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Arde París.

En Castaño del Robledo, Sierra de Huelva, un grandioso templo inacabado, que hoy llaman el Monumento, da ejemplo de adecuación cristiandad sociedad: Si no hay dinero ni feligresía, porque decae la población, dejamos la iglesia sin terminar y nos vamos. Frente al Castaño, Barcelona está empeñada en concluir una Sagrada Familia que no responde ni a la oferta ni a la demanda religiosa; cierta soberbia a la catalana.

Ahora que arde Notre-Dame de París, varias soberbias y orgullos heridos serán portada. Desde el ¿cómo es posible? (que no se hubiesen tomado medidas preventivas anti chispa o anti incendio) hasta el ¿qué hacer? que debería correr por cuenta de la fe privada, no de la municipalidad ni de fondos unescos o europeos.

Arde Notre-Dame porque Dios lo ha querido, piense el creyente que el ¡hasta mañana! nos lo redondea con ¡si Dios quiere! Dios lo ha querido y, sin nosotros desear a nadie tristeza o desolación, es hora de ajustar los relojes de la sociedad civil y de la sociedad creyente. No estamos en el siglo 12. Dios es un particular. Y hay una belleza especial en la contemplación de las ruinas; tópico muy literario, muy paspartú de la pintura clásica, muy romántico y decadente tan atractivo o más que la catedral impecable que saldría de las obras o que saldrá de la reconstrucción.

La poesía de ruinas de nuestro siglo de oro (aquella que explicaba la derrota de una Roma pagana para el triunfo de otra Roma, cristiana) no sirve ya. Aparte Víctor Hugo, detrás de Notre-Dame de París no había nada que no fuese grandeur o chovinismo, así lo llamen arte, cultura o patrimonio de tal o cual. Déjenlo arder.

Ensayo sobre Luzbel

pedir perdón.

(a propósito de Andrés Manuel López Obrador en su España debe pedir perdón)

Pedir perdón es pedir poca cosa. Toda persona educada sabe que, ante la metedura, lo mejor y más rápido para solucionarlo es pedir perdón. Menos cosa aún, si de lo que se trata es de un perdón institucional que, encima, fortalece y hace más grande a la institución que lo concede. Véase el Vaticano con Galileo o la pederastia.

El perdón es al revés que el dinero, que quien perdona paga, o sea México. Decir que han pasado tantos y tantos años, siglos desde Hernán Cortés, o argumentar que nosotros, España siglo 21, ya no somos los mismos, nada de eso anula lo esencial: el primer mundo sigue sacando tajada del mundo que un día fue suyo.

Si la vida y el progreso fueran una carrera olímpica, diríamos que las potencias coloniales, y Castilla lo fue y ahí Ceuta y Melilla y Canarias, han corrido siglos con ventaja, 291 años en el caso de México. Lo que tendrían que exigir los Obradores unidos es una Conferencia Mundial por la reparación y completa descolonización (es decir, devolución) de lo que les fue robado ni por las buenas ni por las malas, ni por la cruz ni por la espada, supongamos, por las buenas: simplemente les fue robado.


la izquierda es facha.

Un comunista habla de la política.

La política tiene tres caras, bien diferentes:

1º. tratado, arte o doctrina de la cosa pública o del gobierno de los Estados con intervención en los asuntos públicos con opinión, voto o de cualquier otro modo. (acepciones 9 y 7 del diccionario académico.)

2º. la política institucional que da vida a la clase política salida de una división profesional entre electores y elegidos, división y democracia en la que nunca hemos creído. Desde la Revolución Rusa del 17 hasta Donald Trump (el último guardián de la democracia), era verdad que los comunistas nunca fuimos demócratas.

3º. el ideal o la idea política que cada quien tiene en su cabeza. Cuando esta idea sueña altruismos a largo plazo, recibe el nombre de utopía. Las utopías sociales contemporáneas han querido revolucionar el capitalismo: socialismo, anarquismo, comunismo o trotskismo, utopías de reparto hacia un mundo comunal. De ahí para abajo (socialdemócratas, democristianos, liberales), ya no hay política como instrumento para cambiar el mundo sino conservación interesada de lo que hay.

En sentido amplio, la oferta ideológica de la izquierda española con la que yo me hablaba (PCE, Izquierda Unida o Unida Podemos) me parece tan de derechas que me resulta imposible votar, sonreírles la gracia o sucumbir al mal menor del voto útil porque hay otra derecha peor. El hundimiento de la izquierda española viene de antiguo, de los Pactos de la Moncloa (1977), y nada tiene que ver con Vox (que alimentó la izquierda con tanta banderita de España en los balcones) y se resume en tolerar (y no denunciar) la Constitución del 78 + la Jefatura del Estado (a lo más que llegan es a república en vez de monarquía) + la unidad de España contra el derecho a decidir lo que quiera ser hoy Cataluña, mañana Andalucía o cualquier otra comunidad o grupo. No busquen fachas a la derecha, la izquierda es facha.


Doy a ustedes la serie de entradas que en [eLTeNDeDeRo] y en redes sociales ha habido sobre este asunto:

Artículos:

ventajas de no ir a votar. 28/02

ventajas de no ir a votar. (2) 01/03

sobre el abstencionismo crítico. 02/03

vindicación de la igualdad. 07/03

la izquierda política. 10/03

Daniel Lebrato, Facebook 10 de marzo:

«No iré a votar, algo que recomiendo a quien conmigo va, dejar en ridículo el lenguaje de las urnas mediante una campaña de boicot activo y crítico contra tanta sinvergonzonería, boicot que incluye defender el derecho a decidir sea cual sea la comunidad que quiera emanciparse de ese horror llamado España.»

–Abelardo Fernández Fernández. Haz un partido para y así tendrás a quién votar.

–Rogelio Martínez Arevalo[1]. Si naces más tonto, le quitas el título a la palabra. No votar es ser un mendrugo que acepta todo lo que le imponen. No votar es ser un pobre hombre sin personalidad propia que no da valor a su opinión. No votar es apoyar a aquellos que afirman que con la Paca la Culona se vivía mejor. Eres un pobre capullo.

a quien responde Chechu Lopez:

Rogelio Martínez Arevalo disculpa pero has empleado insultos para defender tus ideales o lo que tú consideras tu verdad. Te leo casi todos los días escribes y críticas con pasión, pero en esa pasión no debería entrar el insulto. Hablé hace poco contigo sobre mi objetividad y tuve que defenderme de una acusación poco menos de facha. Si hay algo que me molesta es la gente que dice ser liberal y es lo más radical e intolerante que existe y tú, querido amigo, eres un claro ejemplo. El voto es un acto libre, y si una persona no se siente representada por ningún partido creo que está en todo su derecho de no votar. A mí personalmente me da igual quien esté, tendré que seguir (gracias a Dios) buscando las lentejas donde estén.

Rogelio Martínez Arevalo: Chechu Lopez, hay cuestiones en las que lleva razón y, posiblemente, me haya pasado. Pero es que, cuando leo que alguien anima a la gente a no ir a votar, me sale la vena pasional del que ha vivido en una dictadura y no quisiera volver a aquellos tiempos. En general, hay dos motivos por los que los ciudadanos no van a votar: uno, porque están desengañados con los políticos de pin pan pun que tenemos; el otro es más grave porque suele ser la ignorancia, y la ignorancia, es el mejor aliado del poderoso, del que le gusta restar o robarle derechos al trabajador. Si uno de nosotros dos puede decir lo que tú dices de no ir a votar, ese soy yo, estoy jubilado y, gobierne quien gobierne, no tengo que madrugar; pero tengo nieto y nieta, y no deseo que pasen por una dictadura de derecha que, con el PP, casi lo consiguen. No olvidemos la ley mordaza. Eso es propio de dictaduras. No lo olvides.

Chechu Lopez: Rogelio Martínez Arevalo, entiendo tus pensamientos y tus vivencias bajo el yugo de una dictadura, siento profundo respeto por tu generación, habéis luchado por todo los derechos que se han perdido o la gente de mi generación ha dejado perder sin luchar. Entiendo vuestro desconsuelo al ver lo que se viene otra vez. Pero créeme cuando el sentir de mi generación es que está todo tan podrido que no merece la pena luchar por nada. Como sabes trabajo en el sector del metal, he visto tantas ventas por parte de los sindicatos a los obreros que ni me creeríais, compañeros, como ellos nos llaman, qué pereza, seguramente delante de un café nos pasaríamos horas revistiendo. Un saludo, Rogelio, me gusta rebatirte cosas y te aseguro que lo hago sin la más mínima intención de molestarte, simplemente por conversación.

–Lop Carr Justt. Los de Vox y PP van a misa y después a votar, todos, y si los hijos no quieren los levantan resacosos de un sábado de juerga y los obligan a ir a votar. No nos quedemos en casa.

–Horten Franco. Así consiguió 12 escaños Vox en Andalucía.

–Ana María M L. Vote, mi querido profesor, porque, si no, alguien nefasto lo hará por usted.

–Lop Carr Justt. La mayor equivocación, no ir a votar, porque los de derechas no se van a quedar en casa.

–Ángela Zoe. Si no vota, otros lo harán y después tenemos a Vox en casa.

–Javier Jimeno Maté. El boicot te lo hacen los cuatro subnormales de Vox con sus papeletas dejando en ridículo a todos los pensadores de bien, gobernarán los burros que no piensan.

–Lara Santaella Carretero. Daniel, por favor. Que la derecha sí vota.

–Luis Medina Ramírez. Yo si votaré a pesar de todo, lo recomiendo encarecidamente.

Daniel Lebrato, Facebook 11 de marzo:

«No votaré a partido que no reconozca el derecho a decidir.»

–Ana María M L. Así es.

–Antonio Tocornal. Vale.

–Antonio Muñoz. Pues como no sea Unidos Podemos…

–Abelardo Fernández Fernández. Tenías que aclarar si el derecho a decidir que defiendes le corresponde a todos los españoles en conjunto o se puede aplicar también a una parte de españoles.

–Carlos Gomez. Los ius naturalismos inventados no serán derecho natural en siglos…

[1] Arevalo en el original, se respetan siempre las grafías nominales.


 

elogio del individualismo.

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respuesta a Rubén Pérez Trujillano por su llamamiento a la cordura con un pacto andaluz frente al centralismo

Rubén Pérez Trujillano: Podría compartir ese llamamiento a la cordura si creyera en la exactitud del lenguaje de la economía política (cuando ni el neoliberalismo es neo ni liberal) y si creyera en la política a través de partidos. Ese lenguaje es para iniciados y no para iluminar a las masas ni a quienes nos llegan en patera.

La devastación del pensamiento libre en Andalucía y en todas partes ha sido total: basta ver el telediario de tonterías y atrocidades que protagoniza una ciudadanía despolitizada o politizada al gusto de los grandes poderes y de los grandes medios. Tonterías que van en la afirmación del individuo (modas, selfies, sensacionalismo en redes) y atrocidades de mentes piradas detrás de su cantar de gesta, a ver quién mata a más y en menos tiempo. Y, al otro lado, la zumba zombi del yihadismo. Hay que mandar parar todo ese mundo que empieza por la mañana en el gimnasio con los impresentables ritmos latinos que nos ponen cacha el cuerpo. No hay ni un valor ético en que poner los ojos y no hay ni una causa (que no sea petitoria) ni grupo humano con recorrido y rebeldía que nos saque de aquí. Y cuanto peor está el patio, más responsabilidad de los vigilantes del recreo: ejército, fuerzas del orden, clase política, judicatura, toda esa amalgama represora, oportunista y parasitaria que, efectivamente, trabaja para el neoliberalismo, eso que hemos llamado capitalismo (en cualquiera de sus fases) y explotación del hombre por el hombre. Más pacto sería más encumbramiento de los guardianes del recreo.

Teoría de conjuntos. Lo único tangible hacia la Aldea Global es el Individuo frente al Estado. Al Individuo no lo podemos sacar de donde está: no le gustaría prescindir de sus tacones, de sus uñas pintadas, de su tatuaje, de su perrito y de su bebé: manda el derecho a decidir. Pero al Estado sí le podemos bajar los humos, quitar poderes hasta dejarlo en nada. Volver al viejo sueño de la Primera y Segunda Internacional.

Por último, parece un grave error decir que históricamente el Estado precede a la nación. Sigamos el canon de Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado. Ese es el orden. Donde familia (por nacimiento) se entiende nación: biología y geografía (o hábitat), lo demás vino después. Y a falta de socialismo contra la propiedad privada de los medios de producción, máximo individualismo y mínimo aparato del Estado. Si la humanidad no sabe a dó camina (Bécquer, Rima 4), al menos que nadie responda por nosotros y nos diga por dónde tenemos que ir a base de antidisturbios y citas judiciales.

Enlace: Un pacto andaluz frente a la reacción centralista: llamamiento a la cordura, por Rubén Pérez Trujillano, Cuarto Poder, 11 de diciembre de 2018.


pensar el copyright.

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Entre el pase usted por caja y el coja usted de mi obra lo que le sirva o le aproveche –citando fuente o procedencia, claro está–, el copyright o derecho de autor divide a la comunidad artística en conservadores o donantes y es evidente que la legislación apunta a conservar.

Corresponde a la comunidad artística, mujeres y hombres tomados de uno en uno o por grupo de actividad, liberar esos derechos basados en una división social del trabajo que básicamente responde a:

–Yo, a mi guitarra o a mi poema y, usted, al ladrillo, al andamio o a repartir bombonas.

Quienes tanto se precian de la materia que traen entre manos (materia, la del arte, que tanto gana cuanto más se expande), qué menos que, si no lo han pensado, se lo empiecen a pensar. En todo caso, nada hay de progresista en la conservación y no en la abolición por una ley de plazos que salve los derechos adquiridos que, contra el plagio, haya que salvar. El resto no es arte, sino mercancía de privilegio antiguo y galgo corredor.


 

a vueltas con “el hashtag y la lotería”.

A propósito del artículo El hashtag y la lotería, donde [eLTeNDeDeRo] anima a usar las redes sociales como arma de insumisión contra petardeos, modas o tendencias que aplastan al individuo (poniendo por caso jugar al gordo de navidad quien habitualmente detesta la lotería), sostiene Alan Gat Peguero (Omkara) esta interesante opinión que anima a no hacer nada:

«Yo no compro lotería porque no quiero que me toque, le dije a alguien que me quería vender la ilusión. Desde entonces, me mira con extrañeza creyendo que le engañé.

»Las personas al no pensar por sí mismas no pueden comprender que sus actos están motivados por circunstancias externas y exponen sus pensamientos y acciones al albur de lo que hagan los demás, por tanto, necesitan un ejemplo para justificar su propia acción de deseo.

»Crear una petición o plataforma del tipo que sea, forma parte de lo que los demás hacen. No crear nada es lo más original que puede un ser crear, porque no se basa la acción en ningún estado de inquietud.»

Lo cual que, como en la sobremesa de aquel sábado hubiera estado nuestro amigo Alan, la conversación hubiera derivado a lo que es “pensar por sí mismo”. Yo no creo en la construcción pensar por uno mismo: yo nunca he pensado por mí mismo; siempre he pensado con y por, con álguienes y por algún motivo y hacia algún fin: evitar la estulticia, la injusticia y mi propia soledad mortal y rosa.

Donde Alan dice que una acción en red contra la lotería “forma[ría] parte de lo que los demás hacen”, sugiero que me mande el enlace (web, hashtag, etiqueta o almohadilla) para yo añadirme a lo que ya estará hecho, y yo sin enterarme.

Pero lo que ya me despista (con agrado y entre copas de sobremesa, eso sí) es qué tiene que ver la creación (si es la creación artística o literaria) con lo que estamos hablando. La frase “no crear nada es lo más original que puede un ser crear” es propia, desde Hegel y Duchamp hasta aquí, de artistas que lo saben (el arte ha muerto) pero los muy pillines no paran de reivindicarse, hoy un disco, mañana un libro, al otro una exposición, y siempre que les bajen el iva, mientras la masa no cultural o no artística pase por taquilla y se dedique a otra cosa: fabricar ordenadores como este en el que escribo, poner ladrillos en casas como la mía, limpiar retretes como el mío, dirigir bancos como al que pedí la hipoteca o presidir gobiernos como el que nos gobierna y desde el que nos bombardean con la lotería del gordo de navidad, que era el “estado de inquietud” en que nos basábamos. Gracias: Alan Gat Peguero.

juglaría y clerecía.

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Una noticia falsa (o fake), a punto de atropellar al Profesor Lebrato.

La noticia es: en Montevideo (Uruguay), un profesor, periodista y académico, se rinde y deja de dar clases por culpa, dice, de problemas con su alumnado enganchado a las nuevas tecnologías. Y un montón de gente interactúa y se solidariza.

Semejantes choques o conflictos entre lo viejo y lo nuevo estamos viendo en el mundo a puñaítos. Entre el taxista y el úber, entre el hotel y el air&b&b, entre el autobús y el amovens, entre el autónomo y el por cuenta ajena, entre el libro de papel y la edición digital. ¿Recuerdan las cartas de sobre, sello y buzón? ¿Recuerdan las tiendas de discos?

Qué casualidad que, cuando asoma la abolición de ciertos oficios (al fin y al cabo, monopolios que alguien disfruta), la progresista sociedad acuda a conjuros en defensa de personas o familias que irían al paro si no se respetan sus derechos adquiridos, orquestación simbólica en la que se juntan gremios y sindicatos y partidos con tal de ganar el voto.

Y cuando internet se extiende y populariza como lengua vulgar (que podría aglutinar el descontento o la indignación) y cuando cualquiera puede crear su periódico, publicar sus fotos, compartir opiniones, vienen los cultos que siguen sabiendo latín para alertarnos del alto riesgo que se corre con las tecnologías en redes sociales, en el aula en educación o, en la información, con las noticias falsas. ¡Más fake que fue el pretexto para la Invasión de Irak, Bush, Blair y Aznar! ¿Han ido esos tres al Tribunal de la Haya?

El periodista y el fotógrafo, el taxista o el librero, temen por su futuro y han de buscarse la vida: su canto al tiempo pasado, humanamente, se comprende. No así, la hipocresía de quienes, bajo capa del arte y la cultura, les ríen las gracias y las desgracias porque en el fondo están defendiendo sus propios privilegios, sus propias cátedras o el emputecido mundo que nos han dejado. Es hora de probar la juglaría.