustín. Está en la Antología Poética Mundial y sin publicidad. Página recomendada. Ahí tienen también las Palabras para Julia.

eLTeNDeDeRo debe la idea a la conexión con Proyecto Aula.


Danny Boy.

De entre todos los nombres que me han dado ‑Dan, Dani, Dano, Danielo, Danucho, Danitibu, Danielito, Dantesco‑, el último ha sido Dani Boy. Danny boy es una famosa tonada irlandesa ‑es casi el himno irlandés‑ que me trajo de Dublín un hijo cuando estuvo allí estudiando inglés. La canción era parte de uno de tantos recopilatorios Irish Pub Songs que registran, en bocas corales y muy masculinas, con algo de Irlanda, patria querida, las canciones que se cantan en los bares cuando la noche es triste y la Guinness, melancólica. Mi curiosidad por aquel pequeño Daniel, me hizo saber lo que ahora les cuento, todo está en internet. En 1915 Frederick Edward Weatherly (1848‑1929), abogado músico y escritor inglés, le puso letra a una balada tradicional celta titulada Aire de LondonDerry y la hizo canción con título de Danny Boy[1]. La primera voz se la dio la contralto checa alemana (luego estadounidense) Ernestine Schumann-Heink (1861‑1936); se la puede oír en grabaciones históricas de 1917 y 1929. En 1965 Jonny Cash (1932‑2003) inmortalizó su versión de voz sola y órgano de iglesia. Y desde entonces.

Oh Danny Boy, the pipes, the pipes are calling.
From glen to glen and down the mountain side.
The summer’s gone, and all the roses falling.
It’s you, It’s you, must go, and I must bide.
But come ye back when summer’s in the meadow.
Or when the valley’s hushed and white with snow.
I’ll be here in Sunshine or in Shadow
Oh Danny Boy, Oh Danny Boy, I love you so.
But if you come, and all the flowers are dying,
And I am dead, as dead I well may be.
You’ll come and find the place where I am lying.
And kneel and say an “Ave” there for me.
And I will know, tho’ soft ye tread above me
And then my grave will richer, sweeter be.
And you’ll bend down and tell me that you love me
And I will rest in peace until you come to me.

[Traducción sobre la que propone Chesús Yuste en Innisfree]

Oh, Danny Boy, las gaitas, las gaitas están llamando
de valle a valle, y bajo la ladera de la montaña.
El verano se ha ido y las rosas van cayendo.
Eres tú, debes irte y yo debo aguardar.
Pero regresa cuando el verano esté en la pradera
o cuando el valle esté silencioso y blanco con la nieve.
Yo estaré aquí haga sol o haga sombra.
Oh, Danny Boy, oh Danny Boy, te quiero tanto.
Y cuando vengas y todas las hojas mueran,
y estoy muerta, como podría ser,
tú vendrás a encontrar el lugar donde estoy yaciendo
y de rodillas me dirás un “Ave”.
Y lo escucharé, por muy suave que pises sobre mí,
y mi tumba será más cálida y más dulce.
Tú te inclinarás y me dirás que me amas
y yo dormiré en paz hasta que vengas conmigo.

/ a Carlos Balbontín, viejo amigo, que me llamó Dani boy /


[1] Yoyo Roehm figura también en el copyright titular de la canción.

villancico del mal curita.

La estrofa romance suele comportarse y dividirse en tres: el de versos de 8 sílabas, propiamente para narrar; el de 7, (también llamado endecha), para la lírica; y el romancillo, de 6, para canciones infantiles. De a 6 o de a 8, niños o niñas en los fríos patios de recreo de los colegios franquistas (no solían mezclarse en coros mixtos) han dado voz a lo más terrible, crueldades y sucesos que diríamos para mayores de 18 años que se cantaban sin aparentes problemas de censura. De esa clase es el romance de Delgadina (octosílabo), que narra un incesto y es también el romancillo del mal curita, que cantan, entre otros, el Nuevo Mester de Clerecía y Tío Maxi. Como villancico, lo recoge en Fuenteheridos (Huelva) José Luis Macías Rico, con esta letra:

Estaba un curita
malito en la cama
y a la media noche
llama a la criada.
–¿Qué quieres, curita,
que tanto me llamas?
–Quiero chocolate
y no tengo agua.
Acércate al pozo,
anda y ve a por agua.
–La soga es muy corta
y el cubo no alcanza.
–Toma este pedazo,
a ver si te alcanza.
   Y a los nueve meses,
barriguita hinchada,
y parió un curita
con capa y sotana.

*otra variante en el mal curita (2)

fuente-doce-canos-fuenteheridos


¿Arde este mundo?

Una ciudad es un mundo cuando amamos a uno de sus habitantes. La cita es de Lawrence Durrell en El cuarteto de Alejandría, (1957‑1960). Como todo es espacio y tiempo, el subordinante cuando introduce una condicional (igual a si). Construcciones de este tipo, también con mientras o en tanto que, lo mismo sirven para casos personales, como el del Cuarteto, que para situaciones humanamente universales. Conectamos con Tinta de calamar, 262:

«¿Arde París? (Paris, brûle-t-il?), novela de Dominique LaPierre y Larry Collins (1964), recrea una escena que, si no fue verdad, es muy hermosa. Sucede al teléfono entre un ayudante de Hitler, en Rastenburg, y un mando del ejército alemán de ocupación en París. La mañana del viernes 25 de agosto de 1944 el Führer quiere saber si ya están dentro de París las tropas aliadas y si se habían cumplido sus órdenes de incendiar la ciudad antes de entregarla. ¿Arde París? Por toda respuesta el alemán asomó el auricular a la ventana abierta por donde entraban La Marsellesa y el repique de todas las iglesias de París. Mireille Mathieu cantó para la película su canción Paris en colère y nosotros nos quedamos con su estribillo. Dios nos libre si no es libre París. A imagen de ese estribillo (no hay A sin B), no hay mundo libre si un país no es libre y no es libre una persona si otra persona no lo es.»

Ahora que A y B mutuamente se felicitan como si no hubiera C, y pues solo podemos ser felices en felicidad condicional (no en el telediario de los horrores ni en la plaza pública de la mendicidad) eLTeNDeDeRo opta por la película: ¿Arde este mundo? Felices ideas y prósperas opiniones.

*


veinte momentos de lucidez.

JAMJ (3)

El Conde Alarcos

vio venir una galera   que a tierra quiere llegar.
Marinero que la manda   diciendo viene un cantar.
Allí habló el conde Arnaldos,   bien oiréis lo que dirá:
–Por tu vida, marinero,   dime ahora ese cantar.
–Yo no digo mi canción   sino a quien conmigo va. [1]

Dedicado a José Antonio Moreno Jurado, cuyos Veinte momentos de lucidez (Point de Lunettes, Sevilla 2016) son una muestra de quien anda con la inspiración como José Alfredo, con el amor: que estás que te vas, y te vas, y te vas, y te vas y te vas, y te vas, y no te has ido y de quien dice y no dice su canción. No sé cuántas veces ha echado JAMJ el cierre a su obra poética. Y, de pronto, ahí vuelve otra vez como en estos veinte poemas de lucidez y una edición desesperada. Les gustará si les gusta José Antonio Moreno Jurado. Y así no se quedan ustedes como el conde Alarcos, que se quedó con las ganas.

[1] Romance del conde Alarcos sobre la versión del Cancionero de Amberes, 1548, en la página Washington Faculty de la profesora Suzanne H. Petersen.